martes, 24 de agosto de 2010

TIPS # 25: PLAZA BOLÍVAR DE VDLP. FEMBRAS PLAZENTERAS

19/05/2010

Manuel Soto Arbeláez


*Plaza Bolívar de Valle de la Pascua. En documentos registrados en 1901 y 1905 la señorita niña vieja Ana Guásco señala que la casa que le compró en 1897 al presbítero doctor Pedro José Miserol, limitaba por el naciente con “La Plaza Principal”. Dos años después; en el periódico El Candil, del 11.11.1907, dirigido por el médico Miguel Lorenzo Ron Pedrique; se le llama Plaza Bolívar. Cabe entonces preguntarse, ¿Cuándo se produjo el cambio de nombre? Se sabe, por ejemplo, que la Plaza Mayor de Caracas tuvo varios nombres previos tales como Plaza Pública, de Armas, Central, Plaza Vieja, de la Constitución, de la Reunión, de la Catedral y Plaza Principal hasta que en 1874 el general Antonio Guzmán Blanco la reinauguró con el nombre de Plaza Bolívar, con la famosa estatua ecuestre del Libertador en su centro geométrico. En el estado Aragua casi ninguna plaza principal lleva el nombre de Bolívar. Allí se les ha llamado Girardot, Urdaneta, Ribas, Sucre y en general con el apellido del héroe epónimo del municipio. Conocemos documentalmente que la plaza central de la aldehuela vallepascuense existió por lo menos desde 1823, como le relató don Ricardo Escobar Gutiérrez al doctor Víctor Manuel Ovalles Carlomán, al decirle, y después confirmarle en carta suya de 1902 al farmaceuta racionalista que “la única diversión que había en el pueblo a partir de 1823 era la celebración cada sábado de bailes en la plaza principal. A esos eventos los hombres debían aportar un haz de leña para el alumbrado, mientras que las damas, vestidas con telas burdas de zaraza o crehuela, traían una taparita con agua fresca”. Son palabras más o menos, la descripción que hace Escobar. Posteriormente, en 1831, con motivo de la reunión en esa localidad entre los generales José (Judas) Tadeo Monagas Burgos y José Antonio Páez Herrera -a la sazón presidente de la naciente república-, se decidió llamarla “Plaza de la Paz” y en 1834 se colocó en su centro una horrible escultura que el pueblo de seguidas comenzó a llamar burlonamente María la Paz. Es más, como sorna despreciativa a las mujeres poco agraciadas se les arrequintaba con indolencia este cognomento, las pobres se conformarían -digo yo- exclamando “Bella es el alma”. Esta fea pieza de escultura fue desmontada en la década de los años 1870s para colocar un busto del general José María Zamora Rengifo, nativo del lugar y héroe de la independencia. El busto todavía existe en una placita a la salida hacia Tucupido llamada Plaza Zamora, en homenaje a este héroe y no al demagogo esclavista Ezequiel Zamora, como alguna gente ingenua cree. Seguramente al rebautizar a la plaza principal como Plaza Bolívar entre 1905 y 1907 -como hemos anotado- se colocó en su centro un busto del Libertador y suponemos que el cambio de nombre debió ser hecho con la aprobación del Concejo Municipal del Distrito Infante mediante Acta Solemne, que debe estar en los archivos municipales. Después este sitio de reunión de los pascuenses ha sufrido varios cambios. En fotos de los años 1930s, se ve claramente que el cercado era con estantes de guatacaro, palosano, o cualquier otra madera dura.

** Sexo y Chisme. Dentro de la casa, en el solaz hogareño o en la paz cómplice de una habitación hotelera, el chisme es el entretenimiento más popular después de tener sexo. El hombre, a diferencia del conejo o el león, tiene que esperar cierto tiempo para reencender la libido apagada. Y es en esos intervalos cuando, a falta de conversación constructiva, se inventan o comentan las vicisitudes de terceros a quienes no se les quiere bien. En esto debemos aclarar, sin asumir poses machistas, que las infidelidades traumatizan más al hombre que a la mujer, siendo el chisme de alcoba el que hiere sin contemplaciones al cornudo. Escenas como ésta son gratamente descritas por Gabriel García Márquez en su novela Cien años de soledad al comentar los amores incestuosos de tío y sobrina, haciendo énfasis en que la infidelidad de la mujer normalmente implica amor a su amante, y en el caso del hombre, muy raramente. Ya lo decía Goethe: "todo comienzo tiene su encanto". Lo repetitivo fastidia coreaba Casanova; por ello este enfermizo padrote italiano no repetía "sex partners", aún cuando fuera inducido por el marido cornudo a formar un "menage a trois", al estilo de los franceses. El don Juan vivía encantado por cada comienzo amoroso. El marqués de Saade fue varias veces condenado por sus excesos eróticos, pero sus conquistas no se salvaron de ser descritas por él mismo con lujo de detalles, incluyendo lo que hablaban mientras el guerrero descansaba, para reinventar nuevas diabluras sexuales. Vinicius de Moraís escribió: "el amor mientras dura, es eterno", sin definir a qué tipo de amor se refería, porque lo pasajero en cuestiones amatorias, es el deseo. Una vez satisfecho, muere. Ya lo escribía el Arcipreste de Hita: "el hombre por dos cosas lucha: la primera per aver fortuna, et la segunda per aver ajuntamiento con fembras plazenteras", recalcando yo el plural de "fembras plazenteras", por aquello de que la mujer perdona, pero no olvida. A seis siglos de las frases pecaminosas del Arcipreste, cuando la "fembra" moderna se resiste a ser objeto del deseo, es bueno recordar que la venganza de una mujer ofendida es peor que un despellejamiento curado con sal. En el mejor de los casos si ella decide ponerle cachos a su hombre en el solaz hogareño o en la paz cómplice de una habitación hotelera, el chisme lo devorará y el estigma lo llevará como una corona de espinas que todos verán como un halo de vergüenza. Tal parece que en cuestiones de Estado sexo y chisme siempre han ido apersogados, aunque en este caso se le llame espionaje. Grandes secretos militares y de defensa nacional han sido develados bajo las sábanas, con el agravante que los países perjudicados no han portado la corona estigmatizante. Es pues, una relación parásita que sólo perjudica moralmente a las personas, no a los países ¡Por ahora!

MSA Fax (0212) 285 8957 E-Mail: manuelsotoarbelaez@yahoo.com Los libros El Guárico Oriental 1, 2 y 3 en la Librería La Llanera, calle Guásco frente a la plaza Bolívar, Valle de la Pascua.

domingo, 15 de agosto de 2010

CASA DE LAS LETRAS ANDRÉS BELLO PROMUEVE AL TALLER DE LITERATURA RAYUELA EN LA COMUNIDAD DE CANTAGALLO

El Taller RAYUELA es promovido por la Fundación Casa de las Letras Andrés Bello y dictado por la Lic. Tibisay Urbina, tiene como base fundamental despertar en el participante “el escritor que lleva dentro”. Aplicándose estrategias motivadoras les permitirá reconocerse como ser creador, de esta manera salta al papel la tinta teñida de amor y esperanzas a través de vivencias, poesía, narraciones, entre otras creaciones que harán del participante un ser diferente del que fue al inicio de la actividad. Nunca es tarde y tampoco temprano cuando nos decidimos hacer lo que deseamos.

El Taller Rayuela abarca el ámbito de la Red Escolar de las Letras, La comunidad y su escritura y Espacios no Convencionales.
El día 20 y 21 de julio se realizó en la Comunidad de Cantagallo el Taller Rayuela en el ámbito La Comunidad y su Escritura, el cual contó con la participación de 21 miembros de la comunidad así como docentes de la institución Rogelia Mayo Torrealba que también viven en esta hermosa localidad. Se realizaron una serie de actividades especiales enmarcados en el Bicentenario de la Independencia, Se dio a conocer el papel fundamental que tuvo la mujer en esa época emancipadora, nombres como María Rosario Navas, Ana María Campos entre otras así como sus hazañas fueron elementos motivadores para que los participantes en su argort popular dieran a conocer la heroína de su comunidad siendo enaltecida la Docente, enfermera y catequista Rogelia Mayo Torrealba, con tan solo 37 años, un 10 de Octubre de 1946, llegó a San Juan de los Morros por ordenes del Gobernador de aquel entonces Don Ricardo Montilla, para que fundase la escuela de Cantagallo, porque según los que la recomendaron decían que a ella no se le asusta fácilmente.

Sus 5 hijos se quedaron al cuidado del Dr. Torrealba. Quien se comprometió en que las dos niñas estudiasen en escuelas internas y los 3 varones en escuelas de San Juan. Y así partió en el único autobús azul que lo manejaba el señor Tablante, llegó a la Escuela Los Flores, y allí contactó a la maestra Doña Antonia de Naranjo que le pidió el favor a un muchacho para que le enseñara el camino de Cantagallo, que para aquellos tiempo era por la subida del Cerro el Toruno. Y a pie siguió el camino por más de una hora, al rato le salió un toro que quiso cornearla y moneando un árbol se salvo de su embestida. Era toda una odisea llegar al caserío. Un señor que le surtía los víveres a las dos únicas bodeguitas del caserío le dio un aventó y la dejó al frente de una casita viejita pero antes de marcharse le preguntó quien era, cuando le contestó que era la maestra que venía a fundar la escuela del caserío el señor soltó una carcajada tan fuerte que ella también rió con él y luego le dijo regrésese por donde vino, para acá han mandado a dos y el mismo día se han regresado y así riéndose se fue en su destartalado carro. Dios no la abandonó y por su perseverancia le obsequió el arcoiris para que se sintiera segura que todo le saldría bien. Y así fue, la casa que había comprado el Gobernador para que se construyera la escuela estaba en ruinas. Al cabo de un rato y después de varios encuentros infructuosos con los campesinos del lugar apareció el señor Teléforo Medrano quien le ofreció cobijo en la casa de su hija María, ella le dio una taza de café para mitigar el frío que le daba su ropa húmeda, ya que había andado bajo la lluvia. Al día siguiente salió hacer el censo de las 27 casas que yacían en el caserío pero tales casas se encontraban distantes una de otras, menos las 10 que estaban en la calle principal, al terminar con el censo había anotado a 62 niños en las edades comprendidas 8 -15 de ambos sexos, algunos tenían fiebre otros piojos, niguas, barrigas grandes y muy pálidos.

Al día siguiente salió para San Juan y le pidió al Gobernador hacer la escuela lo más pronto posible, mientras tanto debajo de un frondoso jabillo ubicado frente a la casa de la familia Sojo se hacían las reuniones con los padres de los muchachos, ellos escuchaban lo que se decía allí. Le pidió ayuda a las madres para combatir los piojos y las niguas, cortándoles las uñas y el cabello a las niñas y una por una fue quitando las niguas que se encontraba en el cuerpo de esos niños. Todos los domingos era día de aseo personal, los piojos desaparecieron pero las niguas no. Entonces se amarraron todos los cochinos y se peluquearon quemándose los desechos. Luego reunió a todos los niños con sus representantes y un camión enviado por el Dr. Torrealba los recogió haciéndoles exámenes y recetando tratamiento para las lombrices y parásitos. Se les hizo el tratamiento a los muchachos, recogió todas las muestras de heces y las lombrices, las llevó al laboratorio de la señorita Italia Ramos.

Los muchachos comenzaron a cambiar el semblante y los campesinos su actitud hacia la maestra. La primera escuela que se construyó en aquellos días es la que se encuentra en el medio de la actual escuela de Cantagallo. Los domingos enseñaba a las niñas grandes a cocinar. También se construyó la medicatura en el año de 1948. Su hija Neveska con tan solo 18 años se encargó de la escuela después que el gobernador le diera el nombramiento, para que la maestra Rogelia pudiera fundar el dispensario, le mostró los papeles de la Unidad Sanitaria de Caracas y ese mismo día le dio el nombramiento. A la semana siguiente llegaron los medicamentos y con ellos los pacientes, dos comadronas que atendían el caserío se les enseñó a utilizar los implementos de aseo para evitar el tétano infantil. Ellas la invitaron a asistir a los partos y después de acompañar al primero decidieron que siempre estuviera allí para ayudar. Le regalaron un caballo que le sirvió para hacer el recorrido por el caserío. Un día llegó un médico joven a supervisarla se llamaba Dr. Israel Ranuarez Balza y la felicitó por todo el trabajo que estaba haciendo. Con el tiempo comenzó a dar catecismo en su tiempo libre y se puso de acuerdo con la comunidad para construir una pequeña capilla. Cuando estuvo lista invitaron al padre Francisco Peña para que diera la misa a la Virgen La Inmaculada Concepción, la cual trajo de regalo al Caserío, Don Luis Segundo Rodríguez antiguo habitante de la comunidad. Con el tiempo los días sábado y domingo llevaba a los niños más grandes a excursiones un día se perdieron, el susto fue tan grande que tardaron en hacer otras excursiones. Un día Pérez Jiménez la quitó del dispensario por razones políticas y la mandó a otro que quedaba muy lejos de San Juan, como no podía atender a sus otros hijos decidió renunciar y solo recibió un comunicado que decía gracias.
Compró una casita en la comunidad de Agua Hedionda donde comenzó a sembrar millo, material indispensable para hacer escoba, así hacía, fabricaba sus escobas y las vendía a orillas de la carretera. Lo mismo hacía con la leña de cují, para cubrir sus necesidades, nunca le faltó madres con sus hijos para que los recetara, ella lo hacía con todo el amor del mundo en su nueva casa, aún sin percibir paga, con el tiempo vendió esa casa y se compró una en el caserío Los Flores, la cual se le quemó, para 1963 le llegó un oficio de Sanidad y otro de la Gobernación donde le solicitaban sus servicios como enfermera en el caserío de Paso Pelao. Donde el antiguo dispensario estaba anexo a la escuela, era muy pequeño, al tiempo se construyó otro frente a la escuela. Para 1970 lo eliminaron para que las personas asistieran al de Cantagallo porque allí habían médicos, Pidió su jubilación, y ya cansada de tanto luchar y ciega ya a sus 84 años decidió mudarse a Calabozo, y así en su dulce compañía de familiares partió en un merecido descanso a los 91 años, el 22 de agosto del año 2000. Ella es nuestra heroína, y por eso la escuela lleva su nombre, todos los habitantes de Cantagallo han de conocer su vida y obra, siendo su mayor obra el habernos enseñado a vivir en comunidad, apoyarnos y ayudarnos sin mezquindad, ni egoismo.

Relato contado por los habitantes de la Comunidad de Cantagallo y corroborado con el libro Por aquel caminito de la Autora: Rogelia Mayo Torrealba.

lunes, 9 de agosto de 2010

San Juan Bautista y San Juan de los Morros

Blanca Allegra
(Para ver con más nitidez las fotografías puede hacer click sobre las mismas)


Fotografía tomada del Grupo FB

Es difícil pensar o recordar a San Juan de los Morros sin pensar o recordar a su Santo Patrono San Juan Bautista, asimismo cuando recordamos a San Juan Bautista, nos viene a la mente la imagen de nuestro patrono que está en la Plaza Bolívar, frente a la Iglesia Mayor San Juan Bautista, esa escultura imponente de casi 20 metros de alto, a la que la ciudad debe su nombre, es más que un santo patrono, es el símbolo de la ciudad. Monumental y nuestra como los mismos Morros, sentimos que nos protege, que pareciera que desde arriba nos observara y que con su especial mirada nos cuidara.


Sin querer, sin proponérnoslo, esa escultura está en las mentes de los sanjuaneros y es parte de sus vidas, a esa importante escultura la llamamos “San Juanote”. Compartimos fiestas patronales en su honor, rezamos, organizamos eventos, escogemos la reina de las fiestas, todo un acontecimiento, bailamos, traemos artistas nacionales y extranjeros, decretamos días feriados, cerramos calles y avenidas, aprovechan los buhoneros, se vende de todo, comida, artesanía y accesorios, se venden y regalan figuras que reproducen la imagen de esa escultura de San Juan Bautista, medallas, y estampitas, le ponemos flores, se organizan misas, el gobernador hace sus fiestas y el alcalde en paralelo otras más, porque no se ponen de acuerdo los políticos, pero todos celebran el día de San Juan Bautista, Patrono de la ciudad.


Aunque su presencia y justificación se ha entendido algo así como un asunto sin mayores comentarios, es fácil deducir, que está allí porque es el patrono de la ciudad. Del abandono y deterioro de esta monumental escultura muy poco se habla, incluso no se entiende bien su origen, hay varias versiones de quien fue el escultor y todo cuanto tenga que ver con ella, pese a que su historia está asociada con los orígenes de la ciudad. Rescatar esa historia, difundirla entre los habitantes y visitantes, hablar sobre los valores culturales, religiosos, para la generaciones futuras de Sanjuaneros, bien vale la pena, para crear conciencia, para conservarlo, para cuidarlo, para restaurarlo, para visitarlo, por la cultura, por nuestras costumbres, por nosotros mismos, aunque San Juan Bautista seguirá siendo nuestro patrono independientemente de esa escultura. Ella permite reafirmar las creencias, costumbres y devociones de este pueblo, conservarla es parte de seguir manteniendo una identidad propia.
¿Ustedes se imaginan si esa escultura se cae? Si se cae a pedazos como se vislumbra, si no se hace algo al respecto, tarde o temprano va a suceder, les muestro imágenes de sus condiciones
actuales, que describen y evidencian mucho más que mis palabras.

¿Qué sería de San Juan de los Morros sin su San Juan Bautista? ¿Contaremos su historia a nuestros nietos? ¿Cuál historia? Apreciamos el arte, nos tomamos fotos y contamos, cuando visitamos otras ciudades en Venezuela o del mundo, cmo esculturas y monumentos forman parte de su historia y de sus creencias, vemos como los conservan y cuentan con propiedad y orgullo su historia. Aunque no sea la prioridad, porque necesidades más urgentes como salud, seguridad y educación deben estar primero y nos están demandando su atención, un poco de crear conciencia ciudadana y con el aporte de todos, podemos contribuir para que se proceda cuanto antes a restaurarla.
No me corresponde a mi hablar de su origen histórico, pero con tantos años habitando esta ciudad y como escultora, observo a una escultura de concreto armado, de más de
19 metros de alto, que posee una estructura de hierro interna, que la sostiene, todos sabemos que el hierro se corroe, que al no hacerle su debido mantenimiento por lo menos anualmente, hace que el metal se pudra al estar a la intemperie y por consiguiente el concreto podría ceder. Seguramente fue vaciada en concreto en el mismo sitio donde se encuentra, cuestión que se deduce de su monumental tamaño y peso. Tiene varias inscripciones, una tallada en el friso de su parte izquierda, que dice textualmente:

E_or RENZO BIANCHINI
Administración TN.G_L.
IGNACIO ANDRADE

Toda obra de arte, sin excepción, aparece firmada en el cuerpo mismo de la obra, solo por su autor, ni los constructores, ni arquitectos, que es lógico que intervengan, más tratándose de obras de tal magnitud, firman la escultura.
Se observa una placa de mármol puesta sobre la base de la escultura, en la misma se expresa textualmente
Por su lado derecho, tiene en el friso externo otra inscripción tallada, que dice textualmente:
"Fvit homo missvs a devs cvi nomen erat joanne "(Joan 16)
"Hubo un hombre enviado de Dios que se llamaba Juan" (Juan 16)


Por la parte de atrás, en su espalda, se aprecia una inscripción tallada en bajo relieve, de un pasaje de
la Biblia
: Mateo 11:11, que dice textualmente:
"Non svrrexit inter natos mvliervm major joanne baptista"

"No ha salido a la luz entre los hijos de mujeres mayores que Juan Bautista"


Por el frente se observa en un primer plano, que en su mano izquierda sostiene un bastón con una cruz arriba, aparece también una oveja, y en su mano derecha sostiene lo que parece una concha marina (representando al bautismo, por tratarse de San Juan Bautista, que bautizó a Jesús, como símbolos de los pasajes narrados en
la Biblia, sobre San Juan Bautista). Presenta evidencias de grandes filtraciones, por las señales que se evidencian en varias partes, del recorrido del agua, grandes grietas, humedad, moho y color del óxido. En su cabeza se muestra la aureola que lo identifica como santo.

En la base o pedestal de la figura principal, se aprecian tres paneles en alto y bajo relieve, (que representan la trilogía histórico religiosa de Juan El Bautista, narrada en la Biblia), al centro el Bautismo de Jesús por San Juan Bautista con una concha marina, parecida a la anteriormente descrita, que tiene en la mano derecha el Santo. El panel izquierdo muestra a Juan El Bautista en el desierto, y el panel derecho muestra a Salomé (hija de Herodías, que según cuenta la Biblia, fue quien pidió la cabeza de San Juan Bautista) bailando, con la bandeja que sostiene en sus manos, alzada, con la cabeza de Juan El Bautista.

Pero lo que más resalta en toda la obra, su base, pedestal y alrededores, es su gran deterioro, las señales de haber sido víctima del vandalismo, el abandono, la suciedad, la desidia, además de los embates del clima al estar a la intemperie. Incluso, para subir y apreciarla hoy día, se corre el riesgo de ser víctima de algún delincuente. No parece haber sido restaurada jamás, y me refiero a una restauración hecha por expertos en la materia y no un maquillaje con pintura y frisos que
solo contribuyen a maltratar la obra.


Causa tristeza el estado en que se encuentra, que gobernadores, alcaldes y la ciudadanía se aprovechen de ella, que siendo un patrimonio cultural e histórico, existiendo organismos que les corresponde preservarlos, no hayan hecho nada durante más de 70 años desde que fuera inaugurada, que no sean conscientes de su importancia, de su valor histórico, religioso y cultural, que ni siquiera se hable de su gran deterioro, ni de la necesidad de su urgente restauración.
Sitio de entrada por donde debian instalarse bomba y antiguas tuberías.

Estas palabras pretenden crear conciencia y alarma, a la colectividad Sanjuanera, ¡podemos perderlo! Esperamos que pronto se proceda a su efectiva restauración y rescatemos todos a nuestro gran símbolo: el ¡San Juanote!


Cito entre varias las siguientes páginas relacionadas:
http://es.wikipedia.org/wiki/San_Juan_de_Los_Morros
Restauración de una obra de arte:
http://www.rena.edu.ve/SegundaEtapa/ESTETICA/mantenimiento.html
La Constitución de la República Bolivariana
de Venezuela, establece en su artículo 99, la base sobre la cual se debe procurar la preservación del patrimonio cultural de la nación.
http://pdba.georgetown.edu/comp/Cultura/conservacion.html
http://www.mailxmail.com/curso-patrimonio-cultural/patrimonio-cultural-legislacion

Blanca Allegra es abogada y escultora

Las fotografías, exceptuando la primera, fueron tomadas por la autora del artículo.

sábado, 7 de agosto de 2010

OCRE Y AZUL DE TIZNAO VIEJO

Fotografías: Ilio Colmenarez

El ocre y azul se combinan con majestuosidad en el sitio de "Tiznao Viejo". Realmente es inolvidable la hermosura de estas fotografías que Ilio Colmenarez hace de las ruinas de aquella iglesia del antiguo pueblo de San Francisco de Tiznados, donde se bautizó con sencilla solemnidad un niño con el nombre de Juan Germán Roscio. Han pasado más de dos siglos y la admiración histórica de los venezolanos cada día aumenta por las proezas intelectuales y políticas de este hombre, orgullo patriótico de todo aquel que se sabe guariqueño.

Hoy el viejo San Francisco de Tiznados lentamente va diluyéndose en el fondo de una represa. Sólo cuando abruma la sequía las aguas temporalmente retroceden y las mohosas lápidas del cementerio asoman sus borrosos nombres y fechas, como un último intento de ver la luz de una generación ya olvidada para siempre. Hombres, mujeres y niños ya anónimos en las cuentas del pasado. Todo lo que fue este vivir provinciano queda discretamente oculto tras el nombre del héroe. Único sobreviviente por los designios sacralizantes de la historia.

Estas fotos de Ilio nos relatan los extraños vaivenes y caprichos de la belleza, cómo el ojo humano puede tener revelaciones paradójicas de lo hermoso. Asistimos a la grata perplejidad de este espléndido contraste entre la indiscutida pureza del cielo llanero de abril y la resignada pero digna decadencia de una edificación donde aun Dios, en plena soledad, habita en la fuerza vital de los pájaros que anidan en la desnudez de las cornisas, y en los audaces arbustos que abrazan con sus raíces y sobrio verdor lo alto de los pilares y paredes.

Jeroh Juan Montilla












lunes, 19 de julio de 2010

Recuerdos de Valle de la Pascua

MIS QUERIDOS MAESTROS DEL G.E. “RAFAEL GONZÁLEZ UDIS”


Alberto Hernández


Corría, casi a gatas, la década de los años 60. Mientras en La Pascua se oían lo tiros de lejos, aquellos que protagonizaba uno de los grandes equívocos de nuestra historia cercana, en nuestra comarca se agitaba una generación que aún sigue activa, que recupera a diario la memoria y revuelve en los cajones las voces de personajes idos, casi olvidados por una mayoría dedicada a otros menesteres.
Y afirmo casi a gatas porque la edad no nos daba para entender la lentitud de nuestro tiempo. Una noticia dolorosa fue la muerte de aquel paisano militar, hijo del editor del periódico Candela, evento que escandalizó y afectó al pueblo. Pero La Pascua era una suerte de remanso, de abrevadero de sueños y detalles que el futuro se encargaría de colocar en su sitio.
Los que estudiamos primaria en el Grupo Escolar “Rafael González Udis” no podemos olvidar al director González Contreras, hijo del mencionado como epónimo de aquella extraordinaria aventura entre la Plaza Bolívar y la Laguna del Rosario. No podríamos echar a un lado la longitud de esa casa donde todos éramos familia, donde nos conocíamos, jugábamos y peleábamos, pero vivíamos para remarcar aquello de que “pueblo chiquito, infierno grande”. Digamos que la felicidad siempre estuvo allí, pese a que veces la ignorábamos.

Maestros, maestras
Comenzaba la democracia. Era el año 1959. Todavía olía a pólvora, la de enero del 58. La Pascua también tuvo sus ajetreos para salir del dictador. Entonces apareció el nombre de Wolfgang Larrazábal, un marino de porte peliculero y tocador de cuatro. No sabíamos, tripones nosotros, como solía decir el poeta Palomares, qué acontecía en el país, porque para nosotros había un solo país, un país de lagunas, topochales, trompos, metras, papagayos, fusilados, ladrones y policías y los cines Tropical, Manapire, Morichal, Paraíso, entre otras alegrías que venían en las películas mexicanas, en Tarzán, Memín Pengüín, entre tantas imagénes en pantalla y en los suplementos que intercambiábamos. Ese era el país que teníamos a la mano. Lo demás no existía. La televisión era un lujo muy distante, hasta que llegó en un canal que se veía clarito, Teletrece de Valencia. RCTV y Venevisión se veían, pero con muchas rayas.
En esa atmósfera respiraban con nosotros los maestros y maestras de escuela, los del Grupo Escolar “Rafael González Udis”. Un poco antes de ingresar a esa escuelota, porque era inmensa a nuestros ojos de chamos, los hijos de muchos que vivíamos en la González Padrón con La Mascota, fuimos admitidos en las escuelitas de patio de las doñas Ana. Una de ellas tenía unas maticas que daban sombra frente al negocio de Benigno Aray. Allí nos dieron las primeras letras a punta de coscorrones y regaños. Después ingresamos a la escuelita de doña Ana de Calderón, a pocos metros del Cine Tropical por la vieja y recordada avenida Táchira, más arriba, hacia el cerro del Hospital, de la bodega de don Pío Oropeza. Las primeras letras nos entraron con sangre, mocos y lágrimas, porque la señora Calderón fue la primera –duramos pocos días con ella- castradora de aptitudes. Nos pegaba con una regla que no era regla sino una tabla, nos halaba el lugar donde iban a nacer las patillas. Pero nada, aprendimos algo bueno, tenía los ojos bonitos pese a su comportamiento con nosotros. Por allí comenzó nuestra futura universidad.
Meses después, uniformados y con los zapatos pulidos, entramos al “González Udis”. No cabíamos en la felicidad. Muchos de mis vecinos eran nuestros condiscípulos: los Martínez, los Sotillo, los Lazaballet, los Higuera, los Moncada, los Loreto, los Machado. Son tantos que se han perdido en un cuaderno de rayas.
Mi maestra de primer grado fue Ana González, una mujer dulce y amiga de mi papá porque había sido maestra de él, quizás bajo una mata. Con ella aprendimos a leer. En segundo grado nos recibió la dulce y bonita prima Josefina Hernández. En tercero, Constanza Zaa. En cuarto Josefina Mercedes de Moreno (quien casi me mete a cura). En quinto y sexto grados estudiamos con los maestros Salvador González, Ricardo Hurtado, Rafael Vidal Guía y Juvenal Bolívar, con quienes aprendimos tantas cosas, como hacer un periscopio, por ejemplo.
Un breve paréntesis nos llevó al Colegio “Juan Germán Roscio”, donde nos dio clases –en cuarto grado- el maestro Aníbal Matute. En ese pequeño salón de la Casa Parroquial (que me apunte mi amigo Nicolás Soto, quien era mi vecino de pupitre) trabajaban otros docentes, entre ellos Manuel Maluenga. Lamentablemente, la memoria no me da para mencionar a esos hombres que el padre Chacín convirtió en héroes civiles de nuestro pueblo.
Esos hombres y mujeres, los recordados y los olvidados, construyeron nuestra emocionalidad. Vertebraron nuestros deseos de continuar estudiando, de ingresar al Liceo “José Gil Fortoul” y a otros planteles que, como a mí, me tocó tener como asiento de formación, entre ellos el Liceo “Alejandro de Humboldt”, de Calabozo, y el “Enrique Bernardo Núñez”, de Valencia, de donde egresé como bachiller en ciencias en su primera promoción, en 1970.
El resto forma parte de ese hermoso recuerdo que nos legó el “González Udis”. Mientras estudiaba fuera del país, en el Pedagógico, en Maracay. Allí estaba mi querido grupo escolar.
En todas partes están mis viejos y queridos maestros ¡Salud por ellos¡

sábado, 10 de julio de 2010

LOS DIABLOS EN EL ESTADO GUÁRICO

Arturo Álvarez D´Armas


La festividad del Corpus es celebrada en Europa desde tiempos inmemoriales, específicamente data del año 1246, cuando el Obispo Roberto de Lieja (Países Bajos), escogió el día Jueves, después de la octava del Pentecostés como la fiesta del corpus. Más tarde, bajo el papado de Urbano IV (Santiago Pantaleón) se le otorgó la aprobación universal mediante la bula “Transiturus”, el 8 de Septiembre de 1264. En esa época la diversión se efectuaba con tarasca, cabezudos y enanos.
Con el mal llamado “descubrimiento” del nuevo continente, son trasladadas a América muchas fiestas religiosas y populares de origen europeo y muy particularmente de España, entre ellas encontramos: San Juan, San Pedro y San Pablo, San Antonio, San Benito y Corpus Christi.
La Cofradía hispánica, esencialmente religiosa, se amalgamó con las costumbres y tradiciones que trajeron en sus mentes los esclavizados africanos. Fue un proceso sincrético donde se mezclan la fe cristiana y algunos elementos rituales, musicales y danzarios de la lejana África.
La incorporación de africanos a las relaciones esclavistas de producción, introduce una nueva etnia de características particulares, la cual trae sus propias creencias y cultos ancestrales al gran patrimonio cultural de Venezuela. Así como la fiesta de San Juan se transforma en un baile de fuerte contenido africano, los diablos danzantes, en esencia, son un rito de fuerte influencia del continente negro, conteniendo aportes europeos e indígenas.
La primera referencia histórica de la cual tengamos noticias sobre la celebración de Corpus en Venezuela, nos la ofrece el Obispo Diego Baños y Sotomayor en 1687, cuando prohíbe las danzas de mulatos, negros e indios, que las realizaban en las procesiones del corpus, su Octava y las fiestas de los santos Patronos.
La festividad de los diablos, se baila en muchas regiones de Venezuela como Naiguatá (estado Vargas), San Francisco de Yare (estado Miranda), San Rafael de Orituco (estado Guarico), Ocumare de la Costa, Cata, Choroni, Chuao y Maracay (estado Aragua), Tinaquillo (estado Cojedes) y muy recientemente ha sido reactivada en Canoabo, San Millán barrio de Puerto Cabello (estado Carabobo). También hay constancia de que se efectuaba esta festividad, en Curiepe, Petare, Guatire y Ocumare del Tuy (estado Miranda), Guacara (estado Carabobo), El Sombrero y Tucupido (estado Guarico).


SAN RAFAEL DE ORITUCO


El pueblo del Arcángel San Rafael, se encuentra ubicado en el Municipio José Tadeo Monagas del estado Guarico. La primera noticia de la diablada en San Rafael, nos la ofrece el ilustre Obispo Mariano Martí (1969) en visita pastoral el 23 de Marzo de 1783 y anota en su libro de Documentos”… se celebra el corpus…”. Otra cita histórica acerca de la presencia de los Diablos en San Rafael la tomamos de Don Adolfo Machado, cuando señala que el día del Corpus de 1820, el Comandante Bartolomé Martínez, en unión de algunos oficiales tropezó (Machado: 1961) con más de una comparsa de diablitos. Parece ser que las tropas patriotas aprovecharon esta circunstancia para disfrazarse de diablos y de esa manera tomar la población por asalto.
En la presente la danza de los diablos se efectúa bajo los auspicios y dirección del señor Gota heredero de Antonio Teófilo Aular.
Aular era nativo de El Guapo (estado Miranda), y pasa algunos años en Batatal (estado Miranda), donde aprende este baile con Julián Benaventa. Cuando don Antonio llega a San Rafael, encuentra el baile del Corpus; siendo sus más fieles exponentes: Juan Bautista Ramírez, Juan Ledesma y Juan Domingo Ledesma. La misa se realizaba en la plaza y en sus alrededores se ponían siete altares.
Aular se viste de diablo desde el año 1945, lo cual hace para “pagar promesa”. Antonio Aular falleció a mediados de los años 80 del siglo pasado.
La indumentaria utilizada por los prometeros es la siguiente: pantalón y camisa de diario adornado con cintas; alpargatas, algunas veces adornadas según el gusto de cada uno y en la camisa un pequeña cruz bien sea de palma o cinta. El capataz usa un mandador o látigo: un palo cubierto con un tejido elaborado con cabuya y en la punta una tira de cuero, para espantar a los intrusos y provocadores, en su mayoría muchachos.
Los instrumentos musicales utilizados son: un cuatro, el cual fue incorporado por el señor Aular y un tambor pequeño (antiguamente se usaba un tambor grande del tamaño de un redoblante). Este bimembranófono mide 17 cms. de altura se le pone cuero de venado y es amarrado con bejuco, los parches son entrelazados con mecatillo y se toca con un palo de 20 cms. de largo. Cada diablo lleva una maraca. Las personas que tocan el cuatro y el tambor no se visten de diablo.
Las mascaras son elaboradas de camasa (Lagenaria siceraria) mejor conocida como totumo, las fabricaba el propio Aular. Algunas son de forma zoomórfica y por ojos espejos: antiguamente eran de papel y madera. Como la máscara solamente cubre el rostro, se complementa con tela. Generalmente roja, con ella se cubría el resto de la cabeza, al igual que en algunas etnias de África Occidental.
El día de Corpus comienza a las 8 de la mañana con la llegada de los prometeros. Se efectúa el primer toque, luego van a la iglesia, bailando al frente de esta. Hacen una visita a la jefatura donde han pedido el permiso correspondiente. Igual que en la época colonial ese permiso era solicitado a los amos o caporales de las haciendas por los esclavizados. Durante el día siguen las visitas a las casas hasta altas horas de la noche, o se trasladan a pueblos vecinos.
Mientras se baila frente a una casa el diablo mayor o capataz saca un pañuelo y lo entrega a uno de los miembros de la familia visitada y este lo devuelve con algún donativo.
Los diablos de San Rafael de Orituco no tienen una cofradía en el sentido exacto de la palabra. Antiguamente en la vivienda de Antonio Aular se guardaban el tambor, las mascaras, el cuatro, las máscaras y la ropa. El dinero recabado durante el jueves de Corpus se reparte entre los prometeros para comprar las velas del Santísimo.
Aunque puede haber variado el objeto y el sentido ancestral de la fiesta de Corpus en San Rafael, esta conserva su forma.


EL SOMBRERO


Esta población es la capital del Municipio Mellado. Hacia el año 1927, aparecían los diablos de El Sombrero, guiados por su jefe Pilar Olivero. Todos los danzantes eran afrodesendientes, se vestían con tela de zaraza roja, se colocaba un rabo y en la cintura era amarrado un cencerro. El capataz de esos diablos llevaba un mandador para espantar a los intrusos. Los instrumentos musicales eran: un redoblante, un cuatro y una maraca para cada diablo.
La máscara tenía aspecto zoomórfico, la trompa era de madera y el hocico de alambre; forrados con papel y un par de cachos. La careta se ataba a una tela roja colgando hacia atrás.
Cuando sentían (Aretz: 1947), los toques de alza de media misa, los diablos corrían a tenderse boca abajo, frente a la iglesia; después de la salida bailaban, y a continuación recorrían el pueblo brincando. Esta costumbre desapareció en El Sombrero cuando murieron estos negros.

TUCUPIDO

Esta ciudad es la capital del Municipio José Félix Ribas, según testimonio de la profesora Isabel Aretz (1947), “…encontramos que antiguamente los diablos usaban careta cosida al manto. Utilizaban un cuatro, se visten de colores y se pintan la cara con carbón”. Esta diablada estaba integrada por tres personas. Se visten de colores y en número de tres recorren las casas del pueblo.

Fuentes consultadas:


ARETZ, Isabel. “La fiesta de los diablos”. En: Revista Venezolana de Folklore. Caracas: Tomo I, N° 2, julio-diciembre de 1947. Pp. 91-110.
BALOGUN, Ola. “Forma y expresión en las artes africanas”. En: Introducción a la Cultura Africana: aspectos generales. Barcelona: Serbal/UNESCO, 1982.
MACHADO, Adolfo A. Apuntaciones para la historia (obra escrita entre 1875 y 1899). Introducción de Don J.A. De Armas Chitty. Notas del Dr. Pedro Rafael Arévalo. Madrid: Publicaciones Amexco, 1961.
MARTÍ, Mariano. Documentos relativos a su visita pastoral de la Diócesis de Caracas 1771-1784. II Libro Personal. Estudio preliminar y coordinación por Lino Gómez Canedo, OF.M., Academy of American Franciscan History. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, 1969. (Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, 9).
Fotografías: Arturo Álvarez D´ Armas.

lunes, 28 de junio de 2010

VIVENCIAS DE UN TUCUPIDENSE- ZULIANO: Dr. HECTOR SERVIDEO SOTO

Ponencia presentada en el II ENCUENTRO DE CRONISTAS E HISTORIADORES DEL ESTADO GUÁRICO EN TUCUPIDO. MAYO DE 2010. CASA DE LA CULTURA RAFAEL RENGIFO. CONMEMORACIÓN DE LOS 250 AÑOS DE LA FUNDACIÓN DE TUCUPIDO, CAPITAL DEL MUNICIPIO RIBAS EN EL ESTADO GUÁRICO.


Manuel Soto Arbeláez


I. Presentación. Me ha sido de grato placer transcribir las notas vivenciales de estimados paisanos guariqueños. Considero que a los hombres y mujeres que hayan hecho carrera positiva a favor del país, se les deben reconocer sus méritos cosa que estoy tratando de hacer con algunos de ellos, en vida o ya desaparecidos. Las siguientes notas vienen de puño y letra de mi querido y estimado médico tucupidense Héctor Servideo Soto, residenciado en el Zulia desde 1951, hasta la fecha de su muerte el 27 de Noviembre 2007, donde hizo carrera en unión a su esposa, también médico, la Dra. Haydee Parra. Murió en Maracaibo rodeado del cariño de sus hijos y esposa. Los siguientes párrafos van dedicados en este Encuentro de Cronistas de Tucupido, a este valioso hijo suyo.

II. Orígenes y Educación Primaria. Dice el Dr. Héctor Soto: “Nací en Tucupido, Edo. Guárico el 06-05- 1923, en el seno de una familia humilde. Hijo de Josefa Antonia Soto, tuve cinco hermanos: Rosa, Zoila, Josefa, Garibaldi y Sara. Asistí a la primera Escuela Graduada de Tucupido, la “Narciso López Camacho” hasta el 5to grado, donde tuve valiosos y preocupados maestros por nuestro aprendizaje, a quienes admirábamos por su honestidad y sencillez, signos elocuentes de la pureza de sus almas. He aquí algunos de ellos: Luís Guglieta Ramos, Vicente Arellano, Eleazar Lozano, quien llevó a la Escuela métodos modernos, eliminando la palmeta como medio para el castigo por cualquier falta o travesura propias de la edad y en su lugar estimulaba nuestra estima y formación con sabios consejos. Compartieron conmigo, de 1933 hasta 1938, los bancos de la Escuela apreciados compañeros, cultivando la camaradería y la amistad entre todos. Algunos de ellos: Rafael Celestino Rengifo, Isidoro Mendoza; Emilio y Rubén Carpio Castillo, Rafael Panzarelli, Emma Ponce, Rosa Emilia Armas y otros.

La narración continua así: “Con Celestino Rengifo y el Profesor Lozano conseguimos una imprenta para la Escuela y elaboramos con nuestro esfuerzo y trabajo el primer periódico infantil en Tucupido, titulado El Chiquilín. Como en la Escuela no había sexto grado tuve que trasladarme a Valle de La Pascua para terminar mi educación primaria en la Escuela Graduada Leonardo Infante durante el año 1939, donde tuve la fortuna de encontrarme con un maestro y Director profundamente humano y solidario que me enseñó la mejor disciplina en el estudio y la conducta para ser un buen ciudadano ¡Cuanto le agradezco su empeño! se trata de Alberto I. Padra. Recuerdo algunos compañeros de escuela: Manuel Castro Oropeza, Luis Lasaballet, Isidoro Hernández, uno de los hermanos Flores Díaz y otros.

III. Educación Secundaria. “Terminado el 6to. Grado con un rendimiento óptimo, y como en Valle de la Pascua no había Liceo, me trasladé con mi madre a San Juan de Los Morros en busca de una ayuda-beca para estudiar bachillerato y nos entrevistamos con el Gobernador y su Secretario Aníbal Paradisi. Con una respuesta muy positiva, habida cuenta de la claridad de mi visión futura, la beca fue de Bs. 91 mensual, lo cual me permitió ingresar a una residencia estudiantil y al Liceo Juan Germán Roscio en San Juan de Los Morros, donde permanecí desde el año 1940 al 43, compartiendo con mis compañeros los encantos de la juventud. Recuerdo con mucha deferencia a mis profesores, quienes vertieron en nosotros sus conocimientos: al Dr. Miguel Chacín, Pedro Natalio Arévalo, al Dr. Leal, al Dr. Martínez Villasmil, al Sacerdote Timoteo García de Corpa, a Guillermo Meneses, y al profesor Pineda, entre otros”(..).

Compartían las aulas de clases y/o la Residencia estudiantil, entrañables amigos, difíciles de olvidar: Fernando Alvarado hijo, Fabián Zerpa, Eduardo Toro, Ramón de J. Heredia, Guillermo y Ángel Loreto. Guillermo Dumith, José Inés Pérez, Napoleón Ledezma, David Díaz, Pedro Díaz Seijas y Rubén Rodríguez. Entre ellos hubo uno con quien coseché una sincera y fraternal amistad: Fernando Alvarado Guzmán, hijo, la cual mantuvimos siempre fresca al lado de toda su familia y por toda la vida en especial con sus padres: Don Fernando Alvarado y Misia Aida Guzmán de Alvarado, quienes me brindaron un amor puro, acogiéndome en su hogar como un miembro más de su familia, noble gesto digno de mi eterna gratitud y de la gracia de Dios para esta familia sanjuanera”

IV. Caracas. Estando ya en la Capital dice Héctor Servideo: “Terminado el bachillerato en el Liceo Roscio de San Juan de los Morros, me fui a Caracas a estudiar Pre-universitario en el Liceo de Aplicación anexo al Pedagógico de la capital en el año 1944, allí tuve como profesores a excelentes y exigentes maestros de la docencia: Pérez Rodríguez, Sansón, Arroyo, entre otros. Es bueno recordar que ese año era el filtro exigente no sólo para los estudiantes que venían del Interior, sino para los de Caracas también, por lo cual los que tenían posibilidades económicas emigraban a Valencia. Yo me crecí ante el compromiso y salí adelante. Luego ingresé a la Universidad Central de Venezuela en el año 1945, ese fue uno de los momentos más felices de mi vida, al pensar que un niño veguero de un pueblo llanero, con toda una carga de necesidades, estaba de pié y ante la estatua del Sabio José María Vargas y me prometí a mí mismo, y a los míos, que aprovecharía al máximo la oportunidad que Dios y la Patria me ofrecían. Allí tuve profesores brillantes, verdaderos gigantes de la medicina quienes volcaron sus extensos y profundos conocimientos sobre nosotros, dignos ejemplos a seguir. En los primeros años los profesores José “Pepe” Izquierdo, Montbrun, Pablo Izaguirre, los hermanos Plaza Izquierdo, Rojas Contreras, O´ Dali, Félix Pifano. En la segunda etapa, o de las Clínicas, recuerdo a los profesores Ruiz Rodríguez; al zaraceño Hernández Rodríguez (Bambarito), Pérez Carreño, Blanco Gásperi, al zaraceño Manuel Vicente Méndez Gimón, Pastor Oropeza (Padre de la Pediatría Venezolana), Ernesto Figueroa, Gabriel Trompiz, Méndez Castellanos, Gabriel Barrera Moncada, Espíritu Santos Mendoza y Ernesto Vizcarrondo. Y entre los compañeros de curso mencionaré algunos; Vicente Armas, Josefina Tejeda, Emilio Carpio, Josefina Brington, Alexia Sandoval, Martínez Suárez, Víctor López García, Gustavo Silva, Romero Páez, Ligia Padilla, Luís Cuenca Pérez, Eladio Díaz y Ríos De Vicente.”(..)

V. Penurias de un estudiante. Recordando sus pasantías por 7 pensiones en Caracas, que una de las que le dejó más recuerdos “Fue una pensión situada en las desaparecidas esquinas de Pájaro a Tejar, que considero como la más emblemática de mi vida estudiantil, (pues) era manejada por un hombre rudo, poco afable y de modales carentes de los Consejos de Carreño en su libro de urbanidad y buenas costumbres; la administraba como un feudo que soportábamos con estoicismo los estudiantes de diferentes facultades y empleados y/o oficinistas del comercio y entes públicos. Su interés principal era el provecho económico a expensas del estómago de los comensales. Con esta escasa ración iniciábamos las actividades del día, hasta regresar al almuerzo a ingerir lo que a él se le antojara”. Recuerdo a un paisano guariqueño que compartía esta penuria con el resto de los pensionados, el hoy abogado Dr. Máximo Salazar Carchidio, estudiante siempre vestido elegantemente(..). Continua el Dr. Soto: “Como no podíamos estudiar por las noches, porque argumentaba que “se gastaba mucha luz”, teníamos que emigrar a las plazas públicas cercanas: la del Nuevo Circo, la Henry Clay, la Plaza España y otras. Algunas veces expoliados por el hambre de la media noche un compañero y yo, consumíamos de la nevera todo cuanto podíamos: hasta zanahoria, remolacha, lechuga, etc., todo lo cual despertó la ira del patrón, que así lo llamábamos, y esto lo solucionó encadenando la nevera durante las noches. En otras ocasiones más afortunadas, como estudiábamos en las plazas hasta altas horas de la noche, ocasionalmente se presentaban situaciones muy gratas: se nos acercaban algunas personas alegres bajo los efectos del alcohol y comenzábamos un diálogo más o menos en estos términos: -Hola Br., ¿qué están estudiando? Le respondíamos (que) Medicina. Bonita y noble profesión, -¿De dónde vienen?- Del Llano, -Bonita Región, ¿Y no tienen frío y hambre a estas horas de la noche? De todo un poco, pero estamos acostumbrados...-Ya se lo vamos a quitar vamos al cafetín del Chino de la esquina y allí comerán una tostada, una torta burrera con almíbar, una gelatina o un café, según prefieran. Consumido el contenido de tan generoso gesto, le expresábamos nuestra gratitud más sentida, entonces él se iba con su marcha vacilante y palabreando un monólogo –El llanero será un buen médico para curar a nuestro pueblo. ¡Si señor!- y así se alejaba esa alma generosa y caritativa ante la necesidad del prójimo(..). “Como la pensión también alojaba por 3 a 4 días a comerciantes del interior que venían a realizar transacciones comerciales, se contaba entre ellos un señor de mi pueblo Tucupido: Vicente Morales, quien me distinguió con su afecto y sincera amistad, mutuamente compartida. Cada vez que llegaba a la pensión preguntaba por mí y me decía: Br Soto mientras yo esté aquí Ud. está invitado a almorzar conmigo en el Restaurant “Mesa”, conocido éste por su exquisita comida de distintas regiones del país y en especial de la llanera. Cuando llegábamos al restaurant me decía: escoja lo que quiera comer y cuanto quiera. Invitación ésta que equilibraba la dieta deficitaria cotidiana. Cansado de la rutina de esa pensión y en busca de un mejor ambiente y alimentación, me mudé a casa de un compañero de estudios en la esquina de Torrero, en La Pastora. Al principio sentí el cambio que esperaba, pero a los meses siguió pasando a la rutina anterior, por lo cual me fui a la casa de doña Rosa de Olivares, de Socarrás a Puente Yánez, una familia con fuerte principios religiosos, de acuerdo a mi formación cristiana, pasando allí los 2 últimos años de mi etapa estudiantil. Durante ese lapso conocí compañeros de estudios y empleados públicos en un ambiente cordial y respetuoso. Guardo gratos recuerdos de esa muchachada. Durante ese tiempo realicé pasantías como Bachiller Interno y Residente en el Hospital Policlínico de Los Teques, donde logré experiencias muy valiosas con los Jefes de Servicios: Dres. Yánez, Morillo, Silva Santaella y otros maestros en sus especialidades y generosos en su práctica profesional. Como éstas, fueron muchas las experiencias y anécdotas vividas en esa inolvidable y recordada etapa de mi vida universitaria y con frecuencia en el atardecer de mi vida las evoco (aquí en Maracaibo) para refrescar mi memoria de tan bellos momentos”(..).

VI. El Diploma de Médico. “Por fin llegó el día de la anhelada graduación de Médico el 2 de agosto de 1951 en la promoción Dr. Pastor Oropeza en homenaje a tan honorable Maestro, día en que el Paraninfo de la Universidad Central de Venezuela (hoy Palacio de las Academias), se engalanó para recibir en Acto Solemne a los miembros de la Promoción con las Autoridades Universitarias presidida por guariqueño Rector Julio De Armas y nuestro Padrino Epónimo el Profesor Pastor Oropeza. Se nos invitó a hacer el Juramento Hipocrático y luego a recibir el Título de Médico Cirujano. Trascendental y memorable momento, donde una vez más sentí la bendición de Dios entre coros y cánticos, exaltando la alegría, la felicidad y el amor que palpitaba al unísono en el corazón de mi madre junto al mío, de mis familiares y amigos, lo cual dejó una huella imperecedera en nuestras almas. Al mismo tiempo en mi imaginación sentí la presencia del Dr. José María Vargas que extendía sus brazos hacia mí, con una sonrisa de triunfo y me susurraba al oído: ya eres uno de los nuestros, cumplirás siempre con tu deber, y le he sido fiel a lo largo de mi vida”(..).

VII. Logros médicos, científicos y académicos del Dr. Héctor Servideo Soto. Uno de los mayores logros del Dr. Héctor Servideo Soto y de ejemplo para los Tucupidenses, fue vencer siempre las grandes dificultades ligadas a la pobreza y subdesarrollo presentes en las poblaciones del interior venezolano durante la primera mitad del siglo veinte, que impedía el desarrollo intelectual y humanístico de sus habitantes. Huérfano de padre a los 4 años de edad y de origen humilde, Héctor S. Soto logró con su gran tenacidad e inteligencia manifestada desde su niñez y con el apoyo de su madre, Josefa Antonia Soto y su hermana Rosa Soto, obtener una beca para continuar sus estudios al terminar el 5º grado en Tucupido. Su buen rendimiento académico le permitió conseguir una Beca de la Compañía Creole para realizar sus estudios universitarios en la Escuela de Medicina de la Universidad Central de Venezuela y obtener el Título de Médico Cirujano con excelentes calificaciones, convirtiéndose el 1º de Agosto 1951 en el primer médico nacido en Tucupido.

En Diciembre 1961, se gradúa de Especialista en Puericultura y Pediatría en la Universidad Central de Venezuela, con la máxima calificación de 20 puntos, convirtiéndose en el primer pediatra Tucupidense y, el Título de Doctor en Ciencias Médicas en la Ilustre Universidad del Zulia con la presentación de su Tesis Doctoral el 04 de Marzo de 2001, cincuenta años después de su graduación en la UCV, lo que indica que nunca cejó en su afán de superación.

Durante su vida profesional el Dr. Héctor S. Soto fue considerado por sus colegas y discípulos como un pediatra insigne, porque ejerció la profesión con mucho amor, mística, dedicación y asumiendo con gran responsabilidad a cada uno de sus pacientes aplicándoles los mejores tratamientos en el momento oportuno para lograr su curación. Fue, además, un incansable luchador por la igualdad de sus pacientes más necesitados.

Gracias a sus cualidades científicas y humanas, en Julio del 1977 se convirtió en Profesor Universitario en el Departamento Docente de Pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad del Zulia, ganándolo por concurso de oposición y ejerció los cargos de Coordinador de la Cátedra de Propedéutica Pediátrica en la Unidad Docente Hospital Chiquinquirá de la Universidad del Zulia, Profesor de Clínica Pediátrica. En el año 1982 fundó la Unidad Docente Hospital Materno Infantil Cuatricentenario de Maracaibo, coordinándola hasta su jubilación en el 1998.

En Julio de 1978 ganó el concurso de oposición como Jefe de Servicio de Pediatría fundando el Servicio de Pediatría dependiente del Hospital Materno Infantil Cuatricentenario de Maracaibo, cargo que ejerció hasta su retiro por enfermedad en el 2002.

El doctor Héctor Servideo Soto fue nombrado Padrino Epónimo de 4 y Padrino Honorario en 10 promociones de Médicos egresados de la Universidad del Zulia. Asistió durante su carrera médica a más de 120 cursos de Actualización en Pediatría, Jornadas y Congresos presentando trabajos científicos originales sobre el tema en 17 oportunidades. Fue miembro de 7 Sociedades Científicas: fundador y Presidente de la Sociedad Médica de Cabimas, Miembro Honorario y Presidente de la Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría, Filial Zulia, Miembro Fundador y Honorario de la Sociedad Zuliana de Perinatología (AZUPERINAT), Miembro de la Sociedad Venezolana de Infectología y Miembro de la Academia Americana de Pediatría y fue Miembro Fundador del Colegio de Médicos del Estado Zulia

En su matrimonio con la Dra. Haydee Parra de Soto, Héctor Servideo Soto constituyó un hogar con elevados valores éticos, morales y cristianos ejemplo de honestidad, rectitud y responsabilidad, valores que inculcó a sus hijos, a sus discípulos y a toda su familia. Tuvo la oportunidad de recoger sus frutos en sus hijos, familiares y en sus alumnos. Sus 8 hijos obtuvieron títulos académicos con excelentes calificaciones, tres de los cuales Summa Cum Laude: un médico veterinario, una enfermera, una administradora, dos médicos cirujanos, un ingeniero agrónomo, un arquitecto, y un abogado sacerdote jesuita filósofo y teólogo.

El Dr. Héctor Servideo Soto fue un hombre cristiano enemigo de la ostentación y el derroche, buen hijo honrando a su madre y benefactor de toda su familia, hermanos, sobrinos, hijos, y nietos. Fue un hombre amante de la naturaleza y de todo cuanto lo rodeaba: amó el arte, la música clásica, la lectura y las culturas que conoció en sus viajes alrededor del mundo, y nunca olvidó a su Tucupido, pueblo que lo vio nacer el 6 de mayo de 1923 y al cual visitaba frecuentemente junto a su esposa e hijos. Dio ejemplo de honestidad, rectitud, responsabilidad a toda su familia y a quienes le conocieron en el desempeño de su vida hogareña, como pediatra, como profesor universitario y como ciudadano de este país.

Sufrió con humildad y paciencia su larga y penosa enfermedad y falleció rodeado del amor de todos sus seres queridos el 27 de Noviembre 2007, a los 84 años de edad. Su vida fue, es y será motivo de inspiración para familiares, amigos y generaciones futuras de su querido Tucupido, población que estuvo siempre sembrada en sus recuerdos.

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Notas: Estos logros fueron escritos por su esposa y todos sus hijos quienes fueron aportando referencias alusivas a tal fin.

jueves, 24 de junio de 2010

VALLEPASCUENSERÍAS (1)

Manuel Soto Arbeláez


I. La Pascua. A Valle de la Pascua llegó un joven abogado en 1920 para ejercer su oficio. No se había producido aún el reventón petrolero, el 14/12/1922, de un pozo llamado “Los Barrosos” en el Zulia, que traería la llamada fiebre del petróleo y sus royalties derivados. Antes, desde 1913, se venía explorando y perforando pozos que prometían mucho. Después se produjeron subsiguientes eventos relativos a esa actividad que traería un nuevo tipo de riqueza a nuestro país. Desde 1916 se sospechaba por prospecciones hechas que en el Oriente del Guárico, en Monagas, en Anzoátegui y otros Estados de la nación que hubiera en sus entrañas terráqueas grandes cantidades del llamado Oro Negro, al igual que en el Zulia. Sin embargo, desde tiempos de La Colonia se había conservado el principio que toda riqueza mineral subyacente a la corteza o subsuelo era propiedad del Estado. El Libertador Simón Bolívar en todas las constituciones que hizo aprobar conservó este principio que todavía prevalece; pero el ciudadano dueño de los terrenos donde se sospechaba la existencia del hidrocarburo, podía obtener los llamados “royalties”.
Esa es la razón para que Juan Penzini Hernández –natural de Aragua de Barcelona-, viniera a esta ciudad a asesorar legalmente a los dueños de fincas agropecuarias, en el sentido de registrar a éstas ante el Ministerio de Fomento estableciendo las condiciones sobre las cuales las operadoras petroleras actuarían en sus propiedades. Simultáneamente en esta ciudad, en la llamada calle Zaraza, también se estableció el Dr. Rodolfo Moleiro Sánchez Ron con la misma finalidad.
Lo cierto es que Penzini Hernández apenas llegó comenzó amores con una dama de la “Alta” sociedad vallepascuense. Amores que fueron cortados en seco por los padres de la muchacha porque “ese joven no tiene futuro”, lo cual resultó un craso error pues el Dr. Penzini, quien nació en 1897 y murió el 01/07/1974, con el tiempo llegó a ser ministro de la corte suprema, ministro del gabinete ejecutivo y senador en los gobiernos de Juan Vicente Gómez, de López Contreras y de Medina Angarita. Casó, al irse de Valle de la Pascua, primero con Ana Felice y luego con Yolanda Iturbe, con descendencia. Fue hermano del Dr. Pedro Penzini Hernández, casado con María Fleury Cuello; hijos ambos de Rafael Penzini Hernández y de Angélica Hernández Parés. Fueron nietos del corzo Jean Penzini casado en Aragua de Barcelona con María de Jesús Hernández Bastardo.
También nació en Aragua de Barcelona Isidro María Penzini Hernández, y en los libros del presbítero Manuel Acereda Lalinde se anota a Catalino Penzini Hernández, hijo legítimo de Isidro María Penzini y de Celsa Hernández. Del consectario de Aragua se saca que Catalino casó en 1888 con Eloisa Lander Cardier. Del mentado consectario notamos que Juan Rafael Hernández Parés, nacido en 1871, fallecido el 24 de junio de 1950, era casado con María de Jesús Alfaro Penzini, perteneciente a esta familia.
II. Parmana. Jacinto Ramírez de Salazar falleció soltero en Taguay el 21 de julio de 1800, vecino de Conoropa otorgó testamento el 17/12/1797 ante el Justicia Mayor de Camatagua. Fue junto a su hermano –o pariente- don Jacobo Ramírez de Salazar uno de los terratenientes más poderosos de los Llanos Centrales, cuyas posesiones incluían grandes porciones de tierra en Parmana, más la isla de este nombre que se encuentra en el río Orinoco. Conoropa está cerca de San Rafael de Orituco. Allí se fundó en 1585 San Sebastián de los reyes, en jurisdicción del actual estado Guárico. ¿Pero qué relación hay entre estos dos hermanos muertos solteros con el Distrito Infante? Muy sencilla: los terrenos de la parroquia Parmana, que fueron suyos, siempre ha pertenecido a este Distrito, ahora Municipio Infante. De acuerdo a tres artículos que sobre el tema publiqué en la prensa del Guárico en los cuales demostré una relación familiar estrecha entre los Ramírez, Buróz, Tovar, Bañes y Cobeña el hato, inicialmente indiviso, ha sido dividido entre herederos de estas familias, más ventas de lotes que se han efectuado a terceros a finales del siglo XIX y en el siglo XX. El general en jefe don Joaquín Crespo Torres, guariqueño nacido en el espolón de Aragua, fue uno de los grandes terratenientes de la zona. A su muerte las 100.000 hectáreas que allí poseía fueron objeto de embargos y juicios que los herederos perdieron.
III. La Pascua. Pedro Manuel Escobar Irazábal, de los héroes de la batalla de Carabobo con el grado de Capitán, quien testó en 1856 en La Pascua, casó con Obdulia Gutiérrez, teniendo como hijos, entre otros, a Benito, Ricardo, Pedro Manuel y a María Francisca Escobar Gutiérrez. Don Ricardo Escobar Gutiérrez, muerto en 1899, fue amigo del doctor Víctor Manuel Ovalles a quien contaba historias del pueblo donde había nacido en 1828. Don Ricardo fue tío de Pedro Manuel y Gerónimo Escobar Ramírez, ambos distinguidos intelectuales vallepascuenses con obra dispersa en los diferentes periódicos que allí se editaban. Pedro Manuel, de espíritu tranquilo, desarrolló una labor pedagógica y fue funcionario, eterno secretario del Concejo Municipal del Distrito Infante, mientras que Gerónimo tuvo una juventud fogosa, bohemio de buena copa y de buen estilo literario distinguiéndose por su encendida oratoria y su conocimiento de leyes y preceptos. No se conoce descendencia de estos dos ilustres ciudadanos.
IV. La Pascua. En varios artículos de prensa hemos referido la actuación del Dr. Ángel Graterol Tellería al frente de la empresa Venezolana de Inversiones C. A. (llamada popularmente en Valle de la Pascua como la VICA), empresa que construyó los tramos carreteros de esa ciudad a Zaraza y a Santa María de Ipire. A su lado estuvo siempre como su adjunto y administrador el ingeniero civil Rafael Recao Reverón de familias de Angostura, ahora llamada Ciudad Bolívar. Era hijo de Anita Reverón Machado y de Rafael Recao Hermoso, nieto por vía materna de Nieves Machado Siegert, descendiente directa del general José Tomás Machado Contasti, primer gobernador de Angostura y firmante del acuerdo que en esa ciudad se celebró para dar paso al nacimiento de la segunda república; y de Manuel Felipe Reverón Garmendia. Por vía paterna Rafael Recao Hermoso era hijo de Julia Hermoso Tellería, descendiente directo del primer Marqués de Torrecasa. El doctor En Ciencias Físicas y Matemáticas -ingeniero civil- Rafael Recao Reverón contrajo estado con Yollete Maldonado Ponce, con quien vivió parcialmente en Valle de la Pascua mientras duró la ejecución de las carreteras mencionadas. Una de sus hijas nació en La Pascua a principios de los 1940s.
V. Chaguaramas. En el periódico El Voto de Miranda, Nº 54, del 13/10/1898, aparecen unas declaraciones de doña Severa Camero de Belisario, esposa del coronel chaguaramero Antonio Belisario, muerto en 1848 cuando los sucesos en el Congreso Nacional del 24 de enero de ese año, y hermana del general Facundo Camero de la camada de oficiales de la Guerra de la Federación. La señora dice ser de Chaguaramas y que cuando era una niña debió emigrar a Maturín en 1814, huyendo del terrible Boves que poco a poco se iba apoderando del país en llamas. Fueron varias las familias de Chaguaramas y Espino que emprendieron esa odisea, conocida en la historiografía venezolana como “La emigración a Oriente”, capitaneada desde Caracas por el general Simón Bolívar. Uno de los personajes que emigró desde Chaguaramas fue Juana Ramírez, “La Avanzadora”. MSA. E-Mail: manuelsotoarbelaez@yahoo.com Los Libros El Guárico Oriental 1, 2 y 3 en Librería La Llanera, calle Guásco, frente a la plaza Bolívar, Valle de la Pascua.

sábado, 19 de junio de 2010

LONGEVIDAD GUARIQUEÑA

Los cien años de don Justo León


Adolfo Rodríguez

El Liberal del 7 de noviembre de 1843 reporta el caso de María Serafina de la Cruz, de San Sebastián de los Reyes, nacida en 1713. Su fe de bautismo revelando un “extraordinario caso de tanta longevidad en los trópicos y en la condición infeliz de una sierva, la que continuaba en su perfecto juicio y razón hasta ahora poco que cayó enferma con una fuerte calentura y puéstose decrépita”.

Don Justo en uno de sus conucos. Fotografía de Adolfo Rodríguez

Mientras la Gaceta de Venezuela del 1º de septiembre de 1832 registra el caso de Antonio Rodríguez, natural de Villa de Cura, nacido en 1726, y su esposa Paula Custodia Pereyra de igual pueblo y diez años menos, casados en 1758, Ancianos ya cuando se declaró la Independencia. El periodista anota que “parecía natural que personas de tan avanzada edad quedasen apegados el 19 de abril a las instituciones españolas”. Pero ambos se identificaron con la revolución y cuando hubo que emprender el gran desarraigo de 1814, ante las bravas polvaredas del llano, emigraron a Oriente, tras el demacrado rostro del joven Bolívar. Y a pie. El de 88 años y ella de 78. Retornaron y pasando Paula en 1828 de San Juan de los Morros, con otra señora de 60 años, estando el río Guárico crecido, se ahogó la más joven, sobreviviendo Paula con sus 92 años gritando y asida de una rama. Antonio murió a los 106 años, con toda su robustez montando a caballo, intactos los sentidos y la lucidez.
¿Acaso hay una clave, en estas tierras del Guárico y el sur de Aragua, para sobrevivir más allá de las expectativas?
Don Claudio Sánchez cumple 110 años en 1979 en Altagracia de Orituco trabajando con una carreta. No bebía ni fumaba y nada lo agitaba según reportaje del periodista Víctor Pérez Pérez.
Valentín Requena alcanza cien en 1991 y de acuerdo con el periodista Ali Almeida, gracias a una fórmula de caldo de caraotas con arroz
Y ¨La abuela de San Juan” como la llamo Almeida en El Nacionalista del 9 de noviembre de 1980, a Doña Dominga Muñoz de González, celebraba 126 en su residencia familiar de la Calle La Gloria del sector La Morera de San Juan. Falleció tres años después en San Rafael de Orituco, donde había nacido el año en que el Presidente Monagas abolió la esclavitud. Como otras niñas del interior venezolano se forma en el recio trabajo campesino, pilando, planchando, cocinando, hilvanando la ropa con qué vestirse a sí misma y a los suyos. Supo, pues, de las revoluciones, cautiverios, pestes, cataclismos: ¨He visto tanto que ya casi no veo¨.
Antonio Ratia explica a Manara (1985) que “en ese entonces duraba la gente¡ Por lo menos, la señora llamada Doña Antolina Matos –que esa fue aya del Dr. Lazo Martí- murió aquí de cientodoce años.¡Figúrese¡ Aquí en Calabozo¡“,
Ahora es don Justo León, zaraceño, a cuyo centenario están invitando hijos, nietos, bisnietos, tataranietos y choznos, este viernes 18 de junio del 2010, en Zaraza, con tanta claridad de vista y mente que ha comentado acerca de las características de una tataranieta que tiene en Europa. Fue conuquero, arreador de ganados y hombre de parrandas y garrotes, Es nativo de El Corozo, cerca de Zaraza y cifrando los noventa años nos dijo:
-Yo soy viejo bastante e verdad. Estoy dominao por los años.
Aunque jamás hemos visto esa actitud vencida en él ni siquiera ahora que volvimos a entrevistarlo acercándose a su primera centuria. No se resigna a templar el cacho, tal es la lucidez que le permite relatar hechos que se extienden más allá de mantiene de su nacimiento y un organismo lo suficientemente sano como para comer de noche cachapa con cochino frito.
Por chanza, presumimos, dijo una vez que él era fumador, tomador de caña, peleador, mujeriego y vagabundo. Y muchas cosas más como puede aún contar:
- Dios me dio ese poder
No es el único bendecido por la longevidad en tales mundos. Y entre sus familiares, cuenta que sobrepasaron los cien por El Cujial:
Justo y Visitación Mendoza hasta los 115
Justo Mendoza, quien sólo se bañaba si llovía porque “la cáscara guarda el palo”,
Tomás Ramón Mendoza 110, a quien le salió costra en los pies
La abuela de don Justo: Victoria Toro y los hermanos de ésta -Dionisio y Teodoro- que superaron los 100
Y más allá del Cujial, Pedro Aguilar, la misma edad-
Y hacia la Calceta, La Yegüera, por Masaguaro, Avelino Machado, hijo de Jesús Toro Balza y de Obdulia Machado, hasta los 110 años.
Y en Las Delicias, Lino Toro mas de cien
Habiendo conocido a Lino Castro, en Las Mulas, centenario también y a Fabián Maza de 120, quien decía haber combatido al lado de Bolívar.
Y a José Inés Pimentel, de la guerra de independencia también, nativo de Coro y fallecido en la quebrada de Ipire a los 120.
Los saldos de una inteligencia que quizá persiste en esos montes

El Motor de aire desafía la segunda Ley de la Termodinámica. Invento de un guariqueño.