lunes, 22 de agosto de 2011

EL PAISAJE DE PARAPARA, ORTIZ Y LA MESA DE PAYA VISTO POR HUMBOLDT EN SU PASO HACIA CALABOZO (Era el mes de marzo del año 1800)

PONENCIA PRESENTADA EN EL VII ENCUENTRO DE HISTORIADORES,

CRONISTAS E INVESTIGADORES

ORTIZ. 20 de Agosto del 2011



Dr. FELIPE HERNÁNDEZ G.
UNESR / CRONISTA OFICIAL DE VLP
felipehernandez56@yahoo.es


Visión general de la obra Viaje a las regiones Equinocciales del Nuevo Continente.
En la narración humboldtiana de Viaje a las regiones Equinocciales del Nuevo Continente resalta no sólo la acuciosidad de sus mediciones científicas, tales como las de la latitud, temperatura, humedad en el aire; sus descripciones botánicas y geológicas, las cuales no sólo compara con las precedentes, las que se efectuaran en paralelo y/o posteriormente a él, estableciendo equivalencias en el caso en que hubo necesidad de hacerlo. Para ello, hace gala de un conocimiento erudito de los trabajos publicados en su tiempo, así como de aquellos que realizaron y/o llevaron a cabo sus colegas europeos en el campo de las ciencias naturales, físicas, geológicas y demográficas. De igual manera, se destaca como observador de costumbres locales, delínea perfiles de los individuos de los distintos grupos humanos que va conociendo, acompañados de comentarios y juicios; en todo caso, supuestas visiones equilibradas acerca de las características positivas y negativas de las sociedades americanas, que buscan dar al lector sensación de imparcialidad, tolerancia y mente abierta.
La magnitud de la información tanto en el campo de las ciencias naturales como en el social, así como ser el europeo que hizo un amplio periplo por tierras americanas con la anuencia de la Corona Española, le permitió en parte establecer su autoridad sobre la naturaleza americana y sobre sus sociedades. De igual manera, su permanencia por cierto tiempo en las distintas colonias visitadas y su inefable afán por coleccionar, tomar notas en sus diarios, fueron la base para las diversas publicaciones europeas, en ocasiones, fragmentos de las mismas fueron objeto de conferencias, nos dan muestra que Humboldt unió a su gusto por el saber con su divulgación.
Su obra Viaje a las regiones Equinocciales del Nuevo Continente es un monumento a si mismo como científico y autor, eje tanto de la actividad que en ella describe como de los resultados y explicaciones a las que llega. Dada la variedad de información que el texto contiene, se deduce que Humboldt tuvo acceso a información del imperio español, no sólo la publicada, sino aquella contenida en los depósitos y archivos tanto de la Península Ibérica como de América, concretamente la de Tierra Firme; de ello da cuenta, ocasionalmente a lo largo de la obra. Otro tanto ocurre con sus informantes, tal como lo denominan los antropólogos; aquellos eran funcionarios coloniales, personajes encumbrados del entorno o gente sencilla con la cual él y Aimée Bompland toman contacto en sus correrías; pero, es en contactos ocasionales Humboldt los nombra por sus nombres, en especial, si son funcionarios coloniales o gente notable, el resto se desdibuja en la narración.
Una lectura atenta del texto nos indica lo vital que fue contar con “informantes”. Es obvio que Humboldt demostró talento y capacidad de integrar toda esta información, y hacerla parte de su relato de manera provechosa.
Hechas estas precisiones, en esta ponencia nos proponemos examinar el paisaje que vio Humboldt en su paso por Parapara, Ortiz y la Mesa de Paya en marzo del año 1800, mes de fuerte sequía con las calamidades propias del fuerte calor.

El paisaje de Parapara, Ortiz y la Mesa de Paya visto por Humboldt.
En el tomo tres de Viaje a las regiones Equinocciales del Nuevo Continente, libro VI, capítulo XVII, Humboldt describe su desplazamiento desde los valles de Aragua hacia los Llanos, siguiendo la ruta desde Valencia, Villa de Cura, San Juan, hasta llegar al villorrio de Ortiz, situado a la entrada de las estepas… “Después de haber tomado un baño en el riachuelo de San Juan, en el lecho de roca verde basáltica del agua límpida y fresca, continuamos nuestro camino a las dos de la mañana, por Ortiz y Parapara, a la Mesa de Paya”. Puede inferirse que por los efectos de las altas temperaturas no sólo se bañan en el río San Juan sino que para aprovechar el frescor viajan de madrugada.
Después de esta descripción, Humboldt se refiere a la situación de inseguridad y de pillaje que asolaba estos parajes. De ello dice: “Como en aquella época la vía de los Llanos estaba infestada de ladrones, varios viajeros se nos reunieron para formar una especie de caravana”.
Continúa el relato haciendo alusión a los topónimos, los caminos, la geología y los sitios que a su paso va encontrando: “costeamos el Cerro de Flores, cerca del cual se aparta el camino a la grande villa de San José de Tiznados. Se pasan las haciendas de Luque y del Juncalito para entrar en los valles que, a causa del mal camino y del color azul de los esquistos, llevan los nombres de Malpaso y Piedras Azules”. Vale la pena resaltar la condición de importante poblado que para 1800 ostentaba San José de Tiznados.
A Humboldt le corresponde el honor de describir por primera vez la geología de la microrregión, en ese sentido, en su relato expone:
El valle transversal que desciende de Piedras Negras y de la villa de San Juan hacia Parapara y los Llanos está lleno de rocas Trapeanas que exhiben relaciones íntimas con la formación de esquistos verdes que ellas tapan. Creemos ver ya serpentina, ya roca verde, ya doleritas y basaltos. No es menos extraordinaria la disposición de estas masas problemáticas. Entre San Juan, Malpaso y Piedras Azules, forman ellas capas paralelas entre sí… Más abajo hacia Parapara y Ortiz, donde los amigdaloides y los fonolitos se juntan al grünstein, toma todo un aspecto basáltico… Más al Sur, hacia Parapara y Ortiz desaparecen los esquistos. Se esconden bajo una formación trapeana más variada en su aspecto. Más fértil se vuelve el suelo; las masas peñascosas alternan con capas de arcilla…
Como se puede ver, describe las formaciones geológicas de gneis, esquisto verde, caliza negra, serpentina, roca verde, basalto, dolerita, amigdaloide y fonolita.
La localización geográfica de Parapara y Ortiz: Expone Humboldt, que la cuesta meridional de la cadena costanera es bastante empinada… De la extensa meseta de Villa de Cura bajamos a las orillas del río Tucutunemo, que ha excavado en la roca serpentinosa un valle longitudinal orientado de Este a Oeste… De ahí nos condujo un valle transversal a los llanos por las villas de Parapara y de Ortiz. La dirección de este valle es generalmente de Norte a Sur. Está angostado en varios puntos. Hay cuencas, cuyo fondo es del todo horizontal, que se comunican entre sí por gargantas estrechas y pendientes rápidas… El terreno de Parapara y Ortiz no está más alto que los llanos sino de 30 a 40 toesas.
La detallada descripción de la Mesa de Paya: Por los 9º1/2 de latitud, penetramos en la cuenca de los llanos. El sol estaba casi en el zenit; el suelo es donde quiera que aparecía estéril y desnudo de vegetación, tenía hasta 38º y 40º de temperatura. Ningún soplo de viento se sentía a la altura en que nos hallábamos sobre nuestras mulas; en el seno de esta aparente calma, se elevaban sin cesar torbellinos de polvo empujados por esas pequeñas corrientes de aire que no se deslizan sino en la superficie del suelo y que se originan de las diferencias de temperatura que adquieren la arena descubierta y los parajes cubiertos de yerbas. Estos vientos de arena aumentan el calor sofocante del aire… En derredor de nosotros parecían las llanuras subir a lo alto; y esta vasta profunda soledad se exhibía a nuestros ojos como un mar cubierto de sargazo o de aguas pelágicas… estaba el horizonte, en algunas partes claro y netamente distinto, y en otras ondulante, sinuoso y así como estriado. La tierra ahí se confundía con el cielo. Al través de la seca nebulosidad y de los bancos de vapores veíanse a lo lejos troncos de palmeras. Despojados de su follaje y de sus copas verdegueantes, parecían esos troncos mástiles de navíos que se percibiesen en el horizonte.
A modo de conclusión, puede afirmarse, que la detallada y magistral descripción del paisaje de Parapara, Ortiz y La Mesa de Paya que nos relata Alejandro de Humboldt, en plena época de sequía, nos habla de la capacidad de observación del sabio, de su formación y del interés por la geografía de los espacios de la Tierra Firme, que es una de las denominaciones utilizadas en el período colonial para referirse a las tierras venezolanas, posiblemente por su ubicación en el Caribe, como una forma de indicar que se trataba de la parte continental.

CONCEPTOS BÁSICOS

Esquistos: Son rocas metamórficas de grado medio, notables principalmente por la preponderancia de minerales laminares tales como la mica, la clorita, el talco, el grafito y el cuarzo. La mayoría del esquisto procede con toda probabilidad de arcillas y lodos que han sufrido una serie de procesos metamórficos.

Estepas: Es un bioma que comprende un territorio llano y extenso, de vegetación herbácea, propio de climas extremos y escasas precipitaciones… Son áreas llanas o de escaso relieve con cubierta vegetal escasa, fundamentalmente herbácea y vegetación arbórea ausente o casi, con un clima extremado caracterizado por una sequía estival importante.

Sargazos: Nombre común de diversas algas marinas de talo diferenciado en una parte que tiene aspecto de raíz y otra que se asemeja a un tallo de estructura laminar y color pardo, que se halla en mares cálidos y templados de todo el mundo, en ocasiones formando grandes colonias.

Toesa: (Del fr. toise). Antigua medida francesa de longitud, equivalente a 1,946 metros.

Trapeanas: (Geología). Cualquiera de las diversas rocas ígneas de grano fino, densas y de color oscuro, tal como basalto o dolerita.

REFERENCIAS

FREITES, Yajaira. (2000): La visita de Humboldt (1799-1800) a las provincias de Nueva Andalucía, Caracas y Guayana en Venezuela y sus informantes. Publicado en: Quipu, Revista Latinoamericana de Historia de las Ciencias y la Tecnología. México, enero-abril 2000. pp. 35-52.

HERNÁNDEZ G. Felipe. (2011): Conversatorio en el Caserío Cumbito. Publicado en el blog Tierras Llanas, el 25 de marzo de 2011.
http://tierrallana.blogspot.com/2011/03/el-conversatorio-en-el-caserio-cumbito.html

HUMBOLDT, Alejandro (de). (1991): Viaje a las regiones Equinocciales del Nuevo Continente. Tomo III. Caracas: Monte Ávila Editores. 2da edición. Traducción de Lisandro Alvarado. pp. 187-206.

En Valle de la Pascua, a los quince días del mes de agosto del año 2011

domingo, 21 de agosto de 2011

EL PROFESOR JOSÉ MANUEL CÉLIS

PONENCIA PRESENTADA EN EL VII ENCUENTRO DE HISTORIADORES,

CRONISTAS E INVESTIGADORES

ORTIZ. 20 de Agosto del 2011


Edgardo Malaspina

Marzo nos trajo la triste noticia sobre la muerte de nuestro apreciado maestro, José Manuel Célis, destacado cronista guariqueño. Fue docente por largo tiempo en Las Mercedes del Llano, hizo muchos amigos, y participó activamente en los festivales de música criolla. Su infaltable presencia en nuestros eventos culturales para apoyarlos con su experiencia y capacidad organizativa nos hizo considerarlo, sencillamente, un mercédense más.

Valle de la Pascua lo vio nacer el 24 de marzo de 1945. No llegó a los 66 años. Era, entonces, un hombre joven. Sus padres fueron Esther Antonio Célis y Yolanda Pereira .

Sus primeros estudios los realizó en su ciudad natal en el Grupo Escolar Rafael González Udis . Luego, la secundaria la cursó en el Liceo José Gil Fortoul. Estudió jurisprudencia en la Universidad Central de Venezuela y aprendió la Historia en la escuela de la vida y en las numerosas lecturas que realizó. Fue profesor de esa asignatura (Historia) en El Sombrero, Valle de la Pascua y Las Mercedes del llano.

Lo conocí en los salones del Liceo mercédense Pedro Itriago Chacín . Era el prototipo del docente dinámico, de verbo fácil y siempre presto a establecer el mejor contacto con el alumnado. En esos tiempos juveniles nació mi aprecio y admiración por Célis. Era un cronista respetado por sus escritos, donde indagaba sobre los orígenes de Valle de la Pascua y del Guárico en General. Escribía sin rodeos pero con elegancia.

Una vez me mostró una carpeta de poemas con un título llamativo y romántico : HOJAS AL VIENTO. Decidimos publicarlos . En éste, su único libro y por lo cual siento inmenso orgullo de haberlo publicado, Célis canta a la existencia y todos sus circunstancias posibles, alegres y tristes, a través del prisma del recuerdo y la nostalgia. Por otro lado, define acertadamente la poesía como la mejor forma de expresión para quien ama la vida y todas las cosas que la rodean, y remata: “La poesía es el lenguaje del alma, sobre todo de un alma romántica y soñadora como la mía.”

Célis afirmaba que el nombre de su poemario significaba que el viento los llevaría a otros derroteros. Unos versos de su poema “Cuando caiga la tarde”, bien pudieran servirle de epitafio:

Yo me quiero morir cuando caiga la tarde

en la quietud dormida de una tarde serena

al arrullo del canto del pájaro en su nido

a la sombra de un árbol de ramas florecidas

donde a mi oído apenas llegue el rumor del viento

trayéndome el sonido de olas en la playa

o el lejano rumor de lluvia en los tejados

o el ruido cantarino de la brisa que peina

esa grama encendida de mi llano infinito.

Se fue José Manuel Célis, nuestro profesor y gran amigo ; y como sus versos partió con el viento hacia los rumbos ignotos de la posteridad.

TRES HÉROES ORTICEÑOS ENRAIZADOS EN CALABOZO

PONENCIA PRESENTADA EN EL VII ENCUENTRO DE HISTORIADORES,

CRONISTAS E INVESTIGADORES

ORTIZ. 20 de Agosto del 2011

Ubaldo Ruiz

Al revisar los diferentes archivos, se pueden conseguir muchos documentos en los cuales es posible percibir una estrecha relación entre los vecinos de Ortiz y los de Calabozo en varios momentos históricos, especialmente en la época de finales del siglo XVIII, y durante gran parte de la centuria siguiente. En estos mismos encuentros orticeños de cronistas e historiadores de años anteriores, hemos intentado resaltar esa relación mediante la referencia a algunos casos particulares, como el del año pasado, cuando nos ocupamos de la familia García, originaria de Parapara y Ortiz, de donde procede don José Ramón García, reconocido personaje del siglo XIX, a quien se tiene como uno de los principales constructores del casco histórico de Calabozo. Pero existen muchos casos más. Hoy queremos referirnos a los hermanos Muxica, o Mujica, renombrados héroes de la independencia, nacidos y formados en Ortiz, pero cuyo destino los sembró en la tierra calaboceña.

Cuenta Carlos Alfonzo Vas que para finales del siglo XVIII existía en Ortiz una familia formada por el matrimonio de don José Nicolás Muxica y doña Leonor de la Cruz Ramos. En esta ciudad nacieron sus hijos: Andrés Domingo, José Santiago, Antolín, Josefa Matilde, Hermenegildo, Leonarda, y José Antonio Muxica Ramos. Todos los varones iban a participar, con variada suerte, en la próxima guerra de emancipación. De ellos, al menos tres iban a establecer nexos con la Villa de Todos los Santos de Calabozo: Andrés Domingo, Antolín y Hermenegildo.

Existe en el río Guárico, en su recorrido por el Norte de Calabozo un paso llamado Paso Mujica, o Paso Mujiquero, denominación que según el autor antes citado tuvo su origen en los tiempos cuando Hermenegildo y José Antonio Muxica administraban un hato de su propiedad ubicado por esos lados, en época previa a la contienda independentista. Se supone que la gente lo comenzó a llamar así porque era el paso utilizado para dirigirse desde la Villa de Todos los Santos hacia la mencionada posesión pecuaria, o quizás porque, a pesar de que se podía ir a otras partes por allí, al utilizar ese vado era obligatorio pasar por el hato Mujiquero; sin embargo, los hermanos Muxica aún residían en la ciudad del Paya, aunque es lógico suponer que habían establecido vínculos con los vecinos de Calabozo.

Durante la Guerra de Independencia los hermanos Muxica se destacaron como verdaderos héroes de los patriotas. En 1812 comenzaron su participación en la contienda. Antolín fue capturado y fusilado por los realistas durante la campaña del Apure; su cabeza, puesta en una pica fue exhibida en la Plaza mayor de Calabozo hasta 1818, cuando fue rescatada y sepultada por orden de Bolívar. Andrés Domingo, el mayor de los hermanos, se licenció del ejército después de la Campaña del Centro. Había enviudado de su primer matrimonio en Ortiz, con Rita Rodríguez; en octubre de 1818 se casa de nuevo en Calabozo con Petrona Camacho, quien era hija de uno de los personajes principales de la Villa de Todos los Santos desde la época colonial, don Pedro Antonio Camacho, ya fallecido para el momento. Compró entonces el hato Las Ánimas, ubicado al Sur de Calabozo, y se dedicó desde entonces a la vida privada. Murió en Calabozo en 1843.

Sin duda, el más destacado y famoso de los hermanos Muxica fue Hermenegildo, quien se retiró en 1830 con el grado de Coronel, otorgado por el propio Bolívar, después de la batalla de Carabobo. Participó en casi todas las acciones importantes de la guerra. Estuvo en la batalla de Calabozo, en la campaña del Apure (fue uno de los héroes de la Queseras del Medio), en la liberación de Nueva Granda, y en la campaña de Carabobo, como ya se dijo. En 1827 fue nombrado Comandante Militar de Calabozo. Dos años después contrajo matrimonio en Calabozo con la cuñada de su hermano Andrés, Merced Camacho. A partir de entonces se convirtió en otro vecino de esta ciudad.

Encontramos entonces en 1827, momento en el cual Venezuela había librado la guerra contra España, y se disponía a iniciar su vida como nación independiente, como autoridades en Calabozo a dos hijos de Ortiz: en lo militar, el Comandante era el orticeño Hermenegildo Mujica, y en lo civil, figuraba como uno de los principales integrantes del Cabildo su hermano, también nativo de Ortiz, Andrés Domingo Mujica. En los archivos del Registro Subalterno de Calabozo se pueden rastrear algunas casas que sirvieron de residencia para estos personajes, que como apreciamos, se casaron con calaboceñas, tuvieron sus hijos aquí, y aquí dejaron sus cuerpos sembrados.

Desde finales del siglo XVIII existió una casa, que posiblemente permanezca en el casco histórico de Calabozo, la cual pertenecía a Francisco Javier Noriega, personaje destacado, entre otras cosas, por su participación en la activa vida religiosa de entonces. Este se la vendió al matrimonio compuesto por Victorio Díaz y María Isidora Montero; luego la casa fue heredada por la hija de estos María del Carmen Díaz y Montero, quien se la dejó también en herencia a sus hijos Zeferino y Manuel José Goicoechea y Díaz. Estos hermanos la vendieron en 1827, el 26 de julio, a Andrés Domingo Muxica. Hasta ese momento el prócer había residido con su consorte, como se dijo, en el hato de su propiedad, Las Ánimas. La casa mencionada estaba ubicada en la denominada entonces “esquina del correo”, y estaba construida de tapias y rafas, y cubierta de tejas; disponía de un solar de cincuenta varas en cuadro, cercado de paredes, y se componía de cinco cuartos de habitación, y un zaguán.

Como ya se dijo, el Coronel Hermenegildo Mujica se casó con la dama calaboceña Merced Camacho en 1829; pero dos años antes, el 4 de julio de 1827, quizás con motivo de su nombramiento como Comandante de Armas, adquirió su primera propiedad en Calabozo. El documento respectivo en parte dice: “La señora María Narcisa Morales de Alfaro, de esta vecindario, viuda y universal heredera del difunto Manuel Gutiérrez de Aguilar” vende al “Sr. Coronel Hermenegildo Muxica” una “esquina de solar con las piezas en fábrica situadas al poniente de la casa que es de su habitación” con “diez y nueve varas de frente y cincuenta de fondo de Sur a Norte”. El precio de la venta fue de 95 pesos de plata acuñada. Esta casa, que aún existe está ubicada en la calle que sucesivamente se ha llamado De la Aguada, Del Carmelo y García, pero que hoy se conoce como la Calle Tres, cruce con la Carrera Doce, frente a la antigua Gobernación del Estado Guárico, actualmente Biblioteca Pública “Ana Luisa Llovera”

No se sabe si en dos años el Coronel Muxica terminó de construir esta casa para utilizarla como residencia conyugal, o si consideró que era muy pequeña, pues el 19 de mayo de 1831 alquiló, por nueve pesos mensuales, una casa a la señora Isabel Ledesma, ubicada en un ángulo de la Plaza Mayor, diagonal a la entonces Iglesia Parroquial, hoy Catedral. Esa casa era una de las más grandes, pues se extendía de Este a Oeste, casi hasta la media cuadra. Actualmente existe dicha casa, aunque desfigurada. Hermenegildo Muxica murió menos de un año después, en enero de 1832, pero había dejado también otra casa, ubicada en la misma calle de la Plaza mayor (Calle Cuatro actualmente). El 18 de agosto de 1832 el señor José Fernández Sosa vendió una casa al señor Candelario Sanojo, situada en la esquina que hacían las calles De Marte y De Colón; en los linderos se aprecia que hacia el poniente esta propiedad limitaba, “paredes por medio, con casa y solar de los herederos menores del Coronel Hermenegildo Mujica...”

Este héroe, hijo de Ortiz, fue sepultado en la Iglesia Catedral de Calabozo en la nave izquierda, cerca de las gradas del altar. Cuentan los calaboceños viejos que hasta no hace mucho podía leerse un epitafio que decía así: “YACEN AQUÍ LOS RESTOS DEL CORONEL HERMENEGILDO MUXICA, CONSTANTE DEFENSOR DE LA LIBERTAD DE SU PATRIA, MURIÓ RETIRADO EN EL SENO DE SU FAMILIA EL 22 DE ENERO DE 1832”; pero de un día para otro fueron removidos los adoquines de ese Templo, y aquella lápida desapareció, y quienes hoy entran a la vetusta edificación no se enterarán de que en un rincón de ella yacen los restos del prócer orticeño.

El Motor de aire desafía la segunda Ley de la Termodinámica. Invento de un guariqueño.