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lunes, 28 de junio de 2010

VIVENCIAS DE UN TUCUPIDENSE- ZULIANO: Dr. HECTOR SERVIDEO SOTO

Ponencia presentada en el II ENCUENTRO DE CRONISTAS E HISTORIADORES DEL ESTADO GUÁRICO EN TUCUPIDO. MAYO DE 2010. CASA DE LA CULTURA RAFAEL RENGIFO. CONMEMORACIÓN DE LOS 250 AÑOS DE LA FUNDACIÓN DE TUCUPIDO, CAPITAL DEL MUNICIPIO RIBAS EN EL ESTADO GUÁRICO.


Manuel Soto Arbeláez


I. Presentación. Me ha sido de grato placer transcribir las notas vivenciales de estimados paisanos guariqueños. Considero que a los hombres y mujeres que hayan hecho carrera positiva a favor del país, se les deben reconocer sus méritos cosa que estoy tratando de hacer con algunos de ellos, en vida o ya desaparecidos. Las siguientes notas vienen de puño y letra de mi querido y estimado médico tucupidense Héctor Servideo Soto, residenciado en el Zulia desde 1951, hasta la fecha de su muerte el 27 de Noviembre 2007, donde hizo carrera en unión a su esposa, también médico, la Dra. Haydee Parra. Murió en Maracaibo rodeado del cariño de sus hijos y esposa. Los siguientes párrafos van dedicados en este Encuentro de Cronistas de Tucupido, a este valioso hijo suyo.

II. Orígenes y Educación Primaria. Dice el Dr. Héctor Soto: “Nací en Tucupido, Edo. Guárico el 06-05- 1923, en el seno de una familia humilde. Hijo de Josefa Antonia Soto, tuve cinco hermanos: Rosa, Zoila, Josefa, Garibaldi y Sara. Asistí a la primera Escuela Graduada de Tucupido, la “Narciso López Camacho” hasta el 5to grado, donde tuve valiosos y preocupados maestros por nuestro aprendizaje, a quienes admirábamos por su honestidad y sencillez, signos elocuentes de la pureza de sus almas. He aquí algunos de ellos: Luís Guglieta Ramos, Vicente Arellano, Eleazar Lozano, quien llevó a la Escuela métodos modernos, eliminando la palmeta como medio para el castigo por cualquier falta o travesura propias de la edad y en su lugar estimulaba nuestra estima y formación con sabios consejos. Compartieron conmigo, de 1933 hasta 1938, los bancos de la Escuela apreciados compañeros, cultivando la camaradería y la amistad entre todos. Algunos de ellos: Rafael Celestino Rengifo, Isidoro Mendoza; Emilio y Rubén Carpio Castillo, Rafael Panzarelli, Emma Ponce, Rosa Emilia Armas y otros.

La narración continua así: “Con Celestino Rengifo y el Profesor Lozano conseguimos una imprenta para la Escuela y elaboramos con nuestro esfuerzo y trabajo el primer periódico infantil en Tucupido, titulado El Chiquilín. Como en la Escuela no había sexto grado tuve que trasladarme a Valle de La Pascua para terminar mi educación primaria en la Escuela Graduada Leonardo Infante durante el año 1939, donde tuve la fortuna de encontrarme con un maestro y Director profundamente humano y solidario que me enseñó la mejor disciplina en el estudio y la conducta para ser un buen ciudadano ¡Cuanto le agradezco su empeño! se trata de Alberto I. Padra. Recuerdo algunos compañeros de escuela: Manuel Castro Oropeza, Luis Lasaballet, Isidoro Hernández, uno de los hermanos Flores Díaz y otros.

III. Educación Secundaria. “Terminado el 6to. Grado con un rendimiento óptimo, y como en Valle de la Pascua no había Liceo, me trasladé con mi madre a San Juan de Los Morros en busca de una ayuda-beca para estudiar bachillerato y nos entrevistamos con el Gobernador y su Secretario Aníbal Paradisi. Con una respuesta muy positiva, habida cuenta de la claridad de mi visión futura, la beca fue de Bs. 91 mensual, lo cual me permitió ingresar a una residencia estudiantil y al Liceo Juan Germán Roscio en San Juan de Los Morros, donde permanecí desde el año 1940 al 43, compartiendo con mis compañeros los encantos de la juventud. Recuerdo con mucha deferencia a mis profesores, quienes vertieron en nosotros sus conocimientos: al Dr. Miguel Chacín, Pedro Natalio Arévalo, al Dr. Leal, al Dr. Martínez Villasmil, al Sacerdote Timoteo García de Corpa, a Guillermo Meneses, y al profesor Pineda, entre otros”(..).

Compartían las aulas de clases y/o la Residencia estudiantil, entrañables amigos, difíciles de olvidar: Fernando Alvarado hijo, Fabián Zerpa, Eduardo Toro, Ramón de J. Heredia, Guillermo y Ángel Loreto. Guillermo Dumith, José Inés Pérez, Napoleón Ledezma, David Díaz, Pedro Díaz Seijas y Rubén Rodríguez. Entre ellos hubo uno con quien coseché una sincera y fraternal amistad: Fernando Alvarado Guzmán, hijo, la cual mantuvimos siempre fresca al lado de toda su familia y por toda la vida en especial con sus padres: Don Fernando Alvarado y Misia Aida Guzmán de Alvarado, quienes me brindaron un amor puro, acogiéndome en su hogar como un miembro más de su familia, noble gesto digno de mi eterna gratitud y de la gracia de Dios para esta familia sanjuanera”

IV. Caracas. Estando ya en la Capital dice Héctor Servideo: “Terminado el bachillerato en el Liceo Roscio de San Juan de los Morros, me fui a Caracas a estudiar Pre-universitario en el Liceo de Aplicación anexo al Pedagógico de la capital en el año 1944, allí tuve como profesores a excelentes y exigentes maestros de la docencia: Pérez Rodríguez, Sansón, Arroyo, entre otros. Es bueno recordar que ese año era el filtro exigente no sólo para los estudiantes que venían del Interior, sino para los de Caracas también, por lo cual los que tenían posibilidades económicas emigraban a Valencia. Yo me crecí ante el compromiso y salí adelante. Luego ingresé a la Universidad Central de Venezuela en el año 1945, ese fue uno de los momentos más felices de mi vida, al pensar que un niño veguero de un pueblo llanero, con toda una carga de necesidades, estaba de pié y ante la estatua del Sabio José María Vargas y me prometí a mí mismo, y a los míos, que aprovecharía al máximo la oportunidad que Dios y la Patria me ofrecían. Allí tuve profesores brillantes, verdaderos gigantes de la medicina quienes volcaron sus extensos y profundos conocimientos sobre nosotros, dignos ejemplos a seguir. En los primeros años los profesores José “Pepe” Izquierdo, Montbrun, Pablo Izaguirre, los hermanos Plaza Izquierdo, Rojas Contreras, O´ Dali, Félix Pifano. En la segunda etapa, o de las Clínicas, recuerdo a los profesores Ruiz Rodríguez; al zaraceño Hernández Rodríguez (Bambarito), Pérez Carreño, Blanco Gásperi, al zaraceño Manuel Vicente Méndez Gimón, Pastor Oropeza (Padre de la Pediatría Venezolana), Ernesto Figueroa, Gabriel Trompiz, Méndez Castellanos, Gabriel Barrera Moncada, Espíritu Santos Mendoza y Ernesto Vizcarrondo. Y entre los compañeros de curso mencionaré algunos; Vicente Armas, Josefina Tejeda, Emilio Carpio, Josefina Brington, Alexia Sandoval, Martínez Suárez, Víctor López García, Gustavo Silva, Romero Páez, Ligia Padilla, Luís Cuenca Pérez, Eladio Díaz y Ríos De Vicente.”(..)

V. Penurias de un estudiante. Recordando sus pasantías por 7 pensiones en Caracas, que una de las que le dejó más recuerdos “Fue una pensión situada en las desaparecidas esquinas de Pájaro a Tejar, que considero como la más emblemática de mi vida estudiantil, (pues) era manejada por un hombre rudo, poco afable y de modales carentes de los Consejos de Carreño en su libro de urbanidad y buenas costumbres; la administraba como un feudo que soportábamos con estoicismo los estudiantes de diferentes facultades y empleados y/o oficinistas del comercio y entes públicos. Su interés principal era el provecho económico a expensas del estómago de los comensales. Con esta escasa ración iniciábamos las actividades del día, hasta regresar al almuerzo a ingerir lo que a él se le antojara”. Recuerdo a un paisano guariqueño que compartía esta penuria con el resto de los pensionados, el hoy abogado Dr. Máximo Salazar Carchidio, estudiante siempre vestido elegantemente(..). Continua el Dr. Soto: “Como no podíamos estudiar por las noches, porque argumentaba que “se gastaba mucha luz”, teníamos que emigrar a las plazas públicas cercanas: la del Nuevo Circo, la Henry Clay, la Plaza España y otras. Algunas veces expoliados por el hambre de la media noche un compañero y yo, consumíamos de la nevera todo cuanto podíamos: hasta zanahoria, remolacha, lechuga, etc., todo lo cual despertó la ira del patrón, que así lo llamábamos, y esto lo solucionó encadenando la nevera durante las noches. En otras ocasiones más afortunadas, como estudiábamos en las plazas hasta altas horas de la noche, ocasionalmente se presentaban situaciones muy gratas: se nos acercaban algunas personas alegres bajo los efectos del alcohol y comenzábamos un diálogo más o menos en estos términos: -Hola Br., ¿qué están estudiando? Le respondíamos (que) Medicina. Bonita y noble profesión, -¿De dónde vienen?- Del Llano, -Bonita Región, ¿Y no tienen frío y hambre a estas horas de la noche? De todo un poco, pero estamos acostumbrados...-Ya se lo vamos a quitar vamos al cafetín del Chino de la esquina y allí comerán una tostada, una torta burrera con almíbar, una gelatina o un café, según prefieran. Consumido el contenido de tan generoso gesto, le expresábamos nuestra gratitud más sentida, entonces él se iba con su marcha vacilante y palabreando un monólogo –El llanero será un buen médico para curar a nuestro pueblo. ¡Si señor!- y así se alejaba esa alma generosa y caritativa ante la necesidad del prójimo(..). “Como la pensión también alojaba por 3 a 4 días a comerciantes del interior que venían a realizar transacciones comerciales, se contaba entre ellos un señor de mi pueblo Tucupido: Vicente Morales, quien me distinguió con su afecto y sincera amistad, mutuamente compartida. Cada vez que llegaba a la pensión preguntaba por mí y me decía: Br Soto mientras yo esté aquí Ud. está invitado a almorzar conmigo en el Restaurant “Mesa”, conocido éste por su exquisita comida de distintas regiones del país y en especial de la llanera. Cuando llegábamos al restaurant me decía: escoja lo que quiera comer y cuanto quiera. Invitación ésta que equilibraba la dieta deficitaria cotidiana. Cansado de la rutina de esa pensión y en busca de un mejor ambiente y alimentación, me mudé a casa de un compañero de estudios en la esquina de Torrero, en La Pastora. Al principio sentí el cambio que esperaba, pero a los meses siguió pasando a la rutina anterior, por lo cual me fui a la casa de doña Rosa de Olivares, de Socarrás a Puente Yánez, una familia con fuerte principios religiosos, de acuerdo a mi formación cristiana, pasando allí los 2 últimos años de mi etapa estudiantil. Durante ese lapso conocí compañeros de estudios y empleados públicos en un ambiente cordial y respetuoso. Guardo gratos recuerdos de esa muchachada. Durante ese tiempo realicé pasantías como Bachiller Interno y Residente en el Hospital Policlínico de Los Teques, donde logré experiencias muy valiosas con los Jefes de Servicios: Dres. Yánez, Morillo, Silva Santaella y otros maestros en sus especialidades y generosos en su práctica profesional. Como éstas, fueron muchas las experiencias y anécdotas vividas en esa inolvidable y recordada etapa de mi vida universitaria y con frecuencia en el atardecer de mi vida las evoco (aquí en Maracaibo) para refrescar mi memoria de tan bellos momentos”(..).

VI. El Diploma de Médico. “Por fin llegó el día de la anhelada graduación de Médico el 2 de agosto de 1951 en la promoción Dr. Pastor Oropeza en homenaje a tan honorable Maestro, día en que el Paraninfo de la Universidad Central de Venezuela (hoy Palacio de las Academias), se engalanó para recibir en Acto Solemne a los miembros de la Promoción con las Autoridades Universitarias presidida por guariqueño Rector Julio De Armas y nuestro Padrino Epónimo el Profesor Pastor Oropeza. Se nos invitó a hacer el Juramento Hipocrático y luego a recibir el Título de Médico Cirujano. Trascendental y memorable momento, donde una vez más sentí la bendición de Dios entre coros y cánticos, exaltando la alegría, la felicidad y el amor que palpitaba al unísono en el corazón de mi madre junto al mío, de mis familiares y amigos, lo cual dejó una huella imperecedera en nuestras almas. Al mismo tiempo en mi imaginación sentí la presencia del Dr. José María Vargas que extendía sus brazos hacia mí, con una sonrisa de triunfo y me susurraba al oído: ya eres uno de los nuestros, cumplirás siempre con tu deber, y le he sido fiel a lo largo de mi vida”(..).

VII. Logros médicos, científicos y académicos del Dr. Héctor Servideo Soto. Uno de los mayores logros del Dr. Héctor Servideo Soto y de ejemplo para los Tucupidenses, fue vencer siempre las grandes dificultades ligadas a la pobreza y subdesarrollo presentes en las poblaciones del interior venezolano durante la primera mitad del siglo veinte, que impedía el desarrollo intelectual y humanístico de sus habitantes. Huérfano de padre a los 4 años de edad y de origen humilde, Héctor S. Soto logró con su gran tenacidad e inteligencia manifestada desde su niñez y con el apoyo de su madre, Josefa Antonia Soto y su hermana Rosa Soto, obtener una beca para continuar sus estudios al terminar el 5º grado en Tucupido. Su buen rendimiento académico le permitió conseguir una Beca de la Compañía Creole para realizar sus estudios universitarios en la Escuela de Medicina de la Universidad Central de Venezuela y obtener el Título de Médico Cirujano con excelentes calificaciones, convirtiéndose el 1º de Agosto 1951 en el primer médico nacido en Tucupido.

En Diciembre 1961, se gradúa de Especialista en Puericultura y Pediatría en la Universidad Central de Venezuela, con la máxima calificación de 20 puntos, convirtiéndose en el primer pediatra Tucupidense y, el Título de Doctor en Ciencias Médicas en la Ilustre Universidad del Zulia con la presentación de su Tesis Doctoral el 04 de Marzo de 2001, cincuenta años después de su graduación en la UCV, lo que indica que nunca cejó en su afán de superación.

Durante su vida profesional el Dr. Héctor S. Soto fue considerado por sus colegas y discípulos como un pediatra insigne, porque ejerció la profesión con mucho amor, mística, dedicación y asumiendo con gran responsabilidad a cada uno de sus pacientes aplicándoles los mejores tratamientos en el momento oportuno para lograr su curación. Fue, además, un incansable luchador por la igualdad de sus pacientes más necesitados.

Gracias a sus cualidades científicas y humanas, en Julio del 1977 se convirtió en Profesor Universitario en el Departamento Docente de Pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad del Zulia, ganándolo por concurso de oposición y ejerció los cargos de Coordinador de la Cátedra de Propedéutica Pediátrica en la Unidad Docente Hospital Chiquinquirá de la Universidad del Zulia, Profesor de Clínica Pediátrica. En el año 1982 fundó la Unidad Docente Hospital Materno Infantil Cuatricentenario de Maracaibo, coordinándola hasta su jubilación en el 1998.

En Julio de 1978 ganó el concurso de oposición como Jefe de Servicio de Pediatría fundando el Servicio de Pediatría dependiente del Hospital Materno Infantil Cuatricentenario de Maracaibo, cargo que ejerció hasta su retiro por enfermedad en el 2002.

El doctor Héctor Servideo Soto fue nombrado Padrino Epónimo de 4 y Padrino Honorario en 10 promociones de Médicos egresados de la Universidad del Zulia. Asistió durante su carrera médica a más de 120 cursos de Actualización en Pediatría, Jornadas y Congresos presentando trabajos científicos originales sobre el tema en 17 oportunidades. Fue miembro de 7 Sociedades Científicas: fundador y Presidente de la Sociedad Médica de Cabimas, Miembro Honorario y Presidente de la Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría, Filial Zulia, Miembro Fundador y Honorario de la Sociedad Zuliana de Perinatología (AZUPERINAT), Miembro de la Sociedad Venezolana de Infectología y Miembro de la Academia Americana de Pediatría y fue Miembro Fundador del Colegio de Médicos del Estado Zulia

En su matrimonio con la Dra. Haydee Parra de Soto, Héctor Servideo Soto constituyó un hogar con elevados valores éticos, morales y cristianos ejemplo de honestidad, rectitud y responsabilidad, valores que inculcó a sus hijos, a sus discípulos y a toda su familia. Tuvo la oportunidad de recoger sus frutos en sus hijos, familiares y en sus alumnos. Sus 8 hijos obtuvieron títulos académicos con excelentes calificaciones, tres de los cuales Summa Cum Laude: un médico veterinario, una enfermera, una administradora, dos médicos cirujanos, un ingeniero agrónomo, un arquitecto, y un abogado sacerdote jesuita filósofo y teólogo.

El Dr. Héctor Servideo Soto fue un hombre cristiano enemigo de la ostentación y el derroche, buen hijo honrando a su madre y benefactor de toda su familia, hermanos, sobrinos, hijos, y nietos. Fue un hombre amante de la naturaleza y de todo cuanto lo rodeaba: amó el arte, la música clásica, la lectura y las culturas que conoció en sus viajes alrededor del mundo, y nunca olvidó a su Tucupido, pueblo que lo vio nacer el 6 de mayo de 1923 y al cual visitaba frecuentemente junto a su esposa e hijos. Dio ejemplo de honestidad, rectitud, responsabilidad a toda su familia y a quienes le conocieron en el desempeño de su vida hogareña, como pediatra, como profesor universitario y como ciudadano de este país.

Sufrió con humildad y paciencia su larga y penosa enfermedad y falleció rodeado del amor de todos sus seres queridos el 27 de Noviembre 2007, a los 84 años de edad. Su vida fue, es y será motivo de inspiración para familiares, amigos y generaciones futuras de su querido Tucupido, población que estuvo siempre sembrada en sus recuerdos.

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Notas: Estos logros fueron escritos por su esposa y todos sus hijos quienes fueron aportando referencias alusivas a tal fin.

lunes, 7 de junio de 2010

ARVELÁIZ / ARBELÁEZ / ARVELAEZ… UN APELLIDO VASCO MUY EXTENDIDO EN TUCUPIDO Y EL ORIENTE DEL GUÁRICO

Ponencia presentada en el II ENCUENTRO DE HISTORIADORES Y CRONISTAS
CONMEMORACIÓN DE LOS 250 AÑOS DE LA FUNDACIÓN DEL PUEBLO DE INDIOS DE SANTO TOMÁS DE TUCUPIDO Tucupido – Estado Guárico, 20 y 21 de mayo de 2010

DR. FELIPE HERNÁNDEZ G.
PROFESOR TITULAR. UNESR



En nuestro ya largo ejercicio profesional como profesor de educación media primero y superior después, en lo que refiere al Oriente del Guárico, especialmente a las poblaciones de Tucupido, Valle de la Pascua y Zaraza, entre quienes han sido nuestros discípulos, el apellido Arbeláez o Arveláiz, escrito de diversas formas y maneras, se repite con inusitada frecuencia, lo que indica que son muchas las familias portadoras de este apellido y que su vinculación con la subregión ha determinado una identidad. Tal premisa la podemos comprobar con solo revisar las guías telefónicas de las prenombradas ciudades guariqueñas.
Como es sabido, el apellido es el nombre antroponímico de la familia con que se distingue a las personas, y la antroponimia u onomástica antropológica es la rama de la onomástica que estudia el origen y significado de los nombres propios, incluyendo los apellidos.
Con estas premisas como referente, exponemos que Arveláez, Arbeláez, Arvelaiz, y otras grafías, es un apellido de origen vasco, en cuya lengua se escribe y se pronuncia Arbel-Aitz. Expresión que tiene dos significados, a saber: 1) Árbol frondoso, y 2) Piedra de pizarra o simplemente pizarra. La castellanización de la palabra Arbel-Aitz lo convirtió en Arbeláiz, porque en lengua vasca no existe el sonido "V" o “UV”, y está incluido entre los llamados apellidos toponímicos porque derivan del nombre del lugar donde vivía, procedía o poseía tierras la persona o familia asociada al apellido. Muchos se encuentran precedidos de la preposición "de", "del", "de la" o simplemente son gentilicios. Merece destacarse, que los apellidos toponímicos son muy numerosos en español especialmente los apellidos navarros y vascos, en particular aquéllos que siguen a un sobrenombre. Supuestamente los primeros arvelaez provienen de familias nómadas o gitanas, específicamente del pueblo de bolivar. Asentándose en el País Vasco, primordialmente en Guipúzcoa, y específicamente en la ciudad y municipio de Irún.
Admiten los tratadistas como un solo linaje las diversas grafías del apellido, con casa solar de Arbelaez, según consta en el expediente de pruebas de nobleza de un Caballero de la Orden de Santiago, de este linaje, cerca de Bidasoa, a media legua de Irún – Guipúzcoa, donde fundaron el Palacio de Arbelaiz, cerca de la plaza de San Juan. Otras casas de Arbelaez, dimanadas de la de Irún, se radicaron en las proximidades de la villa de Motrico y en el valle de Oyarzun también en Guipuzcoa. De ahí pasaron a Vizcaya, Sevilla, Colombia y Venezuela.
Geográficamente la ciudad de Irún está situada al Noreste de la provincia de Guipúzcoa, en la depresión sublitoral de la desembocadura del río Bidasoa que históricamente ha hecho de frontera natural entre España y Francia, río que a su vez, desemboca en el mar Cantábrico en la bahía de Txingudi. Pertenece al partido judicial de San Sebastián. Se encuentra rodeada de montes, destacando el macizo granítico de Peña de Aia, formado durante la Era Primaria; Jaizkibel de arcillas de la Era Terciaria, así como los montes de Erlaitz y San Marcial, de donde descienden regatas que fluyen al Bidasoa. Ocupa una extensión de 42,8 Kilómetros cuadrados, sobre una altitud de 5m sobre el nivel del mar. Por su situación geográfica es una ciudad abierta, lugar de encuentro y de paso y también ideal para instalarse.
El origen de Irun se remonta a la época prerromana, según testimonio del historiador Estrabón y otros historiadores romanos que hacen referencia a Oiasso, una de las ciudades de los vascones y que excavaciones recientes han puesto al descubierto en diferentes zonas de la ciudad, entremezclados con el asentamiento romano, en el entorno de la parroquia del Juncal y de la ermita de Santa Elena.
El topónimo Irun, significa la ciudad, lo que denota el carácter protagonista que ésta desempeñó en aquellos tiempos; aunque no existe constancia desde cuando se llama así. En el siglo XVII, un personaje muy célebre a quien se considera uno de los primeros portadores del apellido, fue don Juan de Arbeláez, del castillo de Irún, quien ya muy longevo, en 1640, testó y fundó un mayorazgo.
Si invocamos el uso de la palabra genearca, entendida como la persona cabeza de una familia o clan que deja una abundante descendencia, y por extensión llamando así al fundador de un linaje o apellido en un determinado país o zona geográfica. El genearca del apellido Arbeláiz en Venezuela fue don Juan Bautista Arbeláiz Altuna y Legarra Eleizalde, por cuanto fue él, el primer portador de ese apellido que vino a esta tierra de gracia.

DON JUAN BAUTISTA ARBELÁIZ ALTUNA Y LEGARRA ELEIZALDE nació en Irún hacia el año de 1740 y vino a Venezuela con la Compañía Guipuzcoana en 1758, cuando contaba con 18 años de edad, su paisano don Joan Manuel de Berroeta, también vasco, lo llevó al Oriente del Guárico, específicamente a Santa María de Ipire y en el año 1764, lo casó con su hija Rita Berroeta del Peral, con quien procreó ocho hijos.
Don Joan Manuel de Berroeta había venido a Venezuela a principios de la tercera década del siglo XVIII como funcionario de la Compañía Guipuzcoana en los almacenes de San Sebastián de los Reyes y San Rafael de Orituco; en Altagracia de Orituco, se casó con Mariana del Peral Guedes Ábila Feria, hacia el año 1735. Su primer hijo nació en Chaguaramal de Perales (hoy Zaraza) en 1737, se llamó Miguel Francisco Berroeta del Peral. Lo que indica que de Santa María de Ipire se expandieron hacia Zaraza y Aragua de Barcelona, puesto que la hija mayor de Juan Bautista Arbeláiz Altuna y Legarra Eleizalde y Rita Berroeta del Peral, de nombre Gracia Feliciana Arveláiz Berroeta fue casada con Pedro Amparan y Orbe, hermano de don Vicente Emparan y Orbe, el gobernador que renunció en el balcón del Cabildo de Caracas, ante el rechazo del pueblo el 19 de abril de 1810, diciendo: “Si ustedes no quieren mi mandato yo tampoco quiero mando”.
Apunta Manuel Soto Arbeláez (2010) lo siguiente: En verdad la feracidad de las tierras unareñas ejercía una atracción irresistible sobre los vascos españoles venidos a América con la Compañía Guipuzcoana. Era el verdor, y la fertilidad, un imán para esos hombres acostumbrados a las estrecheces de las heredades del mayorazgo milenario que imperaba en las vascongadas. No podía haber futuro en paños de tierra tan labrados a través de los siglos, con el hermano mayor ejerciendo una dictadura tutelar de por vida. Euzcadi era insoportable para un joven ambicioso, para un soñador, para un hombre emprendedor. Ese aletargamiento hizo que en 1758 el vizcaíno se alistara en la nomina de la compañía concesionaria de la administración de las rentas portuarias venezolanas, embarcándose en busca de la tierra feraz prometida, tras un futuro seguro por conquistar.
Primero hizo de burócrata en oficinas de la compañía en La Guaira y Caracas. Desde esta última se encaminó primero a San Sebastián de los Reyes y posteriormente, ya independiente al Orituco, para emprender viaje hasta la zona mesopotámica que forman los ríos Ipire, Unare y Quebrada Honda, hacia el antiguo asiento poblacional de San Miguel de la Nueva Tarragona en el Batey, según denominación que Joan de Orpín diera a esas tierras, como hemos anotado.
En la cuenca del Unare y especialmente en Aragua de Barcelona y en Chaguaramal de Perales comienza a desarrollarse y a expandirse este apellido. Diferentes distorsiones lo han hecho devenir en diversas acepciones, a saber: Arveláiz, Arveláez y Arbeláez, Arvelae, Arvelaes, Alvelais, Alvelaes, etc.
Juan Bautista llega a Chaguaramal firmando como “Arueláiz”, como puede verse en un poder que le confirieron los habitantes de Santa María de Ipire al Pbro. José Vicente Machillanda, para que solicitara la creación del curato para el sitio de Chaguaramal del Batey, como desmembración del de Santa María. La costumbre de firmar con una V -uve para los españoles- o con la U, era muy frecuente en tiempos de la Colonia, por que su sonido era común. Esto hace que el uso del apellido con la V sea, actualmente, la mayoritaria en Venezuela, a diferencia de España, Colombia y el resto de América, donde el uso predominante es con la B, como debería ser. En todo caso, todos los que llevan este apellido en nuestro país -a excepción de los de Barquisimeto, que vienen de Colombia-, son descendientes de este español oriundo, posiblemente, de Irantzu-Irún, (Guipúzcoa), o de Motrico-Oyartzun, (Vizcaya), sitios donde él abunda.
Los hijos de Juan Bautista y Rita Ignacia, fueron:
1. Manuel Antonio Arveláiz Berroeta, (MAAB) sacerdote en 1786, no tuvo sucesión. (1765-1822)
2. Juan Bautista, primero fue sacerdote. En 1789 ahorcó los hábitos clericales para casarse en Valle de la Pascua en 1796 con Merced Álvarez Arzola. Padres de Cipriano Arveláiz Álvarez de los primeros asentados en Agua Negra, caserío ubicado entre Tucupido, Santa María de Ipire y El Socorro. Allí tuvo una hacienda llamada Mayalito.
3.- Bárbara Arveláiz Berroeta. Casó con don Francisco Hernández, (1798). Fue una de las primeras familias asentadas en El Socorro.
4. Pedro Vicente Arveláiz Berroeta c/c María Feliciana Apodaca y Vargas Machuca, su parienta en tercer grado de consanguinidad. Fue de los primeros en asentarse en Agua Negra.
5. Gracia Feliciana (Graciosa) Arveláiz Berroeta. Casada con don Pedro Amparan, iniciador de este linaje en Aragua de Barcelona.
6. Miguel Francisco Arveláiz Berroeta. Casado en Aragua de Barcelona, en 1806, con doña Josefa Francisca Chacín y Escala. En algunos documentos doña Josefa aparece como Chazzín. De allí vienen los Amparan (Emparan y Orbe), Parés, Lander, Montbrun, Gago, Baca, entre otros apellidos del Oriente del Guárico y de Venezuela.
7. Juan Evangelista Arveláiz Berroeta. No se le conoce sucesión.
8. José Antonio Arveláiz Berroeta, (JAAB), también conocido como “Pepe”. Primero cura (entre 1796-1809). Ahorcó los hábitos clericales y se casó en 1812 con Josefa (Chepa) de Toro, en Aragua de Barcelona. Nació en 1773, en Chaguaramal del Batey.
De esta estirpe provienen todos los portadores de este apellido en el Oriente del Guárico y en muchos sitios de nuestro país y del exterior.
Para concluir, les presento un poema escrito por escritor colombiano Jotamario Arbeláez, que es una alegoría al devenir de esta estirpe, se titula:

ANTEPASADOS
Mis antepasados entraron a sangre y fuego en América conquistando y arrasando.
Mis antepasados se defendieron con los dientes de esta invasión de bárbaros.

Mis antepasados buscaban el oro para cuadrar las arcas de sus monarcas y saciar sus propias sedes.
Mis antepasados ocultaron el oro de sus ritos al sol bajo tierra y bajo las aguas.

Mis antepasados nos robaron la tierra.
Mis antepasados no pudieron recuperarla.

Cómo siento en el alma no haber estado en el cuerpo de mis antepasados.

¿De parte de cuál de mis antepasados me pondré contra cuáles?

REFERENCIAS
ARBELAEZ, Jotamario. (2008): Antepasados. Publicado en: Prometeo.
Revista Latinoamericana de Poesía. Número 84-85. Julio de 2008.

BERGASA, Víctor, Miguel Cabañas, Manuel Lucena Giraldo, y Nikita Harwich Vallenilla. (2009): ¿Verdades cansadas? Imágenes y estereotipos acerca del mundo hispánico en Europa. París – Francia: Publicaciones Nuevo Mundo. Colección Historia. Nuevo mundo - mundos nuevos / Nouveaux mondes - mondes nouveaux. http://www.mascipo.fr/Nuevo-Mundo-Mundos-Nuevos.html.

BLOCH, Marc. (1975): Introducción a la Historia. México: Fondo de Cultura Económica.

DE ARMAS CHITTY, J. A. (1983): Zaraza: biografía de un pueblo. Caracas: Academia Nacional de la Historia.

FEBVRE, Lucien. (1975): Combates por la Historia. España: Editorial Ariel.

GONZÁLEZ CHACÍN, Julio José. (2010): Emparan y Amparan. Domingo, 1 de octubre de 2010, en:
juliogonzalezch@gmail.com

SOTO ARBELÁEZ, Manuel. (2010): Arbeláiz, Arbeláez, Arvelaéz. Jueves, 6 de mayo de 2010, en:
manuelsotoarbelaez@yahoo.com

SOTO ARBELÁEZ, Manuel. (2010): La ambición le salía por los ojos. En: El Guárico Oriental IV. (Mimeografiado).

SOTO ARBELÁEZ, Manuel. (2006): Palacio de Arbeláiz en Irún Guipúzcoa, España. San Juan de los Morros: Diario El Nacionalista, 31 de mayo de 2006. p. 5.

lunes, 31 de mayo de 2010

TUCUPIDO, ORÍGENES HISTÓRICOS Y ALGO MÁS

Ponencia presentada en el II ENCUENTRO DE CRONISTAS E HISTORIADORES DE VENEZUELA A CELEBRARSE EN TUCUPIDO – ESTADO GUÁRICO EN HOMENAJE A LOS 250 AÑOS DE SU FUNDACIÓN. Tucupido, jueves 20 y viernes 21 de Mayo del 2010


ELISUR EMILIO LARES BOLÍVAR

CRONISTA OFICIAL DEL MUNICIPIO ACHAGUAS, APURE

ACHAGUAS, Sábado 17 de abril del 2010


ÉPOCA PRE-HISPANICA EN TIERRAS GUARIQUEÑAS:

Para la época precolombina la parte occidental del hoy Estado Guárico, es decir las zonas aledañas a Calabozo y San Juan de los Morros fue ocupada por la etnia caribe, específicamente: apones, cumanagotos, güires y otomacos, entre otros. Éstas eran tribus que vivían de la caza y la pesca.

Diversos autores, estudiosos del devenir guariqueño, coinciden en afirmar que la región oriental de esta entidad federal, entiéndase Zaraza, Tucupido, Santa María de Ipire, El Socorro, Valle de La Pascua y Chaguaramas fue zona de los palenques, cumanagotos, guamos y guamonteyes. Altagracia de Orituco, Macaira y Guaribe fue habitada por indios guaiquíries, güires y guaribes. El Alto Orituco fue territorio de tomuzas y quiriquíres. Palenques y cumanagotos vivieron en la Selva Tamanaco. En el siglo XVII fueron llevados por los colonizadores indígenas caribes, güires, atapaimas, chinos y amaibas hacia Calabozo, Camaguán, Cabruta y Guardatinajas.

Así pues, DE ARMAS CHITTY (1961) en su interesante trabajo Tucupido: formación de un pueblo del llano define dos corrientes indígenas en el Estado Guárico:

La que proviene desde el oriente, norte y noroeste con palenques y cumanagotos. En este grupo también se incluye los quiriquíres y tomuzas de los Valles del Orituco. La otra corriente se divide en otomacos y abaritocos que suben desde Guayana hacia Cabruta; los amaibas, guamos y apones que llegan desde el Apure y el Portuguesa y alcanzan en sus correrías hasta el Guárico medio.

Entre otras etnias precolombinas y su ubicación respecto a algunas poblaciones actuales se tienen a las tribus nómadas de güires, palenques, guaiquíries y píritus que merodeaban por el Valle de Ortiz en las temporadas de lluvia. En Tiznados vivieron los guaiquíries o guamonteyes. Dormían en ranchos armados en cuatro palos, se acostaban sobre cueros de venado que después arrastraban cuando viajaban. Eran nómadas y recolectores.

En este sentido, la investigadora y Doctora en historia y geografía egresada de la Universidad Complutense de Madrid, VARGAS ARENAS (1981) en su obra Investigaciones Arqueológicas en Parmana: Los sitios de La Gruta y Ronquín Estado Guárico señala que las principales tribus indígenas que habitaron las tierras precolombinas guariqueñas fueron eminentemente nómadas y hace una descripción de esos grupos, los cuales pasaban la mayor parte del año errantes y descansaban en un asentamiento o base central. Tenían una densidad de población muy baja. Los grupos no pasaban de 25 familias emparentadas unas con otras. Recolectaban raíces silvestres, cazaban y pescaban. Por supuesto, no conocían la agricultura. Se embriagaban con chicha fuerte de distintas semillas.

La misma fuente indica que los guamos comían caimanes, aborrecidos por otros indígenas; los guamonteyes usaban arcos, flechas y fisgas, este último instrumento es un arpón de tres dientes; los otomacos en su fase estable cultivaban el maíz de dos meses, el cual en ese tiempo crece, echa mazorca y madura; los betoyes se cubrían el cuerpo desde las axilas hasta la ingle con una corteza de árbol. La mayoría de los estudiosos coinciden en afirmar que los indígenas del llano andaban desnudos; sin embargo, los guamos usaban un ceñidor ancho de algodón tan bien hilado que los españoles los adquirían. Estos mismos indígenas se pintaban antes de ir a la guerra y practicaban un tipo incipiente de cirugía: se separaban el filo exterior de sus orejas por una incisión en la cual se colocaban pequeños objetos que no querían perder o traer en sus manos

Por su parte, los guaiqueríes y guamonteyes --expone la misma fuente-- gozaban de aparente buena salud, los mismos son descritos como altos, morenos y de mucha fuerza; los guamos hacían festines, bebían y bailaban. A la hora de dormir lo hacían en el suelo. Eran buenos alfareros y hacían jarras de dobles asas para beber agua, utilizaban contra sus enemigos hechizos y venenos, aunque se desconoce la naturaleza de estos últimos.

De manera que este era el panorama general de la distribución y principales características culturales de los más importantes grupos aborígenes guariqueños al ser contactados por los primeros frailes colonizadores y fundadores de misiones, pueblos y villas españolas en estas cálidas tierras.

Al lado de todo esto, la selva de Tamanaco, nombre dado por el río que la atraviesa, comenzó a ser conocida a partir de 1536 cuando el conquistador Antonio Cedeño la cruza completamente, encontrándola habitada por palenques y cumanagotos, tribus que huyen en la segunda mitad del siglo XVIII. Estos indígenas aceptan el intento colonizador de los capuchinos de Tucupido, pues estas etnias practicaban el incendio a la vegetación, la caza, la tala, llevaban una vida rudimentaria que poco a poco fue cambiando por la acción evangelizadora de los misioneros.

De acuerdo con SIERRA SANTAMARÍA (1975, p.40) en su libro Sitios históricos del Estado Guárico, el tranquilo y sereno pueblo guariqueño de Tucupido fue fundado en 1760, ubicado en una planicie a 130 metros sobre el nivel del mar con temperatura media de 27o C. La jurisdicción de Santo Tomás de Tucupido contaba con una extensión de una legua por los cuatro vientos.

Más adelante, la misma fuente SIERRA SANTAMARÍA (1975; p. 40/41) con el fin de dar una mayor información sujeta a la rigurosidad histórica respecto a la fundación de dicho pueblo nos trae a colación al autor guariqueño De ARMAS CHITTY (1961) quien en su obra Tucupido, Formación de un pueblo del llano explica que.

Durante el año de 1760, en una altiplanicie, a poca distancia de la última variante de Quebrada Honda se detiene el misionero capuchino andaluz Anselmo Isidro Ardales, clava una hermosa cruz en el sitio elegido para fundar el pueblo, busca los indios incultos, se hace entender por medio de los intérpretes, les habla con dulzura y con dominio, y les invita a construir ranchos. El mismo capuchino ayuda a cortar los árboles y con los nativos riega la palma sobre las varas torcidas que forman el techo de los ranchos, los cuales empiezan a levantarse en línea recta para formar las calles. Un caney es destinado para la capilla… (p. 40/41)

Así pues, fray Anselmo Ardales funda el 5 de mayo del año 1760 de la Era del Señor el Pueblo de Indios de Santo Thomás Apóstol de Tucupido con una población de 200 miembros de las etnias de los cumanagotos y los palenques, abre el Libro de Bautismos y registra para la historia el primer nacimiento ese mismo día. La primera defunción ocurre el 20 de mayo; es decir, 15 días después.

Con todos estos hechos narrados, definitivamente Santo Thomás Apóstol de Tucupido había entrado por el portal grande de la historia de los llanos de la Provincia de Caracas, hoy, por la historia de los llanos guariqueños.

Transcurrido el tiempo, el fraile Ardales fue sustituido por el franciscano Félix de Granada, quien continuó la obra progresista de aquel, pues ambos enseñaron en su debido momento a los indígenas a elaborar el pan, ladrillos, sembrar el maíz y construyeron el convento, luego --cuando se creó el curato-- se encargó de este el primer sacerdote venezolano Pedro José Ron y Tovar.

En el citado libro Tucupido: formación de un pueblo del llano, escrito por DE ARMAR CHITTY (1961) se presta mucha atención al atrayente y original tema de la formación de los pueblos del llano. Dicha obra es el reconocimiento a la nobleza del fraile Anselmo de Árdales, quien ---antes y después de fundar a Tucupido--- defiende a cumanagotos y palenques de la geofagia de los terratenientes españoles y criollos quienes en más de una oportunidad les quemaron los ranchos. En este trabajo se describe --además-- la interesante presencia de un Cabildo de Indios.

Explica el notable historiador tachirense VELÁSQUEZ, R. J. (1979) en el Discurso de Contestación a José Antonio De Armas Chitty en su incorporación como Individuo de Números de la Academia Nacional de la Historia Venezolana, que

Fray Anselmo de Ardales enseñó a los indios muchas situaciones interesantes: a guardar agua para el verano en cajas de madera, a hacer pan, a levantar paredes, como las del convento, a preparar el piso de los zaguanes utilizando piedrecillas y huesos de animales, a sembrar mejor sus conucos de maíz. Ardales y después el fraile franciscano Félix de Granada trabajan por Tucupido casi cuarenta años de la segunda parte del siglo XVIII.

Dentro de este contexto, muchos historiadores como Lisandro Alvarado, Bartolomé Tavera Acosta, Tulio Febres Cordero, Eduardo Picón Lares, Luis Eduardo Pacheco, Vicente Dávila, Lucas Guillermo Castillo Lara, Guillermo Morón y el propio De Armas Chitty, entre otros, consideran que el análisis del factor geográfico es el primer colaborador de la historia, pues entre otras cosas aclara errores sobre la fundación de los pueblos. El dato geográfico en los textos históricos cobra excepcional importancia cuando se plantea el problema de la delimitación entre estados o provincias.

Así pues, estos investigadores y estudiosos de la historia venezolana dedicaron --y han dedicado-- todo su empeño en descifrar claves fundamentales de nuestra historia, en conocer el pasado de las provincias, recorriendo muchas veces sus extensos territorios, revisando abandonados archivos parroquiales y revelando facetas desconocidas u olvidadas para conocer y comprender la evolución misma del proceso y del acontecer histórico colonial de las antiguas provincias de Mérida (es decir, Mérida, Táchira y Maracaibo), Nueva Andalucía, Guayana y la de Caracas, las cuales a partir de 1777 se unieron o integraron con el nombre de Capitanía General de Venezuela.

LA LLEGADA DEL OBISPO MARTÍ

Sigue corriendo el tiempo inexorablemente y el 6 de marzo de 1783 el joven pueblo de Tucupido fue visitado por el obispo Mariano Martí, quien encontró allí 483 indígenas, un matrimonio español, un fraile y 105 casas.

Años después se convierte en un sitio de hatos de ganado. Además, siempre ha sido centro económico de un territorio de hatos dispersos. Entre el 29 y el 31 de octubre de 1791, los propietarios Cristóbal Salvatierra y Manuel López hicieron donación de estas tierras a los indígenas del pueblo.

ÉPOCA INDEPENDENTISTA Y ALGO MÁS:

Durante la Guerra de Independencia, a partir de 1813, Tucupido fue escenario de diversos encuentros entre las tropas republicanas y realistas. El 1 de febrero 1814 fue ocupado por los patriotas después de haber servido como escenario de los movimientos del Ejército de Oriente en su marcha hacia el centro. El 4 de mayo de ese mismo año Pedro Zaraza derrotó allí al realista N. Barrazola. En este mismo pueblo fue fusilado cobardemente el prócer independentista general José Félix Ribas el 31 de diciembre de 1815. En otro encuentro independentista, el oficial patriota José Jesús Barreto venció a las tropas realistas al mando de Gregorio Armas en mayo de 1819.

Entre los años 1822 y 1828 Tucupido sufrió los azotes de bandoleros, quienes en varias oportunidades saquearon e incendiaron al pueblo, lo cual hizo que sus pobladores se retiraran a los campos y los frailes emigraran de la región. Para colmo de males, muchas fustigaron la población en general. Para 1842 arribó al poblado el presbítero Juan Santiago Guasco quien se ocupó de la salud corporal de sus feligreses, debido a que un fuerte brote de Cólera azotó inclementemente toda la población.

Así, con la vista en alto, Tucupido marchó dispuesto y hacendoso por los siglos XIX y XX.

Ahora --en el siglo XXI-- el municipio José Félix Ribas, su capital Tucupido y su gente cordial, maravillosa y emprendedora, avanzan decididamente con pasos agigantados hacia su propio destino.

Muy buenas tardes para todos y, gracias por haberme oído.


FUENTES CONSULTADAS

ARMAS CHITTY, José Antonio de (1979) Historia del Guárico. San Juan de Los Morros. Ediciones de la UNERG.

ARMAS CHITTY, José Antonio de (1961) Tucupido: formación de un pueblo del llano. Caracas. Ediciones del Instituto de Antropología e Historia. Facultad de Humanidades y Educación. Universidad Central de Venezuela (UCV).

LORETO LORETO, Blas (1964) Por el Guárico. Escritos y Compilaciones. Caracas. Editorial Villegas Venezolana. Volumen I.

MALASPINA, Edgardo (2004) Historia de la Medicina en el Estado Guárico. San Juan de los Morros. Editorial Guárico. Gráficas "Los Morros". 105 p.

ROMERO, Degnis (2009) Oxigenando neuronas: Tucupido cincuentero. [Documento en línea]. Disponible En: http://sanjuandelosmorros.blogspot.com/2009/04/oxigenando-neuronas-tucupido.html. Administrado y publicado por Jeroh Montilla. Tomado del Blog: Degnis ft. Victoria Secreet (http://degnis.blogspot.com/). 02 de Abril del 2009. [Consulta: viernes 16 abril, 2010].

ROMERO, Degnis (2010) 250 Años de Tucupido. [Documento en línea]. Disponible En: http://sanjuandelosmorros.blogspot.com/250-años-de-tucupido.html. Administrado y publicado por Jeroh Montilla. Tomado del Blog: Degnis ft. Victoria Secreet (http://degnis.blogspot.com/). Miércoles 10 de febrero del 2010. [Consulta: sábado 17 abril, 2010].

SIERRA SANTAMARÍA, Tito (1975) Sitios históricos del Estado Guárico. San Juan de Los Morros. Talleres de la C.T.P. 472 p.

VARGAS ARENAS, Iraida (1981) Investigaciones Arqueológicas en Parmana: Los sitios de La Gruta y Ronquín Estado Guárico. Caracas. Ediciones de la Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. 574 p.

VELÁSQUEZ, Ramón José (1979) Discurso de Contestación a José Antonio De Armas Chitty en su incorporación como Individuo de Números de la Academia Nacional de la Historia Venezolana, Caracas, 02/08/1979. Material mimeografiado.

domingo, 11 de abril de 2010

Ilustre importado Zaraceño: Don José Martínez

Simón Romero R.


Esta narrativa aparece bajo la firma de un heterónimo sexual (el hijo de Simón y Alída), con el objeto de proteger al verdadero autor y a su archiconocido nombre artístico.

Al llegar a Tucupido, estacionamos frente al negocio de Don José Martínez, una casa que forma parte de la historia del pueblo desde la primera mitad del siglo XX, ya que allí funcionó la primera planta eléctrica que alumbraba los pocos bombillos de la plaza Bolívar y de las casas circunvecinas. Luego, a partir de comienzos de los años sesenta, pasa a ser el Abastos La Preferida, un establecimiento que se convierte, a la postre, en referencia obligada de consumidores y de la gente del pueblo; desde entonces, adorna su iconografía.


Hay que esperar unos minutos mientras pasa el efecto de un extraño chubasco llanero, lo que recuerda que, según cifras estadísticas fidedignas, la lluvia cae en una proporción mayor al 50% de las veces que estamos por ahí. Esto es algo a ser tomado seriamente en consideración, para que lluevan invitaciones con todos los gastos pagos.

Don José nos saluda con el cariño de siempre y, una vez retribuido el afecto, se le amenaza con una entrevista, a lo que asiente con su amplia sonrisa diciendo: – ¡Cómo no...!
Comienza diciendo que nació en Zaraza, que estudió Contabilidad con unos curas en Barcelona, y que comenzó a trabajar en Onoto, en el negocio de unos familiares, en 1945.
Se casó en 1948 con la recordada Doña Candelaria, de quien se decía (no me consta, pero es vox populi) que cuando manejaba se bajaba del camión antes de llegar a las esquinas para asegurarse de que no viniera otro carro.
Tuvieron 4 hijos: Edgar (alto pana, tristemente emigrado a sus tempranos cincuentas), Ángel, Isabelita y Mary Carmen (la única tucupidense). Llegaron a Tucupido en 1956 (igual que las monjas), estableciendo su negocio inicialmente en la casa que quedaba en la esquina diagonal a la actual; a esta se pasó en los 60s. Dice que en ese local había funcionado el club de bolas criollas de los trabajadores de la petrolera.
A partir de ese momento comienza el capítulo curioso que significa entrevistar a alguien que atiende una bodega, por las continuas interrupciones: – ¡Demiunfresco, Don José! – ¿Tiene cierres, Don José? Mientras él despacha y se mueve con una destreza que recuerda la canción de Nat King Cole.
Lo que más impresiona, es su profundo conocimiento de las actividades agropecuarias y de su evolución desde antes de la aparición del petróleo, hasta nuestros días. Ese cuento lo narró de esta forma: – Cada quien tenía su conuquito en el cual sembraban toda clase de plantas alimenticias y criaban diversidad de animales. Esto lo usaban para su propio consumo y para vender o cambiar (el trueque) por otros bienes necesarios; además, trabajaban en fincas de terceros percibiendo la suma de dos bolívares por día. La compañía petrolera comenzó pagando 6 bolívares diarios, ocasionando una migración de la gente del campo, con el consecuente abandono de los conucos. Para complemento, comenzó a llegar gente con “bongos” repletos de licor y exquisiteces, además de “bateas” con juegos de azar. Estos “mercaderes del templo” eran unas de las principales atracciones que se observaban alrededor de la plaza Bolívar en 1960, durante la celebración del bicentenario, con dados, barajas, los 3 vasitos boca abajo para adivinar dónde estaba la pelotica, bolitas adivinadoras, etc. Seguramente volverán a aparecer, con tecnología actual, del 5 al 8 de mayo de este año (fecha extraoficial del festejo); por lo pronto ya se ven algunos vendedores en Internet.
Después de ese comentario al margen prosigue el relato: – Otro mal ha sido la deforestación indiscriminada. Las fincas deberían tener más del 30% del área con árboles, en particular sembrar por las lagunas especies como Samán, Caro, Tarare, Cují (blanco y negro), Guásimo, Jobo, etc., para que el ganado pueda comer y beber. Una vaca que normalmente da 5 litros de leche diarios, con ese tratamiento llega hasta 8 litros x día.
– Está matemáticamente comprobado que 8 litros de leche dan para preparar un kilo de queso, dejando el suero salado para la mantequilla y el suero dulce para la cocina.
Se nos ocurrió preguntarle por qué razón hay tanta diferencia entre Tucupido y Maturín, si tienen el mismo año de fundación; a lo cual respondió con una clase magistral del alto grado de automatización con que funcionan las fincas en aquella zona. Al parecer, Monagas le ha sabido sacar mejor provecho al oro negro. – Aquí llegó un momento en el cual lo que se ganaban los trabajadores de la compañía no alcanzaba para cubrir gastos del licor y otros vicios. Nunca tenían nada porque todo lo que se ganaban se lo tomaban. Antes de eso uno iba al campo y conseguía de todo: huevos, gallina, cochino, etc. Después de eso no se conseguía nada, el que vivía de sus animales y de su cosechita se quedó sin nada.
Adicionalmente, narró un caso que le ocurrió a un veterinario en Barcelona, quien llegó contando: – Caramba, me acaba de llamar un señor que tiene una finca, diciendo que tiene unas vacas con aftosa y varios becerros con carbunco bacteridiano. Le dije que comprara unos remedios, que al día siguiente le mandaba un vacunador y que tenía que pagar su costo y el de mi consulta. Estoy seguro de que ese ganado no tiene lo que el señor dice, pero no lo pude contrariar ya que se cree colega mío haciendo diagnósticos.
Entre risas y un ambiente saturado de cordialidad, nos despedimos de este personaje de gran calidad humana, que llegó a Tucupido importado desde Zaraza, y que levantó allí una familia merecedora del respeto y del aprecio de todos.

Tomado de http://degnis.blogspot.com/

miércoles, 10 de febrero de 2010

250 AÑOS DE TUCUPIDO

Degnis Romero

Mailto: degnis.romero@hotmail.com


Se les participa a propios y extraños que el próximo 5 de mayo de 2010 se cumple el primer cuarto de siglo de la fundación del pueblo de Tucupido, capital del Municipio José Félix Ribas del Estado Guárico en Venezuela.

Esta iniciativa se toma en virtud de la preocupación que genera el saber que hasta el momento de emitir la presente proclama (a menos de tres meses del suceso), no aparece publicación alguna en Internet (el contemporáneo Tinaquillo lo hizo en: Las noticias de Cojedes) donde se haga referencia a los actos programados para celebrar la magna fecha.

Arco de Bienvenida a Tucupido “El Granero del Guárico” en el facebook Tucupidenses

Se conoce, de buena fuente, que la Alcaldía adelanta actividades conmemorativas de acuerdo a lo dicho durante el desarrollo del “I Encuentro de Historiadores y Cronistas”, homenaje a Fernando El Vate Aular, los días 11 y 12 de Junio de 2009. Sin embargo, exhortamos a que el programa oficial sea dado a conocer con suficiente antelación para que los interesados en asistir puedan realizar su planificación. Esperamos, Dios mediante, reencontrarnos con muchos paisanos, en particular con “El Vate” (cuasi-centenario) para que firme el ejemplar de “Remansos”, su libro de poemas que amablemente obsequió y del cual se reproduce este verso:

Es de la selva atalaya,

Cerro de Juana Correa.

Indios le abrieron sendero

Hacia do relampaguea

Con sus garzas Tamanaco

Tiempos bellos de la aldea.

Ante tal situación, y como pitiyanqui poco creativo, se promueve la realización del concurso "Montarascales Áidol". Se toma la batuta, como escaut, para realizar la búsqueda de candidato(a)s interesado(a)s en participar en tan fastuoso evento a llevarse a cabo en el marco de la gran celebración.

Se comisiona a la ascendencia vallepascuense de Mayré Martínez (los pipas), para convencerla de integrar el jurado con Alí Landaeta y El Rastrillo-Rosquillo. Se anexa la pista para grabar la voz cantante y devolverla antes del último día de febrero, de esta forma se efectuará el necesario descarte de todo(a) cantamaluco y se anunciarán los diez finalistas: http://www.youtube.com/watch?v=vkK2a9KweAs&feature=r elated. Favor enviar la grabación en mp3 al correo Up Supra.

Ahora más serios: Han transcurrido veinticinco décadas desde cuando por allá en 1760 fue puesto en marcha por el fraile Árdales, período que sugiere una comunidad joven y que ha significado para los pobladores intensa travesía por escenarios variopintos a lo largo de unas diez generaciones.

No se abordan aquí temas álgidos como el balance existencial ni la situación actual o los retos relacionados; sin embargo, se aprovecha la oportunidad para hacer un llamado a la autoridad local para que demuestre sus capacidades a objeto de sacudir los cimientos aletargados de la colectividad, permitiendo impulsar una oleada de desarrollo y progreso a largo plazo en aras del bienestar de los habitantes. Rescatar lo mejor de nuestras tradiciones, colaborar a darle máxima difusión en un mundo globalizado y avanzar en un esquema de oportunidades de empleo digno y productivo, combinado con la instalación de una sólida infraestructura en salud, educación y cultura. Nuestro pueblo lo merece y lo exige. Estas acciones impulsarán la transformación hacia una localidad moderna, pujante y vibrante, permitiendo fortalecer y expandir sus capacidades agropecuarias, abriendo campo al desarrollo de necesarias actividades industriales.

La diferencia entre ser recordado con beneplácito o quedar en el basurero de la historia estará entre atender o no a esas gentes que según Ramón J. Velásquez: libran a diario la batalla del trabajo bajo soles inclementes, desamparados de Dios y olvidados de los poderosos, alegres en su soledad, duros frente a la adversidad, prójimos del prójimo y enemigos sin dobleces. (Contestación a De Armas Chitty en la ANH).

En otro orden de ideas: Llevamos arraigada en nuestro ADN una profunda pasión por la llaneridad. Somos llaneros por los cuatro costados y orgullosos de nuestros orígenes, como se observa en la chispa de este anónimo:

Yo nací en los mismos llanos y me llamo Ladislao

Soy un turupial pu’el pico y un tigre por lo pintao

Yo soy más bravo que un toro y más ágil que un venao

Yo me resbalo en lo seco y me paro en lo mojao

Esos versos reafirman nuestra veneración por los prodigiosos poetas llaneros, cuyas obras constituyen legado invaluable e imborrable, y en las que han expresado su sentir dejando fiel testimonio de su paso por estas tierras.

Admiramos la virtud, entre otros, del local Rafael Aníbal Chicho Anzoátegui Seijas para idear acrósticos y sonetos, del santamarieño Argenis Rodríguez, del zaraceño Ernesto Luís Rodríguez, del calaboceño Francisco Lazo Martí, del barinés Alberto Arvelo Torrealba, y del apureño de los lados de Guachara: Don Julio César Sánchez Olivo:

Mi verso viene del llano

y vuelve al llano:

de allá viene, hacia allá va,

por el rumbo del recuerdo.

Como me lo dio la tierra asimismo lo devuelvo

Rudo, orgulloso, sencillo sin adornos forasteros.

Otros escritores y poetas han sido hostigados por el amor y el dolor. Charles Dickens, en Barnaby Rouge, narra su tormento por el recuerdo de la amada muerta, sentimiento plasmado por Lazo Martí en este poema monumental:

Hoy, como ayer, andando a la ventura,

absorta la mirada, lento el paso,

trayendo margaritas del Ocaso,

miro bajar la noche a la llanura.


Más de pronto, pensando que fue triste,

pensando con dolor, pensando en ella,

me arrodillo en el polvo del camino

que en hora igual de gozo vespertino,

recibió las caricias de su huella


Oh, destino de todos los que amaron!

Oh, destino cruel! Tú me condenas

a buscar en las móviles arenas unas huellas

que ha tiempo se borraron.

Otro ejemplo dramáticamente conmovedor lo muestra Miguel de Cervantes, en una epístola escrita in extremis:

Puesto ya el pie en el estribo

con las ansias de la muerte,

gran Señor, ésta te escribo.

Esos casos sublimes resaltan nuestras limitaciones líricas, expresadas por el mismo Cervantes en su obra Viaje del Parnaso (patria simbólica de los poetas), con este terceto:

Yo, que siempre trabajo y me desvelo

por parecer que tengo de poeta

la gracia que no quiso darme el cielo [...]

No obstante, se finaliza aportando de lo poco que queda:

Pido cancha para buscar la musa

Que salte del pecho entusiasmada

Sin reparar en condición diezmada

De mi mente seca y ya confusa.


Cargo a cuestas ese pesado fardo

Buscando con afán el verso esquivo

En noches largas que sólo consigo

Febril delirio del insomnio amargo.


Llega el alba, va rayando el día

Despunta el sol en el firmamento

Quiere el corazón saltar violento

A ver si palpita la musa tardía.


Mantengo la porfía, tregua no pido

Con gran frenesí le pongo empeño

Busco al verso para ser su dueño

Más sólo brota: Viva Tucupido!


Tomado de http://www.scribd.com/Degnis

martes, 2 de junio de 2009

Los 97 palos de Don Fernando “El Vate” Aular

Degnis Romero


Nos acercamos a Tucupido para la periódica dosis de necesaria catarsis que produce percibir el agradable calor pueblerino y que, adicionalmente, ayuda a contrarrestar la nostalgia y la depre producida por varios meses de lejanía.

Sin embargo, existe el claro objetivo de conversar con Fernando “El Vate” Aular, aprovechando la circunstancia de su cumpleaños número 97. El contacto se logra gracias a la gentil intervención de Alexis Gerdel y su esposa Nubia Zamora (nieta del músico-poeta), vecinos (por la calle Libertad) de la casa San Celestino, que perteneció a la familia Romero Rodríguez, ubicada en la calle Guaicaipuro Nº 40.

El amable Alexis hace un alto en sus actividades y nos acompaña al bullicioso sector El Tranquero, en una de cuyas seis esquinas reside Don Fernando.

Vamos armados con las notas acerca de músicos de la época, garrapateadas con la ayuda de Doña Alida de Romero y con el artículo Recuerdos musicales de Tucupido Parte Nº 1 (foto) de Gladys Vásquez de Aular esposa del Dr. Fernando Aular Durant (médico radiólogo e hijo de El Vate).

Con gesto amable nos invita a sentarnos e increpa: -¿Para qué soy bueno? Le explicamos las intenciones de conversar acerca de su experiencia con la música y la poesía a lo largo de su fructífera existencia.

Pide que se le hable alto ya que sus oídos sufren la merma de los años; lo hace con un hablar pausado y fino que recuerda a Alberto Arvelo con aquello de: En un verso largo y hondo/se le estira el tono fiel, y comienza diciendo:

-Un treinta de mayo de 1912 salí a este mundo. A los ocho años de edad (1920) me metí a monaguillo con el cura párroco Brígido González, porque era la manera de acercarme al armonio que había en la iglesia y que tocaba Ángel Rangel; al poco tiempo heredaría esas funciones.

-Estudié música con el maestro Teófilo Ruiz y el violín con Antonio Miguel Martínez, después me uní al conjunto de Moisés Morean (clarinetista excepcional) que pasó a llamarse Conjunto Morean-Aular y tocábamos en pueblos y caseríos circunvecinos. Muchos tocaban ad orecchio (por oído).

Hace una pausa y se queja de que ya no puede digitar su violín. Le recordamos que en su caso no había razones para sentirse mal ya que aprovechó a lo largo de su vida productiva, exprimiendo al máximo sus facultades y que el transcurrir del tiempo nos va limitando funciones, pero que

esas son cosas naturales de Dios. De inmediato preguntó con énfasis: -¿Ud. mencionó a Dios? Me alegra mucho que lo haya hecho. Tuve el privilegio de ser invitado a la masonería por Moisés Morean y, aunque mucha gente piense lo contrario, somos fieles creyentes de Dios y de Jesús El Cristo.

No perdemos la oportunidad para preguntar si recuerda a Simón Romero quien tocaba el saxofón en la agrupación dirigida por el maestro vallepascuense Rufo Pérez Salomón y dice: -A Simón lo recuerdo vagamente pero a Rufo lo veo aquí, y hace un gesto alargando sus brazos y formando con sus manos una especie de pantalla donde se refleja la imagen del personaje en cuestión. Se extiende en elogios para la calidad musical de Don Rufo y parece deleitarse con la memoria de aquellos tiempos. Por otra parte, se queja de la disminución de su capacidad visual para la lectura (aunque no usa lentes) y de que la memoria lo traiciona en algunas oportunidades (no consiguió recordar el nombre de otro admirado músico de Valle de La Pascua). Le decimos, como consuelo, que nos ocurre igual teniendo 40 años menos.

Por esa razón narró esto: -El policía Vergara (José Isabel), El Coriano, era un viejo analfabeta a quien le habían enseñado a firmar con su nombre los recibos de pago de su sueldo; en una oportunidad al ir a firmar se quedó mirando al techo para después preguntar: ¿Cómo es que me llamo yo?

Le preguntamos por la música que tocaba y refiere: -Los ritmos más populares eran Vals, Pasodoble y Pasillo. Me gustaba mucho el Tango; una vez en una fiesta alguien, con la intención de apabullar, solicitó un tango y quedó boquiabierto.

En cuanto a la música de su preferencia respondió: -Casi toda la de antes, con su variedad de ritmos, tonalidades, compases, cadencias y matices; porque mucha de la de ahora tiene un retumbar con claras características de ruido.

Recordó con especial cariño el bambuco larense Endrina de Napoleón Lucena, lo que nos hizo relacionar al sonido de la Orquesta Mavare. También hizo referencia a las marchas fúnebres, trayendo a la memoria la música de algún video alusivo a la muerte del general Gómez en 1935.

Se regocijaba cuando le mencionaba los nombres de Ramón Díaz, acotó que: -Tocaba el cuatro y la guitarra grande, Rafael Vidal (arpa), Juan Charaima (arpa y otros), José Ramón Sotillo (aguinaldos), Emilio Baltodano (y su hijo Lalo), El negro Vito (violinísta que no se sabía los nombres de las canciones que tocaba, p.ej. Ausencia), entre otros, donde se incluía a Santiago El Taro (arpa). Citó, además, al maestro de escuela Luís Giulieta. Un capítulo de grata recordación fue cuando le aludimos al tío Fortunato Lima (violín), de quien se expresó en términos elogiosos, comentando que en una oportunidad lo invitó a tocar en una ceremonia de la Logia.

Relató, con mucho sentimiento, dos episodios que no termina de lamentar: El primero con respecto a un baúl de madera donde guardaba las partituras de sus composiciones y que en una oportunidad al abrirlo, con suma dificultad, se percató de que habían sido destruidas por el comejen; y el segundo relacionado con la abundante fe de erratas, de las cuales no era responsable, que apareció en su libro de versos de reciente publicación. -¿Por qué eso?, se quejó.

Aprovechando una recomendación que le hicimos a Misael Flores (abrir un foro virtual poético), le consultamos a El Vate acerca de cómo resolvía exitosamente sus incursiones en la enigmática ciencia del verso, explicándolo de esta forma: -Hay que contar con un amplio diccionario de palabras bonitas, debe existir un motivo de inspiración, y el desarrollo del poema debe seguir una estructura apropiada. Se alegró muchísimo cuando le hicimos el símil correspondiente al proceso de un pintor para desarrollar su obra y plasmarla en un lienzo: Hay que comenzar con una idea, a partir de la cual se construye un boceto que sirve de base para la pintura final. –Eso lo escribí en algún lado, comentó riéndose.

Finalmente, al despedirnos y agradecer la atención nos manifiesta su alegría por compartir recuerdos en grata tertulia, lo cual le sirve de distracción. Agrega, con cierta zalamería, que éramos unos de los pocos a quien podía entender sin mucho esfuerzo; a lo cual le respondemos, saliéndonos de la suerte, que la facilidad la acomoda él con su inteligencia y su capacidad para leer los labios: -¡Risas!

Le deseamos un feliz cumplesiglo en unión de su agradable y numerosa familia y de sus amistades. Además, le dijimos que ya quisiera mucha gente echar el cuento que él está echando, de llegar a los 97 palos con esa salud y lucidez.

Hacemos votos porque a este valioso personaje de Tucupido le sean reconocidos sus logros y se le otorguen los merecidos homenajes; en especial, la difusión de su biografía y de sus obras, para que le sirvan de guía e inspiración a las nuevas generaciones de nuestro querido pueblo.

El Motor de aire desafía la segunda Ley de la Termodinámica. Invento de un guariqueño.