Javier Di Lorenzo
La cosmovisión compartida en una
época, de una determinada nación; es la guía para el convivir y accionar de las
personas. Esta se convierte en su forma de pensar prácticamente, y es lo que
hace que una sociedad se entienda, conformes o no. Venezuela, partiendo de la
época colonial inicia un paradigma que
aun hasta nuestros días se mantiene, y es que pareciera imposible que algo tan
antiguo aún se mantenga; la cuestión está, en que un paradigma -en teoría-
siempre supera al próximo o se podría decir que lo lograr permear y poco a poco
lo va transformando en uno nuevo; sin embargo, en el camino siempre quedarán
rastros del “superado” haciéndose parte no solo del siguiente, sino que puede
mantenerse a través del tiempo y en distintas épocas posteriores.
¿Se
podría hablar entonces de costumbre, terquedad, involución o estancamiento?
Creo que cada quién puede dar la respuesta que desee según su propia visión en
relación al contexto histórico de cada época, o también según el paradigma del
que se es parte actualmente; porque las mentalidades, razones y estilos
cambian, y no hablemos de los hombres; sobre todo de aquellos que gozan de una
variopinta imagen pública adaptada camaleónicamente según el tiempo, las
circunstancia y las necesidades personales y no tanto.
A
continuación, algunas líneas que se refieren no solo a los distintos paradigmas
a través de la historia de Venezuela desde la época colonial, hasta nuestros
días; sino, a este palimpsesto paradigmático que quizá ya sea hora de dejar en
desuso y, por ende, necesario escribir en algo nuevo o quizá en piedra, con la
práctica y los hechos, y no con teorías y formulas machaconas que no han dado y
no darán ya, ningún resultado positivo, perdurable, ni generador de orgullo
nacional.
Que
Orgullo, Amor y una Pasión inmensa siento por ver grande y prospera a nuestra
tierra, y es que la historia nos ha demostrado que siempre eso ha sido posible,
tomando en cuenta nuestros recursos naturales, talento humano, posición
geográfica, etc. Y muy a pesar de la devastación dejada por la guerra de
independencia, desfalcos económicos por distintos gobiernos; y la -si se
quiere- desidia de muchos venezolanos, que sin miedo a equivocarme y hasta de
ser tildado de charlatán, evidentemente conviven entre nosotros.
Desde
el época colonia en el siglo XVI
Venezuela estuvo sometida a los grandes poderes de la corona española y
de la iglesia católica del aquel tiempo, donde evidentemente no existía una
Venezuela constituida como hoy en día la conocemos, sin embargo considero que
esta etapa de nuestra historia ha sido el génesis de lo que hoy aún se mantiene
en la idiosincrasia del venezolano común y hasta en aquellos que no se
considera como tal, porque desean y creen mantener algún germen de superioridad
desde aquellos tiempos, quizá sea algún rastro genético negado a morir o
deseoso obstinadamente en mantener su retrocesión.
En
aquella época la pirámide social se estructuró rígidamente en el
origen étnico, dominada por blancos peninsulares y criollos, seguidos por los
pardos, luego por indígenas y por último los negros esclavos; cada uno con
distintas funciones dentro de la sociedad. Los primeros podían ostentar altos
cargos y grandes extensiones de tierras; y quiero resaltar que varios de
nuestros libertadores procedían de esta élite social; los pardos (mestizos) se
podían dedicar a pequeños negocios de comercio y en algunos casos poseían
tierras, y los indígenas y negros esclavos solo podían estar al servicio de sus
tutores y amos. Pero, me quiero detener un momento en los mestizos y resaltar
un fenómeno social; y es que este grupo por orden de la corona española podían
“blanquear” su sangre; es decir, podían optar –en teoría- por una mejor
posición social aportando el pago de una suma de dinero, para obtener “La Real
Cédula de Gracias al Sacar”. Esto no complacía a los blancos criollos, ya que
deseaban mantener exclusivamente su estatus entre ellos y se oponían firmemente
a este “ascenso social” de los mestizos. Lo paradójico de todo esto, es que los
peninsulares de cierta forma, hacían lo mismo con los criollos; quienes
consideraban que no podían ostentar grandes cargos muy ligados a la corona o a
España en general.
Y así surge este primer paradigma
histórico en nuestro país, donde solo existe un poder absoluto y en una actitud
de “sálvese quien pueda” aquellos que podían, intentaban congraciarse mucho más
con la corona; a pesar de todas las limitaciones que le imponían como tierra
colonizada, destacando la exclusividad comercial con España, entre otras. El
punto de inflexión inicia con las ideas independentistas que, aunque hubo otros
precursores, son los blancos criollos de la época quienes se organizan,
aprovechando otros hechos históricos suscitados en el viejo continente.
Luego de 1830 inicia la época
agraria en Venezuela, un país prácticamente -como ya he dicho- devastado y
empobrecido por la guerra de independencia, pero siendo un ejemplo de pujanza,
el país comienza a levantarse con la producción del café, cacao, la ganadería y
otros cultivos, no obstante; son los señores dueños de las grandes extensiones
de tierra los que deciden el destino de los venezolanos, el caudillismo es
prácticamente la forma de gobierno de la época, con una población en su mayoría
analfabeta, donde las decisiones más importantes se tomaban en las haciendas y
hatos con algunas autoridades gubernamentales.
En este periodo, la sumisión rendida
a la corona española vira hacia al señor caudillo; ya que es a él a quien se le
debe la lealtad personal. Se podría decir que esa actitud de poseer a un amo,
jefe o patrón se trasladó de una época a otra y que obviamente a los caudillos
les convenía conservar, de esta forma podrían mantener el control de los
habitantes en sus tierras y hasta más allá.
Innegablemente
en esta época, Venezuela se abre al mundo con la exportación de sus productos,
pero el país se mantiene en conflictos internos que no le permiten superarse
como nación y en algunas personas comienza a surgir la pregunta si fue buena
idea independizarse de la corona española.
Bajo el gobierno de Cipriano Castro,
pero con acciones del General Juan Vicente Gómez principalmente, se comienza a
pacificar el país; derrotando en distintas batallas a la mayoría de los
caudillos que querían mantener su poder, dando como consecuencia un nuevo orden
social y político. Y aquí quiero destacar abiertamente que, al General Juan
Vicente Gómez, aunque muchos se empeñen tercamente en recordarle como un
dictador siniestro, su labor pacificadora; o en todo caso, organizadora,
debería ser su principal referencia en la historia del país, como también en
ser el primero en unificar las armas en beneficio de la nación. A mi modo de
ver, es este el primer paso a una idea de una Venezuela unida y con un fin
común, a diferencia de los libertadores; que su idea principal era la libertad,
el General Gómez es quien con mano dura logra por primera vez unificar en la
práctica a todo el territorio nacional.
No obstante, El General Gómez adopta
una figura paternal en relación al pueblo venezolano, es decir; se sigue con la
misma idea de un rey, un caudillo y ahora un padre todo poderoso al que hay que
obedecer sino, tendremos consecuencias. Esta época emprende su final con el
inicio de la explotación petrolera, específicamente con la aparición del
reventón del pozo Barroso II en 1922, que inició la transición acelerada hacia
una economía minero-extractiva.
Para la década de los años 70 la
cosmovisión del venezolano cambia nuevamente, y es que muchos ya poseen algún
tipo de estudios u oficio y gran parte de la población vive prácticamente en
ares urbanas aunque con desigualdades sociales; pero ante esto, queda
establecida la figura del político; ya no sería un rey, ni un caudillo, ni
padre, sino el político que según; si comprendía las necesidades del pueblo,
porque aunque no habitaba, ni padecía el día a día del pobre, se mezclaba y
hasta caminaba, bebía y comía a su lado en algunas ocasiones –casual o
causalmente- cercanas a las elecciones de puestos de gobierno.
Durante
esta época se instauró en la mentalidad del venezolano “el génesis del progreso
imperecedero social y económico de la nación”, donde al parecer
–intencionalmente- “progreso social y económico” se tradujo a consumo desmedido
y absurdo. El pueblo creyó, que todo siempre estaría muy bien, y como en la
fábula de la cigarra y la hormiga, el espíritu de la cigarra fue el que
prevaleció y que sin duda alguna se mantiene hasta hoy.
El político por su parte, ante
semejante abundancia seguía dando “pan y circo” al pueblo, mientras lo
endeudaba en nombre de la nación y el pueblo en su éxtasis compulsivo de
consumo, ignoraba las consecuencias de lo que se aproximaba. Y aquí me gustaría
parafrasear al General Marcos Evangelista Pérez Jiménez, en "Habla el General" que es un libro
de entrevista realizado por Agustín Blanco Muñoz, donde se refiere, a que “ese es el tipo de libertad de le gusta al
venezolano, donde no hay orden, ni objetivos, porque no le gusta que le digan
nada y eso fue precisamente lo que hizo el político”. Se mantuvo la mentira
del placer de gastar y consumir, por el simple hecho de ser venezolano, ya que
era prácticamente un “derecho petrolero” y todo; gracias al político, porque él
sí entendía y quería al pueblo. Este
paradigma entró en crisis con el viernes negro 1983 y colapso definitivamente a
finales de los 90 dando pasó a un nuevo modelo político y social, una visión
renovada.
Iniciamos el siglo XXI y el venezolano
está decepcionado, su mayor ilusión –el político- se había destruido, no
entendía lo que había pasado, este era un hombre educado, hablaba bien, nos
trajo prosperidad, educación, parecía que sabía lo que hacía, caminaba junto a
nosotros, etc… y ante esta tristeza, confusión y en muchos casos frustración,
surge una nueva figura y a su vez un nuevo paradigma; ya no es el rey, ni el
caudillo, ni el padre, ni el político, ahora es el líder. Un hombre que sí
nació, creció, padeció, sintió y aún vive entre nosotros, él sí es uno de los
nuestros y siente el mismo “fervor personalista” que todos nosotros, porque
realmente lo que se desea es volver a la época que el político nos robó; como
lo hicieron en la colonia, y nos oprimió con lo hicieron los caudillos y dictadores,
por lo que, ya era momento de que el pueblo tomara en sus manos las riendas del
país, por consecuencia, se comienza a tomar el control en todo lo posible,
centros de poder político, industrias, espacios sociales, culturales y todo
cuanto haga vida en la nación, ya no hace falta que alguien más haga por
nosotros, aunque es necesario mantener al líder absoluto que dicte los pasos a
seguir y decida qué hacer, pero por lo menos tenemos la opción de hablar y de
cierta forma dar nuestra opinión; así, no se aplique nuestra opción.
Una prosperidad efímera se
manifiesta y da las primeras señales de que volveremos al añorado estilo de
vida de la época petrolera; además, hay muchos signos que así lo indican, el
petróleo aumenta de precio y el gasto público también, se hacen algunas inversiones,
pero nada que al final se mantenga en el tiempo, ya esta es una formula muy
conocida, pero es mejor ignorar, el líder afirma que todo estará bien, solo es
necesario mantenerse unidos. Nos abrimos al mundo, cambiamos de aliados y
entendemos que Venezuela es muy importante de todo el mundo, y aunque no
destacamos de forma científica, ni social, ni política, ni educativa, ni
militar, ni económica; solo lo hacemos porque tenemos de sobra “excremento del
diablo” como así se refiriera Juan Pablo Pérez Alfonzo, y que irrefutablemente
su profecía se seguía cumpliendo en la ya advertida dependencia petrolera.
En la unión está la fuerza, y por la
fuerza se mantuvo la unión. Como si de técnicas aprendidas del antiguo político
se tratara, mucho de ello se revivió en el venezolano en este siglo XXI, y es
que las diferencias entre el líder y el político ya se hacían imperceptibles
por lo menos en su accionar; el “mucho ruido y las pocas nueces” es símil de
planes, proyectos y promesas. Traidores, culpables, extranjeros y hasta
reptiles y mamíferos resultaron ser los motivos del desgate de este paradigma
moribundo que, como aquella agotada, vieja e injusta constitución, ya le merece
un muy justo final.
Y así, a través de la historia el
papel de ese personaje que lleva, orienta, ordena, decide y hasta ejecuta al
resto, ha sido la añoranza más duradera del venezolano. Desde distintas épocas
se ha mantenido a la espera de ese hombre o mujer que resuelva nuestros
problemas y nos devuelva a esa posición elevada que a todos nos hicieron creer,
pero a lo fácil, con fiesta, de gratis, que se viva como un “derecho de
nacimiento”, de ese hombre o mujer que escoja por nosotros porque nos da miedo
o pereza pensar, y mucho más; actuar.
Y es que, pudiésemos hacer un
ejercicio imaginando por un momento las virtudes que pudimos desarrollar
durante todas esas épocas pasadas, y aunque evidentemente estamos obligados a
entender los diferentes contextos, no lo estamos en mantener los vacíos que han
quedado, por el contario; es un deber aprender de nuestra historia pasada.
Creo firmemente que si desde la
época colonial se hubiese creado una consciencia patria como una sola nación;
no solo libre, sino realmente igualitaria sin la necesidad de obstruir la
mezcla entre las castas; sino, dando merito a cada quien como le correspondiera
según su esfuerzo y trabajo, que unido a la ferocidad de nuestros patriotas
quizá una “Nueva Esparta” si se hubiese materializado en todo nuestro
territorio. De la época agraria, manteniendo la unión, la recuperación del país
se habría logrado en tiempo record y que manteniendo todos los cultivos de esa
época, estoy seguro que si no seriamos líderes, estaríamos compitiendo a nivel
mundial con nuestros productos; llegando la época petrolera, nuestros ingresos
se habrían multiplicado considerablemente, pero el consumo no tendría que ser
parte de nuestros deseos; sino, el incentivo hacia el conocimiento sobre
inversiones, ahorros, manejo de banca y finanza a nivel nacional e
internacional, que unida a algunas de las políticas sociales con algunas añadiduras
y la apertura a nuevos mercados propuestas por el socialismo del siglo XXI, la
Venezuela potencia seria apenas un diminutivo para referirse a nuestro gran
país, y no un sueño que sé que muchos mantenemos estando despiertos.
Para concluir, me gustaría hacer un
llamado a la sinceridad sin ningún tipo de matiz; porque creo que es una de las
cosas más importantes que nos ha hecho falta como nación. Nos acostumbramos a
ver y necesitar a ese rey, caudillo, padre, político o líder que nos diga que
hacer y le permitimos tomar el poder absoluto sobre nosotros y nuestro país que
siendo el personaje que sea, le damos la autoridad como si de un rey se
tratara, nos sometemos a sus órdenes y hasta gustos; sin darnos cuenta que esa
etapa colonial ya terminó. Hoy en día tanto el político como el líder o
cualquier otra figura debe ser vista como lo que son, servidores o empleados
del pueblo y por consecuencia es el pueblo mismo quien debe exigir sus propios
beneficios.
No obstante, ante lo anterior surge
otro problema; y es que pareciera que el venezolano se ignora así mismo y a su
tierra, pareciera que no sintiera ningún interés por comprender de lo que
estamos hecho y de los podemos lograr, pareciera que los mismo gobiernos desde
la colonia hasta nuestros días se han encargado en mantener al pueblo ignorante
y es que, todos se han encargado de mantener esa visión del mesías que ha
llegado a resolver todos nuestros problemas, aprovechándose de la necesidad
instaurada en la psique del venezolano, pero hasta que el propio pueblo se dé
cuenta que ningún personaje gubernamental le dará más conocimiento que el
básico para vivir, y que es su responsabilidad crecer como ente necesario para
el progreso del país, no cambiara nada.
Trabajar en pro de la erradicación
de la mediocridad, el conformismo, la minimización y el descuido social es de
suma importancia, partiendo de la disciplina y el reconocimiento de las
bondades y recursos de nuestro país, como el capital humano y nuestra juventud.
Comenzar a aprender de países realmente exitosos y no copiar fielmente modelos
extranjeros con orgullo ideológico pero inundados de pobreza, limitaciones y
excesiva dependencia. Venezuela ha tenido y mantiene su potencial para ocupar
un lugar importante en el mundo, pero el problema es que su pueblo lo ignora,
lo desconoce, no lo entiende, sino que lo oye porque el personaje de gobierno
se lo dijo, pero no comprende lo que realmente significa.
La idiosincrasia venezolana, se
podría ejemplificar como un palimpsesto paradigmático donde por alguna u otra
razón, se recicla el viejo modelo y se reescribe el nuevo sobre el anterior,
creando la misma unión dañina en repetidas ocasiones.
¿Sera necesario más educación, más
cultura, más leyes, más beneficios, más igualdad o será equidad, más petróleo, más
tecnología, más cerveza, más fiesta, más días libres, más consumo, más
represión, más ladrones y corruptos, más ideologías o más “ismos”? ¿Qué es lo
que nos falta? Ya conocimos al rey, al caudillo, el padre, el político y al
líder… ¿Quién vendrá ahora, el o la mesías? O ¿será posible que los venezolanos
seamos el primer país gobernado por un alienígena o algún oráculo espiritual
que conozca el destino del todos?
Más amor a la patria y ningún apego
al personaje de gobierno; estoy seguro que esa es la solución. Reconocer que
cada uno es importante para el beneficio de la nación, desde respetar un
semáforo hasta cantar con orgullo y brío nuestro himno nacional, son acciones que,
de una en una, marcarán la diferencia. Entender que no somos independientes el
uno del otro, sino que convivimos juntos en este país; y lo que le afecta a
uno, es igual motivo del otro, aunque no se vea o se entienda de primer
momento.
Que la historia no sea una
correlación de hechos narrados con aburrimiento y apatía, por el contario; que
sirva de guía útil para que cada uno de nosotros sin ningún tipo de ceguera
mediática, ideológica o por simple capricho de estancamiento; nos obligue a
descartar lo inútil y nos oriente a escribir sobre piedra una nueva historia de
Éxito, Progreso y Prosperidad para todos los venezolanos con una visión clara y
sustentada, de lo que poseemos, quienes somos, de que estamos hechos y el
sitial en el mundo que queremos conquistar.
Bibliografías
-Blanco Muñoz, A. (1983). “Habla
el General” (Serie Testimonios Violentos, Vol. 8). Universidad Central de
Venezuela; Editorial José Martí.
-Época de la Colonia (Venezuela) Disponible:
https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%89poca_de_la_colonia_(Venezuela)
-Plan de la Patria. Disponible:
https://es.wikipedia.org/wiki/Plan_de_la_Patria#:~:text=El%20Plan%20de%20la%20Patria,la%20Gaceta%20Oficial%20de%20Venezuela.
-Sequeda Abraham. (2020).
“Paradigmas en la Historia Venezolana”. Disponible:
https://www.ventevenezuela.org/2020/02/04/paradigmas-en-la-historia-venezolana-abraham-sequeda/
-Uslar Pietri, A. (1992).
“Golpe y Estado en Venezuela”. Grupo Editorial Norma.
