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viernes, 30 de marzo de 2018

JOSÉ FRANCISCO MARTÍNEZ ARMAS



Carlos A. López Garcés
Cronista de Orituco

            Fue un humanista guariqueño, autodidacta y polifacético, a quien el tintineo del gentilicio le repiqueteaba en las intimidades del espíritu. Las cualidades humanas que caracterizaron su existencia útil le acreditaron para merecer el recuerdo perdurable. Fue hombre de inteligencia clara, amistad cordial, conversación fluida y agradable, receptividad a las buenas intenciones y a las solicitudes justas, observación prudente, comentarios positivos, cooperación espontánea, honestidad imperturbable y sin mezquindades ni egoísmos; en fin, un ser humano en la expresión exacta de los términos. Vivió impregnado de espiritualidades y sin los angustiosos ni atosigantes amasamientos de capitales abultados malamente.



José Francisco Martínez Armas (1912-1996). Fotografía tomada del Diccionario biográfico-cultural del estado Guárico, escrito y publicado por Lorenzo Rubín Zamora (Caracas, 1974, p. 163).


            Don José, como lo llamaba con respeto la gente joven, falleció víctima del mal de Alzheimer, en Altagracia de Orituco, a las diez y media de la mañana del día lunes 15 de julio de 1996, en su residencia ubicada en la calle Santiago Gil-Norte, entre la Ilustres Próceres y la Colombia. Estaba próximo a cumplir 84 años de edad, pues nació en Zaraza el 4 de octubre de 1912. Era hijo de Miguel A. Martínez y María Esther Armas Santos de Martínez. Quedó huérfano muy niño. Llegó jovencito a Altagracia de Orituco,  procedente de su pueblo natal y acompañado de su padre, quien trabajaba como telegrafista en la estación gracitana. Fue alumno de la Escuela Federal Ángel Moreno (centro docente para varones que funcionó en Altagracia, de 1924 a 1956), a la cual ingresó el 7 de enero de 1929 para continuar el tercer grado, que había iniciado en una escuela zaraceña. Contrajo matrimonio con Amanda Gutiérrez Carchidio y de esta unión nacieron Esther, Delia y José Francisco.
 Aprendió la telegrafía para ganarse la vida y la ejerció como operario en Altagracia y Cumaná, durante veinticinco años hasta 1960, cuando fue jubilado por el Ministerio de Comunicaciones. Obtuvo el certificado de locutor, conocía de avicultura y enseñó castellano a empleados extranjeros de la Creole Petroleum Corporation. Fue un tangófilo cautivado por Carlos Gardel y taurófilo (¿paradoja?) admirador de los hermanos Girón, del Diamante Negro y de Manolete. Su vocación para versificar con sensibilidad motivó que se le identificara, cariñosamente, como Poeta Martínez; así fue confirmado en tierras orituqueñas donde enraizó sus afectos infinitos. Cantos sencillos a la fauna, a la flora y, en fin, a la naturaleza prodigiosa, vertidos en décimas y sonetos, predominan en su apreciable poesía, la que revela una pasión ornitofílica, como puede observarse en Paraje (Caracas, 1975) y en periódicos de Altagracia y de San Juan de los Morros.
            Debe resaltarse que José Francisco Martínez realizó actividades cronísticas con mucho esmero e intensa devoción, asumiendo, espontáneamente, la obligación de reconstruir hechos históricos de nuestros pueblos, sobre todo de los de Orituco e insistió en destacar virtudes personales ajenas. Pruebas de estas afanosas voluntades productivas son los libros siguientes: Reminiscencias de Zaraza: 1891-1936 (Caracas, 1963), una recopilación de notas periodísticas relativas a esta población guariqueña; Historia del béisbol en Altagracia de Orituco: 1907-1936 (Caracas, 1972), título éste que explica por sí mismo y Ellos también en el recuerdo (Caracas, 1981), un compendio de microbiografías de personajes populares que moraban en Altagracia de Orituco durante el siglo XX; además, publicó estos folletos: Servidores del telégrafo (Caracas, 1968), relato biográfico de don Valeriano Tinedo Moreán, experimentado telegrafista chaguaramense;  Dr. Pedro María Arévalo Cedeño: una vida consagrada al bien común (Caracas, 1970), reputado médico vallepascuense, muy respetado y apreciado en los pueblos de Orituco, donde contribuyó tesoneramente con la fundación y operatividad del Hospital San Antonio y del Colegio Guárico, que funcionaron en Altagracia en el siglo XX; Ángel Santiago González (Caracas, 1974), resumen de la vida corta y productiva de un joven intelectual y deportista gracitano, fallecido en 1925, a los 23 años de edad, que es el epónimo del estadio principal de Altagracia; El Grupo Escolar José Ramón Camejo de Altagracia de Orituco (Caracas, 1976) y Próspero Infante y la Escuela Federal Graduada Ángel Moreno (1984). Estos dos últimos folletos contienen importantes datos para comprender la evolución educativa altagraciana, desde 1924 hasta 1975. Dejó inéditos varios trabajos: Jefes civiles y concejales del distrito Monagas y presidentes del estado Guárico (en la primera mitad del siglo XX);  Algunas familias de Orituco y el poemario Recuerdos de Zaraza. Son conocidas algunas muestras de la interesante y variada colección fotográfica de motivos altagracianos, que logró captar y reunir desde joven como testimonios del transcurso del siglo XX.
Muchas crónicas escritas por el Poeta Martínez fueron publicadas en los diarios El Universal de Caracas, Alborada de Altagracia de Orituco y El Nacionalista de San Juan de los Morros, pero, básicamente, en Topano, periódico tabloide, de publicación mensual, fundado por el propio Martínez y Luis Emilio Infante, que circuló en Altagracia de Orituco desde mayo de 1964 hasta mayo de 1968, con el sano propósito de divulgar valores culturales orituqueños, destacando temas históricos, geográficos, literarios, folclóricos y humanos en general, sin parcialidades políticas. Martínez adquirió cierta experiencia periodística en sus tiempos juveniles gracitanos, cuando editaba la revista Terrón y los periódicos El Surco, Alfa y La Ñapa, que dirigió con dignidad junto con otros jóvenes contemporáneos.
José Francisco Martínez Armas debe ser considerado como uno de los cronistas confiables del siglo XX orituqueño, aun cuando haya incurrido en menudas equivocaciones propias de humanos, que no desacreditan su trabajo respetable por valioso. Colaboró con el Dr. José Ramón Medina en la elaboración de una antología poética del estado Guárico. Fue cofundador del Club Orituco, un “centro social” que agrupaba a la high life  altagraciana de los años cincuenta del siglo XX, donde se estimulaba la realización de acontecimientos culturales interesantes por influencias martinecinas. Ejerció la Secretaría del Concejo del Distrito Monagas guariqueño en 1954-1955, cuando eran tiempos del perezjimenato. Desempeñó el cargo de Secretario Privado del Gobernador del Estado Guárico, Dr. José Ignacio González Aragort, en 1969-1970, cuando comenzaba la primera presidencia del Dr. Rafael Caldera. Suya es la letra del Himno a Don José Ramón Camejo, escrito en 1975, para ser cantado por alumnos de esta escuela, con la música de los docentes Nelson Tortolero, Dalia de Dorta y Clara Carpio de Alfonso.  Martínez Armas fue Secretario de Cultura y Relaciones Públicas de la Fundación Dr. Pedro María Arévalo Cedeño, la cual contribuyó a crear en 1981 y a funcionar para provecho altagraciano.
Careció de apasionamientos político-partidistas, aunque no ocultó su admiración por el general Isaías Medina Angarita ni sus críticas al Dr. Arturo Uslar Pietro por integrarse con el Frente Nacional Democrático (FND) al llamado Gobierno de Amplia Base, propiciado por el presidente Raúl Leoni (militante accióndemocratista), en 1964. Martínez no admitió tal conciliación con quienes pretendieron difamar al notable intelectual venezolano. No fue perezjimenista; sin embargo, fue acusado de serlo por algunos adversarios de esta dictadura, vinculados a Acción Democrática, quienes idearon expulsarlo de Altagracia recién derrocado aquel gobierno, pero no lograron el objetivo porque se impuso la razón, finalmente, y el tiempo eliminó las consecuencias de estos sinsabores. Trabajó un corto lapso en el Ministerio de Educación, cuando este organismo lo dirigía el Dr. Julio de Armas. Vivió en Los Rosales, Caracas, después de jubilado como telegrafista, sin olvidar al Orituco, adonde viajaba con frecuencia. El Concejo del otrora Distrito Monagas del Estado Guárico, presidido por el ciudadano Pedro Celestino Itriago, lo declaró Hijo Ilustre de Altagracia de Orituco, junto con el pintor Efraín López González (Chepín) y el profesor Pedro Durán, el 4 de junio de 1987. Le temió mucho a la muerte; no obstante, solicitó seriamente la colocación en su tumba, a modo de epitafio, de los siguientes versos que memorizaba en junio de 1987: “Cuando me entierren aquí: / Ruego a una mano piadosa / que siembre junto a mi fosa / una mata de alelí”.
Los ciudadanos Arturo Graffe Armas, Erasmo Padilla Alvarado y Rafael Vicente Arévalo, tres fieles amigos de Martínez Armas cumplieron aquel requerimiento sublime del poeta, tiempo después de su deceso, en un gesto de fraternal solidaridad.
El poeta Martínez poseyó el privilegio de la buena y admirable memoria, hasta que lo afectó el mal de sus años finales. Fue enterrado en el Cementerio General de Altagracia de Orituco, en la mañana del día siguiente de su deceso. El profesor Arturo Graffe Armas, la señora Eva Luisa de Gómez y la docente Hilmar Hernández de Constant pronunciaron emotivas palabras de despedida ante el cadáver, en la Fundación Dr. Pedro María Arévalo Cedeño, de la cual fue miembro fundador y celoso guardián de su operatividad; allí le fue rendido un breve homenaje, que incluyó el Himno del Grupo Escolar José Ramón Camejo, cantado por alumnos de esta escuela.
            La obra de José Francisco Martínez Armas debe ser difundida para favorecer el conocimiento histórico de Orituco en particular y del Guárico en general. La Alcaldía del municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico puede y debe auspiciar este propósito ennoblecedor.

sábado, 13 de agosto de 2016

EL BOSQUE ESCOLAR DE VALLE DE LA PASCUA (1969-70—1986)

FELIPE HERNÁNDEZ G.
UNESR/Cronista del Municipio Infante-Guárico

                En la historia contemporánea de Valle de la Pascua está registrada la existencia del Bosque Escolar que entre los años 1969-70 y 1986 estuvo localizado en los espacios del actual Parque Laguna del Pueblo. Fue un programa conservacionista desarrollado por las escuelas primarias del municipio, bajo la coordinación del Distrito Escolar Nº 3 que funcionó en esta ciudad.
El Bosque Escolar fue un programa educativo iniciado por el Distrito Escolar Nº 3 de la Zona Educativa Guárico con sede en la ciudad de Valle de la Pascua, durante el año escolar 1969-70. El proyecto del Bosque Escolar fue concebido por el supervisor y los directores de las escuelas del distrito Infante del estado Guárico, apoyándose en lo establecido en el Programa Oficial Nacional de las Escuelas de Educación Primaria del año 1944, introducido a nuestro país por la Misión de Educadores Chilenos, que durante esos años asesoraba al Ministerio de Educación Nacional. Dicho programa constituyó una novedad en la educación venezolana y fue aceptado y aplicado por los docentes en los centros de interés, apoyándose en sus objetivos, métodos, estrategias metodológicas, etc., puesto que el fin último era llevar a las comunidades lo que la escuela hacía para la formación ciudadana de los educandos a través de las áreas de conocimiento escolar.
La información que se presenta, en buena parte fue suministrada por las maestras: Doña Gloria López de Vidal y Ana Julia Guerra de Díaz. En ese sentido, exponen que la idea de crear el Bosque Escolar de Valle de la pascua surgió del Consejo de Directores, coordinado por el Prof. Miguel González Contreras, supervisor jefe del Distrito Escolar Nº 3 y los directores de las escuelas adscritas al ente, entre ellos: Isbelia Arzola Chacín (G.E. “Rafael González Udis”), Eustoquio Suárez Ávila (G.E. “Carlos J. Bello”), Gloria López de Vidal (G.E. “Juana Josefa Vargas), Aída López de Carreño (G.E. “Francisco Lazo Martí”), Oscar Montilla (G.E. “Mariano Montilla”), Colegio Nazareth-Nuestra Señora del Valle; G.E. “Pbro. Juan Santiago Guasco”; Monseñor Rafael Chacín Soto (Colegio “Juan Germán Roscio”), Rafael Pérez Higuera (Núcleo Rural–Escuelas Rurales), Zelideth Ortiz Aguilar (G.E. “Chaguaramas”), Evelia de Ochoa (G.E. “Arturo Celestino Álvarez”), María Benigna Carrillo de Escalona (G.E. “Enrique Bernardo Núñez”), entre otras escuelas. Las escuelas de Chaguaramas y Las Mercedes del Llano también llegaron a tener su bosque escolar.
            El Bosque Escolar estuvo ubicado al este la ciudad en los espacios de la Laguna del Pueblo, y se planteó como objetivo rescatar dicha laguna y sus alrededores para crear un centro de conservación de la naturaleza y de otros espacios históricos, representativos y antiguos de la ciudad. Desde sus inicios contó con el apoyo y la colaboración de las autoridades del Concejo Municipal, presidido primero por el señor Manuel Oropeza Fraile y luego por el Dr. Enrique Ramírez, gestiones durante las cuales se ordenó parcelar el lugar, colocar bancos, parrilleras y caminerías en el sitio. También les colaboraba el Ministerio de Agricultura y Cría, que proveía plantas, abono y apoyo técnico a las escuelas para reforestar el terreno. Una vez dividido el espacio en parcelas, a cada escuela se le asignó una para ser reforestado por los alumnos, representantes y maestros de cada escuela, con árboles y plantas ornamentales. Todavía en el lugar se conservan árboles de cedro, josefino, ceibas, robles, taparos y otras especies, que datan de los tiempos del bosque escolar, cuando fueron sembrados por los niños y maestros de ese entonces.
            Refiere la profesora Mercedes Elena Chacín Barrades, que ella estudió primaria en el Grupo Escolar “Rafael González Udis”. El año 1974 por ejemplo, siendo estudiante de quinto grado, en la semana del árbol y en otras fechas patrias, muchas veces desfiló hasta el Bosque Escolar, recuerda que se estudiaba por áreas, siendo sus maestros: Clotilde Farías (Ciencias de la Naturaleza); Rafael Vidal Guía ((Geografía); Juvenal Bolívar González (Matemática), y Lila Barrades Martínez (Lengua y Literatura). Cada vez que desfilaban, para la actividad, los alumnos debían llevar plantitas para arborizar y ornamentar, compartían con otras escuelas, limpiaban el área, desmalezaban, merendaban y jugaban. Las actividades en el bosque se iniciaban con la entonación del Himno Nacional y el Himno del Árbol… “Al árbol debemos solícito amor / jamás olvidemos que es hijo de Dios…”.
            El Prof. Oscar Montilla, quien para esos años ejercía la dirección del G.E. “Mariano Montilla”, hasta el final, fue factor decisivo en la conservación y mantenimiento del Bosque Escolar, defendido con especial celo por considerarlo un pulmón natural de la ciudad y un espacio pedagógico y didáctico especial para crear conciencia ciudadana, ambientalista y conservacionista en los niños y adolescentes. Durante dieciséis años (1969-70—1986) el Bosque Escolar se conservó incólume, pero en 1986 las autoridades del Concejo Municipal reclamaron el espacio y ahí comenzó su paulatina decadencia y posterior desaparición.    
            Entre algunas singularidades del Bosque Escolar que perviven en la memoria de Doña Gloria y Ana Julia, se pueden mencionar las siguientes:
            - Los años de vigencia del Bosque Escolar (1969-1986) la catalogó el Padre Chacín, como “la época de oro de la educación en Valle de la Pascua”.
            - En 1970 el Dr. Jesús María Bianco, rector de la Universidad Central de Venezuela (1963-1970), visitó a Valle de la Pascua, e hizo una visita de cortesía al Bosque Escolar, donde admiró la organización y comentó la significación pedagógica, didáctica y conservacionista de las actividades que en el lugar se realizaban.
            - En los años setenta, en un concurso sobre conservacionismo auspiciado por el Ministerio de Educación, el Bosque Escolar de Valle de la Pascua se hizo acreedor de un premio.
- Programa Bolívar Conservacionista. En 1986 el Ministerio de Educación implementó el Programa Bolívar Conservacionista, para su aplicación en Valle de la Pascua, el Distrito Escolar Nº 3 les asignó a las escuelas de la localidad, arborizar y mantener la redoma de la ciudad en la salida hacia Chaguaramas. La misma fue arborizada por los maestros y alumnos conservacionistas que mantenían el Bosque Escolar.
 
Valle de la Pascua, miércoles 25 de mayo de 2016.

martes, 20 de octubre de 2015

LICEO “JOSÉ GIL FORTOUL”; 70 AÑOS DE HISTORIA

FELIPE HERNÁNDEZ G.
UNESR / Cronista del Municipio Infante

         Recientemente, por razones profesionales visitamos al Liceo “José Gil Fortoul”, gentilmente fuimos recibidos y atendidos por su actual directora, Prof. Carmen Martínez. Posteriormente y por nuestra estrecha vinculación —primero como alumno y después como profesor— de dicha institución, que es pionera de la educación secundaria en Valle de la Pascua y el Oriente del Guárico; haciendo un poco de historia, reflexionamos, que el Liceo “José Gil Fortoul” fue creado mediante un Decreto de fecha 19 de septiembre de 1945, dictado por el Ejecutivo del Estado Guárico, durante la gestión como gobernador del abogado zaraceño, Dr. Manuel Gimón Itriago. Ejercía la presidencia del Concejo Municipal del distrito Infante, el Dr. Ángel Vicente Ochoa, y la presidencia de la República el Gral. Isaías Medina Angarita.  
Es creado el Liceo con la denominación de Colegio “José Gil Fortoul”,  inscrito en el Ministerio de Educación y dependiente del ejecutivo regional. Para su funcionamiento y el pago al personal, la Gobernación le asignó un presupuesto mensual de Bs. 1.800,00. Inicia sus actividades docentes con una sección de primer año, integrada por 48 alumnos. Los profesores eran: Dr. Medardo Medina, director y profesor de Historia Universal; Dr. Antonio Malavé: Ciencias Biológicas; Prof. Rafael de Jesús Gutiérrez: Matemática y Castellano; Juanita Mejías: Francés; y Josefina Calcaño de Zamora: Educación Artística.  
         La primera sede del Colegio “José Gil Fortoul” fue una casa alquilada por la gobernación del estado Guárico, ubicada en la calle Atarraya-sur N° 33, posteriormente fue mudado a la calle Guasco-este N° 7, y más tarde, a la calle Shettino-sur N° 4. En 1946, durante la gestión como gobernador de don Ricardo Montilla, la casa fue comprada por el Ejecutivo regional, por un monto de Bs. 20.000,00, para que el Colegio tuviera sede propia. En 1949, siendo gobernador el Dr. Rafael Zamora Pérez, el ejecutivo adquirió a un costo de Bs. 80.000,00, un local situado en la calle Descanso (actual sede de la E.B. “Juan Germán Roscio”), pero, ante el incremento de la matrícula, se hizo necesario alquilar una vivienda ubicada en la calle Real N° 20, desarrollando en ese tiempo sus actividades académicas en dos sedes. A finales de 1959, fue inaugurada la sede donde funciona hasta la actualidad, en la Av. Libertador-sur de nuestra ciudad.
            En 1950 la institución fue adscrita al Ministerio de Educación, —dejó de ser una institución estadal y pasó a ser nacional— y el Colegio dio pasó al Liceo “José Gil Fortoul” que conocemos.           
Si se toma como referencia el decreto del 19 de septiembre de 1945 dictado por el Ejecutivo del Estado Guárico, en septiembre de 2015 el Liceo cumplirá setenta años como institución puntera y pionera de la educación secundaria en nuestra ciudad. En ese sentido, cuando este patrimonio cultural y educativo está próximo a cumplir su septuagésimo aniversario de fecunda presencia, existen en su haber interesantes circunstancias que se conjugan para trazar el perfil inconfundible y definitivo del ya longevo instituto. Oportuna ocasión para rendir emocionada expresión de gratitud a sus abnegados fundadores. Y apropiada la coyuntura para que cada quien rescate de su memoria las vivencias que subyacen en el subconsciente de quienes hemos pasado por sus aulas o trabajado en él.
            En la trayectoria vital del Liceo, despuntan como permanentes ejemplos para la acción fecunda, el quehacer desprendido y señero de su primer director, el Dr. Medardo Medina, así como la sabiduría profunda del Prof. José Gregorio González; la franciscana humildad del Prof. Rafael de Jesús Gutiérrez; la silenciosa y tesonera labor pedagógica del Prof. José Manuel Ruiz Medina; el contagioso entusiasmo del Prof. Domingo Rojas Anato; la calidad profesional y humana del Prof. José Simón Escalona; la múltiple formación humanística y científica de la Prof. Mercedes Elena Rengifo; la equilibrada sapiencia del Prof. Arnaldo Salazar Olivieri; el empeño afán progresista de la Prof. Audrey Carpio Martí; las iniciativas bien orientadas de la Prof. América Escobar de Martínez, y la autoridad sin dobleces de la Prof. Carmen Isaura Ledezma Martínez.
            Y como seguidores de tan dignos ejemplos, se incorporaron después a esta prestigiosa Casa de Estudios secundarios, muchísimos profesionales de la enseñanza, entre ellos, los profesores Pedro Núñez López, monseñor Rafael Chacín Soto, Juan Luis Simoza, Clemencio Rodríguez, Eduardo Salazar Valerio, Ramón Rodríguez, José Gerónimo Muñoz, Juan Urquía, Andrés Acosta Mota, Ramón Santiago Martínez, Víctor Venegas e Isabel Dan de Venegas, Gladys Pumar de Solórzano, Luis Fernando Melo, Gladys González de Albornoz, Alida Hernández Alfaro, Ángel Sarmiento Bueno, Josefa Sánchez de Velásquez, Zoraida Ramos de Sanoja, Gustavo Fermín Salcedo, Maritza Villasana, Freddy Valera, Consuela Barriteau, Eloísa Lares, Ramona Santana, Aleida Hernández, Magda Madrid Amaya, Isabel Hernández de Hernández, Arleny Hernández, María Elena Peñalver, Vilma García, Neyda Centeno, Eduardo Golindano, Violeta Márquez de Golindano, Juanita Carrillo, Alexis Leal, así como las recordadas secretarias Mercedes Montenegro, Eglee ¿? y las fallecidas Hilda González y Blanca Barrades de Chacín, junto a muchos otros cuya enumeración sería prolija, que han consagrado voluntades y esfuerzos para que la institución, originalmente dirigida por el Dr. Medardo Farías y Rafael de Jesús Gutiérrez, siga cumpliendo su patriótico y noble cometido en pro de la educación y de la cultura nacional, regional y local, para orgullo de los vallepascuenses.
            Su actual directora, Prof. Carmen Martínez, junto a las demás autoridades, el personal docente, administrativo y de servicio, así como la comunidad educativa y estudiantil, con entusiasmo, están llamados a adelantar una programación que incorpore a los vallepascuenses y sus instituciones en la conmemoración de tan significativa fecha… he ahí el reto… El Liceo “José Gil Fortoul”, hacia sus 70 años de fecunda existencia…
Valle de la Pascua, miércoles 3 de junio de 2015…

lunes, 7 de julio de 2014

El obispo Mariano Martí y la educación primaria de Guárico

José Obswaldo Pérez



En Guárico, el Monseñor Mariano Martí, Obispo de Caracas y Venezuela - preilustrado español del siglo XVIII borbónico y reformista[1]-reglamentaba, según estatuto del 14 de abril de 1780, el funcionamiento de la Escuela Pública de Primeras Letras, Latinidad y Retórica de Calabozo, orientada sobre todo a la educación religiosa; pero, además, enseñaba a leer, escribir y contar. Una de las unidades curriculares obligatoria era el  uso del latín por Lebrija y elocuencia o retórica[2].

La escuela se mantuvo vigente,  por lo menos, seis años más  tarde. Un informe del  cabildo en 1786 daba testimonio de  los  aportes financieros para el  pago del  maestro, a quien  en el discurso de la  época nombraban como “Escolero público”[3]. Dicho informe dejaba claro la permanencia de la obra comenzada por Martí, pese a la escasez de preceptores para ese arduo trabajo  de enseñar.

Dentro de los estatutos  internos   de  la  escuela,  el Ayuntamiento debía pagar una renta de 25 pesos anuales al maestro. Mientras que los padres, por  cada  niño, compensaban a cancelar mensualmente dos reales por leer, cuatro reales por leer y escribir, cuatro reales por contar y ocho reales por estudios de gramática. Los pobres estaban exonerados de pago. Su primer preceptor fue Don José Julián Llamoza,  vecino de la  ciudad[4]. La educación religiosa era la asignatura fuerte de la escuela, los alumnos debían asistir a misa todos los días y confesarse una vez al mes. El maestro debía trabajar todos los días de 8 a 10 y media de la mañana y de 3 a 5 de la tarde. Los domingos eran libres. Se rezaba antes de iniciar la clase. Se estudiaba gramática con los textos de Nebrija. Con el tiempo los estudiantes debían estudiar todas las materias en latín. La poesía era muy importante. Leían a Ovidio, Virgilio y Homero. Las oraciones y construcciones idiomáticas de Cicerón eran estudiadas en retórica[5].

El acontecimiento de la pedagogía en Guárico constituye un efecto político-cultural  en el devenir de los pueblos guariqueños. Así el Obispo Martí se instituye como el iniciador de la educación formal, religiosa y pública en nuestra entidad, específicamente en  la ciudad de Calabozo,  con la providencia de cooperación sobre la  enseñanza de la  doctrina.  A él se debe la decisión de fundar escuelas gratuitas en  los principales centros urbanos de la  Provincia de Caracas,  y de llevar a cabo los aprendizajes de leer, escribir y contar. Esta política educativa la asume con otras unidades curriculares como la retórica y la “inteligencia de la lengua latina” y griega, en  una especie de concesión con el pasado medieval y las nuevas reformas pedagógicas que impulsaban los reyes borbónicos[6].

La  transformación curricular implicaba abordar el ideal formativo cristiano con espacios acordes para tareas de enseñanza y aprendizaje. De  allí que el máximo prelado de la iglesia católica establece en el currículo el espacio escolar en relación con el proceso de escolarización. Los estudiantes – dice Martí – debían recibir sus lecciones en una casa que debe comprarse para tales efectos, con lo cual crea un espacio escolar distinto y extraño al espacio eclesiástico, lo que en cierto modo pasaría a ser  la escuela como una forma de poder, un espacio de control y disciplina, y un edificio como una representación ética y moral de la vida y del hombre.[7]. Recomienda el Obispo que en esa casa “las piezas (deben estar) correspondientes repartidas de modo que no se embarasen unos estudiantes a otros”. De esta manera se hace eco Monseñor Martí de la concepción medieval de la educación que aconsejaba no agrupar a los alumnos de diversos niveles o categorías[8],  en  un solo espacio.

De modo que  el currículo se adapta a su contextualización histórica. La escuela debía ocupar un lugar distinto al de la iglesia y que los estudiantes tampoco – dice el prelado –“incomoden al pueblo”; pues, la rutina escolar es algo cualitativamente distinta al hecho religioso y debería, de algún modo, impedir que la vida de la calle interrumpa el quehacer pedagógico. Mediante estos  lineamientos académicos, don  Mariano Martí nos deja un gran aporte a la  historiografía  colonial de Venezuela, en cuanto a disciplina educativa. Su  obra  de  ocho  tomos Documento relativos  a  su  visita pastoral de  la Diócesis de Caracas.1771-1784, título de la edición de la Academia nacional de  la Historia en 1968, con  posteriores reediciones, es  rica en datos demográficos y sociales de aquel país colonial tardío.

Su informe constituye una de las fuentes más ricas, sino la más importante, para el conocimiento de la diócesis de Caracas. En él se hace una minuciosa relación de la vida cotidiana en las iglesias y catedrales de ciudades y pueblos de la región centro occidental del territorio venezolano. Uno de los temas tratados más profusamente es el de la educación. En  este sentido, Botello (2006) resalta el  papel  de la  iglesia y su enseñanza religiosa en  la  totalidad de  los pueblos que conformaban la entidad guariqueña durante el siglo XVIII. Asimismo nos refiere sobre la arquitectura jurídica que obligaba a la enseñanza de la Doctrina y a la par la lengua castellana[9], a fin de conquistar los espacios territoriales de los naturales. De las Misiones y la evangelización surge la mayoría de los centros urbanos de Guárico, concluye el  historiador aragüeño.



[1] Fernández Heres, Rafael (Febrero 12, 1989).Ideas educativas del Obispo Martí”. Suplemento cultural de Ultimas Noticias. p. 6
[2] Rodríguez, Adolfo (2003, 15 de Febrero).Breve historia de la Educación en el estado Guárico. San  Juan de los Morros: Centro de Estudios del  Llano de la  Universidad Rómulo Gallegos. Ver  también LEAL, Ildefonso. (Comp.)  (1968).  Documento para la Historia de la Educación en Venezuela (época colonial)  Caracas: Ediciones de la B.A.N.H.
[3] CASTILLO LARA,  LUCAS (1975).Villa de todos los santos de Calabozo: el derecho de existir bajo, p. 348
[4] El  maestro José Julián Llamozas,  era natural de Caracas y casó con  Feliciana de la Paz Silva, nativa de Calabozo. Son los padres del prebistero José Ambrosio de las Llamozas, nacido el 7 de diciembre de 1782; José Lorenzo, el 10 de agosto de 1786 y José Julián el 6 de enero de 1795. Ver también MARTÍ, MARIANO (1998). Providencias. Libro II, Tomo V. En: Documento relativos  a  su  visita pastoral de  la Diócesis de Caracas.1771-1784. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia;, p.326
[5] RICO ALAYÓN, OMAR (2006). El Obispo Mariano Martí y el  inicio del  proceso educativo en Calabozo. Calabozo: I Encuentro de Cronistas e Historiadores en Calabozo, pp. 44-45.
[6] Fernández Heres, Rafael (Febrero 12, 1989). Ob.cit
[7]Quiceno Castrillón, Humberto (2009, mayo-agosto). Espacio, arquitectura y escuela. Medellín: Revista Educación y Pedagogía, vol. 21, núm. 54. Universidad de Antioquia.
[8] Para la reflexión y elaboración de estas ideas hemos  usado el trabajo del profesor Luis Cortés Riera: Cultura y educación en Carora en el siglo xviii: la creación  de las escuelas de “primeras letras” por el obispo Martí, 1776. Fundación BURÍA-UPEL-IPB.
[9] BOTELLO, OLDMAN (ENERO 18, 2006). La educación  religiosa indígena en  el Guárico durante la visita pastoral del Obispo Martí (1780-1783). San  Juan  de los Morros: I Jornadas de Historia de la Educación en  estado Guárico. UNERG-CELLUNERG.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Una aproximación historiográfica a la Historia de la Educación en Guárico


 José Obswaldo Pérez
Resulta claro que, a la  luz de  los últimos tiempos, el estudio histórico de la Historia de la Educación experimenta un renacimiento y una revolución de perspectivas cognitivas, no sólo en América Latina y el Caribe sino en  nuestro  propio país. En los recientes años, se observa varios trabajos importantes que conceptualizan a la Historia de la Educación no como un simplemente sub-campo de menor importancia de la investigación histórica relacionado con la Historia Institucional Educativa. Más bien se le trata, en realidad, de un área disciplinar de naturaleza compleja, dinámica y en permanente construcción. Compone el problemático terreno de las Ciencias de la Educación e integra asimismo el conocimiento de la Historia[1].
También, recientemente, se afirma que la investigación de la Historia de la Educación es una propuesta nueva e innovadora de la historiografía de las ciencias sociales e históricas. Se dice que estaba "olvidada" por los historiadores, cuya nociones paradigmáticas confrontaban los linderos de la Historia de la Filosofía y de la Historia de las Civilizaciones. Cucuzza (1996) la llamó  la Cenicienta de  la  historiografía, por  cuanto su  campo disciplinar se trataba de una mirada histórica sobre la educación, realizada desde arriba y desde afuera, “desde el discurso pedagógico hegemónico[2] como parte del control estatal sobre la pedagogía y  la  enseñanza.
En  este contexto, el desafío historiográfico en la Historia de la Educación pasa, entre tanto, por una revisión y  una evaluación  documental  de los resultados y las limitaciones de los saberes en  el  periodo del tiempo contemporáneo, así como una formulación de categorías de análisis que transformen, y profundicen en el significado histórico del tema en cuestión.  Dicho esto, la  transcendencia  cultural e histórica del  fenómeno educativo tiene,  en  la Historia Social de América Latina y el Caribe, un  privilegio en la  historiografía americana a lo largo del siglo XX;  especialmente,  en regiones que cuentan  con especial  atención  entre  los  historiadores e investigadores sociales.
Y es, sobre esta vasta  herencia reflexiva dejada, entre los  historiadores de  América Latina y el Caribe, donde podemos hacer una revisión de la  producción  historiográfica previa que pudieran servir de referencia a este corpus y contribuir en aportes de cierta significación a la  compresión de una Historia de la Educación en Guárico, específicamente en la región geomental del municipio Ortiz, desde el enfoque de la  Historia Regional y Local. Se  trata de una síntesis documental de fuentes endógenas que, de alguna manera, se relacionen con  este estudio y que, a su vez, permitan una mayor comprensión de la temática investigada.
Pero, antes de realizar la exploración de los documentos contentivos al objeto de estudio, debo comenzar expresando que, en el plano epistemológico, se estima que esta investigación doctoral se inscriba dentro del movimiento mundial de renovación historiográfica de la Historia de la Educación. Debido a una  buena  génesis de  este  paradigma historiográfico, producto de la superación de los estudios neopositivistas, por un lado, y debido al abandono de enfoques estructurales de la Historia por otro, permite la construcción de nuevos modelos de análisis histórico de la educación, abordados desde la explicación y el conocimiento de los diversos procesos educativos; así, como la interpretación de nuestra memoria histórico-educativa, los cuales abren una página nueva en nuestros estudios doctorales.
Uzcátegui (2004) señala que, en América Latina, la Historia de la Educación “se constituyó en la disciplina portadora de los fundamentos o dimensiones políticas e ideológicas de las utopías generadas por la educación”[3]. Estos aportes pueden ser determinados por el desarrollo de investigaciones histórico-educativas que empieza con la presencia de reflexiones teóricas y metodológicas.
Este desarrollo también se evidencia en las reflexiones de carácter teórico y metodológico, por más que no sea ésta una de las tareas prioritarias de los historiadores de la educación. Las actas de los   congresos, las publicaciones periódicas y diversos libros permiten  apreciar la extensión y alcance de dichas reflexiones (GABRIEL E VIÑAO FRAGO, 1997: 9).
En  nuestro país la historiografía educativa tiene su data en 1899, en un  conjunto de obras que intentan resumir los hitos fundamentales de nuestro acontecer educativo nacional. En la etapa contemporánea de Venezuela podemos esquematizar una muestra representativa, cuyos antecedentes históricos se fundamentan en los aportes del historiador Reinaldo Rojas, expuestos en trabajos como Historia Social de la Región de Barquisimeto en el Tiempo  Histórico Colonial (1530-1810) (1995) y Temas de Historia Social de la Educación y la Pedagogía. (2001), en la Línea de Investigación en Historia Social e Institucional de la Educación en la región centroccidental de Venezuela fomentada por el Instituto Pedagógico “Luís Beltrán Prieto Figueroa” de la UPEL en Barquisimeto[4]. Asimismo,  este trabajo asume los estudios del doctor José Pascual Mora García con su tesis doctoral Comunidades discursivas de Historia de la Educación en América Latina, estudio de caso Venezuela (1998-2008) (2009), presentada en la Universitat Rovira i Virgili, en Tarragona, España.
Pero, también, estos esfuerzos investigativos tienen su resonancia en nuestra región guariqueña con los trabajos y las investigaciones del doctor Adolfo Rodríguez, expuesto en el Breve bosquejo de la Educación en Guárico (2003). Un documento facsímil que sirve de base para la generación de trabajos académicos, el cual corrió -en varias copias - de mano en mano entre un grupo reducido de investigadores vinculados al Centro de Estudio del Llano de la Universidad Rómulo Gallegos. De circulación limitada, allí se recoge un resumen de las etapas históricas de nuestra educación regional, un texto de carácter biográfico, de escritura menuda, propositivo e informativo, un discurso que, sin ser decálogo, se constituye en un material de trabajo invaluable para los investigadores, en una caja de herramientas para la investigación educativa en la región.
Además de esta producción, quisiera resaltar el libro de Adolfo Rodríguez Calabozo Siglo XIX, publicado por el Rectorado de la Universidad Rómulo Gallegos y que corresponde a un indicativo de modalidad de trabajo inscrito en la historia social y cultural del estado Guárico. Texto que se insta en las articulaciones interdisciplinarias de los objetos de estudio.  Desde  él  se aborda la historia local calaboceña, cuyos acontecimientos geomentales tienen sus  relaciones con el  Colegio Nacional de Calabozo, fundado el  13 de Junio de 1839. La vida social,  la política y la económica de  la  ciudad llanera gira, sin quererlo, al  rededor de  este centro educacional donde sobresalen  personajes de distintos saberes.
Otro aspecto importante en la documentación histórica fue el evento I Jornadas de Historia de la Educación en el estado Guárico (2006), organizada por la Universidad Rómulo Gallegos y el Centro de Estudios del Llanos de dicha institución universitaria. Un foro de participación abierto que reunió a investigadores de varias parte de Venezuela,  el cual no sólo dejo entre  los participantes documentos y ponencias de gran interés colectivo sino  la  oportunidad de un encuentro afectivo que pudo haber dado origen a las bases para una Comunidad Discursiva  regional.
Además, con la apertura de la Maestría de Historia de Venezuela en la UNERG, se realizan importantes investigaciones conducentes a la elaboración de los respectivos trabajos de grado. Muchos de ellos desarrollados en la parte oriental del estado Guárico, específicamente en la ciudad de Valle de la Pascua, donde se tiene una extensión de dicha maestría. Entre los promotores podemos destacar la influencia académica del doctor Felipe Hernández, investigador, docente universitario y cronista, quien impulsa estudios de esta naturaleza en esta parte de la entidad.
A esto se suman las contribuciones de los diversos encuentros regionales de investigadores, historiadores y cronistas que se realizan cada año en los 15 municipios de la región, espacios en dónde se pueden apreciar ponencias y trabajos de alta calificación metodológica, pero de una gran gama de temas. Resalta aquí  los estudios investigativos del  Cronista de Altagracia de Orituco, Carlos López Garcés. También,  los aportes de Oldman  Botello, Cronista de Maracay, con su  trabajo La Educación Religiosa Indígena en  el  Guárico durante la visita pastoral del Obispo Martí (1780-1783) y  los  trabajos de Irma Mendoza  referente a la Educación primaria y  formación docente durante el Guzmanato. El caso Guárico 1870-1883. A esto se suma los estudios del investigador zaraceño Manuel Soto Arbeláez, en su trabajo Escuela Normal de Ortiz (1877), donde revisa el  proceso de la escuela  primaria en  la  entidad. Sin duda, esta producción originada en estos eventos representa un espacio para el intercambio entre los intelectuales que trabajan esta temática y es una forma de divulgación y discusión dialógica.
En  el  ámbito local debo hace referencia a mis  propias investigaciones que por una década vengo  realizando en  el municipio Ortiz, unas cuando me toco ser Cronista Municipal y  otras como investigador independiente. Muchos de estos  trabajos están publicados en la  prensa local,  muy especialmente en el Diario El Nacionalista y en la páginas web del autor.
Aunque la labor de difusión, en cuanto a publicaciones, aún no da cuenta del caudal investigativo y, en materia de libros, la tarea es quijotesca. Todo depende del peculio privado del (o los) autor (es); ya que, en nuestra región, no hay editoriales que asuman  proyectos sobre los temas educativos, al considerar que no existe un público cautivo de amplitud suficiente para librar los costos de inversión. Sin embargo, mención merece el libro del historiador Felipe Hernández G, El Núcleo Valle de la Pascua de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez. Apuntes Históricos (2007, impreso en Valle de la Pascua en los talleres de AC Estampas Llaneras, srl), que pese a las limitaciones financieras, es una muestra del esfuerzo de nuestros investigadores locales.
Como se observará, esta referencia a estos documentos no es gratuita. Ellos indican la persistencia y el esfuerzo de algunos investigadores que aportan a la configuración, o mejor aún, al fortalecimiento del campo intelectual sobre  este  tema  en  el  estado  Guárico. Por  otra parte, atendiendo a la proliferación de posturas que piensan, conceptualizan y polemizan en torno a la educación y la pedagogía, estos trabajos asumen tal debate articulándolo dentro de espacios de discusión histórica; o si se quiere, en trabajos que buscan documentar el presente. Pero, en honor a la verdad, la falta de publicación implica un problema para  la difusión y socialización de los resultados investigativos.
Aunque una de las cosas positivas es que, en estos momentos de construcción  histórica, se puede afirmar de la existencia de un campo de confluencia sobre tópicos relacionados con la Historia de la Educación local; además, un  interés por el conocimiento histórico y provecho epistemológico y político, a la hora de pensar las condiciones en que se debate sobre la educación, la pedagogía, los maestros, los estudiantes, las instituciones educativas y, obviamente, las políticas educativas en Venezuela. No es en vano que, en el marco de la Ley de Educación (2009), el Decreto 5.929  de 2009 regulativo del proceso de escolarización en el país, coloca  a la educación  como un  derecho social, donde  el Estado se convierte en  el eje tutor,  ejecutor y promotor de la formación ciudadana en  todos  los niveles del  sistema educativo.
En concordancia con lo expuesto,  la orientación filosófica del Estado, enunciada en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999), debe de entenderse que el objeto de la educación en Venezuela es el hombre venezolano, su formación integral, conforme a la científica pedagogía  y andrología. La formación y conducción debe hacerse en respuesta a las manifestaciones de la personalidad del sujeto, en respuesta estricta a su individualidad y en armonía con las exigencias de la colectividad donde actúa,  con correspondencia y corresponsabilidad con la misma.
Además, se debe tener presente la identidad del sujeto, el cómo piensa, como es, como siente, como habla y cómo se comporta y también que le exige, que tareas le encomienda la sociedad, desde el punto de vista integral. Por otra parte, una educación alejada de la parte cultural y social es inconcebible. Cada individuo y grupo social están asentados en espacios geomentales donde existan costumbres, maneras y hábitos; así  como vivencias y expectativas que la comunican  con ciertas propiedades distintivas en relación con lo nacional en general y, en particular, con las regiones.
La educación debe estar al servicio de su gente, donde uno de sus fines debe disponer una inconfundible identificación de la nación y de su territorio, de su hábitat, de sus logros, sus deficiencias y sus imperfecciones, sus retos, sus anhelos y limitaciones. Esto se puede ver plasmado en la Ley de Educación (2009) en el artículo 15 numeral 3 la cual dice:
Formar ciudadanos y ciudadanas a partir de enfoques geo históricos con conciencia de nacionalidad y soberanía, aprecio por los valores patrios, valorización de los espacios geográficos y de las tradiciones, saberes populares, ancestrales, artesanales y particularidades culturales de las diversas regiones del país y desarrollar en los ciudadanos y ciudadanas la conciencia de Venezuela como país energético y especialmente hidrocarburífero, en el marco de la conformación de un nuevo modelo productivo endógeno
Venezuela se encuentra entre los países que plantean reformas en el sistema educativo con el fin de elevar la calidad y la excelencia en la educación a través de un nuevo Currículo Nacional, el cual ayude al docente a preparar al educando de forma integral para los cambios sociales, políticos y económicos que se experimentan en el país. Esta transformación  del modelo  educativo venezolano nos  lleva a  fomentar una amplia discusión colectiva. Y ponemos como ejemplo el debate  sobre  la  nueva Ley de Educación, la cual tuvo espacio de debate académico en  nuestras universidades nacionales y  privadas. 
Desde  las posiciones polémicas y políticas transcurrieron  hacia  una dialéctica crítica y  consensuada entre  los autores de la discusión  sobre  un tema de gran  interés para el país. De esta y otras discusiones concurrieron los cursantes del Doctorado en Educación de la Universidad Rómulo Gallegos, los cuales hoy disponen de un arsenal teórico y metodológico, de foros, talleres, proyectos interuniversitarios y vínculos internacionales, que hace dos décadas no existían en  nuestra principal  Casa de Estudio. Con ello quiero resaltar el papel que juegan estos espacios de discusión para una propuesta de crear comunidades discursivas en historia de la educación y la pedagogía. La necesidad de articular esfuerzos dispersos; pero, también, la importancia de jalonar procesos que, si bien, en algunos momentos nos distancian y mirándolos a mediano plazo, pueden constituir a una de nuestras fortalezas.
[1]Mallo Gambetta, María Susana (Diciembre ,2009) ¿Por qué y para qué la Historia de la Educación?. Revista Quehacer educativo, p. 83
[2]Cucuzza, Héctor Rubén (1996). “Hacia una redefinición del objeto de estudio de la Historia Social de la Educación” en H. R. Cucuzza (comp.): Historia de la Educación en debate, pp. 124-146. Buenos Aires: Miño y Dávila Editores.
[4]ROJAS, REINALDO (2002).Fundamentos teórico-metodológicos de la línea de investigación: historia social e institucional  de la educación en Venezuela. Ponencia presentada en el Simposio “Historia Social e Institucional de la Educación en Venezuela: Una experiencia en investigación y postgrado” realizado en el VII Congreso Nacional de Historia Regional y Local”, San Cristóbal, 25 a 27 de septiembre de 2002.
Imagen tomada de  http://cbitjuangermanroscio.blogspot.com/2009/05/biografia-de-juan-german-roscio-y.html

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