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viernes, 7 de febrero de 2025

Eligio Leopoldo Arocha, uno de los primeros farmacéuticos de Ortiz

José Obswaldo Pérez

Eligio Leopoldo Arocha fue uno de los primeros farmacéuticos en Ortiz, durante el siglo XIX. Nació en 1858, en Canoabo, Valencia, como hijo de Carlos Arocha y Ana Josefa de Arocha (Oldman Botello, 2004). Aunque los detalles sobre su llegada a Ortiz son inciertos, el apellido Arocha aparece en documentos eclesiásticos del pueblo desde 1843, en una época marcada por la violencia rural y los brotes de enfermedades febriles. Un ejemplo sería la partida de defunción de Florinda Arocha Torrealba, hija legítima de Esteban Arocha y Oriana Torrealba; así como la muerte de su hermano, Juan Esteban, el 16 de marzo de 1857, quien falleció soltero y recibió los sacramentos de parte del Fray Fidel de Vieda.

No se sabe si hay un vínculo familiar directo entre Eligio Leopoldo Arocha y estas personas anteriormente mencionadas, pero está claro que él se estableció en Ortiz, donde comenzó a desarrollar su actividad comercial. Un documento fechado el 11 de abril de 1874, que firmó junto a otros vecinos, solicitaba a la Legislatura Nacional una reforma a la Constitución propuesta por el presidente Antonio Guzmán Blanco, que fue promulgada el 27 de mayo de ese mismo año (Arráiz Luccca, 2007; p.89). Además, en 1876, su nombre aparece en un manuscrito relacionado con un empréstito gubernamental en el Departamento Bermúdez, donde aportó ocho venezolanos, posiblemente, para financiar las movilizaciones de tropas gubernamentales.

Durante el período en que Arocha se encontraba en Ortiz, esta ciudad era la capital del Guárico, un rango que elevaba su importancia cultural y económica. Como farmacéutico profesional, fundó su botica, denominada La Central, en la Calle Real de Ortiz —posteriormente conocida como calle Comercio—. Esta fue la cuarta farmacia en la población y desempeñó un papel crucial durante las epidemias de fiebre amarilla y el paludismo que asoló a la región entre 1879 y 1881, ofreciendo medicamentos esenciales como la quinina.

Debido a estas epidemias, Eligio Leopoldo Arocha se vio obligado a emigrar a Villa de Cura, donde contrajo matrimonio el 20 de febrero de 1888 en la Iglesia Parroquial con Luisa María Rodríguez Tejada, hija de Francisco Eladio Rodríguez Guerrero y Rita Elena Tejada Monroy. Ambos eran oriundos de Villa de Cura, pero descendían de antiguas familias de Ortiz y Calabozo. Fueron testigos de la ceremonia Francisco Eladio Rodríguez y Josefa Tejada. De esta unión nació Eligio Julio Arocha Rodríguez, quien más tarde se casó con Carmen Flores. Según el investigador y genealogista Luis Eduardo Viso, de Eligio Leopoldo Arocha desciende la joven vocalista María Fernanda Flores García, casada con el músico calaboceño Wilfredo Villavicencio El Darjani, miembros del grupo vocal La Camerata de Caracas, bajo la dirección de la Maestra Isabel Palacios.

Una vez establecido en Villa de Cura, Eligio Leopoldo refundó su botica, la cual se ubicó en el ángulo noroeste de la calle Bolívar, en el cruce con Caraballo, frente a la plaza Miranda (Botello, 2004; p.26). En su establecimiento ofrecía una amplia gama de medicinas, incluyendo la conocida Panacea de Swain, vendida a 28 reales el frasco. También comercializaba sus productos patentados, como el famoso remedio Gotas de Vida, elaborado a base de plantas para tratar afecciones como la dismenorrea y el catarro, a un precio de cuatro reales el frasco. Todos sus medicamentos estaban registrados en el Ministerio de Fomento, bajo la marca Medicinas para la familia (Botello, 1972; p.196).

Fuentes consultadas

BOTELLO, OLDMAN (1972) Historia del Periodismo en Aragua. Ediciones A. V. P. [i.e. Asociación Venezolana de Periodistas] Aragua.

(1885). Anuario del comercio, de la industria, etc. de Venezuela. Caracas: Rojas Hermanos, libreros editores.

(1874). Documentos favorables a las reformas de la constitución de 1864. Caracas: Imprenta La Opinión Nacional

(Foto La botica La Central, en Villa de Cura,frente a la plaza Miranda)

jueves, 20 de mayo de 2021

AMALIVAC VIANA GONZÁLEZ Y SUS APORTES A LA HISTORIOGRAFÍA CALABOCEÑA.

 José M Aquino

 Relator: Yovani Ramírez



La historia es una disciplina científica que estudia una manera sistemática los hechos sociales  a través del tiempo, el  historiador cumple una función social de gran importancia en la reconstrucción los procesos, referentes a las distintas actividades que realizan los seres humanos, utilizando los diferentes testimonios, con el fin de analizar e interpretar los acontecimientos. De esta manera la variedad de las fuentes tienen la finalidad de tener una mejor información de esos momentos relevantes. Por tanto en cada comunidad, localidad, región, nación  tienen unas particularidades que son objeto de ser estudiadas en cada uno de esos espacios, con el fin de entender y comprender la trascendencia de  los distintos acontecimientos históricos que han ocurrido a lo largo del tiempo.

Por tanto, la función del historiador es de gran importancia para preservar la memoria histórica de los pueblos. La Villa de Todos los Santos de Calabozo ha tenido destacadas personalidades que a través de las distintas épocas se han dedicado a reconstruir los procesos históricos, desde el mismo momento en que las comunidades aborígenes se establecieran en esta región  y  así sucesivamente con los demás  periodos históricos que ha transitado en esta importante localidad de los llanos venezolanos. En el tiempo encontramos connotados historiadores que se han dedicado a indagar con todo lo relacionado con el pasado de esta localidad, entre los cuales podemos señalar al doctor a Tomás Antonio Domínguez en último cuarto del siglo XIX, con sus ensayos sobre los próceres calaboceños del periodo independentista, José Rafael Viso miembro de número de la Academia Nacional de la Historia en 1952 y primer cronista de esta localidad; al igual que Lucas Castillo Lara por medio de esa gran obra “Villa de Todos los Santos de Calabozo, el derecho a vivir bajo el sol”, y el licenciado Adolfo Rodríguez a través de sus excelente obra “Calabozo Siglo XIX” publicada por la Universidad Rómulo Gallegos en el año 2004.

A raíz del gran impulso que han tenido los estudios de historia regional y local en Venezuela, a partir del último cuarto del siglo XX. La ciudad de Calabozo cuenta con  cronistas e historiadores que se dedican a averiguar los distintos aspectos del pasado de este espacio, ubicada en la región de los llanos venezolanos, dedicada a desarrollar una gran actividad agropecuaria y comercial desde su fundación. Uno de esos investigadores  afanosos por difundir la memoria histórica es Amalivac Viana González, a través de las distintas actividades que realiza con el fin de averiguar y promocionar los estudios históricos en esta importante urbe del Estado Guárico. Este hijo del apreciable médico Veterinario Amílcar Viana y la distinguida dama Brígida de González de Viana, desde muy joven se ha interesado  averiguar  todo lo relacionado  por la  histórica matria, a través de la consulta de las distintas fuentes en variados repositorios, tanto públicos como y privados. Una vez en concluido sus estudios de universitarios en la ciudad de Mérida, regresa a la Villa de todos los Santos de Calabozo, para combinar sus actividades profesionales en el campo de la administración de empresas con la investigación y promoción de los estudios históricos.

Este calaboceño realiza sus investigaciones tomando como referencia los fundamentos  teóricos de los procesos históricos locales, expuestos por el historiador mexicano Luis González, a través de La microhistoria como método de investigación enfocado en el análisis de los hechos cotidianos y de las distintas manifestaciones culturales que conforman las tradiciones de los pueblos. El objetivo es examinar los fenómenos de los lugares para comprender cómo se constituyen las sociedades en sus distintos momentos. Por tal motivo, se observan en los trabajos de Viana González una excelente análisis e interpretación de los hechos del pasado de las distintas comunidades estudiadas de esta acogedora ciudad guariqueña, con una buena recopilación de información histórica de fuentes confiables, mediante la visitas a los registros, archivos oficiales y privados, diarios, fotografías, y obras pictóricas para sus debidos estudios.

En sus trabajos de investigación se difunde claramente también la herencia cultural de los habitantes de Calabozo a través del tiempo, con el fin de conservarlas y trasmitirlas a las siguientes generaciones sus creencias, saberes, expresiones artísticas, normas y valores, prácticas sociales, tradiciones y costumbres, lugares o cualquier expresión del saber local. Por tal motivo es necesario examinar algunos de sus ensayos para apreciar la dimensión y aportes a la identidad calaboceña desde la fundamentación topofilólogica trabajada por  profesor Armando Rojas, basada en el afecto al lugar como generador de conocimiento.

El primer aspecto en resaltar, son sus trabajos de religiosidad popular, entendida como una manera de expresar la identidad de los pobladores creyentes de la fe cristiano católica, los sentimientos y cohesión hacia ese credo. Uno de esos ensayos publicados es el de “La Historia del Cristo traído de España por don Antonio Camacho a la Catedral de Calabozo en 1798”, donde se destaca todo lo relacionado a la devoción por esta reliquia por parte de este calaboceño en ese tiempo y los pormenores de este prominente calaboceño para adquirir la citada escultura, además del fervor de los fieles católicos a esta imagen a través de los tiempos. De igual manera este distinguido investigador, consustanciado con el misticismo, realizó una indagación bien sustentada de la construcción de la iglesia Nuestra Señora del Carmen por el ganadero José Ramón García, con un manejo de la fuente documental del archivo de la Arquidiócesis de Caracas y demás repositorios donde se guardan los testimonios escritos  de ese centro de adoración patrimonio artístico de la ciudad, con el fin de confirmar las gestiones del principal bienhechor antes citado en la realización de esta arquitectura local que se había puesto en duda de haber sido su constructor.

Este cronista ha realizado investigaciones con el propósito de dar a conocer la actuación de una gran cantidad de personajes que han hecho historia en esta cálida y acogedora  ciudad llanera, en las diversas actividades del acontecer local, regional, nacional e internacional en diferentes momentos, con el único fin de  que sean un paradigma para el comportamiento, emprendimiento de sus paisanos, al igual de ser un agente para el cambio como beneficio para la colectividad. Por tanto  las biografías realizadas por Viana González, no solo toma en cuenta la narración de de la historia de su existencia, sino también permite a través de sus ensayos, conocer cómo fue esa sociedad durante contexto histórico y cultural que le tocó vivir a ese distinguido ciudadano.

Entre esos biografiados encontramos el ensayo de referente a la trayectoria militar del calaboceño Mayor Salomé Hurtado de Mendoza, resaltando sus portes al proceso de la independencia de la hermana República de Cuba. Al igual que otros personajes que formaron parte del acontecer de la política a nivel local, regional y nacional, como fue el prócer de la Federación Pedro Bermúdez Causin, primer hijo nacido de esta ciudad enterrado en el Panteón Nacional. Del mismo modo este investigador también, les ha dado la importancia a los pedagogos que han tenido una excelente trayectoria en el proceso de enseñanza en esta la localidad guariqueña. Uno de esos sobresalientes  maestros tomados en cuenta en sus indagaciones, es la actividad magisterial desplegada  por Ramón Delgado Rojas, en cuanto al buen desempeño didáctico a distintas generaciones de estudiantes de esta villa  durante su trayectoria como docente.

 Al seguir describiendo biografías de distinguidos ciudadanos oriundos de esta ciudad llanera, realizados por este estudioso de la historia,  resaltando los  importantes aportes a la nación en los distintos ámbitos de la actividad cultural, como la del poeta Rafael Rodríguez Carreño. Igualmente de la trayectoria desplegada por la licenciada en periodismo e historiadora Ana Elisa Llovera. Del mismo modo este cronista, ha hecho valiosos aportes la historiografía con valiosos trabajos sobre los acontecimientos más importantes de esta urbe a lo largo de la historia, desde la ocupación de este espacio por la intervención de los españoles. Uno de esos ensayos es el referente a la fundación de los distintos barrios de esta localidad a partir de la fundación de la Represa Rio Guárico en 1957. Así como también, averiguaciones sobre el casco histórico colonial más grande de la nación que se encuentra en esta villa.

Además de publicar sus más de medio centenar de trabajos  en diarios regionales, folletos, blogspot de internet, las  distintas  redes sociales y expuestas en los diferentes encuentros  de historia regional y local en la que asiste como participante activo. Este historiador  como ciudadano comprometido con ayudar a sus paisanos al fomento de los estudios históricos. Orientando a cualquier persona interesada en conocer el pasado de la localidad o estudiantes de las distintas modalidades del sistema educativo de esta urbe. Al igual que permitirles consultar su valiosa biblioteca con abundante bibliografía y distintos documentos relacionado con la microhistoria de este lugar del llano venezolano o cualquier tema de cultura general; además de poder apreciar la valiosa colección de pinturas de temas y personajes históricos de la Villa de Todos los Santos de Calabozo. Cumpliendo de esta manera una labor altruista en beneficio de la colectividad.

De esta manera, este destacado escritor cumple con una función importante de preservar  la identidad de los calaboceños, al igual que fomentar el emprendimiento y mejorar el acervo cultural de la localidad, junto a su esposa Luz María Silva, como elementos fundamentales para crear un modelo de ciudadano consustanciado con su terruño en la búsqueda de una ciudad más  humana y que sus habitantes sean  proactivos en la solución de sus problemas, con el fin mantener la relevancia que ha tenido la ciudad y seguir siendo un emporio agropecuario , comercial e industrial de gran importancia nacional  con repercusión mundial.     

sábado, 27 de marzo de 2021

¿DE VANDERS A BANDRÉS?

Carlos A. López Garcés

Cronista de Orituco

 

            El apellido Bandres (sin acento) está muy difundido en el municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico, sobre todo en las parroquias Altagracia de Orituco y San Francisco de Macaira. Su existencia data desde los tiempos coloniales orituqueños, aunque parece ser consecuencia de cambios en la pronunciación del original que causaron una escritura modificada, de lo cual habrían resultado otros más, tales como Bandrés (con tilde) y Bandes. Esta conjetura surge porque el Obispo Mariano Martí, en el transcurso de su visita pastoral a Altagracia de Orituco en marzo de 1783, observó que “El libro parroquial más antiguo tiene por partida la de un bautismo del día primero de mayo de 1704, firmada por don Jacinto Bandres”(1). Debe decirse que el nombre correcto de aquel presbítero era “Jacintho Vanders” (con V); así lo evidencian diversas partidas de bautismo suscritas por él, como las dos siguientes que son ilustrativas: 

“A 23 de Febᵒ de 1703 yo el [L]izᵈᵒ Jacintho Vanders con lizᵃ del Cura deste dho partido de sⁿ Miguel de Orituco Baptise puse oleo y Chrisma y di Bendiciones [roto] Baptista hijo lexítimo de Luis Hilario y de Franᶜᵃ [roto]ta Poblacion de nra ssᵃ de Altagᵃ fueron sus Padr[inos] Domingo de Silva y Juᵃ Dorotea todos de dha Poblacion y pᵃ qᵒ conSte lo firme [/] Jacintho Vanders”(2).

[…]

“[Al margen: Juᵃ Baptista] en 24 de Octubre año de 1705 Baptise Sub Conditiones puse oleo y Chrisma y di Bendiciones con lizᵃ del ss Cura Dⁿ Juⁿ de Barnuebo de la feligrecia de Sⁿ Miguel a Juᵃ Baptista hija lexitima de Franᵒ tunagua y de Dominga negra esclava de dho S cura fueron sus Padrinos Garcia [sic] y Cathalina Su mujer negros esclavos de Dᵃ Ysabel de Laya y pʳ qᵒ conste lo firme ut supra₌ [/] Jacintho Vanders”(3).

Es oportuno añadir que el padre Jacinto no era el único con ese apelativo en tierras  orituqueñas de los días del coloniaje, pues en el valle de San Miguel del Rosario había por lo menos tres personas más hacia las últimas décadas del siglo XVII y las primeras del XVIII, a las cuales identificaban indistintamente con los apellidos Vandes o Vanders cuyos nombres eran Fernando, Francisco y Lorenzo, de quienes se ignora el grado de parentesco entre ellos y con aquel sacerdote(4); además, estaba don Juan Calixto Banders (con B), el que fue citado como propietario de esclavos en los años de 1764 a 1772(5) y cuyo vínculo familiar con el cura y las otras personas antes mencionadas es desconocido también.

 

Altagracia de Orituco, marzo de 2021.

 

miércoles, 24 de febrero de 2021

NUEVO LIBRO DEL ESCRITOR EDGARDO MALASPINA

 Jeroh Juan Montilla

Ayer, martes 23 de febrero del 2021, por Whatsapp recibí un hermoso regalo, un nuevo libro de mi amigo el escritor, editor, cronista y médico guariqueño Edgardo Malaspina, titulado LA LITERATURA GUARIQUEÑA, dicho texto aglutina lo que fueron 10 años (1998-2008) de fructífera labor en la Asociación Civil Editorial Guárico, una década dedicada tesonera y sacrificadamente a publicar el hacer literario e historiográfico de nuestro gran estado Guárico. Realmente una labor histórica, nos llena este texto de mucho orgullo y nostalgia, sentimos que fueron momentos preciosos que tristemente hoy están tronchados, vivimos entre la amargura y la incertidumbre, sin saber si alguna vez podamos recuperar este tipo de iniciativas culturales, es triste decirlo pero el hacer editorial en nuestro país está casi desaparecido, peor en el estado Guárico que ya es una actividad desaparecida tanto en el campo oficial como en el privado.

Dicen que la esperanza es lo último en perderse ¿Tenemos aún entre nosotros a esta dama? Tal vez esta iniciativa de Edgardo, dentro de lo que hoy llamado el universo de las redes sociales, sea un vislumbre de que todavía hay promesa e ilusión en nuestros corazones, que el futuro es una perspectiva de mejores tiempos, solo digamos como devotos cristianos amén, en la espera de lo milagroso. Aprovecho la oportunidad para colocarles aquí el link a dicho libro (https://drive.google.com/file/d/1fCe1spl_o1G-K-VszR9JtskgluvMKpEo/view?usp=sharing
). También les informo que el mismo será el post  que inaugurará un nuevo grupo de Facebook que prontamente crearé: TEMAS Y PUBLICACIONES DE LA LITERATURA GUARIQUEÑA. Felicitaciones Edgardo, los escritores guariqueños te estamos infinitamente agradecidos.

viernes, 19 de febrero de 2021

JOSÉ LOVERA, UNA REFERENCIA EN LA HISTORIA DE LAS COMUNIDADES CALABOCEÑA

 José Aquino

Fotografía: Yobani Ramírez

Desde que hay testimonio escrito, los seres humanos se han interesado por indagar los hechos históricos, en los diferentes momentos o periodos y ámbitos donde ocurren los acontecimientos. Los historiadores son los llamados a cumplir esta importante función social en resaltar la memoria colectiva de los pueblos. En el tiempo han sobresalido grandes cronistas por sus conocimientos e importantes aportaciones a la disciplina historia. Encontramos precursores en orden de importancia a Heródoto, considerado el padre de la historia en la antigüedad en Grecia, por ser el primero en realizar investigaciones con el uso de técnicas para tratar los temas del pasado y posteriormente relatarlos; del mismo modo en China, Sima Qian, se destacó por la manera de presentar los hechos del pasado en la realización de biografías de diversos personajes y Tucídides también en tiempos de los griegos, concibió una historia racional, basada en hechos conocibles y entendibles por la razón, centrada en el hombre.

En la edad moderna encontramos destacados historiadores europeos como Francois –Marie Arouet mejor conocido como Voltaire, Mignet Francois, Gustavo Glotz entre otros destacados escritores que han reconstruido los hechos más trascendentales de la humanidad .En el continente americano y específicamente en las tierras ocupadas por los españoles en el siglo XVI, localizamos a cronistas que describen todos los acontecimientos del proceso de conquista y colonización en dicho territorio como: Bernal Díaz del Castillo, Garcilaso de la Vega, Pedro Cieza de León, José de Oviedo y Baños en la Capitanía general de Venezuela entre otros.

Precisamente en los inicios del periodo republicano en Venezuela, destacados historiadores  entre los cuales podemos citar a Juan Vicente González, Rafael María Baralt, Felipe Larrazabal, realizaron trabajos relativos al proceso de independencia. Comenzando el siglo XX encontramos gran cantidad de escritores de diferentes corrientes de pensamiento entre los cuales podemos señalar a Laureano Vallenilla Lanz y Francisco González Guinán. A mediados de ese siglo sobresalieron, por citar algunos de importancia, Eduardo Arcila Farías Federico Brito Figueroa, Miguel Acosta Saines, en la actualidad despuntan Mario Sanoja, Iraida Vargas, Germán Carrera Damas, Guillermo Morón entre otros que han contribuido con sus trabajos a la historia nacional. De igual manera a finales de ese mismo siglo XX en Venezuela, tomó gran interés difundir e investigar la historia regional y local. Arístides Medina Rubio y un grupo destacado de historiadores promocionaron esta modalidad de estudio del pasado, mediante coloquios, congresos y encuentros referentes al pasado de las localidades. A finales de la década de los 90 del siglo pasado aumentó el interés por investigar las historias locales, muchas entidades del país realizaron numerosos eventos relacionados con las microhistorias.

Por tal motivo, se incrementaron significativamente las investigaciones referente a la historia regional y local en el Estado Guárico en esos tiempos, específicamente en la ciudad de Calabozo, creció el interés por estudiar la microhistoria, en más de una década se impulsaron estos estudios mediante la realización de talleres, coloquios y encuentros de este tipo donde se presentaron trabajos de esta modalidad. El grupo de Historia Regional y Local Efraín Hurtado dirigido en sus comienzos por el doctor Rubén Páez Díaz es una de las organizaciones de la sociedad civil que impulsó y sigue difundiendo estos estudios en esta ciudad, año tras año realiza estos encuentros de historiadores y cronistas con la participación de relatores no solamente de la región guariqueña, sino también de otras entidades que le han dado de esta manera una dimensión nacional por la calidad y número de trabajos que se exponen en dicha reuniones académicas.

 Uno de esos historiadores locales perteneciente a esta agrupación académica antes citada y asistente permanente de los diversos eventos de este género en esta localidad es José Lovera, investigador entusiasta por estudiar la microhistoria de su ciudad natal y específicamente en los temas del desarrollo histórico de las comunidades populares de este lugar. La intensión de este escritor de indagar los temas regionales y locales, no nace de repente, a través de su rol de promotor social le ha dado el impulso necesario no solamente en la búsqueda del bienestar para los habitantes de las distintas comunidades sino también la motivación para realizar los estudios históricos en el micro tiempo y espacio de las colectividades como elementos fundamentales en generar un cambio de mentalidad de los habitantes hacia el bienestar colectivo, partiendo primeramente por estudiar los hechos del pasado que han transitado esos barrios, como componente fundamental para lograr a feliz término una convivencia desde la topofilia.

El otro aspecto que toma en cuenta en sus trabajos de investigación de historia regional y local José Lovera, es la manera de presentar las diferentes crónicas, estas no son una simple narración o descripción del objeto de estudio. En sus trabajos se hace referencia a la ubicación del lugar, sea el barrio, ciudad o territorio donde ocurren los hechos con todas las características de toda índole que tiene el espacio para la convivencia en sociedad; del mismo modo se determina el tiempo histórico de los hechos descritos y no sean vistos desde una mera cronología, sino de un período o un lapso en el que han ocurrido acontecimientos que ha generado un cambio. En cuanto a los personajes que presentan en sus trabajos, se observa un buen manejo de los tipos de fuentes, empezando por las primarias mediante la utilización de los documentos, correspondencias oficiales, memorias, censos y registros parroquiales, al igual tratamiento de bibliografías mediante la revisión de textos, periódicos y ensayos en distintos tiempos de historiadores que han tratado los diferentes tópicos.

En la investigación realizada por Lovera, referente al cacique Chiparara, es un ejemplo de su buen desempeño en el tratamiento de los distintos tipos de fuentes. No solamente por estar reseñados en la bibliografía consultada, sino también por la manera de hacer las referencias de los autores con lo cual trabaja,  para luego realizar un análisis en este caso del comportamiento insurgente del personaje nombrado. Evidenciando su crecimiento como investigador al asimilar los fundamentos teóricos –prácticos aprendidos y trabajados cuando cursara y aprobara tanto en la maestría de Historia de Venezuela en la Universidad Rómulo Gallegos por año 2015, el Diplomado de Cronistas Comunales en la ciudad de Calabozo patrocinado por el Centro Nacional de Historia y distintos talleres de historia local.

Del mismo modo, este apasionado de la microhistoria, ha realizado distintos trabajos sobre comunidades de la Villa de Calabozo, las cuales aparecen impresas en las memorias de los encuentros de Cronistas e Historiadores de la localidad auspiciados por el grupo de Historia Efraín Hurtado, artículos prensa regional y también expuestas en los distintos blogspot de internet especializados por los temas de Historia. Uno de esos trabajos de gran importancia, es Veritas, Memoria y Tiempo. Donde destaca el proceso histórico de esa colectividad desde su formación hasta a su consolidación como Barrio.

Este investigador se ha enfatiza en resaltar los logros de personajes importantes de la localidad calaboceña, mediante la realización de biografías, no como una exaltación laudatoria, sino como un reconocimiento a la trayectoria de hombres y mujeres que han trabajado desde distintos ámbitos por el bienestar colectivo local. Una de esas protagonistas es la artista plástica Diosa Landaeta, en la cual enfatizaba su habilidad e ingenio para realizar las composiciones pictóricas; del mismo modo realiza las semblanzas del apreciable agricultor vecino del Barrio Veritas, Reinaldo de Jesús Colmenares entre otros ilustres personajes populares. De igual manera ha publicado trabajos de este género a luchadores sociales que tomaron el camino de la insurrección armada para tratar de derrocar los gobiernos establecidos en los años 60 del siglo XX, como fueron los revolucionarios Ciro Aparicio y José Gabriel Sumoza.

También ha incursionado en la realización de ensayos para exaltar las manifestaciones de fe de los cristianos católicos, uno de esos trabajos es la de conocer el grado de devoción del médico, docente y filántropo José Gregorio Hernández en la localidad calaboceña, no solamente se interesa por cuantificar el grado de misticismo del grupo estudiado, sino también saber las cualidades o caracteres más predominantes de sus adoradores, mediante la realización de entrevistas a los informantes claves, con el fin tener una mejor comprensión del fenómeno estudiado. Del mismo modo este escritor, ha indagado el periodo colonial de su ciudad natal, específicamente en trabajo realizado conjuntamente con el licenciado Amalivac Viana González, en la que logran reconstruir la cadena de propietarios a través del tiempo, de la Casa de Alto, llamada también la Vianera, desde su construcción a finales del siglo XVIII, hasta su actual propietario, la Universidad Rómulo Gallegos. Demostrando gran dominio en el manejo de las fuentes documentales consultados en registros y notarias de ese lugar.

Este apreciado escritor cuenta con una cantidad ensayos que lo hacen merecedor de ser una referencia obligada, para el que quiera indagar todo lo relacionado con la microhistoria de la Villa de Todos los Santos de Calabozo y especialmente con el desarrollo histórico de las comunidades populares que se conformaron después de estar en funcionamiento el Sistema de Riego rio Guárico. Siempre está en la disposición de orientar a las personas que soliciten sus servicios de manera desinteresada, en los que respecta a la historia regional y local calaboceña. Por tal motivo ha ganado el reconocimiento de la sociedad civil, por su excelente labor para que las comunidades difundan y conozcan su historia y preserven su identidad.                         

domingo, 20 de diciembre de 2020

CURAS ESCLAVISTAS EN ORITUCO

                               Carlos A. López Garcés (Cronista Municipal de Orituco)      


La intensa e indoblegable actividad ideologizante de la Iglesia Católica fue un factor propiciatorio de trascendental importancia para la consolidación del dominio colonial español en territorio venezolano, lo cual ocurrió mediante la aplicación de principios económicos, políticos, sociales, culturales y de otras naturalezas de carácter europeo, entre los cuales estaba la esclavitud como fuerza de trabajo principal, cuyo aprovechamiento era eclesiásticamente permitido a los sacerdotes y a ciertos feligreses como un recurso de relación laboral. Esta afirmación puede ser ilustrada con los casos de algunos curas del valle de San Miguel del Rosario y del pueblo Nuestra Señora de Altagracia, quienes eran dueños de esclavos cuando ejercían su presbiterado en estas comunidades orituqueñas; el cuadro siguiente es demostrativo:  

Curas propietarios

Esclavos

Años

 

 

1692*

Lic. don Juan de Barnuevo

Dominga: negra

1695

 

 

1705*

 

Salvador (y su hija Inocencia): mulato

1698

 

Juan Alonso: negro

1718

 

 

1729

 

Vicente: moreno

1729

Lic. don Juan Vicente de Ortuño

Antonio

1729

 

Andrea Cayetana

1729

 

 

1730

 

Julián Francisco

1730

 

Antonia y su hijo Alejo

1734(1)

 

María Martina

1756(2)

Lic. don Nicolás de Ledezma

Juan Blas

1756(3)

 

Luisa Germana: morena

1759(4)

 

Luisa Ledezma

1760(5)

 

Martina

1761(6)

 

Juan Gregorio Betancourt

1783

 

Josefa Micaela Betancourt

1783

Dr. don Gregorio Martín

Francisco Josef Betancourt

1784

Betancourt y Berdugo [sic]

Rafaela Micaela Betancourt

1784

 

Marta Micaela Betancourt

1784

 

Rosalía Micaela Betancourt

1784(7)

 

Antonia Micaela Betancourt

1790(8)

 

Br. don Sebastián Bueno

Patricia e “hijita”

Rafael: “esclavito”

María Petrona Infante

1794(9)

1795(10)

1796(11)

Don Bruno Infante

Lorenzo

1805(12)

 

Don Justo Antonio Funes

Anastasia

1812(13)

1815(14)

 

María Etanislao [sic]

1819(15)

               Estos religiosos no fueron los únicos sacerdotes que tuvieron esclavos en suelo orituquense, como lo muestran varios ejemplos citados a continuación. Uno fue el del licenciado don Amaro Juan Sarmiento, quien fungía de Vicario de San Sebastián de los Reyes en 1726; él tenía en Altagracia al esclavo Nicolás Antonio de la Candelaria en 1732(16). Otro caso fue el del reverenciable bachiller don Juan Infante, quien era nativo de San Rafael de Orituco, donde ejerció su curato de 1752 a 1760(17); él era amo de Antonio Infante, su mujer Rita, Antolino Infante y de Caridad Infante en 1758 y 1759(18); igualmente lo era de la negra María Francisca en 1763 y de los morenos Tomás Joseph  Loreto en 1764, Josepha Lucía en 1765, Pedro Beomont en 1771(19) y de veinte esclavos que poseía en 1772(20), así como el doctor José Manuel Belisario, párroco de la feligresía sanrafaelina, tenía cinco esclavos en su casa en 1764(21). Además, el presbítero Andrés Manuel de Ochoa era propietario de una hacienda de cacao con esclavos en San Rafael de Orituco en septiembre de 1743, la cual había comprado a don Tomás Loreto Navarro(22); entre sus esclavizados estaban Bárbara Candelaria en 1756 y el mulato Vicente Ferrer en 1759(23), cuando el padre Ochoa tenía 13 esclavos(24). Por su parte, el licenciado don Pedro Pablo Garabán era poseedor de la morena Juana Garabán en 1756, del zambo Nicolás Pulicarpio [sic] Herrera y de Juana Asensía [sic] en 1759, de la morena María Josepha en 1760 y de la negra Juana en 1761(25); por las suyas, el clérigo don Juan Crisóstomo Lander, cura propio de los sanrafaelinos, compró un niño esclavo criollo de nombre Bernabé, de diez a once años de edad, a Manuel Infante en marzo de 1794(26) y Miguel Velásquez vendió su párvulo esclavo llamado Josef del Rosario, “un zambito” de cinco años de existencia, al padre don Felipe de Jesús Marrero de aquella parroquia orituqueña, en enero de 1805(27).

                También es pertinente mencionar a tres religiosos esclavistas del pueblo San Francisco Javier de Lezama. En primer lugar: al licenciado don Joseph Romualdo Leal, dueño de la morena Juana Francisca en 1740(28), de los negros Miguel Blanco, Juan Vicente, Gregorio y Joseph en 1747, de las negras María Josepha y Josepha ese mismo año 1747(29) y de la hacienda Tocoragua, con sus esclavos incluidos, en 1751 cuando vendió esa finca a don Luis Joseph Pérez y a su esposa(30). De segundo: a don Alonso Blanco, amo de Joseph Romualdo Sotomayor en 1786 y 1791, de Rosa María de la Concepción y Feliciano Soler en 1791(31). De tercero: al bachiller don José Calixto Morín Flores, cura propio doctrinero de dicha parroquia lezamense, quien declaró en su testamento, hecho el 12 de febrero de 1806, que era propietario de los once esclavos mencionados seguidamente en dos grupos:

“Color”

Nombre

Edad (años)

 

Josefa Benedicta

30

 

María Rafaela

18

 

Juan Manuel

18-20

Mulatos

Ramón

14-15

 

María de los Santos

14-15

 

Alejos

10-11

 

Francisco Leandro

8-10

 

Juan Simón

5-6

 

Juan José

19-20

Zambos

Juan de la Cruz

12-13

 

Pantaleón

       12-13(32)

 

        Es interesante recordar que la esclavitud era una condición social instituida gubernamentalmente y ajustada a normas legales rigurosas, que, al parecer, era considerada por sus defensores como un hecho normal, aceptado y practicado ordinariamente en la sociedad colonial y en la de las primeras décadas republicanas, aun cuando circulaban con frecuencia importantes planteamientos antiesclavistas, gracias a la perseverancia de quienes luchaban por abolir ese estado de sumisión infrahumano. Quizás, una suma de aquellos elementos de legalidad y de normalidad motivaba a los curas para que afirmaran su reconocimiento a esa condición de sacerdote esclavista, sin impedimentos de ningún tipo, cuando efectuaban los respectivos registros bautismales u otros, como, por ejemplo, en estos casos de San Miguel, Lezama y Altagracia (en los tiempos independentistas) citados de inmediato:

                       “Ynocencia [sic]. Viernes diez y siete de febrero del año de mil seiscientos y noventa y ocho. Yo,          Nicolás                 de Ávila, cura capellán del partido de Orituco Bajo, Guaya y Palmas, con licencia del señor cura               de esta                 Vicefeligresía, baptize [sic], puse óleo y crisma y di bendiciones a Ynocencia [sic], hija legítima                de Salvador, mulato esclavo del licenciado don Juan de Barnuevo, y de Francisca, de 2 años. Fue su               padrino: Matheo de Laya y Gámiz. Y para que conste lo firmé ut supra. [/] Nicolás de Ávila”(33).

[…]

                        “Juana Baptista [sic]. En 24 de octubre, año de 1705, baptise [sic] sub conditiones [sic],              puse óleo y crisma y di bendiciones con licencia del señor cura don Juan de Barnuevo, de la              feligresía de San Miguel, a Juana Baptista [sic], hija legítima de Francisco Tunagua y de   Dominga, negra               esclava de dicho señor cura. Fueron sus padrinos: García [sic] y Catalina, su mujer, negros esclavos        de doña Ysabel [sic] de Laya. Y porque conste lo firmé ut supra. [/] Jacintho Vanders”(34).  

[…]

                       “[En q]uince de febrero de mil setecientos y cuarenta años. Yo, Joseph Romualdo Leal, con la                                 [licenci]a debida en vacante de cura de este pueblo [de S]an Francisco Javier de Lizama [sic], habiendo                    administrado [los] santos sacramentos de la penitencia, eucaristía y ex[trema]unción a Juana                Francisca, morena, mi esclava [roto] mujer de Joseph Gregorio, también moreno…” [Texto incompleto por daños de la fuente](35).    

[…]

                               “En ocho días del mes de agosto de mil septecientos [sic] noventa y uno, bauticé          solemnemente, puse óleo y crisma y di bendiciones a María Merced, párvula que nació el día 20 de julio, hija legítima de Juan Ysidro [sic] Palacio y Juana Rita Escalante, pardos, vecinos. Fueron sus       padrinos: Joseph Romualdo y Rosa María de la Concepción, esclavos del padre Blanco, a quienes       advertí del parentesco y demás obligaciones. Doy fe. Ut supra. /Bachiller Joseph Calisto [sic]                 Morín”(36).

[…]

                               “En nueve de septiembre de mil ochocientos quince. Yo, el infrascripto cura interino de            esta parroquial de Nuestra Señora de Altagracia de Orituco, bauticé solemnemente, puse santo óleo y       crisma y di bendiciones, según el ritual romano, a un parvulito, mi esclavo, de cuatro días de nacido, a      quien puse por nombre Joseph de la Rosa de la Trinidad, hijo natural de Anastasia, mi esclava. Fue su padrino: don Filisberto [sic] Funes, a quien advertí el parentesco y obligación de que certifico. /Justo          Antonio Funes”(37).

                A los ejemplos de los párrafos anteriores puede añadirse el del clérigo José Vicente González Díaz, “venerable cura interino” del pueblo altagraciano, quien tenía convenida la venta de los esposos Martín Porras e Isabel Ochoa, esclavos suyos, con el señor Cosme Delgado en junio de 1831(38); puede agregarse asimismo el del presbítero Bartolomé María Campos, Vicario del cantón Orituco, quien vendió su esclava Eleuteria a José María Poleo y este la revendió al señor Ildefonso Escalona en San Rafael de Orituco en junio de 1846(39); aquel padre Campos había sido el antiguo amo de la criada Teresa, cuando esta fue vendida por su  dueño siguiente a la señora Abelarda Machado en San Rafael en junio de 1847(40). Eran días republicanos cuando la Iglesia mantenía su invariable criterio de tiempos coloniales con respecto a los sacerdotes esclavistas y a la esclavización en general.

                Es factible concluir diciendo que las evidencias precedentes indican, por sí solas, que la moralidad católica no sancionaba la esclavitud ni siquiera la practicada por los curas, porque, probablemente, hacerlo denotaba que era una contradicción de la Iglesia consigo misma, debido a que ese medio de relación laboral formaba parte de la dinámica de una sociedad saturada de prejuicios discriminatorios, en cuya formación y consolidación había participado significativamente dicha institución eclesiástica, la cual reconocía a los esclavos como seres inferiores, tanto que los registros de bautismos, matrimonios y defunciones de ellos los hacía en libros específicos, donde eran incluidos los negros, mulatos, zambos, mestizos, indios y demás gente calificada de baja calidad, para diferenciarlos de los blancos o españoles que eran considerados seres superiores y registrados en libros aparte, según lo prueban testimonios dejados por los propios sacerdotes en esas escrituras(41).

REFERENCIAS Y NOTAS

* Es pertinente decir que en 1692 no había surgido aún el pueblo Nuestra Señora de Altagracia. El padre Juan de Barnuevo atendía entonces a los feligreses del valle de San Miguel, entre quienes estaba el grupo de guaiqueríes con el cual fue constituida en 1694 una comunidad precursora del pueblo altagraciano, que siguió siendo atendida por el cura Barnuevo, tal vez hasta 1703 o 1704, cuando esa población ya tenía identidad católica de índole doctrinal y ese sacerdote fue sustituido por el presbítero Jacinto Vanders, aunque continuó como capellán de los sanmiguelinos hasta 1716.

(1) A.P.N.S.A: Libro de bautismos de San Miguel del Rosario de Orituco y del pueblo Nuestra Señora de         Altagracia, 1677-1744.

(2) A.P.S.R.A.: Libro de bautismos de San Rafael de Orituco, 1755-1761, f. 10 v.

(3) IBÍDEM: f. 129 v.

(4) IBÍDEM: f. 35.

(5) IBÍDEM: f. 52.

(6) IBÍDEM: f. 65 v.

(7) A.P.N.S.A.: Libro de bautismos de Altagracia de Orituco, 1783-1787.

(8) IBÍDEM: 1789-1797. 

(9) R.I.M.M.G.E.G.: Venta de la esclava Patricia y su hijita, de don Juan Gutiérrez y don Pedro Infante al bachiller don Sebastián Bueno, cura de Altagracia. Bloque N° 17, años 1793-1794. Registro de instrucción de testamentos, escrituras y poderes relativos a la testamentaria de don Feliciano Martínez, 1793, f. 40 v. a 43.

(10) IBÍDEM: Recibo de alcabala por venta del “esclavito” Rafael, de don Juan Lorenzo Velásquez al presbítero Sebastián Bueno, cura de Altagracia. Bloque N° 17, años 1793-1794. Registro de instrucción de testamentos, escrituras y poderes relativos a la testamentaria de don Feliciano Martínez, 1793, f. 88.

(11) A.P.N.S.A.: Libro de bautismos de Altagracia de Orituco, 1783-1787.

(12) IBÍDEM: 1799-1810.

(13) IBÍDEM: 1810-1824, f. 27 v

(14) IBÍDEM: f. 70 v.

(15) IBÍDEM: f. 240.

(16) IBÍDEM: Libro de bautismos de San Miguel del Rosario de Orituco y del pueblo Nuestra Señora de Altagracia, 1677-1744.

(17) CHACÍN SOTO: 1972, p. 7 (trabajo mecanográfico).

(18) A.A.C.: Matrículas parroquiales, San Rafael de Orituco, carpeta N° 37.

(19) A.P.N.S.A: Libro de bautismos de Altagracia de Orituco, 1760-1780.

(20) A.A.C.: Matrículas parroquiales, San Rafael de Orituco, carpeta N° 37.

(21) IBÍDEM. 

(22) R.I.M.M.G.E.G.: Reconocimiento de un censo redimible a favor de las monjas Concepciones, hecho por el presbítero don Andrés Manuel de Ochoa. Caracas, septiembre de 1743. Bloque N° 44, año 1843. (Copia expedida en Caracas, 17 de septiembre de 1842).

(23) A.P.S.R.A.: Libro de bautismos de San Rafael de Orituco, 1755-1761, f. 40, 45.

(24) A.A.C.: Matrículas parroquiales, San Rafael de Orituco, carpeta N° 37.

(25) A.P.S.R.A.: Libro de bautismos de San Rafael de Orituco, 1755-1761, f. 34 v., 47 v., 48, 65, 127, 136.

(26) R.I.M.M.G.E.G.: Venta del párvulo esclavo Bernabé, de Manuel Infante al clérigo don Juan Crisóstomo Lander, cura de San Rafael de Orituco. Bloque N° 17, años 1793-1794. Registro de instrucción de testamentos, escrituras y poderes relativos a la testamentaria de don Feliciano Martínez, 1793, f. 37 v. a 40 v.

(27) IBÍDEM: Venta del párvulo esclavo Josef del Rosario, de Miguel Velásquez al presbítero don Felipe de Jesús Marrero, cura de San Rafael de Orituco. Sitio de La Salineta, valle de Orituco, 14 de enero de 1805. Bloque N° 23, año 1805. Registro de Instrumentos Públicos para el año de 1805, f. 1 a 2. 

(28) A.P.L.: Libro de bautismos de Lezama, 1740. 

(29) IBÍDEM: Partida de matrimonio de Miguel Blanco y Josepha, 1747 (en Libro de bautismos de Lezama, 1740-1794)

                Observación. Este libro de bautizos contiene partidas de matrimonios y de defunciones, que no           fueron dañadas por la acción del tiempo; con ellas fue formado un solo texto de registros parroquiales      del lapso predicho.

(30) ESCALA MUÑOZ y FERNÁNDEZ VILLEGAS: 2005, pp. 24, 27.

(31) A.P.L.: Libro de bautismos de Lezama, 1786, 1791. 

(32) R.I.M.M.G.E. G.: Testamento del presbítero bachiller don José Calixto Morín Flores. San Francisco Javier de Lezama, 12 de febrero de 1806. Bloque N° 25, año 1807.

(33) A.P.N.S.A.: Libro de bautismos de San Miguel del Rosario de Orituco, 1698, f. 18. 

(34) IBÍDEM: 1705, f. 25.

(35) A.P.L.: Libro de bautismos de Lezama, 1740-1794.

                Observación.  La ortografía fue actualizada y las abreviaturas fueron desarrolladas.

(36) IBÍDEM: 1783-1794, f. 145 v.

(37) A.P.N.S.A.: Libro de bautismos de Altagracia de Orituco, 1810-1824, f. 70 v. 

(38) R.I.M.M.G.E. G.: Convenio de compraventa de esposos esclavos del presbítero José Vicente González Díaz al señor Cosme Delgado. Altagracia de Orituco, 14 de junio de 1831. Bloque N° 34, año 1832.   

(39) IBÍDEM: Venta de la esclava Eleuteria, de José María Poleo a Ildefonso Escalona. San Rafael de Orituco, 4 de junio de 1846. Bloque N° 47, año 1846.  

(40) IBÍDEM: Venta de la criada Teresa a Abelarda Machado. San Rafael de Orituco, 14 de junio de 1847. Bloque N° 58, año 1847.  

(41) A.P.N.S.A.: Libro de bautismos de San Miguel del Rosario de Orituco y del pueblo Nuestra Señora de Altagracia, 1676-1744. IBÍDEM: Libros de bautismos, matrimonios, defunciones y otros asuntos de Altagracia de Orituco, 1726-1810. IBÍDEM: Libro de bautismos de Altagracia de Orituco, 1767-1768. A.P.S.R.A.: Libro de bautismos de San Rafael de Orituco, años 1755-1761, f. 67.


FUENTES

I.- Documentales

ARCHIVO ARQUIDIOCESANO DE CARACAS (A.A.C.). Caracas.

         Matrículas parroquiales. San Rafael de Orituco. Carpeta N° 37.

ARCHIVO DE LA PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE ALTAGRACIA (A.P.N.S.A.).  Altagracia de Orituco, estado Guárico.

                Libro de bautismos de San Miguel del Rosario de Orituco y del pueblo Nuestra Señora de       Altagracia, años 1676 a 1744.

            Libros de bautismos, matrimonios, defunciones y otros asuntos de Altagracia de Orituco, años            1726 a 1824.

ARCHIVO DE LA PARROQUIA SAN FRANCISCO JAVIER DE LEZAMA (A.P.L.). Lezama de Orituco, estado Guárico.

                Libros de bautismos de Lezama, 1740-1794.

                Partida de matrimonio de Miguel Blanco y Josepha, 1747 (en Libro de bautismos de Lezama, 1740-       1794).

ARCHIVO DE LA PARROQUIA SAN RAFAEL ARCÁNGEL (A.P.S.R.A.). San Rafael de Orituco, estado Guárico.

                Libro de bautismos de San Rafael de Orituco, 1755-1761.

REGISTRO INMOBILIARIO DE LOS MUNICIPIOS JOSÉ TADEO MONAGAS Y SAN JOSÉ DE GUARIBE (R.I.M.M.G.E.G.). Altagracia de Orituco, estado Guárico.

                Convenio de compraventa de esposos esclavos del presbítero José Vicente González Díaz al señor      Cosme Delgado. Altagracia de Orituco, 14 de junio de 1831. Bloque N° 34, año 1832.  

                Recibo de alcabala por venta del “esclavito” Rafael, de don Juan Lorenzo Velásquez al presbítero         Sebastián Bueno, cura de Altagracia. Bloque N° 17, años 1793-1794. Registro de instrucción de     testamentos, escrituras y poderes relativos a la testamentaria de don Feliciano Martínez, 1793.

            Reconocimiento de un censo redimible a favor de las monjas Concepciones, hecho       por el presbítero don Andrés Manuel de Ochoa. Caracas, septiembre de 1743.       Bloque N° 44, año      1843. (Copia expedida en Caracas, 17 de septiembre de 1842).

            Testamento del presbítero bachiller don José Calixto Morín Flores. San Francisco Javier de      Lezama, 12 de febrero de 1806. Bloque N° 25, año 1807.

            Venta de la criada Teresa a Abelarda Machado. San Rafael de Orituco, 14 de junio de 1847. Bloque N°                58, año 1847. 

                Venta de la esclava Eleuteria, de José María Poleo a Ildefonso Escalona. San Rafael de Orituco, 4 de    junio de 1846. Bloque N° 47, año 1846.  

                Venta de la esclava Patricia y su hijita, de don Juan Gutiérrez y don Pedro Infante al bachiller don         Sebastián Bueno, cura de Altagracia de Orituco. Bloque N° 17, años 1793-1794. Registro de instrucción    de testamentos, escrituras y poderes relativos a la testamentaria de don Feliciano Martínez, 1793.

                Venta del párvulo esclavo Bernabé, de Manuel Infante al clérigo don Juan Crisóstomo Lander, cura de              San Rafael de Orituco. Bloque N° 17, años 1793-1794. Registro de instrucción de testamentos,        escrituras y poderes relativos a la testamentaria de don Feliciano Martínez, 1793.

                Venta del párvulo esclavo Josef del Rosario, de Miguel Velásquez al presbítero don Felipe de Jesús     Marrero, cura de San Rafael de Orituco. Sitio de La Salineta, valle de Orituco, 14 de enero de 1805.    Bloque N° 23, año 1805. Registro de Instrumentos Públicos, 1805. 

II.- Bibliográficas

ACOSTA SAIGNES, Miguel. Vida de los esclavos negros en Venezuela. Prólogo de Roger Bastide. Caracas. Ediciones Hespérides, 1967.

BRITO FIGUEROA, Federico. El problema tierra y esclavos en la historia de Venezuela. Caracas. Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela. Colección Historia XIV. Segunda edición, 1985.

BRITO FIGUEROA, Federico. Historia económica y social de Venezuela. Caracas. Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela. Colección Historia III. Cuarta edición, t. I, 1979.

ESCALA MUÑOZ, Zouleyma y FERNÁNDEZ VILLEGAS, Rafael V. Los Negros Kimbánganos. Una fiesta de San Juan en Lezama. Caracas. Editado por YPergas. 2005.

SALCEDO BASTARDO, J.L. Historia fundamental de Venezuela. Caracas. Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela. Colección Historia I. Novena edición, 1982.

III. Hemerográficas

CHACÍN SOTO, Rafael. “Breves noticias  de San Rafael de Orituco”. Inédito. (Trabajo mecanográfico en hojas sueltas, 1972).

El Motor de aire desafía la segunda Ley de la Termodinámica. Invento de un guariqueño.