jueves, 13 de octubre de 2011

LA VISITA DEL OBISPO MARIANO MARTÍ A VALLE DE LA PASCUA*

Dr. FELIPE HERNÁNDEZ G.

UNESR / CRONISTA DE VLP

felipehernandez56@yahoo.es

El obispo Mariano Martí, nacido en España en 1721, doctor en Derecho Civil y Eclesiástico, presidió la Diócesis de Venezuela desde 1770 hasta el año de su muerte, ocurrida en Caracas en 1792. Entre 1772 y 1784 visitó casi todo el territorio de la Provincia de Caracas, inspeccionando personalmente las iglesias parroquiales, capillas, oratorios y conventos, en las ciudades, villas, pueblos, lugares, doctrinas, misiones, sitios, haciendas y hatos de Tierra Firme.

La larga visita del Obispo fue registrada en innumerables folios. Mariano Martí fue meticuloso y prolijo como un naturalista, antecesor de Alejandro de Humboldt, en su recorrido por la Venezuela pecaminosa de la segunda mitad del siglo XVIII, va describiendo el paisaje, los topónimos, los lugares y sitios por donde pasa, la estación del año, las clases sociales, así como el tipo de construcción y el estado y la dotación de las iglesias, capillas, oratorios y altares.

Día 9 de febrero de 1783, salimos del pueblo de Tucupido, a las tres y cuarto de la tarde, y llegamos a las nueve y cuarto al sitio nombrado el Valle de la Pascua, en la casa o hato de don Juan González Padrón, ocho leguas largas. En el camino no deja de haber algunas quebradas, que ahora están secas, y también hay algunas montañuelas o arboledas, que hacen algo penoso el camino. El día 10 de febrero de 1783, salimos de dicho Valle de la Pascua, o hato a las tres y media de la tarde, y llegamos a las ocho y tres cuartos de la noche a este pueblo de Chaguaramas, distante ocho leguas largas. El camino, llano y bueno. En el Valle de la Pascua, en el dicho hato o casa de González Padrón, en uno de sus aposentos, hay una Capilla con su altar, en donde no se ha celebrado Missa desde que murió el señor Madroñero (el obispo Diego A. Diez Madroñero, murió en Valencia en 1769), y servía para desde allí ministrar el Santíssimo Viático a los que viven inmediatos. Antes de llegar a este pueblo (Chaguaramas), como a unas tres leguas, poco más o menos, pasamos el sitio llamado La Tigrera, hato o casa de don Vicente Rodríguez Camejo, y en el corredor abajo hay una Capilla y altar en donde no se dice Missa desde que murió el señor Madroñero, y tal vez servirá para ministrar el Santíssimo Viático a los enfermos inmediatos. La capilla del Valle de la Pascua está cubierta de palma, pero la de La Tigrera está cubierta de teja como toda la casa. La del Valle de la Pascua es bajo la invocación de San Felipe Neri, y la de La Tigrera es bajo la invocación de San Antonio de Padua, pero el sitio de La Tigrera es o lo llaman de Santa Ana.

Desde el día 9 de febrero que sale de Tucupido hasta el día 14 de marzo de 1783, cuando abandona Chaguaramas con rumbo hacia el pueblo de Lezama en el Orituco, transcurren un mes y dos días, era pleno verano, al igual que en los demás pueblos y lugares de la Provincia de Venezuela que visitó, observó y corrigió los métodos empleados en la enseñanza de la doctrina cristiana, tanto en poblados criollos como en misiones y pueblos de adoctrinamiento. Fue riguroso y severo en la corrección de las distintas clases sociales: indios, pardos, negros y blancos. Aunque se dice que fue benigno en sus enmiendas, no vaciló en apelar al “brazo secular”, es decir, a la fuerza pública, y hasta a la cárcel, para someter a los incorregibles.

Bernardino Requena, blanco, soltero, vive mal con una mulata, hija de Joseph Matute, soltera. Ambos viven en el Valle de la Pascua, inmediatos, y ella y su padre viven en una tierra que el dicho Bernardino les dio, o les permitió que viviesen en dicha tierra, porque dichos padre e hija son unos pobres. En presencia de este Cura queda prevenido este Teniente de Justicia Mayor de mandar (para cuyo efecto está ya llamado) al dicho Requena que saque de sus tierras al dicho Joseph Matute y a su hija, y que sino la saca luego, los sacará el mismo Teniente.

Joseph Fernández, blanco, casado, vive mal con una samba que tiene en su casa del Socorro, distante de acá como unas veinte leguas. Queda prevenido este Teniente de Justicia Mayor de sacar de la casa de dicho Fernández, y sus contornos a la dicha samba, y será conveniente ponerla acá en este pueblo (Chaguaramas) en alguna casa honrada y la mantengan.

Andrés Arévalo, mestizo o mulato, soltero, vive mal con Francisca Arévalo, su prima hermana, soltera. Ambos viven en el Valle de la Pascua, en casas inmediatas, como a distancia de unas tres o cuatro cuadras. Queda prevenido este Teniente, en presencia de este Cura, de quitar de esta jurisdicción o Parroquia al dicho Andrés y de ponerlo en la cárcel, siempre que volviere sin ser casado con otra mujer o sin traer dispensa, que será difícil conseguirla, para casarse con la dicha Francisca.

Las autoridades de Chaguaramas responsables de cumplir las instrucciones dadas por el obispo Martí, en su visita, eran: cura Joseph Antonio Cabrera, teniente justicia mayor, don Nicolás Arzola y juez de llanos, don Nicolás Gutiérrez.

De la visita del obispo Martí, la decisión más importante, fue la creación de la nueva Parroquia o Curato del Valle de la Pascua:

He concedido licencia para que con motivo de ministrar el Viático a los enfermos de una legua, se celebre Missa en los Oratorios del Valle de la Pascua y de La Tigrera…, y también para el mismo fin del Viático en los Oratorios de Belén y de Santa Juana, que todos son de esta Parroquia… Conviene que en el dicho Valle de la Pascua se erija una nueva Parroquia, y para esto tiene don Ilario tomada la razón y noticias convenientes.

Vinieron luego las diligencias de mensura y trámites, en los cuales intervinieron representantes del Rey Carlos III de Borbón, del Obispo, proceso que concluye el 10 de febrero de 1785, cuando comienza solemnemente el Curato de Nuestra Señora de la Candelaria del Valle de la Pascua. Don Nicolás Casimiro de Arzola y Betancourt, Teniente Justicia Mayor de Chaguaramas, representa al gobernador Manuel González de Navarra en el acto de creación del Curato, el cual constituye el acto oficial del nacimiento de Valle de la Pascua como pueblo. El primer párroco designado para conducir los destinos del nuevo curato, fue el presbítero Domingo Lander.

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LA CALLE MARTÍ

El obispo Mariano Martí es recordado en Valle de la Pascua, a través de la eponimía de la Calle Martí, calle de corta extensión, apenas tres cuadras, localizada en la urbanización Guamachal. En sentido Norte-Sur, nace en las inmediaciones de la calle Los Pinos, frente a la vivienda de doña Rosa Padrón de Pérez (Familia Pérez Padrón) y finaliza en la avenida Circunvalación, al frente de la entrada principal del Instituto Universitario de Tecnología de Los Llanos.

REFERENCIAS

DE ARMAS CHITTY, J. A. (1979). Historia del Guárico 1532-1800. Tomo I. San Juan de los Morros: Universidad Rómulo Gallegos. p. 156.

HERNÁNDEZ G. Felipe. (2006): Historia de Valle de la Pascua. En los Llanos del Guárico. 1725-2000. Caracas: Tipografía de Miguel Ángel García e hijo. p. 164.

MARÍN, Carlos Alfredo. (2010): “La visita del Obispo. La Venezuela pecaminosa de don Mariano Martí”. Memorias de Venezuela Nº 13. Caracas: Ministerio del PPP la Cultura / Centro Nacional de Historia. Abril 2010. p. 15.

MARTÍ, Mariano. (1998): Documentos Relativos a su Visita Pastoral de la Diócesis de Caracas. Tomo II. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela. Tercera Edición. pp. 488-494.

En Valle de la Pascua, a los dieciséis días del mes de julio de 2011.

Tomado de: http://fuegocotidiano.blogspot.com/2011/07/la-vista-del-obispo-mariano-marti-valle.html

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Médicos que se llamaban científicos

José Obswaldo Pérez

A finales del siglo XIX, el pueblo de Ortiz contó con selecto grupo de médicos que entregaron sus esfuerzos a prevenir y curar enfermedades, a edificar, mantener e higienizar las casas de beneficencia o realizar otras funciones vinculadas con la sanidad. Muchos de estos hombres, de cuya grandeza y nombres permanecen en el olvido, eran calificados como científicos. Así constan en viejos papeles y documentos de los repositorios que aún se mantienen en el Registro Civil de Ortiz.

Uno de ellos es don Eladio Simón Matute Matute, un destacado médico orticeño, nacido en 1858. Hijo de don Vicente Matute Acosta, un portentoso ganadero de la localidad; y de doña Juliana Matute, pariente consanguínea, ambos oriundos de San Nicolás de Paya. Casó con doña Guadalupe Cisneros en 1883, de cuyo matrimonio nacieron Eladio, Paz, Horacio y Moisés Matute Cisneros.

Eladio Matute obtuvo el título de doctor en Medicina en la Universidad de Caracas, la hoy UCV, el 30 de junio de 1876; una vez que culminó sus estudios de Bachiller y licenciado en medicina en la misma Casa de Estudio. Formó parte de la Sociedad de Ciencias Físicas y Naturales de Caracas. Circulo científico donde compartió experiencias con notables hombres de ciencia y médicos de la sociedad caraqueña.

En su ejercicio como médico integró parte del equipo sanitario que atendió la epidemia de Ortiz, en 1899. Con él formó parte su paisano y pariente José María Graterol Matute, también egresado de la UCV y el doctor Eulogio Velázquez, oriundo de Mucuchíes y graduado de médico en Paris, en 1869. Especialista en fiebre amarilla, porque su tesis doctoral versó sobre “La Fièvre Jaune”.

También, Matute formó parte de los hombres de liberalismo local. Fue dirigente del partido Liberal Amarillo en Ortiz, donde transcendió como una figura pública. Fue Diputado por el Estado Miranda entre los años 1893-94. En las elecciones de 1897, en un telegrama dirigido desde Ortiz, el doctor Eladio S. Matute le reclama al doctor José Ramón Núñez, en tono molesto: “Solo hay dos contrarios. El Partido Rojista se componía de la escoria de aquí y con sus tres promotores, Constantino Matute, Julián Morichales y Mariano Polanco, componían treinta personas”.

Fue dueño en Guardatinajas de la posesión Las Animas, cerca de San José de Tiznados, tierras que fueron heredadas de su padre don Vicente Matute. Se trataban de unas 80 leguas, equivalentes a 139.680 has, y que históricamente la Corona Española le concedió al Conde de La Graja, don Fernando Ignacio Ascanio, el título de composición sobre un terreno entre los ríos Chirgua, Tiznados, Caño de Agua Verde y Las Galeras del Pao. Región con mucha agua y forraje en la estación de verano.

Sobre su descendencia familiar podemos señalar que Eladio Matute Cisneros, nacido en 1882, cursó estudios en el liceo Alejandro Humboldt de Calabozo y se graduó de Ingeniero Civil, el segundo de esta profesión en Ortiz, después del general Roberto Vargas Díaz. Heredó 8 leguas y media (14.849 has) de tierra de la Posesión Las Animas, conocida como terrenos matuteros en Guardatinaja. Falleció en un accidente de tránsito. Paz, nació en 1884 y casó con el orticeño Jesús Nicomedes Rodríguez Marrón, el 17 de Mayo de 1905. Sobre los dos menores restantes de los Matute Cisneros no tenemos mayor información de sus vidas más allá de su fecha de nacimiento: Moisés, nacido en 1888 y Horacio Teodoro de la Encarnación, el 26 de marzo de 1895.

fuegocotidiano@gmail.com

APUNTES PARA ESTUDIAR EL ORIGEN DE SAN RAFAEL DE ORITUCO

Carlos A. López Garcés

Cronista de Altagracia de Orituco

Municipio José Tadeo Monagas

Estado Guárico

A la memoria del padre Chacín, historiador solícito de los pueblos valleorituquenses.

Ubicación

San Rafael de Orituco es la capital de la parroquia de igual nombre del municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico. Está ubicado en el sur de la Serranía del Interior, a cinco kilómetros al sur-oeste de Altagracia de Orituco, que es la cabecera municipal, en la ribera derecha del río Orituco y a la izquierda de la quebrada Tememure, que es afluente de aquél, entre las coordenadas 66º 24’ de longitud oeste y 9º 50’ de latitud norte y a 331 metros sobre el nivel del mar (1). Debe su nombre al arcángel San Rafael y al río a cuya margen asienta.

Un topónimo sincrético

El toponímico San Rafael de Orituco es consecuencia de un sincretismo sucedido con la participación de dos elementos culturales básicos y expresados con dos palabras castellanizadas. El primero es una divinidad del catolicismo hispano-dominante, representada por San Rafael, que es uno de los arcángeles venerado como una divinidad y está considerado como protector de los viajeros y enfermos; el vocablo Rafael proviene del hebreo y significa “medicina de Dios”(2). El segundo

es un factor zoológico dado por aves psitácidas de la fauna suramericana, representado por el término Orituco que deriva del quechua uritu-cu, con el cual los incas nombraban genéricamente a los papagayos o loros(3).

Inicios del poblado

El comienzo de esta población orituquense es materia de estudio pendiente, aun cuando existen informaciones respetables sobre este particular, recopiladas por algunos autores confiables, que fueron publicadas sin establecer criterios definitivos, quizás por las limitaciones propias habidas desde tiempos remotos para investigar historia de las localidades valleorituqueñas, específicamente en el caso del origen del pueblo San Rafael de Orituco. Sin embargo, sus trabajos son aportes valiosos para motivar la búsqueda de nuevos conocimientos esclarecedores; especialmente, los de Monseñor Rafael Chacín Soto (el padre Chacín), acucioso investigador de la historia regional, quien propuso el 26 de junio de 1667 como fecha del inicio de San Rafael de Orituco, porque –dijo- fue entonces cuando el maestre de campo don Pedro de Mezones pidió licencia, que luego obtuvo, para establecerse en la Mesa de los Guaiqueríes; este peticionario hispano-conquistador anunció, luego de breve tiempo, que había poblado formalmente y edificado ermita en aquel lugar(4). La respetabilidad de aquel sacerdote historiador obliga, no obstante, a continuar estudiando su proposición; aunque puede comentarse desde ya que la fecha correcta de la concesión de aquella licencia fue el 21 de junio de 1677, según lo expresa una fuente documental(5).

El surgimiento de San Rafael de Orituco es resultado de la fundación y afianzamiento de San Sebastián de los Reyes. Esta ciudad comenzó en territorio del actual municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico, en enero de 1585; luego de varias mudanzas forzosas, ocasionadas por la resistencia indígena, fue establecida definitivamente a orillas del río Caramacate, donde asienta desde 1676. El cabildo sansebastianés era un núcleo de poder hispano-colonialista, con facultad para hacerle concesiones territoriales y de otras índoles a sus propios cabildantes o familiares suyos, que demostraran los servicios prestados al Rey. Un beneficiario de estas concesiones fue el maestre de campo don Pedro de Mezones, quien, de acuerdo con escritos suyos que datan de 1683, desde el 21 de junio de 1677 había poblado y hecho ermita en la llamada Mesa de los Guaiqueríes, en el Valle de Orituco, donde, además, poseía una vega de cacao “…que corre desde el camino que sale al río y llaman del capitán Juan de Laya hasta la quebrada de Tememure…”(6) En este mismo espacio, después de la muerte de don Pedro de Mezones y de la de su esposa doña Mariana de Mendoza y Sotomayor ocurrida en diciembre de 1693, con lo cual quedaron vacantes tales tierras, surgieron los pueblos Altagracia de Orituco, al norte en 1694, y San Rafael de Orituco, al sur, precisamente a la margen izquierda de la quebrada Tememure, a una legua de distancia de Altagracia y en un año impreciso todavía.

Sin embargo, Adolfo Antonio Machado (1855-1903), cronista de los pueblos orituqueños, afirmó, sin citar la fuente, que la parroquia San Rafael de Orituco ya existía en el año 1600(7). Esta afirmación machadiana está en duda y motiva las siguientes observaciones:

1º) En el año 1600 aún no había sido consolidada la ciudad de San Sebastián de los Reyes, núcleo de expansión hispanocolonialista hacia el Valle del Orituco y otros lugares de los Llanos de Caracas, porque la resistencia indígena al proceso de conquista obstaculizaba la consolidación de aquella ciudad y era determinante para sus mudanzas obligatorias.

2º) Mesa de los Guaiqueríes, lugar donde surgió San Rafael de Orituco, fue llamada durante años la extensa vega donde tuvo estancia y encomienda Alonso García Jarillo(8). Allí no había iglesia en 1634, cuando el licenciado Domingo de Ibarra, Chantre de la Catedral de Coro, visitó las encomiendas de Orituco para conocer el estado de adoctrinamiento de los aborígenes; este visitante ordenó, entre otros casos, la construcción de una iglesia en la estancia de Alonso García Jarillo para adoctrinar a los indígenas de este encomendero y a los de Mariana Jarillo, madre y tutora del menor Andrés de San Juan(9). No está claro qué ocurrió con aquel mandato sacerdotal; pero puede inferirse que al menos una capilla (de poca duración) habrían fabricado porque era necesaria para el objetivo hispano-dominante.

3º) El Obispo de Venezuela, don fray Antonio González de Acuña, fundó una iglesia en 1676 para los feligreses del valle de San Miguel del Rosario hasta el sitio de La Cruz (posesión del maestre de campo don Pedro de Mezones) cuyo libro de bautismos, velaciones y casamientos fue iniciado el 4 de junio del mismo año 1676 por el padre Juan de Barnuevo, cura capellán de la comunidad sanmiguelina(10). No obstante, la primera partida de bautismo de este libro data del 29 de septiembre de 1677 y correspondió a un negro llamado Domingo, esclavo adulto de don Pedro de Mezones(11). Esto permite suponer que en la Mesa de los Guaiqueríes, sitio que estaba bajo la jurisdicción eclesiástica de San Miguel del Rosario, solo había en 1677 la ermita construida por Mezones; allí no había aún una iglesia propia.

4º) El obispo Mariano Martí (1721-1792), refiriéndose a los libros eclesiásticos de San Rafael de Orituco, apuntó lo siguiente: “El libro parroquial más antiguo tiene por primera partida la de un bautismo del primero de mayo de 1695, firmada por don Nicolás de Avila, Cura capellán…”(12) Esta nota martiana es suficientemente explícita e indica que el curato sanrafaelino ya estaba organizado desde hacía cierto tiempo, al momento de aquella visita pastoral ocurrida en marzo de1783; sin embargo, algunos han asociado equivocadamente esta fecha del 1º de mayo de 1695 como el día de la creación de la parroquia San Rafael de Orituco y otros como el de la fundación del pueblo.

Un conquistador recompensado

Don Pedro de Mezones sirvió al Rey durante muchos años seguidos. Así lo acreditó el propio monarca español en una Real Cédula dirigida al Gobernador y Capitán General de la Provincia de Venezuela, fechada en Madrid, el 21 de junio de 1680:

“…Por parte de don Pedro de Mezones se me han representado sus servicios continuados de muchos años a esta parte, habiendo dado principio a ellos en el presidio de y fuerza de Araya, con plaza de soldado, de donde pasó a ser Alférez y Capitán de Infantería, por nombramiento del Gobernador de Cumaná; y lo sirvió hasta que fue reformado y después le nombró por Sargento Mayor de la Nueva Barcelona, con cuya ocupación hizo un servicio particular y el Gobernador don Sancho Fernández de Angulo lo nombró por Maestre de Campo de la Provincia de Cumaná y le creó su Teniente Capitán a Guerra y Justicia Mayor de ella, y le encargó el castigo de unos indios caribes y algunos franceses; y que en la expulsión de los que aquel año entraron y en la asistencia de las misiones y pueblos fundados, procedió con suma aplicación y celo; habiendo hecho diferentes entradas al castigo de los indios rebeldes, yendo siempre por Cabo General de los trozos de infantería, manteniéndola a su costa, como también fue a socorrer la ciudad de San Carlos y lo consiguió y en esta ocasión sustentó seis meses, a sus expensas, la gente que llevaba, hasta que se retiró…”(13)

Esta actuación de Mezones le sirvió para que el Rey recomendara proveerlo y ocuparlo en los oficios y puestos correspondientes a su calidad y servicios, que pudiera continuar con probidad “…y en lo demás que se le ofreciere le honrareis, ayudareis y favorecereis, que de ello me daré por servido…”(14)

El maestre de campo don Pedro de Mezones era vecino de la ciudad de San Sebastián de los Reyes, donde fue alcalde ordinario de su cabildo en 1679(15). Este conquistador español había obtenido buenas recompensas por sus servicios al Rey. Una de éstas era el sitio de La Cruz, donde tenía hato desde 1667, aproximadamente(16). El período de sequía era muy acentuado en este lugar; por esto el ganado se dispersaba por los sitios Cara, Cura, Guaya, Memo, Nares, Guanayen, Orituco y otros parajes, según decía el propio Mezones en 1681 y 1686(17). Con estas referencias puede inferirse que el sitio de La Cruz estaba ubicado entre Orituco y Guanayen, al sur-oeste del actual San Rafael de Orituco.

Conclusiones primarias

1º.- San Rafael de Orituco se habría formado espontáneamente durante la segunda mitad del siglo XVII, en terrenos poseídos por el maestre de campo don Pedro de Mezones, en la llamada Mesa de los Guaiqueríes, desde el paso de Juan de Laya hasta la quebrada Tememure. Debido a la muerte de Mezones, estas tierras fueron heredadas por su viuda, doña Mariana de Mendoza y Sotomayor, quien falleció en diciembre de 1693, por lo que aquella posesión territorial quedó vacante y a la disposición del Rey. Estas circunstancias habrían favorecido dos hechos poblacionales muy significativos para la dominación hispanocolonialista del Valle de Orituco: por una parte, el surgimiento de una comunidad de indígenas guaiqueríes el 1º de marzo de 1694, llamada posteriormente pueblo de Nuestra Señora de Altagracia; por la otra, la evolución del pueblo San Rafael de Orituco y su consolidación parroquial, tanto que para el 1º de mayo de 1695 ya estaban conformados sus libros eclesiásticos.

2º.- Con razón José Antonio de Armas Chitty (1908-1995), al analizar lo dicho por el obispo Martí con respecto a los libros eclesiásticos de San Rafael de Orituco, escribió que el origen de este pueblo es alterno y tiene semejanzas con el de Altagracia(18). Con estas premisas, es posible deducir que no es casual que Lucas Guillermo Castillo Lara (1921–2002) y Adolfo Rodríguez (1939) coincidieran al afirmar que Altagracia y San Rafael fueron fundados en 1694(19).

3º.- Debe entenderse que el término fundación habría implicado la oficialización de un acto institucional; es decir, habría sido el reconocimiento oficial de la existencia de una comunidad recién creada o ya existente desde hacía cierto tiempo, a la cual, mediante ese acto institucional, se le asignaba oficialmente: nombre; autoridades civiles, militares y eclesiásticas; divinidad patronal; territorio; jurisdicción; espacio para viviendas, agricultura y cría, plaza pública, iglesia, casa de gobierno, casa cural, calles, cementerio, cárcel; grupos étnicos, etcétera. Con San Rafael de Orituco habría acontecido un hecho similar, pues, desde sus primeros años de existencia oficial, fue pueblo de blancos y de asiento de los poderes públicos o entes gubernamentales.

4º.- No hay noticias conocidas que sirvan para esclarecer las particularidades e intimidades de los hechos que derivaron en el surgimiento y consolidación de San Rafael de Orituco. Por ejemplo: falta investigar acerca de las repercusiones de la vigencia y desaparición del régimen de encomiendas en el proceso formador de este pueblo valleorituqueño. Estos Apuntes para estudiar el origen de San Rafael de Orituco son, simplemente, un modesto aporte para contribuir con ese propósito historiográfico*.

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* Observaciones:

1.- Trabajo leído en el Primer Encuentro de Historiadores y Cronistas celebrado en la Casa Canaria de Altagracia de Orituco, durante los días 23, 24 y 25 de octubre de 2008.

2.- Las referencias, notas y fuentes se mantienen en reserva

martes, 30 de agosto de 2011

LA VUELTA DEL CACHO

FELIPE HERNÁNDEZ G.
UNESR/Cronista Oficial de Valle de la Pascua
felipehernandez56@yahoo.es

Con el nombre de La Vuelta del Cacho se conoce en la toponimia del municipio Leonardo Infante del estado Guárico, una famosa curva localizada geográficamente al Sur de la ciudad de Valle de la Pascua, casi al final de la calle La Vigía, en la parte donde esta se empalma con la carretera nacional que conduce a los caseríos Corozal, Jácome, La Ramonera, Las Rositas, Las Dos Palmas, Melaito, Las Juajuas, Los Dragos, Corozalito, Apamate, Santa Juana, Carro Viejo, entre otros. La curva tomó el nombre de la Bodega “La Vuelta del Cacho”, que a mediados de los años sesenta del siglo XX estableció en sus inmediaciones, al lado derecho de la carretera, el señor Manuel Toro.

Don Manuel Toro, quien a sus 71 años, habita en la calle La Gallera (calle que conduce a la Urb. El Morichal), como a media cuadra de donde estuvo ubicado el establecimiento comercial, informa que le puso ese nombre, porque “como mi apellido es Toro, considere apropiado que el negocio se llamara La Vuelta del Cacho en alusión a la cornamenta del animal”. Recuerda que la bodega se la compró al señor Ángel España (conocido como el Mucio España), quien la tenía más adelante a la entrada del sector La Luisera, y él la mudó a ese sitio, estableciéndose en una casa que le construyó don Rafael Ochoa. Para ese entonces el sitio era un despoblado, sus clientes eran los transeúntes que desde los caseríos que quedan en la vía se detenían en el lugar a hacer sus compras. La bodega “La Vuelta del Cacho” se mantuvo activa hasta mediados de los años setenta, en el lugar ahora funciona un taller mecánico y al lado queda una gallera.

Ubicada inmediatamente después de pasar la entrada hacia la Urb. El Morichal, en las inmediaciones quedan los sitios de La Carmelina, La Gallera y la Urb. Terrazas de Corozal. Muchos han sido los conductores que han volcado sus vehículos en la citada curva, por no tomar las debidas precauciones al abordarla.

Para los años sesenta, en el sector habitaban apenas cuatro o cinco familias, entre ellas, doña Calixta Jiménez, Hermelinda Hernández y Rosa de Ochoa. Aquello era un campo. Un poco más adelante quedaba la finca Camoruco, que era propiedad de los portugueses Juan Inés y Agustín Sosa.

Como realidad geográfica, la curva de la Vuelta del Cacho forma parte de la toponimia menor de Valle de la Pascua. No era la intención ni pensó don Manuel Toro, que al ponerle tan particular nombre a su negocio, estaba legando a la posteridad un topónimo que se sumaría a la nomenclatura de la ciudad; y él, como autor pasa a la historia como protagonista local de este legado.

Don Manuel Toro es hoy un habitante más del sector de La Vuelta del Cacho, ahí vive con bonhomía, junto a su esposa, doña Dolores Jiménez de Toro, con la satisfacción de haber criado a sus hijos Ramona, Luis, Alicia y Mariela Toro Jiménez, profesionales útiles y de provecho, para su orgullo. El comercio, así como la cría y preparación de gallos de raza son una pasión que ocupa buena parte de su tiempo. Ir a las galleras a ver las riñas de gallo, es su distracción.

Sea propicia esta crónica para recordar la maliciosa copla llanera que el escritor Rómulo Gallegos, en 1928 plasmó en su célebre novela Doña Bárbara, dice así:

Del toro la vuelta el cacho, / del caballo la carrera; / de las mujeres bonitas / la cincha y la gurupera.

En Valle de la Pascua, a los quince días del mes de agosto del año 2011.

LOS CURAS REVOLUCIONARIOS DE LA INDEPENDENCIA

PONENCIA PRESENTADA EN EL VII ENCUENTRO DE HISTORIADORES,

CRONISTAS E INVESTIGADORES

ORTIZ. 20 de Agosto del 2011

Lic. Reinaldo Peña Chacin

Quienes han escrito la Historia relegaron al pueblo del relato histórico y del protagonismo de hombres y mujeres que participaron en la lucha independentista, de las acciones que contribuyeran a la marcha revolucionaria, de la fortaleza para luchar en condiciones adversas, de la separación de ciudadanos en superiores e inferiores, de exclusiones para los estudios universitarios, la carrera militar, el sacerdocio y los cargos de la burocracia local. Sin embargo, surgen muestras de reconocerse capaces, aptos e iguales para desempeñar oficios que le estaban vedado.

Así es el protagonismo que tuvieron sacerdotes católicos en la gesta emancipadora.

Son dignos de mencionar, en el marco de la celebración del Bicentenario de la Independencia, innumerables curas que tuvieron un desempeño en los movimientos insurgentes contra la corona española, su colaboración en la organización de reuniones secretas, conspiraciones, en el púlpito, en las plazas públicas o en los contactos personales.

Así demostraron que los ámbitos eclesiásticos venezolanos no fueron impedimentos para la lucha emancipadora y la acción revolucionaria.

José María Aguilar y Verde, cura revolucionario de los Valles del Tuy a quien se le inicio juicio en su contra el 1º de septiembre de 1814. Puesto preso fue expulsado del territorio venezolano embarcado en el Bergantín Palomo.

Antonio María Briceño Altuve, trujillano, quien fue consejero del poder ejecutivo. Ejerció el cargo de vocal de la Junta Patriótica de Mérida, a partir del 16 de septiembre de 1810, ejerció las funciones propias de su investidura, juramentando la independencia de esa provincia.

Las autoridades españolas iniciaron un proceso judicial en su contra en julio de 1812, acusándolo por el delito de infidencia contra la monarquía española. A fines de ese año, los tribunales lo condenaron a diez años de presidio fuera de los dominios españoles en América e Islas adyacentes, pero luego de una apelación de la sentencia logró quedar en libertad.

José Ignacio Briceño Pacheco, natural de Trujillo, fue designado presidente de Junta Provisional de Trujillo el 09 de octubre de 1810. Para el 16 de julio de 1812 fue encarcelado por las autoridades españolas por insurgente a la corona.

El 12 de agosto de 1812 fue trasladado y recluido en la Hospedería de Padres Capuchinos de Trujillo por motivos de salud. Fue absuelto y dejado en libertad el 09 de abril de 1813.

Juan José Bustillos, prebístero de la región de Aroa en el actual Estado Yaracuy, fue arrestado en el cerro El Tigre el 1º de diciembre de 1811. Se le inició un juicio el 23 de diciembre de ese mismo año.

Fue imputado de atacar a las Fuerzas realistas y de haber participado en las acciones de defensa en el poblado de Aroa. El 28 de marzo de 1812, debido al mal estado de salud y la avanzada edad solicitó libertad bajo fianza, la cual obtuvo el 13 de mayo de 1813.

José de Jesús Carvallo, colaboró durante la revolución de 1811. Cumplía funciones de Teniente de Cura en Petare y se le inicio un juicio por infidente el 26 de agosto de 1814, ordenándose su arresto y permanencia en el convento franciscano de Caracas en septiembre de ese mismo año.

Juan José Gamarra, cura de San Mateo, actual Municipio Bolívar, en el Estado Aragua, al cual se le inicio juicio el 1 de septiembre de 1814, por haberse llevado las alhajas del templo e incorporarse al ejercito de Francisco de Miranda. La última fecha de su juicio fue el 13 de abril de 1817.

Fernando José García, nacido y habitante de la Grita, en el actual Estado Táchira. Se desempeño como cura y presbítero del pueblo de Capacho en 1815. Recibía correspondencia de los patriotas y estaba informado de los movimientos insurgentes dentro de su localidad. Fue acusado el 29 de noviembre de 1815 por el delito de infidencia.

Ascensión González, cura en el pueblo de Chacao en el actual Estado Miranda. Salía con armas a reclutar gente para que sirvieran en las tropas insurgentes, seduciendo y persiguiendo a españoles y americanos.

Influyó en la revuelta de los negros del Valle de Caucagua en el año de 1812. Las autoridades españolas iniciaron juicio en su contra en el año de 1814 bajo la acusación de infidencia, prohibiéndosele la entrada a las provincias y territorios bajo el dominio de la corona española.

José de la Cruz González, era cura de Cabruta en 1811, trasladaba y entregaba, a bordo de una piragua, proclamas revolucionarias en otros poblados de la región. Enteradas las autoridades españolas solicitaron su aprehensión y posterior envió a Puerto Rico, logrando fugarse junto a otros prisioneros.

José Joaquín Liendo, clérigo y miembro de la Sociedad Patriótica, desde cuya tribuna expuso los fundamentos de la causa revolucionaria y fundador de la sociedad denominada el “club de los sin camisas”.

Fue uno de los más activos participantes en los sucesos que convulsionaron a Caracas durante 1810 y 1811. Entre sus acciones se cuenta el ahogamiento del retrato de Fernando VII en las aguas del Río Guaire. Fue hecho prisionero en enero de 1813 y recluido en la cárcel del Puerto de la Guaira.

Gabriel José Liendo, sacerdote, rector de la Universidad de Caracas actual Universidad Central de Venezuela. Lo catalogaron como de los principales revolucionarios debido al grado de influencia que ejercía por su carácter de rector y de eclesiástico. Ofreció alhajas de los templos para la causa patriota. El 1º de septiembre de 1814 se le abre juicio en su contra y la última fecha del mismo es el 13 de abril de 1817.

José Tomás Llorente, natural de Caracas. Presbítero de la Orden de la Merced Calzados. Se le acusó de la conducción de una compañía de milicias insurgentes, por el contenido de sus sermones agitando a los feligreses y generando animadversión hacia Fernando VII y haber jurado la independencia.

Logro refutar las acusaciones de las que fue objeto. Dejado en libertad y embargados sus bienes. Terminó sus días en el anonimato.

José Nicolás López, presbítero del pueblo de Moruy, ubicado en la península de Paraguaná en el Estado Falcón.

Cuestionó al Cabildo de Coro por desconocer la Junta de Gobierno de la Capital y favorecer el Consejo de Regencia. Fue llevado a prisión durante tres meses, luego puesto en libertad, el 22 de septiembre de 1810, y obligado a pagar los costos del juicio.

Silvestre López Méndez, nacido en Caracas. Maestro y prefecto de los Neristas. Se le formularon acusaciones de infidencias en septiembre de 1814 y la última fecha del proceso que se registra es la del 13 de abril de 1817.

Juan Bautista Oberto, presbítero de Coro oriundo de Barinas, a quien le fueron atribuidos unos versos satíricos en contra de la expedición del Marqués de Toro. Fue enjuiciado el 16 de junio de 1812 por infidelidad al rey, el cual concluyó el 11 de noviembre de 1812 siendo sentenciado a seis meses de cárcel y a cancelar el pago de los costos.

Juan José Orta, cura de Ocumare del Tuy, participó en varias acciones bélicas, destacándose, en un singular combate contra las fuerzas realistas del jefe militar, Francisco Rosete.

Su juicio se inicia el 1º de septiembre, pero quedó incompleto, puesto que el sacerdote emigró ese mismo año con el ejército patriota hacia el oriente de La Provincia. Se desconoce su paradero posterior.

Esteban Prados, clérigo franciscano. Forma parte de la relación de sacerdotes presos en Caracas y expulsados de Venezuela. Se sabe que su proceso se abrió el 1º de septiembre de 1814 y que cerró el 13 de abril de 1817. Emigró en 1814 y murió el 17 de abril de 1818 en el asalto del Rincón de los Toros cuando el Jefe Realista Tomás Renovales intento asesinar al Libertador.

Francisco José Ribas, capellán de Caracas y hermano de José Félix Ribas. Firmó los oficios del 19 de abril de 1810 como diputado del clero y considerado como un destacado partidario de la causa republicana.

Públicamente manifestaba su rechazo al Rey por los sermones que daba en la iglesia a favor de los patriotas.

En 1817 le dictaron una sentencia según la cual tenia prohibida la entrada a todos los territorios dominados por las corona española.

Nicolás Rosario, natural de Betijoque. Sacerdote sentenciado como infidente en 1815. Acusado de organizar una conspiración para atacar los batallones realistas de veteranos de Mérida, escapando hacia su pueblo natal donde es capturado y enviado al Tribunal de Secuestros de Maracaibo el 21 de abril de 1815.

Miguel Santa, sacerdote de los Teques. Fue enjuiciado el 1º de septiembre de 1814 y su caso seria cerrado el 13 de abril de 1817. Forma parte de la relación de sacerdotes expulsados de Venezuela.

Juan Antonio Subiaga. Sacerdote natural de Mérida. Predicó a favor de la revolución durante los sermones que pronuncio en la iglesia del pueblo de San Jacinto arremetiendo contra las provincias de Maracaibo y Coro leales al Gobierno Español y exhortando a la feligresía a obedecer al gobierno de Caracas y jurar la independencia de la Patria. Por estas razones se le abrió juicio en 1812 y condenado a destierro, sin embargo la Real Audiencia sobreseyó la causa se le devolvieron sus bienes y se le obligó a jurar lealtad a la Constitución del régimen español, ante el Gobernador de Maracaibo.

José Manuel Vargas, natural de Caracas. El 8 de junio de 1815 fue acusado por el delito de infidencia por haber realizado un sermón en el cerro de El Calvario. Recluido en la Cárcel de la Corona el 1º de abril de 1816. Al no encontrarse pruebas fue restablecido en su vicariato.

Presbítero Juan José Gamarra nacido en Santa Catalina de Siena de Parapara en 1765. Estuvo de Teniente Cura del Párroco de Turmero y en Parapara hasta 1792 cuando se le designo párroco de San Miguel de Acarigua. Luego regresa a Parapara en 1798 para ser trasladado a San Mateo en 1807.

Al caer la segunda República en 1814, huye hacia oriente con las tropas de Bolívar. Se le siguió juicio en ausencia, por infidencia. Se desconoce cual fue su destino.

Hoy, a doscientos años de nuestra Independencia, es necesario divulgar en las nuevas generaciones el legado histórico que nos permita que el pueblo se empodere de su pasado y de su presente para que se pueda construir una sociedad de igualdad, justa, de reconocimiento y respeto a la diversidad, con libertad, en democracia, participativa y protagónica.

La fé y la búsqueda de Dios no están reñidas con la lucha de los pueblos por su libertad.

Referencias Bibibliograficas

Centro Nacional de la Historia y Archivo General de la Nación

Memorias de la Insurgencia – Talleres de la Fundación imprenta

de la Cultura – Caracas 2010.

Botello Olman – Parapara Avuelapluma orígenes y Evolución Histórica – Publicaciones de la Universidad Rómulo Gallegos – Centro de Estudios Sociales (CENSA) San Juan de los Morros 2007.

jueves, 25 de agosto de 2011

RECUERDOS DE NUESTROS LOCOS

PONENCIA PRESENTADA EN EL VII ENCUENTRO DE HISTORIADORES,

CRONISTAS E INVESTIGADORES

ORTIZ. 20 de Agosto del 2011


FERNANDO AULAR DURANT


MARÍA DE LA PAZ

En el año 1972 cuando por motivo de trabajo me fui a vivir con mi familia a Valle de la Pascua, le pregunté a una persona del lugar que quién era María de la Paz y me respondió que era una loca que se la pasaba deambulando por la plaza Bolívar.

¿Quién era María de la Paz? El 24 de junio de 1831 se reunieron en Valle de la Pascua los generales José Antonio Páez, jefe del Poder Ejecutivo y José Tadeo Monagas, quien se había levantado en defensa de la memoria del Libertador y de la Gran Colombia y allí acordaron la reconciliación con la que se evitó una guerra civil.

Ambos generales acordaron en honor al memorable suceso de pacificación, darle a Valle de la Pascua el nombre de “Villa de la Paz” y para que el tratado quedara grabado en la memoria de la historia, el Gobierno Nacional decretó la erección de una estatua en la Plaza del Pueblo, la cual se llamaría “Nuestra Señora de la Paz”. La estatua fue realizada por un escultor italiano en una piedra traída del río Tamanaco. Era de tamaño natural, un poco regordeta y vestida a la moda parisién. Llevaba en la mano izquierda una palma y con la derecha señalaba el sitio donde se había sellado aquel pacto histórico. El pueblo la bautizó como “María de la Paz” y así la llamaba. Años después fue demolida, quién sabe por qué ignorante. El decreto del cambio del nombre nunca fue cumplido.

En Valle de la Pascua hay un lugar que recuerda este suceso: la casa del obispo en la Urbanización Magisterio, llamada “Villa de la Paz”.

UN TIRO Y A LA PATA DE UN PALO

El general Emilio Arévalo Cedeño nació en Valle de la Pascua en 1882 y allí murió el 1965 a los 83 años. De profesión telegrafista y comerciante fue el primer y último caudillo que se levantó en contra de la tiranía gomecista. Fue presidente del Estado Guárico y durante su administración creó escuelas, instituciones culturales, construyó hospitales, instaló molinos de vientos e inició el transporte motorizado del ganado y escribió su obra “El Libro de mis Luchas”. En sus últimos días, pobre, abandonado se paseaba por las calle y en su demencia senil, tal vez recordando sus viejas hazañas guerrilleras, exclamaba: -¡Un tiro y a la pata de un palo!

DOS CIENTÍFICOS LOCOS

Cuando Juan Chávez y Luís Solórzano estudiaban bachillerato se la pasaban haciendo extraños experimentos de química. Cierto día improvisaron un pequeño laboratorio en un cuartito en la casa de doña Manuela Reggio de Durant, “Mamá Vieja”, lugar que quedaba al lado de la habitación donde desde hacía varios años estaba postrado en un chinchorro el tío Manuel, hijo de doña Manuela, quien había quedado tullido por extraña enfermedad, según decían porque había cogido un pasmo por bañarse después de haber estado candeleándose cerca de los hornos donde se cocían los ladrillos y tejas. Como quiera que la viejecita criara pollos y gallinas, solía haber allí una plaga de piojillos que molestaban al enfermo.

Cierto día los químicos bisoños o locos, mezclaron unas sustancias que al calentarlas hicieron explosión, lanzando partículas de fuego entre vapores malolientes y espesa humareda, salpicando piso, paredes y techo. Estuvieron a punto de quemar la casa.

Doña Manuela y el pobre Manuel se iban muriendo del susto y cuando fui a visitar a mi abuela para enterarme de lo sucedido, me dijo: -Mijo, dígale a esos muchachos locos que no sigan haciendo esas cosas en mi casa, que me iban quemando a Manuel.

Los dos culpables recogieron sus matraces, morteros, tubos de ensayo y otros trastes y no volvieron más. Al poco tiempo la abuela me dijo:

-Mijo, dígale a esos muchachos que vuelvan, que desde que explotaron esa cosa los piojillos se fueron y no han vuelto más.

Luís Solórzano, el loco egregio, se graduó de ingeniero, es un famoso concertista de cuatro y guitarra, inventó un marcapaso cardíaco y hoy nuevamente está en la palestra internacional por la invención del motor de aire.

MARÍA, LA BABA

Cuenta Jesús Chucho Villarroel en artículo publicado en el periódico El Reportero, que en Valle de La Pascua, por los lados del caño de La Vigía vivió una señora de nombre María, a la que por mal nombre la llamaban La Baba. Cuando le decían este sobrenombre se tornaba agresiva. Se ignora el origen del mote o qué relación o semejanza tendría la mujer con ese crocodilino llamado baba (Caiman sclerops) o caimán de anteojos.

Según la narración, Emilio García, a quien le decían Pataruco o también “El Mangoré Criollo”, este último mote lo usaba en programas radiales como cantante y guitarrista de la Publicidad Guárico, era un hombre muy chusco, bohemio y serenatero.

Una madrugada de misa de aguinaldo, venía en compañía de un compadre cuando por los lados del Caño de la Vigía vieron a la señora que le decían la Baba, entonces García le propuso una apuesta al compadre de que él le diría el sobrenombre, cosa que era peligrosa porque la susodicha se disgustaba y lanzaba maldiciones y pedradas. Hecha la apuesta, Emilio agarró la guitarra y comenzó a cantar en son de aguinaldo:

“La Virgen María

lavaba, lavaba,

y el buen San José

planchaba, planchaba”

Al principio la señora no caía en cuenta por lo que no se daba por aludida. Emilio insistió con el aguinaldo y haciendo énfasis en el mote:

La virgen María

La Baba. La baba…

Pero esta vez María paró el oído, se dio cuenta que era con ella y enseguida respondió:

Y el c…. de tu may

planchaba, planchaba.

Y arremetió a insultos y pedradas contra los burlones.

UNCIO

A Carmelo García le dicen Uncio porque según se cuenta su locura comenzó cuando lo reclutaron y se lo llevaron a pagar el servicio militar y para evadirlo se hizo pasar por loco, adoptando conductas desquiciadas como llamar a los oficiales con el sufijo que derivó en su apodo: -¡A su orden mi coroneluncio!, -Si, mi capitanuncio. Al principio esto era interpretado como faltas de respeto a los superiores y le valió varios castigos, pero al final dijeron: -¡Suelten a ese pobre loco antes de que lo maten a palos! Y ya afuera continuó con la maña de llamar a todos uncio y se quedó con la tecla floja.

En cierta oportunidad pasaba Uncio por la calle Bolívar entre González Padrón y Mascota y se detuvo en un pequeño negocio llamado Asunglo, perteneciente a las hermanas Herrera, dos señoritas muy bondadosas, trabajadoras y extraordinarias costureras. Gloria, la mayor, era maestra de corte y costura en la Escuela de Artes y Oficios San José; de aparente carácter fuerte pero en el fondo muy sereno y dadivoso y Asunción la menor, de carácter apacible y dulce. Uncio, dirigiéndose a Asunción le dijo:

-¿Madrinita, me puede dar una agüita?

-¡Como no, Uncio! –le respondió Asunción y fue y le trajo un vaso de agua. Uncio se bebió el agua y le dijo: -¿Madrinita, me puede dar un cafecito?

-¡Como no, Uncio! –y le trajo una tacita de café que éste se tomó y de nuevo insistió:

-¿Madrinita, si me dio agüita y cafecito, no me podrás dar cuquita?

-¡Como no Uncio! –le respondió Asunción y fue y le trajo una catalina que al verla Uncio le dijo: -¡De esa no, madrinita!

Gloria que estaba oyendo el diálogo y vio el gesto lascivo del loco avispado, agarró una escoba y la emprendió a escobazos contra el falta de respeto que se dio a la fuga perseguido por la furibunda costurera.

Asunción muy candorosa, al regresar Gloria de darle los escobazos a Uncio, le dijo: -¡Pobrecito! ¿No ves que es loco?

Y le respondió Gloria: -¡Loco y pidiendo cuchara!

CARMELO GARCÍA “UNCIO”

EL PÁJARO PICHÓN

En Valle de la Pascua hay un hombre al que llaman “El loco Paraco”, uno más de esos pobres seres que una vez que pierden la razón los propios familiares los lanzan a la calle a deambular y a padecer. Pero Paraco es un loco tranquilo, no es agresivo y más bien se las da por barrer las calles, adornar los ventanales con flores, por colocarse en los brazos y piernas ramos de flores atados con cinchos y pintarse la cara y el cuerpo con colorantes vegetales. Moreno, de cuerpo enjuto y cara aindiada.

Un día se montó en la azotea de un edificio situado en la avenida Libertador entre Bolívar y Flores, casi al frente de la prefectura y desde allí gritaba que quería volar, que él era un pájaro, al tiempo que agitaba los brazos como alas.

La gente que por allí pasaba, creyendo se trataba de un suicida, se detenía a mirarlo y desde abajo le gritaban que no se tirara. Él insistía gritando que era un ave y que quería volar. Mucha gente se fue aglomerando en el sitio para esperar el desenlace, cuando atinaron a pasar por allí varios estudiantes que venían del liceo José Gil Fortoul, situado unas tres cuadras al sur de allí, muchachos alegres y traviesos que cuando oyeron al presunto suicida gritar: -¡Yo soy un pájaro y quiero volar! A su vez le gritaron: -¡Anda, tírate y vuela! ¡Te queremos ver volar!

El orate les respondió: -¡No puedo!

-¿Por qué no puedes? ¡Anda, vuela! ¿Acaso no eres un pájaro?

-Si soy un pájaro. Pero no puedo porque no sé volar. ¡Es que soy un pájaro pichón!

EL LOCO PELÓN

Eduardo Rengifo, en su tranquila demencia vivía con su madre doña Eustaquia, en una casa situada en una esquina adyacente a la plaza Bolívar entre las calles Ribas y Gabante, donde se la pasaba cantado rancheras o de donde salía a trabajar con una carretilla. Pero unos muchachos burlones desde la esquina le gritaban: -¡Guaro pelón! ¡Loco pelón! Lo que lo enfurecía y entonces salía corriendo en su persecución y a veces hasta les lanzaba pedradas.

Doña Eustaquia cansada de tan molestosa conducta de los zagaletones que enardecía y alteraba a su hijo, se quejó ante la prefectura, la cual le quedaba a media cuadra de allí en la calle Ribas frente a la plaza Bolívar. El prefecto destacó a un policía para que desde la esquina del mamón de la plaza vigilara para que los mocetones no molestaran a Eduardo, lo cual surtió efecto por lo que éstos desistieron de sus burlas.

Eduardo, sin las chanzas de los muchachos cayó en un estado de depresión y de tristeza: no quería comer, no cantaba sus rancheras ni salía a trabajar con la carretilla, por lo que doña Eustaquia fue de nuevo a hablar con el prefecto.

-Doña Eustaquia, pero si yo puse un agente a su servicio y del de su hijo para que esos vagabundos no lo molesten.

-No, señor prefecto, es que vengo a pedirle que quite al policía y mande a buscar a los muchachos para que le echen vaina a Eduardo, porque si no se me va a morir de tristeza.

LA MASCOTA DE LA SUERTE

En Valle de la Pascua vivió un personaje muy popular a quien llamaban Jopo, cuyo verdadero nombre era Rodolfo Antonio Bolívar Méndez, de quien se decía que traía la buena suerte, muy distinto de esas personas u objetos que dicen ser pavosas. Jopo sufría de retardo mental secuela de alguna afección cerebral posible meningitis o fiebre tifoidea. Tenía por manía morderse las mangas de la franela de mangas largas como las solía usar además de pantalones de kaki enrollados hasta las rodillas y sostenidos por tirantes, alpargatas y sombrero de cogollo.

Por eso de que traía buenos augurios, los chóferes solían montarlo en sus autos y muchas personas se le acercaban en procura de obtener este beneficio . También existía la creencia de que si jopo se enamoraba de una muchacha, ésta a los pocos días encontraba novio y se casaba bien, por lo que las muchachas casaderas lo buscaban y le hacían carantoñas con el fin de que jopo se fijara en ellas, se enamora y con ellos obtener buenas nupcias. Se cuenta que fueron muchas las núbiles vallepascuenses que corrieron con la buena suerte.

Jopo era muy querido por todos en el pueblo y para la posteridad quedó su imagen retratada en el lienzo de la pintora y cantante doña Mireya Infante de Salazar.

CALDITO CON PRESAS

Pura es una mujer campesina con cierta deficiencia mental pero con mucha picardía. En cierta oportunidad llegó de visita a la casa de una vecina, en un caserío rural de la zona. Como venía caminado bajo un solazo y tenía mucha sed pidió que le dieran una agüita y le dieron una totuma llena de agua la que se tomó a grandes y sonoros tragos y al terminar expresó enfática: -Tenía sé. ¿Verdá?

Entonces la dueña de la casa muy servicial y humanitaria le ofreció de comer por lo que le dijo a una de sus hijas: -¡Mira muchacha, monta a calentá la sopa pá que le des un caldito a Pura!

A lo que le aclaró la visitante:

-¡Y presa tambien!

LA CASA DE PICASSO

En agosto del 2005, en compañía de nuestra amiga Egleé Barrios, abogada venezolana que casada con Miguel un español andaluz, vive en Torremolinos, fuimos a la ciudad de Málaga en la costa del sol. Allí visitamos la Alcazaba, la catedral, el Museo de Bellas Artes en el antiguo palacio de los condes de Buenavista, el Museo Picasso y la casa donde nació este famoso pintor, ahora convertida en museo, en ésta fuimos pasando por varias salas donde exhibían cuadros pertenecientes a la época azul llamada así por el predominio de este color, por lo estilizado del dibujo y porque en ellos se abordan temas como la soledad y la muerte. Todo esto nos lo iba explicando Egleé.

Seguimos observando cuadros, ahora de la época rosa, de la fase oscura y así proseguimos viendo máscaras, dibujos, curiosas esculturas y llegamos hasta las pinturas del estilo cubista: caras deformadas, con doble nariz, ojos y bocas distorsionados. Egleé al llegar allí se paró frente a uno de los cuadros y nos dijo: -Picasso hasta aquí pintaba bien. De aquí en adelante se volvió loco.

El Motor de aire desafía la segunda Ley de la Termodinámica. Invento de un guariqueño.