Este BLOG tiene como temática todo lo relativo a la historia, ayeres, actualidades, inactualidades y devenires del estado Guárico y de su capital, la ciudad de SAN JUAN DE LOS MORROS (VENEZUELA) cualquier colaboración escrita puede enviarse a jerohmontilla601@gmail.com.
Venezuela es un país que al decir de Mariano Picón Salas se abrió al mundo en 1936, significando que el progreso comenzó en esa fecha. Es una opinión respetable que merece ser evaluada. Mucho antes los gobiernos nacionales ejecutaron tímidamente obras de desarrollo que aparecen reseñadas en las Memoria y Cuenta de los diferentes organismos públicos; así tenemos que el 20/02/1874 el general Antonio Guzmán Blanco define para algunas zonas de la nación un conjunto de obras públicas a planificar y ejecutar, de ser posible en su primer gobierno llamado el septenio. Para ello puso en funciones al recién creado Ministerio de Obras Públicas y nombra al frente de ese organismo al joven (tenía 26 años) ingeniero Jesús Muñoz Tébar, a quien encomendó además, la tarea de terminar tempranamente 126 obras en ejecución. Las correspondientes al estado Guárico o sus cercanías eran: A. Carretera Ocumare del Tuy-Caramacate. B. Villa de Cura-Calabozo. C. Villa de Cura-San Juan de los Morros y desde allí a los baños termales. D. Canal para conducir agua desde el río Guárico al actual estado Aragua (para entonces Guzmán Blanco); y del río San Juan a Parapara. E. Finalizar los baños termales de San Juan de los Morros y los de Guarumen. F. Terminar el mercado de Calabozo. G. Construcción de las iglesias de El Rastro y Barbacoas.
Al cabo de tres años, en 1877, estaban en servicio las carreteras de San Juan a los Baños sulfurosos yde San Juan a Villa de Cura y de allí a Cagua.
En cuanto a los telégrafos se señala en la Memoria de 1884 que se terminó la línea oriental que partiendo de Petare terminaba en Zaraza y otra central que partiendo de Petare pasando por Santa Lucía, Ocumare, Cúa, San Casimiro, Camatagua, Orituco, Chaguaramas y terminaba en Valle de la Pascua. Este es un dato bien importante para mí porque varias veces me había preguntado -y tratado de averiguar- cuándo tuvimos telégrafo en el Oriente del Guárico y ahora la respuesta es concluyente: en 1884. Para ello se había presupuestado la construcción de esas líneas y sus estaciones en el presupuesto del lapso 1877-1884 para ser ejecutados por los ministerios de Fomento y Obras Públicas.
Pasan varios años sin información sobre obras públicas en el Guárico hasta 1916, cuando aparecen adjudicaciones de obras y servicios al general Julián Correa para la conservación de la carretera Villa de Cura-Calabozo. Eran las llamadas “Imaginarias” en las cuales el militar gomecista que resultaba premiado por sus servicios de esbirro, soplón, torturador, etc., se le asignaba el manejo de una nómina la cual ellos manejaban a discreción aumentándola a su criterio, pero en realidad lo que acusaban era muy superior a lo que realmente manejaban; por ejemplo, le cobraban al gobierno, digamos, 100 obreros para el mantenimiento de la carretera X y en realidad empleaban no más de 30 trabajadores, lo demás se lo embolsillaba el militar beneficiario de la imaginaria. Pero ¡Oh sorpresa! En 1931 aparece disfrutando una de esas canonjías en el estado Portuguesa el coronel José Vicente Rangel, padre del homónimo que te conté. En 1932 el coronel Rodolfo C. Piña tenía la suya en El Sombrero. Posteriormente incluyeron dentro de sus obligaciones el cuido, mantenimiento y embellecimiento del famoso puente colgante sobre el río Guárico en las cercanías de la capital de Mellado. Este puente desmontado en los años 1960s y montado al sur de Guayana todavía está en servicio. Es una joya tanto desde el punto de vista de la ingeniería como de la arquitectura.
En 1945 el Ministerio de Obras Públicas, MOP, da como terminadas las carreteras de Valle la Pascua-Santa María de Ipire, Valle La Pascua-Zaraza y San Juan de los Morros-El Sombrero (relocalización). En 1965 se dio inicio a la carretera Las Mercedes-Cabruta. En total, podemos decir que en la modernidad las grandes obras en nuestro estado han sido: La Represa de Calabozo; los hospitales zonales de Calabozo, Valle de la Pascua y San Juan de los Morros; el sistema de medianos y pequeños hospitales y ambulatorios en las ciudades de menos población que los nombrados; el desarrollo hidráulico de la Cuenca del Unare, el desarrollo de la cuenca del río Tiznados, la planta física de las diferentes universidades nacionales y regionales; las edificaciones para los liceos, grupos escolares y escuelas graduadas; la electrificación de todo el Estado; el sistema telefónico integrado al sistema nacional, el acondicionamiento de la planta física del urbanismo de las principales ciudades guariqueñas. Muchas de estas obras están a punto de colapsar, debido al rápido crecimiento de la población y a la falta de un verdadero criterio de la planificación del crecimientoen todos sus órdenes y del indispensable mantenimiento previsible.
MSA. E-Mail: manuelsotoarbelaez@yahoo.comEl Guárico Oriental 1, 2 y 3 en librería La Llanera, calle Guásco frente a la plaza Bolívar, Valle de la PascuaLos libros
Con este título conocemos una interesante y excelente obra de teatro, escrita por el profesor Adolfo Rodríguez, nuestro prestigioso historiador y hombre de letras, poseedor de una extensa trayectoria en pro de la cultura en el Guárico y en Venezuela. Su texto contiene el testimonio final imaginado por el historiador y expresado por Simón Bolívar, cuando ya se hallaba en San Pedro Alejandrino. Su argumento dramatiza la audiencia concedida por El Libertador al general Julián Infante, quien fuera un exiliado paécista, que confrontó a los realistas en los llanos centrales. La obra presentada como un monólogo, rescata las reflexiones de un Bolívar ya enfermo y declinado aunque todavía lúcido y soportando las adversidades producidas por sostener y luchar por una causa que no termina de cuajar y en su abatimiento rememora su intensa relación con los llanos del Guárico. Ya la idealizada Gran Colombia ha sucumbido y con ella sus sueños de establecer una gran patria. Su interlocutor es un guariqueño y también el último baluarte con que contó Bolívar en vida. Adolfo Rodríguez, su autor, es ante todo un llanero de pura cepa y precisa sus convicciones sobre la intervención de la llaneridad en la independencia de Venezuela. El drama penetra hondamente en las raíces de la identidad hispano-americana, la que en algunos casos ironiza y en otros valora y justifica.
La obra fue representada en la Casa de la Cultura, Víctor Manuel Ovalles¨, de San Juan de los Morros, en diciembre de 2003. En aquel tiempo y lugar, la obra, -que en su concepción original tiene varios personajes- fue reducida a un soliloquio, por una excelente adaptación que conservó su texto tal como fue escrito. Bolívar fue personificado por un estupendo actor que nos logró sorprender y cautivar con su interpretación. Estamos hablando de César Pérez, un caraqueño de 45 años, de edad, es licenciado en Artes en la UCV y con una larga trayectoria en la actividad teatral. En aquella escenificación, César, quien además de representar a Bolívar, fungió de director, productor y autor de la idea también. Lo acompañó en aquella oportunidad, Maximiliano Rebolledo, actuando de manera silente, personificando a José Palacios, lugarteniente del Libertador. La personificación del Libertador, lució con una profesionalidad digna de salas con mayor aforo y exigencia. César Pérez fue Bolívar, sin lugar a dudas... La puesta en escena se adaptó a las limitaciones del teatro y a pesar de todo se logró una producción aceptable.
Hasta aquí lo escrito, amables lectores, es el contenido de un comentario, que escribimos en anterior ocasión y que no fuera publicado. Hoy después de permanecer en espera, lo redactado sale a la luz y en esta ocasión enriquecido y mejorado. Por ello anotaremos que el pasado sábado 24 de octubre del presente, tuvimos la feliz circunstancia de volver a deleitarnos con la representación de “La Última Audiencia”. Al igual que aquella vez, Bolívar fue magistralmente interpretado por César Pérez, que nuevamente volvió a ser Bolívar y en esta actuación más maduro y convincente todavía.
En esta ocasión la obra fue representada con más buena voluntad que recursos –y con ello acrecienta su mérito- en la sede del Museo de la Tradición Musical de Venezuela, una Sociedad Civil sin fines de lucro, en pro de cultura de nuestra ciudad y estado. Los directivos de esta institución, -sita en la calle Roscio, diagonal al Mercado Viejo- interesados principalmente en la música, quieren alcanzar también otros estratos de la cultura como, es el teatro y otras expresiones representativas. Ya habrá en un futuro próximo, oportunidad de hablar de ellos, que bien merecen ser conocidos y estimados por los sanjuaneros… www.ahoraescuandohay.blogspot.com
*Publicado en el Diario La Antena de San Juan de los Morros, Venezuela, el 01.11.09 Fotografía: Imagen del actor Cesar Pérez representando al Libertador.Tomada por el autor de la nota.
Las viejas heridas del país se hacen visibles en las páginas que el doctor José Francisco Torrealba dejara envueltas entre voces de fantasmas y los distintos soles que caen sobre el llano. Ese “loco genio” que tanto diera de qué hablar y a quien le han atribuido anécdotas y revelaciones, se nos hace presente en Obras Humanísticas, un compendio de las cosas que pensara y escribiera con tanto ahínco.
El sabio Torrealba, como todo el mundo en este país lo llamaba, hito del conocimiento, de esa curiosidad propia de los que nacen para dejar huellas, queda entero en este libro que publicó la Comisión Conmemorativa del Centenario del Dr. José Francisco Torrealba en San Juan de los Morros/ 1997.
Gracias al paisano y amigo Adolfo Rodríguez cae en mis manos este hermoso y extraño tomo. Raro y escaso por lo que entrañan y contienen sus páginas, cargadas de imágenes, de variados tonos temáticos, en los que el doctor Torrealba demuestra su brillo como escritor.
2.-
A finales de siglo, cuando el polvo del mundo verificabala existencia del nuestro portentoso silencio rural, nace en santa María de Ipire José Francisco Torrealba, el 16 de junio de 1896. A ciento trece años de su llegada al mundo y ya montados en la nave de este siglo XXI, el país, desde Guárico, recogió parte de las memorias de este hombre a quien aún no se le ha hecho justicia.
“El 5 y 6 actúa como un enorme garito de extremo a extremo del país. Sabatinamente como una maga fatal expolia inclementemente a la ya exigua economía de los hogares interioranos y capitalinos.
Semanalmente son como saqueados los hogares, atraídos por una esperanza ilusa, se va no sólo lo que podría economizarse sino hasta lo indispensable para la próxima semana”. Así lo dejó escrito -como si hubiese sido esta mañana- el 4 de febrero de 1958 en san Juan de los Morros, y luego reimpreso en el diario La Esfera el 13 de febrero del mismo año. Y digo como si hubiese sido esta mañana porque la reflexión tiene una vigencia asaz comprobable. Ahora el 5 y 6 no sólo se juega los domingos. Se practica todos los días. Y también la lotería y sus demás tentáculos de la ruina popular.
3.-
Nuestro sabio y paisano de las sabanas de Guárico hace un recorrido emocional e histórico por figuras como Vargas, Cajigal, Marcano, Rafael Rangel, Felipe Guevara Rojas, destacando la Amargura y tristeza en la vida de algunos sabios venezolanos.
Digamos que José Francisco Torrealba pasó por lo mismo. Vidas paralelas, como desentrañar el tiempo que él también reveló a través de su entrega y pasión por la ciencia y las humanidades.
En este su libro Obras Humanísticas, Torrealba trata con mano abierta los puntos más neurálgicos de esa Venezuela que le tocó vivir.
Trabaja sin ningún pasmo un tema bastante debatido, pero que el sabio revisa con donosa descarnadura: Meditando sobre la inmigración. “A nadie escapa que nuestro país necesita una nueva transfusión de sangre europea. Varias endemias como el paludismo, la necatoriasis, otras parasitosis intestinales, la sífilis, la tuberculosis, el mal de Chagas, la lepra, llevaron a nuestro pueblo a un grado de menor resistencia, de incapacidad física y de degeneración bastante aparentes. Y si a esto agregamos la desnutrición y el alcoholismo, se comprenderá sin gran esfuerzo, que necesitamos algo más que asistencia social y educación y mejoramiento de la nutrición para mejorar los genes tan gravemente cargado de taras”.
Texto para discutir y disentir. Texto para pensar y volver a negarnos.
El libro continúa su camino. La voz de José Francisco Torrealba sigue bajo el mango donde su mirada descubría a cada instante los milagros y las revelaciones del universo y su patio.
Fotografía tomada de http://medicinaarteytiempo.blogspot.com/
"Antes el mundo era el Cielo" ( Cosmogonía de la etnia yekuana, del Alto Orinoco )
Cuando se me propuso, la noche de mi cumpleaños, emprender un viaje o absurda peregrinación nostálgica al viejo fundo de papá, nuestro huerto del Edén familiar, el mismo que fue el deleite de nuestra niñez, mi reacción inicial fue responder con un enfático y rotundo "¡No!". Tras una prolongada ausencia de dos décadas, temía de veras lo que pudiese o no pudiese encontrar en esas tan queridas hectáreas. Le temo a ese "cuerpo etéreo con que están hecho los recuerdos", ( Ramón Sampedro ) porque los tales no son reales cuando salen de nosotros y se confrontan con la realidad. Los recuerdos, a decir verdad, no son reales en ningún lado. El último capítulo de la obra "Las Memorias de Mama Blanca" de nuestra querida escritora Teresa de la Parra me había dado una gran e inapelable lección al respecto. La familia vende la hacienda paterna y parte a Caracas para "civilizarse". Pasan dos años. Las niñas del relato, presas de la nostalgia, les dio por evocar sus días en la hacienda "Piedra Azul". Para ellas, ese período era "la edad de oro en el paraíso perdido". Querían visitar el lugar. Escribe la autora: "Seguras de que habíamos dejado allá un tesoro de felicidad, queríamos poseerlo de nuevo, aún cuando fuese por algunas horas". Pero la madre, más sabia, no quería saber nada del asunto. "Mamá no quería volver a su antigua hacienda. No tanto porque el viaje fuese largo, pesado y polvoriento, sino porque sabía por advertencia del corazón que es peligroso el enfrentarse a las cosas sobre las cuales, desde lejos, ponemos a reposar nuestros recuerdos". Pero tanto insistieron las niñas que finalmente la madre accedió. ¡Que alegría! Pero finalmente, ¡que horror! El viaje al pasado fue un verdadero fiasco. "En lugar de las sombras familiares, hallamos en todas partes una cosa dolorosísima: el nuevo dueño de Piedra Azul era un rico, gran amante del progreso, animado de una actividad insaciable para idear y realizar reformas. Vale decir que nuestro querido Piedra Azul, disfrazado de otra cosa, también lloraba, con los gritos desoladores de sus reformas, el habernos perdido a nosotras". Y por eso no quería ir. También estaba el temor que me inspiraba aquel sueño recurrente y perturbador que se me presentaba en las noches, cada seis meses, con la precisión mecánica de un reloj onírico: yo regresando viejo y cansado al fundo para encontrarlo todo revuelto, cambiado o desaparecido. ¿Advertencia del subconsciente, producto de leer a Teresa de la Parra? No lo sé; pero finalmente eché a un lado mis temores, me armé de perverso valor y me incorporé al viaje ritual rumbo a la meca de nuestros más caros y preciados recuerdos. Así somos los seres humanos de imprudentes y arriesgados.
Salimos al amanecer del sábado 30 de agosto. Lucía en en los cielos un sol radiante y hermosísimo, adecuado para viajar y contemplar paisajes. De san Juan de los Morros llegamos a Ortiz, de Ortiz pasamos a El Sombrero, y saliendo de el Sombrero seguimos por las Lajitas y los Laureles para, finalmente, doblar a la izquierda y rodar una hora por caminos rojizos, en parte polvorientos y en parte empantanados. ¡Cuantas veces, ida y vuelta, recorrimos estos parajes de arbusto y maleza en el Opel y el Jeep de mamá y papá! Nuestro recorrido estuvo señalado de paradas simbólicas en puntos emblemáticos del camino para recordar, suspirar y tomar fotografías: el montículo aquel donde se dibuja el suave azul del horizonte llanero, el puente de metal oxidado que se alza sobre el caño, el gran roble siempre cargado de extraños nidos, el potrero donde solíamos cazar conejos y venados al caer la tarde. Todo tramo tenía historias o su personalidad particular.
A medida que nos acercábamos a la casa del fundo se me aceleraban los latidos del corazón y relampagueaban en mi mente las terribles advertencias de los oráculos de Teresa de la Parra: "Debemos alojar los recuerdos en nosotros mismos sin volver nunca a posarlos imprudentemente sobre las cosas y los seres que van variando con el rodar de la vida. Los recuerdos no cambian y cambiar es la ley de todo lo existente". Yo me inquietaba. "Oh Teresa déjame en paz!" pensaba. "¡Quédate dentro de tus libros y del Panteón Nacional" Cuando al fin llegamos, me bajé del rustico, caminé unos cuantos pasos y me situé frente a la casa. Abrí bien los ojos y por Dios que no les miento si les digo que... ¡Estaba intacta! Solo los muros exteriores que resguardaban los corredores sufrieron daño, pero alguna mano experta supo restaurarlas. El resto no había variado ni sufrido cambios o alteraciones. Por esta vez o por ahora, Teresa de la Parra se había equivocado: ni la mano del hombre ni las garras del tiempo la habían tocado o desgarrado. Permanecía tal cual papá la diseño y construyó en ¿1971? Parecía una joya de cal que me sonreía bajo el sol, como dándome la bienvenida. Eso sí: la casa anterior a esta, la de barro y techo de hojas de palmas, la que se construyó unos metros más adelante, a la que llamábamos cariñosamente "la Casa Vieja", la misma que nos alojó la primera vez que llegamos aquí, desapareció sin dejar rastro, tragada y vuelta a tragar por la maleza, los arbustos y el olvido. Por mucho que me orienté y busqué, no la pude hallar. La naturaleza había reclamado sus espacios con violencia y triunfado, elevando al cielo un victorioso grito de ramas y hojas verdes. Después de enredarme el pie en unos bejucos y caer de bruces sobre la hierba, me puse disimuladamente en pie, me limpié la ropa y, luego de verificar que nadie me había visto, desistí de mi búsqueda.
Las acacias y cotopriz que mamá sembró uno detrás del otro como disciplinados soldados en formación nos ofrecieron las sombras que protege de las inclemencias del sol llanero. Aquí se siente la mano y obra de mi madre, siempre amante de los arboles y los jardines. Cuando entré a la casa y elevé la mirada, noté que los troncos y la madera que sostenían la techumbre de cinc se hallaban como nuevos. "Veo que han restaurado parte del techo" se me ocurrió comentar, a lo que mi anfitrión respondió: "No señor, de allí no han quitado nada. Este es el mismito techo que le puso su papá". Tal fue la cara de sorpresa que puse que volvió a decir: "Es que los viejos de antes sabían en qué época del año cortar la madera para que dure, que es cuando la luna está en menguante. En cambio ahora ya no la cortan así y se pudre rápido"
Me dejaron a solas. Los demás toman cerveza afuera. La casa y yo dialogamos dulcemente, comunicándonos mutuamente imágenes de un pasado grato y afín. El grueso y compacto sedimento de los recuerdos que dormían se agitó en mil partículas de oro dentro de mi corazón, señalándome mil caras y episodios que giran vertiginosamente y que no me siento capaz de describir. Son cosas indecibles que la pluma se muestra incapaz de abordar con el debido talento. Se trata de mi abuela Carlota Power caminando todas las tardes en dirección al caño para ver sus corrientes y solazarse en los recuerdos de a finales del siglo XIX, la vaca "palmasola" que cada amanecer daba la leche que tomábamos en esta misma casa, el canto madrugador mojado de rocíos del que ordeña a las vacas en el corral de troncos de palma, el finado "Fucho" fraguando el queso en la quesera de bambú, el bagre y la guabina que mordían nuestros anzuelos, la tarde que me perdí por horas con mi hermano menor, las zambullidas que nos dábamos en la laguna cercana y mil cosas más que es demasiado largo e interminable para consignar aquí.
Se podría escribir un libro, hablando de cosas tales como las visitas más absurdas y estrafalarias que ricibimos en esas soledades, como la de aquellos tipos con cara de gansters que cazaban con ametralladoras, o la de aquella familia de Argentina descendientes de alemanes que abandonaron su país concluida la Segunda guerra Mundial. Eso fue la semana santa de 1976 y según palabras de ellos mismos, el padre había sido oficial de la SS. Era gente rara que guardaban armamento muy sofisticado dentro de finos estuches de madera y terciopelo e intentaban atrapar las guabinas con cañas de pescar. Uno de ellos, rojo como un tomate, cabello blanco como la nieve y ojos de un azul intenso, siempre llevaba consigo un equipo estéreo donde lo único que sonaba eran cassettes con la música militar que hacía marchar al ejército nazi en sus ansias de conquista. El otro, sería apenas un niño cuando Alemania firmó la rendición incondicional, y la nieta, una presumida arrogante de modos racistas y quizá antisemitas.
¿Y qué decir de los lugareños, los amables campesinos, gente buena y simple, los verdaderos protagonista de toda historia que tenga estos escenarios? Medardo trabajando con las fuerzas y la nobleza de un buey, la vieja y chiflada María Socorro que casi nos mató con aquellos frijoles que lavó con kerosene antes de prepararlos en el fogón, aquel sordomudo al que no le entendíamos las señas y que caminaba más que un perdido, el "tuerto Quintana" que era uno de los que ordeñaba, el bueno de "pescuezo torcido" que intentó enseñarme a nadar en las lagunas que reflejaban el infinito cielo azul y otros tantos que ya murieron pero, como dijo alguien, los tengo vivos y sonrientes en mi corazón
El 24 de diciembre de 1975 celebramos la navidad aquí, en esta misma sala. Fue la época utópica en la cual creíamos ciegamente que llegaríamos a ser grandes hacendados o terratenientes. ¡Vaya pretensión! Al final regresamos a San Juan de los Morros con las tablas en la cabeza, unas cincuenta gallinas ponedoras que no ponían huevos y una lora que silbaba alegre estrofas mutiladas del Himno Nacional. Pero esa víspera de navidad hubo abundancia de música, hallacas, ponche crema y vinos, y al día siguiente un amanecer colmado con los regalos del niño Jesús. Pese a que yo conocía todos los secretos acerca de la persona y obra del Niño Dios, no por eso ( ¡Oh alma incrédula no te lo merecías! ) dejé de recibir mi regalo. El corazón materno supo encarnar a un dadivoso Hijo de Dios cada 25 de diciembre y a los "tres reyes magos" durante toda la vida.
En plena zona central de estos llanos, a pesar de estar a muchos kilómetros y horas de cualquier centro urbano, estábamos muy cerca de la civilización. Un escandaloso motor de camión nos suministraba energía eléctrica y una enhiesta antena atrapaba en sus bigotes de metal las señales que nuestro primitivo televisor en blanco y negro traducía en imágenes. Esto nos mantuvo al tanto de lo que sucedía en el mundo en los día que viajábamos al fundo, que eran por lo general los meses de julio/septiembre de la década de los setenta. Papá apagaba la planta diez minutos después de acostarnos pero nunca antes del noticiero. "Murió el cantante norteamericano Elvis Presley" anunció RCTV en agosto de 1977, y un año más tarde, en agosto de 1978, la misma RCTV volvió a anunciar: "Murió el Papa Pablo VI." Además teníamos un tocadisco mas parecido a un sarcófago de caoba donde colocábamos a girar "Hey Jude" o "Abbey Road" de los Beatles...
A partir de 1979 el fundo comenzó a decaer por falta de ingresos y de obreros. No se ordeñó más, ni se siguió haciendo el queso, y los cuatreros acabaron con las pocas vacas que quedaban. Ya a partir de 1983 papá lo mantuvo mas por distracción que por cualquier otra cosa hasta que decidió venderlo, en 1992. A sus ochenta años ya no podía seguir atendiéndolo ni seguir viajando ida y vuelta por una vía tan peligrosa para cualquier anciano de su condición.
Este viaje valió la pena: hubo una dulce concordancia entre el recuerdo y las cosas materiales que pueblan el presente. Complace saber que algunas cosas logran escapar de los estragos del tiempo. Sí, algún día se perderá la batalla final y todo esto tomará el mismo camino de la "Casa Vieja", pero ahora no deseo perder el tiempo con tales pensamientos.
Antes de marcharnos nos detuvimos en "Las Araguatas", un fundo vecino, para darnos un baño en las aguas de una laguna. Mis sobrinos, que vienen por primera vez, están felices nadando y gritando. Yo me pavoneo hablándoles de estos sitios, exhibiendo con orgullo mi pasado, como un general retirado que narra una batalla bien librada y ganada con honor. Sobre nosotros el cielo es un cuadro inmenso penetrado de luz donde flota en perspectiva de lienzos un manto de nubes que va disminuyendo de tamaño en la medida que se extiende hacia el horizonte. Tal cuadro o inmensidad de llano y cielo te llena el ojo de asombro y te hace el alma un poco más grande. Claro: confinado uno entre paredes, tráfico y edificios, el corazón, hecho por Dios para todo lo grande, se sobresalta cuando lo echan dentro de la majestuosidad.
Nos fuimos por donde mismo venimos, pero la nostalgia y la felicidad se acurrucaron dentro de una choza de bahareque.
El hombre de letras de Zaraza Francisco Gustavo Chacín se propuso a finales de los 1940s -es decir en los últimos años de su fructifica vida-, escribir un libro con reseñas biográficas de personajes de su pueblo. Para ese propósito no pudo conseguir financiamiento y los papeles, y algunas fotografías de sus biografiados, se quedaron en un arcón. A su muerte unas viejecitas hermanas suyas le pasaron los papeles al doctor Alberto Eduardo Rodríguez Morales, quien tuvo la idea de completar el trabajo de Chacín, mas el tiempo tampoco quiso que la buena intención se cumpliera. Esos papeles permanecieron arrumados en un baúl hasta el año 2008, cuando las herederas del Dr. Rodríguez Morales, mis distinguidas parientas zaraceñas Thalía Rodríguez Rodríguez y su hija la ingeniera Vanessa Webel Rodríguez, los pusieron en mis manos con el compromiso de darlos a conocer a través de mis artículos semanales en la prensa del Guárico. Así lo he venido haciendo. En todos los casos le he agregado cortos datos biográficos o genealógicos que no aparecen en los trabajos del connotado zaraceño que fue F. G. Chacín. El personaje de hoy es el número siete que reseño, tratándose de don Pedro María Chacín Arveláiz.
Don Pedro María alternó sus ocupaciones de criador y agricultor, por 50 años consecutivos en su fundo “Cañaveral”, con el de la docencia que ejerció algunas veces gratuitamente. Nació en Zaraza el 3 de enero de 1846, hijo del matrimonio entre Pedro (Aguasanta) Chazzín Escala-Gimón, natural de Aragua de Barcelona y su sobrina Carmen Arveláiz (Berroeta) Chacín Escala-Gimón, hija ésta de Miguel Francisco Arveláiz Berroeta del Peral y Josefa Chazzín Escala-Ximón, el primero de Chaguaramal de Perales (Zaraza) y la esposa de Aragua de Barcelona. Miguel Francisco fue hijo del guipuzcoano Juan Bautista Arbeláiz Altuna-Legarra y de Rita Ignacia Berroeta del Peral Guedes y Ábila Feria del Barrio, descendiente de Carlos del Peral Velasco Cabello de la Parra, natural de Baltasar de los Arias (Cumanacoa); y María de la O Guedes Ávila Feria del Barrio, proveniente ésta de familias de Cagua, en el actual estado Aragua.
Como puede verse don Pedro María comenzó usando la grafía de su apellido como Chazzín, que después cambió a Chacín. Casó en Zaraza con Eloísa Arveláiz Arveláiz -hija de José Antonio Arveláiz Toro y Calixta Arveláiz Chacín- teniendo como hijos a Cipriano y Carmen Chacín Arveláiz. Dice el cronista zaraceño que don Pedro María “Fue un llanero de pura cepa. Hombre noble, caballero ejemplar en el hogar y en la calle. En su edad joven fue maestro de escuela varios años. Pertenecía a la Sociedad Mutuo Auxilio de Zaraza y esta lo designó, entre otros, para dictar clases nocturnas en una escuelita para niños obreros que habían fundado. Al ver su retrato pensamos cómo serían las enseñanzas de tal maestro, y qué clase de hombres formaría para aquel noble pueblo que ha producido tantos hombres ilustres. Se recuerda que odiaba la política y a los políticos. A su muerte se encontraron en su escritorio viejas correspondencias oficiales que nadie conocía, donde le ofrecían altos y delicados cargos y destinos públicos que jamás quiso aceptar. Murió el 8 de octubre de 1934, en la misma tierra donde había nacido”(..)
En el libro Zaraza, Biografía de un Pueblo, edición originaria, UCV 1949 el profesor J. A. de Armas Chitty muestra una foto de don Pedro María exhibiendo una luenga barba blanca y terno posiblemente negro. Esta foto fue reproducida allí gracias a la bondad de F. G. Chacín y de don Salvador Itriago Chacín-Arveláiz, sobrino-nieto de don Pedro María, quien formó parte del grupo de alumnos que egresó en la primera promoción de bachilleres del Colegio de Segunda Enseñanza de la ciudad del Unare y quien fue una fuente de información de tradiciones y personajes de Zaraza.
MSA. Fax (0212) 285 8957. E-Mail: manuelsotoarbelaez@yahoo.com Los libros El Guárico Oriental 1, 2 y 3 en Librería La Llanera, calle Guásco, frente a la plaza Bolívar, Valle de la Pascua.
Según información conseguida oralmente: es un soleado día de marzo de 1968 en Altagracia de Orituco. Dos meses después Europa estallaría con la primavera estudiantil del mayo francés. Los personajes más destacados de la foto: trajeado de blanco el presidente de Venezuela para el momento, Raúl Leoni, su esposa con un ramo de flores, Carmen América Fernández o "Doña Menca" como se le conocía. El ministro de la defensa (?) y una señora de blanco y de lentes negros. En medio de ellos la figura vacilante de un ya anciano doctor José Francisco Torrealba, se apoya en el brazo del militar. Entre el presidente y el médico asoma el rostro adusto del sacerdote para la ocasión. La presencia en Altagracia del sabio Torrealba es motivada por la inauguración una urbanizacion que lleva su nombre. Según me informan Torrealba no asistió muy a gusto puesto que desdeñaba los protocolos, no aceptó ir en el carro del gobernador del estado, fue en su carro particular por lo cual llegó con retraso. Detrás de los personaje flamea, en medio de un sol caldeante, la bandera insignia del poder de aquellos tiempos. El informante formaba parte de los organizadores, tenía para ese momento 35 años. (Fotografo desconocido)
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Empiezo este artículo con el grito que daba el general guariqueño Joaquín Crespo Torres -Héroe del Deber Cumplido- cada vez que ganaba una batalla para animar a sus tropas; sin embargo me voy a apoyar en referencias para definir algunas de razas de gallos de pelea. Se sabe que las riñas de gallos finos fue por mucho tiempo un pasatiempo de caballeros en la acepción más amplia del término. En el Extremo Oriente, específicamente en la India, llegó a definirse el pasatiempo y una raza plumífera como “Old English Game”, aunque en el Reino Unido tales eventos están prohibidos. Allí el deporte de la sangre queda circunscrito a la caza de la zorra (¿Por qué tiene que ser zorra y no zorro? Sin embargo, hasta 1750 las riñas de gallos fueron permitidas en las islas británicas.
Mi estimado pariente zaraceño (nació en la ciudad del Unare en 1932, pero tiene más de 70 años viviendo en otros lares sin que disminuya su afición por las peleas de gallos doquier se encuentre), Miguel Alfonso Miranda Estrada es hijo y nieto de galleros, afición que es muy dilatada en el Oriente del Guárico. Él afirma documentalmente que “El gallo de combate es oriundo de Asia y Malasia y de allí fue difundido por todo el mundo, lográndose la formación de innumerables razas mestizas entre las que se destacan la Aseel (Asil), Calcuta, Española, Inglesa (Old English Game), Japonesa (Shamo), Bankiva, Sonnerati y otras derivadas como la cubana, mejicana, puertorriqueña, argentina, uruguaya, venezolana y otras donde se practique el pasatiempo”(..).
Dice Miguel Alfonso Miranda que “La raza Calcuta es originaria de la India tomando del malayo sus principales características: un animal alto, esbelto con un peso adulto entre 6 y siete libras, ie, 2.700 a 3.160 gramos. En la Argentina se le armó con espuelas (púa o puón) de acero haciendo huir a espolonazo limpio a todas las razas que enfrentó. Luego se tuvo que establecer que sólo se pelearan gallos de la misma raza. El Calcuta prefiere la lucha cuerpo a cuerpo con el cogote que le va creciendo a medida que avanza el combate y el rival lo castiga a discreción. Se enceguece con la furia del ataque sin dar ni pedir cuartel. En los careos nunca deja de picar. Es así como el animal fue adoptado por los gauchos para su cría; mas también es cierto que la espuela artificial argentina es demoledora. En vez de esa arma aguda ha debido utilizarse un puón más romo; pero también con esta arma el Calcuta es invencible debido a su estructura músculo-ósea. La espuela roma permite que la pelea dure más tiempo y sea menos sangrienta. Le argentina de acero hace que el desenlace de la riña sea más rápida y por lo tanto los programas gallísticos tienen más peleas y se mueve más dinero, cosa que no es del agrado de los verdaderos aficionados cuyo interés es el “deporte” no la lana, al decir de los mejicanos”(.. ).
Continúa el primo Miranda Estrada con su teoría sobre los gallos “Las razas llamadas nobles cada día son más escasas debido a la fiereza de los machos, por lo que los aficionados han buscado y obtenido razas mestizas menos exigentes en su cuido y que puedan ejercitarse al aire libre, cuestión esta que es muy difícil para el Calcuta u otro noble, debido a que prefieren la vida en la jaula donde puede transcurrir su vida en recogimiento, como un monje anacoreta. Tal vez sea por su sangre asiática que lo hace insensible a la fatiga, al dolor y a la muerte; es inaccesible a las emociones, no cacarea, ni alborota, no se asusta y corretea como el viejo peleador ingle rota, siendo inadecuado para la vida en completa libertad pasando su tiempo extra jaula junto a la casa, lo más cerca de la cocina, esperando del hombre el alimento que rehúsa buscarse por sus propios medios, que a diferencia de otras especies lo hacen mediante el picoteo a campo traviesa; es manso y familiar con su amo a quien sigue y acompaña como un amigo. La preparación para el combate dura semanas y hasta meses, debido a su propensión a crear grasa que para bajarla se necesita gran conocimiento del entrenador como el trabajo a mano, el coleo, el correteo, el ocho y todos los recursos para obligarlo a ejercitarse. Sólo se muestra voluntarioso para el floreo y estos deben menudearse pues no se descomponen en las “tropas” fuertes como sucede con el “Old English Game”, o con el Calcuta rebajado. Las hembras son poco ponedoras y los huevos son asalmonados. Se debe tomar en cuenta que los Indios (hindúes) no son propensos a exportar gallinas o huevos, sólo machos ya formados o en formación”(..). Continuará…
MSA Email: manuelsotoarbelaez@yahoo.com Los libros El Guárico Oriental 1, 2 y 3 en Librería La Llanera, calle Guásco frente a la Plaza Bolívar, Valle de la pascua.
Imagen tomada de http://www.blogodisea.com/category/sociedad/
Finalizando el siglo XIX nace en Zaraza el músico José María Barberi Anato, hijo del corso Santiago Barberi y de la chaparreña Antonia Anato.Aunque amenizaba las cintas mudas en el único cine de su ciudad natal, su principal actividad la desempeñaba como destilador de bebidas alcohólicas en el alambique de su propiedad El Marne, llamado así en honor al sitio donde los franceses baten a los alemanes en la Segunda GuerraMundial impidiendo la invasión de Francia. Al amanecer marchaba al alambiquey en las noches interpretaba su vals ·Ensueño¨ y otros como ¨Quejas del alma¨, ¨Claro de Luna¨y ¨Sirenaica bella¨ para musicalizarfilmes como ¨La Dama de las Camelias¨protagonizado por Rodolfo Valentino. También amenizaba bailes y serenatas en aquel tiempo sin sombras de la Zaraza gentil. José Francisco Martínez,sobrino deMaría del Carmen Armas Santos, esposa de Barberi,recuerda aquellos amaneceres calentando calderos, bombeando guarapo yel aroma del licor destellando ante los primeros rayos del antiguo sol zaraceño.Y al atardecer mezclándolo con agua en una enorme batea y el alcoholímetro, severamente asistidos por un catador.Se vendía en galones y, entre los asiduos clientes, el educador Eduardo Méndez, con una garrafita para el ron más fuerte que luego aderezaba con frutas del ponsigué enviadas de Aragua de Barcelona. El elegante caballero que fue Barberi salía a ¨derrochar físico¨ como se dice ahora, en un hermoso corcel, llevando al futuro poeta o a Francisco Javier Rodríguez Barberi, uno de los sobrinos,diciendo, con disimulado gozo,queel Diablodepara sobrinos a quien Dios no le da hijos.Viajan por los contornos por melada, que transporta en batanas en un arreo de burrosy alguna vez cruzan el río crecido auxiliado por don Pedro Rodríguez y un hijo de éste que sería gobernador. Refiere Martínez queBarberi, ¨ciudadano de reconocida honestidad, cordializadory servicial, gozaba de general aprecio y distinción¨, era experto en latonería.Le obsequió una máquina de escribir, que Martínez donó al Museo del Transporte caraqueño.Dormía en chinchorro,acompañado, casi siempre, de José Francisco y Javier, hasta el 25 de julio de 1926 en que falleció.Perdura su tumba en el viejo cementerio de Zaraza.Días empañados en que, en que casi al mes,seapaga, también,en un hospital norteño,la destellante estrella de Valentino.
GUAYABAL: ¿Pueblo de Cumbes, Rochelas y Cimarrones o tierra de gente laboriosa? o ¿cómo ha sido la inserción de este pueblo llanero en la historiografía venezolana?
Hugo Rafael Arana
Miembro investigador del Centro de Estudios Histórico-Sociales del Llano Venezolano. Hugoarpa24@hotmail.com
INTRODUCCION:
El 30 de mayo de 2009 asistí en calidad de ponente al Primer Encuentro de Cronistas, Investigadores e Historiadores en Guayabal, invitado por el Licenciado, José Solórzano Pérez, cronista de la ciudad y el Alcalde del Municipio Guayabal, José Francisco Morales. Ese importante evento celebrado en esa hermosa población, me despertó la curiosidad de indagar si Guayabal realmente fue ¿Pueblo de Cumbes, Róchelas y Cimarrones o tierra de gente laboriosa? En ese sentido expuse en ese foro esa interrogante, como tema encaminado a promover la discusión y la investigación que aclarará esta cuestión de vieja data. En la invitación se observaba el dibujo de unas abejas, quizás el creador de esta tarjeta, quiso significar que Guayabal es una tierra buena, fértil, dulce donde abunda la miel y sobre todo la miel de aricas, como la que le servía Marisela a Santos Luzardo en Altamira, para endulzar los buñuelos que con tanto amor le obsequiaba. Este simple hecho dice mucho en cuanto a ser un pueblo de trabajadores. Tal vez pensaran que se hace un juicio apriorístico, al concebir como maliciosa, malintencionada o equivocada la concepción historiográfica tradicional de ser Guayabal refugio de bandidos; por supuesto la misma se origina de los interesados argumentos de los ancestrales “hateros” de la zona. Asimismo influyó la opinión del teutón Alejandro de Humbolt y la de Vicente Lecuna, para que algunos historiadores modernos como; la investigadora Adelina Rodríguez Mirabal y Oldman Botello entre otros, compartan esta tesis. En ese sentido el ponente esbozó la hipótesis contraria a tales concepciones (es a base de hipótesis que trabaja el investigador y de no ser así, estaríamos negando el oficio del historiador y a la misma historia como ciencia).orientada a señalar que posiblemente esos juicios fueron errados.
1. ¿Qué son cumbes, rochelas, mocambos, cimarroneras y palenques? La voz Cumbe se originó, posiblemente, en el de cumbé, con el que se designaba cierto tipo de baile africano. Rochela, cumbe, cimarrón, mocambos y palenques aparecen en la historiografía venezolana como sinónimos para designar un grupo de negros o indios alzados y organizados en un pueblo fortificado, lejos del control del blanco, casi siempre en las montañas o en algún sitio desolado, donde formaban un núcleo humano sin más ley que la de sus propios integrantes. Sin embargo el cumbe era el poblado habitado emintemente por negros esclavos, es decir, los llamados cimarrones que se habían fugado y la rochela, de negros libres. En sentido general se puede decir que los cumbes, mocambos y rochelas (Venezuela), palenques (Costa Rica), quibombos (Brasil) y mambises (Cuba) eran centros organizados por esclavos fugados o libres para vivir lejos del sistema esclavista a través del trabajo comunitario, una de cuyas manifestaciones más claras fue el conuco.
2. ¿Cuándo se inicia en Venezuela la formación de Cumbes y Rochelas? En el siglo XVII se intensifica la formación de cumbes, pero es en el XVIII, con la importación masiva de esclavos para utilizar en la siembra y recolección del cacao, cuando se traduce en un problema socio-económico de cierta relevancia, que se manifiesta en las continuas huidas de los negros del control del amo. Los cumbes contribuyeron al auge del contrabando de extracción, pues a través de estos esclavos insurrectos, grupos de contrabandistas holandeses, ingleses y españoles obtenían productos de las haciendas a muy bajo precio. Asimismo los negros cimarrones realizaban sorpresivos asaltos a las haciendas de sus antiguos amos, por cuanto, conocían los sitios donde se depositaban los frutos, lo cual facilitaba el robo.
3. ¿El latifundio favorecía la formación de cumbes en los llanos? Se ha dicho que muchos esclavos que habían sido utilizados en haciendas y hatos de particulares o de las Misiones, utilizando sus conocimientos de la zona, formaban allí cumbes a tal fin propiciaban la huida del ganado vacuno hacia esos sitios deshabitados, para tener asegurada la subsistencia. La zona de los llanos venezolanos fue propicia para esta actividad. Algunos cumbes subsistieron y se fortalecieron dando origen a pueblos de negros en nuestro territorio, como los formados en algunas zonas de Barlovento y de los llanos ¿Estaría Guayabal incluido?
4. ¿Los cumbes y rochelas contribuyeron al poblamiento de Venezuela? Cuando algunos esclavos cimarrones no se adaptaban a vivir bajo la tutela de su propietario, huían a las montañas formando los llamados cumbes, donde habitaban en chozas alejadas de la acción de amos y autoridades. En algunos casos estos cumbes fueron el origen de algunos pueblos de Venezuela. Asimismo, grupos de mulatos y negros libres se juntaban, formando las llamadas rochelas. Los repartimientos de negros, que era el sitio de la hacienda donde tenían sus chozas o bohíos (bujíos, decían ellos), llegaron a formar con el tiempo importantes núcleos poblacionales. Los pueblos eminentemente negros se formaron en las zonas costeras y bajas, donde proliferó el cultivo del cacao y se requirió la concentración de mano de obra negra. Pueblos como Taría, Cabría, Urama y Morón, en las costas centrales, tuvieron sus orígenes en capellanías de negros allí establecidas; así como Curiepe fue un pueblo fundado por negros libres.
5. ¿Habían cimarrones en los llanos a finales del siglo XVIII? El hecho de que en los llanos venezolanos halla habido muchos cimarrones, no es indicador de que los mismos hayan fundado pueblos de cumbes o de rochela, como si lo hicieron en la zona Centro-Norte costera. En 1721 las autoridades reales calculaban en 20.000 los negros cimarrones en toda la provincia de Caracas, la cual llegaba hasta Puerto Miranda en las riberas del Apure. En 1786, José de Castro y Araoz decía que, sólo en los llanos, había unos 24.000 cimarrones. Según la misma fuente, entre 1794 y 1795 fueron capturados y entregados a sus amos unos 500 cimarrones. La lucha de las fuerzas productivas representadas por los esclavos negros, por los mulatos, negros libres, indios y toda aquella masa marginada de pardos que había ido aumentando cuantitativamente, enfrentada a los amos y terratenientes y que ya tenían gran poder económico y social; incentivaron, sin lugar a dudas, las rebeliones negras de finales del siglo XVIII. Desde el principio de la colonización fueron muchos los alzamientos de esclavos, pero en la segunda mitad del siglo XVIII, factores económicos, sociales e ideológicos incidieron sobre el auge de estos movimientos, haciendo cada vez más difícil el control sobre los esclavos.
6. ¿Cómo se ha insertado Guayabal en la historiografía venezolana? La concepción de la historiografía tradicional ha colocado a Guayabal como un ancestral pueblo de cumbe, rochela o refugio de bandidos; por supuesto basada en los interesados argumentos de los atávicos “hateros” de la zona. Asimismo influyó la opinión del teutón Alejandro de Humbolt, la de Vicente Lecuna, para que algunos historiadores modernos como la investigadora Adelina Rodríguez Mirabal y Oldman Botello entre otros, compartan esta tesis.
6.1. El conflicto entre los hateros y los misioneros fundadores de pueblos en los llanos venezolanos. Entre los encargados del poblamiento en los llanos de Venezuela y los hateros siempre existió el conflicto por la ocupación de estas tierras. Los hateros eran contrarios a todo intento de poblamiento en los llanos venezolanos. En el recorrido del obispo Marti por la zona de Camaguán en febrero de 1780 le fue insinuada la necesidad de fundar un nuevo pueblo entre Camaguán y Cabruta. A tal fin se escogieron las mejores tierras para fundar el pueblo, en unas tierras supuestamente realengas, a pesar de hallarse en el hato San Jerónimo. Cuando en 1780 se comenzó a fundar el pueblo, Don Sebastián Sánchez de Mier y Terán (hatero) se dirigió a los fundadores manifestándoles que esas tierras tenían dueños. Algo similar y mas grave ocurrió con San Fernando de Apure, población fundada el 28 de febrero de 1788, iniciando Mier y Terán inmediatamente a su fundación una querella contra sus pobladores; como consecuencia de este litigio, la Real Audiencia sentencia en el año 1790 a favor del hatero y ordena el desalojo de la población en pleno invierno (un mes de agosto de ese año); viéndose los vecinos forzados a recoger sus corotos y abandonar precipitadamente sus viviendas. En ese sentido habría que preguntarse ¿Cómo ha sido la evolución de los ejidos de San Fernando y Guayabal? ¿Hoy en día estas poblaciones poseen suficientes ejidos para impulsar sus planes de desarrollo? ¿No sería que los hateros, movidos por sus particulares intereses fomentaron la idea de que los primeros pobladores de Guayabal no eran pacíficos y laboriosos colonos, sino forajidos y por lo tanto había que rechazar la fundación de este pueblo?
6.2. La opinión del teutón Alejandro de Humbolt La opinión de Humbolt, adversa a los fundadores de Guayabal, se puso de manifiesto en su visita al pueblo en el año 1800, .cita Botello…”El fundador se había igualmente mostrado bien poco delicado en la selección de los nuevos colonos. Muchos vagabundos de los llanos se habían domiciliado en Guayabal por el hecho de que los habitantes de las Misiones se libran del brazo secular. Aquí como en Nueva Holanda no se cuenta como formar buenos colonos sino en la segunda y tercera generación”…. (1) Humbolt, 1942, Pág. 271 citado por Botello en su obra Guayabal y Cazorla.
6.3. Adelina Rodríguez Mirabal y las rochelas También Adelina Rodríguez Mirabal, se adhiere a esta tesis de Guayabal como pueblo de róchela. Sin la intención de descontextualizar sus argumentos (ella concibe las rochelas como producto de la lucha de clases y por lo tanto movimientos que coadyuvaron al futuro proceso de independencia). En ese sentido ella destaca que de esos grupos arrochelados en los llamados Llanos de Caracas, se formaron núcleos rebeldes que afectaron a los hatos (entiéndase movimientos contrarios al mantuanaje dueño de la inmensa e improductiva propiedad territorial) ….”A raíz de la conquista del llano y como reacción al cerco militar-civil que bordeaba los llanos , se generó un incremento en las rebeliones por vía de las rochelas, que se ubicaban en las periferias de los hatos principales y encerraban un contenido de clase, dado el régimen de represión a que estaba sometida la población móvil de los llanos”….. (2) Rodríguez Mirabal, Adelina en: Historia Económica Política y Social de Venezuela, Brito Figueroa. 1987 Tomo IV Pág. 1258. 6.4. Oldman Botello y las andanzas de Nicolás Ochoa en Guayabal También Botello en su obra “Guayabal y Cazorla” comparte la tesis del teutón Humbolt. Refiriéndose a Guayabal como pueblo refugio de bandidos; en ese sentido saca a relucir como botón de muestra, las andanzas en esas tierras de Nicolás Ochoa, el bandolero calaboceño hecho leyenda, mejor conocido como “Guardajumo”. …”Es un municipio autónomo cuya capital lleva el mismo nombre, ubicada a orillas del río Guárico. En el área donde sería fundado Guayabal estaban asentados numerosos hatos, donde se desenvolvía la vida llanera alrededor de unas casas, unos paloapiques, conucos y queseras. El sitio era llamado El Paso del Guayabal. De los hatos surgieron los pueblos con el peonaje y los indígenas. También las róchelas de negros, zambos y mulatos y algunos bandidos que buscaban los lugares tumultuosos para ponerse a buen resguardo y burlar las autoridades. La zona de bosques de galería a orillas de ríos y caños que median entre Guayabal y Cazorla favorecía tales menesteres. Por allí andaban Nicolás Ochoa (alias) Guardajumo”…. (3) Botello Oldman, Guayabal y Cazorla Pagina 17
6.5. Vicente Lecuna y la presencia de Boves en Guayabal ¿Cuánto tendría que ver la presencia de Boves en esta población, para ser estigmatizada por la historiografía como pueblo de róchela? El 14 de febrero de 1813, fecha en que Vicente Campo Elías derrota al asturiano en Mosquiteros, el historiador German Carrera Damas, en su obra “Boves”, refiere que el malvado caudillo se fue a refugiar y a reorganizar su ejército en Guayabal. …”destruido el cuerpo principal de los bandidos , con cuyo apoyo han desolado los revoltosos los pueblos mas retirados y pacíficos, según Boletín del ejercito Libertador … La victoria había sido obra de la táctica y el arrojo de Campo Elías, emulo republicano de Boves…..atrayéndole por una falsa retirada -dice Cajigal- , rodeó después con las fuerzas que tenía ocultas toda la infantería de Boves y la pasó a cuchillo , con cuanta caballería cayó bajo su mano . Esta derrota puso a Boves en el caso de replegarse al pueblo de Guayabal, con los restos invisibles de sus tropas “…. (4) Carrera Damas, German Boves, Pág. 170 Continúa mas adelante Carrrera Damas, criticando a Vicente Lecuna, como propalador de la tesis de ser Guayabal refugio de bandoleros. …” San Jerónimo del Guayabal , que fue fundada según Humbolt , por los misioneros capuchinos, era una Misión situada …cerca del río Guarico que desemboca en el Apure …nada fácil de gobernar y cuyo fundador que había establecido en la propia iglesia una pulpería en que vendía plátanos y guarapo, aceptó toda clase de hombres como colonos … Esta tolerancia condujo a que ….Muchos vagamundos de los llanos se habían domiciliado en el Guayabal , porque los habitantes de la misión no están bajo el brazo secular …En suma una guarida de bandoleros muy a propósito para que el mas grande de ellos se acogiese en la derrota y para que Vicente Lecuna generalice diciéndonos de sus habitantes …”estos bandoleros comunes a casi todos los llanos , mataban ganado para robar cueros, gozaban de impunidad en las inmensas sabanas y solían acudir a las misiones religiosas , donde no ejercía jurisdicción la autoridad civil, como la del Guayabal”… (5). LECUNA, Vicente La Guerra de independencia citado por Carrera Damas en Boves. Aspectos socio-económicos de la guerra de independencia, Pág. 170
6.5.1. ¿El Bando del Guayabal, invención de Lecuna para desprestigiar la causa del caudillo asturiano? Carrera en su obra “Boves, Aspectos socio-económicos de la guerra de independencia”, critica a Vicente Lecuna, en cuanto a la metodología utilizada por el caudillo realista para atraer adeptos en la población de Guayabal, mediante el edicto que este supuestamente promulgó en esa población. . …”Si los pertrechos los obtiene de la base realista, los hombres ha de atraérselos con recursos capaces de superar el desaliento causado por la aparatosa derrota. Se opera así la primera, también, de las sorprendentes recuperaciones que caracterizaban la campaña militar del asturiano. Sus fuerzas renacen contra toda esperanza y confianza de sus enemigos, cuyas explicaciones de semejante portento machacan incesantemente sobre el atractivo de la incitación a la rapiña y la depredación. Así, ya en este momento el resurgir se produce …concediendo Boves a sus soldados todo género de pillajes y premios a los peones y esclavos que presentasen a sus amos. Los procedimientos empleados por Boves en este momento, han dado origen a la cuestión historiográfica que se conoce como “El Bando de Guayabal” , Su formulación la hace Vicente Lecuna , cuando afirma que para atraer gente a sus banderas el caudillo de los llanos de Caracas promulgó un bando en el Guayabal en 1 de noviembre…. De inmediato hace el autor la siguiente observación… Desgraciadamente no se conserva el texto del famoso bando…lo cual no es obstáculo para que Lecuna resuma ….”Decretaba la muerte de los adversarios especialmente de los criollos blancos y la confiscación de sus bienes para repartirlos a los soldados de la justa y santa causa del Rey…Para poder hacer tal cosa, Lecuna se apoya en que…Así lo expresan varios autores realistas “… (6) Carrera Damas, Boves Págs., 172-173 Sin embargo Oldman Botello en “Guayabal y Cazorla” cita el bando del Guayabal . ….”el 14 de octubre de 1813, después de la derrota que le infligió su paisano Vicente Campo Elías en Mosquiteros, al Este de Calabozo, se refugió en Guayabal donde rehizo sus tropas. En esa población emitirá una de las ordenes mas terribles que jefe alguno pueda impartir. Tiene fecha 1-11-1814 y dice así. …”D. José Tomas Boves. Comandante en Jefe del Ejército de BarloventoPor la presente doy comisión al Capitán José Rufino Torrealba para que pueda reunir cuanta gente sea útil para el servicio y puesto a la cabeza de ellos , pueda perseguir a todo traidor y castigarlo con el ultimo suplicio; en la inteligencia que solo un Credo se le dará para que encomiende su alma al Criador, previniendo que los intereses que se recojan estos traidores serán repartidos entre los soldados que defienden la justa y santa causa y el merito a que cada individuo se haga acreedor , será recomendado al Sr. Comandante general de provincia . Y pido encargo a los comandantes de las tropas del Rey le auxilien en todo lo que sea necesario. Cuartel General de Guayabal, Noviembre 1 de 1813 “….(7) Botello Oldman “Guayabal y Cazorla” Págs. 36-37. Por supuesto habría que consultar además las obras de Miguel Acosta Saignes, Carlos Irazabal en “Venezuela, esclava y feudal“y “Hacia la democracia”. ¿Qué es un bando?, es una orden un edicto; en el caso especifico del supuesto Bando del Guayabal, es la orden que Boves imparte a sus seguidores de ejecutar y confiscar los bienes de los adeptos a la causa patriota. Comparto la tesis de Carrera de que el mencionado edicto es un nudo histórico, por cuanto, hasta ahora el mismo no ha aparecido y sostengo la hipótesis que la guerra de independencia no solo se limitó a los campos de batalla, sino que esta cruenta guerra se prolongó a lo ideológico; en ese sentido, Vicente Lecuna (bolivariano incondicional) inventa la tesis del terrible documento hecho por Boves en Guayabal el año trece: Es decir, como los patriotas habían creado el terrible Decreto de Guerra a Muerte (15 de junio de 1813), el cual concluye con la frase …”Españoles y canarios , contad con la muerte, aun siendo indiferentes , si no obráis activamente en obsequio de la libertad de Venezuela. Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis culpables”…aunque ya anteriormente en la ciudad de Mérida. Bolívar el 8 de junio de 1813 en el desarrollo de la Campaña Admirable, Bolívar había anunciado …”Nuestro odio será implacable y la guerra será a muerte”… Don Vicente conocedor de tan terrible decreto y tal vez para justificarlo inventa el terrible Bando de Guayabal; queriendo significar que los patriotas tenían su Decreto de guerra a muerte; pero que también el bandolero Boves cinco meses después había proclamado el suyo (el 1 de noviembre de 1813).La cuestión es que según Carrera este documento no se ha encontrado. Por supuesto Lecuna no solo quiso desprestigiar política e ideológicamente a Boves, sino que indirectamente se llevó por delante a los hijos de Guayabal. Debo expresar que los primeros contactos del asturiano con esta población fueron como comerciante, donde este pulpero radicado en Calabozo venía a comprar ganado y bestias.
7. Importancia del primer censo de población y ganadero en Guayabal. En la Historia de Guayabal y Cazorla de Oldman Botello, destacan dos censos realizados en esa población, uno ganadero (1791) y otro de población (1797), de donde se puede inferir criterios contrarios a la concepción de pueblo de rochela.
De igual manera Botello cita datos de un censo ganadero del año 1791, donde destaca la presencia en la zona de veinte (20) hatos y veintiséis mil ochocientas reses (26.800); siendo sus propietarios los hateros Juan Blanco, Nicolás Blanco y Jerónimo Blanco entre otros, ambos vinculados a los Amos del Valle de Caracas, por cierto, parientes de Doña María Concepción Palacios y Blanco. De estos datos se puede inferir que aproximadamente había veinte y seis reses por cada habitante (26.800 reses repartidas entre 1.059 personas), es decir, que había mas vacas que seres humanos. Lo que quiero demostrar es que para manejar 26.800 reses se requería seguramente de una significativa cantidad de individuos dedicados a las labores ganaderas tales como: peones, encargados de hatos, caporales de sabana, becerreros, cabestreros, ordeñadores, queseros, amansadores, cocineras, etc. Es decir que cabe pensar que un alto porcentaje de esta población se dedicaba a labores propias del trabajo de hato ¿Por qué no? También otro porcentaje importante estaría dedicado a labores agrícolas en los numerosos minifundios (entiéndase conuco, que a pesar de ser un sistema de producción atrasado; con mucho orgullo defiendo y sostengo que es una buena herencia que nos dejaron nuestros aborígenes). Precisamente por ser el conuco un arcaico sistema de explotación de la tierra, obviamente serían muchas las personas ocupadas en tales faenas. Pero también quiero destacar que de acuerdo al censo de población de 1797, había una población de cincuenta indios, de los cuales muchos de ellos se dedicarían a la siembra de yuca amarga y a elaborar casabe; amén de confeccionar aripos (budares en lengua aborigen, de donde se deriva la palabra arepa) para tender las tortas, otros mas pequeños para tender arepas; además fabricarían otros utensilios como: tinajas, ollas y cazuelas. Tanto es así que actualmente la zona de la parroquia La Negra, Guayabal y Camaguán son productoras de yuca amarga. Por otra parte la fundación de Guayabal obedeció a razones estratégicas, dado que no había población entre Camaguán y la pujante Cabruta que se conectaba por el Orinoco con Angostura y también porque las aguas en el invierno inundaban la vía que iba de Camaguán a San Fernando de Apure; obstaculizando el contacto entre esta población y Calabozo; por lo tanto fue necesario edificar este pueblo desviando la ruta hacia el Este unos cuantos kilómetros (quise decir leguas) para mantenerlos permanentemente conectados. Así los viajeros en Guayabal tomarían la ruta al Sur por el Guarico, Apurito y Apure para llegar a San Fernando o a Arichuna, rumbo a Cabruta y Angostura hasta el Atlántico. …”En su recorrido del obispo gMartí por la zona de Camaguán en su transito hacia Cabruta partiendo de dicha Misión en febrero de 1780, le fue insinuada la necesidad de fundar un nuevo pueblo porque no lo había entre los dos citados a pesar de la concentración de personas de todas las castas que laboraban en hatos, o a su vera se ha asentado con sus familias entre los ríos Guarico y Guariquito”…. Botello Pág. 19 A fines de 1794 Fray Tomás Bernardo de Castro recibió instrucciones de fundar un nuevo pueblo en el sitio más inmediato al Guarico. En el paso y puerto sobre el río y no lejos del hato San Jerónimo que va a dar nombre al pueblo en ciernes.
8.Cinco guayabaleros notables El viejo refrán dice “para muestra basta un botón”, en este caso voy a mostrar cinco botones; me voy a referir a cinco personajes nativos de esta generosa tierra: Un medico, un sacerdote, una educadora, un militar y un poeta.
8.1. Julio De Armas Mirabal, Medico Nace en Guayabal, un 25 de abril de 1908, sus padres Don Julio De Armas Matute y doña Juanita Mirabal de Armas. Fue becerrero, enlazador de orejanos y caporal de sabana en el hato de su padre. El 27 de julio en 1932 se graduó de medico cirujano Sunma Cum Laude, fue medico del Hospital Vargas y Rector de la Universidad Central de Venezuela, Ministro de Educación y Embajador en Argentina, proyectó el folklore, amante de la narración oral (oralidad). Escritor, por cierto entre sus libros destacan: La insalubridad rural en el Estado Guarico, Camino Real, Ensayo histórico de la ganadería en Venezuela., fue Presidente de la Academia de Medicina. El 18 de mayo de 1988 fue declarado hijo ilustre de Guayabal. Muere en Caracas el 4 de julio de 1990, a la edad de 82 años.
8.2. Serafín Cedeño Castillo. Sacerdote Nació en Guayabal el 7-9-1870, hijo de Jerónimo Cedeño y Eloisa Castillo. Primo y padrino de María Nicasia Gamarra. . El 12 de marzo de 1873 es bautizado en la iglesia catedral de San Fernando. . Hizo sus estudios de sacerdote y se ordenó en la ciudad de Calabozo, donde hizo su primera misa, de allí paso a Ortiz donde ejerció su vicaría. También ejerció el sacerdocio en los Estados Barinas y Apure. Fue un sacerdote que practicó la caridad. Cuando murió fueron muchos los pobres que lo lloraron.. Hay una anécdota de él y es que en alguna ocasión instó a un gobernador apureño a que le quitara los grillos a los presos, que en aquella época acostumbraban a sacarlos por las calles: y que dicho gobernante en respuesta al pedimento del sacerdote ordenó a su secretario para que lo encarcelaran, pero el secretario amigo suyo, convenció al gobernante para que no lo encarcelara. Es decir Serafín Cedeño fue un cura liberal de ideas avanzadas y su apego a la libertad que tanto disgustaba al déspota de entonces Juan Vicente Gómez. Fue vicario de San Fernando. Muere en Apurito el 4 de febrero de 1925.
8.3. María Nicasia Gamarra Castillo. Educadora Nació en Guayabal el 14-12-1873. Hija de José de Los Ángeles Gamarra y Ana Rosa Castillo, quienes deciden llevarla a San Fernando, donde vivía su tía Eloisa Castillo de Cedeño (madre de Serafín Cedeño). Su primera maestra fue Guillermina Salazar quien dirigía una escuela particular. En 1901, obtuvo su diploma en el Colegio Nacional de Niñas de San Fernando, donde llegó a ser preceptora..En 1906 fundó una escuela particular, donde se impartía clases desde el Kinmdergrten hasta cuarto grado. También enseñaba labores; la cual fue elevada a la categoría de Escuela particular con el nombre “Serafín Cedeño” e inscrita en el Ministerio de Educación. Entre los niños que fueron sus alumnos se destacaron: Pedro Elías Hernández, Eduardo Hernández Carstens e Italo Decanio D´Amico. A los 91 años el 8 de agosto de 1964, se le confiere la jubilación. El día del Educador de 1967 la Dirección de Educación Regional le impuso la medalla “Honor al Merito”. El 11 de enero de 1968 la Gobernación del Estado Apure, crea la Orden “Maria Nicasia Gamarra” para que fuera conferida a educadores de la región. El 21 de agosto de 1975 a la edad de 105 años, fue recluida en el asilo de Biruaca de Biruaca y el 6 de octubre de 1978, muere a la edad de 105 años.
8.4. Florencio Jiménez Madrid Militar Nacido en Guayabal el año 1787 o 1798 y muere el año 1840- Héroe de la gesta emancipadora. La fecha exacta de su nacimiento no ha sido precisada. Hijo de Hermegildo Jiménez y Ciriaca Madrid. Recibe las primeras letras en Guayabal. Se cree que se incorpora al ejército patriota el año 1813 en la Campaña Admirable. Al caer la primera republica regresa a Guayabal, donde el año 1815 organiza un cuerpo regular de tropas. El grado de general de brigada, lo obtuvo después de Ayacucho. En 1819 comanda tropas al lado de Bolívar. Participa ese año en las batallas de Pantano de Vargas y Boyacá donde su hermano José Jiménez cae en combate.. Murió en San Fernando el 14 de enero de 1840.
8.5. Luís Barrios Cruz Nació el 6 de febrero de 1898 en Camoruco españolero, muy cercano a Guayabal. Muy joven aproximadamente a los once años de edad, sus padres se mudan a Calabozo, donde apenas logro alcanzar el tercer año de educación secundaria, por razones económicas. A los veintitrés años funda los periódicos “Ecos de la Pampa” 1921; “Clavileño” 1924 y “El Diario” en 1926. A los 24 años recibe el primer premio en los “Juegos Florales” de Ciudad Bolívar”, realizados para conmemorar el centenario del poeta Juan Bautista Dalla Costa. En 1928 se traslada a Caracas, donde se destaca en el campo del periodismo y la literatura. Debuta como redactor del diario “El Universal”. Director de la revista “Elite”, del diario “Ahora”. Fue fundador y directivo de la: Asociación de Escritores de Venezuela, Ateneo de Caracas, Asociación Venezolana de Periodistas. Llegó a ser diputado a la Asamblea Legislativa (1920) y Senador al Congreso Nacional por el Estado Guarico (1938-1942). En su desempeño publico, fue jefe de Gabinete de Relaciones Exteriores, Director de Información del MRE y Director de la Biblioteca Nacional, cargo que desempeñó hasta su desaparición física. De su obra poética se halla: “Respuesta a las piedras” (1931); “Plenitud” 1941; “Cuadrante” 1944; “Romancero de la Coromoto” 1952; “Decoraciones” 1967. Se casó con Trina Díaz Méndez, de cuya unión nacieron ocho hijos. Murió el 1 de febrero de 1968.
CONCLUSION:
San Jerónimo de Guayabal fue fundado atendiendo a las normas del Derecho Indiano, concebidas específicamente para la fundación de pueblos; .mientras que los cumbes y rochelas eran pueblos creados de manera furtiva y anárquica por esclavos escapados de las plantaciones, para evadir el control de los amos blancos.. Asimismo Cumbe, cimarrón, rochela, mocambos y palenques aparecen en la historiografía venezolana como sinónimos para designar un grupo de negros o indios alzados y organizados en un pueblo fortificado, lejos del control del blanco, casi siempre en las montañas o en algún sitio desolado, donde formaban un núcleo humano sin más ley que la de sus propios integrantes. Por supuesto este no fue el caso de San Jerónimo de Guayabal, el cual fue fundado en acto público y por razones estratégicas (mantener conectados los pueblos de San Fernando –la otra Banda de Apure-, Camaguán, Calabozo, Cabruta y Angostura), amén de hacer el reparto de solares, reparto de tierras, construcción de una iglesia, Plaza Mayor, Casa Real y cárcel de acuerdo a las vigentes Leyes de Indias.
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El Dr. Edgardo Malaspina obtuvo el Premio Andrés Eloy Blanco que otorga cada dos años la Federación Médica de Venezuela. El galardón, mención ensayo se le otorgará a Malaspina por la biografía del poeta ErnestoLuis Rodriguez denominada “El Último Juglar”.
En esta obra, publicada en edición de lujo de Sacven, se aborda la vida del bardo de Zaraza en todas sus etapas desde que salió de su pueblo natal al abandonar la escuela para buscarse su sitio en la historia de la literatura nacional y universal por sus universidades que fueron las calles y el roce con la gente humilde.
Malaspina afirmó que le debía este trabajo al autor de Rosalinda. “Él me obsequió todos sus libros y algunos manuscritos,y yo le prometí escribir un esbozo biográfico Ahora veo cumplido ese compromiso con la memoria del más ilustre poeta popular venezolano de la segunda mitad del siglo XX. Con este libro, junto a los ensayos sobre Argenis Rodruiguez y el doctor Julio De Armas, creo contribuir con mi granito de arena a la difusión de los valores que representan la guariqueñía”,expresó Malaspina.
En la convocatoria anterior Malaspina obtuvo el mismo galardón pero en la categoría Poesía.
El premio lo recibirá Malaspina, junto a los otros galardonados en las restantes categorías en la ciudad de Barinas, en la LXIX Reunión ordinaria de la Federación Médica el 26 de octubre del año en curso.
Nota: Para ver con nitidez la imagen aplique uno o dos click sobre ella
La por demás dolorosa partida de Douglas Buaiz, bella y noble personas de esas que ya no se encuentran dentro de los insensibles hormigueros humanos, me cerco de repente, como una emboscada enemiga, y no miento que al enterarme de la infausta noticia, algo de mí y de muchos se nos fue con él también, porque cuando un joven prometedor de la inestimable calidad humana y con la cortesía de otros siglos parte para el siempre ineludible viaje misterioso que todos realizaremos algun día, inevitablemente algo de nosotros también fenece y se va. Es así. Todos morimos un poco. Nos sentimos disminuidos aunque el dule recuerdo del que se va de alguna manera nos hace más grandes. ¿Qué puedo decir del buen amigo Douglas que ya su hermano, ( quien lamentablemente no pudo asistir a las exequias de su hermano por causas mayores ) no hay dicho en un conmovedor escrito que nos envió vía internet? Se trata de un conmovedor escrito de Yuri Buaiz, que además de darnos una reseña de la trayectoria y las peripecias ideológicas del amigo que se nos fue, asimismo es una joya de esas que salen de la parte más noble del corazón humano y que solo pueden engendrar el verdadero amor filial. Yo por mi parte digo: Más que su profesión, donde supo destacarse con la inteligencia que le es caracteristica a su familia, siempre me llamo la atención su calidad humana sin tizne moral, el saludo amable sin rastros de hipocresía, su apreciación justa de la vida y de las cosas, la bondad natural que era el reflejo y adorno de su rostro y el cual inspiraba confianza a todo aquel que se le acercara a él como amigo. ¿Y qué decir de su familia, los Buaiz, a quienes papá y yo solíamos visitar de contínuo, y con quienes se enfrascaba a disertar o contradecir amablemente temas de carácter político o ideólogico? Despues de la caída del Muro de Berlín papa le hizo notar no sin poca malicia a Yuri el supuesto fracaso del comunismo, a lo que él contesto: "Es que ellos no eran comunistas, Comunista soy yo." Una familia de esas que ya no se ven, que aún no se ha tragado la desgarradora postmodernidad, a la que solemos aplicar el cliché de los de "La San Juan de Ayer", de aquellas que te dan la bienvenida con gesto afable, amplia sonrisa y una humeante y tradicional taza de café. Estas familias ya se extinguen. Unos quince o diez dias antes de su deceso, un domingo por la tarde, viniendo yo de no sé donde, me encontré a mi amigo Douglas. Venían de una parcela. Despues del acostumbrado saludo saturado de amabilidad y mucha humildad ( una de sus cualidades por excelencia ) me preguntó que como estaba, con la virtud sagrada de su afecto y, acto seguido, me invitó a su casa. "Tienes tiempo que no pasas," me dijo. "Acercate por allá para que te tomes una taza de café y hablemos un rato." Yo le respondí que iría y les mandé por su intermedio saludos a su familia, pero algunas minucias domésticas y laborales me impidieron ir y heme aquí ahora, lamentandome. A veces ignoramos cuan estúpidos podemos llegar a ser al no darle la importancia que ciertas cosas y personas se merecen. Es de noche, la noche del último adios, como dicen los poetas y camaradas. Veo lágrimas y flores por doquier. Observo condolencias en rostros más confundidos que compungidos. ! Es que era tan joven! ¿Por qué se nos va una vida que es juventud, promesa, proyecto de vida? Justamente lo que no debemos preguntar. Camino hacia el féretro. Me asomo con cierto temor. ¿Qué veré? Preferiría recordarle vivo. Lo contemplé por largo rato. Seguía siendo él. Las virtudes no habían abandonado. Se negaban abandonar su faz. Seguia siendo él y hasta esperé que me hablara. Parecía el escultórico perfil de una estatua griega. 18 Septiembre 2009
Imagen tomada de http://linch.wordpress.com/2007/04/19/adios/
El poeta e ingeniero Enrique Mujica y el periodista y cronista de la ciudad Argenis Ranuarez en el auditorium de la Casa de la Cultura de San Juan de los Morros (Foto: Ilio Colmenárez)
** El tono de los arrieros: la quejumbre de la tarde de potros cerreros, amadrinados por la mirada de ese llano que se pierde a cada rato, es la señal de Dámaso Figueredo más allá de todos los intentos por amistarse con las sombras.
** Desde Guardatinajas, en las caramas del río Tiznados, se siente la voz de quien regresa a diario a sus calles y solares. En Maracay, mientras tanto, soñó la semblanza de la eternidad.
Seguramente cantaba algún pájaro sabanero en el momento del alumbramiento de María Nicomedes, allá en el hato “Merecurito” en 1939, y de seguro fue así porque la criatura –pocos años después- comenzó a imitar el canto, los tañíos y las distintas voces del monte, ese tan amado y tomado de sorpresa por el niño Dámaso Figueredo, hijo de José Antonio Robles.
En las luces de adentro, en los rastrojos y apagados fogones de la sabana. En la marca del oso hormiguero, o en la mirada del cunaguaro, en la niebla del miedo, donde la cacería y el arreo imperan, Dámaso advirtió la danza de la canoa y la fiebre nerviosa de su río Tiznados, una mancha serpentina –casi detenida- que el llano atajó en Guardatinajas.
Más caminos
A la señal de la mirada, majado el becerro: la voz en falsete por ser muchacho “sin garganta aún”, Dámaso pasó alambres por lo bajo y supo de los atascos de animales en los barrizales del Tiznados, por los lados de “las Ventanas”, llamado sitio de Pueblo Nuevo, por ese afán de aventura pionera. La copla y la fiesta en los patios tenían en este hijo del campo terreno abonado para el desafío del verso improvisado. Cómo lo miraría la madre o el viejo Robles al entonar con voz recia la rutina de la faena, o los sinsabores de una dolencia, en medio de los caminos solitarios, llenos de sol o luna, señales para el largo trecho del silencio. Cómo se descubriría él mismo sacando el grito, la voz que corre sobre la piel del caballo, o sobre los saltos de la canoa que cruza sigilosa el lomo pesado de esa culebra amarilla, o los barrancos de La Atahona. El diablo de Florentino lo retó varias veces. Dicen que Agapito Medina podía dar fe de este asunto.
Río adentro
Dice mucho el río. Y éste lo nombra desde adentro. Dámaso lleva los pies cubiertos del barro de las orillas, la mirada como de paisaje lejano en una tonada ronca, conversadita, que está a punto de reventar mientras mira a lo lejos a Agapito, canoero equilibrista, de piernas cambas, arqueadas para el reto del agua y sus bestias, hundiendo en el cieno del coporo y la palometa el silencio de su travesía. Lleva los ojos puestos en la tarde que se agacha detrás de los chaparros. La mano derecha espanta los insectos del aire. Ha cachilapeado en San Antonio, fundo de Pedro Sosa. Supo de Andrés Delgado Jiménez y Gregoria Orozco en la bondad de sus palabras, en Santa Bárbara. Madrugó la leche y la natilla, el cincho y el canto de ordeño en las empalizadas de Corralito y en Los Araguaneyes, donde Nicolás Llovera comenzó a perder la vista mientras las garzas aturdidas se enlazaban en el cielo. Y el río siempre allí, en el mismo sitio, de frente: de un lado, la sabana acostada entre caños y rozas; del otro, Guardatinajas con Agustín Linares y Ángel López, entre amanecidas y versos improvisados. Dámaso se traía el río en los oídos, con todo su silencio. Por eso cuando cantaba la corriente viajaba en la conversación de sus canciones. Lento, revelado en las caramas, en los descansos del babo.
Viene cayendo la tarde…
Dámaso pudo decir –como lo dijo- que era hijo de la tarde, porque de ella venía, como en el poema de Vicente Gerbasi, venido de la noche. Viene desde La Atahona, con la fresca conversa de Gregorio Jiménez, Ignacio Parra y otros agricultores que hicieron horas sobre el surco, bajo sol inclemente de Guárico. Pero faltaba mucha historia para encontrarlo en Aragua. Faltaba mucho oírlo cantar con ese dejo mesurado, alejado de abusos contra su campesina tenencia, para decir desde la desnudez de su origen: “Viene cayendo la tarde en Guardatinajas”, y despedirse y hacerse leyenda en esquinas y madrugadas, en su veguera insistencia.
Otros caminos
En Maracay, porque ya el llano no era –como él mismo decía con nostalgia- se moría e medio de la más impune de las majaderías de politiqueros y recién avispados.
El río se le perdió todo en la ciudad. Sin embargo, allí estaba su memoria para hacer versos y letanías de Las Galeras de El Pao, o una elegía para Blas Ruiz, el Chicote del llano, un homenaje a la brega y al silencio de los agraciados del polvo último.
Las cuerdas de Lionzo Vera, Cándido Herrera y Eladio Bolívar llevaron por esos pueblos fiesta y bordón en la aguda mirada de Dámaso y Rafael Martínez, Rafael Bastidas, María Carrizales para el contrapunteo, ese entre la vida y la muerte, para descifrar también a Orlando Araujo, llanero del piedemonte barinés.
El camino postrero de Dámaso Figueredo se leía –el tiempo y el descuido lo borraron- en la puerta de entrada a Guardatinajas: “La soga que se revienta corriendo mismo se empata”, la metaforización de un silencio que tiene continuidad en cada verso que se oye por allí, desgaritado en plena sabana, como buscando gente, como buscando el río.
Dámaso “resucitado”
Años después de la muerte de Dámaso, mi amigo el músico Telésforo Naranjo, integrante del Cuarteto, lo oyó cantar a las orillas del río. Telésforo se encontraba de pesca con unos amigos cuando de pronto escucho los rasgueos de un cuatro y la voz de Dámaso entre los mogotales. Llevado por la curiosidad, Naranjo se internó en el monte y encontró a Dámaso sentado, recostado de un árbol, cantando. “Me quedé tieso, pero tuve la osadía de acercarme y saludarlo”. Entonces Dámaso se levantó y saludó al inoportuno. De la misma estatura, bastante moreno, el hombre se acercó al otro y le aclaró: -Yo soy José Figueredo. Sí, hermano de Dámaso”. Entonces se armó la fiesta, tomaron y pescaron juntos en medio de las canciones de Dámaso.
Mi también amigo José murió hace poco, impregnado del sudor del tiempo. Lleno de la voz que siempre lo paseó por esos montes de Dios.
LOS FANTAMAS DE LA GUERRA siempre andaban rondando por los cuartos de las viejas casas de Ortiz. La guerra, decía don Arturo Rodríguez, fue otro de los males que afectó la prosperidad de la localidad. “Fue como otra plaga más”, sentenciaba. De él oímos los cuentos de la Guerra Federal como leyendas favoritas de la abuela Evarista Moreno Vilera. Ella, tan gustosa de hablar, contaba las hazañas vandálicas de Martín Espinoza, el terrible sanguinario que creó zozobras en los Llanos. De las locuras de un tal Pedro Aquino; de las acechanzas de Vicentino Hurtado, en los lados del Palmar de Paya. O las malhechorías de los encarbonados del Tiznados y Ortiz.
De esos fantasmas de la guerra debió don Arturo Rodríguez haber oído de su abuela el de Caicamaro. Un ser sumergido, en mutismo zamarro, convertido en leyenda. Una analepsis o flashback nos lleva, en amena conversación,a la fábula de ese personaje desconocido de la memoria histórica orticeña. Todo comenzó con una entrevista al poeta, en el solar de su casa bajo unas matas de mangos y con el fondo de una cortina natural de cantos de pájaros que no extraviaron las palabras del conversador.
Ya estaba envejecido. Aquella mañana bajo por la calle hasta llegar a la plaza del pueblo. Cruzó la diagonal y siguió hasta el edificio donde funcionaba el Cuartel General, ante las miradas esquivas y curiosas de los parroquianos que lo veían embelezados, sin ni siquiera una sonrisa se mostrara en aquel rostro hierático, casi fantasmal. Era Caicamaro, llamado el Titán de Ortiz. Un ser extraño, quien mataba a sangre fría y sin conciencia política. Era un alma fría, calculadora; jamás llegó a soñar en cosas hermosas. Para él sólo la guerra tenía valor y un significado de existencia.
- Era un individuo – decía Arturo – que, a ciencia cierta, no se sabía qué era. Si un jefe de partido, un jefe de guerrilla, un cuatrero o bandolero.
- No se sabe – volvió a responder Arturo-. Pero, si se puede decir que era un hombre de mucha valía.
Cabalgaba la llanura con sus veinte hombres, saciados de vida y revolución. Corría sobre el lomo e’ pelo de su caballo zaino, entre pedregosas colinas y serranías circunvecinas del pueblo de Ortiz. Iba como el viento, sin rumbo fijo, echando plomo a cualquier movimiento sospechoso de enemigos o no enemigos. Así era aquel hombre, misterioso y místico. Algunas veces se mantenía con los godos y otras ocasiones con los amarillos, levantando proclamas a favor de Ezequiel Zamora, el Héroe del Deber Cumplido.
Arturo describe a Caicamaro como un hombre de mediana estatura, de pelo liso y ojos negros. Dicen que era oriundo de San Francisco de Tiznados. Pero nadie ha podido comprobar esto.
La última vez que estuvo en Ortiz fue para despedirse. Murió a toque de desguello, una bala se le atragantó en la garganta. Sus manos estaban sangretadas, cuyas huellas dejo grabadas en las paredes de una casa de alto, sede del Cuartel General, testimonio que recoge el poeta orticeño don Arturo Rodríguez en este verso:
“Sobre la página gris,
de paredes
dejó su herencia de sangre,
El Titán del viejo Ortiz
sobre tumba ignorada,
cayó su orgullo llanero.
Sin ningún adiós postrero,
Ni lágrimas derramadas.
Se hizo leyenda su fama
Y se perdió en la lejanía
Repitiendo en el eco clama
Fue jefe de gran valía”
*José Obswaldo Pérez, Nativo de Ortiz. Es licenciado en Periodismo egresado de la Universidad Central de Venezuela. Cuenta estudios de especialización en Gerencia Municipal. Magister de Historia de Venezuela y actualmente es aspirante a doctor en Ciencias de la Educaciòn en la Universidad Rómulo Gallegos.
Fotografía tomada de http://www.flickr.com/photos/13270037@N04/1360905151/
En los últimos treinta años, el interés por el estudio de la Historia Regional y Local ha cobrado una relevancia de importancia, esta necesidad la han puesto de manifiesto los habitantes de las comunidades, entendidas como tales, desde las grandes ciudades, los pueblos y caseríos, hasta las localidades más humildes o apartadas. Nos referimos a ese interés por conocer sobre el devenir de los espacios geográficos donde vivimos, donde ha transcurrido y transcurre nuestro acontecer y el de nuestros mayores. Es común que las personas que viven en una comunidad se pregunten ¿Qué era esto?, ¿Cómo era?, ¿Quiénes fueron los primeros que aquí llegaron?, ¿En qué año?, ¿Cómo llegaron?, ¿Por qué vinieron para acá?, ¿Por qué se llama así?, ¿Quién le puso el nombre?, etc.
Es la vocación por la pequeña historia, por la historia parroquial o la historia de campanario, como la llaman algunos, porque su límite alcanza hasta donde llega el tañer de las campanas de la iglesia, o hasta donde llega el radio de acción de la cotidianidad de cada individuo, representado ese espacio por lo que comúnmente se considera como propio, porque ahí están los afectos, los recuerdos, lo que nos identifica, lo que se ha alcanzado en la vida: mi casa, mi calle, mi escuela, los afectos, la bodega, el mercado, donde están los vecinos, que a su vez son mis amigos, es decir, donde transcurre la vida en el día a día, el acontecer, y así, a medida que se van develando incógnitas, se van ampliando los límites y el interés por nuevos descubrimientos.
Tomando como referencia las premisas expuestas, como habitantes de esa comunidad pujante, conocida como: VALLE DE LA PASCUA, capital del municipio Leonardo Infante del estado Guárico, llamada indistintamente de manera cariñosa: La ciudad de palma y sol, capital económica del Guárico, encrucijada de caminos, y hasta de manera pretenciosa y figurada: La princesa guariqueña o la princesa del llano venezolano; en alusión a títulos de nobleza que no tuvo por ser pueblo de formación espontánea en torna al hato, la res y la posada donde pasar la noche durante el período colonial y hasta bien entrado el siglo XX, aunque meritorio porque es una manera de expresar amor y valoración a este terruño, que ha llevado a otros a poner en boga la expresión “Como La Pascua no hay”. Todos esos calificativos son válidos, puesto que con ellos sólo se expresa un sentimiento de identidad y arraigo, que motiva a sus mejores ciudadanos a reconocerla y reconocernos, haciendo de ella la ciudad que todos aspiramos.
En este caso, ante ese interés por conocer e investigar sobre la historia de Valle de la Pascua, les presentamos un muestrario aproximado de una bibliografía básica para su estudio.
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ZAMORA, Héctor.“Valle de la Pascua: Apuntes Históricos y Geográficos”. Tiempo y Espacio. No. 4. Centro de Investigaciones “Mario Briceño Iragorry” Instituto Pedagógico de Caracas. Caracas. Julio-Diciembre, 1985.
Dentro del contexto artístico escultórico nos encontramos y tenemos contacto desde niños con una categoría de Escultura llamada Urbana, que se define de la siguiente manerade acuerdo a la artista Rita Valentina Giusti Bello:
“Se conoce como escultura urbana a toda pieza escultórica realizada con el propósito de embellecer de forma artística a diversos entornos urbanos dando a conocer un mensaje reflexivo a la sociedad que habite en ella. Por lo tanto, una de las características primordiales de este elemento, consiste en dar un lenguaje propio donde el arte sea el medio comunicacional entre lo que se considera obra-espectador,
logrando así mas que la percepción de un elemento ornamental, la concepción de un generador de ideas, sentimientos y emociones que conlleven a lazos de filiación entre el arte y el ser humano.”
El Leandro con Bandera de Alejandro Colina
La escultura urbana existe y nace con las urbes, muchas de ellas constituyenel elemento expresivo e identificatorio de una ciudad, tal es el caso hoy en día de la estatua de la Libertad en Nueva York,el “San Juanote” escultura de 20 metros en San Juan de los Morros,
María Lionza en Caracas, la escultura de La Madre, en los Médanos de Coro,las esculturas de Simón Bolívar y demás Próceres de la Independencia, ubicadas generalmente en las Plazas Bolívar de cada una de las capitales de nuestros estados, por dar algunos ejemplos.
Por ser los Parques, plazas, lugares de esparcimiento y recreación, esculturas como éstas se hacennecesarias para la comunidad en general, pues se muestran como la representación humana del sitio, transmiten a sus visitantes y hacen inolvidable los momentos y disfrute del lugar, convirtiéndose en muchos casos atractivos turísticos del sitio. A ello se agregael valor artístico y el incrementodel patrimonio artístico del Municipio al cual pertenezcan.
La Elíptica de Adolfo Estopiñan
El objetivo fundamental de las esculturas urbanas es poner en contacto directo con el arte, a los visitantes deParques, Plazas, Monumentos históricos, Centros Recreacionales y a la comunidad en general y a la vez realzar y valorizar los sentimientos, costumbres comunes, hechos y personajes históricos, la belleza humana y demás argumentos con los que más se identifican las comunidades y las personas.
Cascada en Aguas Termales de Blanca Allegra
En San Juan de los Morros contamos con varias esculturas urbanas, que se han hecho parte de nuestro patrimonio histórico y religioso, asimismo constituyen una muestra artística pública y turística, como son el caso de la escultura de San Juan Bautista, Patrono de la ciudad, ubicada en la Plaza Bolívar de nuestra ciudad, hecha y quiero resaltar públicamente el reconocimiento que bien merece su único autor el escultor italiano Renzo Bianchini.(Autor asimismo de la escultura Juana La Avanzadora, ubicada en Maturín), vaciada en concreto, de 20 metros de alto.También merece mención especial la bella esculturaEl Leandro, cuyo autor es el escultor venezolano Alejandro Colina (autor entre otrasde María Lionza, los Caciques Guaicaipuro, Manaure, toda su obra caracterizada por ser indigenista)ubicada en el Monumento a la Bandera, en la Av. Miranda de nuestra ciudad.
En San Juan de los Morros, tenemos entre otras más, varias esculturas públicas; frente al Colegio de Médicos, está ubicada a la entrada de la ciudad, la obra llamada La Elíptica, del escultor valenciano Adolfo Estopiñan, que representa a una mujer contorsionista.En el Centro Spa Aguas Termales, se ubica entre otras, la escultura titulada La Cascada de mi autoría, que representa a una mujer bañándose en la cascada,vaciada en bronce. Asimismo en el mismo Centro, la obra titulada Péndulo del Tiempo, del conocido escultor Raúl Sánchez, a la entrada de la ciudad, frente al terminal de pasajeros, recientemente colocada, se encuentra la escultura Roscio, en homenaje al Prócer Juan Germán Roscio, (de quien el Municipio toma su nombre)del escultor José Manuel Fuentes. De reciente colocación en La Villa Deportiva de nuestra ciudad, nos deleitan esculturas alusivas a las actividades deportivas que allí se desarrollan, obras representando a los toros coleados, a la natación, al tenis, etc.
San Juan Bautista de Renzo Bianchini
Muy poca importancia, le han merecidoestas obras ni alas autoridades, ni a los mismos ciudadanos, muy poco se habla de sus orígenes, su historia, mucho menosde sus autores y es bueno resaltar su importancia para la comunidad, el aporte que nos merecen a todos, denunciar el deterioro que cada una de ellas presentay la necesidad de su prontaRESTAURACIÓN, para el disfrute de habitantes, visitantes y mantenimiento presente y futuro del Patrimonio Artístico, a través del cualse manifiesta y transmite nuestra cultura popular, religiosa e histórica.
DR. FELIPE HERNÁNDEZ G. (UNESR felipehernandez56@yahoo.es felipehernandez56@hotmail.com)
Desde finales del siglo XVI se comprueba la presencia de dueños de tierras en el Valle de San Antonio de La Platilla, se trata de los primeros y principales terratenientes de estos lares liderizados por el capitán don Juan de Grezala y Oñate, quien era Juez privativo de los Llanos de San Sebastián de los Reyes. Las familias o clanes económicos como los Bolívar, Ponte, Tovar y Mijares de Solórzano, entre otros, representan el mejor ejemplo de los que se posesionaron y se convirtieron en los Dueños del Suelo Tiznaeño.
El topónimo Tiznados según expone en su obra el cronista fray Pedro de Aguado (1535-1589), fue un nombre puesto por los españoles: “...a causa de que la gente de aquella provincia todos traían los rostros pintados de ciertas sajaduras que en ellos se hacían, haciéndose y sacándose alguna sangre, sobre la cual ponían tizne o carbón molido y zumo de yerba mora, y quedaban las pinturas señaladas siempre. De esta manera de galanía usan algunas naciones de moros de la costa de Berbería”. Hidrográficamente El Tiznados es un importante río que descarga sus aguas en el río La Portuguesa, y al igual que el río Chirgua, el Mapire y otros cursos de agua grandes, medianos y pequeños, inunda todas las tierras del Valle de los Tiznados donde florecieron importantes hatos y explotaciones de ganado mayor durante el período colonial de Venezuela. Es el proceso expansivo desde Caracas hacia San Sebastián de los Reyes, y de ahí hacia todos los confines del llano, lo que determinó, que a través de los Ayuntamientos de las mencionadas ciudades o por simple derecho de conquista, los primeros conquistadores fueron haciéndose dueños de las tierras llaneras. En ese sentido, se tienen noticias que señalan que hacia el año 1681 las tierras de Los Tiznados eran propiedad de don Juan de Mijares y Solórzano y Monasterios, primer Marqués de Mijares, dueño del hato Las Lajas, al sureste de San José de Tiznados y actual límite con el municipio Miranda. Para el año 1711, las tierras permanecían en manos de sus diez hijos, a saber: don Francisco Mijares de Solórzano, segundo Marqués de Mijares, Margarita, Juana, Juan, Pedro, Josefa, Teresa, sacerdote José Ignacio, María Teresa, que fue casada con el maestre de campo Lorenzo Antonio de Ponte y Martínez de Villegas, y Francisco Nicolás. Fue el primer Marqués de Mijares el fundador del hato Las Lajas. También a finales del siglo XVII, don Pedro de Ponce y Rodríguez de Ibargoyen fundó en la zona de Tiznados, al sur del pueblo de San José, el hato El Limón. Ponce y Rodríguez de Ibargoyen fue casado con doña Margarita de Aguirre y Guevara, después de su muerte, el hato fue heredado por su hija doña Melchora de Ponte, quien fue casada con el capitán don Nicolás de Liendo y Ochoa. Una vez viuda, doña Melchora fundó en su propia casa de habitación en Caracas, el convento de las monjas concepciones, orden en la que profesó, dando nombre a una de las esquinas de la actual Asamblea Nacional, conocida en la actualidad como esquina de Las Monjas, este convento fue clausurado por el general Antonio Guzmán Blanco durante su primer gobierno, conocido como el Septenio. El Limón fue vendido luego a doña Isabel María de Tovar y a su hijo el capitán Ruy Fernández de Fuenmayor y Tovar. En investigación realizada por Lucas Guillermo Castillo Lara (1984) y por Oldman Botello (1998), se señala que los límites del hato El Limón eran: hacia el este El Rincón de San Pablo (hoy San Pablo, al sur de Ortiz) hasta juntarse con el río Guárico; hacia el oeste el río Tiznados; norte, desde el desembocadero de Antón Pérez (sitio y caño de Antón Pérez, al sur de Dos Caminos), terrenos de los herederos de don Lorenzo Sedeño de Albornoz y otros vecinos, al sur “todo lo que había entre los ríos Guárico y Tiznados, vaqueaderos de los herederos del Marqués de Mijares, tío de Fernández de Fuenmayor”. En la solicitud de composición de tierras se habla de la rinconada entre los ríos Guárico, Paya y Tiznados, la cual “… tenían como suya exclusivamente, porque no habían otras vecindades…” En el año 1713 el juez de tierras don Francisco Alonso Gil les entregó sin ningún obstáculo el sitio de El Limón con una legua a los cuatro vientos “… para que en ella otro ninguno se pueda poblar sin su consentimiento, reservando los pastos y aguas que son comunes a todos…”. Agregándoseles a las tierras entregadas un corral que tenían cerca de la quebrada de Las Váquiras “en el cerrito nombrado de Las Yeguas y el otro en un sitio llamado la laguna de Vera” conocida hoy como la laguna de Los Galápagos, al suroeste de San José de Tiznados. Por la composición, los herederos del Marqués de Mijares y Solórzano apenas pagaron sesenta y dos pesos en el año 1729, es decir muy tardíamente. Desde punto de vista histórico, Tiznados fue un antiguo sitio y hato que perteneció a don Agustín Cevallos, en el siglo XVII. Para 1722, en este lugar existía una capilla pública que funcionaba como la “matriz y la principal”, junto a siete capillas aledañas. La unidad geográfica inmediatamente precedente al lugar fue el hato, cuyo nombre y perímetro sirvió para configurar y denominar el Valle de Los Tiznados. Para 1763 otro de los considerados entre los más antiguos propietarios de tierras en Tiznados, es el alférez don Luis José de Bolívar y Martínez de Villegas, uno de los integrantes de las principales familias caraqueñas, hermano del abuelo del Libertador, don Juan de Bolívar y Martínez de Villegas, fundador de Villa de Cura. Don Luis José fue casado con doña Isabel Antonia de Uribe y Gaviola, y es el portador del apellido Bolívar más antiguo de que se tengan noticias en el Guárico Central. Era propietario de tierras con unas 200 reses vacunas “en los llanos de Tiznados”, además de tierras y cacaotales en Ocumare de la Costa, Cata, caña de azúcar en Mamera, entre otras propiedades. Sobre lo expuesto, valga señalar, lo que al respecto expone Federico Brito Figueroa (1979): ”… constituían auténticos latifundios ganaderos; la frase no es simplemente literaria, corresponde a la realidad de la propiedad territorial en las comarcas llaneras, caracterizado por el monopolio de la tierra, mano de obra regida fundamentalmente por relaciones de servidumbre, a veces de esclavitud, y el desarrollo de actividades ganaderas que en lo general no pasaban de la fase pastoril-recolectora…”. Agregando Luego: “Sobresalía en el cuadro general de las relaciones de producción la figura del mayordomo, en la mayoría de los casos negros libres o esclavos. En el hato ganadero, el mayordomo representaba el punto de equilibrio necesario que permitía la sujeción de la población móvil, que integraba la peonada”. El mayordomo o capataz, que a pesar de ser en la mayoría de los casos un negro esclavo, gozaba de prerrogativas y tenía, inclusive, poder de decisión, ya que suplía la ausencia del amo, seleccionaba el personal o peonada necesarios para las faenas, además que era el mayordomo el que conocía realmente la situación del hato, con todos los beneficios que ello representaba, ante la posibilidad de escoger los mejores trabajadores o peones; el que hacía crecer el rebaño de su amo, que a su vez era amo del suelo, por la sumatoria de orejanos que “ingresaba” cada año, como consecuencia de la aplicación de la ley de llano. En los llanos del Guárico, al igual que en Apure, Barinas, Cojedes y Portuguesa, las tierras fueron concentrándose en manos de un minoritario número de propietarios, la mayoría familias caraqueñas o sansebastianeras, unidas por intrincados lazos genealógicos de consanguinidad o afinidad. Sirva a modo de ilustración, según relación presentada por el historiador J. A. De Armas Chitty (1981), los apellidos siguientes, vinculados de manera directa o indirecta con la propiedad territorial en el Valle de Los Tiznados, son ellos, los: Blanco Villegas, Alejandro Pío Blanco, Ortuño de Tovar, Manuel Felipe y el Conde de Tovar, Mateo Blanco Ponte, Marco José Ribas, Florencio de la Plaza, Juan Vicente Bolívar y Ponte, Juan Antonio Solórzano; además, los Palacios, Ponte Uribe, Arrechedera, Mijares, Rodríguez del Toro, Báez, Nieves, Gamarra, Ledezma, Tovar, entre otros. En otro trabajo, J. A. De Armas Chitty (1959) expone: Los Blanco son “los representantes más conspicuos de la oligarquía central que poseían hatos en el Guárico: el Conde de San Javier, Catalina del Toro, Agustín y Juan Manuel de Herrera, los Blanco Villegas, Alejandro Pío Blanco, Ortuño de Tovar, Manuel Felipe y el Conde de Tovar, Diego Monasterios, Mateo Blanco Ponte, Marco José Ribas, Florencio de la Plaza, Juan Vicente Bolívar, y Juan Antonio Solórzano”. Llamados tradicionalmente hasta la actualidad, “Los amos del valle” de Caracas, tal como quedó registrado en la obra de ese nombre, escrita por el eximio escritor venezolano Francisco Herrera Luque. Lo expuesto sirve de fundamento para afirmar, que con la apropiación de la propiedad territorial y la riqueza agrícola que ella generaba, la descendencia de esa casta oligárquica se constituyó progresivamente en una aristocracia criolla, génesis y núcleo de lo que luego vino a denominarse “mantuanaje” caraqueño, por el uso de las mantas que acostumbraban las señoras de este linaje al acudir a las misas y otras ceremonias religiosas. Dentro de las costumbres de una ciudad pequeña y provincial, enclavada en un cerrado valle, la asistencia a los actos religiosos y las costumbres que conllevaba, eran de enorme importancia en una sociedad cada vez más dividida por el sistema de castas sociales, que se fue intensificando en Venezuela hacia el final de la era colonial.Desde mediados del siglo XVII comenzaron los caraqueños a interesarse por las manifestaciones más importantes de la Nobleza española, como era la posesión de títulos de Castilla o ser admitidos a las principales órdenes de Caballería de la Corona Española, destacando los descendientes de la estirpe mantuana. Virtualmente toda la nobleza colonial venezolana, entre ellos los Marqueses de Mijares, Condes de San Javier, Marqueses del Valle de Santiago, Condes de la Granja, y los posteriores Marqueses del Toro. Descendientes de esta estirpe enlazaron con Gobernadores y Capitanes Generales de Venezuela, como en el caso de los Gobernadores Ruy Fernández de Fuenmayor, cuyo nieto, hijo de Baltazar Fernández de Fuenmayor y Berrio, llamado también Ruy Fernández de Fuenmayor y Tovar, fue casado con la sobrina del obispo fray Mauro de Tovar, doña Isabel María de Tovar y Mijares de Solórzano. Así como don Francisco de Berroterán y Gainza, Marques del Valle de Santiago, quien se casó en Caracas el 23 de diciembre de 1700 con Luisa Catalina de Tovar y Mijares de Solórzano. Otros destacaron en la administración eclesiástica colonial, como en el caso de Fray Juan de Arechederra y Tovar, Obispo Gobernador de las Islas Filipinas; y el Padre José Ignacio Mijares de Solórzano y Tovar, Obispo electo de la ciudad de Santa Marta, en la Nueva Granada. Uno de ellos, don Jerónimo de Ustáriz y Tovar, II Marques de Ustáriz, caraqueño llegó a alcanzar las más altas posiciones en la Monarquía, ocupando el cargo de Ministro del Consejo Supremo de Guerra de España, y de Asistente en Sevilla, donde falleció presidiendo el Cabildo de esa ciudad. Asimismo, destacan el historiador don José de Oviedo y Baños, quien casó en Caracas, el 19 de marzo de 1698 con Francisca Manuela de Tovar y Mijares de Solórzano; al igual que uno de los primeros escritores militares de nuestra historia, como lo fue don Nicolás de Castro Álvarez Maldonado, quien contrajo matrimonio en Caracas con Rosalía Pacheco y Mijares de Solórzano y Tovar, hija del Conde de San Javier, El 23 de octubre de 1755. Cotejando estos apellidos y otros, de manera objetiva con los padrones de hatos correspondientes a los llanos y particularmente a los llanos del Guárico a finales del siglo XVIII, encontramos que de ellos se desprende una valiosa información sobre sus propietarios, la toponimia, el nacimiento de pueblos y asentamientos humanos, los mayordomos y su condición jurídica, entre otras. En razón de lo expuesto, parafraseando al historiador francés Marc Bloch, compartimos la tesis que expresa, que los nombres de los pueblos sirven para recorrer la línea de los tiempos en sentido inverso. Los topónimos, expresan nombres propios de lugar y reflejan la flora, la fauna, la topografía e hidrografía de la antigüedad; trazando contornos borrosos de viejos hatos, pueblos y caseríos; proyectando patrones de colonización y de explotación de la tierra; reafirmando diluidas herencias y persistencias indígenas; y exhuman remotos colonizadores para develarnos su hablar, sus costumbres, sus imperativos, sus devociones, y por qué no, sus mentalidades. Pero ¿Cuál era la situación de la propiedad territorial en el Valle de los Tiznados a finales del siglo XVIII? Apoyándonos en información documental sobre de Padrones de Hatos – Propietarios y Mayordomos en jurisdicción de San José y San Francisco de Tiznados en los años 1791 y 1793, encontramos que en 24 sitios de hatos registrados para 1793 en el llamado Valle de Tiznados, 12 negros esclavos administraban en calidad de mayordomos y suplían la ausencia del amo del hato, 4 sitios de hatos eran administrados por sus mismos dueños, 4 por morenos libres; 3 blancos familiares por consaguinidad o por afinidad del dueño del hato con el calificativo de “don” eran encargados de 3 sitios de hatos para cría de ganado mayor, y de uno no se indica la condición jurídica. El diagnostico documental y analítico de la información expuesta en un inventario de hatos del año 1793, se puede apreciar que muchos de los nombres de los propietarios que aparecen reflejados, han dejado su impronta a través del tiempo, recordándoseles en los topónimos, el surgimiento de sitios, caseríos y pueblos; la vastedad de sus propiedades, y por su vinculación con el llamado mantuanaje caraqueño y sansebastianero. Entre ellos merecen señalarse los casos siguientes: El hato El Totumo, de don Juan Vicente Bolívar y Ponte, prominente patricio caraqueño, padre del Libertador, Simón Bolívar, quien para 1793 ya había muerto. El hato El Totumo pertenecía a sus herederos. En su obra Los Tiznados (1998), expone Oldman Botello lo siguiente: “El Totumo era uno de los hatos más importantes de la zona en su tiempo y posteriormente; vinculado por mil títulos a la historia venezolana. Su extensión en 1794 cuando ya pertenecía a los descendientes del coronel don Juan Vicente Bolívar y Ponte, era de 35 leguas, equivalentes a 3.040.000 varas cuadradas de tierra, extendiéndose por el naciente río Tiznados; por el sur la punta de La Mesa (hoy jurisdicción de El Rastro) y al norte y poniente con tierras propias también de los Bolívar, es decir, El Limón y Laguna de Piedra, entre otros. Tenía 1752 caballos, 1222 reses, 36 mulas, un burro hechor y 12 esclavos”. Para 1788 tenía 48 esclavos y 3000 reses en 1791. En 1793 el mayordomo de El Totumo era un esclavo negro, de nombre Félix. El hato Las Lajas, de don Juan Blanco y Plaza, perteneciente al mantuanaje caraqueño, emparentado con El Libertador por su madre doña María Concepción Palacios y Blanco. Para el año 1676 Las Lajas eran propiedad del Provincial Juan de Solórzano y Rojas, quien lo fundó como sitio de hato en 1680. Para 1710 era propiedad del Primer Marqués de Mijares, don Juan Pacheco y Mijares, según composición requerida en 1711 por don Lorenzo Antonio de Ponte y Villegas, esposo de Josefa Mijares de Solórzano, hija del fundador don Juan de Solórzano y Rojas. En el año 1780 tenía 11 esclavos, en 1791 tenía 500 reses. En 1793 el mayordomo era un esclavo negro de nombre Joseph. Para el año 1815 este hato era propiedad de don Rafael Blanco. El hato La Soledad, propiedad de don Luis Fernando Nieves, seguramente emparentado con la madre del prócer Juan Germán Róscio Nieves, doña Paula María Nieves Martínez de Róscio. Para 1780 el hato era de don Agustín Espinoza, lo que habla de un caso típico de transferencia de la propiedad territorial. En el año 1791 este hato tenía 1000 reses. Para 1793 su mayordomo era don Francisco Antonio Delgado, tildado blanco, posiblemente emparentado con el propietario del hato. El hato Santa Bárbara, propiedad de don Agustín Espinoza, con 500 reses en 1791, y cuyo mayordomo en 1793 era un moreno libre de nombre Diego Alfaro. Don Agustín Espinoza había sido antes dueño del hato La Soledad. El hato El Carito, propiedad de don Juan Tavares, estaba administrado por Félix Pantoja, moreno libre que hacía de mayordomo. En 1791 tenía 400 reses. Hoy día El Carito es un caserío localizado en jurisdicción de San Francisco de Tiznados. El hato Chirgua, de don Luis de Ribas. Hato que antes fue de don Pedro de Tovar, emparentado con don Martín de Tovar y Blanco, mejor conocido como el Conde de Tovar y Vizconde de Altagracia, y con el Conde San Javier, don Juan Jacinto Pacheco y Mijares, y con don Juan Pacheco y Mijares, Primer Marqués de Mijares y propietario del hato Las Lajas, según composición solicitada en 1711. Por ende, también emparentado por vía materna al igual que los Ribas, con El Libertador. Para 1780 el hato era de don Lorenzo de Ribas y finalmente desde 1791 de don Luis de Ribas. Este también es un caso típico de transferencia de la propiedad territorial entre familias mantuanas caraqueñas, emparentadas por reconocidos lazos de consanguinidad. Para 1793, el mayordomo del hato Chirgua era un negro esclavo de nombre Santo. El hato El Jagüey propiedad de don Juan Antonio de Solórzano, emparentado con el Marquesado de Mijares y Solórzano a través del Marqués don Francisco Mijares de Solórzano, constituye otro caso de vinculación a través de lazos de consanguinidad con una familia mantuana caraqueña con títulos nobiliarios. Para 1793 el mayordomo del hato El Jagüey era un negro esclavo de nombre Juan Bautista. El hato La Montuosa, propiedad de don Bartolomé Sanojo, para 1780 era propiedad de don José Sanoja. Su mayordomo era un negro esclavo de nombre Juan Tomás. Según una matrícula de 1758, para ese año La Montuosa era un hato de don Sebastián de Arrechedera, emparentado con los Solórzano y Mijares, puesto que don Juan de Arrechedera, que fue casado con doña Luisa Catalina de Tovar y Mijares de Solórzano, era dueño del hato San Diego de Chiguigui, al sur de Las Lajas y del sitio donde se fundaría la Villa de todos los Santos de Calabozo en el año de 1724. Don Bartolomé Sanojo del mantuanaje calaboceño, cuyo nombre completo era don Bartolomé Francisco Hernández - Sanojo Rodríguez Camejo, quien fue casado con su prima doña Ángela Manuela Rodríguez Camejo, que a su vez era nieta del capitán de campo, don Adrián Francisco Delgado, de los primeros pobladores del sitio donde se fundó la Villa de todos los Santos de Calabozo. Con don Bartolomé Sanojo estaba emparentado familiarmente, el reconocido jurista calaboceño, licenciado Luis Sanojo; así como la excelsa novelista venezolana Ana Teresa Parra Sanojo, conocida como Teresa de la Parra, considerada, junto a Rómulo Gallegos, la novelista más importante de la primera mitad del siglo XX en nuestro país. Autora de las novelas Ifigenia y Las Memorias de Mamá Blanca. Su padre, Rafael Parra Hernáiz, fue cónsul de Venezuela en Berlín; y su madre, Isabel Sanojo Ezpelosín de Parra, descendía de una rancia familia de la sociedad caraqueña. "Tanto mi madre como mi abuela pertenecían por su mentalidad y sus costumbres a los restos de la vieja sociedad colonial de Caracas", escribía Teresa de la Parra en 1931, en una breve reseña autobiográfica. Son descendientes de los Hernández - Sanojo Rodríguez Camejo, los Villamediana radicados en Valencia, de donde proviene Judith Villamediana quien fuera hace algunos años directora del Ateneo de Valencia. Don Bartolomé Sanojo falleció el 16 de agosto de 1816. El hato Guaytoco, propiedad de Marcos Coronado, fue antes propiedad de Juan de Ceballos. Su mayordomo era un negro esclavo de nombre Joseph. El hato devino en un topónimo que según el historiador y periodista orticeño, el licenciado José Obswaldo Pérez: “Históricamente, el caserío Guaitoco fue una antigua posesión mucho antes de 1728, que perteneció a Don Juan de Cevallos y que, posteriormente, fue heredada por su hermano don Pedro de Cevallos, en 1762. Tuvo una capilla que fue muy importante. Desde 1818, esta pequeña localidad rural del municipio San Francisco de Tiznados, aparece en cartografía nacional”. El caserío Guaitoco se encuentra localizado en jurisdicción de la parroquia San Francisco de Tiznados del municipio Ortiz... La palabra Guaitoco es de origen aborigen y hace alusión a un árbol de construcción, de madera amarillenta, algo fibrosa, poco pesada, y de grano fino, abundante en la zona. Se le conoce también como guaitoito, guai, y Ceiba (Ceiba pentandra) en algunas otras regiones del país. Marcos Coronado además del hato Guaitoco, también fue propietario del hato Corralito, donde en 1791 tenía 2000 reses, lo que indica su importancia social, fundamentada en el poder económico. El mayordomo del hato Corralito era un moreno libre de nombre Medardo de la Fuente. El Hato La Ceiba de don Juan Feliciano de Arana, con apenas 50 reses en 1791, su mayordomo era un negro esclavo de nombre Gregorio Brito. El hato Canuto también de don Juan Feliciano de Arana, quien lo administraba personalmente, dos años antes había sido propiedad de Manuel de Arana que tenía 200 reses. El hato Canuto devino en un caserío localizado en la parroquia San Lorenzo de Tiznados del municipio Ortiz, conocido hoy como La Unión de Canuto. El topónimo San Lorenzo de Tiznados, le viene por don Lorenzo Antonio de Ponte y Villegas. El hato Cucharito, conocido también como La Platilla, fue propiedad del presbítero Nicolás Colón y de don Cayetano Montenegro, en 1791 en sus predios pastaban 500 reses y su mayordomo era un negro esclavo de nombre Alejandro Colón. La Platilla es un topónimo localizado al noroeste de la población de Parapara. Titula el cronista Oldman Botello (2007), “La Platilla: un pueblo frustrado en la serranía”; e informa: La Platilla Pereña llaman al lugar porque las primeras haciendas las fundó la familia Pérez de Ávila, entroncados después hasta configurar la parentela Pérez de Araña o Pérez de Arana. Pero la muerte del obispo viajero (Mariano Martí) frustró la posibilidad de fundar La Platilla que sería un pueblo serrano… eran numerosos los caseríos del área: Platilla de los Pérez, Platilla Abajo, San Antonio de Abajo y San Antonio de Arriba, Cucharito, Casanga, La Ceiba, Carrizalito, El Roble, Agua Hedionda, Verruga o Versuga y Bruscal”. Fue precisamente gracias al padre Nicolás Colón dueño en el sitio del hato Cucharito, que el Obispo Martí inició las diligencias poblacionales que se interrumpieron a causa de su muerte en 1792. Según el DRAE: la palabra Platilla significa: Especie de lienzo delgado y basto. Hato Mapurite de don Andrés Báez de Simancas, donde tenía 500 reses y estaba administrado por su pariente consanguíneo don Rafael Báez, blanco con calificativo de don. Se cuentan los Báez entre los primeros fundadores y pobladores de Calabozo y de San Juan de los Morros. Emparentados con los Arana también de Calabozo. En conclusión, desde finales del siglo XVI se comprueba la presencia de dueños de tierras en el Valle de San Antonio de La Platilla, se trata de los primeros y principales terratenientes de estos lares liderizados por el capitán don Juan de Grezala y Oñate, quien era Juez privativo de los Llanos de San Sebastián de los Reyes. Las familias o clanes económicos como los Bolívar, Ponte, Tovar y Mijares de Solórzano, entre otros, representan el mejor ejemplo de los que se posesionaron y se convirtieron en los Dueños del Suelo Tiznaeño; la declaración de tierras que poseían o decían poseer, manifiesta la magnitud extensiva de dichas posesiones heredadas por “estrategias matrimoniales” que permitían la estabilidad de la estructura de propiedad, mediante unos vínculos de parentesco. La ocupación, mantenimiento y reproducción de estas grandes propiedades se logró a lo largo de dos siglos, destacándose entre estas familias la formación de un gran grupo endogámico, a través de dichas alianzas como forma de protección del capital para no disgregar o desmembrar la riqueza lograda por sus antepasados, y para no regar la sangre. Estas alianzas matrimoniales constituían, en fin, alianzas territoriales que en consecuencia originaban la formación y constitución de latifundios familiares; por otra parte, también se aprovecharon de los altos cargos que ocuparon en el Cabildo de Caracas para así aplicar estrategias que le permitieron la apropiación y garantía de sus posesiones. En el caso de Tiznados y su jurisdicción, la importancia continua de los hatos reside en su historia, denominados en los documentos como “sitio de hato” o “hato de ganado”, constituía una unidad productiva sustentada en el binomio ganadería-usufructo de la tierra donde se generaba una relación de peonaje entre un terrateniente, dueño de los medios fundamentales de producción y un trabajador, parcialmente separado de esos medios y con posibilidades de usufructuar la tierra a quien denominamos peón. Finalmente, con la acumulación de la riqueza agrícola, la descendencia de los primeros dueños de la propiedad territorial en el Valle de los Tiznados se constituyo progresivamente en una aristocracia criolla, génesis y núcleo de lo que luego vino a denominarse “mantuanaje” caraqueño.
REFERENCIAS
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*Tomado de: http://fuegocotidiano.blogspot.com/feeds/posts/default?alt=rss
Texto leido el 10 de agosto del 2009 en la Plaza Francisco Lazo Martí de Calabozo
Alberto Hernández
Después soñé que soñaba. Antonio Machado
El llano es una ola que ha caído El cielo es una ola que no cae Lazo Martí
1.- Una historia plena de duros adjetivos Un país de ficción, de larga historia, donde Balzac, Víctor Hugo o Emile Zola no vacilarían en afirmar haber tomado parte. Desde esas páginas salidas de la imaginación de aquellos genios de las letras, el hombre que mira desde lejos -en un consultorio pobretón, colmado de miserables arropados con una piel de zapa, de fantasmas contagiados de viruela negra- es sólo una referencia, parte de la comedia humana de un pequeño territorio arruinado, azotado por diversas pestes y vicios. A los que respiramos hoy nos queda la imagen perdida, casi borrosa, de quien nos llenó los oídos con sus dolores en versos, pero más –si se trata de su biografía- de la vida que lo llevó a ser protagonista y otras veces testigo de la misma patria, dibujada por Alberto Arvelo Torrealba, también enferma de muerte, odios, revoluciones demenciales, llagas verbales y carnes desprestigiadas por la podredumbre bajo el cielo inmenso de un mapa que no termina de trazarse en el espíritu de sus moradores. Y bien que lo llevó Arvelo Torrealba en el primer ensayo del libro Lazo Martí, vigencia en lejanía, texto mayúsculo que sigue siendo lectura necesaria para los que aún no se han paseado por aquella Venezuela que casi sigue siendo la misma en estos tiempos de nubes oscuras y pasiones encontradas. Una lectura poco rigurosa nos permite entrar en estos sonidos: “la época más aciaga…ráfagas de barbarie…merma violenta del patrimonio público…ilícitas pechería, traiciones, componendas, laudo concretado en despojo, bloqueos, quiebra de la moral ciudadana”, y así hasta desembocar en la única faena producto del hambre y la ignorancia: “la del guerrilleo, con el gobierno o contra el gobierno, a menudo en función de pillaje, excelente coyuntura para cambiar en oro y prestigio el valor personal y la audacia de los afortunados”.Sustantiva, oral, aquella Venezuela, aquella patria que respiró el poeta Lazo Martí y que lo llevó a practicar la medicina, la poesía y la guerra para quedar marcado como parte del tiempo de “los atributos del guapo regional y luego del caudillo”. Ese hombre que mira desde lejos, apoyado en la ventana, bajo el sol de Zaraza o embargado por la lumbre polvorosa de la noche, es el mismo que oye los ruidos de los sables, el de las armas de fuego y siente los balazos, los machetazos de quienes caen envueltos por las sombras y el barro de las lluvias y el polvo de la sequía. Es el mismo –ficción o realidad- que se sacude la pólvora sumido en el paisaje al que le extrae sus códigos y los convierte en imágenes poéticas. Es el mismo que atiende a los heridos, a los llagosos, a los purulentos, a los tuberculosos, a los tísicos del hambre, y que podía –a la sombra de alguna tarde silenciosa- escribir: “En estas horas crepusculares/ en estas horas que van llegando,/ que van llegando con los pesares// mientras las aves se van posando/ sobre las ramas que mece el viento:/ alegre y triste se va volando// se va volando mi pensamiento,/ con ese soplo, por esas ramas,/ mi hogar buscando por un momento,/ buscando amores, buscando llamas…”. Y más allá de otra intemperie, dejar en el vacío de la hora la mirada en el paisaje, mientras el país –quebrado por la violencia y la locura- develaba “la perpetua beligerancia entre gobiernistas y “revolucionarios”, como vuelve a afirmar el poeta barinés, quien no deja de atender la realidad de aquel pedazo de tierra plena de una “horda de logreros, sus políticos. Su patrimonio, botín de adulados y aduladores”, para remarcar el cauce de la primera parte de su estudio. Este es el estadio vital de Pancho Lazo Martí: una geografía llena de sangre, verbalizada por el odio y las divisiones.
2.- La misma tierra, la misma soledad
En el libro Hombre, paisaje y fábula, del autor español Manuel de Val, radicado en Venezuela, nos topamos con estas palabras dedicadas al poeta Antonio Machado: “Castilla es tierra absorbente, rectoral, tierra que modela y que no se deja dominar, páramo que se hace cielo y en el que el hombre se espiritualiza y siente la irrefrenable tentación de elevarse, de subir a las cumbres más altas y hacerse asceta, o de convertirse en santo y marcharse hacia Dios”. Pareciera también dedicado al poeta de este llano que también es absorbente, rectoral, tierra que modela y que no se deja dominar, páramo que se hace cielo… La misma tierra si la vemos desde el poema, desde el trozo de alma que emerge andariego del cuerpo aporreado del hombre que sigue -con la mirada puesta en el mundo que afuera se debate- desde la ventana de su pobre consultorio. El paisaje cantado por Lazo Martí no es el que sus ojos ven. El paisaje cantado por el poeta es el que busca ver, el que anhela eternizar, mantener a su lado, como invita en la Silva Criolla al bardo amigo. El paisaje de Lazo Martí, el llano de este poeta calaboceño, es el que intenta recrear en cualquier paisaje que tropiezan sus viajes, convertidos en retornos, en regresos que se traen otros lugares. De allí entonces que el paisaje se haya convertido en país, en pasaje de imágenes que construyen una nacionalidad, la de las palabras, el mejor armamento para amasar la patria que no debe ser vencida por quienes, como afirma Arvelo Torrealba, la quieren convertir en “juguete de rábulas y mandones”. Ese es el paisaje que lleva el poeta en su alma. El mismo de Machado en las alforjas del Quijote, llenas de páginas, de palabras, de voces, de locuras dispersas. Ese es el paisaje que se podido inventar partiendo de la tierra que lo vio nacer. Y así como se hizo idiolecto, él es un paisaje: su voz, el ahogo de la impotencia, el trazo de su escritura, su soledad desde la ventana que sigue allí en algún verso extraviado, mientras un paciente anónimo muere en una calle, acosado por la fiebre y la desesperanza. Si bien el poeta español dejó marcada su huella en el polvo manchego, suerte de autorretrato, también Lazo lo hizo frente al mar, bajo la ola que no cae, donde con amarga dureza convirtió al gigante marino en ángel exterminador, armado con la rabia que habrá de arrasar y luego revelar en inundación genética. Imagen bíblica de revés, donde primero mora el Apocalipsis y luego del comienzo, el verbo cósmico, molecular, que será el “nuevo hombre”. Se trata de versos de las Primeras páginas, recopiladas por el profesor Carlos César Rodríguez:
¡Tiranos de la tierra, ennoblecidos con el crimen, la sangre y la ambición. Traidores y serviles palaciegos, día llegará de pena y expiación¡
**
Cubierto por las aguas, el planeta girará en el espacio, y del profundo un ángel surgirá para crear nuevos hombres y formas: nuevo mundo.
El paisaje humano le aportó al poeta llanero esta imagen pesimista, pero a la vez esperanzadora. Poemas románticos que luego, con el paso de los poemas y los años, se hicieron modernistamente nativistas. Y mientras Lazo recreaba al venezolano, lo extraía de su paisaje para definirlo y colocarlo frente a sus yerros y miserias, el español, el de La Mancha, volvía a la infancia, allá en Castilla, y asumía el reto de hablar con su congénere, con “su” nuevo hombre:
Converso con el hombre que siempre va conmigo -quien habla solo y espera hablar con Dios un día-; mi soliloquio es plática con este buen amigo que me enseñó el secreto de la filantropía.
Se preguntará el mundo qué relación puede existir entre ambos autores. Seguramente los separa un paisaje distante. Los acerca la idea del hombre: mientras el llanero desnuda las llagas de su tiempo, el castellano se arrima a la enseñanza de la filantropía. ¿O es que acaso no llevaba el calaboceño, en medio de tantos dolores, el mismo deseo? ¿No curaba enfermos? ¿No tomó un arma en sus manos para librarse de la dictadura de un Cipriano Castro a través de la imagen de un Joaquín Crespo? ¿No se vació en silencio, seguramente con lágrimas, por la tragedia de su patria? Son dos lugares, dos espacios donde habita ese deseo de comunicarse con Dios. Mientras Machado nombra al Todopoderoso, Lazo se acerca a la orilla del mar y lo ve arrasar la tierra y crear un mundo nuevo. El paisaje también inventa la fuerza de la Tierra. En el poema “¡Dios¡”, publicado en El Josefino, periódico de Calabozo, el 16 de enero de 1888, el poeta Lazo favorece la afirmación anterior: “Todo en el mundo sin cesar te alaba/ Porque en todo se muestra tu grandeza;/ ¡Tú eres principio donde todo acaba¡/ Causa y principio donde todo empieza”. Paisaje no es sólo retrato, color y forma, clima y sonidos. También es idea, y Dios es idea convertida en palabra. Génesis entonces.
3.- Brazo armado: la palabra, un grave peligro
Armado con la palabra, Francisco Lazo Martí está por encima de las alabanzas. Mucho más allá de la Silva Criolla está lo que ésta no nos dice. Está lo que oculta y que podría ser motivo de muchos estudios. Detrás de toda palabra hay otras palabras. Otros desgarramientos, otros países, otros dolores, otros traumas, otros poemas avivados por lo que habrá de ser su mundo interior. Héroe civil de esta comarca visible, este poeta -que cumple un siglo de haberse marchado a otras esferas- nos lega, no sólo los poemas que hemos leído, los que hemos olvidado, los que hemos memorizado, los que aún no hemos leído, los que no queremos leer, sino la vida que aún se agita en estos confines cuyos estertores nos conmueven. Un filósofo, Martin Heidegger, tradujo de un poeta, Höelderlin, que la poesía, la palabra, el verbo, es el instrumento más peligroso. La esencia de la poesía es lenguaje y ser, de allí que el mismo Antonio Machado haya dicho: “Los grandes poetas son metafísicos fracasados. Los grandes filósofos son poetas que creen en la realidad de sus poemas”. Que quien ejerce el oficio de la escritura corre el riesgo de ser borrado de sus propias páginas, como ha ocurrido con muchos ejemplos en nuestro país, donde los pensadores de la belleza son sólo imágenes apagadas por la fuerza de la estupidez. No ha sido extraño entonces, que muchos intenten hacer a un lado a este polvo centenario, polvo enamorado, como dijo quien dijo de la belleza y de la muerte. Esa esencia, la poética, podría verse a través de cinco aspectos que hacían de Lazo una suerte de “fracasado”, de país hecho estropicio. Ellas son: La tarea de hacer poesía, esta tarea, “es de entre todas la más inocente”, y así continúa el poeta, visto por el filósofo: “Para este fin se dio al Hombre el más peligroso de los bienes: el lenguaje para que dé testimonio de lo que él es”. El tercero destaca que “Ha experimentado el Hombre muchas cosas; A muchas celestiales ha dado ya su nombre; Desde que somos Palabras-en-diálogo Y podemos los unos oírnos a los otros”, y más “Ponen los Poetas el fundamento de lo permanente”, para desembocar en “Lleno está de méritos el Hombre; mas no por ellos sino por la Poesía hace de esta tierra su morada”. Y en efecto así fue. La poesía, tarea inocente y por eso la más peligrosa. De allí quedó la obra, inocente y peligrosa, en manos de los lectores: ha nombrado, ha hablado, ha dialogado, ha hecho un país verbal, de allí su permanencia. Y finalmente, la tierra su morada, constructo de su voz y de su espíritu. De esa historia larga, novelada por nosotros contemporáneos, no queda sino la voz soterrada del poeta. ¿Dónde están Joaquín Crespo y Cipriano Castro? Son sólo cadáveres de apetencias de muchos vivos que ven la Historia como un envoltorio, como una factoría de reciclaje. Sólo ha quedado el poema: lo permanente, la inocencia, pero también el peligro de sus imágenes. De allí que muchos intenten silenciarlo cuando se sale del paisaje común e ingresa en el paisaje humano.
Que lo diga Heidegger:
“-..Holderlin es el elegido. ¿Será, con todo, posible sacar de la obra de un solo poeta la esencia universal de la Poesía, dado que lo universal, -lo omnivaledero-, no podemos alcanzarlo sino mediante consideraciones comparativas que requieren a su vez tener delante el mayor número posible, y el más variado, de obras y género poéticos?”. Una respuesta tomada del texto que citamos: “Y para que la Historia resulte posible, se le ha dado al hombre la Palabra”. Este cierre magistral deja muy mal parados a ciertos protagonistas que vienen arrastrando más de cien años de conjuras, sueños inveterados, países fracasados, dolores incurables.
4.- El retorno
Lazo Martí sentía la ciudad desde lejos. Se refugiaba, a través sus cantos, en el monte, de allí el rasgo nativista. Pero todo nativista no es más que un romántico, un yo sometido por el arraigo al paisaje, al lugar estricto de su nacimiento, al topos de su ombligo. Y tanto hizo por la tierra de sus padres, que se armó con palabras para acompañar en una aventura guerrera a uno de los tantos que se decía revolucionario. Enfrentó a quienes robaban el erario público y el alimento de la ciudadanía y los soldados. Los llamaba “chusma”, revoltillo humano donde los valores han sido apagados por la sombra del crimen. Y por todas esas razones, se veía de nuevo en las veredas de su comarca. Por eso exhortaba a retornar, a regresar, a volver a la pureza del aire, a los ríos, a la sabana, al cielo abierto de la llanura, a su centro vital. Y lo logró. El paisaje de Calabozo, de la llanura que rodea su ciudad, es Lazo en voz. Cada magistratura de su tono revela su paso por la tierra. Que no quede duda: Francisco Lazo Martí pudo haber sido personaje de aquellos folletines y grandes novelas de la naciente burguesía europea. Que nadie lo dude: la vida de Lazo aún no se ha novelado. Queda ver por dónde empezar, dónde encontrarle el filón a este personaje que se agita en las tolvaneras, que resulta un clásico de las aún angustiosas horas de nuestro país, visto desde afuera, pero sin lograr verle sus adentros. A un siglo de aquella agonía, de aquel apagar de ojos, regresamos a nuestra tierra. Nos bañamos con el polvo de la sabana. Nos ahogamos con la dimensión de su extravío. ¿Quién sueña que soñó? ¿Quién soñó que sueña? El llano arriba, el cielo abajo. Una ola inmensa viaja hacia el poniente. ¿Caerá el cielo y se hará sueño? A dos voces, Machado y Lazo:
DR. FELIPE HERNÁNDEZ G. UNESR. felipehernandez56@yahoo.es
(SE APROBÓ REALIZAR EN EL ESTADO GUÁRICO LA XXXVIII CONVENCIÓN NACIONAL DE CRONISTAS 2011, COMO POSIBLES SEDES FUERON PROPUESTAS: SAN JUAN DE LOS MORROS O VALLE DE LA PASCUA)
La Asociación Nacional de Cronistas Oficiales de Venezuela (ANCOV) realizó su XXXVII Convención Nacional en la Isla de Margarita, específicamente en la ciudad de Juan Griego, municipio Gaspar Marcano del estado Nueva Esparta, durante los días 18, 19, 20 y 21 de junio del corriente año. Los distintos espacios del Hotel - Villa El Griego sirvieron de escenario para la realización de las actividades. Asistimos a este importante evento, atendiendo la formal invitación que nos extendiera su Junta Directiva, en la persona del Presidente: Don Anselmo Castillo Escalona y el Secretario General: Profesor Alberto Pérez Larralte.
La Asociación Nacional de Cronistas Oficiales de Venezuela (ANCOV) nació en el año 1968 en la ciudad de Valencia, estado Carabobo, es decir que tiene 41 años de fundada. En esta oportunidad (2009), dicha convención fue realizada en homenaje a Ángel Félix Gómez, cronista neoespartano, y a los desaparecidos Guillermo Bass Méndez, cronista de la ciudad de Puerto La Cruz y Miguel Elías Dao, cronista de Puerto Cabello.
Durante los cuatro días que duró la Convención se consideró la agenda siguiente:
A.- La problemática general propia del quehacer de los cronistas en cada uno de los municipios que representan, especialmente en cuanto a la posibilidad de contar con espacios apropiados desde donde despachar y atender los requerimientos de los usuarios y demandantes de información, archivos para preservar los documentos, bibliografía y hemerografía que son las fuentes de donde se nutre la pequeña historia local, expresada a través de las crónicas.
Se reiteró que el cronista como funcionario se debe a la cámara municipal, -que es el organismo que lo designa-, por lo que debe tener el reconocimiento y el respeto de los representantes municipales y demás entes públicos, así como un verdadero apoyo para atender los requerimientos propios de su oficio, en cuanto a publicaciones periódicas, realización de eventos y viajes.
Se hizo énfasis en la función del cronista, destacándose el carácter académico que esta tiene. Para lo que se requiere un perfil personal y profesional, una obra conocida y reconocida por la comunidad a la que se sirve o aspira servir, teniendo siempre como norte no solamente la cotidianidad, sino también el devenir, para saber y entender de donde venimos y hacia donde va el país, el estado y el municipio que se representa; sabiendo que hay un ritmo y un pulso nacional que es quien indica hacia donde va la historia. De ahí, que la obra del cronista debe estar orientada por una vocación que actúe como precepto generador de una mística, para que esta a su vez genere una ética.
En líneas generales, el Encuentro constituyó un medio para el intercambio de ideas y experiencias entre los cronistas municipales de las diferentes regiones del país, habida cuenta de la importancia que reviste la función y el papel que incumbe al Cronista como vocero del diario acontecer de su municipio, máxime cuando la novísima Ley Orgánica del Poder Público Municipal asigna para el Cronista Municipal un rango de especial significación en el contexto de la organización, estructura y funcionamiento de las municipalidades, como órgano auxiliar de las mismas.
El día jueves, 18 de junio después de la Instalación de la directiva de la Convención y de la Junta Electoral. Se finalizó con una sesión solemne en la ciudad de La Asunción, en la sede del Consejo Legislativo del estado Nueva Esparta, donde se instaló oficialmente la XXXVII Convención de Cronistas. En ella participó el Gobernador, señor Morel Rodríguez.
B.- El día viernes 19/06/2009 se iniciaron las actividades con la lectura de ponencias. En ella leí el trabajo titulado: Elegía a don Guillermo Bass-Méndez. Luego se instalaron seis mesas de trabajo para analizar la posición de los cronistas ante la problemática del patrimonio y el acervo cultural de la nación. Las mesas trataron sobre: a) El IPC y los catálogos municipales, b) el papel de las bibliotecas, museos y casa de la cultura, c) Ordenanza del cronista, d) Arquitectura y medio ambiente, e) Legislación cultural y patrimonial, f) El deber ser del cronista.
Fue muy enriquecedora la experiencia de la mesa sobre El IPC y los catálogos municipales, donde participamos junto a los cronistas: Alicia Borthomieurth (San Antonio de Maturín), Maximiliam Koop (Lecherías), Argenis Méndez Echenique (Apure), Juan Gómez (Río Chico), Esther Quijada (La Asunción), Eduardo Maurera (Aguasay), Coromoto Méndez (Petare), entre otros.
Para terminar este día se cerró con una noche margariteña, obsequio del Alcalde del municipio Gaspar Marcano, Dr. Ibrahim Velásquez quien agasajó a los 187 cronistas asistentes, con una noche margariteña a la usanza típica de la región, amenizada por grupos y cantores locales y regionales cuyos atuendos, escenografías, la música y las danzas dieron a la velada de una categoría digna de esa tierra maravillosa.
C.- La elección de la Junta Directiva para el período 2009-2011 se realizó el día sábado 20 de junio. La comisión electoral designada por los cronistas asistentes estuvo integrada por la Directora del Archivo de la Diócesis del estado Mérida, doctora Milagros Contreras, la Secretaria de la Directiva Nacional de la ANCOV, profesora Violeta Rangel, y quien escribe esta crónica.
La nueva junta directiva de la ANCOV para el período 2009-2011 quedó integrada por los cronistas siguientes:
Presidente: Profesor Heraclio José Narváez, (Municipio Península de Macanao, estado Nueva Esparta), Vicepresidente: Américo Fernández, (Municipio Heres, estado Bolívar) Secretario de Organización: Henry Nadales (Municipio Pedraza, estado Barinas), Secretario de Prensa y Relaciones Institucionales: Verni Salazar (Municipio Antonio Díaz, Nueva esparta), Secretario de Finanzas: Tirso Díaz Nieves (Municipio Obispo, estado Barinas), Secretario de Patrimonio Cultural: Coromoto Méndez Sereno, (Municipio Sucre, estado Miranda), Secretario de Patrimonio Natural: Alexis Coello (Municipio Juan José Mora, estado Carabobo) y los suplentes: Carlos López García (Municipio Monagas, estado Guarico), Argenis Méndez Echenique (Municipio San Fernando, estado Apure) y Antonio José Trujillo Cruz (Municipio Miranda). Además, en el Tribunal Disciplinario: Gladys Lozada de Pérez (Presidenta), Jesús Cano (Secretario), Adrián Aparicio Molina (Vocal), y los suplentes: Eduardo Maurera y Ángel Romero; y Eddy Ferrer, Contralor Interno.
Para cerrar el día sábado, por la tarde y noche, hubo un recorrido por algunos sitios históricos de Margarita, destacando entre ellos, la visita al Santuario de la Virgen del Valle.
D.- El Documento Final de la XXXVII Convención de la ANCOV o Declaración de Margarita, expresa lo siguiente:
1.-Adherirse al júbilo que embarga a la comunidad neoespartana por la celebración del Centenario (100 años) de la continuidad en el uso del nombre del estado Nueva Esparta.
2.- Expresar irrestricto apoyo al gobierno de estado Nueva Esparta y de su Consejo Legislativo en la petición formulada ante el Instituto de Patrimonio Cultual para restaurar el Convento de San Francisco, sede del Consejo Legislativo.
3.- Apoyar la decisión del Concejo del Municipio García de declarar Monumento Natural a la Cueva del Piache, Santuario de los Guaiqueríes.
4.-Apoyar la solicitud del pueblo de Nueva Esparta para que se continúe la restauración de la Iglesia de Santa Ana del Norte, templo en el cual nuestro Libertador Simón Bolívar fue designado Jefe de los Ejércitos de Venezuela y Santiago Mariño su segundo y; donde se declaró el nacimiento de la Tercera República.
5.- Apoyar al Municipio Marcano en su decisión de crear un bosque comunal, identificado con el nombre de Don Heraclio Narváez Alfonzo, en el cual los cronistas de Venezuela sembrarán un árbol de sus respectivos estados.
6.-Gestionar ante los Concejos Municipales del país la aprobación de la Ordenanza del Cronista, con la cual se orientará las funciones, facultades y deberes del cronista, con el fin de mejorar la labor del ciudadano que registra el acontecer, las manifestaciones sociales con las que se reconstruye la historia local, regional y nacional en cada municipio.
7.- Realizar la XXXVIII Convención Nacional del año 2011 en el estado Guárico, proponiéndose como posible sede, San Juan de los Morros o Valle de la Pascua.
Por el estado Guárico, asistimos: don Italo Jiménez Laya (Camaguán), doctor Carlos López Garcés (Altagracia de Orituco), señor Pedro Castillo García (Chaguaramas), Profesor Fernando Rodríguez Mirabal (Ortiz), Profesora Soraya González (San José de Guaribe), don Josue Jiménez (Cabruta), y quien escribe esta crónica, por Valle de la Pascua, como invitado especial.
Wilcho Castillo es el arquitecto de San Juan de los Morros, su constructor actual más prominente. Esa percepción nos la da su participación activa en el proyecto urbanístico del impresionante Complejo Deportivo Conopoima ; pero por sobre todo el diseño de la manga de coleo, la Joya de la Corona. Esta última, techada totalmente yla más extensa del país, con gradas dignas de un anfiteatro griego y granprestancia en su fachada general, tiene una serie de hermosos espacios aledaños que evidentemente permitirán el desarrollo comercial y cultural de la ciudad. Wilcho, con postgrado en Inglaterra y amplia experiencia en el ejercicio de su profesión a lo largo de la geografía del país, tiene en la capital de Guárico el centro de sus inspiraciones y sueños arquitectónicos. Lo guía Carlos Raúl Villanueva, quien expresóque el hombre necesita de la ciudad para poder pensar, reunirse, trabajar o distraerse. Por eso acepta que proponer un esquema de ciudad equivale, por lo tanto, a proponer un esquema de sociedad.Castillo define su arte como compenetración del hombre con la naturaleza, reflejo de su cultura, forma de ver la vida que a la vez influye dialécticamentesobre el pensamiento: la majestuosidad y belleza de una edificación o de un parque modela la conducta humana de manera positiva. Nuestro amigo constructor es un amante de los libros, los cuales asocia a su trabajo. Comparte con Montesquieu el criterio sobre la literatura: una hora de lectura elimina cualquier pena.En Doña Bárbaraveel libro de su adolescencia, mientras que a Cien Años de Soledad la compara con una obra arquitectónica donde lo muy complejo se combina magistralmente con lo sencillo. Peroa Borges lo siente más cercano a su oficio, porque el genial argentino afirmó que por los patios entra el cielo a las casas. Entonces no es casual en los esbozos de Wilcho la presencia de espacios abiertos. Por eso también afirma no entender porque las soluciones habitacionales ignoran los corredores. En sus relatos autobiográficos Simón Díaz dice que San Juanes una de sus ciudades más queridas, junto a su Barbacoas natal y Caracas, y la estima con gran futuro urbanístico. El poeta Ángel Eduardo Acevedo cree que ese crecimiento de San Juan pasa por la reposición de sus repechos de piedra, sus almendrones y cotoperíses. Wilcho toma muy en cuenta las ideas de los creadores citados y propone anexar una visión ecologista a la hora de terminar la avenida Brito Figueroa, la construcción de la avenida por los bordes de los morros, el viaducto de Las Palmas junto al parque de su redoma yel acceso hacia Pariapán.
La nueva manga de coleo sanjuanera, producto de los trazos arquitectónicos de Wilcho Castillo, es una obra monumental, majestuosa e imperecedera. Podemos agregar que su ubicación cala perfecta y armoniosamente en el paisaje orográfico de la ciudad.
Acompañé a mamá, hoy una anciana de muchas canas, a la necrópolis de la ciudad. A sus años y con su frágil bastón de madera, ya no pude venir sola a estos lugares. Ella viene a depositar una flor y dos lágrimas en la tumba de su padre, un francés de la ciudad de Lyon que combatió en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, y que vino a parar en este rincón del mundo quien sabe Dios como ni por qué. Mientras mamá se ocupaba de remover escombros, recuerdos y suspiros, yo husmeaba por los alrededores, harto fastidiado, leyendo fechas de nacimiento, de defunciones y apellidos. "No me gustan estos camposantos" pensaba. "Son los depósitos sin fondo de los caprichos de la muerte." Por eso quiero que me cremen y echan mis cenizas donde nunca sean vistas ni encontradas. Así andaba cuando me tropecé con un nombre y una fecha familiares: Israel Ranuarez Balza, 1922-1974. Se trata del Doctor de quien nuestro hospital toma su nombre. Apenas remontaba los cincuenta. Quien sabe cuanto no habría dado de haber vivido más.
¿Qué podría yo decir de este insigne personaje, padre del amigo y cronista Argenis Ranuarez, sin evidenciar que me quedo corto a la hora de abordarlo con mi pluma ignorante? Diría, pidiendo disculpas por la falta de cosecha propia, lo que ya otros han dicho, lo cual no es del todo malo, porque a veces en la patria de Bolívar olvidamos al benefactor para aplaudir lo efímero, la mediocridad y la estulticia. Es bueno que traigamos a la memoria a aquellos que dejaron huella, los que jamás deben terminar hundidos en los océanos siempre crecientes del tiempo y del olvido. El hombre bueno debe perdurar en la mente del colectivo con la eternidad de un Dios. El hombre bueno y productivo es la verdadera identidad de un país, por no hablar de su progreso.
Dice Lorenzo Rubín Zamora que Israel Ranuarez Balza era una "persona fina, cumplida y de reconocida honorabilidad." Continúa diciendo el autor que Israel fue un profesional de la medicina, egresado de la UCV en 1946, y que inició su carrera aquí, en San Juan de los Morros, el amado terruño. En efecto: En la Avenida Sucre, unas casas más abajo de la humilde vivienda donde vivió la querida y siempre recordada Joséfa García del Nogal ( la entrañable "Pepita" ) se encuentra la casa que habitó y una placa conmemorativa que señala el hecho.
Nuestro biografiado ocupó además la Medicatura Rural de Cantagallo, la Especialidad de Anestesista en el Hospital Guarico y médico del IPASME. Sigue diciendo Lorenzo Rubín Zamora: "Como consecuencia de las últimas elecciones nacionales, resultó elegido concejal por el Distrito Roscio; y, al reunirse la Cámara, fue nombrado Presidente del Ayuntamiento"
En un merecido homenaje que se le hiciera al talentoso percusionista "Angelito Pérez" el 15 de mayo del año en curso, éste comentó en una especie de breve sollozo como el Dr. Israel Ranuarez Balza fue el "médico de cabecera" de su familia. Y es que sin denigrar a nuestros profesionales que dan lo mejor de lo suyo para arrebatarle a la muerte la vida de sus pacientes, es necesario reconocer que los antiguos profesionales de la medicina se tomaban sus labores y sus voluminosos libros con la vocación y la mística de los apóstoles y evangelistas de antaño.
Yo asocio a Israel Ranuarez Balza con mi primer encuentro con el eterno misterio de la muerte, y a continuación explicaré la causa: Era una mañana o una tarde de 1974. No llegaba yo a los diez años de edad. Estudiaba en el querido y siempre recordado Grupo Escolar "República del Brasil." Ese día las autoridades del plantel lo dieron libre. Siendo el niño despistado que todavía soy de adulto, no sabía la razón de ese día libre. "¿Que pasa?" pensaba yo entre el barullo y griterío infantil. Salí por los portones de la escuela sin saber por qué. Entré junto a otros niños al palacio de gobierno sin saber por qué. Y de repente ( sin saber por qué ) me encontré frente a un féretro al que montaban guardia.. La atmósfera era ceremoniosa y pesada. Al vernos, un amable señor de traje gris, enjuto de carnes y algo mayor, nos invitó con un gesto casi afectuoso y social a que pasáramos adelante. Entonces yo, todavía sin saber por qué, di varios pasos y me asomé tímidamente al féretro abierto. Ni susto ni terror, tan solo me embargó una sorpresa que nunca más volví a sentir: Lo que vi fue una rígida seriedad casi académica labrada en dura piedra solemne, a un personaje sacado de algún museo de cera, y un color como de otro mundo que no se encontraba en ninguno de mis muchos creyones de la educación primaria. Un ser, en fin, que en su rigidez inspiraba respeto.
Regresé a casa y, hasta el solo de hoy, nunca dije nada de mi primer encuentro con el Misterio encarnado en ese roble yacente que fue Israel Ranuarez Balza..
En los locales de Cellunerg, al frente del Modulo de la Morera, existe un folleto donde el cronista e hijo de nuestro biografiado, recoge con cariño y nostalgia en párrafos y fotografías la trayectoria de Israel Ranuarez Balza, y que puede ser consultado por el público que quiera saber mas de nuestro personaje.
3 de Noviembre de 2008
Imagen tomada de http://www.diariolaantena.com.ve/sucesos/sucesos.php
En el mes del artista nacional recordamos a Napoleón Baltodano, quien nace en la ciudad de Managua (Nicaragua) el 1º de septiembre de 1895. Llegó a Venezuela en 1929, como director musical de un circo de atracciones, procedente de Costa Rica, y en la oportunidad de marcharse dicho circo, fue contratado para prestar servicios en la Banda Marcial de Venezuela, como primera trompeta, bajo la dirección del maestro Pedro Elías Gutiérrez. En 1930 contrajo matrimonio con María Cristina Gómez, de cuya unión procrearon nueve hijos. En 1940, siendo todavía integrante de la Banda Marcial, funda su propia orquesta., la cual bautizó con el nombre de “Las Estrellas Melódicas”. Ese mismo año se inspiró y compuso en letra y música su conocido y popular merengue ‘‘Brujería”, el cual ha sido difundido e interpretado en diferentes latitudes del continente, teniendo también en su haber numerosas composiciones.
Más adelante, en 1948, el gobernador del estado Guárico, solicitó, por intermedio del maestro Pedro Elías Gutiérrez un profesor de la Banda Marcial con capacidad y aptitud para la creación y organización de bandas musicales para Jóvenes y niños, esta designación recayó en Napoleón Baltodano, actividad a la cual consagró todo su empeño y vino a llenar el último capítulo de su existencia. En Valle de La Pascua cumplió su cometido. Luego pasó a Altagracia de Orituco. En Tucupido permaneció siete años, formó una excelente banda, que tuvo actuación en diferentes ciudades del país, poniendo en alto el nombre de esta población guariqueña y disfrutando de los mejores éxitos y admiración. Allí mismo ejerció la cátedra de música en la Escuela de Arte y Oficios “Victorio Cabeza”. De aquí pasó a San Fernando como director de la Banda del estado Apure, luego pasa a Calabozo. En 1960 llega a El Sombrero, donde crea y forma una banda con jóvenes estudiantiles y niños. Aparte de innumerables alumnos, ya consagrados dentro de los diferentes estilos musicales, desfilan por el ámbito nacional e internacional, integrando orquestas y grupos afamados, sus hijos cultivan la música como herencia: Ricardo, Lalo, César Baltodano y Rolando Briceño, quien está radicado en New York, cultiva el jazz latino. Napoleón Baltodano muere el 5 de abril de 1970, a la edad de 75 años. Por su expresa voluntad quiso ser sepultado en El Sombrero en cuyo cementerio sus restos mortales descansan para la eternidad. Rindo esta corona póstuma al cumplirse 39 años de su fallecimiento. Paz a su alma.
El poeta Manuel Figueroa nació un 3 de Febrero del año 1928 en un pequeño poblado denominado Atapirire Municipio Miranda del Estado Anzoátegui, cuya capital es Pariaguan. .Fueron sus padres El Coronel Félix Manuel Figueroa y Doña María de Figueroa. De dicha unión nacieron Matilde Antonia (Religiosa de la Congregación Nuestra Señora de la Consolación), José Rafael, Nicolás Ramón, Pedro Manuel, Maruja, Adalberto, Felito y Catalina. Al tener pocos meses de nacido sus padres decidieron establecer residencia en Tucupita, hasta el día en que su padre fue nombrado Jefe Civil de Soledad en donde el poeta comienza sus estudios de Preescolar con el Maestro Don Pedro Marin.
Sus Primeros años de Educación Primaria los realizó en Ciudad Bolívar, en el Colegio " La Milagrosa" de los Padres Paules situado en la Calle Constitución. En el año 1940 la familia Figueroa se residencia en Caracas y el poeta decide continuar con sus estudios inscribiéndose en el Colegio " José Antonio Páez" de la Sra. Romualda Manduca.
Un año más tarde se mudan para la Victoria Estado Aragua donde culmina su educación primaria en el Colegio "José Félix Ribas" teniendo como maestra a la Sra. Luisa de Antonime.
Su primer y Segundo año de Bachillerato lo aprobó en el Colegio" Santa María. Luego tuvo que abandonar sus estudios debido a la situación económica que estaba atravesando su familia. Comienza para el poeta una nueva vida teniendo que trabajar duro junto a su hermano mayor José Rafael para mantener el hogar. Se hizo panadero, trabajó en una hacienda llamada" Santa Teresa", laboro en unos hornos de Tabaco, fue peón de Albañilería, Cobrador y Oficial de Estadística en la Prefectura del Distrito donde su hermano mayor José Rafael era Secretario de dicha institución.
Posteriormente realizo estudios en Malariologia de Visitador Social y era el que Clasificaba los Insectos; ejerciendo una gran labor en la campaña realizada por el Dr. Arnaldo Gabaldón.
Después del Golpe de Estado del 18 de Octubre de 1945 el Sr. Félix Manuel es nombrado Jefe Civil de San Juan de los Morros donde decide radicarse con toda su familia.
Al cabo de unos meses el Jefe Civil se saca el Primer Premio de la Lotería de Caracas y se gana Bs. 10.000,00. Con ese dinero se compro La Pensión Victoria ubicada en plena Avenida Bolívar donde estableció la residencia. . El Poeta continuo trabajando, fue agente nombrado Mercedez-Benz. Durante los años 60 y 70 el poeta incursionó en la política defendiendo el Socialismo. Fue Victima de 8 Prisiones y 2 Torturas pasando mas de 2 años preso el la Cárcel de Tocuyito. Trabajo un año en el Grupo Escolar Estados Unidos de America en la ciudad de Calabozo.
Trabajo mas tarde en la Farmacia " Las Mercedes" con su cuñado el Dr. Augusto Pérez Medina. Fue tanta la superación en el Ramo de la farmacia que empezó a recetar a toda la gente que solicitaba de sus servicios. A los 9 meses su cuñado lo hizo su socio industrial con el 33% de la utilidad de la farmacia más alojamiento y comida. Para ese momento compraba ganado y lo depositaba en el fundo La Tigrera propiedad de su Cuñado. Fundo el hato " La Camejera" el cual decide vender mas tarde para fundar la Comercial Figueroa negocio de víveres. Fundo luego en San Juan de los Morros un negocio donde vendía acerolit y todo lo relacionado en el ramo de la construcción. De su primera Esposa nació su hija María Josefina.
Mas Tarde contrajo nupcias con Vivina Guevara nativa de Las Mercedes del Llano con quien procreo 4 hijos: Carlos Vladimir, Manuel Antonio (El Gordo), Félix José, y Ucrania Coromoto, Además crió a Luis Guevara y Crisálida. Reconoció como hijos ante la ley a los morochos Carlos Luis, Marcos Luis, Saimar Yamelis y por último los morochos Juan Félix y Juan Manuel.
Escribió 5 libros titulados: Romance, Conozcamos a San Juan de los Morros Capital del Estado Guarico Resumen Histórico Poético, El Mensajero del Alma, Recordar es Vivir, y quedo uno sin publicar denominado Amor, Paz y Revolución. Efectuó Conciertos Poéticos Musicales en los diferentes Municipios de nuestro Estado. Escribió más de 400 Poemas incluyéndole los estilos Lírico, Folklórico y el de Protesta.
Este poeta de reconocida trayectoria se nos fue de viaje al Paraíso terrenal, el pasado Martes a eso de las 9 y 15 de la noche dejándonos un gran vacío a todas las personas que laboramos en la Cultura Guariqueña.
Poeta, médico y cronista oficial de Las Mercedes del Llano
Se marchó Don Manuel Figueroa, poeta, político y cantante. Vino al mundo en Atapirire, Estado Anzoátegui, el 3 de febrero de 1928; pero su vida transcurrió entre Las Mercedes del Llano ySan Juan de los Morros, pueblos a los que dedicó gran parte de su producción lírica, la cual inicio en 1996 con el libro Romance. Esa obra constituyó una selección de muchos versos, escritos y reescritos en múltiples ocasiones durante largo tiempo. Allí trazó estrofas amorosas, folklóricas y de protesta. Tuvo influencia de los románticos españoles Bécquer, Campoamor y Muñoz de Arce. También de los cultores del folclorismo venezolano y de nuestros clásicos, como Bello, Pérez Bonalde y Lazo Martí. En el2001 publicó su segundo libro: Guía Turística deSan Juan de los Morros, obra única en su género que recoge la historia de la capital del Guárico, junto a la de sus monumentos e instituciones .Tambiénmenciona algunos personajes prominentes, o simplemente populares. La peculiaridad del libro radica en el hecho de que el comentario es luego reforzado con imágenes yversos. “Quiero escribir a San Juan para sentir un recuerdo, para añorar momentos felices de mi vida, para soñar, para vivir…”. Escribió en esa ocasión.
En El Mensajero del Alma (2002) recoge varios ensayos junto a muchos poemas. Son especialmente tiernos los versos dedicadossu madre, doña María de Figueroa. Carlojuvenal, prologuista del texto figueroano destaca en ellos los conceptosde justicia, equidad y sentido del amor. También se refiere al tema femenino, abordado por Figueroa “desde dos perspectivas fundamentales: la mujer como esencia de erotismo y la mujer como fuente reproductora capaz de amar, de guiar y construir”.
Recordar es Vivir (2003) se lo dedicó a Las Mercedes del Llano: “Tierra fértil y acogedora, la tierra de los recuerdos y de la nostalgia, de la inspiración y de la añoranza, de la pasión y del amor; llega a mi mente con el calor radiante de una quimera, con el deseo infatigable de paz y de tranquilidad a mi espíritu en el tortuoso camino de la vida, para saciar mi sed espiritual y expresar mis sentimientos hacia un pueblo, que junto con San Juan de los Morros, constituyen o han formado mis dos patrias chicas por adopción. Las Mercedes, tierra de Dios, nació para no morir, para extender sus brazos y su bondad a todos sus moradores, para dar cariño, para sentir la felicidad de ser ungida por el Señor, para proporcionar el bien a propios y extraños”.
Don Manuel dedicó su extensa e importante obra lírica a su también extensa prole: Josefina, Carlos Vladimir, Manuel Antonio, Félix José, Ukrania Coromoto, Luis Rafael, Crisálida del Valle, Calos Luis, Marcos Luis, Saymar Yamelis, Juan Félix y Juan Manuel. Porque los hijos también son poemas, decía.
Conocí a Don Manuel durante las conversaciones que sostenía con mi padre, Alfonso Malaspina, de quien era compadre. En la farmacia Las Mercedes, era típico su gesto de escrutar las presentaciones medicamentosas, no a través de loscristales de sus lentes, sino por encima de los mismos. Era farmaceuta autodidacto. Una vez fue presidente de las fiestas patronales de pueblo. Entonces sorprendió gratamente a los mercedenses, cuando desde una tarima entonó con hermosa voz un tango gardeliano.Trabajamos juntos en el ámbito de la cultura y sostuvimos largas conversaciones sobre medicina, poesía y filosofía. Era excelente contertulio y manejaba cualquier situación difícil confino humor y optimismo. En política fue fundador del MIR guariqueño y mantuvo siempre sus ideas izquierdistas y de equidad social.
Una vez Don Manuel hizo la siguiente reflexión: “La vida será ingrata, pero es dulce, porque se siente en lo más íntimo la satisfacción y el deseo de continuar viviendo; nunca deseamos morir y antes por el contrario, pedimos con vehemencia continuar viviendo y si es posible eternamente”. Y Don Manuel vivirá eternamente, porque amó y trabajó constantemente la poesía; y como dijo un bardo, se hace poesía para que la muerte nunca tenga la última palabra.
Pocos hombres han tenido el privilegio de trascender el ámbito de la cotidiana existencia, como el Dr. Julio de Armas Mirabal. A cien años de su nacimiento, se impone la necesidad de hurgar en el pasado inmediato, para rescatar con urgencia, la impronta de este venezolano ejemplar del siglo pasado, que llenó de glorias nuestro gentilicio, con su talento y virtuosismo, como médico, catedrático, escritor y diplomático. En el marco del IX Congreso Nacional de Historia de la Medicina, celebrado el 28 de Octubre del año próximo pasado en el Palacio de las Academias de la Ciudad de Caracas, se le rindió merecido homenaje, en conmemoración del centenario de su natalicio. Disertó sobre su vida y obra, el también medico e historiador guariqueño Edgardo Malaspina, quien en magistral discurso fue delineando como al óleo, el personal perfil de su coterráneo y colega. Mas recientemente, en el I Primer Encuentro de Cronistas, Historiadores e Investigadores del Estado Guárico, realizado en el Municipio San Jerónimo de Guayabal, Malaspina, presentó esta vez la obra completa, un extraordinario fresco donde se destacan prístinos, los rasgos más sobresalientes del aureolado guariqueño con el rótulo: JULIO DE ARMAS: Esbozo Biográfico. Fue oportuna la ocasión para que este biógrafo, con emocionadas palabras volviera a insistir magistralmente sobre el personaje.
Para quienes aún vivimos en esta tierra promisoria, plena de historia y de mágico discurrir, tal acontecimiento nos llena de orgullo e inmensa satisfacción. Empieza a vislumbrarse en el horizonte la encomiable tarea de arrebatarle al olvido, la vida de venezolanos insignes que desde la provincia, abonaron solis patrio con significativas ejecutorias, fomentando: el saber, el progreso y el bienestar de los pueblos. Julio de Armas Mirabal es uno de ellos. Su nombre es epónimo del primer liceo de Guayabal, fundado hace 37 años y de muchas otras instituciones en el país. Hijo de Julio de Armas Matute y de Juanita Mirabal. Nació en Guayabal, Estado Guárico, el 25 de octubre de 1908. Aunque su permanencia en este pueblo llanero fue breve, nunca perdió el vínculo raigal. Todavía sobreviven familiares y amigos cercanos, que así lo testimonian. También sus esporádicas visitas en la plenitud de su vida, dan fe del especial afecto que sentía por esta comarca que lo vio nacer. Al respecto, José León Tapia (2009) al referirse a su entrañable amigo, nos dice: “…Julio De Armas Mirabal fue un venezolano auténtico, de espléndida sencillez en todos los actos de su existencia, hasta cerrar su círculo con la Presidencia de la Academia Nacional de Medicina, el mas alto honor a que puede aspirar un médico. Lo conocí y admiré desde mis años universitarios, recorrí a su lado esta llanura barinesa hablando de Venezuela, de guerra, de caudillos, ganados, caballos, de la medicina nacional en profunda decadencia ética, humanística y humanitaria y hasta recordamos las coleaderas de toros en los días cuando en un alazán melao despejaba plaza en la manga de Guayabal, para no olvidarse nunca que era hijo de ese pueblo… Eso era Julio De Armas, médico internista, escritor, humanista, hombre público descendiente de lanceros independentistas, de sentimiento venezolano por sobre todo otro sentimiento. Un ser tan enteramente nuestro, que se identificaba con el alma nacional que no perece nunca”. Este Guayabalero cursó la educación primaria en el Colegio Nacional para Varones de Zaraza. Se trasladó hasta Caracas donde completa sus estudios de secundaria, obteniendo el título de Bachiller en Filosofía y Letras (1925); en el liceo Caracas, para la época, dirigido por el afamado novelista Rómulo Gallegos. Allí comparte aula, con otros condiscípulos, que a posteriori, se convertirían en connotados representantes de la Generación del 28. Se matricula como estudiante regular de la Facultad de Medicina en 1926, de donde egresa con excelentes calificaciones en 1932, con el título de Dr. en Ciencias Médicas, una vez que presenta y defiende, ante un calificado jurado, su trabajo de grado: “Las leches de consumo y su problema en la higiene infantil”. De su padre le vino el amor o inclinación por la medicina.
Su progenitor, llegó a ser reconocido como un prestigioso e innovador galeno y farmacéutico, con estudios de complementación y actualización en el exterior. Ejerció la medicina con verdadera y abnegada vocación en muchos pueblos llaneros: San Fernando, El Chaparro, Zaraza, Santa María de Ipire y también en Caracas y Maracay. Siguiendo los pasos de su amado padre, Julio César de Armas Mirabal, se proyecta en el tiempo con mayor fuerza. Como médico no se limitó al ejercicio tradicional de la profesión; las habilidades y destrezas adquiridas durante su formación universitaria - en el ámbito de la parasitología y la microbiología - las aplicó en muchas de sus investigaciones orientadas a desentrañar las causas de los males endémicos que diezmaban la población rural, particularmente aquella asentada en el asoleado y asolado campo venezolano de la década de los cuarenta, del pasado siglo.
El joven galeno hizo del llano un inmenso laboratorio para producir nuevos conocimientos. Así lo reconoce Malaspina (2009) “…Julio de Armas vuelve a su llano, mirándolo como objeto de investigación científica, analizándolo desde el punto de vista médico y como un conjunto problemático socioeconómico. Le interesa la salud de sus hombres, la higiene ambiental y la perspectiva de la introducción de normas y mejoras que permitan superar ese estado depresivo delos llanos como grupo humano”. Su extenso legado bibliográfico fraguado durante años de sostenida y obstinada investigación, resulta sorprendentemente desconocido aún, por buena parte del gremio médico. Quedará para las nuevas generaciones de historiadores, sociólogos, folklorólogos, sanitaristas, valorar y analizar en su verdadera magnitud, la importante obra de este ilustre hombre guariqueño, que con humildad y sabiduría, se convirtió en referencia conspicua del siglo xx. Su figura señera, su pensamiento y su estampa de recio hombre se acrecentarán en el dilatado horizonte llanero en los años por venir. De su producción intelectual, señalamos a continuación algunas de sus obras, para que se tengan como bibliografía de obligada consulta: Presencia de un hombre. Biografía de mi padre; Hombres y Palabras; El Problema de la Insalubridad rural en el Estado Guárico; La ganaderíaen Venezuela; Camino Real; Campaña de sanidad militar en Turismo; Un caso de perforación agudade úlcera gástrica; Al margen de la borrachera y sus causas; Consideraciones diagnósticas dela sífilis esteorticular hereditaria; Sobre algunos trastornos anafilácticos en laverminosis intestinales; Tratamiento actual de la flebitis; Observaciones sobre la peste loca encéfalomielitis equina en el Estado Guárico; Curiosa trayectoria de un proyectil; Contaminación de la leche por bacilo de Koch; Conceptos antiguos y modernos sobre escrofulismo y sus relaciones conla tuberculosis y la sífilis; Discurso de Recepción como DoctorHonoris Causa de la Universidad Santa María; General Florencio Jiménez Madrid.
Este prominente guayabalero fue Rector de la Universidad Central de Venezuela por disposición del gobierno de Isaías Medina Angarita (1948-1951); Individuo de Número y Presidente de la Academia Nacional de Medicina (28 de Julio de1949); Embajador de Venezuela en la República de Argentina (1959-1962); Ministro de Educación (1958-1959); Director del Banco Central de Venezuela(1943); Diputado en el Estado Aragua (1936-1937); y Congresista Nacional (1940-1944); Presidente del Hipódromo (1944); Directivo del Ipasme. Por su labor intelectual y científica recibió innumerables condecoraciones y galardones: Orden de la Legión de Honor de la República Francesa; Premio Nacional al Mérito Agrícola; Dr. Henry Pittier, entre otras.
Fue Director del Hospital Vargas (1940-1942) y también prestó servicios en el Hospital Universitario de Caracas; Cruz Roja; Policlínica de Maracay, Policlínica de Caracas, IPASME; IVSS. Promovió la fundación de muchas instituciones: FVM, Colegio de Médicos del Dtto Federal, El Teatro Universitario y Estudiantina de la UCV. Como dato curioso, el Dr. Julio de Armas, formó parte del equipo médico que participó en la autopsia y embalsamiento del cadáver del Gral. Juan Vicente Gómez. Casó con Olga Pérez con quien engendró 6 hijos: Julio, Hernán, Edgar, Julio César, Henry y Orlando. Murió en Caracas el 28 de julio de 1990.
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS Y HEMEROGRÁFICAS
.- BOTELLO, Oldman: Guayabal y Cazorla. Apuntes para su historia.
.- MALASPINA, Edgardo: Julio De Armas. Esbozo Biográfico.
Alcaldía de Guayabal. Estado Guárico. 2009.
.- LAGUNA, Darío: Uno de los venezolanos más útiles de este siglo.
Fondo EDT. IPASME. Caracas. 1989.
.-ZAMORA, Rubín: Diccionario Biográfico-Cultural del Estado Guárico.
Gráficas Herpa. Caracas. 1974.
.-LEON TAPIA, José: “Julio De Armas”. El Nacional. 22/07/1990.
Imagen tomada de: http://lasmercedesdelllano.blogspot.com/2009/05/la-sucesion-de-armas-y-la-cultura.html
La partidade José Barreto me ha conmovido .He libado. He escuchado a Mozart. He leído a Letamendi. Y no lo voy aocultar: he llorado mucho. Con el vino celebré al eximio poeta que fue Barreto, quien con sus versos cantóa las alegríasy tristezas cotidianas de la existencia. Mozart me consoló con su misa inconclusa para los difuntos; y el sabio médico español me recordó que la muerte es para filosofar. José Barreto llegó a Las Mercedes del Llano en la década de los setenta del siglo XX proveniente del Oriente del país y se quedó para siempre con nosotros. Personaje inquieto y andariego, tal vez dijo como Don Simón Rodríguez “que él no nació para estar en solo sitio cual los árboles, sino para moverse de un lado aotro como las nubes”. En ese sentido pudo haber pertenecido en la Antigüedad a los peripatéticos de Aristóteles, esos pensadores que estudiaban la naturaleza de las cosas al mismo tiempo que caminaban.
Barreto fue un poeta y escritor de alto vuelo; un filósofo de esquina y aceras como Sócrates; un crítico literario de rápidos análisis; un lector empedernido; un aventurero como El Quijote; un serenatero al estilo de los juglares de los viejos tiempos que componía sus propias canciones, les ponía música y con su guitarra las echaba en los ventanales de los pueblos para que no fuera el viento quien las abrigara, sino el cálido pecho de cualquier Dulcinea...
En las noches mercedenses solíamos reunirnos en los bancos de la plaza, en la avenida o en cualquier sitio sentadosen el suelo. Hacíamos certámenes poéticos que consistían en recitar de memoria versos de bardos conocidos. Andrés Eloy Blanco era uno de nuestros preferidos. Barreto empezaba:
Ya pasaste por mi casa,
a flor de ti la sonrisa
fuiste un ensueño en la gasa,
fuiste una gasa en la brisa
Y yo continuaba:
Te vi flotar en la bruma
que tu blancura aureola
como un boceto de espuma
sobre un pedestal de ola.
Y así seguíamos con Las Coplas del amor viajero...
Otro ejercicio lírico consistía en escribir estrofas rimadas a dos manos. Una vez decidimos referirnos poéticamente al problema del hambre en algunos países subdesarrollados. Yo lancé el primer verso, seguido por el de Barreto, y así hasta completar el cuarteto:
Ya la tierra no produce el fruto y el pan divino
El hombre sólo comulga con una copa de vino
Echamos la culpa a Dios de nuestras imperfecciones
Y esperamos que del cielo nos manden las soluciones.
Con Barreto muchas veces visité en automóviles campos y pueblos en sus labores comerciales, pero también en caminatas por los montes y sabanas. En una ocasión emprendimos una de esos paseos con varios amigos. Nos deteníamos en algún caño para beber agua, descansar y contemplar los paisajes maravillosos del llano. Tal vez en medio del silencio armonizado por el canto de un ave, dijo: “los humanos no encajamos en este cuadro de la naturaleza, estamos demás”. Ese razonar filosófico lo llevó hasta la poesía, y cuyo ejemplo más palmario es su poema Camposanto, impregnado de una atmósfera existencialista:
Con vacilante paso me detuve
ante la misteriosa verja que separa
el humano sentir de la materia
de la cruel realidad que nos depara.
Yace allí la opulencia y la pobreza:
es morada del mal y la virtud;
es el punto final con que tropieza
el humano saber, toda inquietud.
Es la inviolable ley que determina
la búsqueda infructuosa del intruso,
el dogma natural donde declina
la soberbia impotente del iluso.
Barreto siempre se dedicó a la escritura, pero casi todos sus trabajos se perdieron como consecuencia de sus andanzas. Hoy me siento orgulloso de haber publicado parte de su prosa y de su poesía. El relato Candelaria Acosta y el indio Merecure, hilvanado con magistralagilidad y suspenso, puede ser entendido como unaexcelente crónica nativista que refleja la interrelación dialéctica de las razas. Con respecto a los poemasdiremos que su musicalidad los convierte en verdaderas canciones hermosas. Hace algunos días se comunicó conmigo para reiterarme su amistad y aprecio. Ahora, apesadumbrado pos su adiós eterno, le manifiesto iguales sentimientos ante su tumba.
El gran filósofo de Estagira decía que la poesía tiene más verdad que la historia. Por eso termino con un verso que en 1977 le dediqué a José Barreto:
El mismo que en Las Mercedes cantos compone a la luna
I ENCUENRO DE CRONISTAS, INVESTIGADORES E HISTORIADORES DEL MUNICIPIO SAN JERÓNIMO DE GUAYABAL
SAN JERÓNIMO DE GUAYABAL. ESTADO GUÁRICO. CONMEMORACIÓN DE LOS 213 AÑOS DE FUNDACIÓN (1796-2009)SÁBADO 30 DE MAYO DE 2009 ANFITEATRO E. P. B. CARLOS DEL POZO
Durante el período colonial, la corona española ejercía, apoyándose en el pretextado derecho de conquista, el dominio absoluto de las tierras y demás condiciones naturales de la producción en sus colonias de hispanoamérica. En ese sentido, durante el proceso de conquista y colonización, serán las Capitulaciones y Mercedes de Tierras las bases legales que otorgan derecho sobre la propiedad territorial agraria. Posteriormente estas dos figuras jurídicas impuestas por el Estado metropolitano, jugarán un papel de primer orden en el proceso de ocupación y usurpación de tierras, las cuales darán paso a las composiciones y remates, instrumentos que sirvieron para legalizar la propiedad territorial usurpada. A modo de complemento a los aportes teóricos expuestos, vale la pena recordar la contribución que a través de afirmaciones irrebatibles hace el doctor Federico Brito Figueroa en su obra titulada: El Cuadro Histórico de la Propiedad Territorial Agraria en las Colonias Hispanoamericanas, cuando afirma que:
“Las composiciones de tierras fueron instrumentos jurídicos, desarrollados desde las dos últimas décadas del siglo XVI, destinadas a legalizar la ocupación de los baldíos y realengos por los particulares, y en algunas ocasiones hasta por los propios Cabildos y también a legalizar la posesión –de hecho- realizada al amparo de injusto título, de tierras no concedidas a sus ocupantes; la valorización de la tierra como consecuencia del trabajo humano y de un nuevo sistema de relaciones de producción, la situación financiera del Estado metropolitano, endeudado con la burguesía comercial y usuraria de las principales ciudades de Europa, y la política expansionista de Felipe II favorecieron el arraigo de las composiciones de tierras, hasta el punto de convertirse en uno de los arbitrios rentísticos más importantes de la Real Hacienda” p.15.
A partir del año 1591 y tomando en cuenta dos reales cédulas del mismo año, se fortaleció la aplicación de las composiciones, pero entre los años 1615 y 1616 se impusieron las confirmaciones, que debían cumplirse a partir de los tres años de haber sido otorgada la respectiva composición de tierras.
Iglesia de San Jerónimo. Guayabal, 17-02-2009.
En el caso de San Jerónimo de Guayabal, para analizar la población libre y esclava localizada en los hatos existentes en su jurisdicción en la segunda mitad del siglo XVIII, se toman como referencia tres censos de población y de hatos, correspondientes a los años 1758, 1767 y 1796.
De la información expuesta en los referidos censos, se puede extraer importante información, determinante para reconstruir el devenir histórico de este pujante municipio de estado Guárico. En ese sentido, se puede decir, que en el espacio geográfico donde fue fundada por fray Tomás Bernardo de Castro en el año 1795, la población de San Jerónimo de Guayabal, mucho antes de que el acto fundacional ocurriese, ya estaban establecidos como tales en su jurisdicción, numerosas fundaciones de hatos donde se desarrollaban los modos de vida pastoril propios del llanero.
En tal sentido, muchos blancos caraqueños tenían sus hatos a orillas del río Guárico, Apurito, San Bartolo, San José, Agua Verde, entre otros. En 1780, cuando el obispo Mariano Martí en su visita pastoral por la Provincia de Venezuela, a su paso por los llanos del sur del Guárico, en su tránsito desde Camaguán hasta Cazorla y luego a Cabruta, refiere la presencia en el espacio geográfico de Guayabal, de un hato del caraqueño don Nicolás Blanco, y después de cruzar el río Guárico, otro hato en el sitio llamado San Juan, en este caso, propiedad del párroco Alejandro Blanco Uribe, localizado a seis leguas de Camaguán, y al norte de donde sería fundado posteriormente San Jerónimo de Guayabal. Vale señalar, que dicho sacerdote era primo de don Alejandro Pío Blanco, dueño del hato El Alcornocal, emparentados ambos con el citado don Nicolás Blanco. Parientes además, de la madre del Libertador Simón Bolívar, doña María de la Concepción Palacios y Blanco.
En atención a lo expuesto, en un censo de sitios de hatos de ganado vacuno y caballar realizado en jurisdicción de Calabozo, Camaguán y Guayabal en el año de 1758, se contabilizaron veintinueve hatos, atendidos mayoritariamente por un mayordomo, porque sus dueños generalmente vivían en Calabozo, San Sebastián de los Reyes o Caracas, destacándose la presencia de apellidos que han pasado a la posteridad por su vinculación con el mantuanaje calaboceño, sansebastianero y caraqueño, emparentados o descendientes de los primeros colonizadores. Es el caso de los apellidos: Tovar, Blanco, Báez, Gamarra, Mier y Terán, Aponte, Domínguez, Beróes, Sosa, Aquino, Loreto, Arana, y otros. Todos dueños de hatos en la jurisdicción, cuyos nombres se han mantenido a través del tiempo en la toponimia local.
Entre esos topónimos se pueden señalar: Las Ánimas, que para 1758 fue un hato de don José Antonio Verois, apareciendo en los documentos revisados como “las Ánimas de Beroes”. Alcornocal, cuyo propietario fue don Vicente Blanco Uribe, Agua Verde que para la fecha era de la viuda de Mateo López; o el hato San Jerónimo, de donde proviene el nombre de la población, que para 1758 era propiedad de don José Miranda; y para el año 1796 aparecen como sus propietarios don Francisco Sánchez y José A. Travieso. No es casual que don Francisco Sánchez se decía dueño de las tierras donde se fundó el pueblo como consecuencia del constante “correr de la empalizada” como se decía entonces.
Cuadro No. 1
POBLACIÓN Y HATOS EN LA JURISDICCIÓN CALABOZO, CAMAGUÁN Y
SAN JERÓNIMO DE GUAYABAL. AÑO 1758
Fuente: Archivo Arquidiocesano de Caracas. Cuadro elaborado por Felipe Hernández G.
En la matrícula se aprecia una significativa presencia de mano de obra esclava y liberta, incorporada a las actividades agropecuarias. Según el referido censo el inventario de esclavos lo conforman cuatrocientos cuarenta y cuatroindividuos (444) de ambos sexos, distribuidos de la manera siguiente: 195 esclavos y 63 esclavas, así como 114 libertos y 72 libertas. Constituyendo la misma, una muestra significativa relacionada con el trabajo de los negros, mulatos y zambos, sometidos al régimen de la esclavitud, junto a los libertos quienes seguramente trabajaban como peones en los hatos de la zona. Llama la atención la marcada diferencia entre el número de hombres: 195 esclavos y 114 libres, con respecto a las mujeres: 63 esclavas y 72 mujeres libres, lo que habla de la extensión geográfica de la propiedad, y de las duras faenas agrícolas que seguramente realizaban los hombres.
Es importante destacar el número de esclavos de algunos propietarios, porque ello permite inferir su importante poder económico. Es el caso de don Fernando de la Rosa, dueño del hato San Diego, propietario de 42 esclavos de ambos sexos; igualmente don Joseph de Nieves, dueño del hato Vera con 26 esclavos; o don Vicente Blanco del hato el Alcornocal, con 27 esclavos. También don Pedro Blanco, propietario del hato Castillas, con 21 esclavos, y don Mateo Blanco del hato El Píritu, 19. Como ya se indicó, no existe duda del parentesco de estos Blancos con la madre del Libertador y por ende vinculados con el mantuanaje caraqueño. Al cual también pertenecía don Martín de Tovar, dueño del hato Tablantes, en el que tenía 18 esclavos y 19 libertos.
En cuanto al hato San Jerónimo de don José Miranda, tenía para 1758, 14 esclavos y cuatro hombres libres.
De los 29 hatos reseñados en la matrícula, es curioso el caso del hato Altagracia, de doña Gerónima Aponte, porque la matrícula no refleja la presencia de esclavos ni de peones libres. Los restantes 28 hatos todos tenían esclavos y libertos, o personas de una u otra condición social.
Nueve años después, al analizar una matrícula de sitios de hatos de ganado vacuno y caballar realizado en jurisdicción de Calabozo, Camaguán y Guayabal en el año de 1767, se contabilizaron dieciocho hatos, es decir 11 menos que en 1758.
Sin embargo, en el censo se aprecia que muchos de los hatos que existían en 1758 se mantienen, y se reseñan otros, aunque el número de esclavos varía en algunos casos de manera significativa; apreciándose un crecimiento bastante importante de la población esclava y una disminución de la población liberta. Siendo las cifras totales: Cuatrocientos noventa y tresindividuos (493) de ambos sexos, distribuidos de la manera siguiente: 293 esclavos y 107 esclavas, así como 75 libertos y apenas 18 mujeres libertas. Pudiéndose apreciar el crecimiento de la población esclava de ambos sexos en más de un 75 por ciento, con relación a la población libre.
Cuadro No. 2
POBLACIÓN Y HATOS EN LA JURISDICCIÓN CALABOZO, CAMAGUÁN Y
SAN JERÓNIMO DE GUAYABAL. AÑO 1767
Fuente: Archivo Arquidiocesano de Caracas. Cuadro elaborado por Felipe Hernández G.
En cuanto a las fundaciones ganaderas con mayor concentración de población esclava, destacan, en primer lugar el hato Santa Cruz de Guariquito, de don Sebastián Mier y Terán, con 70 esclavos de ambos sexos: 46 hombres y 24 mujeres, duplicando en más del 100% los esclavos de sexo masculino. Luego le siguen: el hato San Diego de don Fernando de la Rosa con 52 esclavos; el hato Tablantes de don Martín de Tovar, con 22 esclavos y 20 esclavas, para un total de 42 esclavos. El hato Cedeño de José Hernández Manojo con 25 esclavos y 15 esclavas, para un total de 40. El hato Alcornocal de don Vicente Blanco, con 24 esclavos y 12 esclavas, para un total de 36 esclavos, a los que se les suma 21 personas libertas: 13 hombres y 8 mujeres. Para un total general de 57 individuos. Igualmente, el hato Las Ánimas de don José Antonio Veroiz, con 18 esclavos. A decir de J. A. De Armas Chitty, emparentado con “don Francisco Verois, de los actuales Beroes de Caracas, San Cristóbal y Calabozo”. Y también de La Victoria, estado Aragua, donde sentó raíces nuestro amigo, el distinguido historiador camaguanense Germán Fleitas Núñez, hijo del eximio poeta, orgullo de la guariqueñidad, que fue don Germán Fleitas Beroes.
Llama poderosamente la atención, el caso del hato Santa Cruz de Guariquito, de don Sebastián Mier y Terán, que en apenas nueve años pasa de un esclavo y cuatro libertos en 1758, a 70 esclavos y ocho libertos en 1767. Es decir, un crecimiento económico vertiginoso en muy corto tiempo.
Cuadro No. 3
POBLACIÓN Y HATOS EN JURISDICCIÓN DE LA FELIGRESÍA DE
SAN JERÓNIMO DE GUAYABAL. AÑO 1796
Fuente: Archivo Arquidiocesano de Caracas. Cuadro elaborado por Felipe Hernández G.
Veintinueve años después, al analizarse un Padrón de Población de la Feligresía de San Jerónimo de Guayabal del año 1796, que reposa en elArchivo Arquidiocesano de Caracas, sección Matrículas Parroquiales; aparecen reflejados un total de 22 hatos con el nombre de sus respectivos propietarios, quienes no viven en sus predios, estando los mismos bajo la responsabilidad y conducción de un esclavo que cumple funciones de mayordomo.
Entre los propietarios, destacan los Blanco, especialmente José Domingo Blanco, que aparece reseñado como dueño de cuatro hatos, cuyos nombres eran: Altagracia, Pabones, Camoruco y La Puente. Llama la atención, que sólo aparezcan reseñados apenas 17 esclavos en su hato Altagracia, junto a 13 libertos y un hombre blanco. En las otras tres posesiones, no posee esclavos, sino peones libertos, distribuidos así: 8 en el hato Pabones, 2 en Camoruco, y 16 en La Puente: 12 hombres y 4 mujeres libertas. Para un total general de 39 personas libres en las cuatro posesiones.
A José Domingo Blanco, le siguen en la matrícula: don Gerónimo Blanco, propietario del hato Pirital, con 39 esclavos, 32 hombres y siete mujeres, además de seis libertos y 3 hombres blancos libres. Para un total general de 51 personas de diferentes condiciones sociales establecidas en sus predios. Luego sigue: don Juan Blanco, dueño del hato Castillas o Canillas (de las dos formas aparece escrito en los documentos), con 32 esclavos, un blanco libre y un liberto, para un total de 34 individuos. Continúa Manuel Blanco, dueño del hato San Clemente, con cinco esclavos y diez libertos, y finalmente los herederos de don Alejandro Pío Blanco, dueños del hato La Concepción, con 12 esclavos y ocho libertos. Fue Alejandro Pío Blanco Uribe también dueño del hato El Alcornocal. En palabras del historiador J. A. De Armas Chitty, los Blanco son “los representantes más conspicuos de la oligarquía central que poseían hatos en el Guárico: el Conde de San Javier, Catalina del Toro, Agustín y Juan Manuel de Herrera, los Blanco Villegas, Alejandro Pío Blanco, Ortuño de Tovar, Manuel Felipe y el Conde de Tovar, Diego Monasterios, Mateo Blanco Ponte, Marco José Ribas, Florencio de la Plaza, Juan Vicente Bolívar, y Juan Antonio Solórzano”. Llamados tradicionalmente hasta la actualidad,“Los amos del valle” en Caracas, tal como quedó registrado en la obra de ese nombre, escrita por el eximio escritor venezolano Francisco Herrera Luque.
Para 1796, continúa siendo don Sebastián Mier y Terán dueño hato La Cruz de Guariquito, la Cruz Rubiera, o simplemente La Rubiera como ya se le llamaba,el mayor propietario de esclavos en la zona, con un número de 30 individuos: 18 varones y 12 mujeres; junto a 23 libertos y dos blancos libres.
La población reflejada en el censo de 1796 la constituyen 216 esclavos: 176 varones y 40 mujeres; 179 libertos: 159 varones y 20 mujeres, y 58 blancas libres: 45 hombres y 13 mujeres blancas libres.
Merece señalarse, que para 1796, en el censo referido, aparecen junto a los apellidos tradicionales, nuevos propietarios, entre los que destacan: Atanasio Acevedo dueño del hato Arauca y de otro más; Basilio Armada dueño del hato Agua Verde; don Pedro González dueño del hato Arguaca, y Patricio González, dueño del hato Rabanalote; el hato Mazamorra de los herederos de Adrián Camacho, y el hato Las Ánimas de Bernardo Camacho; don Antonio Hurtado dueño del hato Cazorla; don Francisco Sánchez y José A. Travieso dueños del hato San Jerónimo; don Sebastián Vélez dueño del hato Corral Viejo; y don José Antonio Del Villar dueño del hato San Felipe; entre otros.
El muestrario expuesto,permite inferir que se trata de un caso típico de transferencia de la propiedad territorial, a través de composiciones, remates y compra-venta, como era común en el Guárico colonial.
Sin embargo vale la pena acotar para la reflexión, nadie duda de que cada criador fuese propietario de su hato. Pero, ¿era la tierra también propiedad suya? Nadie duda, tampoco, dada su condición de latifundistas, que fuesen dueños de muchos hatos, Sebastián Mier y Terán, los Blanco Uribe, y otros. Pudiéndose decir, que en verdad, los propietarios de la tierra debieron ser muy pocos.
Finalmente, la clasificación social integrada por los libertos se refiere a personas que fueron esclavas y obtuvieron su libertad, luego permanecieron viviendo a la sombra de sus antiguos amos como servidumbre, en condición de trabajadores enfeudados, en este caso, realizando las faenas llaneras propias de los hatos y fundaciones ganaderas en ese período histórico. Sobre el particular, debe recordarse la categoría de campesinos enfeudados acuñada por el doctor Federico Brito Figueroa, para referirse a los peones, jornaleros, aparceros, medianeros, colonos, pisatarios, etc., en la Venezuela agropecuaria del siglo XIX. Los referidos en el censo de 1796 como blancos libres también formarían parte de la categoría llamada campesinos enfeudados.
Búfalos y garzas. Agropecuaria Las Lajeras. Vía Guayabal, 01-03-2009.
REFERENCIAS
ARCHIVO ARQUIDIOCESANO DE CARACAS. Secciones Matrículas y Parroquias. Año 1796.
ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN (AGN): Diversos IX (bis).
BOTELLO, Oldman. (2005): Guayabal y Cazorla. Apuntes para su Historia. San Juan de los Morros: Publicaciones de la Universidad Rómulo Gallegos. Centro de Estudios Sociales y Agrarios (CENSA).
BRITO FIGUEROA, Federico. (1987): El Cuadro Histórico de la Propiedad Territorial en las Colonotas Hispanoamericanas. Caracas: Fondo Editorial Lola de Fuenmayor. Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad Santa María.
BRITO FIGUEROA, Federico. (1978): La Estructura Económica de VenezuelaColonial. Tercera edición. Caracas: Universidad Central de Venezuela. Colección Ciencias Económicas y Sociales XXII.
CARROCERA, Fray Buenaventura, de. (1972): Misiones de los Capuchinas en los Llanos de Caracas. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Serie: Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela.
DE ARMAS CHITTY, José Antonio. (1959): Aventura y Circunstancia del Llanero. Ganadería y límites del Guárico. (Siglo XVIII). Caracas:Academia Nacional de la Historia. (Discurso de incorporación a la ANH).
HERNÁNDEZ G. Felipe. (2006), Historia de Valle de la Pascua. En los Llanos del Guárico (1725-2000). Caracas: Tipografía de Miguel Ángel García e hijo.
MARTÍ, Mariano. (1998): Relación de su Visita Pastoral de la Diócesis de Caracas. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Serie: Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela. Tomo II.
PINTO CUBEROS, Manuel. (1980): Un Censo Ganadero de 1791. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República.
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