domingo, 21 de agosto de 2011

EL PROFESOR JOSÉ MANUEL CÉLIS

PONENCIA PRESENTADA EN EL VII ENCUENTRO DE HISTORIADORES,

CRONISTAS E INVESTIGADORES

ORTIZ. 20 de Agosto del 2011


Edgardo Malaspina

Marzo nos trajo la triste noticia sobre la muerte de nuestro apreciado maestro, José Manuel Célis, destacado cronista guariqueño. Fue docente por largo tiempo en Las Mercedes del Llano, hizo muchos amigos, y participó activamente en los festivales de música criolla. Su infaltable presencia en nuestros eventos culturales para apoyarlos con su experiencia y capacidad organizativa nos hizo considerarlo, sencillamente, un mercédense más.

Valle de la Pascua lo vio nacer el 24 de marzo de 1945. No llegó a los 66 años. Era, entonces, un hombre joven. Sus padres fueron Esther Antonio Célis y Yolanda Pereira .

Sus primeros estudios los realizó en su ciudad natal en el Grupo Escolar Rafael González Udis . Luego, la secundaria la cursó en el Liceo José Gil Fortoul. Estudió jurisprudencia en la Universidad Central de Venezuela y aprendió la Historia en la escuela de la vida y en las numerosas lecturas que realizó. Fue profesor de esa asignatura (Historia) en El Sombrero, Valle de la Pascua y Las Mercedes del llano.

Lo conocí en los salones del Liceo mercédense Pedro Itriago Chacín . Era el prototipo del docente dinámico, de verbo fácil y siempre presto a establecer el mejor contacto con el alumnado. En esos tiempos juveniles nació mi aprecio y admiración por Célis. Era un cronista respetado por sus escritos, donde indagaba sobre los orígenes de Valle de la Pascua y del Guárico en General. Escribía sin rodeos pero con elegancia.

Una vez me mostró una carpeta de poemas con un título llamativo y romántico : HOJAS AL VIENTO. Decidimos publicarlos . En éste, su único libro y por lo cual siento inmenso orgullo de haberlo publicado, Célis canta a la existencia y todos sus circunstancias posibles, alegres y tristes, a través del prisma del recuerdo y la nostalgia. Por otro lado, define acertadamente la poesía como la mejor forma de expresión para quien ama la vida y todas las cosas que la rodean, y remata: “La poesía es el lenguaje del alma, sobre todo de un alma romántica y soñadora como la mía.”

Célis afirmaba que el nombre de su poemario significaba que el viento los llevaría a otros derroteros. Unos versos de su poema “Cuando caiga la tarde”, bien pudieran servirle de epitafio:

Yo me quiero morir cuando caiga la tarde

en la quietud dormida de una tarde serena

al arrullo del canto del pájaro en su nido

a la sombra de un árbol de ramas florecidas

donde a mi oído apenas llegue el rumor del viento

trayéndome el sonido de olas en la playa

o el lejano rumor de lluvia en los tejados

o el ruido cantarino de la brisa que peina

esa grama encendida de mi llano infinito.

Se fue José Manuel Célis, nuestro profesor y gran amigo ; y como sus versos partió con el viento hacia los rumbos ignotos de la posteridad.

TRES HÉROES ORTICEÑOS ENRAIZADOS EN CALABOZO

PONENCIA PRESENTADA EN EL VII ENCUENTRO DE HISTORIADORES,

CRONISTAS E INVESTIGADORES

ORTIZ. 20 de Agosto del 2011

Ubaldo Ruiz

Al revisar los diferentes archivos, se pueden conseguir muchos documentos en los cuales es posible percibir una estrecha relación entre los vecinos de Ortiz y los de Calabozo en varios momentos históricos, especialmente en la época de finales del siglo XVIII, y durante gran parte de la centuria siguiente. En estos mismos encuentros orticeños de cronistas e historiadores de años anteriores, hemos intentado resaltar esa relación mediante la referencia a algunos casos particulares, como el del año pasado, cuando nos ocupamos de la familia García, originaria de Parapara y Ortiz, de donde procede don José Ramón García, reconocido personaje del siglo XIX, a quien se tiene como uno de los principales constructores del casco histórico de Calabozo. Pero existen muchos casos más. Hoy queremos referirnos a los hermanos Muxica, o Mujica, renombrados héroes de la independencia, nacidos y formados en Ortiz, pero cuyo destino los sembró en la tierra calaboceña.

Cuenta Carlos Alfonzo Vas que para finales del siglo XVIII existía en Ortiz una familia formada por el matrimonio de don José Nicolás Muxica y doña Leonor de la Cruz Ramos. En esta ciudad nacieron sus hijos: Andrés Domingo, José Santiago, Antolín, Josefa Matilde, Hermenegildo, Leonarda, y José Antonio Muxica Ramos. Todos los varones iban a participar, con variada suerte, en la próxima guerra de emancipación. De ellos, al menos tres iban a establecer nexos con la Villa de Todos los Santos de Calabozo: Andrés Domingo, Antolín y Hermenegildo.

Existe en el río Guárico, en su recorrido por el Norte de Calabozo un paso llamado Paso Mujica, o Paso Mujiquero, denominación que según el autor antes citado tuvo su origen en los tiempos cuando Hermenegildo y José Antonio Muxica administraban un hato de su propiedad ubicado por esos lados, en época previa a la contienda independentista. Se supone que la gente lo comenzó a llamar así porque era el paso utilizado para dirigirse desde la Villa de Todos los Santos hacia la mencionada posesión pecuaria, o quizás porque, a pesar de que se podía ir a otras partes por allí, al utilizar ese vado era obligatorio pasar por el hato Mujiquero; sin embargo, los hermanos Muxica aún residían en la ciudad del Paya, aunque es lógico suponer que habían establecido vínculos con los vecinos de Calabozo.

Durante la Guerra de Independencia los hermanos Muxica se destacaron como verdaderos héroes de los patriotas. En 1812 comenzaron su participación en la contienda. Antolín fue capturado y fusilado por los realistas durante la campaña del Apure; su cabeza, puesta en una pica fue exhibida en la Plaza mayor de Calabozo hasta 1818, cuando fue rescatada y sepultada por orden de Bolívar. Andrés Domingo, el mayor de los hermanos, se licenció del ejército después de la Campaña del Centro. Había enviudado de su primer matrimonio en Ortiz, con Rita Rodríguez; en octubre de 1818 se casa de nuevo en Calabozo con Petrona Camacho, quien era hija de uno de los personajes principales de la Villa de Todos los Santos desde la época colonial, don Pedro Antonio Camacho, ya fallecido para el momento. Compró entonces el hato Las Ánimas, ubicado al Sur de Calabozo, y se dedicó desde entonces a la vida privada. Murió en Calabozo en 1843.

Sin duda, el más destacado y famoso de los hermanos Muxica fue Hermenegildo, quien se retiró en 1830 con el grado de Coronel, otorgado por el propio Bolívar, después de la batalla de Carabobo. Participó en casi todas las acciones importantes de la guerra. Estuvo en la batalla de Calabozo, en la campaña del Apure (fue uno de los héroes de la Queseras del Medio), en la liberación de Nueva Granda, y en la campaña de Carabobo, como ya se dijo. En 1827 fue nombrado Comandante Militar de Calabozo. Dos años después contrajo matrimonio en Calabozo con la cuñada de su hermano Andrés, Merced Camacho. A partir de entonces se convirtió en otro vecino de esta ciudad.

Encontramos entonces en 1827, momento en el cual Venezuela había librado la guerra contra España, y se disponía a iniciar su vida como nación independiente, como autoridades en Calabozo a dos hijos de Ortiz: en lo militar, el Comandante era el orticeño Hermenegildo Mujica, y en lo civil, figuraba como uno de los principales integrantes del Cabildo su hermano, también nativo de Ortiz, Andrés Domingo Mujica. En los archivos del Registro Subalterno de Calabozo se pueden rastrear algunas casas que sirvieron de residencia para estos personajes, que como apreciamos, se casaron con calaboceñas, tuvieron sus hijos aquí, y aquí dejaron sus cuerpos sembrados.

Desde finales del siglo XVIII existió una casa, que posiblemente permanezca en el casco histórico de Calabozo, la cual pertenecía a Francisco Javier Noriega, personaje destacado, entre otras cosas, por su participación en la activa vida religiosa de entonces. Este se la vendió al matrimonio compuesto por Victorio Díaz y María Isidora Montero; luego la casa fue heredada por la hija de estos María del Carmen Díaz y Montero, quien se la dejó también en herencia a sus hijos Zeferino y Manuel José Goicoechea y Díaz. Estos hermanos la vendieron en 1827, el 26 de julio, a Andrés Domingo Muxica. Hasta ese momento el prócer había residido con su consorte, como se dijo, en el hato de su propiedad, Las Ánimas. La casa mencionada estaba ubicada en la denominada entonces “esquina del correo”, y estaba construida de tapias y rafas, y cubierta de tejas; disponía de un solar de cincuenta varas en cuadro, cercado de paredes, y se componía de cinco cuartos de habitación, y un zaguán.

Como ya se dijo, el Coronel Hermenegildo Mujica se casó con la dama calaboceña Merced Camacho en 1829; pero dos años antes, el 4 de julio de 1827, quizás con motivo de su nombramiento como Comandante de Armas, adquirió su primera propiedad en Calabozo. El documento respectivo en parte dice: “La señora María Narcisa Morales de Alfaro, de esta vecindario, viuda y universal heredera del difunto Manuel Gutiérrez de Aguilar” vende al “Sr. Coronel Hermenegildo Muxica” una “esquina de solar con las piezas en fábrica situadas al poniente de la casa que es de su habitación” con “diez y nueve varas de frente y cincuenta de fondo de Sur a Norte”. El precio de la venta fue de 95 pesos de plata acuñada. Esta casa, que aún existe está ubicada en la calle que sucesivamente se ha llamado De la Aguada, Del Carmelo y García, pero que hoy se conoce como la Calle Tres, cruce con la Carrera Doce, frente a la antigua Gobernación del Estado Guárico, actualmente Biblioteca Pública “Ana Luisa Llovera”

No se sabe si en dos años el Coronel Muxica terminó de construir esta casa para utilizarla como residencia conyugal, o si consideró que era muy pequeña, pues el 19 de mayo de 1831 alquiló, por nueve pesos mensuales, una casa a la señora Isabel Ledesma, ubicada en un ángulo de la Plaza Mayor, diagonal a la entonces Iglesia Parroquial, hoy Catedral. Esa casa era una de las más grandes, pues se extendía de Este a Oeste, casi hasta la media cuadra. Actualmente existe dicha casa, aunque desfigurada. Hermenegildo Muxica murió menos de un año después, en enero de 1832, pero había dejado también otra casa, ubicada en la misma calle de la Plaza mayor (Calle Cuatro actualmente). El 18 de agosto de 1832 el señor José Fernández Sosa vendió una casa al señor Candelario Sanojo, situada en la esquina que hacían las calles De Marte y De Colón; en los linderos se aprecia que hacia el poniente esta propiedad limitaba, “paredes por medio, con casa y solar de los herederos menores del Coronel Hermenegildo Mujica...”

Este héroe, hijo de Ortiz, fue sepultado en la Iglesia Catedral de Calabozo en la nave izquierda, cerca de las gradas del altar. Cuentan los calaboceños viejos que hasta no hace mucho podía leerse un epitafio que decía así: “YACEN AQUÍ LOS RESTOS DEL CORONEL HERMENEGILDO MUXICA, CONSTANTE DEFENSOR DE LA LIBERTAD DE SU PATRIA, MURIÓ RETIRADO EN EL SENO DE SU FAMILIA EL 22 DE ENERO DE 1832”; pero de un día para otro fueron removidos los adoquines de ese Templo, y aquella lápida desapareció, y quienes hoy entran a la vetusta edificación no se enterarán de que en un rincón de ella yacen los restos del prócer orticeño.

viernes, 29 de julio de 2011

UN ACERCAMIENTO AL SENTIDO HUMORISTA Y AL SENTIMIENTO TRÁGICO EN LA POESÍA DE TEOBALDO MIERES

Jeroh Juan Montilla

El humor es tan propio de la naturaleza humana que no habría equívoco en considerarlo verdaderamente nuestro sexto sentido. Tiene lógica, mucha evidencia, el uso de la expresión tener sentido del humor. Ahora bien los sentidos físicos tienen la función de captar el mundo que nos rodea, de mediar entre éste y nuestra mente. El humor es quien nos ayuda a enfrentar el costado cruel de la existencia, a identificarlo. Nada hace más sensible al humor que las situaciones de dolor. Ya Nietzsche lo dijo: “El hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligado a inventar la risa”. Vivimos en un universo altamente predatorio. Reír es una de las ventajas del hombre sobre los animales, ninguno de ellos se carcajea, lo que no quiere decir que no posean sentido del humor, ellos también se alegran y deprimen y tienen sus modos de expresarlo. Nietzsche añadió: “La risa es un ser malicioso pero de conciencia tranquila” Esto último es el logro real, la tranquilidad de conciencia. Tener paz interior nos convierte en una especie seres invencibles ante los avatares de la humanidad, ante el capricho de los poderosos dioses, humanos e inhumanos, que a diario buscan zarandearnos y entretenerse con nuestras azarosas inclinaciones. Todo el teatro griego, en sus géneros de comedia y tragedia, es el estudio más completo sobre el costado cruel de la existencia y los esfuerzos del sentido del humor por comprenderlo a través de la gracia, la ironía, la burla y el sarcasmo.

La práctica artística del sentido del humor se conoce como el humorismo. Cuando digo artística me refiero a un sentido amplio, tanto en el profesional del arte, la literatura o el escénico, como en el ser humano común que en medio del tráfago cotidiano hace un alto para hacernos reír, porque la chispa del humor sólo sabe del encendido de la imaginación y esta última es base del Arte. Todo humorista es un artista. En Venezuela conocemos al humorismo bajo una extraña y absurda imagen: mamar gallo. Según Julio Calcaño la expresión deviene de la antigua costumbre de los jugadores de gallos de sorber las heridas en la cabeza del gallo con el fin reanimarlo después de la pelea, o de ayudarles a recuperar la visibilidad perdida por el borbotón de sangre en los ojos. Según Ángel Rosenblat esta expresión venezolana coincide con la conocida como tomadura de pelo. Curioso, pero en ambas imágenes hay emblemáticamente una cabeza. El humor entonces es meramente un asunto de la conciencia. Por cierto, para los galleros, un gallo mamón es aquel que no pica con efectividad, que no tiene saña mortal. El humor en verdad es un picotazo mamón, no busca destruir sino el hacernos reflexionar a través de la punzante paradoja de la gracia.

Todo este largo preámbulo sobre el humor viene a justificar un breve comentario a dos poemas de Teobaldo Mieres. De este gran hombre nos dice Aquiles Silva que “...fue un hijo adoptivo de San Juan de los Morros, que siempre nos brindó los encantos de su pueblo amado. Fue un hombre especial, con su carácter jovial y siempre dispuesto a emprender empresas que llenaron de entusiasmos a sus coterráneos.” Aquí fundó el periódico Brisas del Morro, dueño del único cine de las primeras décadas del siglo XX, escalador del morro mayor, pintor, escultor y declamador. En su honor el mirador del pueblo lleva su nombre. Sitio muy a propósito para contemplar los absurdos vivires del poblado e inspirarse en creativas picardías. En la Semana Santa pasada, Tibisay, Valeria y yo, disfrutamos durante dos días la estancia en la casa de El Castrero de nuestro amigo Israel Ranuárez, hijo del cronista Argénis. Allí, curucuteando sus libros, encontré un ejemplar del poemario Canto a San Juan de los Morros de Teobaldo Mieres, editado en el Taller Tipográfico Impresos Bandres en 1964, una joya de libro de 91 páginas. Por cierto aun espero pacientemente la fotocopia que me va obsequiar Israel. Leí el libro a volandillas, a saltos, debíamos regresar y no había tiempo, muchos poemas quedaron sin leer. Pero copié manuscrito dos poemas que llamaron mi atención. El primero en las páginas 29 y 30, y el segundo en la página 31. Siendo el primero el siguiente:

COSTUMBRE OLVIDADA, 1919: En la Semana Santa por promesa,/ tras las procesiones,/ iba un grupo de doce encapuchados/ que inclinaban humildes la cabeza/ en señal de sus buenas intenciones/ ante el Crucificado./ .../Que eran los doce apóstoles decían.../ Y yo, por ser católico,/ entendí los emblemas apostólicos/ que en las manos traían;/ pero lo del vestir encapuchado/ me pareció que estaba equivocado/ porque de apóstol nada le veía./ .../Ante tal disidencia/ le dije al padre Ymas, de buen grado,/ que el traje era señal de penitencia/ y no de apostolado./.../-Pero mi hijito, aclárate la mente/ y piensa con cuidado/ que quien paga promesa es penitente/ y no un actor que imita lo sagrado./.../-Correcto... Más observo que hay dos Juanes,/ con el libro y la pluma,/ exactamente iguales/ y en actitud de hacer las Escrituras./.../-Ay, hijo...!/ Yo te exijo/ que olvides por ahora las diabluras./ Deja las cosas tales como están./ (Sin que esto te alborote)/ Sucede que en el pueblo de San Juan/ nadie quiere ser Judas Iscariote.

En este poema lo humorístico consiste en que algo, tan serio y pío, como es una procesión de Semana Santa contenga detalles sospechosamente confusos y fuera de orden. Había en el pueblo de San Juan de los Morros la extraña costumbre de encapuchar a los apóstoles en señal de penitencia, pero si estos son doce, se supone que uno de ellos es Judas Iscariote, pero, por negativa o tabú, nadie quería penitenciar bajo la capucha de tamaño personaje, preferían cometer el exabrupto de duplicar a Juan, el discípulo amado. Los penitentes inclinan la cabeza en señal de tener las mejores intenciones hacia Jesús. Ser Judas implicaba lo contrario. Ahora bien, pregunto, ¿Será que Juan, ocupando al mismo tiempo el lugar del apóstol traidor que besa a Jesús, puede ser motivo para el chiste agudo? El odiado tesorero de barba negra se trueca de modo insólito en la imberbe imagen especular del escritor evangelista. El padre Ymas, sabiendo lo pícaro de Teobaldo, le exige mantenga la discreción del asunto y se aguante de expresar sus cómicas ocurrencias. Es importante decir que el título del poema señala que esta forma de procesión al parecer, para 1919, ya era una costumbre olvidada, dándole a estos versos de Mieres el melancólico dulzor de la nostalgia. Sin embargo, hay decir que esta costumbre de encapuchar a los apóstoles cambiando sus personajes, con seguridad, significó en su momento un modo popular de trastocar el rancio ceremonial de Semana Santa. De olvidar otras sagradas costumbres. Interesante es el papel de complicidad que cumple aquí la autoridad religiosa, como se hace la vista gorda frente a esta ruptura, permite que la imagen de los juanes gemelos estampe discretamente un toque gracioso en el trágico rito cristiano.

Ahora bien, esta imbricación popular de lo trágico y lo cómico, en lo humano tiene otras vertientes, sobre todo en las lágrimas, se puede llorar de tanto reír o sufrir hasta desbocarse en llanto. Unamuno define lo trágico como un sentimiento. Es algo más próximo a la intimidad, propio de la subjetividad, el sentido del humor está enfocado en la exterioridad, en cambio el sentimiento se recrea hacia adentro, se ensimisma y por lo tanto deriva en los haceres de lo trágico. El dolor es un asunto de soledad, la risa es contrariamente contagiosa, necesita de la alteridad, el otro para expresarse. Por eso en nuestra cultura es mala señal el reírse solo, en cambio el llanto es más digno a solas, soportamos, o más bien compartimos la risa ajena, pero cómo incomoda el llanto del otro. Los animales no conocen la risa pero si saben del llanto ante el dolor fisiológico, sin embargo el hombre es el único que llora de emoción, en nosotros no son iguales las lágrimas emotivas a las fisiológicas. Aunque ya es connatural en el hombre su tendencia a antropomorfizar lo animal, a fabular en ellos nuestras desgracias y defectos. Veamos eso en este otro poema de Teobaldo Mieres:

LEYENDA DE LOS MORROS (LOT-CAMELLO) 1924, XXI: Cuando Dios hizo al mundo, en las llanuras/ del Continente aposentó un Camello,/ y díjole: Es mi ley que en las alturas/ no pastaréis porque me ofendo de ello./.../Luzbel, vencida Eva, irguióse ufano,/ y por temor de Dios cruzó los mares/ y vino al Continente Americano/ donde encontró al Camello entre palmares./.../-Sufres, le dijo, el mal que Dios te siembra!/ Detrás de aquella loma está tu hembra/ y Dios no ve cuando la noche es bruna./.../ El Camello ascendió en la noche negra;/ pero en castigo, al esplender la luna,/ Dios lo maldijo y convirtiolo en piedra./

En el segundo poema el tema es la incomprensible crueldad del destino, la inapelable decisión del hado mayor sobre la existencia. Su caprichosa acción sin justificación alguna, él decide así, por el ejercicio su divina voluntad. El Dios de este poema semeja más a uno griego que al moralista judeo cristiano, en este último las desgracias se justifican como una prueba que lanza sobre la fidelidad de sus criaturas. Sin embargo los seres vivientes de este planeta siempre estamos en desventaja ante Dios o los dioses, sean estos de cualquier cuño. La anécdota del poema cuenta la creación de un camello fuera de su contexto geográfico. De los desiertos del Medio Oriente, este solitario dromedario es implantado en el llano venezolano. De una llanura de arena y ocasionales palmeras, a esta otra llanura poblada de palmares. Fuera del desdichado camello, la majestuosa planta es lo que hermana ambos paisajes. El camelus es condenado a sólo pastar en el llano con la prohibición de hacerlo en las montañas. Repentinamente aparece el diablo, repitiendo en otra versión los sucesos del paraíso. Luzbel sabe de los deseos de hembra del camello, y le sugiere que bajo el amparo de la noche sin luna realice su sueño de amor detrás de una loma. La luna, símbolo de amor en muchos mitos, en éste constituye la inoportuna que lo pone en evidencia: de inmediato Dios lo castiga convirtiéndolo en esa pedregosa cadena de elevaciones que llamamos Morros. Cruel, trágica mitología para explicar el origen de los morros de San Juan. Mieres llega en el título a comparar al camello de su historia con el Lot de la Biblia. ¿Sería acaso por ser un vecino de la lujuriosa Sodoma? Sin embargo en la historia del patriarca, quien se convierte en estatua es su mujer, y más bien termina siendo seducido por sus hijas. De una manera u otra conoció el consuelo sexual a través del incesto, en cambio este camello permanece casto a un lado del río Guárico.

El Motor de aire desafía la segunda Ley de la Termodinámica. Invento de un guariqueño.