jueves, 21 de octubre de 2010

Falleció el escritor Pedro Sivira

Sivira era oriundo de Las Mercedes del Llano, estado Guárico; se destacó como escritor de la novela del petróleo y crítico literario.
Pedro Sivira, escritor y crítico literario, autor de Fantasmas y los residentes
A la dos de esta madrugada de este miércoles se registró la triste noticia del fallecimiento del escritor guariqueño Pedro Sivira, autor de Fantasmas y los residentes (2da Ed, 1993)y W Company
Sivira era oriundo de Las Mercedes del Llano, estado Guárico; se destacó como escritor de la novela del petróleo y critico literario. Fue editor de las páginas culturales del Diario El Nacionalista, y para la fecha trabajaba junto con el editor de este periódico, Leonardo Lalo González, en la producción de varios proyectos investigativos.
También, don Pedro Sivira era editor del portal electrónico Kandil Editores, un proyecto comunicacional que venía desarrollando con el periodista José Obswaldo Pérez.
Sivira falleció de un paro cardiaco.

Información y fotografía tomadas de http://fuegocotidiano.blogspot.com/2010/10/fallecio-el-escritor-pedro-sivira.html

martes, 28 de septiembre de 2010

PUERTAS Y VENTANAS DE CAMAGUÁN

Fotografías: Arturo Álvarez D'Armas

Una vez llegué a escribir que Camaguán es un
pueblo de argonautas. En su orilla es un mitológico puerto de agua dulce, un espejismo muy alejado del salobre aire del oceano. Mas allá de sus arenosas calles buscar el vellocino es una mera excusa, es solo otro modo de velar la eterna lujuria del hombre por el paisaje. Es optar por la absoluta mudez, cortar las ajadas ataduras del lenguaje. Alienarse en la imagen pura del verde. Y más adentro es encontrarse con el óxido de la luz sobre el viejo lienzo de las paredes, una veces desvencijado por el paso poroso del tiempo de los hombres y otras remozado como el crudo rostro de una Penélope entregada a la devoción de la nostalgia. Hoy Arturo Álvarez D'Armas nos presentan estas imágenes tomadas con un pulso ingenuo y acertivo en el acento verdadero del instante. Ancianas puertas y ventanas de Camaguán, serenas muecas que en la cálida metáfora del llano resisten la erosiva presencia de un escandaloso presente.
Jeroh Montilla






































































CONVERSATORIO EN CUMBITO

Edgardo Malaspina

El sábado, 18 de septiembre de 2010, se realizó un conversatorio en el sitio de Cumbito, organizado por el profesor Fernándo Rodriguez , cronista de Ortiz ; y con la participación de Oldman Botello, Adolfo Rodriguez, Jeroh Montilla, Felipe Hernánadez, Eduardo Lòpez, Ruben Páez, Osbwaldo Pérez y quien estas líneas escribe.

Temprano nos reunimos en la Rodriguera, la casa de Fernándo Rodriguez, quien amablemente nos mostró algunas piezas con valor museístico que adornan su morada: la mesa y el sillón donde Miguel Otero Silva escribió Casas Muertas, la vitrina y una vajilla de porcelana que pertenecieron al Tuerto Vargas; libros venerablemente viejos ; y un cuadro peculiar de Las Tres Divinas personas con más de un siglo de existencia. Mientras tomamos café, Adolfo nos obsequia un ensayo sobre la vida del Dr. Guillermo Palacios, un esbozo sobre la personalidad íntima de Lisandro Alvarado, y tres tomos que recogen todo lo relacionado con la pandemia de gripe en Venezuela en 1918. ¡Una verdadera joya!.

Botello me entrega el número más reciente de la revista Expresión, de buena presentación y factura y con excelentes artículos.

Pasadas las nueve partimos hacia Cumbito. Don Oldman es el baquiano. A 5 kilómetros en dirección Ortiz - dos Camimos hay un desvío. Una valla nos orienta: “Bienvenidos a Cumbito Camino Real para los Llanos del Sur. Por aquí pasaron Mariano Martí, Alejandro de Humboldlt, Bolívar, Morillo, Sach y otros…”

Por una carrera de granzón llegamos al fundo La Ceiba, propiedad de la familia Díaz-Vilera. En una churuata todo está dispuesto para la conversación: mesas, sillas y café. Un arpa colgada del techo y un babo disecado adornan la estancia. Antiguamente en el centro del fundo estaba una gran ceiba que el fuego consumió una tarde calurosa y triste. Pero cerca crecen dos ejemplares que honrosamente la sustituyen.

Oldman Botello inicia exponiendo la importancia del camino desde el siglo XVII hasta principios del XX. Habla de los personajes que lo transitaron, la misión Iturbe, etc ;y afirma que en 1912 el Ministerio de Obras Públicas reconstruyó el trayecto desde San Juan de los Morros hasta Calabozo. En 1913 un decreto contemplaba la reparación de la carreta San Juan de los Morros-Dos Caminos. Botello termina su intervención realizando citas del Obispo Martí, Ramón Páez y Francisco Michelena. Todos coinciden en lo impactante en el cambio del paisaje en el momento de hacer entrada a la zona que nos ocupa.

Eduardo López aclara que cerca se ubica el sitio denominado El Caimán, el cual según sus investigaciones logró precisar y fotografiar. Y es exactamente allí donde por primera vez Humboltd utilizó el término “llanero”, para referirse aun tipo específico de habitante de la región.

Fernándo Rodriguez habla de la familia Diaz Vilera –. Muestra un folleto que escribió sobre la misma, aclara el origen de la palabra “cumbito” y lo relaciona con África .

Jeroh Montilla interviene para indagar sobre las razones del cambio del camino y la aparición de las posadas. Se aclara que esos cambios son dictados por las jornadas o tiempo de traslado a pie o a caballo de un sitio a otro. La jornada, por lo general, se iniciaba en la madrugada, a las 3 am, y terminaba con el ocaso a las 5 de la tarde, aproximadamente. Es por eso que nuestros pueblos son equidistantes, afirma Felipe Hernández, recordando al Padre Chacín. Felipe también habla de la carretera La Villa-Calabozo.

Adolfo Rodriguez dice que el etnónimo o autogentilicio “llanero” fue utilizado por Humboltd, porque este sabio, junto a su hermano, el lingüista Guillermo de Humboltd, solía respetar los topónimos y términos regionales, ateniéndose al romanticismo de la época. Rodriguez hace hincapié en las observaciones que los distintos viajeros hacen al penetrar la zona llanera que nos ocupa. Remata que sería interesante hacer una expedición para tratar de buscar ese límite transcendental de la naturaleza que impacta los sentidos al demarcar la diferencia del paisaje.

Osbwaldo Pérez habla del comandante Vilera, militar con parentesco con lo familia que nos recibe ahora en su casa.

Nos obsequian con carne asada, cachapas, queso blanco , chorizos y cervezas bien frías.

Cae una fuerte lluvia, con ventolera y relámpagos. La reunión se acabó y Dios sabe lo que hace.

viernes, 24 de septiembre de 2010

RUINAS DE UNA IGLESIA EN MACAIRA

Carlos A. López Garcés
Cronista de Altagracia de Orituco
Distrito Monagas del Estado Guárico



Ruinas de una iglesia en Macaira. (Foto: C.L.G./1991)

La Junta Nacional Protectora y Conservadora del Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación, mediante resolución emitida en Caracas el 28 de julio de 1960 y publicada en la página 2 de la Gaceta Oficial de la República de Venezuela Nº 26.320, de fecha 2 de agosto de ese mismo año, declaró Monumento Histórico Nacional a todas las iglesias y capillas antiguas que había en el territorio nacional, terminadas o no y ya existentes para el año 1830, cuando fue constituida la república venezolana.


Sólo dos iglesias quedaron sujetas a esa declaración en el otrora distrito Monagas (hoy municipio José Tadeo Monagas) del estado Guárico. Una fue la iglesia San Francisco Javier en Lezama; la otra fue la del Arcángel San Rafael en San Rafael de Orituco. Ambas datan del siglo XVIII.

Las ruinas de una iglesia ubicada en frente de la plaza Bolívar de San Francisco de Macaira, en el cruce de las calles Urdaneta y Sebastián Rodríguez, no fueron ni podían ser amparadas por aquella medida porque su construcción aún no había comenzado en 1830. Al parecer, la edificación de ese templo la empezaron a mediados del siglo XIX, gracias a la recolección de colaboraciones y luego que los iniciadores del pueblo consolidaron la vecindad. Sin embargo, los trabajos debieron suspenderlos por falta de recursos para continuarlos, aunque después hubo nuevas colectas de dinero que sirvieron para proseguir la obra hasta construirle las paredes, incluida la del frontis, pero nunca concluyeron el edificio. Así, inconclusa, estaba todavía en las primeras décadas del siglo XX, cuando ya sus paredes presentaban daños muy severos por la acción de la naturaleza. Habría sido un templo de treinta metros de largo y doce metros de ancho, aproximadamente, con paredes de tapia y rafa, sostenidas por contrafuertes grandes.

La imposibilidad de concluir esta “iglesia vieja”, como la llamaba el vulgo, habría influido en la decisión de construir una nueva, más modesta y menos costosa, quizás en la octava década del siglo XIX. Este templo es el mismo de hoy; está ubicado en la calle Sebastián Rodríguez (antes de San Juan), a una cuadra al sur-este de la plaza Bolívar.

No obstante y a pesar de no estar amparadas por aquella declaración de trascendencia nacional de 1960, es oportuno afirmar que las ruinas de esa “iglesia vieja” deben ser consideradas de hecho un monumento patrimonial de Macaira, que debe conservarse como muestra de la evolución histórica de esta localidad, la cual se formó por generación espontánea en terrenos de Altagracia de Orituco, en la primera mitad del siglo XIX.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

LA EXPERIENCIA DE CUMBITO

Adolfo Rodríguez

Fotografías: Edgardo Malaspina


La persistente pasión por su país que anima a Oldman Botello y la vocación humanística de Fernando Rodríguez Mirabal hicieron posible este inusitado encuentro de cronistas en el caserío Cumbito del municipio Ortiz. Asisten dos historiadores de la localidad (Fernando y José Obswaldo Pérez) acompañando a quienes de fuera nos asomamos a esa fascinante territorialidad que el espíritu humboldtiano sacude de su letargo hacia 18OO.

Entrada a el fundo de los Vilera

Andamos tras esa trayectoria en la que el iluminismo europeo se topa con la etnicidad llanera y la expone, con su prestancia y singularidad, ante el mundo. El entusiasmo de Eduardo López Sandoval procura advertirnos que tal chispazo marca un nacimiento, que a nuestro parecer ocurre para la historia de la cultura, ya que la turbación llanera data quizá del siglo XVII. El escenario sobrecoge al viajero como evidencian Ramón Páez, Michelena y Rojas y Carlos Sachs. Un “borde” al que procede examen cuidadoso y analítico. En el conversatorio (se arrinconaron las ponencias) intervienen los moradores del sitio, activos, atentos, pensando, comentando, corrigiendo. No sólo fue una recepción con la exquisitez de un banquete helénico, si no conciencia alerta por el mundo en que estos hombres han nacido y viven. Es la familia Vilera, apellido que hace gala de heroicidad en la luchas por la independencia.

Los que llevamos inquietudes, observaciones, referencias (Rubén Páez, Edgardo Malaspina, J. Montilla, Felipe Hernández, amén de los nombrados), redondeamos objetivos para las incursiones que emprenderemos, individual o colectivamente, en bien de respuestas a esas señales que nos amagan tanto.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Entre la geología y la anécdota: Las galeras de Ortiz y de Tiznados*

Ponencia presentada en el

VI ENCUENTRO DE CRONISTAS, HISTORIADORES E INVESTIGADORES

ORTIZ, 20 DE AGOSTO DE 2010


Las galeras en los libros de geografía


Oldman Botello

La Galera de Mapire, Ortiz, Edo. Guárico. foto Ari Sojo


Uno recuerda en los libros de geografía de Venezuela utilizados en la escuela primaria -y el autor siempre tuvo a la mano textos escritos por el recordado Hermano Nectario María y por los educadores J. M. Siso Martínez y Humberto Bártoli- que cuando se hablaba de la orografía del centro del país, salían a relucir las legendarias Galeras, bien sea las de Tiznados, las de Oñiz, las de Guarumen las del Pao y Camatagua, muy nombradas y cantadas. En esos textos se leía que se nombraban galeras porque a la distancia, en el horizonte semejaban con su largura más que altura, a una vieja galera o navio español de vela y remo de los siglos XVI, XVII y XVIII donde regularmente se trasladaban los esclavos desde África a América.

Las Galeras en el concepto geológico

En la legendaria Geografía de Venezuela del eminente maestro español radicado en Venezuela, don Pablo Vila, se escribió sobre la data y la conformación de las Galeras, citando el científico Alfredo Jahn: "[... ] a lo largo de la vertiente de la Depresión llanera 'se levanta una pequeña cadena que la acompaña paralelamente en toda su extensión. Esta pequeña onda o repliegue del terreno' es llamada en algunos lugares toponomásticamente La Galera; la Galera de Ortiz o la de El Pao, por ejemplo [...] esta 'onda o repliegue' es el resultado de una iarga falla de corrimiento, que hizo avanzar hacia el norte los estratos eocenos". (Vila, 1960 (I): 98) y más adelante continúa describiendo: [...] Esta cabecera del Llano se ensancha gracias a la aparición en el Eoceno combinado con el Cretáceo. Se presentan estas formaciones entre el Mio-Oligoceno y el Cretáceo metamórfico, con intercalaciones de rocas básicas de la Serranía del Interior" (Ibídem: 111) Nos habla el profesor Vila de que las Galeras son lentas olas durante el proceso geológico y que luego se petrificaron.

Las Galeras en la voz de viajeros y científicos extranjeros

Alejandro de Humboldt, que visitó la zona en el año 18OO, al referirse a los morros de San Juan y de San Sebastián, escribe en su extraordinario libro Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente que ambos parecen estar enlazados y también con la Galera [...] que limita los Llanos como una muralla rocallosa" (Humboldt, 1985 (III): 198) El mismo Humboldt fue objeto de la visión de los espejismos que el sol reverberante provoca en las soledades del llano guariqueño. Escribió también en su libro que [...] Los montículos de San Juan y Ortiz, la sierra llamada La Galera, parecen suspendidas cuando se les ve al lado de las estepas, a 3 o 4 leguas de distancia". (Ibídem, II: 392).
El francés Juan Bautista Boussingault, que andaba por Venezuela en 1822-1823, al referirse a las rocas de la zona al sur de San Juan de los Morros escribió que eran negras, especie de diorita con cristales de piroxeno; éstos, en algunos puntos se hallan alterados, y forman a consecuencia de la alteración, un caolín piroxénico [...] las rocas que acabo de mencionar pertenecen a esa fila,de colinas , como también el monte de La Galera" [Boussingault, 1974: 216]
El alemán Friedrich Gerstacker, en su tránsito por la zona a comienzos de 1868, deja la siguiente referencia [...] Desde Ortiz en adelante la región era completamente quebrada, encerrada a derecha e izquierda por cadenas montañosas de alguna consideración, pero que a ojos vista decrecían a medida que avanzábamos hacia el sur" [Gerstacker, 1968: 62]
El médico alemán Cari Sachs, anduvo por estas tierras guariqueñas en 1877. Pasó aclarando por Ortiz y escribió en sus memorias de viaje: [...] subimos inmediatamente a La Galera, la cual nos ofreció una bella vista del apacible valle de Ortiz [...] Pernoctamos en una fonda que hay sobre el lomo de La Galera y la cual es llamada Los Dos Caminos [...] La falda de La Galera de Ortiz es extremadamente suave; sin límite preciso, desaparece la cadena de colinas en la superficie horizontal de la estepa. Los bellos y frondosos árboles que en el lomo de La Galera orlan el camino con espeso bosque forman siempre poco a poco grupos más pequeños separados unos de otros por claros cubiertos de hierba" (Sachs, 1987: 82-83)

Las Galeras como paraíso de cazadores

Como se observa en los testimonios de estos educadores, viajeros y científicos, las Galeras orticeñas llamaron la atención y concitaron el estudio de su formación geológica en simbiosis con la admiración del paisaje del piedemonte y del Llano propiamente tal. Pero las Galeras han sido siempre, antes mucho más que ahora, reducto de cazadores. En el piedemonte y sobre las galeras y en los valles inmediatos siempre habitaron jaguares, pumas, venados, báquiros que lo convirtieron en el paraíso de los aficionados a las escopetas, al igual que las costas del Aguaro y Guariquito para la cacería y la pesca. Aún en los años sesenta se contaban en mi pueblo de Villa de Cura, historias fantásticas de cacerías de animales, aventuras reales o inventadas por diestros cinegetas o avezados lanceros que con arma tan rudimentaria acometían o esperaban a los jaguares para ensartarlos; también la visión de señales, luces, supuestas ánimas en pena y figuras espectrales nocturnas. Un reconocido hombre público, que fue asesor petrolero, gobernador de Amazonas, secretario de la Presidencia de la República y notable memorialista, el Dr. José Giacopini Zárraga (1911-2008), fue un arrasador tigrero con sus escopetas o con rifles en el Guárico, Apure, Cojedes, Amazonas, Portuguesa y Barinas. Después se convirtió, serenada ya su vida, en conservacionista arrepentido. Para un evento científico narró sus experiencias de cazador y en una de sus fragmentos fefiere la actividad en la Galera de Ortiz. Así lo dijo en su texto:
[... ] Hablemos de otros felinos. Los pumas, llamados leones en Venezuela. Tuvimos oportunidad de encontrar varios san ir especialmente a cazarlos. Cuando echábamos lances con perros en las galeras al norte del distrito Roscio del estado Guárico. Galeras de Corocito al oeste de Ortiz o las situadas más al norte, en las zonas de Parapara y Uverito, muchas veces los perros persiguiendo a los venados levantaban pumas que unas veces corrían y otras se encaramaban en un árbol, pero sin dar oportunidad de tirarlos. Una vez en las galeras de Uverito, en tierras de Nicolás Sosa, cazaba en unión de Ramón Azerm, Pedro Polanco y Luís Esteban Pérez, de Los Teques, quien poseía una buena trailla de perros venaderos. Echamos un lance que se perdió, no apareció ningún venado, yo estaba hacia el este en la parada más lejana y cuando oí que llamaban a los perros para marcharnos, experimenté la sensación de que alguien me estuviese observando, me volteé con cuidado y como a 30 metros de distancia estaba un puma sentado sobre las patas traseras y efectivamente, viéndome. Le disparé con un Winchester 44 que cargaba ese día y logré acertarlo en la base del cuello; se trataba de un macho grande". (Giacopini Zárraga, 1992: 46)
Hoy no abunda la cacería en las Galeras, aunque siempre se encuentran, especialmente en los meses de sequía, los venados y váquiros de acuerdo a comentarios de gente de Ortiz y de Parapara. Pero la idea es preservar su habitat y la flora, la hermosa flora de las galeras, los araguaneyes, los chaparros, las palmas, donde crezcan, guásimos y demás árboles que forman la floresta de las galeras de Ortiz, de Tiznados y del Pao.

FUENTES CONSULTADAS

Apuntes estadísticos del Estado Guárico. (1967). San Juan de los Morros: Biblioteca de Temas y Autores Guariqueños.
BOTELLO, Oldman. (1994) Para la Historia de Ortiz. Ortiz: Publicaciones de la Alcaldía del municipio Ortiz.
BOUSSINGAULT, Juan Bautista. (1974) Memorias. Caracas: Ediciones Centauro.
DUPOUY, Walter. (1966) Sir Robert Ker Porter's. Caracas Diary/1825-1842. Caracas: Instituto Orto y Magdalena Blohm.
GERSTACKER, Friedrich. (1968). Viaje por Venezuela en el año 1868. Caracas: UCV, Departamento de Idiomas Modernos
GIACOPINI ZÁRRAGA, José Antonio (1992) "Reminiscencias cinegéticas: jaguares, pumas, onzas y cunaguaros", en: Felinos de Venezuela. Caracas: Memorias del Simposio organizado por Fudeci. 01-04 de septiembre de 1991
HUMBOLDT. Alejandro de. (1991). Viaje a las regiones equinocciales del nuevo continente. Caracas: Monte Avila Editores. Vol.
SACHS, Carl. (1987). De los Llanos. Caracas: Fondo Editorial Conicit. VILA, Pablo. (1960) Geografía de Venezuela. Caracas: Ediciones del Ministerio de Educación. Vol.

Informantes

Don Perucho Seijas (Parapara)
Dr. Lucas Manuel Moreno (Villa de Cura)
Prof. Fernando Rodríguez Mirabal (Ortiz)

*Tomado de http://fuegocotidiano.blogspot.com/2010/09/entre-la-geologia-y-la-anecdota-las.html

El padre Alberto González Pérez

José Obswaldo Pérez

La historia de la Iglesia católica en Guárico está por escribirse, como las de sus pastores y religiosos. Sólo me voy referir, en este momento, a un párroco orticeño, pero lo haré con otros más adelante. Me refiero al doctor y presbítero Alberto González Pérez. Un personaje nacido en Ortiz, hijo de don Nicolás González y doña Vicenta Pérez González. Pertenece a una familia de productores agropecuarios y descendiente de militares conformada por siete hermanos: Benigna, Gertrudis, Eulogio, Alberto e Ignacio González Pérez.

El padre del presbítero Alberto González fue ganadero, propietario de tierras en Guardatinajas y su madre doña Vicenta Pérez González era hija del político y militar José Francisco Pérez, actuante de la Guerra Federal y de la política local orticeña. Sus nombres hoy relucen en la documentación sobre los ejidos del municipio Ortiz, específicamente los concernientes a la posesión La Cañada, donde se centra un juicio por la propiedad de estas tierras.

El doctor Alberto González Pérez fue un cura de brillante lucidez intelectual que ocupo altas labores en la iglesia venezolana, durante el difícil episcopado de monseñor Silvestre Guevara y Lira. Le toco ocupar cargos en Caracas como Secretario del Arzobispado, Canónigo de la Catedral, Rector y vicerrector del Seminario de Santa Rosa y Capellán de las Mojas Concepcionistas[1].

Durante el conflicto del gobierno de Guzmán Blanco y el arzobispo Guevara y Lira, fue designado Vicario de Zaraza[2], desempeñando allí, por dos años, una gran labor al integrarse a todas las obras sociales, culturales y educativas. Dice Soto Arbelaiz (2001) que fue él quien participó, en 1878 a las autoridades eclesiásticas, la existencia en la villa del Unare de una imprenta llamada El Farallón,[3] con lo cual quedó demostrado que en esta ciudad la imprenta existió mucho antes de lo establecido por los historiadores.

En su ejercicio de sacerdocio, en el Oriente del estado Guárico, fue propulsor de la creación de la parroquia El Socorro, mediante capitulaciones firmadas en 1879 y que, posteriormente, el Obispo Salusiano Crespo creó, oficialmente, el 14 de octubre de 1882. Posteriormente, el doctor González Pérez fue designado sacerdote de Altagracia de Orituco, el 8 de septiembre de 1879[4]. En esta localidad cumplió una ardua labor espiritual, entre la que destaca la de servir de guía a Susana Paz Castillo, una joven mujer que se entregará a la fe de Dios y se conocerá después como la Madre de San José.

En Altagracia de Orituco y San José de Guaribe[5] son los dos lugares donde gran parte este prelado de la Iglesia católica ejerció el sacerdocio. Allí murió, el 11 de septiembre de 1902[6], en Sabana Grande de Orituco, a consecuencia de un derrame cerebral. “El P. González era un excelente confesor y director espiri­tual, así como un buen educador. Era un hombre caritativo con los pobres, a los cuales protegía con amor, desprendi­miento y sacrificio”, señala Verónica de Sousa, en su libro Madre Candelaria de San José: Fuerza y Ternura de Dios (2008).

NOTAS BIBIOGRAFÍAS

DE SOUSA, VERONICA (2008). Madre Candelaria de San José: Fuerza y Ternura de Dios. Caracas: Paulinas Editorial

GONZÁLEZ ROJAS, SORAYA ().Datos Históricos sobre san José de Guaribe.

LA ROSA WERNER, LUIS A (2008). “Madre Candelaria de San José”. En: madrecandelariadesanjose.blogspot.com

PEREZ MARTINEZ, VICTOR MANUEL (1996).Vida y obra de la sierva de Dios Madre Candelaria de San José. Caracas: Ediciones Tripode

RODRIGUEZ, MOISES (1972). Zaraza: (desde una esquina con faroles). Caracas: Publicaciones "Vale Juan González

Soto Arbeláez , MANUEL (2001). El Guárico oriental, Volumen 2‎


[4] DE SOUSA, VERONICA (2008). Ob. cit

[6] PEREZ MARTINEZ, VICTOR MANUEL (19).Vida y obra de la sierva de Dios Madre Candelaria de San José

Imagen tomada de http://unasantacatolica.blogspot.com/2009/08/las-7-excelencias-de-la-sotana.html

sábado, 28 de agosto de 2010

INICIAN CAMPAÑA PARA REPATRIAR RESTOS DE JUAN GERMÁN ROSCIO

El VI Encuentro de Cronistas, historiadores e investigadores realizado en Ortiz y el diario El Nacionalista iniciaron una campaña que eleve el clamor del pueblo guariqueño para que los restos de Juan Germán Roscio sean devueltos a su patria natal y se le confieran los honores del Panteón Nacional.

Guárico es el segundo estado que se pronuncia por esta iniciativa, luego de Táchira, cuando el diputado e historiador Pedro Freser, hizo el planteamiento a la presidenta del Parlamento, Cecilia Flores, para impulsar esta solicitud a la Asamblea Nacional para que las cenizas de este insigne venezolano sean repatriadas y llevadas al monumento nacional.

Los retos Juan Germán Roscio reposan en la Capilla de Santa Ana, en Villa de Rosario, Colombia, donde el guariqueño falleció a causa de paludismo el 0 de Marzo de 1821.

La iniciativa de trasladar los restos del insigne patricio guariqueño, conocido como "el Canciller de la Republica", fue presentada por la plenaria del VI Encuentro de Cronistas, Historiadores e Investigadores en el municipio Ortiz, durante las festividades patronales de esta población.
El actual cronista de Ortiz, Fernando Rodríguez, explicó en su programa radial Semblanzas Orticeñas, que se transmite por Imagen 1.01 FM, la campaña que promueve para "dar realce" a la "identidad nacional" y "reconocer el aporte de este guariqueño al país", objetivos asociados al traslado de los restos de este ciudadano civil que debería de descansar
al lado del Libertador y de todos los héroes de la Independencia.

La Unidad de Investigaciones de El Diario El Nacionalista inició esta semana una campaña publicitaria, a través de un cintillo, con la finalidad de promover prontamente las gestiones para que su memoria sea elevada al Panteón Nacional, junto al Libertador y demás prohombres de la Independencia.

A parte de esta campaña, el director del rotativo, Leonardo “Lalo” González, anunció que, también, se promoverá la publicación de un libro que recoja el pensamiento, la vida y obra del prócer guariqueño y que, este sentido, el diario está publicando una serie de artículos escritos por cronistas e historiadores trataran de acercar este personaje con sus lectores.

Fin/

miércoles, 25 de agosto de 2010

PALABRAS SOBRE LUIS JOSÉ

Edgardo Malaspina


Una mañana tristísima enterramos a Luis José, hijo de María Eugenia y José Luis, nieto de Inés Tiape y del Dr. Argenis Ranuarez .

La muerte de un humano nos concierne a todos, recordemos aquello de por quién doblan las campanas; la de un ser querido es muy dolorosa; pero cuando muere alguien que debe partir luego de nosotros, por razones que dictan el tiempo y la biología, el desconsuelo es inmenso. La muerte prematura es la verdadera muerte.

Por eso se afirma que la desaparición de un hijo es la mayor tragedia que enfrenta una persona y el sufrimiento que provoca es prácticamente insuperable. Semejante infortunio de proporciones himaláyicas devastan el alma y hacen más frágil la existencia porque no tienen una explicación ni racional ni pasional.

Tal vez a una situación lúgubre como esta se refirió Vallejo en Los heraldos negros: Hay golpes en la vida, tan fuertes…Yo no sé¡/ Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,/ la resaca de todo lo sufrido/ se empozara en el alma…Yo no sé¡

Luis José, apenas un párvulo de quince años, de cuerpo grande y corazón más grande aún, cayó víctima de esa vorágine sangrienta que atraviesa cual daga el pecho de la patria para arrancarle vidas inocentes, los sueños y el futuro.

Luis José, muchacho hogareño, servicial y bondadoso, era para Argenis su nieto, su hijo y su sombra…

A pesar de esta desgracia fúnebre del destino, Argenis, abatido y desconsolado, enfrentó el momento amargo con entereza filosófica. Rogó a Dios para que el dolor nos hiciera mejor a todos, abogó por la paz y el entendimiento en nuestro país; y finalmente, con la nobleza que sólo tienen los espíritus mandelanianos, pidió perdón para los culpables.

Una mañana tristísima enterramos a Luis José ,y nunca antes los versos de Andrés Eloy Blanco tuvieron tanta fuerza: cuando se tiene un hijo, se tienen todos los hijos del mundo.

Las medusas insurgentes

Roscio: libertad, despotismo e Historia

Ponencia presentada en el

VI ENCUENTRO DE CRONISTAS, HISTORIADORES E INVESTIGADORES

ORTIZ, 20 DE AGOSTO DE 2010


Nicolás Soto


Juan Germán Roscio
San Francisco de Tiznados (27 mayo 1763)
Villa del Rosario de Cúcuta (10 marzo 1821)

Lejos de mí el competir con los historiadores serios al bosquejar estas disquisiciones. Carezco del método, formación y disciplina para ello. Me anima tan sólo la fascinación al haber disfrutado, por fin, de un texto medular en los anales del pensamiento político hispanoamericano: El triunfo de la libertad sobre el despotismo, de Juan Germán Roscio.
A veces encajamos severos impactos metamorfoseando radicalmente nuestra visión de las cosas. En mi caso personal, crecí imbuido de la versión epopéyica, ditirámbica y apolínea de la Historia patria, donde héroes homéricos se batían, con denuedo de espartanos en Las Termópilas, contra un imperio godo, fementido y falaz. Y aun cuando en el bachillerato de los años sesenta de la pasada centuria los textos de J.M. Siso Martínez, Humberto Bártoli, Dionisio López Orihuela y otros más porfiaban en su intento de barnizarnos con una gnosis crítica, la cháchara épica no dejaba lugar para el análisis ponderado. Quizá influía allí la inmadurez propia de aquellos álgidos días, más la urgencia de aprobar un sinnúmero de materias, en una educación media atiborrada de eclecticismo, pero con mucha mayor calidad (creo, honestamente) que la observable hoy.
Mas, heme aquí a finales de esa década sesentera devorando un mohoso volumen del Cesarismo democrático, de Laureano Vallenilla Lanz. En medio de la defensa de su tesis del “gendarme necesario” como basamento de una sacristía ideológica para la dictadura de Juan Vicente Gómez, este representante de la corriente positivista venezolana deslizaba pertinazmente una idea para mí pasmosa: nuestra guerra de independencia fue, por antonomasia, una guerra civil. Se me desdibujaron en seguida las trompetas olímpicas y los centauros recamados en bronce.
Para complementar este porrazo psicohistórico, la publicación, a principios de los setenta, de Boves, el urogallo, del connotadoshrink1 caraqueño Francisco Herrera Luque me confirmó esa apreciación. Se me borró del discernimiento, de una vez por todas, el cruel cabecilla asturiano como engendro y epígono de Fernando VII, legatario del “Españoles y canarios, contad con la muerte…” del Decreto de Guerra a ídem. José Tomás Boves nos irrumpió urogallamente, cual un Atila pelirrojo a la cabeza de nuestros llaneros, de mis paisanos guariqueños de Cazorla y Guayabal, desbocados en una orgía impía de lanzazos, desguazando tripas, decapitando blanquitos, buscando —sin concientizarlo— redimir siglos de ignominia bajo un sistema de castas y segregación. Serían los mismos llaneritos seducidos luego por el catire Páez para la causa libertaria. Posteriormente, a mediados de los ochenta, le esgrimí al autor de Los amos del valle, en una conversa semiprivada, una conjetura sin sustento documental alguno pero rebosante de la lógica impenitente de las luchas por el poder: si a Boves no lo liquidan en Urica, a finales de 1814, seguramente se hubiera proclamado jefe absoluto de Venezuela, quizás rey, quizás emperador, Taita supremo con toda seguridad. Es decir, habría sido el gestor de una emancipación alucinante. Bolívar habría quedado tejiendo gorro. Una pelusa2.
Vino toda esta disgresión al pelo para puntualizar la omisión histórica, al menos en cuanto se refiere al conocimiento manejado por el común de los venezolanos, de personajes de la índole de Juan Germán Roscio. La óptica perdonavidas enumerada arriba, más el paladar militarista y endiosador resurgente entre nosotros cada tanto en tanto (como ahora), relegan a los próceres civiles al desván. Sincerémonos, sin embargo, pues éstos no descollaron por su ingente número. Las degollinas boveras y el torbellino de la Guerra a Muerte se cebaron en demasía con estas figuras —hablamos de Miguel José Sanz, Francisco Javier Ustáriz, Coto Paúl, entre otros— y su ausencia colocó el fiel de la balanza histórica del lado de las figuras militares.

El mérito de Juan Germán Roscio estriba en su esfuerzo por darle consistencia filosófica —hoy utilizaríamos el adjetivo epistemológico— a un movimiento insurgente esmaltado en violencia, odios y vejaciones inenarrables. No lo olvidemos: nuestra guerra de emancipación resultó la más cruel, prolongada y sanguinaria de todo el hemisferio. Roscio sobrevivió al período más virulento y concentró sus energías en dar a la luz un denso manuscrito, sorprendente por la profundidad y contundencia de sus argumentos en pro de la causa independentista.
Publicado en 1817 en Filadelfia, Pennsylvania, EEUU, El triunfo de la libertad sobre el despotismo es un alegato lúcido, blindado y coherente hasta en los más nimios detalles. En lugar de afincarse en los argumentos de la razón —tal como la entendían los enciclopedistas franceses, a su vez influidos por filósofos liberales ingleses como John Locke y David Hume— Roscio, doctor en derecho canónico y doctor en derecho civil por la universidad de Caracas, se sumerge en las sagradas escrituras del cristianismo para rebatir el derecho divino de los reyes y para substanciar el anhelo irreductible de libertad en los seres humanos.
Citemos a la antropóloga Nydia Ruiz3: “Roscio trata de conjugar orgánicamente la fe y la razón, constituyéndose este planteamiento en una visión particular por cuanto emplea una estructura epistemológica y axiológica hasta ese instante desconocida para los intelectuales de la Colonia y los actores de los movimientos pre-independentistas”. En contraposición a cierto clero voceador de consignas contra el proceso liberador salmodiando supuestos atributos heréticos, blasfemos y anticristianos al oponerse los insurrectos venezolanos al origen divino de la autoridad monárquica, Roscio despliega una erudición bíblica superlativa para demostrar precisamente lo contrario.
Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza, atribuyéndole el sentido inalienable de su libertad. Esta condición no puede jamás supeditarse a la sumisión, a la genuflexión y a la humillación ante otra personalidad por más monarca, emperador, caudillo o amado líder que pretenda ser.
Citando un sinfín de textos sacros pertinentes, el redactor de nuestra Acta de Independencia sacude las conciencias religiosas de su tiempo, despercudiéndolas de tres centurias de pensamiento colonial conformista supuestamente justificado en el verbo divino, interpretado a discreción por los defensores del absolutismo. Dios, afirma Juan Germán Roscio, diseñó el libre albedrío de las personas quienes, al juntar sus acciones y pensamientos en función del orden social, plasman la soberanía del pueblo. Por consiguiente, el Creador abomina de la tiranía y el despotismo. No ha sido sino la interpretación capciosa de la sagrada escritura, por parte de personajes adictos al poder, el cincel que talló el edificio de la tiranía. La lectura directa de los Testamentos aboga por la libertad y la dignidad de los humanos. El padre Luis Ugalde4 resume con estas palabras la interpretación seminal de Roscio en El triunfo de la libertad sobre el despotismo: “Dios no justifica a los tiranos, sino que todo gobernante sólo es legítimo si es servidor del bien común”.
Mencionemos, para finalizar, la defensa hecha por Roscio al derecho a la propiedad y al derecho a resistir. En el capítulo cuarenta y nueve, narra el asesinato ordenado por Jezabel, mujer del rey Acab, en la persona de Nabob. El profeta Elías abjura de tan siniestros personajes por tamaño crimen y despojo. Los reyes o gobernantes no pueden, por consiguiente, abrogarse la potestad de quitar la vida y desvalijar a cada cual de lo que es legítimamente suyo, así esgriman la excusa de su autoridad e inmunidad. Si contravienen tan sagrado principio, los ofendidos y esclavizados por tales desafueros tienen el permiso de Dios para desobedecer y, eventualmente, librarse de estos desenfrenados mandamases.
Bolívar siempre reconoció la inmensa valía de Juan Germán Roscio como escritor, jurista y hombre de luces. Un verdadero prócer civil. Un héroe del pensamiento.

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1 Shrink: anglicismo por loquero, psiquiatra. Proviene de shrink heads, encoge cabezas, como ciertas míticas tribus de la cuenca amazónica.
2 Estoy tentado de aventurar un ejercicio narrativo desgranando esa posibilidad: Boves, the Liberator. Seríamos hoy, consecuentemente, la república boviana (¿o bovina?). Lo haré, ojo, si logro desprenderme de la abulia, la pereza, la modorra, el postín y la pecueca. ¡Albricias!
3 Las Confesiones de un Pecador Arrepentido: Juan Germán Roscio y los Orígenes del Discurso Liberal Venezolano, Fondo Editorial Tropykos, FACES de la Universidad Central de Venezuela Caracas, Venezuela. 1996. Pág. 25.
4 El Nacional, jueves 5 julio 2007.

El Motor de aire desafía la segunda Ley de la Termodinámica. Invento de un guariqueño.