lunes, 4 de mayo de 2026

PARADIGMAS HISTÓRICOS EN VENEZUELA

                                                                               Javier Di Lorenzo


La cosmovisión compartida en una época, de una determinada nación; es la guía para el convivir y accionar de las personas. Esta se convierte en su forma de pensar prácticamente, y es lo que hace que una sociedad se entienda, conformes o no. Venezuela, partiendo de la época colonial inicia un paradigma  que aun hasta nuestros días se mantiene, y es que pareciera imposible que algo tan antiguo aún se mantenga; la cuestión está, en que un paradigma -en teoría- siempre supera al próximo o se podría decir que lo lograr permear y poco a poco lo va transformando en uno nuevo; sin embargo, en el camino siempre quedarán rastros del “superado” haciéndose parte no solo del siguiente, sino que puede mantenerse a través del tiempo y en distintas épocas posteriores.     

            ¿Se podría hablar entonces de costumbre, terquedad, involución o estancamiento? Creo que cada quién puede dar la respuesta que desee según su propia visión en relación al contexto histórico de cada época, o también según el paradigma del que se es parte actualmente; porque las mentalidades, razones y estilos cambian, y no hablemos de los hombres; sobre todo de aquellos que gozan de una variopinta imagen pública adaptada camaleónicamente según el tiempo, las circunstancia y las necesidades personales y no tanto.

            A continuación, algunas líneas que se refieren no solo a los distintos paradigmas a través de la historia de Venezuela desde la época colonial, hasta nuestros días; sino, a este palimpsesto paradigmático que quizá ya sea hora de dejar en desuso y, por ende, necesario escribir en algo nuevo o quizá en piedra, con la práctica y los hechos, y no con teorías y formulas machaconas que no han dado y no darán ya, ningún resultado positivo, perdurable, ni generador de orgullo nacional.  

            Que Orgullo, Amor y una Pasión inmensa siento por ver grande y prospera a nuestra tierra, y es que la historia nos ha demostrado que siempre eso ha sido posible, tomando en cuenta nuestros recursos naturales, talento humano, posición geográfica, etc. Y muy a pesar de la devastación dejada por la guerra de independencia, desfalcos económicos por distintos gobiernos; y la -si se quiere- desidia de muchos venezolanos, que sin miedo a equivocarme y hasta de ser tildado de charlatán, evidentemente conviven entre nosotros.

            Desde el época colonia en el siglo XVI  Venezuela estuvo sometida a los grandes poderes de la corona española y de la iglesia católica del aquel tiempo, donde evidentemente no existía una Venezuela constituida como hoy en día la conocemos, sin embargo considero que esta etapa de nuestra historia ha sido el génesis de lo que hoy aún se mantiene en la idiosincrasia del venezolano común y hasta en aquellos que no se considera como tal, porque desean y creen mantener algún germen de superioridad desde aquellos tiempos, quizá sea algún rastro genético negado a morir o deseoso obstinadamente en mantener su retrocesión.

            En aquella época la pirámide social se estructuró rígidamente en el origen étnico, dominada por blancos peninsulares y criollos, seguidos por los pardos, luego por indígenas y por último los negros esclavos; cada uno con distintas funciones dentro de la sociedad. Los primeros podían ostentar altos cargos y grandes extensiones de tierras; y quiero resaltar que varios de nuestros libertadores procedían de esta élite social; los pardos (mestizos) se podían dedicar a pequeños negocios de comercio y en algunos casos poseían tierras, y los indígenas y negros esclavos solo podían estar al servicio de sus tutores y amos. Pero, me quiero detener un momento en los mestizos y resaltar un fenómeno social; y es que este grupo por orden de la corona española podían “blanquear” su sangre; es decir, podían optar –en teoría- por una mejor posición social aportando el pago de una suma de dinero, para obtener “La Real Cédula de Gracias al Sacar”. Esto no complacía a los blancos criollos, ya que deseaban mantener exclusivamente su estatus entre ellos y se oponían firmemente a este “ascenso social” de los mestizos. Lo paradójico de todo esto, es que los peninsulares de cierta forma, hacían lo mismo con los criollos; quienes consideraban que no podían ostentar grandes cargos muy ligados a la corona o a España en general.

            Y así surge este primer paradigma histórico en nuestro país, donde solo existe un poder absoluto y en una actitud de “sálvese quien pueda” aquellos que podían, intentaban congraciarse mucho más con la corona; a pesar de todas las limitaciones que le imponían como tierra colonizada, destacando la exclusividad comercial con España, entre otras. El punto de inflexión inicia con las ideas independentistas que, aunque hubo otros precursores, son los blancos criollos de la época quienes se organizan, aprovechando otros hechos históricos suscitados en el viejo continente.

            Luego de 1830 inicia la época agraria en Venezuela, un país prácticamente -como ya he dicho- devastado y empobrecido por la guerra de independencia, pero siendo un ejemplo de pujanza, el país comienza a levantarse con la producción del café, cacao, la ganadería y otros cultivos, no obstante; son los señores dueños de las grandes extensiones de tierra los que deciden el destino de los venezolanos, el caudillismo es prácticamente la forma de gobierno de la época, con una población en su mayoría analfabeta, donde las decisiones más importantes se tomaban en las haciendas y hatos con algunas autoridades gubernamentales.

            En este periodo, la sumisión rendida a la corona española vira hacia al señor caudillo; ya que es a él a quien se le debe la lealtad personal. Se podría decir que esa actitud de poseer a un amo, jefe o patrón se trasladó de una época a otra y que obviamente a los caudillos les convenía conservar, de esta forma podrían mantener el control de los habitantes en sus tierras y hasta más allá.

Innegablemente en esta época, Venezuela se abre al mundo con la exportación de sus productos, pero el país se mantiene en conflictos internos que no le permiten superarse como nación y en algunas personas comienza a surgir la pregunta si fue buena idea independizarse de la corona española.

            Bajo el gobierno de Cipriano Castro, pero con acciones del General Juan Vicente Gómez principalmente, se comienza a pacificar el país; derrotando en distintas batallas a la mayoría de los caudillos que querían mantener su poder, dando como consecuencia un nuevo orden social y político. Y aquí quiero destacar abiertamente que, al General Juan Vicente Gómez, aunque muchos se empeñen tercamente en recordarle como un dictador siniestro, su labor pacificadora; o en todo caso, organizadora, debería ser su principal referencia en la historia del país, como también en ser el primero en unificar las armas en beneficio de la nación. A mi modo de ver, es este el primer paso a una idea de una Venezuela unida y con un fin común, a diferencia de los libertadores; que su idea principal era la libertad, el General Gómez es quien con mano dura logra por primera vez unificar en la práctica a todo el territorio nacional.

            No obstante, El General Gómez adopta una figura paternal en relación al pueblo venezolano, es decir; se sigue con la misma idea de un rey, un caudillo y ahora un padre todo poderoso al que hay que obedecer sino, tendremos consecuencias. Esta época emprende su final con el inicio de la explotación petrolera, específicamente con la aparición del reventón del pozo Barroso II en 1922, que inició la transición acelerada hacia una economía minero-extractiva.

            Para la década de los años 70 la cosmovisión del venezolano cambia nuevamente, y es que muchos ya poseen algún tipo de estudios u oficio y gran parte de la población vive prácticamente en ares urbanas aunque con desigualdades sociales; pero ante esto, queda establecida la figura del político; ya no sería un rey, ni un caudillo, ni padre, sino el político que según; si comprendía las necesidades del pueblo, porque aunque no habitaba, ni padecía el día a día del pobre, se mezclaba y hasta caminaba, bebía y comía a su lado en algunas ocasiones –casual o causalmente- cercanas a las elecciones de puestos de gobierno.

Durante esta época se instauró en la mentalidad del venezolano “el génesis del progreso imperecedero social y económico de la nación”, donde al parecer –intencionalmente- “progreso social y económico” se tradujo a consumo desmedido y absurdo. El pueblo creyó, que todo siempre estaría muy bien, y como en la fábula de la cigarra y la hormiga, el espíritu de la cigarra fue el que prevaleció y que sin duda alguna se mantiene hasta hoy.

            El político por su parte, ante semejante abundancia seguía dando “pan y circo” al pueblo, mientras lo endeudaba en nombre de la nación y el pueblo en su éxtasis compulsivo de consumo, ignoraba las consecuencias de lo que se aproximaba. Y aquí me gustaría parafrasear al General Marcos Evangelista Pérez Jiménez, en "Habla el General" que es un libro de entrevista realizado por Agustín Blanco Muñoz, donde se refiere, a que “ese es el tipo de libertad de le gusta al venezolano, donde no hay orden, ni objetivos, porque no le gusta que le digan nada y eso fue precisamente lo que hizo el político”. Se mantuvo la mentira del placer de gastar y consumir, por el simple hecho de ser venezolano, ya que era prácticamente un “derecho petrolero” y todo; gracias al político, porque él sí entendía y quería al pueblo.  Este paradigma entró en crisis con el viernes negro 1983 y colapso definitivamente a finales de los 90 dando pasó a un nuevo modelo político y social, una visión renovada.

            Iniciamos el siglo XXI y el venezolano está decepcionado, su mayor ilusión –el político- se había destruido, no entendía lo que había pasado, este era un hombre educado, hablaba bien, nos trajo prosperidad, educación, parecía que sabía lo que hacía, caminaba junto a nosotros, etc… y ante esta tristeza, confusión y en muchos casos frustración, surge una nueva figura y a su vez un nuevo paradigma; ya no es el rey, ni el caudillo, ni el padre, ni el político, ahora es el líder. Un hombre que sí nació, creció, padeció, sintió y aún vive entre nosotros, él sí es uno de los nuestros y siente el mismo “fervor personalista” que todos nosotros, porque realmente lo que se desea es volver a la época que el político nos robó; como lo hicieron en la colonia, y nos oprimió con lo hicieron los caudillos y dictadores, por lo que, ya era momento de que el pueblo tomara en sus manos las riendas del país, por consecuencia, se comienza a tomar el control en todo lo posible, centros de poder político, industrias, espacios sociales, culturales y todo cuanto haga vida en la nación, ya no hace falta que alguien más haga por nosotros, aunque es necesario mantener al líder absoluto que dicte los pasos a seguir y decida qué hacer, pero por lo menos tenemos la opción de hablar y de cierta forma dar nuestra opinión; así, no se aplique nuestra opción.

            Una prosperidad efímera se manifiesta y da las primeras señales de que volveremos al añorado estilo de vida de la época petrolera; además, hay muchos signos que así lo indican, el petróleo aumenta de precio y el gasto público también, se hacen algunas inversiones, pero nada que al final se mantenga en el tiempo, ya esta es una formula muy conocida, pero es mejor ignorar, el líder afirma que todo estará bien, solo es necesario mantenerse unidos. Nos abrimos al mundo, cambiamos de aliados y entendemos que Venezuela es muy importante de todo el mundo, y aunque no destacamos de forma científica, ni social, ni política, ni educativa, ni militar, ni económica; solo lo hacemos porque tenemos de sobra “excremento del diablo” como así se refiriera Juan Pablo Pérez Alfonzo, y que irrefutablemente su profecía se seguía cumpliendo en la ya advertida dependencia petrolera.

            En la unión está la fuerza, y por la fuerza se mantuvo la unión. Como si de técnicas aprendidas del antiguo político se tratara, mucho de ello se revivió en el venezolano en este siglo XXI, y es que las diferencias entre el líder y el político ya se hacían imperceptibles por lo menos en su accionar; el “mucho ruido y las pocas nueces” es símil de planes, proyectos y promesas. Traidores, culpables, extranjeros y hasta reptiles y mamíferos resultaron ser los motivos del desgate de este paradigma moribundo que, como aquella agotada, vieja e injusta constitución, ya le merece un muy justo final.

            Y así, a través de la historia el papel de ese personaje que lleva, orienta, ordena, decide y hasta ejecuta al resto, ha sido la añoranza más duradera del venezolano. Desde distintas épocas se ha mantenido a la espera de ese hombre o mujer que resuelva nuestros problemas y nos devuelva a esa posición elevada que a todos nos hicieron creer, pero a lo fácil, con fiesta, de gratis, que se viva como un “derecho de nacimiento”, de ese hombre o mujer que escoja por nosotros porque nos da miedo o pereza pensar, y mucho más; actuar.

            Y es que, pudiésemos hacer un ejercicio imaginando por un momento las virtudes que pudimos desarrollar durante todas esas épocas pasadas, y aunque evidentemente estamos obligados a entender los diferentes contextos, no lo estamos en mantener los vacíos que han quedado, por el contario; es un deber aprender de nuestra historia pasada.

            Creo firmemente que si desde la época colonial se hubiese creado una consciencia patria como una sola nación; no solo libre, sino realmente igualitaria sin la necesidad de obstruir la mezcla entre las castas; sino, dando merito a cada quien como le correspondiera según su esfuerzo y trabajo, que unido a la ferocidad de nuestros patriotas quizá una “Nueva Esparta” si se hubiese materializado en todo nuestro territorio. De la época agraria, manteniendo la unión, la recuperación del país se habría logrado en tiempo record y que manteniendo todos los cultivos de esa época, estoy seguro que si no seriamos líderes, estaríamos compitiendo a nivel mundial con nuestros productos; llegando la época petrolera, nuestros ingresos se habrían multiplicado considerablemente, pero el consumo no tendría que ser parte de nuestros deseos; sino, el incentivo hacia el conocimiento sobre inversiones, ahorros, manejo de banca y finanza a nivel nacional e internacional, que unida a algunas de las políticas sociales con algunas añadiduras y la apertura a nuevos mercados propuestas por el socialismo del siglo XXI, la Venezuela potencia seria apenas un diminutivo para referirse a nuestro gran país, y no un sueño que sé que muchos mantenemos estando despiertos.

            Para concluir, me gustaría hacer un llamado a la sinceridad sin ningún tipo de matiz; porque creo que es una de las cosas más importantes que nos ha hecho falta como nación. Nos acostumbramos a ver y necesitar a ese rey, caudillo, padre, político o líder que nos diga que hacer y le permitimos tomar el poder absoluto sobre nosotros y nuestro país que siendo el personaje que sea, le damos la autoridad como si de un rey se tratara, nos sometemos a sus órdenes y hasta gustos; sin darnos cuenta que esa etapa colonial ya terminó. Hoy en día tanto el político como el líder o cualquier otra figura debe ser vista como lo que son, servidores o empleados del pueblo y por consecuencia es el pueblo mismo quien debe exigir sus propios beneficios.

            No obstante, ante lo anterior surge otro problema; y es que pareciera que el venezolano se ignora así mismo y a su tierra, pareciera que no sintiera ningún interés por comprender de lo que estamos hecho y de los podemos lograr, pareciera que los mismo gobiernos desde la colonia hasta nuestros días se han encargado en mantener al pueblo ignorante y es que, todos se han encargado de mantener esa visión del mesías que ha llegado a resolver todos nuestros problemas, aprovechándose de la necesidad instaurada en la psique del venezolano, pero hasta que el propio pueblo se dé cuenta que ningún personaje gubernamental le dará más conocimiento que el básico para vivir, y que es su responsabilidad crecer como ente necesario para el progreso del país, no cambiara nada.

            Trabajar en pro de la erradicación de la mediocridad, el conformismo, la minimización y el descuido social es de suma importancia, partiendo de la disciplina y el reconocimiento de las bondades y recursos de nuestro país, como el capital humano y nuestra juventud. Comenzar a aprender de países realmente exitosos y no copiar fielmente modelos extranjeros con orgullo ideológico pero inundados de pobreza, limitaciones y excesiva dependencia. Venezuela ha tenido y mantiene su potencial para ocupar un lugar importante en el mundo, pero el problema es que su pueblo lo ignora, lo desconoce, no lo entiende, sino que lo oye porque el personaje de gobierno se lo dijo, pero no comprende lo que realmente significa.       

            La idiosincrasia venezolana, se podría ejemplificar como un palimpsesto paradigmático donde por alguna u otra razón, se recicla el viejo modelo y se reescribe el nuevo sobre el anterior, creando la misma unión dañina en repetidas ocasiones.

            ¿Sera necesario más educación, más cultura, más leyes, más beneficios, más igualdad o será equidad, más petróleo, más tecnología, más cerveza, más fiesta, más días libres, más consumo, más represión, más ladrones y corruptos, más ideologías o más “ismos”? ¿Qué es lo que nos falta? Ya conocimos al rey, al caudillo, el padre, el político y al líder… ¿Quién vendrá ahora, el o la mesías? O ¿será posible que los venezolanos seamos el primer país gobernado por un alienígena o algún oráculo espiritual que conozca el destino del todos?

            Más amor a la patria y ningún apego al personaje de gobierno; estoy seguro que esa es la solución. Reconocer que cada uno es importante para el beneficio de la nación, desde respetar un semáforo hasta cantar con orgullo y brío nuestro himno nacional, son acciones que, de una en una, marcarán la diferencia. Entender que no somos independientes el uno del otro, sino que convivimos juntos en este país; y lo que le afecta a uno, es igual motivo del otro, aunque no se vea o se entienda de primer momento.

            Que la historia no sea una correlación de hechos narrados con aburrimiento y apatía, por el contario; que sirva de guía útil para que cada uno de nosotros sin ningún tipo de ceguera mediática, ideológica o por simple capricho de estancamiento; nos obligue a descartar lo inútil y nos oriente a escribir sobre piedra una nueva historia de Éxito, Progreso y Prosperidad para todos los venezolanos con una visión clara y sustentada, de lo que poseemos, quienes somos, de que estamos hechos y el sitial en el mundo que queremos conquistar.

Bibliografías

-Blanco Muñoz, A. (1983). “Habla el General” (Serie Testimonios Violentos, Vol. 8). Universidad Central de Venezuela; Editorial José Martí.

-Época de la Colonia (Venezuela) Disponible: https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%89poca_de_la_colonia_(Venezuela)

-Plan de la Patria. Disponible: https://es.wikipedia.org/wiki/Plan_de_la_Patria#:~:text=El%20Plan%20de%20la%20Patria,la%20Gaceta%20Oficial%20de%20Venezuela.

-Sequeda Abraham. (2020). “Paradigmas en la Historia Venezolana”. Disponible: https://www.ventevenezuela.org/2020/02/04/paradigmas-en-la-historia-venezolana-abraham-sequeda/

-Uslar Pietri, A. (1992). “Golpe y Estado en Venezuela”. Grupo Editorial Norma.

sábado, 2 de mayo de 2026

HISTORIA Y PARADOJA DEL SIGLO XX: DE LA PROMESA DEL PROGRESO A LA CRISIS DE LA MODERNIDAD

                                                          Basilia Herrera

Introducción

Abordar el siglo XX desde la perspectiva de la madurez académica y vital implica, ante todo, reconocer que nos encontramos frente al periodo más denso y contradictorio de la historia humana. Para quienes hemos transitado gran parte de estas décadas, el siglo XX no es un capítulo estático en un manual, sino una experiencia orgánica de transformación acelerada. Eric Hobsbawm lo bautizó como el "Siglo Corto", enmarcado entre el estallido de la Gran Guerra en 1914 y la disolución de la Unión Soviética en 1991. Sin embargo, más allá de la cronología, el concepto que define esta centuria es la crisis de la modernidad. El siglo XIX nos había legado una fe ciega en el progreso indefinido, en la razón científica como motor de bienestar y en la civilización europea como la cúspide de la evolución humana. El siglo XX se encargó de desmantelar, una a una, esas certezas.

Desde mi posición como estudiante de maestría, observo que la introducción a este siglo debe hacerse bajo la premisa de la ambivalencia. Iniciamos el milenio con la esperanza de la "Belle Époque" y lo cerramos con el temor a un colapso ecológico y la incertidumbre de la era digital. En medio, quedaron las cicatrices de dos guerras mundiales que no solo redibujaron fronteras, sino que alteraron la psique colectiva. El siglo XX es el escenario donde la humanidad alcanzó su mayor capacidad de creación —pensemos en la penicilina, la llegada al espacio o la democratización de la información— pero también donde perfeccionó la tecnología del exterminio. Esta introducción busca plantear que el siglo XX no fue un camino hacia la perfección, sino un laboratorio de extremos donde las ideologías se enfrentaron por el derecho a definir qué significa ser humano en la era de la técnica.

Las Tensiones Dialécticas de una Centuria en Conflicto

Para desentrañar la complejidad del siglo XX, no basta con enumerar hitos bélicos o tratados diplomáticos; es imperativo analizar las fuerzas subyacentes que movieron los hilos de la modernidad. Este análisis se articula sobre los siguientes ejes fundamentales:

1. La Modernidad Desviada: El Estado, la Técnica y el Exterminio

El primer gran trauma del siglo fue el descubrimiento de que la civilización industrial no era un seguro contra la barbarie, sino un facilitador de la misma. A diferencia de los conflictos de siglos anteriores, la Primera y Segunda Guerra Mundial introdujeron el concepto de "guerra total", donde la ciencia y la técnica fueron puestas al servicio de la destrucción sistemática. Esta irrupción de las masas en la política dejó de ser un juego de élites para convertirse en una movilización de millones; una energía que, aunque permitió conquistas sociales, también facilitó el ascenso de regímenes totalitarios que utilizaron la propaganda y el terror para anular al individuo.

2. El Orden Bipolar y la Geopolítica del Miedo

Tras el colapso de las potencias coloniales europeas en 1945, el concepto de "poder" se transformó y el mundo se reconfiguró bajo una lógica binaria. La Guerra Fría no fue un simple desacuerdo diplomático, sino un enfrentamiento entre dos ontologías políticas y modelos existenciales: el liberalismo capitalista y el colectivismo socialista. Para quienes vivimos la segunda mitad del siglo, esta partición definía nuestra identidad y economía, manteniéndonos en un equilibrio precario donde la tecnología nuclear garantizaba una paz sostenida por el miedo.

3. La Rebelión de las Masas y la Revolución Tecnocientífica

A nivel sociológico, el siglo XX representó el ascenso definitivo de las mayorías al escenario público a través del sufragio universal y el Estado de Bienestar. Sin embargo, la velocidad del cambio técnico pronto superó nuestra capacidad de adaptación ética. La transición de la era industrial a la era de la información alteró nuestra relación con el tiempo y el espacio, convirtiendo al mundo en una "aldea global" que, paradójicamente, fragmentó las identidades locales. El sujeto dejó de ser un peón del Estado para buscar nuevas demandas de identidad, pero el cierre del siglo, marcado por el auge del neoliberalismo y la revolución microelectrónica, nos lanzó a la "condición postmoderna": un mundo fragmentado donde lo individual prima sobre los grandes relatos de salvación común.

4. La Globalización y el Desafío Ecológico

Finalmente, el desarrollo del siglo XX se define por la aceleración de la globalización tras la caída del Muro de Berlín. Esta integración económica, impulsada por el internet, creó una interdependencia que exacerbó brechas preexistentes. Al llegar al año 2000, la humanidad comprendió que su éxito técnico y su consumo hiperbólico habían puesto en riesgo la viabilidad biológica del planeta. Esta es la lección más dura de la centuria: nuestra ambición de dominar la naturaleza nos ha llevado al borde de un abismo que apenas estamos empezando a comprender.

                La Descolonización y la Metamorfosis de la Vida Cotidiana

Más allá del eje Este-Oeste, el siglo XX fue el escenario de la irrupción del "Tercer Mundo". El colapso de los imperios coloniales no solo redibujó el mapa mundi, sino que integró a la historia global voces y subjetividades que la modernidad europea había mantenido en la periferia. Esta fragmentación del poder hegemónico corrió en paralelo a una revolución sin precedentes en la esfera privada. La irrupción de la mujer en el mercado laboral, la conquista de derechos civiles y el surgimiento de una cultura de masas —impulsada por el cine y la televisión— transformaron al ciudadano de un ente pasivo a un consumidor de símbolos y deseos.

La Era del Espectáculo y la Fragmentación del Sujeto

Esta metamorfosis no fue solo política o económica, sino profundamente cultural y cognitiva. El siglo XX consolidó lo que Guy Debord llamó la "sociedad del espectáculo", donde la imagen y el simulacro empezaron a desplazar a la experiencia directa de la realidad. La expansión de los medios de comunicación no solo democratizó el acceso a la información, sino que también generó una saturación de estímulos que contribuyó a la fragmentación del sujeto contemporáneo. Al final de la centuria, el individuo ya no se definía únicamente por su clase social o su nación, sino por su capacidad de navegar en un mar de identidades líquidas y relatos inconexos. Esta es, quizás, la tensión dialéctica más compleja que heredamos: un mundo técnicamente hiperconectado pero humanamente atomizado, donde la búsqueda de sentido se vuelve una tarea individual frente a la caída de las certezas colectivas.

Conclusión

A modo de cierre, reflexionar sobre el legado del siglo XX requiere una honestidad intelectual que solo el paso del tiempo permite. Al concluir este análisis, llegamos a la convicción de que la principal herencia de la centuria pasada es la caída de los grandes relatos. Aquellas ideologías que prometían el paraíso en la tierra —ya fuera a través del mercado perfecto o del Estado total— terminaron mostrando sus costuras y sus costos humanos. Como alguien que ha observado estos cambios desde la experiencia de vida, entiendo que el cierre del siglo XX no representó el "fin de la historia", como sugirió apresuradamente Francis Fukuyama, sino el inicio de una era de complejidad sin precedentes donde las viejas recetas ya no funcionan.

La conclusión más profunda que podemos extraer es que el progreso técnico no corre en paralelo al progreso moral, pues el siglo XX nos heredó herramientas asombrosas sin enseñarnos necesariamente a ser mejores. Al estudiar este periodo en un nivel de posgrado, no buscamos simplemente acumular datos, sino comprender las raíces de nuestras crisis actuales: la desigualdad estructural, el retorno de los nacionalismos y la fragilidad de nuestras democracias. Aunque la centuria terminó cronológicamente, sus conflictos siguen latiendo en nuestro presente como una advertencia constante sobre la fragilidad de nuestras conquistas.

Esta persistencia se manifiesta hoy, en pleno 2026, en desafíos que parecen ecos de aquellas viejas tensiones: desde la polarización ideológica hasta los dilemas éticos de la Inteligencia Artificial, la cual nos obliga a preguntarnos si nuestra madurez ética estará a la altura de nuestra potencia técnica. Esta realidad nos deja una lección de humildad al enseñarnos que la libertad y los derechos humanos no son puntos de llegada, sino procesos que requieren vigilancia constante. Mi generación vio caer muros y levantarse fronteras digitales; vimos el triunfo del consumo y la agonía de los ecosistemas. Por ello, el futuro no debe ser una inercia del pasado, sino una construcción ética que nos corresponde liderar con la sabiduría de los errores cometidos, recuperando siempre la escala humana en un mundo dominado por la técnica.

Referencias Bibliográficas

Debord, G. (1967). La sociedad del espectáculo. Buchet-Chastel. [Fuente fundamental sobre la mediación de la imagen y la fragmentación de la experiencia en la modernidad tardía].

Fukuyama, F. (1992). El fin de la Historia y el último hombre. Editorial Planeta. [Obra analizada críticamente en el ensayo respecto a la supuesta conclusión de las disputas ideológicas tras la Guerra Fría].

Hobsbawm, E. (1994). Historia del siglo XX: 1914-1991. Crítica. [Referencia central para la delimitación cronológica del "Siglo Corto" y el análisis de la crisis de la civilización decimonónica].

Lyotard, J. F. (1979). La condición postmoderna: Informe sobre el saber. Les Éditions de Minuit. [Texto clave para comprender la caída de los grandes relatos de salvación y la fragmentación del conocimiento].

Nora, P. (1984). Entre memoria e historia: Los lugares de la memoria. Gallimard. [Fuente consultada sobre la distinción entre el recuerdo orgánico y la reconstrucción histórica en periodos de aceleración temporal].

martes, 28 de abril de 2026

VICO CONTRA EL OLVIDO

      Oswaldo Loreto


Entender el siglo XVII implica reconocer una de las crisis más silenciosas pero feroces de la historia, ese intento de borrar el pasado en nombre de la razón. Mientras el mundo se deslumbraba con la precisión de la geometría y las matemáticas, la historia quedó arrinconada y tachada de ser un simple cúmulo de leyendas sin fundamento. Fue en ese momento cuando surgió la figura de Giambattista Vico para plantear una verdad que hoy parece obvia pero que en su día fue un cuestionamiento disruptivo al sistema. El ser humano solo puede conocer de verdad aquello que él mismo ha construido. Para este pensador napolitano no podemos pretender entender la naturaleza con la misma exactitud que a nosotros mismos porque la naturaleza es obra divina, pero la sociedad, las leyes y las lenguas son nuestras. Esta premisa rompió el tablero de su época al demostrar que el conocimiento nace de la experiencia compartida de vivir en comunidad, más allá de las fórmulas frías.

Esa idea cambió las reglas del juego de forma radical. Mientras personajes como Descartes subestimaban el estudio de lo antiguo por considerarlo subjetivo y carente de rigor, nuestro autor devolvió la dignidad al relato humano. Propuso que la historia no es una ciencia de segunda categoría, al contrario, es la ciencia suprema porque funciona como el espejo de nuestra propia creación. Si las matemáticas son claras es porque son una abstracción que inventamos nosotros mismos. Por lo tanto, la vida civil con sus conflictos y sus avances debería ser igual de descifrable si aprendemos a leerla correctamente. No se trata de verificar únicamente si un documento tiene un sello original, aunque eso también sea importante. Lo fundamental es entender la necesidad humana que hizo que ese papel existiera. Vico nos enseñó que detrás de cada dato hay un latido humano y una intención que la geometría jamás podrá captar por sí sola.

Lo más fascinante de este pensamiento es el rechazo a la idea de que el mundo siempre camina hacia mejor de forma lineal. Se planteó que las civilizaciones no avanzan en línea recta, pues se mueven en ciclos de ascenso y caída. Es una especie de ritmo vital, los famosos corsi e ricorsi, donde las naciones pasan necesariamente por tres etapas. Primero llega la edad de los dioses donde el hombre vive sumergido en el miedo a lo sagrado y explica todo a través de la religión. Luego sigue la edad de los héroes donde la fuerza y el orgullo de los nobles dictan las leyes de la supervivencia. Finalmente se alcanza la edad de los hombres donde la razón y la igualdad democrática parecen dominarlo todo. Pero aquí viene la advertencia que hoy suena más real que nunca ya que cuando la razón se vuelve fría, egoísta y puramente analítica, la sociedad se desmorona desde adentro. Ese exceso de intelectualismo termina rompiendo los lazos que nos mantienen unidos y provoca que volvamos al punto de partida para aprender de nuevo a ser humanos.

Esta forma de ver las cosas le dio un valor enorme a lo que antes se consideraba como elementos irrelevantes, como los mitos y la poesía antigua. Antes de Vico se pensaba que los cuentos de la antigüedad eran simples mentiras para entretener a gente ignorante, pero él descubrió que el mito es la primera verdad de los pueblos. El hombre antiguo no tenía conceptos abstractos ni diccionarios así que explicaba su realidad con imágenes poderosas y con gestos cargados de significado. Cuando desarmamos el lenguaje estamos haciendo una autopsia a la mente humana en su estado más puro, en lugar de diseccionar palabras muertas. Entender cómo hablaban nuestros antepasados y cómo daban nombre a sus miedos es la única forma de saber por qué sentimos y pensamos como lo hacemos hoy. Es pasar de la simple anécdota de los libros de texto a la profundidad real de la conciencia colectiva que nos une a través de los siglos.

La lucha de Vico fue también una batalla por el sentido común frente a la soberbia del racionalismo extremo. Él veía con preocupación cómo sus contemporáneos querían convertir la vida en un laboratorio olvidando que el hombre es un ser de pasiones, de imaginación y de memoria. Para él la memoria no era un almacén de datos viejos, representaba la facultad misma que nos permite ser algo más que animales atrapados en el presente. Sin la historia somos seres amnésicos caminando a ciegas. Por eso su obra es un grito de resistencia que nos invita a mirar las instituciones no como estructuras dadas por la naturaleza, las vemos como conquistas heroicas que costaron sangre y esfuerzo. Las leyes no cayeron del cielo ni son fórmulas lógicas, son el resultado de hombres que un día decidieron dejar de matarse para empezar a vivir bajo reglas comunes.

Al final, lo único que queda es una defensa cerrada de la humanidad frente al asedio de los números y los datos fríos que pretenden explicarlo todo sin alma. Somos los arquitectos de un edificio que se construye todos los días pero que solo tiene sentido si no olvidamos los cimientos que lo sostienen. El pasado no es un peso que cargamos ni un adorno para lucir en los libros, es la biografía viva de lo que somos en este instante. Cada ley que nos rige y cada miedo que nos frena nació en algún punto de ese ciclo que seguimos recorriendo sin darnos cuenta. El legado de esta ciencia nueva no nos hace expertos en fechas de batallas olvidadas, nos hace dueños de nuestra propia realidad al recordarnos que la historia es, por encima de todo, la aventura de habernos inventado a nosotros mismos en medio del caos. Nuestra tarea no es solo narrar lo que pasó, consiste en comprender por qué seguimos siendo, en esencia, los mismos seres que buscaban respuestas en medio del trueno y el relámpago.

Desde mi perspectiva considero que la verdadera potencia de este pensamiento reside en la responsabilidad que nos otorga sobre nuestro propio destino. Al ser los humanos los únicos que hemos construido nuestra propia civilización tenemos la capacidad real de entenderla y controlarla, siempre y cuando no olvidemos el rastro de nuestra humanidad en el proceso. Entender que somos hijos de nuestras propias creaciones sociales nos obliga a ser vigilantes de las instituciones actuales, pues si nosotros las levantamos nosotros también tenemos el poder de reformarlas. Para mí esta es la verdadera esencia de Giambattista Vico, el recordatorio de que no somos náufragos en el tiempo, somos navegantes con brújula propia en un mapa de aciertos y errores que nos pertenece por derecho de autoría.

En definitiva, conocer nuestra historia no es un ejercicio de nostalgia, es el acto de reclamar la propiedad sobre nuestra propia civilización.                                                                                                           

Bibliografía

 

Berlin, I. (2008). Vico y Herder. Alianza Editorial.

Cassirer, E. (1993). La filosofía de la Ilustración. Fondo de Cultura Económica.

Mondolfo, R. (1956). Giambattista Vico. Editorial Losada.

Vico, G. (1995). Ciencia Nueva (R. de la Villa, Trad.). Tecnos. (Obra original publicada en 1725).

Villacañas, J. L. (2001). La filosofía histórica de Vico. Revista de Filosofía, 26, 11-34.

FRAY PEDRO SIMÓN: SU CRÓNICA, PENSAMIENTO Y ARQUITECTURA EN EL NUEVO REINO DE GRANADA

José Ángel Domínguez Vegas


La historiografía colonial del siglo XVII encuentra en la figura de Fray Pedro Simón a uno de sus exponentes más lúcidos y prolíficos. Su obra no solo constituye un relato detallado de los procesos de conquista y colonización en los territorios de las actuales Colombia y Venezuela, sino que funciona como un testimonio enciclopédico de la realidad social, natural y arquitectónica de la época. A través de sus “Noticias Historiales”, Simón trasciende el simple registro de fechas para ofrecer una visión profunda, cargada de erudición barroca y una observación aguda de su entorno. 

Nacido en San Lorenzo de la Parrilla, España en 1574. Fray Pedro Simón fue un religioso franciscano cuya llegada al Nuevo Reino de Granada en 1604 marcó el inicio de una labor intelectual sin precedentes. Su formación académica como profesor de artes y teología en el convento de San Francisco de Bogotá le otorgó las herramientas críticas necesarias para emprender la escritura de su gran crónica. Como Provincial de su orden, recorrió vastas extensiones del territorio, lo que le permitió contrastar la documentación oficial con la realidad geográfica y los testimonios de los habitantes. 

El estilo de Simón es un reflejo fiel de su tiempo: barroco, erudito y providencialista. Su prosa está imbuida de un profundo humanismo, utilizando citas latinas y referencias clásicas que elevan el relato histórico a una categoría literaria y moral. Para el autor, la historia es el escenario de la voluntad divina, donde la corona española actúa como un instrumento para la expansión de la fe. Sin embargo, su método no carece de rigor; Simón implementó un enfoque crítico, contrastando fuentes escritas con tradiciones orales indígenas, lo que le permitió denunciar los excesos cometidos contra los nativos, manteniendo siempre una postura moral fundamentada en la justicia cristiana. 

Para profundizar en el estilo historiográfico de Fray Pedro Simón, es necesario entender su obra no solo como un registro de eventos, sino como una pieza compleja que equilibra la fe, la erudición académica y una naciente metodología crítica. A continuación, se detallan los pilares de su estilo: 

1.- El Providencialismo como Motor de la Historia: para Fray Pedro Simón, la historia no es un conjunto de hechos fortuitos, sino el despliegue de la “voluntad de Dios” en la tierra. Este enfoque providencialista impregna toda su narrativa: la llegada de los españoles y la caída de los imperios indígenas se interpretan como parte de un plan divino para la expansión del catolicismo. Sin embargo, este misticismo no le impide ser riguroso con los datos; simplemente utiliza la teología como el marco interpretativo de la realidad. 

2.- Erudición Barroca y Humanismo: su formación como profesor de artes y teología en Bogotá se refleja en una prosa densa y sumamente culta. El estilo de Simón es puramente barroco, caracterizado por: • Intertextualidad: El uso constante de citas en latín y alusiones a autores de la antigüedad clásica (como Plinio o Séneca) para validar sus argumentos. • Retórica: Una estructura narrativa que busca no solo informar, sino conmover y convencer al lector de la trascendencia moral de lo que está relatando. 

3.- Un Método Crítico de Fuentes Vivas: a diferencia de otros cronistas que se limitaban a compilar textos anteriores, Simón introdujo un método muy avanzado para su época conformado por dos haceres investigativos, son lo que hoy denominamos: La investigación de Campo, aprovecha sus viajes como Provincial para recopilar tradiciones orales indígenas y testimonios directos de los conquistadores y sus descendientes. El contraste de documentos, enfrenta las versiones oficiales de las crónicas previas con la realidad observada y los relatos de los testigos, buscando una verdad más equilibrada. 

4.- La Sensibilidad Etnográfica y Naturalista: Simón destaca por una curiosidad que hoy llamaríamos científica. Sus escritos no se limitan a las batallas, sino que se detienen en descripciones minuciosas de la flora, la fauna y las costumbres nativas. Este interés enciclopédico lo convierte en uno de los primeros naturalistas del Nuevo Reino de Granada, documentando el mundo americano con una precisión que iba más allá del interés militar o religioso. 

5.- La Dimensión Ética y la Crítica al Poder: aunque era un leal súbdito de la Corona, su estilo no es complaciente. Su crítica moral es una de las partes más potentes de su historiografía: denuncia de la crueldad. Utilizó su pluma para señalar los abusos y excesos cometidos por los conquistadores contra los pueblos indígenas. El Argumento Cristiano: su crítica no era política, sino moral; argumentaba que la violencia innecesaria contradecía el propósito evangelizador de la conquista y, por tanto, era un pecado que empañaba la misión española. 

Este estilo integral convierte a sus “Noticias Historiales” en una fuente indispensable, ya que ofrece una visión tridimensional del siglo XVII: el hecho histórico, la interpretación divina y la realidad humana y natural. 

Un aspecto fascinante de su obra es la descripción detallada del crecimiento físico de las ciudades coloniales. En sus relatos, es posible detectar la evolución de los sistemas constructivos. Simón describe las fundaciones iniciales como estructuras efímeras de bahareque y paja, materiales nativos que, aunque accesibles, resultaban peligrosos ante los incendios recurrentes. 

Con el paso del tiempo, el cronista registra la transición hacia materiales más sólidos y nobles como la tapia pisada, el ladrillo y la teja de barro, elementos que simbolizaban la estabilidad del orden colonial. Además, su obra destaca la importancia de la traza en damero (cuadrícula), modelo que organizaba no solo el espacio, sino también la jerarquía social alrededor de la plaza central. En las zonas costeras, Simón hace especial énfasis en la arquitectura defensiva, describiendo baluartes y fortificaciones de cal y canto diseñadas para repeler los ataques externos, demostrando así el valor estratégico del control territorial. 

La obra de Fray Pedro Simón es fundamental para comprender la génesis de la identidad mestiza en el Nuevo Reino de Granada. Su capacidad para integrar la biografía de los conquistadores, el análisis moral de la colonización y la descripción física de las ciudades en formación lo sitúa como un historiador integral. Su legado no es solo una crónica de conquistas, sino un mapa detallado de la transformación de un continente a través de su pensamiento, sus letras y sus muros. 

Bibliografía 

Simón, Fray Pedro (1882) Noticias historiales de las conquistas de tierra firme en las Indias Occidentales”, I parte. Bogotá, Imprenta de Medardo Rivas.

domingo, 12 de abril de 2026

HOMENAJE AL ESCRITOR PEDRO SIVIRA

Jeroh Juan Montilla
El día viernes 10 de abril en horas de la mañana, en el auditorio Juan Germán Roscio de la Casona Universitaria (UNERG) en San Juan de los Morros, estado Guárico, los estudiantes de la maestría de Historia de Venezuela (corte 2026) de esta universidad realizaron un excelente evento como un gesto de reconocimiento a una obra literaria que narrativamente explora y expone un importante y decisivo momento en la historia regional guariqueña, el boom petrolero en la zona de Las Mercedes y Roblecito. El evento se tituló. “Petróleo y cafecito, un homenaje al escritor Pedro Sivira Reyes”. La obra de Pedro Sivira nos muestra como la llegada de la industria petrolera le dio un vuelco a nuestra región, tradicionalmente agrícola y ganadera. El llamado por unos, oro negro, y por otros excremento del diablo, cambió radicalmente el modo de ser de una comunidad llena de fuertes tradiciones heredadas del siglo XIX. De la noche a la mañana Las Mercedes pasa a convertirse en una especie de centro neurálgico que recibe en su seno de modo imprevisto y a borbotones ríos de personas que protagonizan así una diáspora interna de familias enteras buscando así ser parte de la gracia económica que trajo la instalación de la industria petrolera en la región guariqueña. Pedro Sivira (1945-2010) publicó dos importantes novelas “Los fantasmas y los residentes” (1982) y “La W.C. Company” (1993), aparte de otros textos de poesía y ensayo histórico. Nacido en el estado Falcón, lo traen sus padres, bajo el empuje de la diáspora petrolera de ese tiempo, a los 3 años de edad, eso hizo de Sivira un guariqueño adoptivo tanto que la municipalidad de Las Mercedes lo oficializó como mercédense. Durante muchísimos años trabajó como jefe de redacción en el diario El Nacionalista en San Juan de los Morros, allí dirigió importantes y decisivas páginas semanales que les dieron cabida y rostro a diversas figuras de la literatura y la cultura guariqueña. El evento contó con la emotiva presencia de los hermanos del escritor, Saúl y Arcadia, como de sus hijos Juan Francisco, Mary Cecilia, Pedro Alberto y Anny junto algunos nietos. El programa del evento, excelentemente organizado, conducido bajo la presentación del maestrante Pablo Caracas, contó con las palabras inaugurales del doctor Luis Ascanio, coordinador de la Maestría de Historia de Venezuela; lectura de la hoja de vida del escritor Pedro Sivira a cargo de la maestrante Géminis Pumara; charla sobre la narrativa petrolera en la obra de Pedro Sivira por parte del profesor Jeroh Juan Montilla; bautizo del poemario “El rayo luminoso que eres tú”, libro inédito del autor, junto a la presentación del díptico “Acto de Palabra”, editado por Viento Del Sur Editores (Arturo Álvarez D’Armas, 2013), este bautizo y presentación fue acompañado de unas palabras por parte de la poeta Tibisay Vargas Rojas. Se develó un retrato del escritor como un regalo de los maestrantes a los familiares de Sivira. Cerró la programación con una velada musical por parte de la violinista Valeria Andreina Loreto González, y una lectura de algunos poemas de Sivira por parte de los poetas Salvador Lara y Pablo Velásquez junto con la maestrante María del Rosario Moreno, finalmente un ameno compartir donde se degustó café y unas deliciosas pastas por la permanente difusión de la obra de Pedro Sivira. Es importante reconocer la organización y dirección de este evento por parte de los maestrantes: Arturo López y María del Rosario Moreno. Se suman los nombres del resto de los maestrantes de esta especial corte: Jean Carlos Olivo, José Gustavo Morán, Deivi Suárez, Rita Figueroa, Basília Herrera, Oswaldo Loreto, Alejandro Infante y Williams Piñero, cada uno tuvo su aporte de trabajo, como futuros historiadores, en esta actividad que busca rescatar y dar a conocer la historia de nuestra región, parte fundamental de la historia nacional.

viernes, 7 de febrero de 2025

Eligio Leopoldo Arocha, uno de los primeros farmacéuticos de Ortiz

José Obswaldo Pérez

Eligio Leopoldo Arocha fue uno de los primeros farmacéuticos en Ortiz, durante el siglo XIX. Nació en 1858, en Canoabo, Valencia, como hijo de Carlos Arocha y Ana Josefa de Arocha (Oldman Botello, 2004). Aunque los detalles sobre su llegada a Ortiz son inciertos, el apellido Arocha aparece en documentos eclesiásticos del pueblo desde 1843, en una época marcada por la violencia rural y los brotes de enfermedades febriles. Un ejemplo sería la partida de defunción de Florinda Arocha Torrealba, hija legítima de Esteban Arocha y Oriana Torrealba; así como la muerte de su hermano, Juan Esteban, el 16 de marzo de 1857, quien falleció soltero y recibió los sacramentos de parte del Fray Fidel de Vieda.

No se sabe si hay un vínculo familiar directo entre Eligio Leopoldo Arocha y estas personas anteriormente mencionadas, pero está claro que él se estableció en Ortiz, donde comenzó a desarrollar su actividad comercial. Un documento fechado el 11 de abril de 1874, que firmó junto a otros vecinos, solicitaba a la Legislatura Nacional una reforma a la Constitución propuesta por el presidente Antonio Guzmán Blanco, que fue promulgada el 27 de mayo de ese mismo año (Arráiz Luccca, 2007; p.89). Además, en 1876, su nombre aparece en un manuscrito relacionado con un empréstito gubernamental en el Departamento Bermúdez, donde aportó ocho venezolanos, posiblemente, para financiar las movilizaciones de tropas gubernamentales.

Durante el período en que Arocha se encontraba en Ortiz, esta ciudad era la capital del Guárico, un rango que elevaba su importancia cultural y económica. Como farmacéutico profesional, fundó su botica, denominada La Central, en la Calle Real de Ortiz —posteriormente conocida como calle Comercio—. Esta fue la cuarta farmacia en la población y desempeñó un papel crucial durante las epidemias de fiebre amarilla y el paludismo que asoló a la región entre 1879 y 1881, ofreciendo medicamentos esenciales como la quinina.

Debido a estas epidemias, Eligio Leopoldo Arocha se vio obligado a emigrar a Villa de Cura, donde contrajo matrimonio el 20 de febrero de 1888 en la Iglesia Parroquial con Luisa María Rodríguez Tejada, hija de Francisco Eladio Rodríguez Guerrero y Rita Elena Tejada Monroy. Ambos eran oriundos de Villa de Cura, pero descendían de antiguas familias de Ortiz y Calabozo. Fueron testigos de la ceremonia Francisco Eladio Rodríguez y Josefa Tejada. De esta unión nació Eligio Julio Arocha Rodríguez, quien más tarde se casó con Carmen Flores. Según el investigador y genealogista Luis Eduardo Viso, de Eligio Leopoldo Arocha desciende la joven vocalista María Fernanda Flores García, casada con el músico calaboceño Wilfredo Villavicencio El Darjani, miembros del grupo vocal La Camerata de Caracas, bajo la dirección de la Maestra Isabel Palacios.

Una vez establecido en Villa de Cura, Eligio Leopoldo refundó su botica, la cual se ubicó en el ángulo noroeste de la calle Bolívar, en el cruce con Caraballo, frente a la plaza Miranda (Botello, 2004; p.26). En su establecimiento ofrecía una amplia gama de medicinas, incluyendo la conocida Panacea de Swain, vendida a 28 reales el frasco. También comercializaba sus productos patentados, como el famoso remedio Gotas de Vida, elaborado a base de plantas para tratar afecciones como la dismenorrea y el catarro, a un precio de cuatro reales el frasco. Todos sus medicamentos estaban registrados en el Ministerio de Fomento, bajo la marca Medicinas para la familia (Botello, 1972; p.196).

Fuentes consultadas

BOTELLO, OLDMAN (1972) Historia del Periodismo en Aragua. Ediciones A. V. P. [i.e. Asociación Venezolana de Periodistas] Aragua.

(1885). Anuario del comercio, de la industria, etc. de Venezuela. Caracas: Rojas Hermanos, libreros editores.

(1874). Documentos favorables a las reformas de la constitución de 1864. Caracas: Imprenta La Opinión Nacional

(Foto La botica La Central, en Villa de Cura,frente a la plaza Miranda)

miércoles, 4 de diciembre de 2024

LA PEÑA ADMIRABLE*

 Domingo Rodríguez 

El robo (1)

Era una mañana del año 1934 del siglo pasado, el presbítero FRANCISCO JAVIER PEÑA (el padre Pernía de la novela Casas Muertas), se encontraba realizando sus acostumbradas oraciones tempraneras en el recibo de la casa parroquial de Ortiz, cuando repentinamente entra al referido inmueble, el señor Arciniega, jefe civil de la vecina población de Parapara, la cual también atendía el mencionado sacerdote:

—Buenos días padre.

—Buenos días señor Arciniega.

—¿Qué lo trae tan temprano a Ortiz?

—Vengo a comunicarle una horrible noticia, se han robado La Peña Admirable.

El padre Peña se para sobresaltado del mueble donde estaba sentado, exclamando: —¡No puede ser Dios mío! — Inmediatamente salen hacia Parapara.

En el camino Arciniega explica al padre Peña los pormenores del caso. En la madrugada las manos sacrílegas de unos malhechores, extraños a la población, habían socavado las paredes de la iglesia por los lados de la sacristía. Habían roto también el Sagrario, donde se guarda la reliquia de la imagen aparecida de Nuestra Señora, profanado así la gran devoción y amor que los hijos de Parapara profesan a la excelsa virgen por más de 200 años desde su aparición. Se sospecha de unos “maromeros” que llegaron hace unos días al pueblo, los cuales se marcharon de improviso en la madrugada sin conocerse rastro de ellos. Que ya, mediante telégrafo, había pasado la novedad al prefecto del Distrito Roscio y al presidente del estado Guárico, teniente coronel Ignacio Andrade.

Al llegar a Parapara, el pueblo, sin excepción, se encontraba en la Plaza Bolívar, dentro y frente de la iglesia. Todo era dolor y consternación, lloraban niños, jóvenes, mujeres, hombres y viejos. Un conglomerado de fe, de gente buena, humilde y trabajadora, que siempre se habían ufanado de celebrar las festividades de sus tres patrones: Santa Catalina de Siena, San Rafael Arcángel y La Peña Admirable, la que consideraban un regalo de Dios para su tierra. Apenas el padre Peña se baja del carro que le llevó al pueblo, abriéndose paso entre la gente que se encontraba en el templo, que llorosa gritaba: — ¡Blasfemia, Blasfemia! —, se dirige al altar mayor, cae de rodillas y con lágrimas en los ojos, eleva una oración al altísimo.

Después se pone de pie y habla a los presentes con voz fuerte y pidiendo calma exclama: —Nuestra amadísima madre la Virgen María nos hizo el exquisito regalo de su divina presencia bajo la advocación de Nuestra Señora de la Peña Admirable, para que la veneráramos con fervorosa devoción. Para que le pidiéramos por nuestras necesidades, tribulaciones y sufrimientos, y vosotros lo han hecho a través de centurias. Tengan mucha fe, porque, así como ella y su hijo, Dios nuestro señor nos la dieron, así también nos la devolverán —.

Por muchos días y muchas noches el pueblo de Parapara se declaró en vigilia de oración permanente en la iglesia y en la plaza esperando el regreso de su Virgen, que nunca se llegó a producir, a pesar del esfuerzo que hizo mucha gente por encontrarla, en especial la Diócesis de Calabozo, el mismo padre Peña, y las autoridades Civiles y Policiales de la época.

Cómo fue la aparición de La Peña Admirable (2)

En el año 1720, a dos leguas del norte de Parapara, población del estado Guárico fundada a las orillas del río Flores, tributario de río Paya, un indio lugareño de la comarca trabajando sus labranzas en el Valle De Las Yeguas, lo que hoy se conoce como Piedras Azules, fue sorprendido por una violenta tempestad. Asustado por los repetidos rayos, se refugió en unos grandes peñascos que hacían una especie de gruta. Pasada la tempestad, cuando ya se disponía a marcharse, un fenómeno extraordinario atrajo su atención: en una floreciente  planta de lirio silvestre que crecía en una peña al margen de una quebrada vecina, divisó un vivísimo resplandor, curioso el indio se acerca a la peña y descubre en medio de los lirios, que la iluminación procedía de una pequeña piedra llana, de más o menos tres dedos de ancho por tres dedos de alto donde se podía ver grabada la imagen de una mujer con corona en la cabeza, un niño en sus brazos, y parada sobre media luna. Con gran respeto el indio agarró la piedrita y se la llevó a su choza.

Al cabo de un tiempo cundió por toda la comarca del pueblo de Parapara la noticia de la aparición de la imagen, y fue tanta la admiración que producía a todo el que la veía, que fue designada por el indio y la propia gente de la región con el nombre de “Nuestra Señora de la Peña Admirable”. Luego fue trasladada al pueblo para ser adorada.

En 1780 el Obispo Mariano Martí estuvo de visita en Parapara y en sus apuntes y manuscrito dice que la imagen es muy similar a Nuestra Señora de la Corteza de Acarigua, además, que es tan milagrosa que autorizó a un devoto para recoger por espacio de tres años limosnas para el fomento de su culto. El mismo prelado también refiere que otro devoto dotó para sus fiestas, que se celebran cada 8 de septiembre, con 240 pesos. También menciona que todos los años ese día los devotos van en romería al lugar de la aparición.

Las noticias de los numerosos milagros realizados por la virgen se fueron propagando con los años en toda la región. Es así, como a fines de siglo 18, se traslada a Parapara un empleado del gobierno colonial y prevalido de su autoridad, saliéndose de sus derechos y atribuciones, confiscó la imagen y la llevó a Caracas con la intención de pedir al cabildo secular impidiese su culto por juzgarlo inconveniente y supersticioso. El pueblo de Parapara y el cura de la época conmovidos por tan injusto hecho, comisionaron al joven Domingo Toledo, tal vez la persona de más talento y prestigio de todos sus habitantes, para que se trasladara a Caracas y alegara ante el ayuntamiento de la capital que el cabildo civil no tenía ninguna competencia en asuntos que solo le incumben directamente al gobierno eclesiástico, por lo tanto, devolvieran la imagen al pueblo que él representaba. La exposición de Toledo fue aceptada y se le devolvió la imagen. Cuando los moradores de Parapara supieron la noticia de que se le había devuelto su divino tesoro cuya ausencia lamentaban y llenaba sus almas de tristeza, se dispusieron a recibirla con gran júbilo junto al cura del pueblo. Se acordó para su resguardo y seguridad, que en una de las casas más importantes se dispusiera una capilla provisional con un altar profusamente adornado con flores y lumbres para ser adorada por todos sus fieles solemnemente, con grandes manifestaciones de fe y acendrado amor. Que en cierto modo sirviera de desagravio al desacato que se pretendió contra la sagrada imagen. Luego se dispuso que en el pueblo y sus alrededores se hiciese una gran colecta para mandar a hacer un relicario para la virgen, el cual fue construido de plata bañada en oro y en forma de custodia donde fue colocada la imagen. Ese día el pueblo, todo jubiloso, concurrió a la casa donde estaba depositada para llevarla a la iglesia con la gran cantidad de milagros ofrecidos a la virgen elaborados en metales preciosos, cuyas puertas se abrieron para recibirla en medio de las armonías de los himnos sagrados ya que para siempre sería el santuario de la Mater Admirabilis.

Se cuenta que, estando de visita pastoral en Parapara, el ilustrísimo señor arzobispo, doctor Ramón Ignacio Méndez, quiso cerciorarse si la imagen que tanto ponderaban, era por sus perfecciones digna de culto. La sacó de su relicario y sin saber cómo se le desprendió de las manos cayendo al suelo, por lo cual la piedra se partió en uno de sus extremos, sin sufrir daño la imagen. Volvió el señor arzobispo a colocarla en su custodia y mandó a depositarla en su altar para que se siguiese adorando.

Dos veces después salió del templo la sagrada imagen, en 1882 cuando el cura párroco del pueblo, Antonio María García, la llevó a Caracas para hacerla reproducir en estampas y reparar el relicario por largos años de uso. Y ese fatídico día de 1934, cuando los criminales que se la llevaron, tal vez movidos por la intención de apoderarse del relicario y los milagros, fundirlos y venderlos por algunas míseras monedas. Lo más probable es que hayan sacado la piedrita con la imagen de la virgen de dicho relicario arrojándola a algún barranco, acabando así con siglos de devoción, adoración e historia al mismo tiempo.

El 8 de septiembre de 1945 Parapara volvió a contar con una nueva imagen de la virgen pero en forma de busto, mandada a hacer con la aprobación de sus habitantes por el padre Pedro J. Grau C., cura de Ortiz y Parapara para esa época, y fervoroso devoto de María Inmaculada, la cual fue costeada por su propio peculio y otros señores, entre los cuales se encontraba el comerciante de San Juan de los Morros don Matías Cardozo, abuelo materno del hoy arzobispo de la diócesis de Mérida, Baltazar Porras Cardozo.

Recuerdo que todos los 8 de septiembre, estando niño iba con mis padres, nuestra abuela Beatriz, mis hermanos y el resto de la familia, a la misa en honor a La Peña Admirable en la iglesia de Parapara, y después junto al padre Grau y varios devotos visitábamos el sitio de la aparición.  Esto estuvo ocurriendo así hasta 1954 cuando fallece el padre Grau, con su muerte se fue perdiendo la tradición a través del tiempo. Este año el padre Frank Gómez, presbítero de Ortiz y Parapara, el pasado 8 de septiembre, conmemoró las fiestas de Nuestra Señora de la Peña Admirable con una peregrinación muy concurrida que salió a las 3 de la mañana desde el pueblo hasta el sitio de su aparición en Piedras Azules. Quiera Dios que, con esta iniciativa del padre Gómez vuelvan a renacer esas festividades, de ahora en lo adelante como ofrenda a nuestra madre María Santísima bajo la advocación de Nuestra Señora de La Peña Admirable, y para regocijo de todo el pueblo parapareño.

Notas

1) El relato de monseñor Francisco Javier Peña (+), con respecto del día del robo de “La Peña Admirable”, lo oí narrado por éste en una oportunidad en que visitó a nuestra abuela Beatriz de Rodríguez en su casa de Ortiz.

2) Los datos históricos sobre la aparición de la virgen guariqueña y parapareña, los tomé de unos apuntes suministrados por nuestro condiscípulo Silvestre Milano, nativo de Parapara.

*Artículo publicado por primera vez el 18 de septiembre del 2009 en la página “Semblanzas Orticeñas” del Cronista de Ortiz Fernando Rodríguez Mirabal en el Diario “El Nacionalista” de San Juan de los Morros, estado Guárico.

(Imagen tomada del diario “Últimas Noticias”)

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