lunes, 4 de mayo de 2026

PARADIGMAS HISTÓRICOS EN VENEZUELA

                                                                               Javier Di Lorenzo


La cosmovisión compartida en una época, de una determinada nación; es la guía para el convivir y accionar de las personas. Esta se convierte en su forma de pensar prácticamente, y es lo que hace que una sociedad se entienda, conformes o no. Venezuela, partiendo de la época colonial inicia un paradigma  que aun hasta nuestros días se mantiene, y es que pareciera imposible que algo tan antiguo aún se mantenga; la cuestión está, en que un paradigma -en teoría- siempre supera al próximo o se podría decir que lo lograr permear y poco a poco lo va transformando en uno nuevo; sin embargo, en el camino siempre quedarán rastros del “superado” haciéndose parte no solo del siguiente, sino que puede mantenerse a través del tiempo y en distintas épocas posteriores.     

            ¿Se podría hablar entonces de costumbre, terquedad, involución o estancamiento? Creo que cada quién puede dar la respuesta que desee según su propia visión en relación al contexto histórico de cada época, o también según el paradigma del que se es parte actualmente; porque las mentalidades, razones y estilos cambian, y no hablemos de los hombres; sobre todo de aquellos que gozan de una variopinta imagen pública adaptada camaleónicamente según el tiempo, las circunstancia y las necesidades personales y no tanto.

            A continuación, algunas líneas que se refieren no solo a los distintos paradigmas a través de la historia de Venezuela desde la época colonial, hasta nuestros días; sino, a este palimpsesto paradigmático que quizá ya sea hora de dejar en desuso y, por ende, necesario escribir en algo nuevo o quizá en piedra, con la práctica y los hechos, y no con teorías y formulas machaconas que no han dado y no darán ya, ningún resultado positivo, perdurable, ni generador de orgullo nacional.  

            Que Orgullo, Amor y una Pasión inmensa siento por ver grande y prospera a nuestra tierra, y es que la historia nos ha demostrado que siempre eso ha sido posible, tomando en cuenta nuestros recursos naturales, talento humano, posición geográfica, etc. Y muy a pesar de la devastación dejada por la guerra de independencia, desfalcos económicos por distintos gobiernos; y la -si se quiere- desidia de muchos venezolanos, que sin miedo a equivocarme y hasta de ser tildado de charlatán, evidentemente conviven entre nosotros.

            Desde el época colonia en el siglo XVI  Venezuela estuvo sometida a los grandes poderes de la corona española y de la iglesia católica del aquel tiempo, donde evidentemente no existía una Venezuela constituida como hoy en día la conocemos, sin embargo considero que esta etapa de nuestra historia ha sido el génesis de lo que hoy aún se mantiene en la idiosincrasia del venezolano común y hasta en aquellos que no se considera como tal, porque desean y creen mantener algún germen de superioridad desde aquellos tiempos, quizá sea algún rastro genético negado a morir o deseoso obstinadamente en mantener su retrocesión.

            En aquella época la pirámide social se estructuró rígidamente en el origen étnico, dominada por blancos peninsulares y criollos, seguidos por los pardos, luego por indígenas y por último los negros esclavos; cada uno con distintas funciones dentro de la sociedad. Los primeros podían ostentar altos cargos y grandes extensiones de tierras; y quiero resaltar que varios de nuestros libertadores procedían de esta élite social; los pardos (mestizos) se podían dedicar a pequeños negocios de comercio y en algunos casos poseían tierras, y los indígenas y negros esclavos solo podían estar al servicio de sus tutores y amos. Pero, me quiero detener un momento en los mestizos y resaltar un fenómeno social; y es que este grupo por orden de la corona española podían “blanquear” su sangre; es decir, podían optar –en teoría- por una mejor posición social aportando el pago de una suma de dinero, para obtener “La Real Cédula de Gracias al Sacar”. Esto no complacía a los blancos criollos, ya que deseaban mantener exclusivamente su estatus entre ellos y se oponían firmemente a este “ascenso social” de los mestizos. Lo paradójico de todo esto, es que los peninsulares de cierta forma, hacían lo mismo con los criollos; quienes consideraban que no podían ostentar grandes cargos muy ligados a la corona o a España en general.

            Y así surge este primer paradigma histórico en nuestro país, donde solo existe un poder absoluto y en una actitud de “sálvese quien pueda” aquellos que podían, intentaban congraciarse mucho más con la corona; a pesar de todas las limitaciones que le imponían como tierra colonizada, destacando la exclusividad comercial con España, entre otras. El punto de inflexión inicia con las ideas independentistas que, aunque hubo otros precursores, son los blancos criollos de la época quienes se organizan, aprovechando otros hechos históricos suscitados en el viejo continente.

            Luego de 1830 inicia la época agraria en Venezuela, un país prácticamente -como ya he dicho- devastado y empobrecido por la guerra de independencia, pero siendo un ejemplo de pujanza, el país comienza a levantarse con la producción del café, cacao, la ganadería y otros cultivos, no obstante; son los señores dueños de las grandes extensiones de tierra los que deciden el destino de los venezolanos, el caudillismo es prácticamente la forma de gobierno de la época, con una población en su mayoría analfabeta, donde las decisiones más importantes se tomaban en las haciendas y hatos con algunas autoridades gubernamentales.

            En este periodo, la sumisión rendida a la corona española vira hacia al señor caudillo; ya que es a él a quien se le debe la lealtad personal. Se podría decir que esa actitud de poseer a un amo, jefe o patrón se trasladó de una época a otra y que obviamente a los caudillos les convenía conservar, de esta forma podrían mantener el control de los habitantes en sus tierras y hasta más allá.

Innegablemente en esta época, Venezuela se abre al mundo con la exportación de sus productos, pero el país se mantiene en conflictos internos que no le permiten superarse como nación y en algunas personas comienza a surgir la pregunta si fue buena idea independizarse de la corona española.

            Bajo el gobierno de Cipriano Castro, pero con acciones del General Juan Vicente Gómez principalmente, se comienza a pacificar el país; derrotando en distintas batallas a la mayoría de los caudillos que querían mantener su poder, dando como consecuencia un nuevo orden social y político. Y aquí quiero destacar abiertamente que, al General Juan Vicente Gómez, aunque muchos se empeñen tercamente en recordarle como un dictador siniestro, su labor pacificadora; o en todo caso, organizadora, debería ser su principal referencia en la historia del país, como también en ser el primero en unificar las armas en beneficio de la nación. A mi modo de ver, es este el primer paso a una idea de una Venezuela unida y con un fin común, a diferencia de los libertadores; que su idea principal era la libertad, el General Gómez es quien con mano dura logra por primera vez unificar en la práctica a todo el territorio nacional.

            No obstante, El General Gómez adopta una figura paternal en relación al pueblo venezolano, es decir; se sigue con la misma idea de un rey, un caudillo y ahora un padre todo poderoso al que hay que obedecer sino, tendremos consecuencias. Esta época emprende su final con el inicio de la explotación petrolera, específicamente con la aparición del reventón del pozo Barroso II en 1922, que inició la transición acelerada hacia una economía minero-extractiva.

            Para la década de los años 70 la cosmovisión del venezolano cambia nuevamente, y es que muchos ya poseen algún tipo de estudios u oficio y gran parte de la población vive prácticamente en ares urbanas aunque con desigualdades sociales; pero ante esto, queda establecida la figura del político; ya no sería un rey, ni un caudillo, ni padre, sino el político que según; si comprendía las necesidades del pueblo, porque aunque no habitaba, ni padecía el día a día del pobre, se mezclaba y hasta caminaba, bebía y comía a su lado en algunas ocasiones –casual o causalmente- cercanas a las elecciones de puestos de gobierno.

Durante esta época se instauró en la mentalidad del venezolano “el génesis del progreso imperecedero social y económico de la nación”, donde al parecer –intencionalmente- “progreso social y económico” se tradujo a consumo desmedido y absurdo. El pueblo creyó, que todo siempre estaría muy bien, y como en la fábula de la cigarra y la hormiga, el espíritu de la cigarra fue el que prevaleció y que sin duda alguna se mantiene hasta hoy.

            El político por su parte, ante semejante abundancia seguía dando “pan y circo” al pueblo, mientras lo endeudaba en nombre de la nación y el pueblo en su éxtasis compulsivo de consumo, ignoraba las consecuencias de lo que se aproximaba. Y aquí me gustaría parafrasear al General Marcos Evangelista Pérez Jiménez, en "Habla el General" que es un libro de entrevista realizado por Agustín Blanco Muñoz, donde se refiere, a que “ese es el tipo de libertad de le gusta al venezolano, donde no hay orden, ni objetivos, porque no le gusta que le digan nada y eso fue precisamente lo que hizo el político”. Se mantuvo la mentira del placer de gastar y consumir, por el simple hecho de ser venezolano, ya que era prácticamente un “derecho petrolero” y todo; gracias al político, porque él sí entendía y quería al pueblo.  Este paradigma entró en crisis con el viernes negro 1983 y colapso definitivamente a finales de los 90 dando pasó a un nuevo modelo político y social, una visión renovada.

            Iniciamos el siglo XXI y el venezolano está decepcionado, su mayor ilusión –el político- se había destruido, no entendía lo que había pasado, este era un hombre educado, hablaba bien, nos trajo prosperidad, educación, parecía que sabía lo que hacía, caminaba junto a nosotros, etc… y ante esta tristeza, confusión y en muchos casos frustración, surge una nueva figura y a su vez un nuevo paradigma; ya no es el rey, ni el caudillo, ni el padre, ni el político, ahora es el líder. Un hombre que sí nació, creció, padeció, sintió y aún vive entre nosotros, él sí es uno de los nuestros y siente el mismo “fervor personalista” que todos nosotros, porque realmente lo que se desea es volver a la época que el político nos robó; como lo hicieron en la colonia, y nos oprimió con lo hicieron los caudillos y dictadores, por lo que, ya era momento de que el pueblo tomara en sus manos las riendas del país, por consecuencia, se comienza a tomar el control en todo lo posible, centros de poder político, industrias, espacios sociales, culturales y todo cuanto haga vida en la nación, ya no hace falta que alguien más haga por nosotros, aunque es necesario mantener al líder absoluto que dicte los pasos a seguir y decida qué hacer, pero por lo menos tenemos la opción de hablar y de cierta forma dar nuestra opinión; así, no se aplique nuestra opción.

            Una prosperidad efímera se manifiesta y da las primeras señales de que volveremos al añorado estilo de vida de la época petrolera; además, hay muchos signos que así lo indican, el petróleo aumenta de precio y el gasto público también, se hacen algunas inversiones, pero nada que al final se mantenga en el tiempo, ya esta es una formula muy conocida, pero es mejor ignorar, el líder afirma que todo estará bien, solo es necesario mantenerse unidos. Nos abrimos al mundo, cambiamos de aliados y entendemos que Venezuela es muy importante de todo el mundo, y aunque no destacamos de forma científica, ni social, ni política, ni educativa, ni militar, ni económica; solo lo hacemos porque tenemos de sobra “excremento del diablo” como así se refiriera Juan Pablo Pérez Alfonzo, y que irrefutablemente su profecía se seguía cumpliendo en la ya advertida dependencia petrolera.

            En la unión está la fuerza, y por la fuerza se mantuvo la unión. Como si de técnicas aprendidas del antiguo político se tratara, mucho de ello se revivió en el venezolano en este siglo XXI, y es que las diferencias entre el líder y el político ya se hacían imperceptibles por lo menos en su accionar; el “mucho ruido y las pocas nueces” es símil de planes, proyectos y promesas. Traidores, culpables, extranjeros y hasta reptiles y mamíferos resultaron ser los motivos del desgate de este paradigma moribundo que, como aquella agotada, vieja e injusta constitución, ya le merece un muy justo final.

            Y así, a través de la historia el papel de ese personaje que lleva, orienta, ordena, decide y hasta ejecuta al resto, ha sido la añoranza más duradera del venezolano. Desde distintas épocas se ha mantenido a la espera de ese hombre o mujer que resuelva nuestros problemas y nos devuelva a esa posición elevada que a todos nos hicieron creer, pero a lo fácil, con fiesta, de gratis, que se viva como un “derecho de nacimiento”, de ese hombre o mujer que escoja por nosotros porque nos da miedo o pereza pensar, y mucho más; actuar.

            Y es que, pudiésemos hacer un ejercicio imaginando por un momento las virtudes que pudimos desarrollar durante todas esas épocas pasadas, y aunque evidentemente estamos obligados a entender los diferentes contextos, no lo estamos en mantener los vacíos que han quedado, por el contario; es un deber aprender de nuestra historia pasada.

            Creo firmemente que si desde la época colonial se hubiese creado una consciencia patria como una sola nación; no solo libre, sino realmente igualitaria sin la necesidad de obstruir la mezcla entre las castas; sino, dando merito a cada quien como le correspondiera según su esfuerzo y trabajo, que unido a la ferocidad de nuestros patriotas quizá una “Nueva Esparta” si se hubiese materializado en todo nuestro territorio. De la época agraria, manteniendo la unión, la recuperación del país se habría logrado en tiempo record y que manteniendo todos los cultivos de esa época, estoy seguro que si no seriamos líderes, estaríamos compitiendo a nivel mundial con nuestros productos; llegando la época petrolera, nuestros ingresos se habrían multiplicado considerablemente, pero el consumo no tendría que ser parte de nuestros deseos; sino, el incentivo hacia el conocimiento sobre inversiones, ahorros, manejo de banca y finanza a nivel nacional e internacional, que unida a algunas de las políticas sociales con algunas añadiduras y la apertura a nuevos mercados propuestas por el socialismo del siglo XXI, la Venezuela potencia seria apenas un diminutivo para referirse a nuestro gran país, y no un sueño que sé que muchos mantenemos estando despiertos.

            Para concluir, me gustaría hacer un llamado a la sinceridad sin ningún tipo de matiz; porque creo que es una de las cosas más importantes que nos ha hecho falta como nación. Nos acostumbramos a ver y necesitar a ese rey, caudillo, padre, político o líder que nos diga que hacer y le permitimos tomar el poder absoluto sobre nosotros y nuestro país que siendo el personaje que sea, le damos la autoridad como si de un rey se tratara, nos sometemos a sus órdenes y hasta gustos; sin darnos cuenta que esa etapa colonial ya terminó. Hoy en día tanto el político como el líder o cualquier otra figura debe ser vista como lo que son, servidores o empleados del pueblo y por consecuencia es el pueblo mismo quien debe exigir sus propios beneficios.

            No obstante, ante lo anterior surge otro problema; y es que pareciera que el venezolano se ignora así mismo y a su tierra, pareciera que no sintiera ningún interés por comprender de lo que estamos hecho y de los podemos lograr, pareciera que los mismo gobiernos desde la colonia hasta nuestros días se han encargado en mantener al pueblo ignorante y es que, todos se han encargado de mantener esa visión del mesías que ha llegado a resolver todos nuestros problemas, aprovechándose de la necesidad instaurada en la psique del venezolano, pero hasta que el propio pueblo se dé cuenta que ningún personaje gubernamental le dará más conocimiento que el básico para vivir, y que es su responsabilidad crecer como ente necesario para el progreso del país, no cambiara nada.

            Trabajar en pro de la erradicación de la mediocridad, el conformismo, la minimización y el descuido social es de suma importancia, partiendo de la disciplina y el reconocimiento de las bondades y recursos de nuestro país, como el capital humano y nuestra juventud. Comenzar a aprender de países realmente exitosos y no copiar fielmente modelos extranjeros con orgullo ideológico pero inundados de pobreza, limitaciones y excesiva dependencia. Venezuela ha tenido y mantiene su potencial para ocupar un lugar importante en el mundo, pero el problema es que su pueblo lo ignora, lo desconoce, no lo entiende, sino que lo oye porque el personaje de gobierno se lo dijo, pero no comprende lo que realmente significa.       

            La idiosincrasia venezolana, se podría ejemplificar como un palimpsesto paradigmático donde por alguna u otra razón, se recicla el viejo modelo y se reescribe el nuevo sobre el anterior, creando la misma unión dañina en repetidas ocasiones.

            ¿Sera necesario más educación, más cultura, más leyes, más beneficios, más igualdad o será equidad, más petróleo, más tecnología, más cerveza, más fiesta, más días libres, más consumo, más represión, más ladrones y corruptos, más ideologías o más “ismos”? ¿Qué es lo que nos falta? Ya conocimos al rey, al caudillo, el padre, el político y al líder… ¿Quién vendrá ahora, el o la mesías? O ¿será posible que los venezolanos seamos el primer país gobernado por un alienígena o algún oráculo espiritual que conozca el destino del todos?

            Más amor a la patria y ningún apego al personaje de gobierno; estoy seguro que esa es la solución. Reconocer que cada uno es importante para el beneficio de la nación, desde respetar un semáforo hasta cantar con orgullo y brío nuestro himno nacional, son acciones que, de una en una, marcarán la diferencia. Entender que no somos independientes el uno del otro, sino que convivimos juntos en este país; y lo que le afecta a uno, es igual motivo del otro, aunque no se vea o se entienda de primer momento.

            Que la historia no sea una correlación de hechos narrados con aburrimiento y apatía, por el contario; que sirva de guía útil para que cada uno de nosotros sin ningún tipo de ceguera mediática, ideológica o por simple capricho de estancamiento; nos obligue a descartar lo inútil y nos oriente a escribir sobre piedra una nueva historia de Éxito, Progreso y Prosperidad para todos los venezolanos con una visión clara y sustentada, de lo que poseemos, quienes somos, de que estamos hechos y el sitial en el mundo que queremos conquistar.

Bibliografías

-Blanco Muñoz, A. (1983). “Habla el General” (Serie Testimonios Violentos, Vol. 8). Universidad Central de Venezuela; Editorial José Martí.

-Época de la Colonia (Venezuela) Disponible: https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%89poca_de_la_colonia_(Venezuela)

-Plan de la Patria. Disponible: https://es.wikipedia.org/wiki/Plan_de_la_Patria#:~:text=El%20Plan%20de%20la%20Patria,la%20Gaceta%20Oficial%20de%20Venezuela.

-Sequeda Abraham. (2020). “Paradigmas en la Historia Venezolana”. Disponible: https://www.ventevenezuela.org/2020/02/04/paradigmas-en-la-historia-venezolana-abraham-sequeda/

-Uslar Pietri, A. (1992). “Golpe y Estado en Venezuela”. Grupo Editorial Norma.

El Motor de aire desafía la segunda Ley de la Termodinámica. Invento de un guariqueño.