Este BLOG tiene como temática todo lo relativo a la historia, ayeres, actualidades, inactualidades y devenires del estado Guárico y de su capital, la ciudad de SAN JUAN DE LOS MORROS (VENEZUELA)
domingo, 12 de abril de 2026
HOMENAJE AL ESCRITOR PEDRO SIVIRA
miércoles, 4 de diciembre de 2024
LA PEÑA ADMIRABLE*
Domingo Rodríguez
El robo (1)
Era una mañana del año 1934 del siglo pasado, el
presbítero FRANCISCO JAVIER PEÑA (el padre Pernía de la novela Casas Muertas),
se encontraba realizando sus acostumbradas oraciones tempraneras en el recibo
de la casa parroquial de Ortiz, cuando repentinamente entra al referido
inmueble, el señor Arciniega, jefe civil de la vecina población de Parapara, la
cual también atendía el mencionado sacerdote:
—Buenos días padre.
—Buenos días señor Arciniega.
—¿Qué lo trae tan temprano a Ortiz?
—Vengo a comunicarle una horrible noticia, se han
robado La Peña Admirable.
El padre Peña se para sobresaltado del mueble donde estaba
sentado, exclamando: —¡No puede ser Dios mío! — Inmediatamente salen hacia
Parapara.
En el camino Arciniega explica al padre Peña
los pormenores del caso. En la madrugada las manos sacrílegas de unos
malhechores, extraños a la población, habían socavado las paredes de la iglesia
por los lados de la sacristía. Habían roto también el Sagrario, donde se guarda
la reliquia de la imagen aparecida de Nuestra Señora, profanado así la gran
devoción y amor que los hijos de Parapara profesan a la excelsa virgen por más
de 200 años desde su aparición. Se sospecha de unos “maromeros” que llegaron
hace unos días al pueblo, los cuales se marcharon de improviso en la madrugada
sin conocerse rastro de ellos. Que ya, mediante telégrafo, había pasado la
novedad al prefecto del Distrito Roscio y al presidente del estado Guárico,
teniente coronel Ignacio Andrade.
Al llegar a Parapara, el pueblo, sin excepción,
se encontraba en la Plaza Bolívar, dentro y frente de la iglesia. Todo era
dolor y consternación, lloraban niños, jóvenes, mujeres, hombres y viejos. Un
conglomerado de fe, de gente buena, humilde y trabajadora, que siempre se
habían ufanado de celebrar las festividades de sus tres patrones: Santa
Catalina de Siena, San Rafael Arcángel y La Peña Admirable, la que consideraban
un regalo de Dios para su tierra. Apenas el padre Peña se baja del carro que le
llevó al pueblo, abriéndose paso entre la gente que se encontraba en el templo,
que llorosa gritaba: — ¡Blasfemia, Blasfemia! —, se dirige al altar mayor,
cae de rodillas y con lágrimas en los ojos, eleva una oración al altísimo.
Después se pone de pie y habla a los presentes con
voz fuerte y pidiendo calma exclama: —Nuestra amadísima madre la Virgen María
nos hizo el exquisito regalo de su divina presencia bajo la advocación de
Nuestra Señora de la Peña Admirable, para que la veneráramos con fervorosa
devoción. Para que le pidiéramos por nuestras necesidades, tribulaciones y
sufrimientos, y vosotros lo han hecho a través de centurias. Tengan
mucha fe, porque, así como ella y su hijo, Dios nuestro señor nos la dieron,
así también nos la devolverán —.
Por muchos días y muchas noches el pueblo de
Parapara se declaró en vigilia de oración permanente en la iglesia y en la
plaza esperando el regreso de su Virgen, que nunca se llegó a producir, a pesar
del esfuerzo que hizo mucha gente por encontrarla, en especial la Diócesis de Calabozo,
el mismo padre Peña, y las autoridades Civiles y Policiales de la época.
Cómo
fue la aparición de La Peña Admirable (2)
En el año 1720, a dos leguas del norte de Parapara,
población del estado Guárico fundada a las orillas del río Flores, tributario
de río Paya, un indio lugareño de la comarca trabajando sus labranzas en el
Valle De Las Yeguas, lo que hoy se conoce como Piedras Azules, fue sorprendido
por una violenta tempestad. Asustado por los repetidos rayos, se refugió en
unos grandes peñascos que hacían una especie de gruta. Pasada la tempestad,
cuando ya se disponía a marcharse, un fenómeno extraordinario atrajo su
atención: en una floreciente planta de lirio silvestre que crecía en una
peña al margen de una quebrada vecina, divisó un vivísimo resplandor, curioso
el indio se acerca a la peña y descubre en medio de los lirios, que la
iluminación procedía de una pequeña piedra llana, de más o menos tres dedos de
ancho por tres dedos de alto donde se podía ver grabada la imagen de una mujer
con corona en la cabeza, un niño en sus brazos, y parada sobre media luna. Con
gran respeto el indio agarró la piedrita y se la llevó a su choza.
Al cabo de un tiempo cundió por toda la comarca del
pueblo de Parapara la noticia de la aparición de la imagen, y fue tanta la
admiración que producía a todo el que la veía, que fue designada por el indio y
la propia gente de la región con el nombre de “Nuestra Señora de la Peña
Admirable”. Luego fue trasladada al pueblo para ser adorada.
En 1780 el Obispo Mariano Martí estuvo de visita en
Parapara y en sus apuntes y manuscrito dice que la imagen es muy similar a Nuestra
Señora de la Corteza de Acarigua, además, que es tan milagrosa que autorizó a
un devoto para recoger por espacio de tres años limosnas para el fomento de su
culto. El mismo prelado también refiere que otro devoto dotó para sus fiestas,
que se celebran cada 8 de septiembre, con 240 pesos. También menciona que todos
los años ese día los devotos van en romería al lugar de la aparición.
Las noticias de los numerosos milagros realizados
por la virgen se fueron propagando con los años en toda la región. Es así, como
a fines de siglo 18, se traslada a Parapara un empleado del gobierno colonial y
prevalido de su autoridad, saliéndose de sus derechos y atribuciones, confiscó
la imagen y la llevó a Caracas con la intención de pedir al cabildo secular
impidiese su culto por juzgarlo inconveniente y supersticioso. El pueblo de
Parapara y el cura de la época conmovidos por tan injusto hecho, comisionaron
al joven Domingo Toledo, tal vez la persona de más talento y prestigio de todos
sus habitantes, para que se trasladara a Caracas y alegara ante el ayuntamiento
de la capital que el cabildo civil no tenía ninguna competencia en asuntos que
solo le incumben directamente al gobierno eclesiástico, por lo tanto,
devolvieran la imagen al pueblo que él representaba. La exposición de Toledo
fue aceptada y se le devolvió la imagen. Cuando los moradores de Parapara
supieron la noticia de que se le había devuelto su divino tesoro cuya ausencia
lamentaban y llenaba sus almas de tristeza, se dispusieron a recibirla con gran
júbilo junto al cura del pueblo. Se acordó para su resguardo y seguridad, que
en una de las casas más importantes se dispusiera una capilla provisional con
un altar profusamente adornado con flores y lumbres para ser adorada por todos
sus fieles solemnemente, con grandes manifestaciones de fe y acendrado amor. Que
en cierto modo sirviera de desagravio al desacato que se pretendió contra
la sagrada imagen. Luego se dispuso que en el pueblo y sus alrededores se
hiciese una gran colecta para mandar a hacer un relicario para la virgen, el
cual fue construido de plata bañada en oro y en forma de custodia donde
fue colocada la imagen. Ese día el pueblo, todo jubiloso, concurrió a la
casa donde estaba depositada para llevarla a la iglesia con la gran cantidad de
milagros ofrecidos a la virgen elaborados en metales preciosos, cuyas puertas
se abrieron para recibirla en medio de las armonías de los himnos sagrados ya
que para siempre sería el santuario de la Mater Admirabilis.
Se cuenta que, estando de visita pastoral en Parapara,
el ilustrísimo señor arzobispo, doctor Ramón Ignacio Méndez, quiso cerciorarse
si la imagen que tanto ponderaban, era por sus perfecciones digna de culto. La
sacó de su relicario y sin saber cómo se le desprendió de las manos cayendo al
suelo, por lo cual la piedra se partió en uno de sus extremos, sin sufrir daño
la imagen. Volvió el señor arzobispo a colocarla en su custodia y mandó a
depositarla en su altar para que se siguiese adorando.
Dos veces después salió del templo la sagrada
imagen, en 1882 cuando el cura párroco del pueblo, Antonio María García, la
llevó a Caracas para hacerla reproducir en estampas y reparar el relicario por
largos años de uso. Y ese fatídico día de 1934, cuando los criminales que
se la llevaron, tal vez movidos por la intención de apoderarse del relicario y
los milagros, fundirlos y venderlos por algunas míseras monedas. Lo más probable
es que hayan sacado la piedrita con la imagen de la virgen de dicho relicario
arrojándola a algún barranco, acabando así con siglos de devoción, adoración e
historia al mismo tiempo.
El 8 de septiembre de 1945 Parapara volvió a contar
con una nueva imagen de la virgen pero en forma de busto, mandada a hacer con
la aprobación de sus habitantes por el padre Pedro J. Grau C., cura de Ortiz y
Parapara para esa época, y fervoroso devoto de María Inmaculada, la cual fue
costeada por su propio peculio y otros señores, entre los cuales se encontraba
el comerciante de San Juan de los Morros don Matías Cardozo, abuelo materno del
hoy arzobispo de la diócesis de Mérida, Baltazar Porras Cardozo.
Recuerdo que todos los 8 de septiembre, estando niño
iba con mis padres, nuestra abuela Beatriz, mis hermanos y el resto de la
familia, a la misa en honor a La Peña Admirable en la iglesia de Parapara, y
después junto al padre Grau y varios devotos visitábamos el sitio de la
aparición. Esto estuvo ocurriendo así hasta 1954 cuando fallece el padre
Grau, con su muerte se fue perdiendo la tradición a través del tiempo.
Este año el padre Frank Gómez, presbítero de Ortiz y Parapara, el pasado 8
de septiembre, conmemoró las fiestas de Nuestra Señora de la Peña Admirable con
una peregrinación muy concurrida que salió a las 3 de la mañana desde el pueblo hasta el
sitio de su aparición en Piedras Azules. Quiera Dios que, con esta
iniciativa del padre Gómez vuelvan a renacer esas festividades, de ahora en lo
adelante como ofrenda a nuestra madre María Santísima bajo la advocación de
Nuestra Señora de La Peña Admirable, y para regocijo de todo el pueblo parapareño.
Notas
1) El relato de monseñor Francisco Javier Peña (+),
con respecto del día del robo de “La Peña Admirable”, lo oí narrado por éste en
una oportunidad en que visitó a nuestra abuela Beatriz de Rodríguez en su casa
de Ortiz.
2) Los datos históricos sobre la aparición de la
virgen guariqueña y parapareña, los tomé de unos apuntes suministrados por
nuestro condiscípulo Silvestre Milano, nativo de Parapara.
*Artículo publicado por primera vez el 18 de septiembre
del 2009 en la página “Semblanzas Orticeñas” del Cronista de Ortiz Fernando Rodríguez
Mirabal en el Diario “El Nacionalista” de San Juan de los Morros, estado
Guárico.
(Imagen tomada del diario “Últimas Noticias”)
viernes, 13 de octubre de 2023
LA BIBLIOTECA DE SAN JUAN DE LOS MORROS: SU HISTORIA DE LA OSCURIDAD A LA CLARIDAD
Adolfo Molina Brizuela*
Pretendo en estas líneas plasmar algunas ideas que
guardan relación con el conocimiento y de cómo se adquiere el mismo a través
del transitar de hombre por las veredas de la sociedad. En tal sentido, para comprender
el asunto, es preciso y conveniente, en primer orden, escudriñar lo que se
entiende o debe entenderse por conocimiento; éste no es más que, aquel juicio proveniente
de la razón, ya que tiene su base en el Ser; y, por supuesto se apoya en
procesos cognitivos, tales como: percepción, memoria experiencias positivas y
negativas, razonamiento lógico, binomio enseñanza-aprendizaje, testimonios, que
involucra lo vulgar y lo científico.
A lo
largo de la historia, el hombre en su constante búsqueda del conocimiento se ha
visto incitado a beber de las aguas de la sabiduría académica, por ello ha
tenido la necesidad de organizar tal conocimiento para validar su aceptación en
el seno de la comunidad científica. De allí que, en esa organización que se
planteó en algún momento de su existencia, le dio origen a lo que hoy conocemos
como biblioteca.
En
función de lo anterior, es pertinente traer a colación que, la biblioteca más
antigua del mundo es la de Al-Qarawiyyin, situada en Fez, Marruecos, siendo
fundada por Fátima El-Fihriya; quien era hija de un rico comerciante y
posterior a la muerte de éste, decidió pues invertir la herencia que le dejó,
en la creación de una biblioteca y una madrasa, una escuela que terminó por
convertirse en una Universidad. Sin embargo, otros sostienen que, ya en el año
330 A.C, existía la primera Biblioteca Pública en la ciudad de Atenas;
considerada para esa época capital del conocimiento. No obstante, tales reseñas
no se agotan en lo plasmado en este papel de trabajo, siendo posible que
existan otros referentes sobre el origen de las bibliotecas, ya que, en Egipto,
Grecia, Roma, Edad Media, Medio Oriente, Edad Moderna y la Edad Contemporánea,
también era y es abordado el tema.
Ahora
bien, por qué se le acuñó tal nombre, la respuesta es que, etimológicamente la
palabra biblioteca, proviene del griego biblión = libro y thekes = caja,
significando la unión entre tales palabras; el lugar donde se guardan los
libros. Así la historia de las bibliotecas discurre paralela tanto a la
historia de la escritura como a la historia del libro. Según la ALA (American
Library Asociation) la biblioteca, constituye una colección de material de
información organizada para que pueda acceder a ella un grupo de usuarios.
Tiene personal encargado de los servicios y programas relacionados con las necesidades
de información de los lectores. Sin embargo, con la constante evolución de la
sociedad y la manera de como almacenar la información actualmente, tal
definición debe ser revisada, ya que en principio las bibliotecas solo
resguardaban manuscritos y libros impresos, pero hoy en día con el auge del
internet se habla de bibliotecas digitales o bibliotecas virtuales, debido al
alto contenido de material bibliográfico digitalizado y de fácil acceso al
usuario.
Desde
mi óptica, lo relevante es que, una biblioteca y un libro serán siempre
esenciales para fortalecer el conocimiento del ser humano; y creo no estar
equivocado con tal afirmación, por cuanto hasta el escritor argentino Jorge
Luis Borges, se ha expresado en ese sentido, al manifestar en una oportunidad,
cito “Siempre imaginé que el Paraíso será algún tipo de Biblioteca”,
cierro la cita, obviamente que en sintonía con Borges, la atracción que crean
unos estantes repletos de libros viejos y nuevos, la incógnita por descubrir lo
que hay en sus páginas, el aroma a cuero y material sintético de sus cubiertas,
la percepción visual de sus páginas amarillentas que recogen un espacio y
tiempo histórico que involucran al hombre, conllevan a que, el placer de la
lectura puede durar una eternidad.
Por
su parte, la UNESCO, ha establecido una tipología bibliotecaria, que incluye
bibliotecas, a saber: a) Universitarias; b) No especializadas de
carácter científico y eruditos; c) Especializadas, responden a
necesidades profesionales concretas; y, d) Públicas. También existen
otras fórmulas de bibliotecas infantiles, tales como: el bibliobús que atiende
a niños, jóvenes y adultos en los barrios de las distintas ciudades y las
bebetecas, que son servicios de atención especial para infantes de 0-6 años.
Puntualiza, dicho organismo
internacional que, las bibliotecas nacionales, representan la cabecera del
sistema de los Estados. Así, suelen estar financiadas por fondos públicos y
cumplen una doble finalidad: proporcionar material bibliográfico de
investigación para cualquier disciplina, y conservar y difundir el patrimonio
cultural (referente a la información registrada a lo largo del tiempo) de cada
país. En general cada Estado tiene una biblioteca que es considerada nacional y
cuyos objetivos son los antes reseñado. Cabe destacar el caso de algunas de
ellas, tales como: la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, Biblioteca
Británica, Biblioteca Nacional de España, Biblioteca Nacional de Francia,
Biblioteca Nacional de Argentina, Biblioteca Nacional de México, Biblioteca
Nacional de Chile, Biblioteca Nacional de Colombia y la Biblioteca Nacional
de Venezuela.
En el caso venezolano, la
historia registra que, el primer paso para la creación de la Biblioteca
Nacional surgió en el año de 1810, cuando nuestro país aún era Capitanía
General de Venezuela y en tal sentido dependía de España. Los precursores e
incitadores de tan brillante idea fueron el guariqueño Juan Germán Roscio
Nieves y Mariano Moreno, siendo ratificada y reproducida tal idea en fecha 04
de junio de 1814, por el padre de la Patria Simón Bolívar; quien giró
instrucciones claras y precisas para la creación de la Biblioteca Pública de
Caracas.
A pesar de lo precedente, no
fue sino hasta el 13 de julio de 1833, durante el primer gobierno del General
José Antonio Páez, a través del Ministro del Interior y Justicia Antonio
Guzmán, que se redactó el decreto, mediante el cual se crea la Biblioteca
Pública Nacional; cuyo decreto establecía además que, todas las bibliotecas de
Venezuela formarían parte de la recién creada Biblioteca Nacional, haciendo
plena referencia a las librerías y archivos de los extinguidos conventos,
colecciones de la universidades y colegios actuales y futuros, los libros que
habían sido coleccionados por Arévalo en 1814, y los que a partir de allí
fuesen adquiridos.
La misión inicial
fundamental de la Biblioteca Nacional era constituirse como centro de consulta
e información para el buen desempeño de los funcionarios del gobierno, y
brindar acceso a todos los ciudadanos para contribuir y mejorar su educación,
lo que evidentemente se traduce en producción intelectual y actualización del
conocimiento, siendo la premisa en todo caso, vencer la tenebrosidad del saber
para que aflore la luminosidad académica. En correspondencia a lo expresado, enfatizaba
Juan Germán Roscio en 1814, cito: “Todos los ciudadanos, sin distinción de
clases, tendrán derecho a concurrir a leer a la Biblioteca…” fin de la
cita. Indudablemente que, su intención era mantener a los ciudadanos
suficientemente ilustrados para dar la lucha en el terreno ideológico de la
época, debido a que una biblioteca, es un espacio donde se preserva y se
mantiene un registro cultural del pasado y del presente, siendo su función
facilitar el acceso de los usuarios a los conocimientos, crear y mantener una
colección coherente y ordenada e incentivar la creación de nuevos registros
culturales.
Cabe destacar que,
actualmente en Venezuela, el Sistema Nacional de Bibliotecas está conformado
por más de 727 bibliotecas públicas, distribuidas en 24 Redes estadales, cuatro
(4) Institutos Autónomos y la Biblioteca Nacional, siendo las bibliotecas más
importantes: 1) La del Banco Central de Venezuela; 2) Palos Grandes; 3) Nacional
de Venezuela; 4) Pedro Grases y la 5) Bolsa de Valores de Caracas. De importancia,
debe mencionarse adicionalmente que, la biblioteca privada más grande de
Latinoamérica se encuentra en Venezuela, me refiero a la Colección Arcaya, con
unos 147.000 volúmenes de un valor incalculable.
En el mismo orden de ideas,
pero dando un giro geográfico hacia el estado Guárico, encontramos que allí
está ubicada, en la ciudad de San Juan de los Morros, La Biblioteca Pública
Central “Rómulo Gallegos”, sobre la cual, de seguidas, emprenderé un breve
recorrido histórico. La misma, se dice que fue creada aproximadamente en el año
1930. En sus inicios recibió el nombre de Biblioteca Luis Razetti, comenzó a
funcionar en una casa de la calle real, hoy día Avenida Bolívar, justo donde
está actualmente la sede del Banco de Venezuela. Posteriormente, fue trasladada
a la sede de la Federación Venezolana de Maestros, en la misma calle real. Para
el año de 1954, fue mudada a la sede de la Unidad Escolar Estadal 2 de
diciembre – (hoy Escuela José Félix Ribas)- ubicado en la Avenida Miranda.
Dicha biblioteca, fue trasladada en la década de los años 60 nuevamente, al
parque Juan Germán Roscio, ubicado en la calle Mariño, funcionando allí hasta
el año 1974, por cuanto fue reubicada en la recién estrenada sede de la Casa de
la Cultura “Víctor Manuel Ovalles”.
En el año 1980, se crea la
Red de Bibliotecas Públicas y tal biblioteca es bautizada entonces el nombre de
Biblioteca Pública Central “Rómulo Gallegos”, funcionando allí, hasta el año
2011, cuando es mudada hacia un deteriorado e inconcluso edificio donde funciona
actualmente, específicamente en la Avenida Bolívar cruce con la calle Mariño.
Lo antes descrito, encuentra asiento de veracidad, en reseñas plasmadas en el
Diario “El Nacionalista”, por la profesora Elisa Pineda de Belisario, y también
en palabras del señor Félix Orasma; a quien recientemente entrevisté,
trabajador de dicha biblioteca como planificador adjunto a la Coordinación de
Bibliotecas del estado Guárico, durante 22 años, hasta su jubilación, y todavía
continúa prestando apoyo ad-honorem y desinteresadamente. Cuenta el
entrevistado, con mucha pasión y vehemencia que, cuando inició sus labores en
la mencionada biblioteca no había un registro de las bibliotecas de la red; por
lo que, él comenzó a escribir un resumen histórico de ellas, iniciando por
supuesto con la Biblioteca Pública Central “Rómulo Gallegos”.
Igualmente la creación de
las Redes Estadales de Bibliotecas Públicas, un icono del saber en el estado
Guárico, esgrime como soporte jurídico, el Decreto N° 31, suscrito por el
Gobernador del momento Facundo Camero Velásquez y refrendado por secretario
general de Gobierno Dr. León Párraga Laya, en fecha 19 de octubre de 1979.
Desde sus inicios, la
mencionada biblioteca tuvo múltiples inconvenientes y detractores, entre ellos
pequeños comerciantes que se oponían a su funcionamiento en los espacios
actuales de ubicación, alegando que la reubicación de éstos, en sitios
distantes de merpeco les causaría perjuicios y que prácticamente para ellos era
un desalojo. Tal conflicto fue judicializado, hasta el punto de existir una (1)
demanda -(amparo constitucional)- para impedir el estudio de suelos, donde se
iba a construir la sede actual y posteriormente impedir la construcción de la
biblioteca, pero fue declarado sin lugar.
Debe resaltarse que, gracias
a la loable labor perseverante de la Licenciada Maritza Turupial, Coordinadora
de la Red de Bibliotecas Públicas del estado Guárico, desde 1991, año en que se
reactiva la idea de la mencionada sede, pero no es hasta 1993, cuando se
plantea el tema ante el Gobernador Malavé Risso, el Alcalde Argenis Ranuarez,
Virginia Betancourt, en su condición de Directora de la Biblioteca Nacional, y
también a la gran labor de la Sociedad
de Amigos de la Biblioteca Pública, según me cuenta Maria de Lourdes Martínez
-(conocida cariñosamente como Malula)-, integrada por ella misma,
Elisa Pineda de Belisario, Antonio Arcia, Leonor Rivera de Sáez, Lucio
Díaz Ortiz, Adolfo Rodríguez, Dr. José Ramón Torrealba; hijo del sabio
guariqueño Torrealba, Aída de Tabares, Luis Ortega, entre otros; e incluso con
la colaboración del Rotary Club y la Cámara de Comercio; representada por
Ángelo Donnarumma y Giovanni de Angelis, se pudieron sentar las bases para
hacer realidad la construcción de la Biblioteca Pública Central “Rómulo Gallegos”.
También, participaron activamente en el proyecto para la nueva sede de esta
biblioteca junto a Maritza Turupial, los demás miembros del equipo de Coordinación
de la Red de Bibliotecas Públicas del estado Guárico, Wollmer Uzcátegui, León
Rubio, Pablo Hernández, Elsida Tillero y Jesús López
La creación de la mencionada
biblioteca continuó su indetenible avance, con la suscripción del contrato de
comodato para su construcción, en fecha 19 de mayo de 1995, estando presente en
dicho acto realizado en la sede de la Casa de la Cultura de San Juan de los
Morros, el Alcalde Argenis Ranuarez Angarita; Lcda. Virginia Betancourt, en su
condición de Presidenta del Instituto Autónomo de Bibliotecas Públicas; Lcda.
Maritza Turupial, en su condición Coordinadora de la Red de Bibliotecas; Los
Concejales Andrés Ortiz, Oscar Márquez y Enrique Rangel; el Síndico Dr. Jesús
Salazar; el Dr. José Añez, Registrador Público y demás personalidades
vinculadas a la educación y la cultura del Municipio, tal como está registrado
en el periódico “El Nacionalista”, correspondiente a la fecha arriba indicada.
Los recursos financieros
para iniciar la construcción de la citada biblioteca fueron aportados por la
Gobernación del estado Guárico, Asamblea Legislativa, Ministerio de Desarrollo
Urbano (Mindur) y la Alcaldía del Municipio Autónomo Juan Germán Roscio Nieves,
según información extraída del diario regional “El Nacionalista”, de fechas: 22
de noviembre de 1995 y 13 de octubre de 1996, que reposa en los archivos de la
hemeroteca de dicha Biblioteca Pública.
Es significativo subrayar,
que mucho antes de las fechas indicadas, de manera previa, específicamente
entre 1980 – 1990, se realizaron gestiones sumamente importantes para obtener
un terreno o local, impulsando la creación de la Biblioteca Pública Central
“Rómulo Gallegos”, las cuales tuvieron a cargo de las Coordinadoras Raíza
Márquez y Esther Requena, que no podían ser invisibilizadas en el presente
escrito, según lo reseña el periódico “El Nacionalista”, de fecha: 16 de
octubre de 1996, el cual descansa en los archivos de la hemeroteca de la citada
biblioteca.
Para el año de 1996, la
Lcda. Virginia Betancourt concertó una reunión con las nuevas autoridades
Gobernador Rafael Emilio Silveira y el Alcalde Julio Torrealba, a los fines de
ratificar el proyecto de creación de la mencionada biblioteca; comprometiéndose
éstos a cumplir con el mismo y a mantener el ofrecimiento financiero hecho por
las gestiones anteriores. Posteriormente la directora regional de Mindur,
comunica a la Red de Bibliotecas que, disponen de los recursos para iniciar la
obra este año y que se han tomado previsiones para el presupuesto del año 1997.
No obstante, a pesar de ello hubo un conato, por parte de la Alcaldía de
Roscio, de querer cambiar la sede de la biblioteca, a un terreno adyacente al
Complejo Cultural que iba a desarrollar la Gobernación del estado Guárico, en
la sede del viejo Hotel Baños Termales, pero sólo fueron especulaciones sin
ningún éxito, ya que se inició la construcción de la sede actual en fecha 1998.
Recientemente en entrevista
practicada a María Martínez -(Malula)-, ella me comenta que, comenzó a trabajar
en dicha biblioteca por un tiempo de 13 años, contados desde el 01 de abril de
1986 hasta el año 1999, como auxiliar de biblioteca en la sala infantil con
Milagros Sotillo, bajo la coordinación de Raíza Márquez. Me ilustra de que, allí,
hacían un Plan Vacacional llamado “Una Aventura por la Paz”, era una
época muy linda, compartida con excelentes compañeros de trabajo, tales como: Elsida
Tillero; quien era bibliotecóloga, jefe de procesos técnicos y se
trasladaba todos los días desde Villa de Cura hasta la ciudad de San Juan de
los Morros, Nelly de González, Maigualida Arévalo, Nohelí Calles;
quien amaba los libros, los cuidaba y los defendía con ímpetu de guerrera, Luis
Ortega, Roseliano Morillo, y desaparecido Pablo Hernández, Maria Romero,
Rosa de Orasma, Yurubí Vicuña, América Farias, Olimpia Martínez, Alcides Arias,
Luis Carlos Rodríguez, Luis Escala, la aseadora Vestalia Zapata, Maria
Teresa Herrera, Wollmer Uzcátegui, el titiritero Gustavo Oval; Enrique Gitten, quien integraba el
grupo de teatro “Búsqueda” y Jeroh Montilla; de quien explica en
especial que, era y es un incansable lector, él estaba en la parte de
literatura, y todo cuanto libro pasaba por su scanner visual, al final de
jornada laboral, en horas extras, me hacía un relato breve con gran precisión,
por cuanto su capacidad memorística es sorprendente, siempre andaba en la
búsqueda permanente del saber, con objetivo claro de superación. También
concurrían casi a diario, a la biblioteca, María Ramos, Irma Medina y Felipe
Santiago Zerpa.
Sigue narrando Malula que,
el horario inicial de la biblioteca era de 8:00 am hasta la 1:00 pm y de 1:00
pm hasta las 6:00 pm, de lunes a viernes, siendo los sábados opcionales hasta
la 1:00 pm, y que siempre tempranito, específicamente en este día, llegaba
Wollmer Uzcátegui. Explica adicionalmente, que los martes en la mañana
comenzaron a reunirse la Asociación de Amigos de la Biblioteca, arriba
nombrados, titanes, fieles luchadores y catalizadores de la creación de la
mencionada Biblioteca Pública Central. Me cuenta además que, la clasificación
de los libros se realizaba por el sistema Dewey, que va desde la nomenclatura
000 hasta el 900, de la siguiente manera: desde el 000 al 100 diccionarios y
enciclopedias, desde el 100 hasta 200 filosofía, 200 en adelante religión, 300 en
adelante ciencias sociales, a partir del 400 lenguaje, a partir del 500
ciencias puras, del 600 en adelante ciencias aplicadas, del 700 en adelante
teatro, de 800 hasta 900 literatura e historia; numeración ésta donde se
mantenía anclado Jeroh Montilla, no salía de allí, leyendo de todo y finalmente
920 bibliografías. Agregó que, la sala infantil, se citaba o catalogaba por
colores según su contenido.
Cabe acentuar que, la Sociedad
de Amigos de la Biblioteca Pública Central, entre ellos Lucio Díaz Ortiz y
Maritza Turupial, en fecha 22 de noviembre de 2002, hicieron en una denuncia
pública, donde destacaron que la empresa Darianca; ejecutora de la obra, con la
complicidad de MINFRA nacional y regional, jugaban con la buena fe de los
sanjuaneros, se burlaban de ellos, por lo que en ese instante amenazaron con la
toma simbólica de la sede en construcción.
En sus inicios la biblioteca
referida, disponía de 122 puestos de lector, una colección de 11.210 títulos y
18.918 volúmenes y ofrecía servicio de Infocentro, atendía un promedio de 5.947
usuarios mensualmente. Actualmente, según entrevista practicada al Ingeniero
Pablo Velásquez; en su condición de Coordinador (E) de la Red de
Bibliotecas Públicas del estado Guárico y Custodio de los Fondos Administrativos;
éste me revela que, el horario de funcionamiento actual, es de 8:00 am hasta
las 5:00 pm, de lunes a viernes, atienden entre 80 a 100 usuarios diarios, lo
cual ha disminuido por los problemas colaterales de la Pandemia e
inconvenientes en el techo del edificio, debido a las constantes filtraciones,
atienden 13 municipios del estado Guárico, por cuanto en El Socorro y San José
Guaribe, no hay bibliotecas, poseen aproximadamente 200 mil libros, cuya cifra
es imprecisa, debido a que en la actualidad están haciendo inventario. La
biblioteca está distribuida por una planta baja y tres (3) pisos, tiene cinco
salas, a saber: sala general Nohemí Calles; sala infantil Milagros Sotillo;
sala estadal Argenis Ranuarez; sala de literatura Luz Carpio de Figueroa; sala
de procesos técnicos Prof. Maria Rondón, donde llegan los libros por medio de
donación privada y dotación oficial de entes gubernamentales y son distribuidos
a 13 de los 15 municipios del estado Guárico.
Es trascendental distinguir
que, la Biblioteca Pública Central “Rómulo Gallegos”, realiza ferias de
lectura, intercambios bibliotecarios, como el efectuado con Cuba, impulsa la
Misión Leer y Escribir, como herramienta para fomentar los cambios sociales,
teniendo dentro de sus reconocimientos el galardón del séptimo (7mo) Premio
Nacional del Libro, logrado en el periodo 2010 –2011.
Para concluir,
indudablemente que, la labor de la biblioteca como centro del saber, impulsada
por sus trabajadores, es gigantesca en estos momentos de crisis económica,
política y social, por lo que, el reconocimiento hacia la institución y el
recurso humano incansable no puede solaparse, mereciendo de mi parte, del
sanjuanero, del estado Guárico en pleno y de la sociedad misma, un magnánimo
aplauso, amplificado e inconmensurable, ya que precisamente, su objetivo y
misión encarna un apoyo a la lectura, a la escritura, al intercambio de
saberes, al engranaje de los servicios bibliotecarios en el estado Guárico,
recibiendo estudiantes sin distinción alguna, con el único propósito de que
profundicen sus conocimientos dentro de la Red de Bibliotecas del estado
Guárico, lo cual obliga ineludiblemente a peregrinar la senda de la oscuridad a
la claridad.-
Referencias utilizadas
Diario “La Antena”. Fecha 24 de abril de 1995. Pág. 12
Diario “El Nacionalista”. Fecha 18 de mayo de 1995.
Diario “El Nacionalista”. Fecha 22 de noviembre de
1995.
Diario “La Antena”. Fecha 13 de octubre de 1996. Pág. 5
Diario “El Nacionalista”. Fecha 16 de octubre de 1996.
Diario “La Prensa”. Fecha 30 de octubre de 1996.
Diario “La Antena”. Fecha 22 de noviembre de 2002
Diario “El Nacionalista”. Fecha 24 de noviembre de
2002. Pág. 5
Decreto N° 31, de fecha 19 de octubre de 1979. Gaceta
Oficial del estado Guárico.
https://www.escritores.org/recursos-para-escritores/19593-copias
https://www.comprensionlectora.es/index.php/2013-11-27-16-50-54/2013-11-27-17-15-39/historia
Entrevistados e informantes claves:
Ø
Félix
Orasma
Ø
María
Martínez “MALULA”
Ø
María
Reina
Ø
Maritza
Turupial
Ø Pablo Velásquez
*Ensayo escrito para la materia "Historia de lo cotidiano" de la maestría en Historia de Venezuela de la Universidad Rómulo Gallegos.
sábado, 27 de marzo de 2021
¿DE VANDERS A BANDRÉS?
Carlos
A. López Garcés
Cronista
de Orituco
El apellido Bandres (sin acento) está muy difundido en el municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico, sobre todo en las parroquias Altagracia de Orituco y San Francisco de Macaira. Su existencia data desde los tiempos coloniales orituqueños, aunque parece ser consecuencia de cambios en la pronunciación del original que causaron una escritura modificada, de lo cual habrían resultado otros más, tales como Bandrés (con tilde) y Bandes. Esta conjetura surge porque el Obispo Mariano Martí, en el transcurso de su visita pastoral a Altagracia de Orituco en marzo de 1783, observó que “El libro parroquial más antiguo tiene por partida la de un bautismo del día primero de mayo de 1704, firmada por don Jacinto Bandres”(1). Debe decirse que el nombre correcto de aquel presbítero era “Jacintho Vanders” (con V); así lo evidencian diversas partidas de bautismo suscritas por él, como las dos siguientes que son ilustrativas:
“A 23 de Febᵒ de 1703 yo el [L]izᵈᵒ Jacintho
Vanders con lizᵃ del Cura deste dho partido de sⁿ Miguel de Orituco Baptise
puse oleo y Chrisma y di Bendiciones [roto] Baptista hijo lexítimo de Luis
Hilario y de Franᶜᵃ [roto]ta Poblacion de nra ssᵃ de Altagᵃ fueron sus
Padr[inos] Domingo de Silva y Juᵃ Dorotea todos de dha Poblacion y pᵃ qᵒ conSte
lo firme [/] Jacintho Vanders”(2).
[…]
“[Al margen: Juᵃ Baptista] en 24 de Octubre año de 1705 Baptise Sub Conditiones puse oleo y Chrisma y di Bendiciones con lizᵃ del ss Cura Dⁿ Juⁿ de Barnuebo de la feligrecia de Sⁿ Miguel a Juᵃ Baptista hija lexitima de Franᵒ tunagua y de Dominga negra esclava de dho S cura fueron sus Padrinos Garcia [sic] y Cathalina Su mujer negros esclavos de Dᵃ Ysabel de Laya y pʳ qᵒ conste lo firme ut supra₌ [/] Jacintho Vanders”(3).
Es
oportuno añadir que el padre Jacinto no era el único con ese apelativo en tierras
orituqueñas de los días del coloniaje, pues
en el valle de San Miguel del Rosario había por lo menos tres personas más
hacia las últimas décadas del siglo XVII y las primeras del XVIII, a las cuales
identificaban indistintamente con los apellidos Vandes o Vanders cuyos nombres eran Fernando,
Francisco y Lorenzo, de quienes se ignora el grado de parentesco entre ellos y con aquel
sacerdote(4); además, estaba don Juan Calixto Banders (con B), el que fue
citado como propietario de esclavos en los años de 1764 a 1772(5) y cuyo
vínculo familiar con el cura y las otras personas antes mencionadas es
desconocido también.
Altagracia
de Orituco, marzo de 2021.
viernes, 19 de febrero de 2021
JOSÉ LOVERA, UNA REFERENCIA EN LA HISTORIA DE LAS COMUNIDADES CALABOCEÑA
José Aquino
Fotografía: Yobani Ramírez
Desde que hay testimonio escrito, los seres humanos se
han interesado por indagar los hechos históricos, en los diferentes momentos o
periodos y ámbitos donde ocurren los acontecimientos. Los historiadores son los
llamados a cumplir esta importante función social en resaltar la memoria
colectiva de los pueblos. En el tiempo han
sobresalido grandes cronistas por sus conocimientos e importantes aportaciones
a la disciplina historia. Encontramos precursores en orden de importancia a Heródoto,
considerado el padre de la historia en la antigüedad en Grecia, por ser el
primero en realizar investigaciones con el uso de técnicas para tratar los
temas del pasado y posteriormente relatarlos; del mismo modo en China, Sima
Qian, se destacó por la manera de presentar los hechos del pasado en la
realización de biografías de diversos personajes y Tucídides también en tiempos
de los griegos, concibió una historia racional, basada en hechos
conocibles y entendibles por la razón, centrada en el hombre.
En la edad moderna encontramos destacados
historiadores europeos como Francois –Marie Arouet mejor conocido como
Voltaire, Mignet Francois, Gustavo Glotz entre otros destacados escritores que
han reconstruido los hechos más trascendentales de la humanidad .En el
continente americano y específicamente en las tierras ocupadas por los españoles
en el siglo XVI, localizamos a cronistas que describen todos los acontecimientos
del proceso de conquista y colonización en dicho territorio como: Bernal Díaz
del Castillo, Garcilaso de la Vega, Pedro Cieza de León, José de Oviedo y Baños
en la Capitanía general de Venezuela entre otros.
Precisamente en los inicios del
periodo republicano en Venezuela, destacados historiadores entre los cuales podemos citar a Juan Vicente González,
Rafael María Baralt, Felipe Larrazabal, realizaron trabajos relativos al
proceso de independencia. Comenzando el siglo XX encontramos gran cantidad de
escritores de diferentes corrientes de pensamiento entre los cuales podemos
señalar a Laureano Vallenilla Lanz y Francisco González Guinán. A mediados de
ese siglo sobresalieron, por citar algunos de importancia, Eduardo Arcila
Farías Federico Brito Figueroa, Miguel Acosta Saines, en la actualidad despuntan
Mario Sanoja, Iraida Vargas, Germán Carrera Damas, Guillermo Morón entre otros que
han contribuido con sus trabajos a la historia nacional. De igual manera a
finales de ese mismo siglo XX en Venezuela, tomó gran interés difundir e
investigar la historia regional y local. Arístides Medina Rubio y un grupo
destacado de historiadores promocionaron esta modalidad de estudio del pasado,
mediante coloquios, congresos y encuentros referentes al pasado de las
localidades. A finales de la década de los 90 del siglo pasado aumentó el
interés por investigar las historias locales, muchas entidades del país realizaron
numerosos eventos relacionados con las microhistorias.
Por tal motivo, se incrementaron significativamente
las investigaciones referente a la historia regional y local en el Estado
Guárico en esos tiempos, específicamente en la ciudad de Calabozo, creció el
interés por estudiar la microhistoria, en más de una década se impulsaron estos
estudios mediante la realización de talleres, coloquios y encuentros de este
tipo donde se presentaron trabajos de esta modalidad. El grupo de Historia
Regional y Local Efraín Hurtado dirigido en sus comienzos por el doctor Rubén
Páez Díaz es una de las organizaciones de la sociedad civil que impulsó y sigue
difundiendo estos estudios en esta ciudad, año tras año realiza estos encuentros
de historiadores y cronistas con la participación de relatores no solamente de
la región guariqueña, sino también de otras entidades que le han dado de esta
manera una dimensión nacional por la calidad y número de trabajos que se
exponen en dicha reuniones académicas.
Uno de esos historiadores locales
perteneciente a esta agrupación académica antes citada y asistente permanente
de los diversos eventos de este género en esta localidad es José Lovera, investigador
entusiasta por estudiar la microhistoria de su ciudad natal y específicamente
en los temas del desarrollo histórico de las comunidades populares de este lugar.
La intensión de este escritor de indagar los temas regionales y locales, no
nace de repente, a través de su rol de promotor social le ha dado el impulso
necesario no solamente en la búsqueda del bienestar para los habitantes de las
distintas comunidades sino también la motivación para realizar los estudios
históricos en el micro tiempo y espacio de las colectividades como elementos fundamentales
en generar un cambio de mentalidad de los habitantes hacia el bienestar
colectivo, partiendo primeramente por estudiar los hechos del pasado que han
transitado esos barrios, como componente fundamental para lograr a feliz término
una convivencia desde la topofilia.
El otro aspecto que toma en
cuenta en sus trabajos de investigación de historia regional y local José Lovera,
es la manera de presentar las diferentes crónicas, estas no son una simple narración
o descripción del objeto de estudio. En sus trabajos se hace referencia a la
ubicación del lugar, sea el barrio, ciudad o territorio donde ocurren los
hechos con todas las características de toda índole que tiene el espacio para
la convivencia en sociedad; del mismo modo se determina el tiempo histórico de los
hechos descritos y no sean vistos desde una mera cronología, sino de un período
o un lapso en el que han ocurrido acontecimientos que ha generado un cambio. En
cuanto a los personajes que presentan en sus trabajos, se observa un buen
manejo de los tipos de fuentes, empezando por las primarias mediante la
utilización de los documentos, correspondencias oficiales, memorias, censos y
registros parroquiales, al igual tratamiento de bibliografías mediante la
revisión de textos, periódicos y ensayos en distintos tiempos de historiadores
que han tratado los diferentes tópicos.
En la investigación realizada por
Lovera, referente al cacique Chiparara, es un ejemplo de su buen desempeño en
el tratamiento de los distintos tipos de fuentes. No solamente por estar
reseñados en la bibliografía consultada, sino también por la manera de hacer las
referencias de los autores con lo cual trabaja, para luego realizar un análisis en este caso
del comportamiento insurgente del personaje nombrado. Evidenciando su
crecimiento como investigador al asimilar los fundamentos teóricos –prácticos
aprendidos y trabajados cuando cursara y aprobara tanto en la maestría de Historia
de Venezuela en la Universidad Rómulo Gallegos por año 2015, el Diplomado de
Cronistas Comunales en la ciudad de Calabozo patrocinado por el Centro Nacional
de Historia y distintos talleres de historia local.
Del mismo modo, este apasionado
de la microhistoria, ha realizado distintos trabajos sobre comunidades de la
Villa de Calabozo, las cuales aparecen impresas en las memorias de los
encuentros de Cronistas e Historiadores de la localidad auspiciados por el
grupo de Historia Efraín Hurtado, artículos prensa regional y también expuestas
en los distintos blogspot de internet especializados por los temas de Historia.
Uno de esos trabajos de gran importancia, es Veritas, Memoria y Tiempo. Donde
destaca el proceso histórico de esa colectividad desde su formación hasta a su
consolidación como Barrio.
Este investigador se ha enfatiza
en resaltar los logros de personajes importantes de la localidad calaboceña,
mediante la realización de biografías, no como una exaltación laudatoria, sino
como un reconocimiento a la trayectoria de hombres y mujeres que han trabajado
desde distintos ámbitos por el bienestar colectivo local. Una de esas
protagonistas es la artista plástica Diosa Landaeta, en la cual enfatizaba su
habilidad e ingenio para realizar las composiciones pictóricas; del mismo modo
realiza las semblanzas del apreciable agricultor vecino del Barrio Veritas,
Reinaldo de Jesús Colmenares entre otros ilustres personajes populares. De
igual manera ha publicado trabajos de este género a luchadores sociales que
tomaron el camino de la insurrección armada para tratar de derrocar los
gobiernos establecidos en los años 60 del siglo XX, como fueron los
revolucionarios Ciro Aparicio y José Gabriel Sumoza.
También ha incursionado en la realización
de ensayos para exaltar las manifestaciones de fe de los cristianos católicos,
uno de esos trabajos es la de conocer el grado de devoción del médico, docente
y filántropo José Gregorio Hernández en la localidad calaboceña, no solamente
se interesa por cuantificar el grado de misticismo del grupo estudiado, sino también
saber las cualidades o caracteres más predominantes de sus adoradores, mediante
la realización de entrevistas a los informantes claves, con el fin tener una
mejor comprensión del fenómeno estudiado. Del mismo modo este escritor, ha
indagado el periodo colonial de su ciudad natal, específicamente en trabajo
realizado conjuntamente con el licenciado Amalivac Viana González, en la que logran
reconstruir la cadena de propietarios a través del tiempo, de la Casa de Alto,
llamada también la Vianera, desde su construcción a finales del siglo XVIII, hasta
su actual propietario, la Universidad Rómulo Gallegos. Demostrando gran dominio
en el manejo de las fuentes documentales consultados en registros y notarias de
ese lugar.
Este apreciado escritor cuenta
con una cantidad ensayos que lo hacen merecedor de ser una referencia obligada,
para el que quiera indagar todo lo relacionado con la microhistoria de la Villa
de Todos los Santos de Calabozo y especialmente con el desarrollo histórico de
las comunidades populares que se conformaron después de estar en funcionamiento
el Sistema de Riego rio Guárico. Siempre está en la disposición de orientar a las
personas que soliciten sus servicios de manera desinteresada, en los que respecta
a la historia regional y local calaboceña. Por tal motivo ha ganado el reconocimiento
de la sociedad civil, por su excelente labor para que las comunidades difundan
y conozcan su historia y preserven su identidad.
domingo, 20 de diciembre de 2020
CURAS ESCLAVISTAS EN ORITUCO
Carlos A. López Garcés (Cronista Municipal de Orituco)
La intensa e indoblegable actividad ideologizante de la Iglesia Católica fue un factor propiciatorio de trascendental importancia para la consolidación del dominio colonial español en territorio venezolano, lo cual ocurrió mediante la aplicación de principios económicos, políticos, sociales, culturales y de otras naturalezas de carácter europeo, entre los cuales estaba la esclavitud como fuerza de trabajo principal, cuyo aprovechamiento era eclesiásticamente permitido a los sacerdotes y a ciertos feligreses como un recurso de relación laboral. Esta afirmación puede ser ilustrada con los casos de algunos curas del valle de San Miguel del Rosario y del pueblo Nuestra Señora de Altagracia, quienes eran dueños de esclavos cuando ejercían su presbiterado en estas comunidades orituqueñas; el cuadro siguiente es demostrativo:
|
Curas propietarios |
Esclavos |
Años |
|
|
|
1692* |
|
Lic.
don Juan de Barnuevo |
Dominga:
negra |
1695 |
|
|
|
1705* |
|
|
Salvador
(y su hija Inocencia): mulato |
1698 |
|
|
Juan
Alonso: negro |
1718 |
|
|
|
1729 |
|
|
Vicente:
moreno |
1729 |
|
Lic.
don Juan Vicente de Ortuño |
Antonio |
1729 |
|
|
Andrea
Cayetana |
1729 |
|
|
|
1730 |
|
|
Julián
Francisco |
1730 |
|
|
Antonia
y su hijo Alejo |
1734(1) |
|
|
María
Martina |
1756(2) |
|
Lic.
don Nicolás de Ledezma |
Juan
Blas |
1756(3) |
|
|
Luisa
Germana: morena |
1759(4) |
|
|
Luisa
Ledezma |
1760(5) |
|
|
Martina |
1761(6) |
|
|
Juan
Gregorio Betancourt |
1783 |
|
|
Josefa
Micaela Betancourt |
1783 |
|
Dr.
don Gregorio Martín |
Francisco
Josef Betancourt |
1784 |
|
Betancourt
y Berdugo [sic] |
Rafaela
Micaela Betancourt |
1784 |
|
|
Marta
Micaela Betancourt |
1784 |
|
|
Rosalía
Micaela Betancourt |
1784(7) |
|
|
Antonia
Micaela Betancourt |
1790(8) |
|
Br.
don Sebastián Bueno |
Patricia
e “hijita” Rafael:
“esclavito” María
Petrona Infante |
1794(9) 1795(10) 1796(11) |
|
Don
Bruno Infante |
Lorenzo |
1805(12) |
|
Don
Justo Antonio Funes |
Anastasia
|
1812(13) 1815(14) |
|
|
María
Etanislao [sic] |
1819(15) |
Estos religiosos no fueron los únicos sacerdotes que tuvieron esclavos en suelo orituquense, como lo muestran varios ejemplos citados a continuación. Uno fue el del licenciado don Amaro Juan Sarmiento, quien fungía de Vicario de San Sebastián de los Reyes en 1726; él tenía en Altagracia al esclavo Nicolás Antonio de la Candelaria en 1732(16). Otro caso fue el del reverenciable bachiller don Juan Infante, quien era nativo de San Rafael de Orituco, donde ejerció su curato de 1752 a 1760(17); él era amo de Antonio Infante, su mujer Rita, Antolino Infante y de Caridad Infante en 1758 y 1759(18); igualmente lo era de la negra María Francisca en 1763 y de los morenos Tomás Joseph Loreto en 1764, Josepha Lucía en 1765, Pedro Beomont en 1771(19) y de veinte esclavos que poseía en 1772(20), así como el doctor José Manuel Belisario, párroco de la feligresía sanrafaelina, tenía cinco esclavos en su casa en 1764(21). Además, el presbítero Andrés Manuel de Ochoa era propietario de una hacienda de cacao con esclavos en San Rafael de Orituco en septiembre de 1743, la cual había comprado a don Tomás Loreto Navarro(22); entre sus esclavizados estaban Bárbara Candelaria en 1756 y el mulato Vicente Ferrer en 1759(23), cuando el padre Ochoa tenía 13 esclavos(24). Por su parte, el licenciado don Pedro Pablo Garabán era poseedor de la morena Juana Garabán en 1756, del zambo Nicolás Pulicarpio [sic] Herrera y de Juana Asensía [sic] en 1759, de la morena María Josepha en 1760 y de la negra Juana en 1761(25); por las suyas, el clérigo don Juan Crisóstomo Lander, cura propio de los sanrafaelinos, compró un niño esclavo criollo de nombre Bernabé, de diez a once años de edad, a Manuel Infante en marzo de 1794(26) y Miguel Velásquez vendió su párvulo esclavo llamado Josef del Rosario, “un zambito” de cinco años de existencia, al padre don Felipe de Jesús Marrero de aquella parroquia orituqueña, en enero de 1805(27).
También es pertinente mencionar a tres religiosos esclavistas del pueblo San Francisco Javier de Lezama. En primer lugar: al licenciado don Joseph Romualdo Leal, dueño de la morena Juana Francisca en 1740(28), de los negros Miguel Blanco, Juan Vicente, Gregorio y Joseph en 1747, de las negras María Josepha y Josepha ese mismo año 1747(29) y de la hacienda Tocoragua, con sus esclavos incluidos, en 1751 cuando vendió esa finca a don Luis Joseph Pérez y a su esposa(30). De segundo: a don Alonso Blanco, amo de Joseph Romualdo Sotomayor en 1786 y 1791, de Rosa María de la Concepción y Feliciano Soler en 1791(31). De tercero: al bachiller don José Calixto Morín Flores, cura propio doctrinero de dicha parroquia lezamense, quien declaró en su testamento, hecho el 12 de febrero de 1806, que era propietario de los once esclavos mencionados seguidamente en dos grupos:
|
“Color” |
Nombre |
Edad (años) |
|
|
Josefa
Benedicta |
30 |
|
|
María
Rafaela |
18 |
|
|
Juan Manuel |
18-20 |
|
Mulatos |
Ramón |
14-15 |
|
|
María de
los Santos |
14-15 |
|
|
Alejos |
10-11 |
|
|
Francisco
Leandro |
8-10 |
|
|
Juan Simón |
5-6 |
|
|
Juan José |
19-20 |
|
Zambos |
Juan de la
Cruz |
12-13 |
|
|
Pantaleón |
12-13(32) |
Es interesante recordar que la esclavitud era una condición social instituida gubernamentalmente y ajustada a normas legales rigurosas, que, al parecer, era considerada por sus defensores como un hecho normal, aceptado y practicado ordinariamente en la sociedad colonial y en la de las primeras décadas republicanas, aun cuando circulaban con frecuencia importantes planteamientos antiesclavistas, gracias a la perseverancia de quienes luchaban por abolir ese estado de sumisión infrahumano. Quizás, una suma de aquellos elementos de legalidad y de normalidad motivaba a los curas para que afirmaran su reconocimiento a esa condición de sacerdote esclavista, sin impedimentos de ningún tipo, cuando efectuaban los respectivos registros bautismales u otros, como, por ejemplo, en estos casos de San Miguel, Lezama y Altagracia (en los tiempos independentistas) citados de inmediato:
“Ynocencia [sic]. Viernes
diez y siete de febrero del año de mil seiscientos y noventa y ocho. Yo, Nicolás de Ávila, cura capellán del partido de Orituco Bajo,
Guaya y Palmas, con licencia del señor cura de
esta Vicefeligresía,
baptize [sic], puse óleo y crisma y di bendiciones a Ynocencia [sic], hija
legítima de Salvador,
mulato esclavo del licenciado don Juan de Barnuevo, y de Francisca, de 2 años.
Fue su padrino: Matheo de
Laya y Gámiz. Y para que conste lo firmé ut supra. [/] Nicolás de Ávila”(33).
[…]
“Juana Baptista [sic]. En 24 de
octubre, año de 1705, baptise [sic] sub conditiones [sic], puse óleo y crisma y di bendiciones
con licencia del señor cura don Juan de Barnuevo, de la feligresía de San Miguel, a Juana Baptista [sic], hija
legítima de Francisco Tunagua y de Dominga,
negra esclava de dicho señor
cura. Fueron sus padrinos: García [sic] y Catalina, su mujer, negros esclavos de doña Ysabel [sic] de Laya. Y porque
conste lo firmé ut supra. [/] Jacintho Vanders”(34).
[…]
“[En
q]uince de febrero de mil setecientos y cuarenta años. Yo, Joseph Romualdo Leal,
con la [licenci]a
debida en vacante de cura de este pueblo [de S]an Francisco Javier de Lizama
[sic], habiendo administrado [los] santos
sacramentos de la penitencia, eucaristía y ex[trema]unción a Juana Francisca, morena, mi esclava
[roto] mujer de Joseph Gregorio, también moreno…” [Texto incompleto por daños de la fuente](35).
[…]
“En
ocho días del mes de agosto de mil septecientos [sic] noventa y uno, bauticé solemnemente, puse óleo y crisma y di
bendiciones a María Merced, párvula que nació el día 20 de julio, hija legítima de Juan Ysidro [sic]
Palacio y Juana Rita Escalante, pardos, vecinos. Fueron sus padrinos: Joseph Romualdo y Rosa María de la
Concepción, esclavos del padre Blanco, a quienes advertí del parentesco y demás obligaciones. Doy fe. Ut supra.
/Bachiller Joseph Calisto [sic] Morín”(36).
[…]
“En nueve de septiembre de mil ochocientos quince. Yo, el infrascripto cura interino de esta parroquial de Nuestra Señora de Altagracia de Orituco, bauticé solemnemente, puse santo óleo y crisma y di bendiciones, según el ritual romano, a un parvulito, mi esclavo, de cuatro días de nacido, a quien puse por nombre Joseph de la Rosa de la Trinidad, hijo natural de Anastasia, mi esclava. Fue su padrino: don Filisberto [sic] Funes, a quien advertí el parentesco y obligación de que certifico. /Justo Antonio Funes”(37).
A los ejemplos de los párrafos anteriores puede añadirse el del clérigo José Vicente González Díaz, “venerable cura interino” del pueblo altagraciano, quien tenía convenida la venta de los esposos Martín Porras e Isabel Ochoa, esclavos suyos, con el señor Cosme Delgado en junio de 1831(38); puede agregarse asimismo el del presbítero Bartolomé María Campos, Vicario del cantón Orituco, quien vendió su esclava Eleuteria a José María Poleo y este la revendió al señor Ildefonso Escalona en San Rafael de Orituco en junio de 1846(39); aquel padre Campos había sido el antiguo amo de la criada Teresa, cuando esta fue vendida por su dueño siguiente a la señora Abelarda Machado en San Rafael en junio de 1847(40). Eran días republicanos cuando la Iglesia mantenía su invariable criterio de tiempos coloniales con respecto a los sacerdotes esclavistas y a la esclavización en general.
Es factible concluir diciendo que las evidencias precedentes indican, por sí solas, que la moralidad católica no sancionaba la esclavitud ni siquiera la practicada por los curas, porque, probablemente, hacerlo denotaba que era una contradicción de la Iglesia consigo misma, debido a que ese medio de relación laboral formaba parte de la dinámica de una sociedad saturada de prejuicios discriminatorios, en cuya formación y consolidación había participado significativamente dicha institución eclesiástica, la cual reconocía a los esclavos como seres inferiores, tanto que los registros de bautismos, matrimonios y defunciones de ellos los hacía en libros específicos, donde eran incluidos los negros, mulatos, zambos, mestizos, indios y demás gente calificada de baja calidad, para diferenciarlos de los blancos o españoles que eran considerados seres superiores y registrados en libros aparte, según lo prueban testimonios dejados por los propios sacerdotes en esas escrituras(41).
REFERENCIAS Y NOTAS
* Es pertinente decir que en
1692 no había surgido aún el pueblo Nuestra Señora de Altagracia. El padre Juan
de Barnuevo atendía entonces a los feligreses del valle de San Miguel, entre
quienes estaba el grupo de guaiqueríes con el cual fue constituida en 1694 una
comunidad precursora del pueblo altagraciano, que siguió siendo atendida por el
cura Barnuevo, tal vez hasta 1703 o 1704, cuando esa población ya tenía
identidad católica de índole doctrinal y ese sacerdote fue sustituido por el
presbítero Jacinto Vanders, aunque continuó como capellán de los sanmiguelinos hasta
1716.
(1) A.P.N.S.A: Libro de
bautismos de San Miguel del Rosario de Orituco y del pueblo Nuestra Señora de Altagracia, 1677-1744.
(2) A.P.S.R.A.: Libro de
bautismos de San Rafael de Orituco, 1755-1761, f. 10 v.
(3) IBÍDEM: f. 129 v.
(4) IBÍDEM: f. 35.
(5) IBÍDEM: f. 52.
(6) IBÍDEM: f. 65 v.
(7) A.P.N.S.A.: Libro de bautismos de Altagracia de Orituco, 1783-1787.
(8) IBÍDEM: 1789-1797.
(9) R.I.M.M.G.E.G.: Venta de la esclava Patricia y su hijita, de don Juan Gutiérrez y don Pedro Infante al bachiller don Sebastián Bueno, cura de Altagracia. Bloque N° 17, años 1793-1794. Registro de instrucción de testamentos, escrituras y poderes relativos a la testamentaria de don Feliciano Martínez, 1793, f. 40 v. a 43.
(10) IBÍDEM: Recibo de alcabala por venta del “esclavito” Rafael, de don Juan Lorenzo Velásquez al presbítero Sebastián Bueno, cura de Altagracia. Bloque N° 17, años 1793-1794. Registro de instrucción de testamentos, escrituras y poderes relativos a la testamentaria de don Feliciano Martínez, 1793, f. 88.
(11) A.P.N.S.A.: Libro de bautismos de Altagracia de Orituco, 1783-1787.
(12) IBÍDEM: 1799-1810.
(13) IBÍDEM: 1810-1824, f. 27 v
(14) IBÍDEM: f. 70 v.
(15) IBÍDEM: f. 240.
(16) IBÍDEM: Libro de bautismos de San Miguel del Rosario de Orituco y del pueblo Nuestra Señora de Altagracia, 1677-1744.
(17) CHACÍN SOTO: 1972, p. 7 (trabajo mecanográfico).
(18) A.A.C.: Matrículas parroquiales, San Rafael de Orituco, carpeta N° 37.
(19) A.P.N.S.A: Libro de bautismos de Altagracia de Orituco, 1760-1780.
(20) A.A.C.: Matrículas parroquiales, San Rafael de Orituco, carpeta N° 37.
(21) IBÍDEM.
(22) R.I.M.M.G.E.G.: Reconocimiento de un censo redimible a favor de las monjas Concepciones, hecho por el presbítero don Andrés Manuel de Ochoa. Caracas, septiembre de 1743. Bloque N° 44, año 1843. (Copia expedida en Caracas, 17 de septiembre de 1842).
(23) A.P.S.R.A.: Libro de bautismos de San Rafael de Orituco, 1755-1761, f. 40, 45.
(24) A.A.C.: Matrículas parroquiales, San Rafael de Orituco, carpeta N° 37.
(25) A.P.S.R.A.: Libro de bautismos de San Rafael de Orituco, 1755-1761, f. 34 v., 47 v., 48, 65, 127, 136.
(26) R.I.M.M.G.E.G.: Venta del párvulo esclavo Bernabé, de Manuel Infante al clérigo don Juan Crisóstomo Lander, cura de San Rafael de Orituco. Bloque N° 17, años 1793-1794. Registro de instrucción de testamentos, escrituras y poderes relativos a la testamentaria de don Feliciano Martínez, 1793, f. 37 v. a 40 v.
(27) IBÍDEM: Venta del párvulo esclavo Josef del Rosario, de Miguel Velásquez al presbítero don Felipe de Jesús Marrero, cura de San Rafael de Orituco. Sitio de La Salineta, valle de Orituco, 14 de enero de 1805. Bloque N° 23, año 1805. Registro de Instrumentos Públicos para el año de 1805, f. 1 a 2.
(28) A.P.L.: Libro de bautismos de Lezama, 1740.
(29) IBÍDEM: Partida de
matrimonio de Miguel Blanco y Josepha, 1747 (en Libro de bautismos de Lezama,
1740-1794)
Observación. Este libro de bautizos contiene partidas de matrimonios y de defunciones, que no fueron dañadas por la acción del tiempo; con ellas fue formado un solo texto de registros parroquiales del lapso predicho.
(30) ESCALA MUÑOZ y FERNÁNDEZ VILLEGAS: 2005, pp. 24, 27.
(31) A.P.L.: Libro de bautismos de Lezama, 1786, 1791.
(32) R.I.M.M.G.E. G.: Testamento del presbítero bachiller don José Calixto Morín Flores. San Francisco Javier de Lezama, 12 de febrero de 1806. Bloque N° 25, año 1807.
(33) A.P.N.S.A.: Libro de bautismos de San Miguel del Rosario de Orituco, 1698, f. 18.
(34) IBÍDEM: 1705, f. 25.
(35) A.P.L.: Libro de
bautismos de Lezama, 1740-1794.
Observación. La ortografía fue actualizada y las abreviaturas fueron desarrolladas.
(36) IBÍDEM: 1783-1794, f. 145 v.
(37) A.P.N.S.A.: Libro de bautismos de Altagracia de Orituco, 1810-1824, f. 70 v.
(38) R.I.M.M.G.E. G.: Convenio de compraventa de esposos esclavos del presbítero José Vicente González Díaz al señor Cosme Delgado. Altagracia de Orituco, 14 de junio de 1831. Bloque N° 34, año 1832.
(39) IBÍDEM: Venta de la esclava Eleuteria, de José María Poleo a Ildefonso Escalona. San Rafael de Orituco, 4 de junio de 1846. Bloque N° 47, año 1846.
(40) IBÍDEM: Venta de la criada Teresa a Abelarda
Machado. San Rafael de Orituco, 14 de junio de 1847. Bloque N° 58, año 1847.
(41) A.P.N.S.A.: Libro de bautismos de San Miguel
del Rosario de Orituco y del pueblo Nuestra Señora de Altagracia, 1676-1744.
IBÍDEM: Libros de bautismos, matrimonios, defunciones y otros asuntos de
Altagracia de Orituco, 1726-1810. IBÍDEM: Libro de bautismos de
Altagracia de Orituco, 1767-1768. A.P.S.R.A.: Libro de bautismos de San Rafael
de Orituco, años 1755-1761, f. 67.
FUENTES
I.- Documentales
ARCHIVO ARQUIDIOCESANO DE CARACAS (A.A.C.). Caracas.
Matrículas parroquiales. San Rafael de Orituco. Carpeta N° 37.
ARCHIVO DE LA PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE ALTAGRACIA (A.P.N.S.A.). Altagracia de Orituco, estado Guárico.
Libro de bautismos de San Miguel del Rosario de Orituco y del pueblo Nuestra Señora de Altagracia, años 1676 a 1744.
Libros de bautismos, matrimonios, defunciones y otros asuntos de Altagracia de Orituco, años 1726 a 1824.
ARCHIVO DE LA PARROQUIA SAN FRANCISCO JAVIER DE LEZAMA (A.P.L.). Lezama de Orituco, estado Guárico.
Libros de bautismos de Lezama, 1740-1794.
Partida de matrimonio de Miguel Blanco y Josepha,
1747 (en Libro de bautismos de Lezama, 1740- 1794).
ARCHIVO DE LA PARROQUIA SAN
RAFAEL ARCÁNGEL (A.P.S.R.A.). San Rafael de Orituco, estado Guárico.
Libro de bautismos de San Rafael de Orituco, 1755-1761.
REGISTRO INMOBILIARIO DE
LOS MUNICIPIOS JOSÉ TADEO MONAGAS Y SAN JOSÉ DE GUARIBE (R.I.M.M.G.E.G.).
Altagracia de Orituco, estado Guárico.
Convenio
de compraventa de esposos esclavos del presbítero José Vicente González Díaz al
señor Cosme Delgado. Altagracia de
Orituco, 14 de junio de 1831. Bloque N° 34, año 1832.
Recibo de alcabala por venta del “esclavito” Rafael,
de don Juan Lorenzo Velásquez al presbítero Sebastián
Bueno, cura de Altagracia. Bloque N° 17, años 1793-1794. Registro de
instrucción de testamentos, escrituras
y poderes relativos a la testamentaria de don Feliciano Martínez, 1793.
Reconocimiento de un censo redimible a favor de las monjas Concepciones, hecho por el presbítero don Andrés Manuel de Ochoa. Caracas, septiembre de 1743. Bloque N° 44, año 1843. (Copia expedida en Caracas, 17 de septiembre de 1842).
Testamento del presbítero bachiller don José Calixto Morín Flores. San Francisco Javier de Lezama, 12 de febrero de 1806. Bloque N° 25, año 1807.
Venta de la criada Teresa a Abelarda Machado. San Rafael de Orituco, 14 de junio de 1847. Bloque N° 58, año 1847.
Venta de la esclava Eleuteria, de José María Poleo a Ildefonso Escalona. San Rafael de Orituco, 4 de junio de 1846. Bloque N° 47, año 1846.
Venta de la esclava Patricia y su hijita, de don Juan Gutiérrez y don Pedro Infante al bachiller don Sebastián Bueno, cura de Altagracia de Orituco. Bloque N° 17, años 1793-1794. Registro de instrucción de testamentos, escrituras y poderes relativos a la testamentaria de don Feliciano Martínez, 1793.
Venta del párvulo esclavo Bernabé, de Manuel Infante al clérigo don Juan Crisóstomo Lander, cura de San Rafael de Orituco. Bloque N° 17, años 1793-1794. Registro de instrucción de testamentos, escrituras y poderes relativos a la testamentaria de don Feliciano Martínez, 1793.
Venta del párvulo esclavo Josef del Rosario, de Miguel Velásquez al presbítero don Felipe de Jesús Marrero, cura de San Rafael de Orituco. Sitio de La Salineta, valle de Orituco, 14 de enero de 1805. Bloque N° 23, año 1805. Registro de Instrumentos Públicos, 1805.
II.- Bibliográficas
ACOSTA SAIGNES, Miguel. Vida de los esclavos negros en Venezuela.
Prólogo de Roger Bastide. Caracas. Ediciones Hespérides, 1967.
BRITO FIGUEROA, Federico. El problema tierra y esclavos en la historia
de Venezuela. Caracas. Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central
de Venezuela. Colección Historia XIV. Segunda edición, 1985.
BRITO FIGUEROA, Federico. Historia económica y social de Venezuela.
Caracas. Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela. Colección
Historia III. Cuarta edición, t. I, 1979.
ESCALA MUÑOZ, Zouleyma y
FERNÁNDEZ VILLEGAS, Rafael V. Los Negros
Kimbánganos. Una fiesta de San Juan en Lezama. Caracas. Editado por
YPergas. 2005.
SALCEDO BASTARDO, J.L. Historia fundamental de Venezuela. Caracas. Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela. Colección Historia I. Novena edición, 1982.
III. Hemerográficas
CHACÍN SOTO, Rafael. “Breves noticias de San Rafael de Orituco”. Inédito. (Trabajo
mecanográfico en hojas sueltas, 1972).















