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viernes, 7 de febrero de 2025

Eligio Leopoldo Arocha, uno de los primeros farmacéuticos de Ortiz

José Obswaldo Pérez

Eligio Leopoldo Arocha fue uno de los primeros farmacéuticos en Ortiz, durante el siglo XIX. Nació en 1858, en Canoabo, Valencia, como hijo de Carlos Arocha y Ana Josefa de Arocha (Oldman Botello, 2004). Aunque los detalles sobre su llegada a Ortiz son inciertos, el apellido Arocha aparece en documentos eclesiásticos del pueblo desde 1843, en una época marcada por la violencia rural y los brotes de enfermedades febriles. Un ejemplo sería la partida de defunción de Florinda Arocha Torrealba, hija legítima de Esteban Arocha y Oriana Torrealba; así como la muerte de su hermano, Juan Esteban, el 16 de marzo de 1857, quien falleció soltero y recibió los sacramentos de parte del Fray Fidel de Vieda.

No se sabe si hay un vínculo familiar directo entre Eligio Leopoldo Arocha y estas personas anteriormente mencionadas, pero está claro que él se estableció en Ortiz, donde comenzó a desarrollar su actividad comercial. Un documento fechado el 11 de abril de 1874, que firmó junto a otros vecinos, solicitaba a la Legislatura Nacional una reforma a la Constitución propuesta por el presidente Antonio Guzmán Blanco, que fue promulgada el 27 de mayo de ese mismo año (Arráiz Luccca, 2007; p.89). Además, en 1876, su nombre aparece en un manuscrito relacionado con un empréstito gubernamental en el Departamento Bermúdez, donde aportó ocho venezolanos, posiblemente, para financiar las movilizaciones de tropas gubernamentales.

Durante el período en que Arocha se encontraba en Ortiz, esta ciudad era la capital del Guárico, un rango que elevaba su importancia cultural y económica. Como farmacéutico profesional, fundó su botica, denominada La Central, en la Calle Real de Ortiz —posteriormente conocida como calle Comercio—. Esta fue la cuarta farmacia en la población y desempeñó un papel crucial durante las epidemias de fiebre amarilla y el paludismo que asoló a la región entre 1879 y 1881, ofreciendo medicamentos esenciales como la quinina.

Debido a estas epidemias, Eligio Leopoldo Arocha se vio obligado a emigrar a Villa de Cura, donde contrajo matrimonio el 20 de febrero de 1888 en la Iglesia Parroquial con Luisa María Rodríguez Tejada, hija de Francisco Eladio Rodríguez Guerrero y Rita Elena Tejada Monroy. Ambos eran oriundos de Villa de Cura, pero descendían de antiguas familias de Ortiz y Calabozo. Fueron testigos de la ceremonia Francisco Eladio Rodríguez y Josefa Tejada. De esta unión nació Eligio Julio Arocha Rodríguez, quien más tarde se casó con Carmen Flores. Según el investigador y genealogista Luis Eduardo Viso, de Eligio Leopoldo Arocha desciende la joven vocalista María Fernanda Flores García, casada con el músico calaboceño Wilfredo Villavicencio El Darjani, miembros del grupo vocal La Camerata de Caracas, bajo la dirección de la Maestra Isabel Palacios.

Una vez establecido en Villa de Cura, Eligio Leopoldo refundó su botica, la cual se ubicó en el ángulo noroeste de la calle Bolívar, en el cruce con Caraballo, frente a la plaza Miranda (Botello, 2004; p.26). En su establecimiento ofrecía una amplia gama de medicinas, incluyendo la conocida Panacea de Swain, vendida a 28 reales el frasco. También comercializaba sus productos patentados, como el famoso remedio Gotas de Vida, elaborado a base de plantas para tratar afecciones como la dismenorrea y el catarro, a un precio de cuatro reales el frasco. Todos sus medicamentos estaban registrados en el Ministerio de Fomento, bajo la marca Medicinas para la familia (Botello, 1972; p.196).

Fuentes consultadas

BOTELLO, OLDMAN (1972) Historia del Periodismo en Aragua. Ediciones A. V. P. [i.e. Asociación Venezolana de Periodistas] Aragua.

(1885). Anuario del comercio, de la industria, etc. de Venezuela. Caracas: Rojas Hermanos, libreros editores.

(1874). Documentos favorables a las reformas de la constitución de 1864. Caracas: Imprenta La Opinión Nacional

(Foto La botica La Central, en Villa de Cura,frente a la plaza Miranda)

lunes, 15 de mayo de 2017

HOSPITAL “ISRAEL RANUAREZ BALZA” CENTRO NEURÁLGICO QUE DINAMIZA A SAN JUAN DE LOS MORROS Y SU ÁREA DE INFLUENCIA GEOHISTÓRICA.

Prof. PABLO PÉREZ ARAGORT.


San Juan de los Morros, Capital del Estado Bolivariano de Guárico, esa localidad que nació en forma espontánea aproximadamente a mediados del siglo XVIII, enclavada en un valle intermontano de la serranía interior del tramo central de la cordillera de la costa y que además debe su nombre al hecho de que es surcada por la corriente del rio San Juan,  combinado con los imponentes morros ( Paurario)que forman parte de su geografía, tiene la especificidad de contar hace  poco más de treinta años con un centro hospitalario, el cual fue construido producto de la necesidad generada no solo por su crecimiento poblacional, sino de aquellos lugares circunvecinos como son Parpara, Ortiz, El Sombrero, Tiznados, Altagracia de Orituco, y de los pueblos del sur de Aragua(San Sebastián de los Reyes, Camatagua, San Casimiro) y hasta del Estado Miranda como  Cua, conjunto que  podemos  catalogar como  una región histórica.
Surge este recinto hospitalario en sustitución del viejo hospital Guárico, el cual funcionó en la avenida Bolívar, en lo que hoy se conoce como Casona Universitaria. Este viejo hospital que por mucho tiempo satisfizo las necesidades de la población sanjuanera y sus adyacencias cumplió su  ciclo,  hasta que llegó el momento en que mediante un proceso de fragmentación sus servicios fueron trasladados al hospital moderno, denominado “Israel Ranuárez Balza”, en honor al insigne médico guariqueño quien dedicó toda su vida como profesional de la medicina, no solo al  servicio de la salud sino también al progreso general de un pueblo que de alguna manera ha querido retribuirle en parte a su vocación de servicio ciudadano, colocándole su nombre al  recinto hospitalario más importante de esta localidad.
Desde sus inicios, el hospital  “Israel Ranuárez Balza”, el cual se ubica frente a la calle-avenida Santa Isabel, generó  un cambio en el uso del espacio,  en terrenos que formaron parte de la antigua hacienda del mismo nombre, y ha estado ofreciendo su servicio de salud, a todas las comunidades antes nombradas  satisfaciendo  las necesidades de  los diferentes estratos sociales que a este han acudido a lo largo de estas tres décadas de existencia.
En estos treinta años de servicio el hospital  “Ranuárez Balza”, ha sido escenario donde han confluido situaciones sociales de diferentes matices, dada la estructura compleja de que está compuesta nuestra sociedad. Por eso  ha sido muy común observar círculos de amistades que han surgido entre personas oriundas de diferentes lugares que han tenido la oportunidad de coincidir en este lugar en búsqueda de un bien común como es la salud,  pero también ha sido escenario de serias desavenencias familiares, las cuales han surgido como consecuencia de la formación cultural que tienen aquellos que se han visto en la necesidad de asistir allí, por eso es cotidiano ver familias que tienen confrontaciones motivadas por evasiones de la responsabilidad, en cuanto al  cuido de los deudos que allí han tenido  internados.
Pudiera decirse que el “Ranuárez Balza” ha simbolizado para los usuarios  que allí acuden dos grandes polos o extremos como: son la vida y la muerte. Ha sido muy común en estos treinta años observar familias que salen airosas, triunfantes, felices, con sus familiares que fueron dados de alta,  gracias a su recuperación, pero también lo ha sido  ver y oír a aquellos dando gritos de dolor, de impotencia, de rabia y de derrota, por los familiares que no lograron superar los estragos de sus dolencias, sentimientos que muchas veces se proyectan hacia los médicos, enfermeras, otros trabajadores y hasta desconocidos que les ha tocado presenciar esas escenas que contagian a cualquier ser cargado de empatía.
Es este sanatorio al igual que todo centro hospitalario un espacio a donde acude la población a buscar la prolongación de la vida, pero también han acudido en  búsqueda de la muerte, por eso en sus inicios, estando en proceso de construcción década de los setenta, un hombre se suicido colgándose de uno de los frondosos arboles que rodean esta infraestructura, también ya en su proceso de funcionamiento algunas personas se han suicidado lanzando desde los pisos más altos de su edificación.
Pudiera decirse que este hospital es una pequeña muestra del acontecer nacional, regional y local, pues toda la problemática socio- económica que se ha ventilado en las tres últimas décadas ha repercutido de alguna manera en la realidad de esta institución, esto se manifiesta en la cantidad de personas que llegan desde lugares cercanos y remotos quienes muchas veces tienen serias dificultades para adquirir las medicinas y efectuar los exámenes requerido por sus familiares, usuarios que últimamente son objeto del llamado bachaqueo de las medicinas por parte de seres inescrupulosos que ven a la salud como una mercancía y se aprovechan de la necesidad ajena.
Por otra parte, También hay que recordar que en la década de los noventa, el servicio hospitalario al igual que muchos servicios públicos iban camino hacia un proceso de privatización y ya en el “Ranuárez Balza” se daban los primeros pasos para tal fin, por eso habían implementado la llamada “colaboración económica”  para la realización de  consultas y exámenes de rutina, lo cual era una especie de ensayo para lo que venía después. Esto  fue frenado por el presidente Hugo Chávez una vez que asumió la presidencia de la Republica y  transformó el llamado gasto social en inversión social.
En otro orden de ideas, el hospital “Israel Ranuárez  Balza”, respondiendo a su denominación, le proporciona hospitalidad a todos aquellos viajeros que se dirigen a diferentes regiones del país como oriente, occidente, Apure, Amazonas y que por diversas razones les corresponde pernoctar en San Juan de los Morros al no conseguir  transporte, por lo que  este espacio constituye un lugar seguro para pasar la noche en espera  del siguiente día y  poder seguir hacia su destino. Además de ello y como producto de la situación social crítica, existen una serie de indigentes, enfermos mentales y ancianos en situación de calle que hicieron  de éste en un momento determinado su lugar  de residencia. Además es uno de los pocos hospitales que posee una sala de espera donde pueden permanecer de manera relativamente segura los familiares de los pacientes.

Este hospital se inicio a mediados de la década de los ochenta ofreciendo los servicios básicos y algunas especialidades, pero a medida que ha transcurrido el tiempo se le fueron incorporando otros servicios, entre los cuales hay que destacar el de medicina nuclear para los pacientes  con enfermedades como el cáncer en la década de los dos mil, lo cual es de gran importancia debido a que  antes estos enfermos tenían que irse a Caracas, Maracay o Valencia para poder cumplir sus tratamientos, por eso allí acuden pacientes de los estados llaneros, también de Aragua, Carabobo y  Miranda entre otros, los cuales consideran que este hospital a pesar de la escasez y de las limitaciones que presenta en la actualidad sigue siendo una de las mejores alternativas de salud para la población de pocos recursos de esta importante región histórica.

El Motor de aire desafía la segunda Ley de la Termodinámica. Invento de un guariqueño.