Este BLOG tiene como temática todo lo relativo a la historia, ayeres, actualidades, inactualidades y devenires del estado Guárico y de su capital, la ciudad de SAN JUAN DE LOS MORROS (VENEZUELA)
La persistente pasión por su país que anima a Oldman Botello y la vocación humanística de Fernando Rodríguez Mirabal hicieron posible este inusitado encuentro de cronistas en el caserío Cumbito del municipio Ortiz. Asisten dos historiadores de la localidad (Fernando y José Obswaldo Pérez) acompañando a quienes de fuera nos asomamos a esa fascinante territorialidad que el espíritu humboldtiano sacude de su letargo hacia 18OO.
Entrada a el fundo de los Vilera
Andamos tras esa trayectoria en la que el iluminismo europeo se topa con la etnicidad llanera y la expone, con su prestancia y singularidad, ante el mundo. El entusiasmo de Eduardo López Sandoval procura advertirnos que tal chispazo marca un nacimiento, que a nuestro parecer ocurre para la historia de la cultura, ya que la turbación llanera data quizá del siglo XVII. El escenario sobrecoge al viajero como evidencian Ramón Páez, Michelena y Rojas y Carlos Sachs. Un “borde” al que procede examen cuidadoso y analítico. En el conversatorio (se arrinconaron las ponencias) intervienen los moradores del sitio, activos, atentos, pensando, comentando, corrigiendo. No sólo fue una recepción con la exquisitez de un banquete helénico, si no conciencia alerta por el mundo en que estos hombres han nacido y viven. Es la familia Vilera, apellido que hace gala de heroicidad en la luchas por la independencia.
Los que llevamos inquietudes, observaciones, referencias (Rubén Páez, Edgardo Malaspina, J. Montilla, Felipe Hernández, amén de los nombrados), redondeamos objetivos para las incursiones que emprenderemos, individual o colectivamente, en bien de respuestas a esas señales que nos amagan tanto.
VI ENCUENTRO DE CRONISTAS, HISTORIADORES E INVESTIGADORES
ORTIZ, 20 DE AGOSTO DE 2010
Las galeras en los libros de geografía
Oldman Botello
La Galera de Mapire, Ortiz, Edo. Guárico. foto Ari Sojo
Uno recuerda en los libros de geografía de Venezuela utilizados en la escuela primaria -y el autor siempre tuvo a la mano textos escritos por el recordado Hermano Nectario María y por los educadores J. M. Siso Martínez y Humberto Bártoli- que cuando se hablaba de la orografía del centro del país, salían a relucir las legendarias Galeras, bien sea las de Tiznados, las de Oñiz, las de Guarumen las del Pao y Camatagua, muy nombradas y cantadas. En esos textos se leía que se nombraban galeras porque a la distancia, en el horizonte semejaban con su largura más que altura, a una vieja galera o navio español de vela y remo de los siglos XVI, XVII y XVIII donde regularmente se trasladaban los esclavos desde África a América.
Las Galeras en el concepto geológico
En la legendaria Geografía de Venezuela del eminente maestro español radicado en Venezuela, don Pablo Vila, se escribió sobre la data y la conformación de las Galeras, citando el científico Alfredo Jahn: "[... ] a lo largo de la vertiente de la Depresión llanera 'se levanta una pequeña cadena que la acompaña paralelamente en toda su extensión. Esta pequeña onda o repliegue del terreno' es llamada en algunos lugares toponomásticamente La Galera; la Galera de Ortiz o la de El Pao, por ejemplo [...] esta 'onda o repliegue' es el resultado de una iarga falla de corrimiento, que hizo avanzar hacia el norte los estratos eocenos". (Vila, 1960 (I): 98) y más adelante continúa describiendo: [...] Esta cabecera del Llano se ensancha gracias a la aparición en el Eoceno combinado con el Cretáceo. Se presentan estas formaciones entre el Mio-Oligoceno y el Cretáceo metamórfico, con intercalaciones de rocas básicas de la Serranía del Interior" (Ibídem: 111) Nos habla el profesor Vila de que las Galeras son lentas olas durante el proceso geológico y que luego se petrificaron.
Las Galeras en la voz de viajeros y científicos extranjeros
Alejandro de Humboldt, que visitó la zona en el año 18OO, al referirse a los morros de San Juan y de San Sebastián, escribe en su extraordinario libro Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente que ambos parecen estar enlazados y también con la Galera [...] que limita los Llanos como una muralla rocallosa" (Humboldt, 1985 (III): 198) El mismo Humboldt fue objeto de la visión de los espejismos que el sol reverberante provoca en las soledades del llano guariqueño. Escribió también en su libro que [...] Los montículos de San Juan y Ortiz, la sierra llamada La Galera, parecen suspendidas cuando se les ve al lado de las estepas, a 3 o 4 leguas de distancia". (Ibídem, II: 392). El francés Juan Bautista Boussingault, que andaba por Venezuela en 1822-1823, al referirse a las rocas de la zona al sur de San Juan de los Morros escribió que eran negras, especie de diorita con cristales de piroxeno; éstos, en algunos puntos se hallan alterados, y forman a consecuencia de la alteración, un caolín piroxénico [...] las rocas que acabo de mencionar pertenecen a esa fila,de colinas , como también el monte de La Galera" [Boussingault, 1974: 216] El alemán Friedrich Gerstacker, en su tránsito por la zona a comienzos de 1868, deja la siguiente referencia [...] Desde Ortiz en adelante la región era completamente quebrada, encerrada a derecha e izquierda por cadenas montañosas de alguna consideración, pero que a ojos vista decrecían a medida que avanzábamos hacia el sur" [Gerstacker, 1968: 62] El médico alemán Cari Sachs, anduvo por estas tierras guariqueñas en 1877. Pasó aclarando por Ortiz y escribió en sus memorias de viaje: [...] subimos inmediatamente a La Galera, la cual nos ofreció una bella vista del apacible valle de Ortiz [...] Pernoctamos en una fonda que hay sobre el lomo de La Galera y la cual es llamada Los Dos Caminos [...] La falda de La Galera de Ortiz es extremadamente suave; sin límite preciso, desaparece la cadena de colinas en la superficie horizontal de la estepa. Los bellos y frondosos árboles que en el lomo de La Galera orlan el camino con espeso bosque forman siempre poco a poco grupos más pequeños separados unos de otros por claros cubiertos de hierba" (Sachs, 1987: 82-83)
Las Galeras como paraíso de cazadores
Como se observa en los testimonios de estos educadores, viajeros y científicos, las Galeras orticeñas llamaron la atención y concitaron el estudio de su formación geológica en simbiosis con la admiración del paisaje del piedemonte y del Llano propiamente tal. Pero las Galeras han sido siempre, antes mucho más que ahora, reducto de cazadores. En el piedemonte y sobre las galeras y en los valles inmediatos siempre habitaron jaguares, pumas, venados, báquiros que lo convirtieron en el paraíso de los aficionados a las escopetas, al igual que las costas del Aguaro y Guariquito para la cacería y la pesca. Aún en los años sesenta se contaban en mi pueblo de Villa de Cura, historias fantásticas de cacerías de animales, aventuras reales o inventadas por diestros cinegetas o avezados lanceros que con arma tan rudimentaria acometían o esperaban a los jaguares para ensartarlos; también la visión de señales, luces, supuestas ánimas en pena y figuras espectrales nocturnas. Un reconocido hombre público, que fue asesor petrolero, gobernador de Amazonas, secretario de la Presidencia de la República y notable memorialista, el Dr. José Giacopini Zárraga (1911-2008), fue un arrasador tigrero con sus escopetas o con rifles en el Guárico, Apure, Cojedes, Amazonas, Portuguesa y Barinas. Después se convirtió, serenada ya su vida, en conservacionista arrepentido. Para un evento científico narró sus experiencias de cazador y en una de sus fragmentos fefiere la actividad en la Galera de Ortiz. Así lo dijo en su texto: [... ] Hablemos de otros felinos. Los pumas, llamados leones en Venezuela. Tuvimos oportunidad de encontrar varios san ir especialmente a cazarlos. Cuando echábamos lances con perros en las galeras al norte del distrito Roscio del estado Guárico. Galeras de Corocito al oeste de Ortiz o las situadas más al norte, en las zonas de Parapara y Uverito, muchas veces los perros persiguiendo a los venados levantaban pumas que unas veces corrían y otras se encaramaban en un árbol, pero sin dar oportunidad de tirarlos. Una vez en las galeras de Uverito, en tierras de Nicolás Sosa, cazaba en unión de Ramón Azerm, Pedro Polanco y Luís Esteban Pérez, de Los Teques, quien poseía una buena trailla de perros venaderos. Echamos un lance que se perdió, no apareció ningún venado, yo estaba hacia el este en la parada más lejana y cuando oí que llamaban a los perros para marcharnos, experimenté la sensación de que alguien me estuviese observando, me volteé con cuidado y como a 30 metros de distancia estaba un puma sentado sobre las patas traseras y efectivamente, viéndome. Le disparé con un Winchester 44 que cargaba ese día y logré acertarlo en la base del cuello; se trataba de un macho grande". (Giacopini Zárraga, 1992: 46) Hoy no abunda la cacería en las Galeras, aunque siempre se encuentran, especialmente en los meses de sequía, los venados y váquiros de acuerdo a comentarios de gente de Ortiz y de Parapara. Pero la idea es preservar su habitat y la flora, la hermosa flora de las galeras, los araguaneyes, los chaparros, las palmas, donde crezcan, guásimos y demás árboles que forman la floresta de las galeras de Ortiz, de Tiznados y del Pao.
FUENTES CONSULTADAS
Apuntes estadísticos del Estado Guárico. (1967). San Juan de los Morros: Biblioteca de Temas y Autores Guariqueños. BOTELLO, Oldman. (1994) Para la Historia de Ortiz. Ortiz: Publicaciones de la Alcaldía del municipio Ortiz. BOUSSINGAULT, Juan Bautista. (1974) Memorias. Caracas: Ediciones Centauro. DUPOUY, Walter. (1966) Sir Robert Ker Porter's. Caracas Diary/1825-1842. Caracas: Instituto Orto y Magdalena Blohm. GERSTACKER, Friedrich. (1968). Viaje por Venezuela en el año 1868. Caracas: UCV,Departamento de Idiomas Modernos GIACOPINI ZÁRRAGA, José Antonio (1992) "Reminiscencias cinegéticas: jaguares, pumas, onzas y cunaguaros", en: Felinos de Venezuela. Caracas: Memorias del Simposio organizado por Fudeci. 01-04 de septiembre de 1991 HUMBOLDT. Alejandro de. (1991). Viaje a las regiones equinocciales del nuevocontinente. Caracas: Monte Avila Editores. Vol. SACHS, Carl. (1987). De los Llanos. Caracas: Fondo Editorial Conicit. VILA, Pablo. (1960) Geografía de Venezuela. Caracas: Ediciones del Ministerio de Educación. Vol.
Informantes
Don Perucho Seijas (Parapara) Dr. Lucas Manuel Moreno (Villa de Cura) Prof. Fernando Rodríguez Mirabal (Ortiz)
*Tomado de http://fuegocotidiano.blogspot.com/2010/09/entre-la-geologia-y-la-anecdota-las.html
La historia de la Iglesia católica en Guárico está por escribirse, como las de sus pastores y religiosos.Sólo me voy referir, en este momento, a un párroco orticeño, pero lo haré con otros más adelante. Me refiero al doctor y presbítero Alberto González Pérez. Un personaje nacido en Ortiz, hijo de don Nicolás González y doña Vicenta Pérez González. Pertenece a una familia de productores agropecuarios y descendiente de militares conformada por siete hermanos: Benigna, Gertrudis, Eulogio, Alberto e Ignacio González Pérez.
El padre del presbítero Alberto González fue ganadero, propietario de tierras en Guardatinajas y su madredoña Vicenta Pérez González era hija del político y militar José Francisco Pérez, actuante de la Guerra Federal y de la política local orticeña. Sus nombres hoy relucen en la documentación sobre los ejidos del municipio Ortiz, específicamente los concernientes a la posesión La Cañada, donde se centra un juicio por la propiedad de estas tierras.
El doctor Alberto González Pérez fue un cura de brillante lucidez intelectual que ocupo altas labores en la iglesia venezolana, durante el difícil episcopado de monseñor Silvestre Guevara y Lira. Le toco ocupar cargos en Caracas como Secretario del Arzobispado, Canónigo de la Catedral, Rector y vicerrector del Seminario de Santa Rosa y Capellán de las Mojas Concepcionistas[1].
Durante el conflicto del gobierno de Guzmán Blanco y el arzobispo Guevara y Lira, fue designado Vicario deZaraza[2],desempeñando allí, por dos años, una gran labor al integrarse a todas las obras sociales, culturales y educativas. Dice Soto Arbelaiz (2001) que fue él quien participó, en 1878 a las autoridades eclesiásticas, la existencia en la villa del Unare de una imprenta llamada El Farallón,[3] con lo cual quedó demostrado que en esta ciudad la imprenta existió mucho antesde lo establecido por los historiadores.
En su ejercicio de sacerdocio, en el Oriente del estado Guárico, fue propulsor de la creación de la parroquia El Socorro, mediante capitulaciones firmadas en 1879 y que, posteriormente, el Obispo Salusiano Crespo creó, oficialmente, el 14 de octubre de 1882. Posteriormente, el doctor González Pérez fue designado sacerdote de Altagracia de Orituco, el 8 de septiembre de 1879[4]. En esta localidad cumplió una ardua labor espiritual, entre la que destaca la de servir de guía a Susana Paz Castillo, una joven mujer que se entregará a la fe de Dios y se conocerá después como la Madre de San José.
En Altagracia de Orituco y San José de Guaribe[5] son los dos lugares donde gran parte este prelado de la Iglesia católica ejerció el sacerdocio. Allí murió, el 11 de septiembre de 1902[6], en Sabana Grande de Orituco, a consecuencia de un derrame cerebral. “El P. González era un excelente confesor y director espiritual, así como un buen educador. Era un hombre caritativo con los pobres, a los cuales protegía con amor, desprendimiento y sacrificio”, señala Verónica de Sousa, en su libroMadre Candelaria de San José: Fuerza y Ternura de Dios (2008).
El VI Encuentro de Cronistas, historiadores e investigadores realizado en Ortiz y el diario El Nacionalista iniciaron una campaña que eleve el clamor del pueblo guariqueño para que los restos de Juan Germán Roscio sean devueltos a su patria natal y se le confieran los honores del Panteón Nacional.
Guárico es el segundo estado que se pronuncia por esta iniciativa, luego de Táchira, cuando el diputado e historiadorPedro Freser, hizo el planteamiento a la presidenta del Parlamento, Cecilia Flores, para impulsar esta solicitud a la Asamblea Nacional para que las cenizas de este insigne venezolano sean repatriadas y llevadas al monumento nacional.
Los retosJuan Germán Roscio reposan en la Capilla de Santa Ana, en Villa de Rosario, Colombia,donde el guariqueño falleció a causa de paludismo el 0 de Marzo de 1821.
La iniciativa de trasladar los restos del insigne patricio guariqueño, conocido como "el Canciller de la Republica", fue presentada por la plenaria del VI Encuentro de Cronistas, Historiadores e Investigadores en el municipio Ortiz, durante las festividades patronales de esta población. El actual cronista de Ortiz, Fernando Rodríguez, explicó en su programa radial Semblanzas Orticeñas, que se transmite por Imagen 1.01 FM,la campaña que promueve para "dar realce" a la "identidad nacional" y "reconocer el aporte de este guariqueño al país", objetivos asociados al traslado de los restos de este ciudadano civil que debería de descansaral lado del Libertador y de todos los héroes de la Independencia.
La Unidad de Investigaciones deEl Diario El Nacionalista inició esta semana una campaña publicitaria, a través de un cintillo, con la finalidad de promover prontamente las gestiones para que su memoria sea elevada al Panteón Nacional, junto al Libertador y demás prohombres de la Independencia.
A parte de esta campaña, el director del rotativo, Leonardo“Lalo” González, anunció que, también,se promoverá la publicación de un libro que recoja el pensamiento, la vida y obra del prócer guariqueño y que, este sentido, el diario está publicando una serie de artículos escritos por cronistas e historiadores trataran de acercar este personaje con sus lectores.
Una mañana tristísimaenterramos a Luis José, hijo de María Eugenia y José Luis, nieto de InésTiape y del Dr. Argenis Ranuarez .
La muerte de unhumano nos concierne a todos, recordemos aquello de por quién doblan las campanas; la de un ser querido es muy dolorosa; pero cuando muere alguien que debe partir luego de nosotros, por razones que dictan el tiempo y la biología, el desconsuelo es inmenso. La muerte prematura es la verdadera muerte.
Por eso se afirma que la desaparición de un hijo es la mayor tragedia que enfrenta una persona y el sufrimiento que provoca es prácticamente insuperable.Semejante infortunio de proporciones himaláyicasdevastanel alma y hacen más frágil la existencia porque no tienen una explicación ni racional ni pasional.
Tal vez a una situación lúgubre como esta se refirió Vallejo en Los heraldos negros: Hay golpes en la vida, tan fuertes…Yo no sé¡/ Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,/ la resaca de todo lo sufrido/ se empozara en el alma…Yo no sé¡
Luis José, apenas un párvulo de quince años, de cuerpo grande y corazón más grande aún, cayó víctima de esa vorágine sangrienta que atraviesa cual daga el pecho de la patria para arrancarlevidas inocentes, los sueños y el futuro.
Luis José, muchacho hogareño, servicial y bondadoso, era para Argenis su nieto, su hijo y su sombra…
A pesar de esta desgracia fúnebre del destino, Argenis, abatido y desconsolado, enfrentó el momento amargo conentereza filosófica. Rogó a Dios para que el dolor nos hiciera mejor a todos, abogó por la paz y el entendimiento en nuestro país; y finalmente, con la nobleza que sólo tienen los espíritus mandelanianos, pidió perdón para los culpables.
Una mañana tristísima enterramos a Luis José ,y nunca antes los versos de Andrés Eloy Blanco tuvieron tanta fuerza: cuando se tiene un hijo, se tienen todos los hijos del mundo.
VI ENCUENTRO DE CRONISTAS, HISTORIADORES E INVESTIGADORES
ORTIZ, 20 DE AGOSTO DE 2010
Nicolás Soto
Juan Germán Roscio
San Francisco de Tiznados (27 mayo 1763)
Villa del Rosario de Cúcuta (10 marzo 1821)
Lejos de mí el competir con los historiadores serios al bosquejar estas disquisiciones. Carezco del método, formación y disciplina para ello. Me anima tan sólo la fascinación al haber disfrutado, por fin, de un texto medular en los anales del pensamiento político hispanoamericano: El triunfo de la libertad sobre el despotismo, de Juan Germán Roscio.
A veces encajamos severos impactos metamorfoseando radicalmente nuestra visión de las cosas. En mi caso personal, crecí imbuido de la versión epopéyica, ditirámbica y apolínea de la Historia patria, donde héroes homéricos se batían, con denuedo de espartanos en Las Termópilas, contra un imperio godo, fementido y falaz. Y aun cuando en el bachillerato de los años sesenta de la pasada centuria los textos de J.M. Siso Martínez, Humberto Bártoli, Dionisio López Orihuela y otros más porfiaban en su intento de barnizarnos con una gnosis crítica, la cháchara épica no dejaba lugar para el análisis ponderado. Quizá influía allí la inmadurez propia de aquellos álgidos días, más la urgencia de aprobar un sinnúmero de materias, en una educación media atiborrada de eclecticismo, pero con mucha mayor calidad (creo, honestamente) que la observable hoy. Mas, heme aquí a finales de esa década sesentera devorando un mohoso volumen del Cesarismo democrático, de Laureano Vallenilla Lanz. En medio de la defensa de su tesis del “gendarme necesario” como basamento de una sacristía ideológica para la dictadura de Juan Vicente Gómez, este representante de la corriente positivista venezolana deslizaba pertinazmente una idea para mí pasmosa: nuestra guerra de independencia fue, por antonomasia, una guerra civil. Se me desdibujaron en seguida las trompetas olímpicas y los centauros recamados en bronce. Para complementar este porrazo psicohistórico, la publicación, a principios de los setenta, de Boves, el urogallo, del connotadoshrink1 caraqueño Francisco Herrera Luque me confirmó esa apreciación. Se me borró del discernimiento, de una vez por todas, el cruel cabecilla asturiano como engendro y epígono de Fernando VII, legatario del “Españoles y canarios, contad con la muerte…” del Decreto de Guerra a ídem. José Tomás Boves nos irrumpió urogallamente,cual un Atila pelirrojo a la cabeza de nuestros llaneros, de mis paisanos guariqueños de Cazorla y Guayabal, desbocados en una orgía impía de lanzazos, desguazando tripas, decapitando blanquitos, buscando —sin concientizarlo— redimir siglos de ignominia bajo un sistema de castas y segregación. Serían los mismos llaneritos seducidos luego por el catire Páez para la causa libertaria. Posteriormente, a mediados de los ochenta, le esgrimí al autor de Los amos del valle, en una conversa semiprivada, una conjetura sin sustento documental alguno pero rebosante de la lógica impenitente de las luchas por el poder: si a Boves no lo liquidan en Urica, a finales de 1814, seguramente se hubiera proclamado jefe absoluto de Venezuela, quizás rey, quizás emperador, Taita supremo con toda seguridad. Es decir, habría sido el gestor de una emancipación alucinante. Bolívar habría quedado tejiendo gorro. Una pelusa2. Vino toda esta disgresión al pelo para puntualizar la omisión histórica, al menos en cuanto se refiere al conocimiento manejado por el común de los venezolanos, de personajes de la índole de Juan Germán Roscio. La óptica perdonavidas enumerada arriba, más el paladar militarista y endiosador resurgente entre nosotros cada tanto en tanto (como ahora), relegan a los próceres civiles al desván. Sincerémonos, sin embargo, pues éstos no descollaron por su ingente número. Las degollinas boveras y el torbellino de la Guerra a Muerte se cebaron en demasía con estas figuras —hablamos de Miguel José Sanz, Francisco Javier Ustáriz, Coto Paúl, entre otros— y su ausencia colocó el fiel de la balanza histórica del lado de las figuras militares.
El mérito de Juan Germán Roscio estriba en su esfuerzo por darle consistencia filosófica —hoy utilizaríamos el adjetivo epistemológico— a un movimiento insurgente esmaltado en violencia, odios y vejaciones inenarrables. No lo olvidemos: nuestra guerra de emancipación resultó la más cruel, prolongada y sanguinaria de todo el hemisferio. Roscio sobrevivió al período más virulento y concentró sus energías en dar a la luz un denso manuscrito, sorprendente por la profundidad y contundencia de sus argumentos en pro de la causa independentista. Publicado en 1817 en Filadelfia, Pennsylvania, EEUU, El triunfo de la libertad sobre el despotismo es un alegato lúcido, blindado y coherente hasta en los más nimios detalles. En lugar de afincarse en los argumentos de la razón —tal como la entendían los enciclopedistas franceses, a su vez influidos por filósofos liberales ingleses como John Locke y David Hume— Roscio, doctor en derecho canónico y doctor en derecho civil por la universidad de Caracas, se sumerge en las sagradas escrituras del cristianismo para rebatir el derecho divino de los reyes y para substanciar el anhelo irreductible de libertad en los seres humanos. Citemos a la antropóloga Nydia Ruiz3: “Roscio trata de conjugar orgánicamente la fe y la razón, constituyéndose este planteamiento en una visión particular por cuanto emplea una estructura epistemológica y axiológica hasta ese instante desconocida para los intelectuales de la Colonia y los actores de los movimientos pre-independentistas”. En contraposición a cierto clero voceador de consignas contra el proceso liberador salmodiando supuestosatributos heréticos, blasfemos y anticristianos al oponerse los insurrectos venezolanos al origen divino de la autoridad monárquica, Roscio despliega una erudición bíblica superlativa para demostrar precisamente lo contrario. Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza, atribuyéndole el sentido inalienable de su libertad. Esta condición no puede jamás supeditarse a la sumisión, a la genuflexión y a la humillación ante otra personalidad por más monarca, emperador, caudillo o amado líder que pretenda ser. Citando un sinfín de textos sacros pertinentes, el redactor de nuestra Acta de Independencia sacude las conciencias religiosas de su tiempo, despercudiéndolas de tres centurias de pensamiento colonial conformista supuestamente justificado en el verbo divino, interpretado a discreción por los defensores del absolutismo. Dios, afirma Juan Germán Roscio, diseñó el libre albedrío de las personas quienes, al juntar sus acciones y pensamientos en función del orden social, plasman la soberanía del pueblo. Por consiguiente, el Creador abomina de la tiranía y el despotismo. No ha sido sino la interpretación capciosa de la sagrada escritura, por parte de personajes adictos al poder, el cincel que talló el edificio de la tiranía. La lectura directa de los Testamentos aboga por la libertad y la dignidad de los humanos. El padre Luis Ugalde4 resume con estas palabras la interpretación seminal de Roscio en El triunfo de la libertad sobre el despotismo: “Dios no justifica a los tiranos, sino que todo gobernante sólo es legítimo si es servidor del bien común”. Mencionemos, para finalizar, la defensa hecha por Roscio al derecho a la propiedad y al derecho a resistir. En el capítulo cuarenta y nueve, narra el asesinato ordenado por Jezabel, mujer del rey Acab, en la persona de Nabob. El profeta Elías abjura de tan siniestros personajes por tamaño crimen y despojo. Los reyes o gobernantes no pueden, por consiguiente, abrogarse la potestad de quitar la vida y desvalijar a cada cual de lo que es legítimamente suyo, así esgriman la excusa de su autoridad e inmunidad. Si contravienen tan sagrado principio, los ofendidos y esclavizados por tales desafueros tienen el permiso de Dios para desobedecer y, eventualmente, librarse de estos desenfrenados mandamases. Bolívar siempre reconoció la inmensa valía de Juan Germán Roscio como escritor, jurista y hombre de luces. Un verdadero prócer civil. Un héroe del pensamiento.
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1Shrink: anglicismo por loquero, psiquiatra. Proviene de shrink heads, encoge cabezas, como ciertas míticas tribus de la cuenca amazónica.
2 Estoy tentado de aventurar un ejercicio narrativo desgranando esa posibilidad: Boves, the Liberator. Seríamos hoy, consecuentemente, la república boviana (¿o bovina?). Lo haré, ojo, si logro desprenderme de la abulia, la pereza, la modorra, el postín y la pecueca. ¡Albricias!
3Las Confesiones de un Pecador Arrepentido: Juan Germán Roscio y los Orígenes del Discurso Liberal Venezolano, Fondo Editorial Tropykos, FACES de la Universidad Central de Venezuela Caracas, Venezuela. 1996. Pág. 25.
Ponencia presentada en el VI ENCUENTRO DE CRONISTAS, HISTORIADORES E INVESTIGADORES
ORTIZ, 20 DE AGOSTO DE 2010
Edgardo Malaspina
Enrique Mujica, poeta y escritor galardonado con muchos premios nacionales e internacionales, nacido en San Juan de los Morros , en su obra cumbre “Acento de cabalgadura” nos habla del llano Guariqueño, sus caminos y los hombres que lo transitan. Con un lenguaje exquisitamente coloquial cada relato es una experiencia muy personal en un marco local, pero cuya carga de sabiduría vital resumida es una experiencia que trasciende hacia lo universal por su perspicacia y profundidad filosófica.
Me detendré en algunos párrafos que reflejan la manera peculiar del hombre de la sabana de enfrentar y entender las enfermedades, en el contexto de una medicina primitiva, pero sencilla y empìrica que Victor Manuel Ovalles no dudó en denominar Llaneroterapia.
En el relato La Ruleta el personaje debe encargarse de una bodega con la sugerencia de comer donde los hermanos Ladera. Analiza su situación:
“ Pero ya mi hermano Manuel me había dicho que esos Ladera toítos tenían lázaro. Yo no había sacao esa cuenta. Solamente fui un día. Tenían un comiero. Bateas de yuca y cochino y queso fresco. Yo namás pellizqué el cochino . Me dio asco. A uno de ellos le vi unas cuartaduras en la jorqueta e los deos, el cuero encerao, brillante, y las orejas llagosas. Al viejo no lo vi, lo tenían en un cuarto, ique casi se lo había comío el lázaro”.
Observación: Los cuadros clínicos descritos se corresponden con las manifestaciones de la lepra. La aprehensión del personaje es comprensible por cuanto desde tiempos inmemoriales la lepra ha sido rechazada por la sociedad, notándose un cambio en está conducta al demostrarse la poca posibilitad de adquirir el mal de manera directa. Recordemoslas vestimenta y las carracas implementados en la Edad Media para ser usados por los leprosos; Cabo Blancoen Venezuela para aislarlos; y la película de Papillón, quien acepta un puro de la los labios de un leproso porque sabe que no enfermará de esa manera, pero si que se ganará la confianza del enfermo para escapar.
EnEl Regreso se habla de fiebres, calenturas y paludismo. En El Alambre se describe una herida así: “Estaba tasajiao. To el cuero e las manos y el de los brazos los tenía eflecao, se le veían entre el sangrero las venas y unos hilos blancos…Mi mamá le lavó los brazos y las manos con querosén y se los embojotó con telaraña”
Observación: Antes del uso masivo del algodón la telarañafue muy empleada para curar heridas. Algunos investigadores hablan incluso de su efecto terapéutico.
En La Quemadura una herida provocada por melao caliente es tratada así: “Mi papá vino pacia la troja donde yo estaba y me escuchó llorando. Se quedó viéndome la llaga que ya la tenía como una matadura e burro y el dijo a mi tía Angela: Angela, búscame la botella e lejía y un pan de jabón de la tierra…Me estrujó la llaga con lejía y me juntó jabón”.
En La Miel las picaduras de avispasson curadas con cataplasmas de salivas e tabacos.
Observación: Las cataplasma con diferentes sustancias fue un método curativo muy difundido desde la Antigüedad. Por otro lado, el tabaco fue ampliamente utilizado como medicamento: ya como antiséptico, ya como enema para los parásitos . Su uso en forma de rapé colocado al inicio del pulgar y el índice le dio el nombre a esa región anatómica de la tabaquera.
En La Mesa se habla del “lion que ventea la mujé preñá y la persigue ande vaya”
Observación: Algunos médicos antiguos creían que todo estado fisiopatológico poseía su propio olor peculiary creián en la posibilidad de diagnosticar una enfermedad con sólo oler al paciente.
En El Burro, alanimal se ledesprende un carnigón de su boca con dos hierros uno frío y otro caliente .
Observación: el propio Hipócrates recomendaba el métodocuando afirmaba: Lo que no cura la hierba, lo curo el cuchillo, y no lo que no cura el cuchillo lo cura el fuego”. Aunque esa época no se tenía claro el concepto de las infecciones, es evidente el efecto antiséptico de la aplicación del calor.Por otro lado, las propias heridas de fuego eran curadas con más calor por aquello de los tratamientode los semejantes y porque se pensaba que anulaba el veneno de la pólvora.
En El Camino se habla sobre un circo que tenía unos pavos bailarines: “A los pavos los montan arriba una plancha e cin caliente. Cogen la plancha e cin y la ponen arriba unas brasas. Por eso es que los pavos bailan.
Observación: Aunque en el relato no se habla de que al mismo tiempo hay que colocar una música, es ese el método, explicado por el médico ruso Iván Pavlov a través de sus investigaciones de los reflejos condicionados.
En Los Cueros se habla de las comadronas: “A Rosa Castillo toítos le decíamos mama porque esa la que había partiao a to el mundo allá en Los Bancos. Me acuerdo que cuando mi mamáentraba en el mes, mandaban a buscáa Rosa Castillo a Calabozo. Una semana antes del día del parto ya ella estaba en la casa. Le colgaban una hamaca así pa un lao del corredor y to los días le mataban unagallina. Cuando ella legaba era como si llegaba un obispo, la gente en la casa andaba callaíta y to el muchacho que la veía, y también hombres jechos, le besaban la mano”.
Observación: Nótese el respeto que existía hacia las comadronas, precursoras de las modernos profesionales de la obstetricia.
En mismo relato anterior se trata la herida de una yegua “con jabón de la tierra y cerda picá de ella misma y creolina…”
Obsevación: “La cerda picá de ella misma” es una manifestación de autoinmunoterapia, utilizada desde siempre (beber la propia orina, inyectarse la propia sangre) y es el eje de los tratamientos del Dr. Jacinto Convit, quien utiliza material proveniente de un tumor maligno para autoinoculárselo al paciente.
En el relato El Gallo una contusión en la frente es curada con aplicaciones de manteca de cochino con sal; mientras que enLa Cerca se da la siguiente descripción: “A Encarnacioncito ,un día,levantando un burro que se había enjarretao con dos estantes de taguapirelo jincó una espina en un deo y se le enconó. Del grueso e la muñeca se le puso el deo. Con tabaco y hoja e topocho se lo embojotamos”.
Observación: La descripción se corresponde con la inflamación de un dedo denominada panadizo.
En El Colerin , denominación que se le daba a la obstrucción intestinal, se describemás bien un cuadro de intoxicación alimentaria: “Yo me jarté de cochino frito y por jambroso me empurre una taza de chocolate…Ai me empezaron aq soná las tripas como cuando escucha una araguatera. Párate le dije a Julio. El paró la carreta y me bajé. Ai mismo en la orilla el monte me agaché. Cuando me volví a montá en la carrete atenía la barriga más mala, me empezaron unos retortijones y unos vómitos”.
Observación: el colerín u obstrucción intestinal por lo general era fatal. Un recurso curativo extremo consistía en darle de tragar al enfermo unas bolitas de plomo paraque con su peso abrieran el paso de los intestinos, suponían los curanderos.
*Plaza Bolívar de Valle de la Pascua. En documentos registrados en 1901 y 1905 la señorita niña vieja Ana Guásco señala que la casa que le compró en 1897 al presbítero doctor Pedro José Miserol, limitaba por el naciente con “La Plaza Principal”. Dos años después; en el periódico El Candil, del 11.11.1907, dirigido por el médico Miguel Lorenzo Ron Pedrique; se le llama Plaza Bolívar. Cabe entonces preguntarse, ¿Cuándo se produjo el cambio de nombre? Se sabe, por ejemplo, que la Plaza Mayor de Caracas tuvo varios nombres previos tales como Plaza Pública, de Armas, Central, Plaza Vieja, de la Constitución, de la Reunión, de la Catedral y Plaza Principal hasta que en 1874 el general Antonio Guzmán Blanco la reinauguró con el nombre de Plaza Bolívar, con la famosa estatua ecuestre del Libertador en su centro geométrico. En el estado Aragua casi ninguna plaza principal lleva el nombre de Bolívar. Allí se les ha llamado Girardot, Urdaneta, Ribas, Sucre y en general con el apellido del héroe epónimo del municipio. Conocemos documentalmente que la plaza central de la aldehuela vallepascuense existió por lo menos desde 1823, como le relató don Ricardo Escobar Gutiérrez al doctor Víctor Manuel Ovalles Carlomán, al decirle, y después confirmarle en carta suya de 1902 al farmaceuta racionalista que “la única diversión que había en el pueblo a partir de 1823 era la celebración cada sábado de bailes en la plaza principal. A esos eventos los hombres debían aportar un haz de leña para el alumbrado, mientras que las damas, vestidas con telas burdas de zaraza o crehuela, traían una taparita con agua fresca”. Son palabras más o menos, la descripción que hace Escobar. Posteriormente, en 1831, con motivo de la reunión en esa localidad entre los generales José (Judas) Tadeo Monagas Burgos y José Antonio Páez Herrera -a la sazón presidente de la naciente república-, se decidió llamarla “Plaza de la Paz” y en 1834 se colocó en su centro una horrible escultura que el pueblo de seguidas comenzó a llamar burlonamente María la Paz. Es más, como sorna despreciativa a las mujeres poco agraciadas se les arrequintaba con indolencia este cognomento, las pobres se conformarían -digo yo- exclamando “Bella es el alma”.Esta fea pieza de escultura fue desmontada en la década de los años 1870s para colocar un busto del general José María Zamora Rengifo, nativo del lugar y héroe de la independencia. El busto todavía existe en una placita a la salida hacia Tucupido llamada Plaza Zamora, en homenaje a este héroe y no al demagogo esclavista Ezequiel Zamora, como alguna gente ingenua cree. Seguramente al rebautizar a la plaza principal como Plaza Bolívar entre 1905 y 1907 -como hemos anotado- se colocó en su centro un busto del Libertador y suponemos que el cambio de nombre debió ser hecho con la aprobación del Concejo Municipal del Distrito Infante mediante Acta Solemne, que debe estar en los archivos municipales. Después este sitio de reunión de los pascuenses ha sufrido varios cambios. En fotos de los años 1930s, se ve claramente que el cercado era con estantes de guatacaro, palosano, o cualquier otra madera dura.
** Sexo y Chisme. Dentro de la casa, en el solaz hogareño o en la paz cómplice de una habitación hotelera, el chisme es el entretenimiento más popular después de tener sexo. El hombre, a diferencia del conejo o el león, tiene que esperar cierto tiempo para reencender la libido apagada. Y es en esos intervalos cuando, a falta de conversación constructiva, se inventan o comentan las vicisitudes de terceros a quienes no se les quiere bien. En esto debemos aclarar, sin asumir poses machistas, que las infidelidades traumatizan más al hombre que a la mujer, siendo el chisme de alcoba el que hiere sin contemplaciones al cornudo. Escenas como ésta son gratamente descritas por Gabriel García Márquez en su novela Cien años de soledad al comentar los amores incestuosos de tío y sobrina, haciendo énfasis en que la infidelidad de la mujer normalmente implica amor a su amante, y en el caso del hombre, muy raramente. Ya lo decía Goethe: "todo comienzo tiene su encanto". Lo repetitivo fastidia coreaba Casanova; por ello este enfermizo padrote italiano no repetía "sex partners", aún cuando fuera inducido por el marido cornudo a formar un "menage a trois", al estilo de los franceses. El don Juan vivía encantado por cada comienzo amoroso. El marqués de Saade fue varias veces condenado por sus excesos eróticos, pero sus conquistas no se salvaron de ser descritas por él mismo con lujo de detalles, incluyendo lo que hablaban mientras el guerrero descansaba, para reinventar nuevas diabluras sexuales. Vinicius de Moraís escribió: "el amor mientras dura, es eterno", sin definir a qué tipo de amor se refería, porque lo pasajero en cuestiones amatorias, es el deseo. Una vez satisfecho, muere. Ya lo escribía el Arcipreste de Hita: "el hombre por dos cosas lucha: la primera per aver fortuna, et la segunda per aver ajuntamiento con fembras plazenteras", recalcando yo el plural de "fembras plazenteras", por aquello de que la mujer perdona, pero no olvida. A seis siglos de las frases pecaminosas del Arcipreste, cuando la "fembra" moderna se resiste a ser objeto del deseo, es bueno recordar que la venganza de una mujer ofendida es peor que un despellejamiento curado con sal. En el mejor de los casos si ella decide ponerle cachos a su hombre en el solaz hogareño o en la paz cómplice de una habitación hotelera, el chisme lo devorará y el estigma lo llevará como una corona de espinas que todos verán como un halo de vergüenza. Tal parece que en cuestiones de Estado sexo y chisme siempre han ido apersogados, aunque en este caso se le llame espionaje.Grandes secretos militares y de defensa nacional han sido develados bajo las sábanas, con el agravante que los países perjudicados no han portado la corona estigmatizante. Es pues, una relación parásita que sólo perjudica moralmente a las personas, no a los países ¡Por ahora!
MSA Fax (0212) 285 8957 E-Mail: manuelsotoarbelaez@yahoo.com Los libros El Guárico Oriental 1, 2 y 3 en la Librería La Llanera, calle Guásco frente a la plaza Bolívar, Valle de la Pascua.