jueves, 8 de marzo de 2012

LA PROVINCIA DEL GUÁRICO

(A propósito del 164 aniversario de su autonomía)

FELIPE HERNÁNDEZ G.
felipehernandez56@yahoo.es
UNESR/Cronista Municipal

El sábado 11 de febrero de 2012, se cumplieron 164 años de la creación de la Provincia del Guárico, en esa fecha, pero en 1848, el presidente de la República, general José Tadeo Monagas, firmó el ejecútese del decreto mediante el cual dividió en tres la antigua provincia de Caracas o de Venezuela, independizando los territorios de Aragua y Guárico.
Desde el punto de vista histórico, el estado Guárico en la época colonial conformaba los Llanos de Caracas que pertenecían a la Provincia de Venezuela, erigida según real cédula del 27 de marzo de 1526. La creación con el nombre de provincia de Guárico data del 11 de febrero de 1848 por resolución del Congreso Nacional, con los cantones Calabozo, Chaguaramas, Orituco y Ortiz; que hasta ese momento pertenecían a la provincia de Caracas. Siendo designada como capital, la ciudad de Todos los Santos de Calabozo, y como primer gobernador, el general liberal Blas Bruzual, natural de Cumaná.
La primera Asamblea Legislativa del Guárico fue instalada el 3 de noviembre de 1848.
En 1854 el Guárico estaba constituido por los cantones Calabozo, Chaguaramas, El Sombrero, Orituco, Ortiz y Unare; y según el censo de ese año su población era de 109.331 habitantes. La provincia fue confirmada en la Ley de División Territorial del 28 de abril de 1856, cuando pasó a formar parte de las 21 provincias de Venezuela hasta 1864, cuando fue declarado estado independiente, parte integrante de los Estados Unidos de Venezuela. Aunque a mediados del año 1863 desapareció como provincia, porque al triunfar la Federación con la firma del Tratado de Coche, se constituyó en Calabozo un gobierno provisorio federal integrado por el general Anselmo Vivas, Pedro Pablo Sarmiento y Diego Brito Real, quienes declararon el estado federal Guárico; el cual fue ratificado luego en la Constitución sancionada el 22 de abril de 1864.
En 1879 pasó a formar parte del Gran estado del Centro con Bolívar (actual Miranda), Guzmán Blanco (actual Aragua), Apure y Nueva Esparta. En 1889 este gran estado fue llamado Miranda. En 1898 adquiere nuevamente su autonomía, la cual le es ratificada mediante decreto del presidente de la República, general Cipriano Castro, el 16 de diciembre de 1899. Desde esta fecha permanece como estado independiente aún cuando ha sufrido cambios en su territorio. Sus límites con el estado Aragua se fijaron mediante protocolo firmado en 1933.
Entre los años 1901 y 1909, la entidad vuelve a recuperar su antigua fisonomía, ocurren cambios en sus distritos. Ya a finales del siglo había tenido otros cambios en su estructura interna. Ahora absorbe al estado Apure, llega hasta Achaguas, más pierde a Altagracia de Orituco que entra a pertenecer al estado Miranda y a Zaraza al estado Bermúdez (hoy Anzoátegui). El distrito Roscio, con Ortiz y El Sombrero, y distrito Bruzual pertenecían al estado Aragua.
La primera capital del Guárico fue Calabozo debido a la presencia del mayor núcleo humano cargado de historia política. José Tadeo Monagas, es quien decide fijar en Calabozo la capital, la cual dura hasta el 15 de octubre de 1874 cuando el general Joaquín Crespo Torres, con el pretexto de una supuesta peste en Calabozo, decreta el traslado de la capital del Estado a Ortiz. La capital del Guárico no permaneció mucho tiempo en Ortiz, solo cuatro años, desde 1874, hasta 1878 en una primera fase, y desde 1879 hasta 1881, en una segunda etapa; es decir, seis años. Para volver a Calabozo hasta 1934 cuando la capital es trasladada a San Juan de los Morros por disposición del general Juan Vicente Gómez, y de un acuerdo entre las legislaturas de Guárico y Aragua, donde también hubo trueque de territorios, en la cual Aragua cedió a San Juan de los Morros y Guárico le otorgó a Aragua las poblaciones de Taguay y Barbacoas.
En la actualidad, el estado Guárico conjuntamente con los estados Portuguesa, Cojedes, Apure y Barinas integran la región de los Llanos. En lo que respecta a su División Político Territorial, para el año 1970, contaba con 7 Distritos, luego en 1988, desaparece la figura de los distritos, pasando estos a ser Municipios Autónomos quedando para este entonces la entidad dividida en 14 Municipios. Hoy en día y de acuerdo con la Reforma Parcial de la Ley de División Político Territorial publicada en la Gaceta Oficial Nº 22 del 16 de septiembre de 1993 el estado Guárico cuenta con 15 municipios y 39 parroquias.

Valle de la Pascua, febrero 2011.

sábado, 25 de febrero de 2012

Las diferencias entre Roscio y Miranda, una aproximación a través de la relación epistolar de Roscio con Andrés Bello

Ponencia Presentada en el
Ciclo de Conferencias Dimensiones de Juan Germán Roscio
Primer Prócer Civil de la República
(San Juan de los Morros, 24 de febrero del 2012)
Despacho del Viceministro para África
del Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores
Sociedad Bolivariana del Estado Guárico

Jeroh Juan Montilla

Investigar en historia requiere un desapasionamiento sostenido, y muchísimo más es su necesidad cuando llega el momento de realizar los análisis respectivos y establecer las apreciaciones finales. Esta actitud constituye un requisito ético para quien aspira a visualizar las elusivas y complicadas verdades que generan el estudio de series, sistemas, acontecimientos y personajes históricos. No hay que olvidar que el historiador oscila forzosamente entre la musa del narrador y la lupa o cuchilla del científico. El ejercicio de un más o menos acertado estilo historiográfico requiere evitar en lo posible las trampas de la emotividad política o los engañosos vericuetos de la neutralidad intelectual.

En el estudio de la historia venezolana el periodo independentista constituye una cantera propicia para forjar mitos de todos los gustos, mitos tanto exaltadores como encubridores. En muchos casos esto a las claras es intencional, consciente, responde a intereses, pero en otros se deja ver la existencia de una especie de inconsciente profesional que arropa el ejercicio de lo historiográfico. Un inconsciente en todo el sentido freudiano del término, claramente represor y censurador, que solo sabe expresarse a través de lo simbólico, con su férrea sintaxis y categorías de lo correcto.

Juan Germán Roscio

Todavía el discurso historiográfico venezolano, aun aquel que se proclama insurgente, sigue encabalgado sobre un modelo de permanente y sobreactuada reverencia ante los vencedores. A pesar de la penetración de corrientes de muy diverso cuño, el discurso historiográfico sobre el periodo mencionado no deja de ser modelado por el viejo ritornelo romántico. Se apuesta en el fondo a incrementar la sacralización del periodo, y hasta la novedosa visibilización de los excluidos a veces tiende a democratizar la idolatría romántica, a aumentar el número de residentes de nuestro Olimpo patriótico. Se ha escrito mucha historia para la divinización y muy poca para la humanización. La historia no es meramente un propósito de bronces y mármoles, sino también un asunto donde se debaten razones y vísceras. No es el cumplimiento de la felicidad o la fatalidad de un irreversible destino sino la más cruda y fascinante contingencia de lo humano. La certidumbre en estos tiempos parece requerir cierta dosis de irreverencia.

Un aspecto poco profundizado en lo que respecta al periodo antes mencionado es el que toca las relaciones internas de la política patriótica, ese mundillo de antagonismos personales y grupales que una veces roe y otra fortalece contingentemente la consecución de los propósitos generales. La parte viva donde la política de los actores del momento deja ver sus abstractas sublimidades entrelazadas con las carnales excrecencias de sus apasionamientos. La situación dentro de las filas patriotas no era el ejercicio ejemplar de un acuerdo permanente, sino que los desacuerdos eran un verdadero caldo de cultivo donde se escenifica una puja de intereses y poderes grupales y personales. Eran verdaderamente seres de carne y hueso, capaces de equivocaciones e injusticias. Este marasmo debe estudiarse y exponerse profunda, serena y ampliamente, sin los frenos de los compromisos ideológicos, ni los temores sobre lo políticamente correcto o incorrecto. Esta problemática situación en el bando patriota se ha trasladado al discurso de los historiadores, estos toman partido por uno u otro grupo, por uno u otro personaje. Son comunes los términos exaltatorios o los descalificadores, calificativos como fidelidad o traición son las expresiones que terminan por sintetizar superficialmente situaciones y personajes. El poder discursivo de los historiadores ha establecido dos irreconciliables panteones, el de los mentirosos y el de los sinceros, el de los héroes falsos y el de los verdaderos. Olvidándose que establecer lo absoluto en lo ético siempre está en una confrontación insoluble con lo contingente de la política.


Andrés Bello

El caso de las diferencias o antagonismos entre Juan Germán Roscio y Francisco de Miranda es paradigmático, ha inclinado, en muchos trabajos, la balanza historiográfica a favor del Generalísimo en detrimento del jurista Roscio. Por ejemplo dos emblemáticos historiadores como Augusto Mijares y Mariano Picón Salas, tildan de imprudente, cruel y envidioso a Roscio por sus apreciaciones sobre Miranda. El historiador Reinaldo José Bolívar (2010) frente a esta situación expresa acertadamente que: “Contraponer la figura de Juan Germán Roscio con la de Francisco de Miranda ha sido uno de los elementos que más daño ha hecho a la objetividad histórica con la cual debe estudiarse al héroe guariqueño” (pág. 100) Constituyendo esto una puntada más sobre el velo de olvido con que se ha cubierto la figura de este importante venezolano en la celebración bicentenaria de la independencia. El autor llega a preguntarse el porqué de tanta omisión sobre esta figura, hace de su texto, Los olvidados del Bicentenario, todo un intento de establecer contrargumentos ante lo que pueda mancillar la imagen patriótica de Roscio. Lo hace con la intención de cerrar este capítulo de equivocaciones e injusticias historiográficas, tal es su empeño que en el subtítulo de su libro comienza con la expresión juicio final. Por cierto, solo en el ámbito sagrado de la Biblia es donde se concibe el juicio final, entre los contingentes y mudables seres humanos el juicio final histórico es un imposible, creo que la imagen de Roscio estará permanente haciendo historia, siendo sometida irremediablemente a las distintas figuraciones que les dieran en gana establecer a los futuros venezolanos. Ahora bien, en el contexto temporal que vivimos la respuesta es simple, está exclusión solo responde a ese mecanismos que arriba llamo lo inconsciente en los profesionales venezolanos de la historia, expresado en una obsesiva exaltación de lo militar sobre lo civil, al parecer el ejercicio sangriento de las armas resulta más cónsono con la vieja idea Olímpica del proceso independentista que el árido confrontar de razones de los intelectuales de aquel momento. La misma figura de Miranda padece ese mismo tratamiento, un elemento fascinante, como es la aventura intelectual que revelan sus escritos, a través de diarios y proyectos políticos, es opacada por su accidentado trajinar del militarista en los distintos frentes europeos. Sin embargo, vemos, como ejemplo de una nueva tendencia, que dos historiadores entre otros, Carlos Pernalete e Inés Quintero, en las biografías que ambos escriben de Roscio y Miranda, la situación conflictiva es tratada abiertamente, con más mesura, sin tomar partido por uno u otro, sino mas bien desnudando las causas en que se apoyaron para realizarlas. El propósito ahora es intentar aproximarnos a este episodio de la historia venezolana e intentar hurgar un poco más en las motivaciones que animaron a tan importantes protagonistas. Parafraseando a Unamuno cuando estudia a Kant, podemos decir que nuestro interés está colocado más en los hombres Roscio y Miranda, hombres de corazón y cabeza, que en los abstractos roles del tribuno y del Generalísimo. Interesan más los seres de carne hueso que los ya inmortales que se debaten por su precaria eternidad.

Francisco de Miranda

Cuando Juan Germán Roscio ejerce la Secretaría de Relaciones Exteriores en Caracas escribe seis cartas a Andrés Bello, mientras este último realiza gestiones diplomáticas a nombre de la Junta Suprema de Caracas en Londres. De esta correspondencia nos atraen especialmente dos, la del 9 de junio y la del 31 de julio del año 1811. Esta corta pero intensa relación epistolar primeramente deja ver una profunda confianza entre estos dos prohombres. Roscio inicia su primera carta del día 29 de junio de 1810 con la expresión: Amigo y compañero Bello. Se nota en ella un tono de confianza propio de la camaradería política, donde le informa sus preocupaciones ante lo que ocurre en España y sobre la actitud y acontecimientos en las provincias disidentes a la causa separatista. En el resto de las cartas Roscio cambia su expresión inicial por una más afectuosa: Mi amado Bello. A excepción de la del 31 de julio donde añade a la anterior expresión las palabras: compatriota y amigo. Vemos como los lazos de amorosa intimidad fraterna son reforzados con el sentir patriota. Roscio parece apelar a este sentimiento político ante el carácter de las severas expresiones que va emitir a continuación. Esta carta es la más extensa y la que deja al descubierto de modo crudo y sincero las duras opiniones de Roscio ante las actividades de Miranda. Son diversos los hechos que en esta carta Roscio evalúa del proceder político del Generalísimo. Aquí, por asunto de espacio, vamos a tratar solo dos aspectos de esta correspondencia. Es innegable la fuerte decepción que atraviesa todas las líneas que se refieren a Miranda. En el segundo párrafo Roscio relata la actitud desagradecida de Miranda ante los beneficios conferidos:

Pero en ninguno de nuestros periódicos habrá V. leído, ni leerá siquiera una acción de gracias por estos beneficios, porque el beneficiado no ha producido ningún rasgo de gratitud que inspira el derecho natural. Él había protestado en su primera instancia que dirigió desde esa corte, y en la segunda que hizo en La Guaira, solicitando permiso para venir a esta ciudad, que su ánimo era el de colocarse en la clase de simple ciudadano, y pasar entre los suyos el último resto de su vida. Pero cuando recibió el grado y sueldos referidos, no estaba todavía contento, porque aspiraba al de General de primera clase y al sueldo que los Tenientes Generales debían tener en América con arreglo a las ordenanzas de España. (Bello, Andrés (1984) Pág. 28, tomo XXV)

Pienso que hasta cierto punto es una ingenuidad por parte de Roscio creer que un hombre de fuertes inquietudes políticas como Francisco de Miranda llegue al país a conformarse con ser un simple ciudadano. Es explicable las falsas promesas de este, para nadie es un secreto que Miranda desde su estancia en Europa inspiraba recelo dentro de los cenáculos independentistas caraqueños. Quintero (2001) dice:

Respecto a Miranda, las recomendaciones verbales habían sido que se defendiesen de él o aprovechasen su concurso ‘…solo de algún modo que fuese decente a su comisión’, según se lo manifestó Andrés Bello muchos años después a su biógrafo Miguel Luis de Amunátegui. (Pág. 77)

Es obvio que Bello y Roscio comparten entonces la misma desconfianza política sobre Miranda. Es también evidente las razones de este recelo, Miranda se movía por el mundo solicitando a distintas naciones ayudas para un proyecto independentista americano, proyecto noble pero de fuerte acento personalista. Tampoco es desconocido el fuerte empeño de este para imponer sus ideas. No es para nosotros hoy una consternación ni desmerita su figura reconocer la particular pedantería de Miranda. Aquella serie de gestos prepotentes, distintos a la cortesía criolla, debieron parecerle un horror de mala educación a Roscio. Ahora bien las iniciativas políticas del Miranda por el mundo estaban plagadas de zigzags, impuestos por las maniobras propias de la política internacional, aparte que implicaban de fondo la peligrosa tutela de las potencias europeas. Todo esto generaba mucha suspicacia, y daba soterrados argumento a sus opositores dentro del bando independentista. Ahora el uso del ardid de decir algo para ganar tiempo y hacer posteriormente lo contrario es la norma usual que ha dictado la conveniencia entre los políticos, digamos que esa misma estratagema es la que usan hábilmente los patriotas frente a España, simulan en un primer momento defender los derechos de Fernando VII, y posteriormente de acuerdo a como evolucionan los acontecimientos en la península las cosas en Caracas van derivando ha desatar paulatinamente el nudo colonial.

El otro elemento a destacar son las aseveraciones que Roscio emite sobre la Sociedad Patriótica y las actuaciones de Miranda en esta. De este organismo dice:

Tolerada por el gobierno la tertulia patriótica con el deseo de que trabajase algunos planes de Constitución, de Confederación, o de otro objeto importante a caracas y Venezuela, tomó algún cuerpo, y degeneró en un mimo de gobierno, o censor de sus operaciones. Pero este exceso nació de algunos miembros del Congreso, que lo eran también de la tertulia, y que resentidos de no haber prevalecido su opinión en el Cuerpo Legislativo, la reproducían en aquella sociedad, hallaban apoyadores, y censuraban las resoluciones de la Diputación General de Venezuela. Algo se ha moderado este exceso. Su número pasa de 200 y nada ha hecho en utilidad de Venezuela ni de ninguna de sus provincias. (Bello, Andrés (1984) Pág. 32, tomo XXV)

Roscio rechaza de plano las actuaciones de la Sociedad Patriótica, la considera un organismo de extremistas que pretenden acelerar imprudentemente el proceso de transformación social y político. Una especie de cofradía de jacobinos criollos alborotadores. Roscio más adelante, en la misma carta, informa con cierto sarcasmo que el mismo Miranda habiendo sido propuesto como presidente de la Sociedad Patriótica no llegó ni alcanzar los votos para vicepresidente. Que solo a través de maniobras de prensa, la ayuda de los Ribas y haber ganado la opinión de los pardos puedo obtener finalmente la presidencia de la misma, Roscio remata llamándola velorio patriótico. Califica a sus miembros de “…jugadores de gobierno, semejante a muchachos que remedan las Juras, los avances, los ensayos militares, las maromas y volantines, los diablitos y gigantes, las tarascas y otras funciones religiosas, y profanas.” (Bello, Andrés (1984) Pág. 33, tomo XXV) Realmente estos calificativos que achacan infantilidad política a los miembros de este nutrido club responden en Roscio a una concepción particular del ejercicio de la política donde la mesura y el cálculo marcan el ritmo de sus acciones. En cambio Miranda se mueve como pez en el agua dentro del mundo contradictorio del club patriótico. Hombre formado bajo fragor idealista de la ilustración, ama la polémica y el debate de las ideas. El pensamiento político de Roscio se alza sobre un piso teológico de revolucionaria amplitud pero que mantiene el carácter sobrio de la religión católica dominante. Miranda es el sospechoso de masonería, tiene la calificación de ateo, es llamado irreligioso por Roscio, sin embargo, hay que decirlo, es un convencido creyente de la libertad en las prácticas religiosas. Es un diletante político, un entusiasta que sabe que hacer política es un constante tejemaneje, una interminable maraña haceres. La desmesura del verbo mirandino toma su mejor prueba en los debates del Congreso donde llega hasta sufrir la agresión de una bofetada por parte del presbítero y diputado Ramón Ignacio Méndez, y todo por su encendida e impaciente propuesta de asumir sin más dilaciones la independencia. Es interesante apreciar a través de esta carta que a pesar de estar unidos en el negocio público de la independencia hay una especie de distanciamiento moral entre las familias mantuanas caraqueñas, se señala de un lado a los escandalizadores y del otro a los decentes: Roscio al final de la carta, después de una disgregación en otros temas, dice: “Vuelvo a Miranda para decir a V. que su actual conducta trae la desconfianza de la mayor y mas sana parte del vecindario. Sus amigos más notables son los Toros, los Ribas Herrera y los Bolívares. Diseminador de la discordia y chisme, no da un paso de conciliación.” (Bello, Andrés (1984) pág. 38, tomo XXV) Vaya patota de amigos que tenía Miranda, esta camada alborotadora son los muchachos que comandaran los destinos inmediatos del país. Esta cita deja traslucir lo tan humano que eran estos hombres que toman la iniciativa de fraguar las bases políticas de Venezuela, personalmente los percibos más próximos, me identifico más con ellos, porque los siento mis iguales morales al momento de confrontar nuestras virtudes y miserias históricas.

Vemos entonces, para finalizar, dos concepciones distintas de lo político, cruzadas de la acritud lógica de las diferencias, pero que es un asunto circunstancial, porque como siempre los criterios políticos están atrapados bajo el imperio de las circunstancias. Puede que para junio de 1811 la desconfianza y la pugnacidad marcara los pareceres, pero por esa magia que dan los acontecimientos ya para el 31 de julio Roscio tiene una opinión distinta de Francisco de Miranda, dice en la carta de esa fecha: “Después de mi prolija carta entró Miranda en el Congreso como diputado de uno de los territorios capitulares de Barcelona, y su conducta en este encargo le granjeó mejor concepto. Se portaba bien y discurría sabiamente…” (Bello, Andrés (1984) Pág. 40, tomo XXV) Párrafos más adelante Roscio habla de las opiniones divididas ante la acción militar de Francisco de Miranda en la toma de la alzada Valencia, como siempre los pasos del Generalísimo van tener exaltadores y vituperadores al mismo tiempo. Esta expresión de que Miranda ahora se portaba bien tiene su explicación lógica, ya Miranda para el momento está en una situación distinta, ya está más dentro del aparato gubernamental y ejerce funciones hasta militares, forma parte de la porción más comprometida del gobierno. Al año siguiente los dos forman parte del triunvirato y tienen que decir juntos el espinoso asunto de la capitulación ante Monteverde. Dos caracteres distintos marcados por la exclusión racial de la sociedad mantuana, pero que desde el principio al fin las circunstancias los reúne para trazar un párrafo importante de la historia venezolana.

BIBLIOGRAFIA

Bello, Andrés (1984) Obras completas. Caracas: Fundación La Casa de Bello.

Bolívar, Reinaldo José (2010) Los olvidados del Bicentenario. Juicio final al mestizo Juan Germán Roscio Nieves. Caracas: Fundación Editorial El perro y la rana.

Cardozo, Manuel (1991) Juan Germán Roscio, prócer de la moral y el civismo. Caracas: Ediciones Trípode.

Flores, Jonás (2007) Postura de la iglesia católica en el proceso de emancipación de Venezuela. Caracas: Fundación Editorial El perro y la rana.

Pernalete, Carlos (2008) Juan Germán Roscio. Caracas: El Nacional.

Picón Salas, Mariano (S.f.) Francisco de Miranda. S.c.: Cuarto Festival del libro venezolano.

Quintero, Inés (2006) Francisco de Miranda. Caracas: El Nacional.

Rodríguez, Adolfo (2007) Juan Germán Roscio, el máximo constituyente venezolano. San Juan de los Morros: Alcaldía Bolivariana de Roscio.

Roscio, Juan Germán (1983) El triunfo de la libertad sobre el despotismo. Caracas: Monte Ávila.

Ugalde, Luis (1992) El pensamiento teológico político de Juan Germán Roscio. Caracas: La Casa de Bello.

miércoles, 15 de febrero de 2012

PEDRO SIVIRA : BALUARTE DE LA LITERATURA GUARIQUEÑA

Edgardo Malaspina

Tras su muerte (20.10.2010) Pedro Sivira dejó un legado escritural sólido que nutre el arsenal literario guariqueño, producto de su actividad a tiempo completo como escritor, periodista, poeta y ensayista.

Nació en San Lorenzo , Estado Falcón (29.10.1945), y desde muy pequeño se trasladó con su familia hasta Las Mercedes del Llano, pueblo que atrajo con sus ofertas petroleras a muchos venezolanos de todos los confines del país, y al que dedicó en gran parte su obra novelística. En efecto, sus dos grandes novelas LOS FANTASMAS Y LOS RESIDENTES (1976) y LA W.C COMPANY (1993) son inspiraciones y recuerdos de su infancia y adolescencia mercedenses. Pedro es uno de los representantes más genuinos de la literatura venezolana relacionada con la vida petrolera.

EL NOVELISTA

Arturo Uslar Pietri con su artículo “La siembra del petróleo” vislumbró las consecuencias nefastas, económicas y sociales, para el país del uso no adecuado de las ganancias provenientes de la explotación del oro negro.

El petróleo no se sembró y sobrevinieron las desigualdades sociales.Pedro Sivira vaticina esta especie de orden del caos que estamos viviendo en su primera novela publicada en 1976, Los Fantasmas y los residentes. El tema de la obra es la fiebre del petróleo y presuponía para el escritor guariqueño un gran reto: la cuestión habìa sido abordada por los colosos de nuestra literatura: Rómulo Gallegos, Miguel Otero Silva y Ramón Díaz Sánchez. No obstante, Pedro Sivira salió airoso porque su obra es superior en la forma cruda, realista y fidedigna de manejar y llevar hasta el lector la verdadera historia de la explotación petrolera. Al paso de las páginas se va formando la imagen de un mosaico de las vivencias más sencillas, las alegrías y tristezas de los hombres y mujeres que buscando mejoras y con alma de aventureros se alistaron en la empresa de taladrarle la panza a la tierra y extraerle lo chorros de felicidad. Por otro lado, y mas importante aún, está la “tragedia de los espíritus”, como solía decir Pedro Emilio Coll. Me refiero a los personajes de la novela: Petra, María, Manuel Pantoja, Thompson, Finnegan, don Antero, etc., con todas sus diferentes biografías de grandezas y naderías que coinciden en el escenario tormentoso de la fiebre del oro negro.

Capítulo aparte merece la vida de Juan Valenzuela, personaje principal de la novela, en la que particularmente veo el fracaso, la angustia y la desilusión de no haber sembrado el petróleo. Valenzuela, de humilde pescador, sin recursos mínimos para sustentar a su numerosa prole, pasa a ser el prototipo de la debacle moral de nuestros días. De un pata en el suelo llegó a ser supervisor de producción de la compañía petrolera y, al mismo tiempo, se transformó de un puntual guardián de su amada familia en un arrogante jefe hedonista, cuyo dios estaba representado sólo por el dinero.

“Juancho, como era conocido por todos sus compañeros, había aparecido uno de los tantos días de la semana con su mujercita Anicasia y sus cinco tripones del Oriente del país”. “…se dedicaba a un conuquito de yucas y ocumo y a la pesca de alta mar pero que el hambre era mucha”. “Con sus ropas que los medio vestían, permanecieron en el claro cerca del molino…” Y, luego de la metamorfosis, siendo supervisor y al recibir el sueldo: “Sin preocuparse de contar el dinero, saco un billete de 50 bolívares y pensó que si uno de los hijos que tenía con Anicasia no venía a buscarlo, a lo mejor se los mandaba con e Rey Dormido. Palpó el bulto de billetes con los dedos y se supo con los 2.300 ó 2.500 bolívares libres de compromiso”

En La W.C Company, con mucho más nitidez podemos notar que Pedro Sivira intenta y logra lo que ya han conseguido los grandes de la literatura: hacer de aquello parajes de la infancia, llenos de nostalgia multidimensional y gullivérica el ensueño predilecto de sus relatos, es decir, el pueblo que nos vio crecer es la razón de inspiración del escritor. Así como García Márquez hace de su ciudad natal el mítido Macondo en Cien años de soledad, Pedro Sivira, con la magia de la poesía transforma nada menos y nada más que a Las Mercedes del Llano en eje central de sus novelas.

Muchos de los hechos narrados en ambas novelas ocurrieron verdaderamente en Las Mercedes del Llano, además, es fácilmente identificable la galería de personajes pueblerinos y populares que hasta hace poco deambulaban por las calles mercedenses con sus biografías a cuestas, impregnadas con los rasgos típicos, físicos y psicológicos que les adjudica o identifica y resalta Pedro Sivira, haciéndoles portadores de ese humor ligeramente triste, a la Chejov, y que a su vez hace grande y subliminal la vida cotidiana de los pueblos.

Argenis Rodriguez alguna vez comentó las novelas de Pedro Sivira y dijo que las mismas convertían a su autor en uno de los escritores más sobresalientes de la literatura guariqueña.

EL POETA

Pedro debutó en el mundo de la literatura con dos poemarios, ambos publicados en 1975 :TENTATIVA y EXTRAÑAS COINCIDENCIAS. En tiempos de bachillerato los leí e hice comentarios elogiosos en círculo de amigos y en una hoja con pretensiones de periódico elaborada en batea.

En los últimos tiempos Pedro decantó su estilo e hizo una poesía muy hermosa, llena de imágenes profundamente filosóficas. Sus poemas los publicó en “ediciones particulares” , la variante venezolana de la rusa “samoizdat” .

En estos versos el poeta quiere compartir sus reflexiones espirituales, por eso sencillamente escribe: “El contenido de esta obra puede ser copiado, recitado, fusilado y citado a conveniencia de quien se identifique con esta producción” .

De El rayo luminoso que eres tú (La cara oculta del amor es la guerra.2007) citamos el poema Milagrosamente:

¿Qué por qué te llamo Rayo luminoso?

Sencillo…

porque fui primavera

supe de los calores del verano.

Mis huesos temblaron con la lluvia y el frío

Conocí lo amargo del otoño.

…Y un buen día

acoplaste todas las edades en una sola,

La del amor y la eternidad.

Porque sembraste una gran fuerza en lo profundo

de mi corazón

que me transformó en infinito.

Me hiciste infinito que trasciende tiempo y espacio.

Tibisay Vargas Rojas dijo de este poemario: “Un rayo es una fractura luminosa en el espacio, un instante que acontece inesperado, breve, pero perdurable en la impresionable memoria de quienes lo presenciamos…este (es el ) trabajo de Pedro Sivira…hombre acostumbrado al quehacer con la palabra, siempre por el surco de una narrativa bien plantada en el ámbito regional…”

El otro poemario Palabras para olvidarme de la vida tiene apreciaciones del destacado bardo Alberto Hernández: “ En Pedro Sivira se encuentran las preocupaciones acumuladas, un retardo del hombre ante su propia raíz… La poesía de Sivira es un intento, a dejar de estar cansado. Es el mismo cansancio muy buscando su única alternativa: romper con la seca tendencia del desgano, mutilar el sueño y la ilusión. Es una empresa asaz, peligrosa, es másd, nos puede agotar el reposo. Pero vale la pena”.

El último poema de esta obra es muy elocuente hasta en su nombre: Tengo que descontar mis pasos:

Tengo que desenterrar mis huellas y

seleccionar con cuidado de cristal

purificadas gotas

almacenadas por descuidos invernales.

Aunque tema.

Aunque tiemble.

Aunque todos los pasos del rencor me señalen

y se sumen paralelos a mi desgracia

o, a mi dicha.

...si .Tengo que descontar mis pasos.

HOMBRE DE LETRAS

Pedro Sivira era un escritor en el sentido más completo y sublime del oficio, es decir, en correspondencia con el paradigma según el cual el escritor no es el que escribe, sino el que no puede vivir sin escribir.

Fue uno de los precursores del periodismo cultural en Guárico conjuntamente con Lalo González.. Esta labor la desempeñó en El Nacionalista (El Nacionalista y la Cultura, Culturales de El Nacionalista) y en La Antena (Papeles del Llano). Publicó revistas como Centauro y Kandil.

Guillermo Morón, Edgardo Malaspina y Pedro Sivira. En la casa del gran historiador. Caracas.1996.

Pedro también cultivo el ensayo histórico (El paso de la historia, Alberto Carnevalli, Jesús Bandres) y desde la perspectiva semiológica hizo importantes aportes en el análisis de los discursos de personalidades de la vida pública nacional. Montones de libros lo rodeaban en su mesa de trabajo, bajó un árbol en el patio de su casa. Porque para establecer una comparación o un paralelo histórico, uno solo, tenía que leerse todo un libro.

UN BOHEMIO

Pedro fue un bohemio que hizo lo que quiso: leer y escribir. Su mundo fue el ocio creativo, su biblioteca y el culto a Baco. La pluma calificada de Alí Almeida escribió en Sivirianas:

Pasa la bohemia

y de pronto gira

para gritar:

Sivira…!


El arrendajo

que no lee,

pero que mira,

en el Florilegio

del paisaje

halla un verso

de Sivira


Roca, espiga, pan,

vino, mujer,lira,

flotan en los sueños

de Sivira.

martes, 7 de febrero de 2012

JUANA RAMÍREZ “LA AVANZADORA”

(Heroína Guariqueña que luchó por la Independencia de Venezuela)
Chaguaramas-Estado Guárico, 1790 – San Vicente-Maturín-Estado Monagas, †1856

Dr. FELIPE HERNÁNDEZ G.
CRONISTA OFICIAL DE VLP. / UNESR


Mucho se comenta en la historiografía venezolana y latinoamericana sobre los incansables esfuerzos que se hicieron para lograr la independencia en las primeras décadas del siglo XIX, destacándose la participación de algunos héroes, que quizás tocados por la providencia, se erigieron en líderes indiscutibles de la emancipación. Pero estas visiones tradicionales olvidaron el carácter popular de la guerra, así como el enfoque de género, que se vio reducido a la participación de unas pocas heroínas, casi siempre presentadas fuera de contexto en el proceso independentista.
No es mucho lo que se sabe sobre la intervención de la mujer en la Independencia, ya que la historia tradicional ha insistido en limitar su papel al de madre, esposa o hija. Sin embargo, el protagonismo femenino fue mucho más decisivo, cobrando en algunas oportunidades la relevancia misma que se ha atribuido a los héroes consagrados. Constituye el caso de la heroína guariqueña, Juana Ramírez “La Avanzadora”, un ejemplo que reivindica la participación y lucha cotidiana de la mujer en el ámbito social, laboral y militar.
Considerada entre las heroínas de la Independencia de Venezuela, Juana Ramírez, conocida como “La Avanzadora”; nació en jurisdicción de la población de Chaguaramas, estado Guárico en el año 1790. Su madre fue la esclava Guadalupe Ramírez, manumisa del gran terrateniente del Orituco, don Jacobo Ramírez de Salazar, dueño del hato El León, en jurisdicción de la población de Lezama. Esclava liberta, por su valor jugó un importante papel en las luchas independentistas libradas en nuestro país, especialmente en la ciudad de Maturín, estado Monagas, donde se desempeñaba como lavandera.
Existe criterio que llegó a Maturín después de la caída de la Primera República huyendo de las terribles confrontaciones y persecuciones contra los patriotas que se vivían en los Llanos del Guárico Oriental. Así cuando se produjo la Emigración a Oriente iniciada en Julio de 1814, después de la perdida de la Segunda República en la Batalla de La Puerta, en Junio de ese año; ya se encontraba allá. Sus principales acciones las desempeñó en el año 1813, cuando el realista Domingo de Monteverde atacó a la ciudad de Maturín, los republicanos dirigidos por José Francisco Bermúdez, Manuel Piar y José Tadeo Monagas la defendieron y bajo la dirección de Piar se organizó un batallón con el nombre de “Batería de las Mujeres”, llamado así porque estaba formado en su totalidad por mujeres del pueblo, que al lado de los hombres lucharon denodadamente por la Independencia. Juana Ramírez está entre ellas y en esa acción recibe el apodo de “La Avanzadora” por ser la primera en avanzar hacia el enemigo, realizando en el campo de batalla diversas actividades, entre otras, apertrechar los cañones, auxiliar a los heridos y enfrentarse valientemente al enemigo.
Recibió el apodo de “La Avanzadora” en la batalla del Alto de Los Godos, el 25 de mayo de 1813, por ser la primera en salir de una fosa situada en las inmediaciones de la actual plaza Piar de Maturín y avanzar hacia el enemigo en medio de una lluvia de balas, atravesó el campo de batalla y arrancó la espada a un general muerto. Esa espada la enarboló como su estandarte de libertad. Además de estas heroicas acciones, después de combate se dedicaba a curar a los heridos y a enterrar a los muertos.
Luego de caer Maturín en manos realistas, el 11 de diciembre de 1814, se ve obligada a abandonar la ciudad. No es hasta 1816 cuando, con el patriota Andrés Rojas a la cabeza, regresa y colabora en la reconstrucción del poblado. Habitó en la calle Real de Maturín (actual calle Bolívar), hasta que obtuvo su liberación por los servicios prestados a la familia patriota a la cual servía, y se retira a vivir al desaparecido caserío de Guacharacas (hoy San Vicente), a pocos kilómetros de la ciudad capital, donde muere en el año 1856, a la edad de 66 años, dejando descendencia.
Durante más de un siglo, unos cardones marcaron la ubicación de la tumba que guarda los restos de Juana Ramírez “La Avanzadora”, una y otra vez la devoción popular los replantó hasta que el 24 de junio de 1975, el Comité de Damas de la 58° División de Infantería erigió un monumento sobre su tumba, en el cementerio viejo de Guacharacas, que hoy sirve al pueblo de San Vicente y cuya placa reza así: “Aquí yacen los restos mortales de la heroína Juana Ramírez ‘La Avanzadora’, máxima exponente de la mujer monaguense, 1790-1856”.
En 1952, el Ejecutivo Regional levantó un monumento en su memoria en la redoma de la Avenida Bolívar de Maturín, obra escultórica que se le encargó al italiano Renzo Bianchini y que constituye uno de los símbolos por excelencia de la ciudad. Información que es confirmada por la respetada opinión de la escultora Blanca Allegra (sept. 2009), cuando expone, “Esa escultura… llamada Juana La Avanzadora, es del escultor Renzo Bianchini, autor del San Juan Bautista” ubicado en la plaza Bolívar de la ciudad de San Juan de los Morros.
Juana Ramírez, mujer valerosa que luchó por la independencia venezolana, se destacó por su pasión patriota, su deseo de la libertad y su entrega a la lucha independentista.

REFERENCIAS

FUNDACIÓN POLAR. (1988): Diccionario de Historia de Venezuela. Caracas: Editorial Ex libris.
HERNÁNDEZ G. Felipe. (2010): El Guárico: Historia e Historiografía Regional y Local. UNESR: Decanato de Investigación y Postgrado-CDCHT. Caracas: II Jornada Nacional de Historia Regional y Local de la UNESR; 25 y 26 de febrero de 2010.
HERNÁNDEZ G. Felipe. (2009): Juana Ramírez “La Avanzadora”. Publicado el sábado, 5 de septiembre de 2009, en:
MACHADO GUZMÁN, Gustavo. (1998): Historia Gráfica de la Guerra de Independencia de Venezuela. Caracas: Litografía Tecnocolor.
OCHOA, Neller. (2010): “Vaivenes de la cotidianidad femenina durante la Independencia”. Publicado en la revista Memorias de Venezuela Nº 15. Caracas: Ministerio de la Cultura / Centro Nacional de Historia. pp. 14-17.
STERN, Steve. (1999): La historia secreta del género. México: Fondo de Cultura Económica Editorial.
TORO, Isidro. (2010): Juana Ramírez / La Avanzadora. Publicado el martes, 20 de Julio de 2010, en: http://www.org/web/index.php?option=article&id=552:juana-ramirez--la-avanzadora=41:cultura&It
TROCONIS DE VERACOECHEA, Ermila. (Compiladora). ((1995): La mujer en la Historia de Venezuela. Caracas: Asociación Civil La mujer y el V Centenario de América y Venezuela.

jueves, 1 de diciembre de 2011

CULTO AL ÁNIMA DEL TAGUAPIRE EN ORITUCO

Carlos A. López Garcés

Cronista de Altagracia de Orituco

Municipio José Tadeo Monagas

Estado Guárico

1.- Un alias místico

La denominación Ánima del Taguapire está reservada en Orituco para identificar el alma de Rosendo Mendoza y el sitio donde éste falleció, a la sombra de un taguapire (de donde proviene el nombre), ubicado a dos kilómetros y medio al sur de San Rafael de Orituco, en la vía hacia Taguay, estado Aragua. Esta denominación fue acuñada por el señor Agustín Sosa, apenas a una semana de haber fallecido Rosendo Mendoza, desde cuando, arrodillado y con mucha fe, invocó su espíritu con aquel nombre de origen indígena, solicitándole ayuda para conseguir un burro que se le había extraviado; la petición le fue concedida a poco rato de haberla hecho y desde entonces se supo que aquella ánima era milagrosa.

2.- ¿Quién fue Rosendo Mendoza?

Las informaciones acerca de Rosendo Mendoza son escasas. Las más difundidas y aceptadas por los devotos, desde la octava década del siglo XX, son las aportadas por don Agustín Sosa, quien, por haberlo conocido personalmente, lo describió como un hombre viejo, de aspecto campesino, humilde, de figura muy delgada, estatura baja, piel oscura, cabello ensortijado, etcétera, quien, procedente de un lugar llamado El Criollo (sito en las montañas donde convergen los estados Aragua, Miranda y Guárico), llegó a pie a la casa de don Agustín Sosa en Las Guabinas, estado Aragua, al atardecer de un día que el informante no recordaba con exactitud. Rosendo Mendoza estaba muy afectado por una diarrea severa que llamaban colerín e insistía en continuar el viaje hacia Altagracia de Orituco, distante treinta y cinco kilómetros de allí, por lo que don Agustín lo convenció para hacerlo en burro al amanecer del día siguiente, como en efecto lo hicieron, acompañados por don Juan Agustín Freites, quien era el Comisario de El Pegón, lugar vecino a Las Guabinas.

El enfermo se agravó poco antes de llegar a San Rafael de Orituco, cuando habían recorrido veintiocho kilómetros, aproximadamente, y “el sol se había cambiado hacia el poniente”; aquel hombre estaba exhausto; fue necesario dejarlo a la sombra de un taguapire, en compañía del señor Freites, mientras don Agustín Sosa iba a San Rafael a buscar auxilio de don Natividad Arocha, un vecino comerciante de San Rafael de Orituco, nacido en 1884, quien había formado familia en esa población; cuando ambos regresaron con la ayuda ya el enfermo había fallecido, por lo que optaron por trasladar el cadáver al Cementerio General de San Rafael de Orituco, donde lo velaron esa noche y lo enterraron al día siguiente

Por otra parte, la doctora Angelina Pollak-Eltz, antropóloga austriaco-venezolana, en su libro Las ánimas milagrosas en Venezuela, editado por la Fundación Bigott (Caracas, 1989, p. 38), escribió lo siguiente:

“Rosendo Mendoza, otra ánima de Taguapire, murió en 1926. Cuenta la leyenda que era un campesino analfabeta que tenía profundos conocimientos de hierbas curativas. Como curandero tenía fama más allá de su pueblo. Era buen cristiano también que siempre fue a la misa en San Rafael. Murió en el camino hacia el pueblo, cuando quería visitar al cura. Luego fue enterrado debajo del taguapire…”

Estas informaciones son muy respetables, porque habrían sido el resultado de la recopilación de datos sobre un personaje legendario, cuyas fuentes no fueron reveladas por la autora; sin embargo, motivan a continuar la investigación acerca de Rosendo Mendoza y del carácter milagroso de su alma.

3.- Un culto en crecimiento

La devoción por el Ánima del Taguapire había quedado circunscrita a ciertos creyentes de San Rafael de Orituco, de localidades aledañas y de pueblos circunvecinos, hasta la octava década del siglo XX, cuando comenzó a divulgarse con más empeño la versión de don Agustín Sosa. Esto contribuyó a la expansión paulatina de la creencia en la milagrosidad de aquel espíritu, tanto que se afianzó en la consciencia de los devotos, cuyo número aumenta cada día. Los comentarios siguientes sustentan estas afirmaciones:

3-1.- Una cruz y tres santuarios pequeños

A semejanza de lo que ocurría en otros lugares venezolanos con las “ánimas de los caminos”, aún en el transcurso del siglo XX, en el sitio donde falleció Rosendo Mendoza fue colocada una cruz pequeña de madera, con su debida identificación, al pie de la cual se fue formando un promontorio de piedras pequeñas, con las que los creyentes recogían en el mismo camino al pasar frente a ella, para tirárselas con suavidad y depositarlas allí como gesto de veneración por el alma de un difunto desconocido, cuya muerte conmovió a ciertos pobladores de San Rafael de Orituco, tanto que percibieron sus dotes milagrosos, por lo que acudían a sus favores en casos de adversidades, lo cual motivaba visitas frecuentes al sitio para rezarle, encenderle velas, depositarle flores, dejarle limosnas o algún otro gesto de veneración para solicitarle ayuda o agradecerle por la recibida.

Don Natividad Arocha, el mismo con quien don Agustín Sosa consiguió ayuda en San Rafael de Orituco para atenderle a Rosendo Mendoza (lo que resultó frustrante), fue durante varios años el encargado de conservar en buen estado el lugar donde falleció aquel personaje místico, al cual asistían los deudos a pagar sus promesas. Algunas personas mencionan a don Natividad Arocha como el “fundador” de esa ánima; él optó por construirle una pequeña ermita, de paredes de bahareque y techo de teja, la cual se quemó, lamentablemente; es considerada como la primera capilla construida allí. El propio señor Arocha optó por edificar un segundo santuario de paredes de bloque y techo de teja, un tanto más grande que el anterior, de cuyo mantenimiento estuvo encargado posteriormente el señor Carmelo Montezuma, quien era sacristán de la iglesia parroquial de San Rafael de Orituco. Este segundo santuario no resistió los embates del abandono ni los del latrocinio. En ese mismo sitio fabricaron una tercera capilla pequeña, reformada y ampliada, de paredes de bloque y techo de platabanda, cuyas medidas pueden ser estimadas en dos metros de largo, metro y medio de ancho y dos metros de altura, la cual fue inaugurada el 24 de julio de 1986, con actos religiosos que incluyeron una peregrinación desde San Rafael de Orituco hasta este oratorio recién remodelado, el cual fue destruido a pocos meses de su inauguración, como consecuencia de la quema de un potrero cercano.

3-2.- Un oratorio nuevo

Una cuarta capilla fue construida en el mismo lugar donde estuvieron las tres anteriores, por solicitud del propio Rosendo Mendoza, según le confesó la maestra jubilada Magdalena Berroterán de Padrón al autor de estas notas, en conversación sostenida en horas de la mañana del día sábado 22 de agosto de 2008, en el sitio del Ánima del Taguapire, a propósito de una visita común.

La señora Magdalena Berroterán de Padrón afirmó que el insomnio la agobiaba la noche del 28 de diciembre de 1986, cuando de pronto, a eso de las cinco de la mañana, observó, junto a su cama, la imagen de Rosendo Mendoza como suspendido en el aire y diciéndole tres veces la palabra capilla. Ella, asombrada, decidió irse al baño para rezarle; dedujo que Rosendo Mendoza le solicitaba la construcción de una nueva capilla, lo que habría sido un compromiso del señor Teodoro Berroterán, propietario de las tierras donde murió Rosendo Mendoza y padre de la señora Magdalena, por lo que ella asumió aquel compromiso hasta cumplirlo satisfactoriamente, con la colaboración de numerosos devotos.

Este nuevo santuario fue inaugurado el 24 de julo de 1987; está orientado del noroeste al sureste. Sus principales características externas son: mide aproximadamente diez metros de largo, seis metros de ancho y tres metros de altura; paredes de bloque y frisadas; techo de platabanda sin frisar; piso de terracota; ventana con bloques de ventilación en el extremo superior sur de la pared este y en el de la oeste; una puerta grande que sirve de entrada por el lado sur que es su frente, la cual es cerrada con una reja metálica. Su interior está dividido en dos partes iguales por una reja de metal, extendida del piso al techo: la primera está inmediata a la entrada y corresponde a la sección de candelabros; la segunda equivale a la mitad más distante de la entrada, donde son colocados preferiblemente los testimonios de agradecimiento por los beneficios concedidos. En la segunda sección resalta un simulacro marmóreo de la sepultura de Rosendo Mendoza, en cuya lápida está gravado el año 1920 como data de su deceso; fue construido en marzo de 1988 como recuerdo de sus devotos y está ubicado longitudinalmente en el piso, contiguo a la porción media inferior de la pared norte que sirve de fondo; en el centro de esta pared destaca un mural de la figura del Anima del Taguapire, de 80 X 90 cm, pintado al óleo por Joaquín Hernández Reverón en 1987 y restaurado por él mismo en septiembre de 2004. El oratorio tiene una acera perimetral de un metro y veinte centímetros de ancho, seguida por una reja metálica de algo más de un metro de altura máxima aproximada, que la circunda por los cuatro lados, con un espacio libre por el sur que facilita el acceso al santuario.

El taguapire (Pithecellobium unguis-cati) donde acampó Rosendo Mendoza desapareció y no ha sido posible lograr la plantación exitosa de otro en ese sitio, pues los intentos han fracasado al secarse el nuevo taguapire recién sembrado. Sin embargo, la capilla es un lugar de referencia para los creyentes, quienes acuden allí a ratificar su fe en ese espíritu milagroso y/o agradecerle los favores recibidos por medio de oraciones, velas, flores, placas, diplomas, medallas, fotografías, ropas, sombreros, imágenes talladas en madera, gravados, cuadros, limosnas, etcétera., con lo que se particulariza concretamente la devoción por esta divinidad popular. Al parecer, el santuario es utilizado también para prácticas de curanderismo, mediante la invocación del espíritu de Rosendo Mendoza en sesiones mágico-medicinales, según lo indican comentarios que circulan entre pobladores orituqueños y restos de tabaco y perfumes encontrados in situ.

3-3.- Un gesto de tolerancia

En la página 10 del periódico El Guariqueño, que circuló en Altagracia de Orituco en la segunda quincena de abril de 1988, dirigido por Pedro Luis Pérez Guevara, fue publicada una nota reveladora de la tolerancia cultural de un representante del catolicismo en Orituco, con respecto a la devoción popular por el ánima de Rosendo Mendoza. La nota dice así:

“El pasado viernes santo [1º de abril] a las 10 de la mañana, fue bendecido el altar de la Capilla del Ánima de Taguapire con la celebración de una misa a cargo del presbítero Leopoldo Loaiza, párroco de San José Obrero [en Altagracia de Orituco]. Más de 160 personas compartieron la homilía donde se exhortó a los presente[s] a tener fe en las ánimas, sólo que se debe tener muy presente que nuestro centro principal debe ser Cristo; es por ese motivo que en ese día muy hermoso se celebró la santa misa para pedir a Cristo y al ánima de Rosendo Mendoza (Taguapire) que intercediera por todas nuestras necesidades”.

3-4.- Un rezo para la fe

El Ánima del Taguapire, aún en la novena década del siglo XX, carecía de una oración específica, que sirviera a los devotos para invocarla a ella directamente, como sucedía con otras ánimas milagrosas de los caminos. La maestra gracitana Eva Colmenares resolvió esa carencia, cuando redactó la oración al ánima de Rosendo Mendoza en los siguientes términos:

“Tú, que después de sufrir y pasar calamidades moriste desamparado al pie de aquel taguapire, apareciste de nuevo, haciendo muchos milagros y dando consuelo a las almas de muchos necesitados. Te pido infinitamente que ilumines mi camino, que encuentre la solución para cada adversidad.

Rosendo Mendoza: haz que cada instante de mi vida, por difícil que sea, tenga solución; en especial el que ahora te presento (se hace la petición).

Espero tu gracia y tu iluminación para estar en paz espiritual y materialmente y para la gloria tuya. Amén. (Se rezan tres Padre Nuestro y tres Ave María por el descanso de su alma)”.

3-5.- La fisonomía del personaje

La imagen de Rosendo Mendoza todavía era desconocida por la generalidad de sus devotos en el primer semestre de 1986. Sin embargo, don Agustín Sosa, atendiendo una solicitud de la señora Magdalena Berroterán de Padrón, le describió las características fisonómicas del personaje al dibujante y pintor altagraciano Juan Hernández Chiliberti, quien, en una especie de retrato hablado, lo captó artísticamente con la técnica del boceto en sepia sobre tela, a mediados de 1986. Este trabajo no satisfizo la expectativa de la señora Magdalena cuando lo vio de frente; pero sintió una agradable sorpresa al observarlo instintivamente y a trasluz por la parte posterior, pues apreció la extraordinaria coincidencia del boceto con los rasgos aportados por el señor Sosa, que era la imagen por ella idealizada; no obstante, su insatisfacción continuaba, por lo que decidió encargarle la hechura de un nuevo cuadro al pintor orituqueño Joaquín Hernández Reverón, quien, de acuerdo con los mismos datos suministrados por don Agustín, hizo primeramente un retrato al creyón en el segundo semestre de 1986 y luego un cuadro al óleo sobre tela, de 40 X 50 centímetros, que ahora está en posesión de la señora Magdalena.

El boceto pintado por Juan Hernández Chiliberti fue conocido por pocas personas, entre las cuales está el autor de estas notas; ese trabajo está extraviado, lamentablemente; estuvo expuesto varios días a la vista del público en el taller del pintor. Por el contrario, el retrato hecho por Joaquín Hernández Reverón es suficientemente conocido en Orituco y otros lugares venezolanos; él lo ha reproducido en varias ocasiones para satisfacer encargos de creyentes; esa es la imagen clásica que trascendió en el culto a Rosendo Mendoza.

3-6.- El sitio de la sepultura

Pocas personas sabían la ubicación exacta de la tumba de Rosendo Mendoza en el Cementerio de San Rafael de Orituco, la cual estuvo muchos años abandonada en el transcurso del siglo XX. No obstante, en la última década de esa centuria, le hicieron un trabajo modernizador que incluyó una lápida identificadora, colocada como recuerdo del doctor César Ramírez y familia, en agradecimiento por beneficio recibido. En esta lápida quedó impreso el mes de marzo de 1920 como la data de muerte de aquel místico personaje, la cual, sin dudas, fue deducida de datos aportados por don Agustín Sosa, quien nació en 1900 y tenía veinte años de edad cuando vivió el caso de Rosendo Mendoza(1). Sin embargo, don Leopoldo Olivares, un orituqueño versado en crónicas de San Rafael, afirmó en 1986 que esa muerte ocurrió en 1918, cuando la gripe española, según se lo contó su mamá, pero aclaró que aquel difunto no había sido una víctima de esa pandemia, sino de una diarrea muy severa que lo deshidrató(2).

Es oportuno decir que el acta de defunción de Rosendo Mendoza es interesante para confirmar datos acerca de su muerte; este documento no fue posible localizarlo mediante consultas efectuadas por el escritor de este trabajo, el miércoles 13 y jueves 14 de abril de 2011, en los libros de Registro de Defunciones llevados por la Jefatura Civil del Municipio San Rafael de Orituco del Estado Guárico, correspondientes al lapso comprendido del año 1910 al 1930, con excepción del año 1916 porque el libro estaba extraviado. Es factible suponer que la defunción de Rosendo Mendoza no fue registrada en la mencionada jefatura civil, de acuerdo con lo que indica el buen estado de conservación de esos libros de registro. Tampoco pudo ser conseguida alguna noticia sobre ese deceso en el archivo de la iglesia parroquial de San Rafael de Orituco, en visita efectuada el jueves 14 de abril de 2011; allí no existen libros del siglo XX que correspondan al registro de entierros efectuados antes del año 1945.

3-7.- La fiesta de cumpleaños

La señora Magdalena Berroterán de Padrón le comentó al autor de estos apuntes, durante la conversación citada en el numeral 3-2 de este trabajo, que Rosendo Mendoza le hizo una especie de “observación” esa noche del 28 de diciembre de 1986, cuando le dijo que ella celebraba su cumpleaños, pero no el de él. La señora Magdalena concluyó que Rosendo Mendoza le estaba revelando el día de su nacimiento, por lo que decidió celebrárselo anualmente desde entonces, para lo cual cuenta con la colaboración de muchos devotos, entre los cuales están agricultores, ganaderos, comerciantes, transportistas, profesionales, etcétera. Esta festividad comienza con una misa en homenaje al ánima de Rosendo Mendoza, celebrada en la iglesia parroquial de San Rafael de Orituco, seguida de una peregrinación hasta el sitio del ánima, donde es realizada la fiesta popular, que se caracteriza por la abundancia de comidas, bebidas y música llanera y de otros géneros, con la participación de muchos folcloristas y la asistencia de numerosos creyentes de Orituco y otros lugares de Venezuela, quienes disfrutan la celebración desde la mañana hasta el anochecer. Algunos intérpretes aprovechan el momento para cantarle sus composiciones al Ánima del Taguapire y diversos devotos hacen lo propio para ratificarle su veneración.

Es conveniente decir que la señora Magdalena Berroterán de Padrón es católica practicante y asumió por convicción el rol de custodia principal del Ánima del Taguapire, gracias a lo cual ha insistido con tenacidad en crear una organización para velar por este culto, lo que no ha sido posible a pesar de su insistencia.

3-8.- Una sesión especial

El culto a Rosendo Mendoza (Ánima del Taguapire) ha recibido diversos reconocimientos, entre los cuales están los concedidos por el licenciado Vicente Reyes a nombre de la organización Tiuna de Oro, en el Círculo Militar de Maracay, el 5 de noviembre de 2005 y el 29 de noviembre de 2008 por los favores concedidos; además, el otorgado por el Concejo del Municipio José Tadeo Monagas del Estado Guárico, presidido por el ciudadano Úrsulo Miguel Castro Romero, que decidió “…enaltecer a Rosendo Mendoza ‘ÁNIMA DE TAGUAPIRE’ como Patrimonio de Creencia Popular del Municipio José Tadeo Monagas del Estado Guárico”, según el Acuerdo Nº 09-2011, de fecha 26 de marzo de 2011, publicado en la Gaceta Municipal número 25-2011, extraordinario, de igual data. Este enaltecimiento tuvo la aquiescencia de los siete ediles integrantes de la cámara municipal monaguense: Úrsulo Castro, José Bravo, Lizbeth Aponte, José Medina, Lenin Manuitt, María Aída Manuitt y Dulce Meza; fue aprobado en sesión especial realizada en horas de la mañana de ese mismo día, en el sitio donde está ubicada la capilla del Ánima del Taguapire. Antes de esta reunión edilicia fue celebrada una misa en homenaje a Rosendo Mendoza, por el padre Favio Chaparro Sely, en la iglesia parroquial de San Rafael de Orituco, la cual estuvo muy concurrida; inmediatamente después hubo una caravana de fieles en automóviles hasta el sitio del ánima, con el propósito de presenciar la sesión edilicia y aprovechar la oportunidad para reafirmar la devoción por el alma del homenajeado.

3-9.- Un soneto

Don Salvador Ochoa es un orituqueño nativo de San Rafael apegado a las querencias de su terruño. Es autor del poemario Riberas del Orituco, editado por el Instituto Nacional de Cooperación Educativa (Caracas, 1996), en el cual fue incluido un soneto titulado Ánima del Taguapire, escrito en febrero de 1974 y cuyos versos son:

I

“Ánima del Taguapire, de don Rosendo Mendoza,

tienes poderes benditos que te venera el viajero;
cuando va rumbo al camino, te deja sobre una losa
una velita encendida que ilumine su sendero.

II

Con la señal del cristiano y un Padre Nuestro quiero

honrarte en este poema por ser buena y bondadosa.

Arrodillarme a tu cruz, si hubiese sido el primero,

como ofrendarte en un ramo los botones de una rosa.

III

El amigo Agustín Sosa me habló algo de tu historia.

Desde entonces, tuve idea inquietante en mi memoria

de cantar para ti, con triste melancolía.

IV

Eras aún jovenzuelo y de cólera afectado.

Te traían hacia Altagracia para que fueses tratado

y en el camino, a la sombra de un taguapire, morías.”

Este soneto puede apreciarse como una expresión del culto al espíritu de Rosendo Mendoza; debe entenderse, en este caso, que es secundario el hecho de haber sido escrito sin acatar estrictas normas de composición exigidas por especialista de la poesía. La ocasión es apropiada para repetir, con carácter aclaratorio, que Rosendo Mendoza era “viejo” cuando lo conoció don Agustín Sosa.

Conclusión

Es factible inferir que la adoración al Ánima de Taguapire es una expresión de sincretismo cultural, en el que se “combinan” elementos religiosos y profanos; claramente definida y en proceso de expansión, gracias a la tenacidad de sus cultores(as) y a la tolerancia eclesiástica y de otros cultos practicados en localidades de Orituco. Es una de las tantas manifestaciones autóctonas que caracterizan la diversidad cultural orituqueña, cuyo derecho a practicarla está garantizado por el artículo 59 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, vigente desde 1999, el cual expresa lo siguiente:

“El Estado garantizará la libertad de religión y de culto. Toda persona tiene derecho a profesar su fe religiosa y cultos y a manifestar sus creencias en privado o en público, mediante la enseñanza u otras prácticas, siempre que no se opongan a la moral, a las buenas costumbres y al orden público. Se garantiza así mismo, la independencia y la autonomía de las iglesias y confesiones religiosas, sin más limitaciones que las derivadas de esta Constitución y la ley. El padre y la madre tienen derecho a que sus hijos o hijas reciban la educación religiosa que esté de acuerdo con sus convicciones.

Nadie podrá invocar creencias o disciplinas religiosas para eludir el cumplimiento de la ley ni para impedir a otro u otra el ejercicio de sus derechos”.

La creencia en el poder divino del alma de Rosendo Mendoza es consecuencia del fervor popular, de la fe arraigada en la consciencia de los devotos, quienes expresan su devoción al rendirle culto mediante una manifestación impregnada de mucha espiritualidad, que, por muy modesta que sea como lo es el encenderle una vela pequeña, se agiganta en la medida en que esa fe individual se multiplica en la fe colectiva. Es un ejemplo de lo que significa el poderío de la creencia popular.

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(1)Don Agustín Sosa falleció en Taguay, estado Aragua, el 12 de agosto de 1998, a los noventa y ocho años de edad, cuando aún conservaba una admirable lucidez.

(2) El señor Leopoldo Olivares murió en Altagracia de Orituco, el 28 de enero de 2003, cuando tenía ochenta y cuatro años de edad.

APÉNDICES

Don Agustín Sosa (1900-1998). Auxilió a Rosendo Mendoza y fue el primero en invocarlo como Ánima del Taguapire. Foto: Ramón Alberto “Beto” Mirabal Zapata, 1990.

Rosendo Mendoza (Ánima del Taguapire). Autor: Joaquín Hernández Reverón, año 1986.

Capilla del Ánima del Taguapire. Vía San Rafael de Orituco-Taguay-San Juan de los Morros. Foto: C.L.G., viernes 22 de agosto de 2008.

Interior de la capilla del Ánima de Taguapire.

Foto: C.L.G., viernes 22 de agosto de 2008

Tumba de Rosendo Mendoza (Ánima del Taguapire). Cementerio General de San Rafael de Orituco. Foto: C.L.G., viernes 22 de agosto de 2008.

Sra. Magdalena Berroterán de Padrón. Cultora del Ánima del Taguapire. Foto: C.L.G., viernes 22 de agosto de 2008.

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