| Pedro Sivira, escritor y crítico literario, autor de Fantasmas y los residentes |
Información y fotografía tomadas de http://fuegocotidiano.blogspot.com/2010/10/fallecio-el-escritor-pedro-sivira.html
Este BLOG tiene como temática todo lo relativo a la historia, ayeres, actualidades, inactualidades y devenires del estado Guárico y de su capital, la ciudad de SAN JUAN DE LOS MORROS (VENEZUELA)
| Pedro Sivira, escritor y crítico literario, autor de Fantasmas y los residentes |
Edgardo Malaspina
El sábado, 18 de septiembre de 2010, se realizó un conversatorio en el sitio de Cumbito, organizado por el profesor Fernándo Rodriguez , cronista de Ortiz ; y con la participación de Oldman Botello, Adolfo Rodriguez, Jeroh Montilla, Felipe Hernánadez, Eduardo Lòpez, Ruben Páez, Osbwaldo Pérez y quien estas líneas escribe.
Temprano nos reunimos en la Rodriguera, la casa de Fernándo Rodriguez, quien amablemente nos mostró algunas piezas con valor museístico que adornan su morada: la mesa y el sillón donde Miguel Otero Silva escribió Casas Muertas, la vitrina y una vajilla de porcelana que pertenecieron al Tuerto Vargas; libros venerablemente viejos ; y un cuadro peculiar de Las Tres Divinas personas con más de un siglo de existencia. Mientras tomamos café, Adolfo nos obsequia un ensayo sobre la vida del Dr. Guillermo Palacios, un esbozo sobre la personalidad íntima de Lisandro Alvarado, y tres tomos que recogen todo lo relacionado con la pandemia de gripe en Venezuela en 1918. ¡Una verdadera joya!.
Botello me entrega el número más reciente de la revista Expresión, de buena presentación y factura y con excelentes artículos.
Pasadas las nueve partimos hacia Cumbito. Don Oldman es el baquiano. A 5 kilómetros en dirección Ortiz - dos Camimos hay un desvío. Una valla nos orienta: “Bienvenidos a Cumbito Camino Real para los Llanos del Sur. Por aquí pasaron Mariano Martí, Alejandro de Humboldlt, Bolívar, Morillo, Sach y otros…”
Por una carrera de granzón llegamos al fundo La Ceiba, propiedad de la familia Díaz-Vilera. En una churuata todo está dispuesto para la conversación: mesas, sillas y café. Un arpa colgada del techo y un babo disecado adornan la estancia. Antiguamente en el centro del fundo estaba una gran ceiba que el fuego consumió una tarde calurosa y triste. Pero cerca crecen dos ejemplares que honrosamente la sustituyen.
Oldman Botello inicia exponiendo la importancia del camino desde el siglo XVII hasta principios del XX. Habla de los personajes que lo transitaron, la misión Iturbe, etc ;y afirma que en 1912 el Ministerio de Obras Públicas reconstruyó el trayecto desde San Juan de los Morros hasta Calabozo. En 1913 un decreto contemplaba la reparación de la carreta San Juan de los Morros-Dos Caminos. Botello termina su intervención realizando citas del Obispo Martí, Ramón Páez y Francisco Michelena. Todos coinciden en lo impactante en el cambio del paisaje en el momento de hacer entrada a la zona que nos ocupa.
Eduardo López aclara que cerca se ubica el sitio denominado El Caimán, el cual según sus investigaciones logró precisar y fotografiar. Y es exactamente allí donde por primera vez Humboltd utilizó el término “llanero”, para referirse aun tipo específico de habitante de la región.
Fernándo Rodriguez habla de la familia Diaz Vilera –. Muestra un folleto que escribió sobre la misma, aclara el origen de la palabra “cumbito” y lo relaciona con África .
Jeroh Montilla interviene para indagar sobre las razones del cambio del camino y la aparición de las posadas. Se aclara que esos cambios son dictados por las jornadas o tiempo de traslado a pie o a caballo de un sitio a otro. La jornada, por lo general, se iniciaba en la madrugada, a las 3 am, y terminaba con el ocaso a las 5 de la tarde, aproximadamente. Es por eso que nuestros pueblos son equidistantes, afirma Felipe Hernández, recordando al Padre Chacín. Felipe también habla de la carretera La Villa-Calabozo.
Adolfo Rodriguez dice que el etnónimo o autogentilicio “llanero” fue utilizado por Humboltd, porque este sabio, junto a su hermano, el lingüista Guillermo de Humboltd, solía respetar los topónimos y términos regionales, ateniéndose al romanticismo de la época. Rodriguez hace hincapié en las observaciones que los distintos viajeros hacen al penetrar la zona llanera que nos ocupa. Remata que sería interesante hacer una expedición para tratar de buscar ese límite transcendental de la naturaleza que impacta los sentidos al demarcar la diferencia del paisaje.
Osbwaldo Pérez habla del comandante Vilera, militar con parentesco con lo familia que nos recibe ahora en su casa.
Nos obsequian con carne asada, cachapas, queso blanco , chorizos y cervezas bien frías.
Cae una fuerte lluvia, con ventolera y relámpagos. La reunión se acabó y Dios sabe lo que hace.
Adolfo Rodríguez
Fotografías: Edgardo Malaspina
La persistente pasión por su país que anima a Oldman Botello y la vocación humanística de Fernando Rodríguez Mirabal hicieron posible este inusitado encuentro de cronistas en el caserío Cumbito del municipio Ortiz. Asisten dos historiadores de la localidad (Fernando y José Obswaldo Pérez) acompañando a quienes de fuera nos asomamos a esa fascinante territorialidad que el espíritu humboldtiano sacude de su letargo hacia 18OO.
Entrada a el fundo de los Vilera
Andamos tras esa trayectoria en la que el iluminismo europeo se topa con la etnicidad llanera y la expone, con su prestancia y singularidad, ante el mundo. El entusiasmo de Eduardo López Sandoval procura advertirnos que tal chispazo marca un nacimiento, que a nuestro parecer ocurre para la historia de la cultura, ya que la turbación llanera data quizá del siglo XVII. El escenario sobrecoge al viajero como evidencian Ramón Páez, Michelena y Rojas y Carlos Sachs. Un “borde” al que procede examen cuidadoso y analítico.
En el conversatorio (se arrinconaron las ponencias) intervienen los moradores del sitio, activos, atentos, pensando, comentando, corrigiendo. No sólo fue una recepción con la exquisitez de un banquete helénico, si no conciencia alerta por el mundo en que estos hombres han nacido y viven. Es la familia Vilera, apellido que hace gala de heroicidad en la luchas por la independencia.
Los que llevamos inquietudes, observaciones, referencias (Rubén Páez, Edgardo Malaspina, J. Montilla, Felipe Hernández, amén de los nombrados), redondeamos objetivos para las incursiones que emprenderemos, individual o colectivamente, en bien de respuestas a esas señales que nos amagan tanto.
VI ENCUENTRO DE CRONISTAS, HISTORIADORES E INVESTIGADORES
ORTIZ, 20 DE AGOSTO DE 2010
La historia de la Iglesia católica en Guárico está por escribirse, como las de sus pastores y religiosos. Sólo me voy referir, en este momento, a un párroco orticeño, pero lo haré con otros más adelante. Me refiero al doctor y presbítero Alberto González Pérez. Un personaje nacido en Ortiz, hijo de don Nicolás González y doña Vicenta Pérez González. Pertenece a una familia de productores agropecuarios y descendiente de militares conformada por siete hermanos: Benigna, Gertrudis, Eulogio, Alberto e Ignacio González Pérez.
El padre del presbítero Alberto González fue ganadero, propietario de tierras en Guardatinajas y su madre doña Vicenta Pérez González era hija del político y militar José Francisco Pérez, actuante de la Guerra Federal y de la política local orticeña. Sus nombres hoy relucen en la documentación sobre los ejidos del municipio Ortiz, específicamente los concernientes a la posesión La Cañada, donde se centra un juicio por la propiedad de estas tierras.
El doctor Alberto González Pérez fue un cura de brillante lucidez intelectual que ocupo altas labores en la iglesia venezolana, durante el difícil episcopado de monseñor Silvestre Guevara y Lira. Le toco ocupar cargos en Caracas como Secretario del Arzobispado, Canónigo de la Catedral, Rector y vicerrector del Seminario de Santa Rosa y Capellán de las Mojas Concepcionistas[1].
Durante el conflicto del gobierno de Guzmán Blanco y el arzobispo Guevara y Lira, fue designado Vicario de Zaraza[2], desempeñando allí, por dos años, una gran labor al integrarse a todas las obras sociales, culturales y educativas. Dice Soto Arbelaiz (2001) que fue él quien participó, en 1878 a las autoridades eclesiásticas, la existencia en la villa del Unare de una imprenta llamada El Farallón,[3] con lo cual quedó demostrado que en esta ciudad la imprenta existió mucho antes de lo establecido por los historiadores.
En su ejercicio de sacerdocio, en el Oriente del estado Guárico, fue propulsor de la creación de la parroquia El Socorro, mediante capitulaciones firmadas en 1879 y que, posteriormente, el Obispo Salusiano Crespo creó, oficialmente, el 14 de octubre de 1882. Posteriormente, el doctor González Pérez fue designado sacerdote de Altagracia de Orituco, el 8 de septiembre de 1879[4]. En esta localidad cumplió una ardua labor espiritual, entre la que destaca la de servir de guía a Susana Paz Castillo, una joven mujer que se entregará a la fe de Dios y se conocerá después como la Madre de San José.
En Altagracia de Orituco y San José de Guaribe[5] son los dos lugares donde gran parte este prelado de la Iglesia católica ejerció el sacerdocio. Allí murió, el 11 de septiembre de 1902[6], en Sabana Grande de Orituco, a consecuencia de un derrame cerebral. “El P. González era un excelente confesor y director espiritual, así como un buen educador. Era un hombre caritativo con los pobres, a los cuales protegía con amor, desprendimiento y sacrificio”, señala Verónica de Sousa, en su libro Madre Candelaria de San José: Fuerza y Ternura de Dios (2008).
NOTAS BIBIOGRAFÍAS
DE SOUSA, VERONICA (2008). Madre Candelaria de San José: Fuerza y Ternura de Dios. Caracas: Paulinas Editorial
PEREZ MARTINEZ, VICTOR MANUEL (1996).Vida y obra de la sierva de Dios Madre Candelaria de San José. Caracas: Ediciones Tripode
[1] DE SOUSA, VERONICA (2008). Madre Candelaria de San José: Fuerza y Ternura de Dios, p. 28
[4] DE SOUSA, VERONICA (2008). Ob. cit
[6] PEREZ MARTINEZ, VICTOR MANUEL (19).Vida y obra de la sierva de Dios Madre Candelaria de San José
Imagen tomada de http://unasantacatolica.blogspot.com/2009/08/las-7-excelencias-de-la-sotana.html
El VI Encuentro de Cronistas, historiadores e investigadores realizado en Ortiz y el diario El Nacionalista iniciaron una campaña que eleve el clamor del pueblo guariqueño para que los restos de Juan Germán Roscio sean devueltos a su patria natal y se le confieran los honores del Panteón Nacional.Guárico es el segundo estado que se pronuncia por esta iniciativa, luego de Táchira, cuando el diputado e historiador Pedro Freser, hizo el planteamiento a la presidenta del Parlamento, Cecilia Flores, para impulsar esta solicitud a
Los retos Juan Germán Roscio reposan en
La iniciativa de trasladar los restos del insigne patricio guariqueño, conocido como "el Canciller de
El actual cronista de Ortiz, Fernando Rodríguez, explicó en su programa radial Semblanzas Orticeñas, que se transmite por Imagen 1.01 FM, la campaña que promueve para "dar realce" a la "identidad nacional" y "reconocer el aporte de este guariqueño al país", objetivos asociados al traslado de los restos de este ciudadano civil que debería de descansar al lado del Libertador y de todos los héroes de
A parte de esta campaña, el director del rotativo, Leonardo “Lalo” González, anunció que, también, se promoverá la publicación de un libro que recoja el pensamiento, la vida y obra del prócer guariqueño y que, este sentido, el diario está publicando una serie de artículos escritos por cronistas e historiadores trataran de acercar este personaje con sus lectores.
Fin/
Edgardo Malaspina
Una mañana tristísima enterramos a Luis José, hijo de María Eugenia y José Luis, nieto de Inés Tiape y del Dr. Argenis Ranuarez .
La muerte de un humano nos concierne a todos, recordemos aquello de por quién doblan las campanas; la de un ser querido es muy dolorosa; pero cuando muere alguien que debe partir luego de nosotros, por razones que dictan el tiempo y la biología, el desconsuelo es inmenso. La muerte prematura es la verdadera muerte.
Por eso se afirma que la desaparición de un hijo es la mayor tragedia que enfrenta una persona y el sufrimiento que provoca es prácticamente insuperable. Semejante infortunio de proporciones himaláyicas devastan el alma y hacen más frágil la existencia porque no tienen una explicación ni racional ni pasional.
Tal vez a una situación lúgubre como esta se refirió Vallejo en Los heraldos negros: Hay golpes en la vida, tan fuertes…Yo no sé¡/ Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,/ la resaca de todo lo sufrido/ se empozara en el alma…Yo no sé¡
Luis José, apenas un párvulo de quince años, de cuerpo grande y corazón más grande aún, cayó víctima de esa vorágine sangrienta que atraviesa cual daga el pecho de la patria para arrancarle vidas inocentes, los sueños y el futuro.
Luis José, muchacho hogareño, servicial y bondadoso, era para Argenis su nieto, su hijo y su sombra…
A pesar de esta desgracia fúnebre del destino, Argenis, abatido y desconsolado, enfrentó el momento amargo con entereza filosófica. Rogó a Dios para que el dolor nos hiciera mejor a todos, abogó por la paz y el entendimiento en nuestro país; y finalmente, con la nobleza que sólo tienen los espíritus mandelanianos, pidió perdón para los culpables.
Una mañana tristísima enterramos a Luis José ,y nunca antes los versos de Andrés Eloy Blanco tuvieron tanta fuerza: cuando se tiene un hijo, se tienen todos los hijos del mundo.
Ponencia presentada en el
VI ENCUENTRO DE CRONISTAS, HISTORIADORES E INVESTIGADORES