jueves, 19 de abril de 2018

CALABOZO EN LA RUTA DE LAS CASAS MUERTAS


Ubaldo Ruiz


    Uno de los rasgos que más ha definido el carácter de los venezolanos, considerados en su conjunto social, desde su cristalización como pueblo en la época de la dominación hispana, y que mantiene invicta su vigencia en esta segunda década del siglo XXI, ha sido aquel que ha tendido a desdeñar las obras construidas por nuestros ascendientes.
    No importa si se trata de instituciones, o de infraestructuras materiales, el afán ha sido edificar sobre ruinas. Ruinas inducidas, provocadas, ocasionadas. Se sospecha que la Historia no es pertinencia sino obsolescencia, que en vez de génesis armónica y fuente de comprensión, lo viejo es antagónico de lo nuevo, estorbo del progreso. Esta actitud ha marchado triunfalmente a pesar (o quizás debido a eso) de la persistencia de un discurso oficial que ha reducido la Historia a un continuado y abyecto culto al héroe, conceptuado como caudillo militarista.
    Por esa vía hemos visto plasmarse sobre la misma página nacional cinco repúblicas, más de veinte constituciones, y una larga sucesión de nombres oficiales del país, de circunscripciones y divisiones político- territoriales, de denominaciones de ámbitos y parajes públicos. Un país convertido en cuartilla borroneada y vuelta a escribir mil veces, en grotesco palimpsesto, en insólita yuxtaposición de cementerios de instituciones.
    Por esa misma vía hemos sido testigos de la desaparición de los más grandes conjuntos arquitectónicos construidos en otros siglos en las principales ciudades históricas de Venezuela. Las casas tradicionales fueron sucumbiendo sistemáticamente, algunas asesinadas impunemente por la pérfida asociación entre lucro y Estado, en las ciudades beneficiadas por la industria y el comercio. En las poblaciones menos afortunadas las dejaron morir la desidia y la ineptitud oficiales.
    Calabozo y Ortiz han compartido muchas cosas a través del tiempo de sus existencias, pues están ubicadas en la misma ruta de los llanos altos, del comercio ganadero y de las montoneras, en la misma carretera troncal. Compartieron la capitalidad del Estado Guárico, así como muchos personajes que realizaron actos destacados en ambas poblaciones. Y han compartido la tragedia de ver morir sus casas históricas. Están en la misma ruta de las casas muertas.
    El caudillo español José Tomás Boves trajinó muchas veces estas rutas, como comerciante de caballos y como jefe de tropas, pero estableció residencia y tienda en Calabozo. La tradición ubica el inmueble en la calle que quizás él oyó mencionar con el nombre “de El Calvario”, pero que después se ha llamado sucesivamente “de Colón”, “Crespo”, y hoy se conoce como calle “cuatro”. Lo que queda de la vieja edificación ha perdido una tapia, demolida hace poco tiempo por orden de un organismo oficial, pese a las denuncias de la comunidad, de instituciones y de personalidades.
    Parafraseando al poeta Andrés Eloy Blanco, podríamos asegurar que hoy en Calabozo “agoniza la tradición”, pues lo que ocurre con la tapia de Boves hace juego con el derrumbe de las tapias de la casa “Juana María”, habitada por el General Páez, y con el estado ruinoso de las casas  ocupadas por el escritor Daniel Mendoza, y de muchas otras edificaciones similares. Quisieron las circunstancias que Calabozo llegara a contar con el casco histórico más extenso del país, pero quien visite hoy esa zona de valor histórico difícilmente podrá evitar horrorizarse ante el espectáculo de sus casas moribundas, y quizás se sienta impulsado a decir con el bardo cumanés “malaya la mano avara” que asesina la Historia en Calabozo.

viernes, 30 de marzo de 2018

JOSÉ FRANCISCO MARTÍNEZ ARMAS



Carlos A. López Garcés
Cronista de Orituco

            Fue un humanista guariqueño, autodidacta y polifacético, a quien el tintineo del gentilicio le repiqueteaba en las intimidades del espíritu. Las cualidades humanas que caracterizaron su existencia útil le acreditaron para merecer el recuerdo perdurable. Fue hombre de inteligencia clara, amistad cordial, conversación fluida y agradable, receptividad a las buenas intenciones y a las solicitudes justas, observación prudente, comentarios positivos, cooperación espontánea, honestidad imperturbable y sin mezquindades ni egoísmos; en fin, un ser humano en la expresión exacta de los términos. Vivió impregnado de espiritualidades y sin los angustiosos ni atosigantes amasamientos de capitales abultados malamente.



José Francisco Martínez Armas (1912-1996). Fotografía tomada del Diccionario biográfico-cultural del estado Guárico, escrito y publicado por Lorenzo Rubín Zamora (Caracas, 1974, p. 163).


            Don José, como lo llamaba con respeto la gente joven, falleció víctima del mal de Alzheimer, en Altagracia de Orituco, a las diez y media de la mañana del día lunes 15 de julio de 1996, en su residencia ubicada en la calle Santiago Gil-Norte, entre la Ilustres Próceres y la Colombia. Estaba próximo a cumplir 84 años de edad, pues nació en Zaraza el 4 de octubre de 1912. Era hijo de Miguel A. Martínez y María Esther Armas Santos de Martínez. Quedó huérfano muy niño. Llegó jovencito a Altagracia de Orituco,  procedente de su pueblo natal y acompañado de su padre, quien trabajaba como telegrafista en la estación gracitana. Fue alumno de la Escuela Federal Ángel Moreno (centro docente para varones que funcionó en Altagracia, de 1924 a 1956), a la cual ingresó el 7 de enero de 1929 para continuar el tercer grado, que había iniciado en una escuela zaraceña. Contrajo matrimonio con Amanda Gutiérrez Carchidio y de esta unión nacieron Esther, Delia y José Francisco.
 Aprendió la telegrafía para ganarse la vida y la ejerció como operario en Altagracia y Cumaná, durante veinticinco años hasta 1960, cuando fue jubilado por el Ministerio de Comunicaciones. Obtuvo el certificado de locutor, conocía de avicultura y enseñó castellano a empleados extranjeros de la Creole Petroleum Corporation. Fue un tangófilo cautivado por Carlos Gardel y taurófilo (¿paradoja?) admirador de los hermanos Girón, del Diamante Negro y de Manolete. Su vocación para versificar con sensibilidad motivó que se le identificara, cariñosamente, como Poeta Martínez; así fue confirmado en tierras orituqueñas donde enraizó sus afectos infinitos. Cantos sencillos a la fauna, a la flora y, en fin, a la naturaleza prodigiosa, vertidos en décimas y sonetos, predominan en su apreciable poesía, la que revela una pasión ornitofílica, como puede observarse en Paraje (Caracas, 1975) y en periódicos de Altagracia y de San Juan de los Morros.
            Debe resaltarse que José Francisco Martínez realizó actividades cronísticas con mucho esmero e intensa devoción, asumiendo, espontáneamente, la obligación de reconstruir hechos históricos de nuestros pueblos, sobre todo de los de Orituco e insistió en destacar virtudes personales ajenas. Pruebas de estas afanosas voluntades productivas son los libros siguientes: Reminiscencias de Zaraza: 1891-1936 (Caracas, 1963), una recopilación de notas periodísticas relativas a esta población guariqueña; Historia del béisbol en Altagracia de Orituco: 1907-1936 (Caracas, 1972), título éste que explica por sí mismo y Ellos también en el recuerdo (Caracas, 1981), un compendio de microbiografías de personajes populares que moraban en Altagracia de Orituco durante el siglo XX; además, publicó estos folletos: Servidores del telégrafo (Caracas, 1968), relato biográfico de don Valeriano Tinedo Moreán, experimentado telegrafista chaguaramense;  Dr. Pedro María Arévalo Cedeño: una vida consagrada al bien común (Caracas, 1970), reputado médico vallepascuense, muy respetado y apreciado en los pueblos de Orituco, donde contribuyó tesoneramente con la fundación y operatividad del Hospital San Antonio y del Colegio Guárico, que funcionaron en Altagracia en el siglo XX; Ángel Santiago González (Caracas, 1974), resumen de la vida corta y productiva de un joven intelectual y deportista gracitano, fallecido en 1925, a los 23 años de edad, que es el epónimo del estadio principal de Altagracia; El Grupo Escolar José Ramón Camejo de Altagracia de Orituco (Caracas, 1976) y Próspero Infante y la Escuela Federal Graduada Ángel Moreno (1984). Estos dos últimos folletos contienen importantes datos para comprender la evolución educativa altagraciana, desde 1924 hasta 1975. Dejó inéditos varios trabajos: Jefes civiles y concejales del distrito Monagas y presidentes del estado Guárico (en la primera mitad del siglo XX);  Algunas familias de Orituco y el poemario Recuerdos de Zaraza. Son conocidas algunas muestras de la interesante y variada colección fotográfica de motivos altagracianos, que logró captar y reunir desde joven como testimonios del transcurso del siglo XX.
Muchas crónicas escritas por el Poeta Martínez fueron publicadas en los diarios El Universal de Caracas, Alborada de Altagracia de Orituco y El Nacionalista de San Juan de los Morros, pero, básicamente, en Topano, periódico tabloide, de publicación mensual, fundado por el propio Martínez y Luis Emilio Infante, que circuló en Altagracia de Orituco desde mayo de 1964 hasta mayo de 1968, con el sano propósito de divulgar valores culturales orituqueños, destacando temas históricos, geográficos, literarios, folclóricos y humanos en general, sin parcialidades políticas. Martínez adquirió cierta experiencia periodística en sus tiempos juveniles gracitanos, cuando editaba la revista Terrón y los periódicos El Surco, Alfa y La Ñapa, que dirigió con dignidad junto con otros jóvenes contemporáneos.
José Francisco Martínez Armas debe ser considerado como uno de los cronistas confiables del siglo XX orituqueño, aun cuando haya incurrido en menudas equivocaciones propias de humanos, que no desacreditan su trabajo respetable por valioso. Colaboró con el Dr. José Ramón Medina en la elaboración de una antología poética del estado Guárico. Fue cofundador del Club Orituco, un “centro social” que agrupaba a la high life  altagraciana de los años cincuenta del siglo XX, donde se estimulaba la realización de acontecimientos culturales interesantes por influencias martinecinas. Ejerció la Secretaría del Concejo del Distrito Monagas guariqueño en 1954-1955, cuando eran tiempos del perezjimenato. Desempeñó el cargo de Secretario Privado del Gobernador del Estado Guárico, Dr. José Ignacio González Aragort, en 1969-1970, cuando comenzaba la primera presidencia del Dr. Rafael Caldera. Suya es la letra del Himno a Don José Ramón Camejo, escrito en 1975, para ser cantado por alumnos de esta escuela, con la música de los docentes Nelson Tortolero, Dalia de Dorta y Clara Carpio de Alfonso.  Martínez Armas fue Secretario de Cultura y Relaciones Públicas de la Fundación Dr. Pedro María Arévalo Cedeño, la cual contribuyó a crear en 1981 y a funcionar para provecho altagraciano.
Careció de apasionamientos político-partidistas, aunque no ocultó su admiración por el general Isaías Medina Angarita ni sus críticas al Dr. Arturo Uslar Pietro por integrarse con el Frente Nacional Democrático (FND) al llamado Gobierno de Amplia Base, propiciado por el presidente Raúl Leoni (militante accióndemocratista), en 1964. Martínez no admitió tal conciliación con quienes pretendieron difamar al notable intelectual venezolano. No fue perezjimenista; sin embargo, fue acusado de serlo por algunos adversarios de esta dictadura, vinculados a Acción Democrática, quienes idearon expulsarlo de Altagracia recién derrocado aquel gobierno, pero no lograron el objetivo porque se impuso la razón, finalmente, y el tiempo eliminó las consecuencias de estos sinsabores. Trabajó un corto lapso en el Ministerio de Educación, cuando este organismo lo dirigía el Dr. Julio de Armas. Vivió en Los Rosales, Caracas, después de jubilado como telegrafista, sin olvidar al Orituco, adonde viajaba con frecuencia. El Concejo del otrora Distrito Monagas del Estado Guárico, presidido por el ciudadano Pedro Celestino Itriago, lo declaró Hijo Ilustre de Altagracia de Orituco, junto con el pintor Efraín López González (Chepín) y el profesor Pedro Durán, el 4 de junio de 1987. Le temió mucho a la muerte; no obstante, solicitó seriamente la colocación en su tumba, a modo de epitafio, de los siguientes versos que memorizaba en junio de 1987: “Cuando me entierren aquí: / Ruego a una mano piadosa / que siembre junto a mi fosa / una mata de alelí”.
Los ciudadanos Arturo Graffe Armas, Erasmo Padilla Alvarado y Rafael Vicente Arévalo, tres fieles amigos de Martínez Armas cumplieron aquel requerimiento sublime del poeta, tiempo después de su deceso, en un gesto de fraternal solidaridad.
El poeta Martínez poseyó el privilegio de la buena y admirable memoria, hasta que lo afectó el mal de sus años finales. Fue enterrado en el Cementerio General de Altagracia de Orituco, en la mañana del día siguiente de su deceso. El profesor Arturo Graffe Armas, la señora Eva Luisa de Gómez y la docente Hilmar Hernández de Constant pronunciaron emotivas palabras de despedida ante el cadáver, en la Fundación Dr. Pedro María Arévalo Cedeño, de la cual fue miembro fundador y celoso guardián de su operatividad; allí le fue rendido un breve homenaje, que incluyó el Himno del Grupo Escolar José Ramón Camejo, cantado por alumnos de esta escuela.
            La obra de José Francisco Martínez Armas debe ser difundida para favorecer el conocimiento histórico de Orituco en particular y del Guárico en general. La Alcaldía del municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico puede y debe auspiciar este propósito ennoblecedor.

lunes, 30 de octubre de 2017

UNA ACCIÓN DE GUERRA EN EL CALVARIO EN 1820

Carlos A. López Garcés
Cronista del Municipio José Tadeo Monagas
Estado Guárico



1.- Requisito insustituible
           
            La base fundamental de la investigación histórica es la noticia contenida en cada escritura confiable, que, por  razones éticas, sirva para defender, sostener y conservar  la credibilidad del historiador como contribuyente de conocimientos útiles para la comprensión del hecho investigado, según lo indique esa fuente noticiosa, porque esta sigue siendo un recurso metodológico primordial e ineludible para quienes hicieron y hacen de la honrosa actividad de investigador un componente intrínseco de sus respectivas labores cotidianas.  Esta opinión puede deducirse de acuerdo con una sentencia recordada por el reputado académico José Antonio De Armas Chitty (1908-1995), cuando afirmó que “…La historia tiene que partir de documentos…” en una carta fechada en Caracas el 15 de noviembre de 1966 y remitida al director del quincenario vallepascuense Región, señor Lorenzo Rubín Zamora, quien la publicó en la página 2 de la edición Nº 44, que circuló en Valle de la Pascua el 30 de noviembre de 1966. La misiva fue redactada como respuesta a ciertas refutaciones insubsistentes que dos respetables y apreciados ciudadanos, el presbítero Francisco Hurtado y el profesor Rafael López Castro, habían hecho públicas, en ese mismo periódico, con respecto a las investigaciones de De Armas Chitty sobre los orígenes de Zaraza. 

2.- Documento interesante

            La  consideración anterior surge a propósito de un documento interesante para la historia del Guárico,  conservado en el Archivo General de la Nación, que es una copia con data en Puerto Cabello del 17 de junio de 1828, avalada por el capitán mayor Demetrio Chichiria y el comandante Orta, hecha con datos tomados de una hoja original de servicios militares de Hipólito Rondón, de cuando este era plaza del Escuadrón Granaderos Montados del Zulia y tenía el grado de primer comandante con 30 años de edad cumplidos.

            Es pertinente recordar que Hipólito Rondón fue un héroe de la independencia nacido en Taguay (estado Aragua) el 13 de agosto de 1797 y muerto en Lezama (estado Guárico), donde fue sepultado el 30 de septiembre de 1865; participó en la lucha emancipadora desde el año 1813 hasta 1823, combatiendo al mando de Simón Bolívar, Vicente Campo Elías, Gregorio Mac Gregor, José Félix Ribas, Pedro Zaraza, Santiago Mariño, Manuel Cedeño, José Antonio Páez, José Francisco Bermúdez, Manuel Manrique y de otros jefes de menor rango. Rondón es uno de esa numerosa cantidad de héroes olvidados o casi desconocidos, que significaron un elemento indispensable para la independización venezolana del colonialismo hispánico y fueron identificados como correspondientes a lo que el intelectual Lino Iribarren Celis llamó “el procerato menor” en un artículo suyo impreso en la página 4 del diario El Universal Nº 18.950, editado en Caracas el 6 de marzo de 1962.

3.- Pregunta inevitable

            En atención al título de este escrito debe decirse que, en el documento antes mencionado, Rondón da cuenta de su asistencia activa en “La [acción] del Pueblo de Carbario [sic] a las ordenes del Coronel Pedro Hernandez” en 1820. Esta aseveración motiva una pregunta inevitable: ¿A cuál acción de guerra se refiere este documento? La interrogante se origina porque las fuentes revisadas para realizar este trabajo no aportan noticias precisas acerca de ese caso que  habría ocurrido en El Calvario, pueblo ubicado al noreste de Calabozo en territorio guariqueño. Por otra parte, es conveniente advertir que el documento precitado contiene algunos desaciertos, como son por ejemplo: las batallas de San Marcos y de Semen las data en 1812 y la de Bocachica en 1813, que, como es sabido, la primera sucedió el 8 de diciembre de 1813, la segunda el 16 de marzo de 1818 y la tercera el 31 de marzo de 1814, amén de contener otras equivocaciones por causas desconocidas.

4.- Algunas observaciones

            Las circunstancias mencionadas en el párrafo precedente animan para procurar  la clarificación del dato documental problema, por lo que es factible hacer algunas observaciones concretas:

1ª.- Está negada la posibilidad de que se trate de la batalla acaecida en las sabanas de Mosquiteros, en las proximidades de El Calvario, el 14 de octubre de 1813, cuando fuerzas independentistas comandadas por el teniente coronel Vicente Campo Elías derrotaron a las tropas dirigidas por el general José Tomás Boves. Esta negación es indiscutible, pues el documento que se comenta cita la acción de guerra como acontecida en el pueblo de El Calvario en 1820 y dirigida por el coronel Pedro Hernández; además, allí mismo está registrada la presencia de Rondón en la batalla de Mosquiteros a las órdenes de Campo Elías, pero como sucedida en 1812, lo que es un error evidente.

2ª.- Algo ocurría en el pueblo de El Calvario un día después del combate de El Sombrero acaecido el 16 de febrero de 1818,  porque, desde esta misma localidad y con fecha 17 de febrero de ese año, el Libertador le ordenó al coronel Jacinto Lara que debía tomar el pueblo de El Calvario con las tropas asignadas por el general Manuel Cedeño, para proclamar allí la independencia y restituirle la libertad a sus pobladores (O’LEARY: 1981, t. 15, pp. 575, 576). Esta orden fue impartida en los términos siguientes:

            “Al señor Coronel Lara.
                        Marche US. con las tropas que el señor General Cedeño le designe al pueblo     del Calvario, a proclamar la independencia, y restituir a los habitantes la libertad.
                        A su entrada, publicará la adjunta proclama, e invitará a los vecinos       para que vengan a gozar en sus casas de los bienes que en ella se les ofrece,             atrayendo  a los que se les presenten, con un tratamiento dulce y paternal.
                         Entre los vecinos elegirá US. el que sea más honrado, activo y patriota y le       encargará el mando del pueblo, para que conserve el orden, administre justicia          interinamente y reúna a todos los habitantes.
                        Concluida que sea esta especie de organización, marchará US. con las    tropas a reunirse al ejército en Calabozo por el camino más recto, llevando     cuantas noticias haya del enemigo, y los caballos que puedan conseguirse útiles.
                        Recomiendo a US. que se invite [sic] y reprima todo desorden, robo,       vejación o exceso de las tropas contra los vecinos. Haga US. que se porten        todos con la moderación y virtud que deben distinguir a los republicanos.
                        Dios etc.
                        Sombrero, Febrero 17 de 1818 – 8º
                                                                                              Bolívar” 

            El comentario precedente  viene al caso porque el general Miguel de La Torre y sus fuerzas realistas se trasladaron a El Calvario después de derrotar en La Hogaza, el 2 de diciembre de 1817,  a los republicanos comandados por el general Pedro Zaraza.  La Torre y su ejército permanecieron en dicho pueblo durante varios días de diciembre de 1817; fueron tantos que aún estaban allí el día 28, cuando se preparaban para un nuevo enfrentamiento en el hato de Belén, de acuerdo con afirmaciones del académico Oldman Botello en su libro San Pedro de El Calvario, Centro de Venezuela (San Juan de los Morros, 2011, p. 59). Esta noticia induce a sospechar posibles secuelas antipatrióticas que habrían quedado en El Calvario, aun en las primeras quincenas del año 1818, debidas a la larga permanencia realista, lo que habría influido en la imperiosa necesidad de contrarrestarlas mediante la ocupación del pueblo con el fin de defender la independencia, recuperarle la libertad a sus pobladores e invitarlos a regresar a sus casas para organizar el vecindario, conforme a palabras del Libertador escritas en El Sombrero, que ya fueron citadas.

            Debe decirse que esta sospecha no aclara la acción de guerra en el pueblo de El Calvario mencionada en la hoja de servicios militares de Hipólito Rondón, donde está registrada como un hecho de 1820 y no de 1818, en el cual Rondón participó a la orden del coronel Pedro Hernández, como fue dicho antes, y no del coronel Jacinto Lara. Sin embargo, es conveniente anotar que, al parecer, la orden dada por el Libertador al coronel Lara fue cumplida al día siguiente de su impartición, pues el “Día 18.- Se mandaron destacamentos de caballería a El Calvario…” tal como lo revela, sin detalles, el Diario de Operaciones del Ejército correspondiente al mes de febrero de 1818, incluido en las Memorias del general O’Leary  (Barcelona, 1981, t. 15, p. 613), lo cual es un estímulo para suponer que en uno de aquellos destacamentos de caballería quizás iba Hipólito Rondón al mando del coronel Pedro Hernández; esto es decir que la acción de El Calvario, referida en la hoja de servicios de Rondón, tal vez equivale realmente a la toma de ese pueblo ordenada por  Bolívar en 1818 y no a otro hecho que fue datado en 1820, máxime cuando la hoja de servicios que se comenta reseña la presencia de Rondón en la batalla de El Sombrero, a la orden del Libertador en 1818; además, es importante añadir que Rondón siempre fue de la caballería.  Por estas razones puede pensarse en que se trata de otra posible equivocación estampada en la hoja en comento.  

3ª.- No debe confundirse el pueblo de El Calvario, ubicado al noreste de Calabozo,  con la colina El Calvario, sita al oeste de Caracas, donde las fuerzas republicanas dirigidas por el general José Francisco Bermúdez fueron derrotadas por las tropas realistas al mando del coronel José Pereira, el 23 de junio de 1821 (DÁVILA: 1926, p. 36).  Eran días de la denominada Distracción sobre Caracas, cuando Rondón militaba en las tropas de Bermúdez, quien comandaba aquella actividad bélica ordenada por el Libertador para disminuir la concentración de fuerzas realistas en el campo de Carabobo, el 24 de junio de 1821 (RESTREPO: 1969, t. IV, p. 256, 257. DE MOSQUERA: 1983, pp. 339, 340). La asistencia de Rondón en estas acciones sobre la capital está registrada en su hoja de servicios, con lo cual se anulan supuestas confusiones con respecto al caso en estudio.

4ª.- Es obligatorio hacer una pregunta: ¿Quién era el coronel Pedro Hernández? La respuesta es difícil satisfacerla plenamente, porque son desconocidas las posibles informaciones relacionadas con este jefe que asistió a la acción de guerra en el pueblo de El Calvario, que ahora es motivo de investigación. Por esto es oportuno transcribir el aporte del Diccionario de Historia de Venezuela editado por la Fundación Polar (Caracas, 1997, t. 2, p. 681) sobre un independentista venezolano de nombre Pedro Hernández, de quien apenas dice que fue un “líder patriota ejecutado por el jefe realista Francisco Tomás Morales en la costa oriental del lago de Maracaibo” en diciembre de 1821, para referirse al padre del poeta, impresor y periodista Pedro Hernández Moreno, quien nació en Maracaibo, estado Zulia, el 30 de agosto de 1821 y falleció en Cúcuta, Colombia, el 18 de mayo de 1874, cuya madre era Asiscla Moreno. No ha sido posible confirmar que se trata del mismo personaje mencionado por Rondón. 

5ª.- El acreditado cronista de Maracay, profesor, periodista y académico Oldman Botello, a propósito de estar redactando una historia del estado Guárico, fue interrogado en Taguay, el domingo 13 de noviembre de 2016, por el autor de estos apuntes con respecto a ese hecho bélico en El Calvario y la factibilidad de que hubiese sido un combate. Su respuesta fue así: “No tengo ninguna información sobre lo que me dices. Debió ser un encuentro pequeño sin mayores consecuencias. En toda la bibliografía y documentación consultada para escribir la Historia del Guárico no apareció ese encuentro, si es que lo hubo.”

Conclusión

            Aun cuando las fuentes consultadas para realizar este trabajo no aportan noticias taxativas que sirvan para esclarecer  la acción de guerra acaecida en El Calvario, reseñada  en la hoja de servicios militares de Hipólito Rondón como ocurrida en 1820, es posible suponer que datarla en este año fue un equívoco con respecto a la ocupación de ese pueblo por orden del Libertador, impartida desde El Sombrero el 17 de febrero de 1818. Al parecer, aquel mandato fue ejecutado al día siguiente con comandos de caballería enviados también desde El Sombrero,  en uno de los cuales tal vez iba Hipólito Rondón al mando del coronel Pedro Hernández.  Esta conjetura tiene cierto grado de coherencia, porque Rondón era jinete e intervino en la batalla de El Sombrero a la orden del Libertador.
                                              
            No obstante, es de interés resaltar, en honor a la verdad histórica, que las informaciones recopiladas sobre este caso son insuficientes; no alcanzan para evidenciar que la acción bélica registrada en la hoja de servicios militares de Hipólito Rondón está relacionada con la ocupación de El Calvario en 1818 ordenada por Bolívar. Esto significa que la averiguación debe continuar, pues se trata de un asunto desconocido que incita a investigarlo plenamente para el enriquecimiento de la historia del Guárico y en particular de la parroquia El Calvario del municipio Miranda; aunque esta labor requiere de la participación de todos los interesados, porque la investigación histórica no es exclusividad de alguien, como lo dijo el académico José Antonio De Armas Chitty cuando afirmó con razón que “…jamás he creído que la historia es monopolio de una persona…”  en la misma carta enviada al señor Lorenzo Rubín Zamora, director del periódico Región, editado en Valle de la Pascua el 30 de noviembre de 1966, que fue comentada en el primer párrafo de esta exposición(1).

______________
(1) Nota. Este trabajo fue leído en el XI Encuentro de Cronistas e Historiadores de Venezuela en Calabozo, municipio Sebastián Francisco de Miranda, estado Guárico. Fue escrito especialmente para ese acto que tuvo lugar el sábado 30 de septiembre de 2017, en el Salón Belluno del Hotel Plaza Real de esa ciudad llanera.

FUENTES
  
I.- Documentales

            ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN (A.G.N.). Caracas.


II.- Bibliográficas

            BOTELLO, Oldman. San Pedro de El Calvario, Centro de Venezuela. San Juan de los   Morros. Sistema Nacional de Imprentas del Estado Guárico, Fundación Editorial el          perro y la rana, Red Nacional de Escritores y Escritoras Socialistas de Venezuela,            Colección José Antonio de Armas Chitty;  2011.

            DÁVILA, Vicente. Acciones de guerra en Venezuela durante su Independencia.         Caracas. Tipografía Americana; 1926.

            DE ARMAS CHITTY, J.A. Historia del Estado Guárico. Caracas. Ediciones de la   Presidencia de la República; 1982.
            DE ARMAS CHITTY, J.A. Historia del Guárico (1807-1974). San Juan de los Morros.       Impreso en los Talleres de Gráficas Los Morros, t. II; 1978.

            DE MOSQUERA, Tomás Cipriano. Memorias sobre la vida del general Simón   Bolívar. Caracas. Ediciones de la Presidencia de la República, cuarta edición, vol.   182; 1983.

            Diccionario de Historia de Venezuela. Caracas. Fundación Polar, segunda edición,      t. 2;  1997.

            Memorias del General O’leary. Barcelona, España. Ministerio de la Defensa de           Venezuela, t. 15, 16; 1981.

            RESTREPO, José Manuel. Historia de la Revolución de Colombia. Medellín,      Colombia. Editorial Bedout, t. III, IV; 1969.

            RODRÍGUEZ, Adolfo. El estado Guárico: Orígenes, mundo y gente. San Juan de los      Morros. Comisión Regional Conmemorativa del V Centenario del  Encuentro de Dos       Mundos del Estado Guárico; 1994.

            RODRÍGUEZ, Adolfo. Mural de los pueblos del Guárico. San Juan de los Morros.          Asociación Civil Editorial Guárico, vol. 41; 2008.


III.- Hemerográficas

            BOTELLO, Oldman. “Un prócer ignorado”. Columna: Curucuteando el arcón.  el            siglo. Año XVIII - Nº 6.038. Maracay, domingo 7 de octubre de 1990, p. A-2.

            DE ARMAS CHITTY, José Antonio. “Por los orígenes de Zaraza”. Región. Director:          Lorenzo Rubín Zamora. Año III – Nº 44. Valle de la Pascua, 30 de noviembre de 1966, p. 2

            IRIBARREN CÉLIS, Lino. “El Prócer Guariqueño Hipólito Rondón”. Columna: Atisbos       de la Hora. El Universal. Año LIII – Nº 18.950. Caracas, martes 6 de marzo de 1962,     p. 4.


IV.- Información oral


            BOTELLO, Oldman. Taguay, domingo 13 de noviembre de 2016.

viernes, 20 de octubre de 2017

LA REVOLUCIÓN LIBERTADORA EN EL GUÁRICO (1901-1903)

FELIPE HERNÁNDEZ G.
UNESR/Cronista del Municipio Infante-Guárico


Algunos líderes de la revolución, El General M.A. Matos al centro, Lino Duarte (derecha), Doctor Santos Dominici (izq.),
Manuel Matos hijo (de pie), Epifanio Acosta (de pie) foto donada por la familia del Dr. Santos Dominici.



La Revolución Libertadora (1901-1903) fue una Guerra civil, en la que una coalición de caudillos regionales encabezados por el banquero Manuel Antonio Matos, aliados con empresas trasnacionales (New York & Bermúdez Company, Orinoco Steamship Company, y la  Compañía del Cable Francés, entre otras), intentaron derrocar al gobierno del Gral. Cipriano Castro.
A los efectos de comprender la importancia de la Revolución Libertadora, es preciso señalar que fue una insurrección armada contra el gobierno de Cipriano Castro. Fue el único de los movimientos armados que se produjeron en Venezuela donde se combinaron los intereses de los caudillos regionales con los de empresas de capital extranjero que operaban en el país. La Libertadora fue la última resistencia del caudillismo contra la soberanía del Estado Nacional, representado por Cipriano Castro (1899-1908) y luego por Juan Vicente Gómez (1908-1935).
Cuando estalló la Revolución Libertadora patrocinada por el banquero Manuel Antonio Matos, con importantes vínculos familiares en Chaguaramas y otros pueblos del Guárico, en confabulación con empresas transnacionales, el Gral. Pedro Pablo Montenegro Pittaluga desempeñaba por primera vez la presidencia del estado Guárico (1901-1904 / 1905-1907) en Calabozo, y debió resistir no sólo el embate de la guerra sino las intemperancias del presidente, el Gral. Cipriano Castro. El gobernador Montenegro se mostró pusilánime en el conflicto. Empero, soportó el sitio de Calabozo en 1902 que comandó su enemigo irreconciliable, el doctor y general orticeño Roberto Vargas, mejor conocido como el Tuerto Vargas... Se cuenta que Montenegro, una vez consumada su derrota, huyó al Palacio Episcopal donde lo recibió y escondió su amigo y viejo maestro, Mons. Felipe Neri Sendrea, obispo de la Diócesis. Vargas supo que allí estaba. Cuando pasó por la residencia del presidente del estado, su familia, encabezada por su esposa, doña Josefina Ríos Bigott de Montenegro, preguntó al jefe de las fuerzas revolucionarias ¿Si los Montenegro iban a correr la misma suerte que el general Maximiano Mota? General sombrereño fusilado en la plaza Bolívar ese día, acusado de maldades, entre ellas violaciones a mujeres en el campo, entre ellas, una pariente del doctor Vargas. Este respondió al reclamo: “El que no la debe no la teme. No espere vilezas de los hombres de verdad”. Montenegro no sufrió vejaciones. Recobró la libertad cuando Vargas se retiró de Calabozo... La derrota no fue causal para destituir al general y poeta calaboceño, quien continuó dando el frente a la guerra enseñoreada en el Guárico hasta 1903.
En el libro “El Hombre de la Levita Gris” (1953) de Enrique Bernardo Núñez, se reseñan todos los alzamientos que debió enfrentar Castro desde su llegada al poder: “...El de José Manuel Hernández, el de Rolando, el de Celestino Peraza en Chaguaramas y el Oriente del Guárico, el de Rafael Montilla, el del general Pedro Julián Acosta...”.
La participación del pueblo guariqueño en la revolución Libertadora, al igual que en el resto del país, no se hizo esperar, ya que esta representó la alianza entre caudillos descontentos representantes del nacionalismo y el crespismo, un claro divorcio entre la burguesía nacional representada por el general Manuel Antonio Matos y la presencia de intereses extranjeros no adeptos al régimen castrista. Una revolución de características diferentes en cuanto al apoyo brindado por las potencias extranjeras, un financiamiento monetario y suministro bélico, donde el objetivo era derrocar al presidente Cipriano Castro con el objeto de obtener beneficios, tanto para influir en los asuntos oficiales y en las ganancias que pudiera aportarles.
El ascenso del General Cipriano Castro al frente de la Revolución Restauradora o Invasión Andina, será objeto de grandes expectativas para los sectores políticos del Guárico... su predomino en el poder central, entre ellos, los caudillos regionales Zoilo Medrano, Joaquín Crespo, y Roberto Vargas, quienes tuvieron una activa participación a lo largo del siglo XIX. Los andinos van a ser considerados individuos extraños al medio, por lo tanto se teme al regionalismo andino y lo que significaría la organización política instaurada, aprovechada por algunos sectores para debilitar al Partido Liberal, al respecto se puede señalar a título ilustrativo, la siguiente reseña periodística del periódico El Argos (1900) publicado en Calabozo: Castro es andino, andinas son las influencias que lo rodean y andino sus anexos, parentescos y de familias, es claro pues que el andinismo es el resorte más delicado de esa poderosa máquina. Los oligarcas son astutos para la intriga, la costumbre de andar en conspiraciones… El Guárico se convirtió en centro de operaciones, la población de Zaraza fue la sede del Ejército Libertador para las tropas que desde Oriente se dirigían al centro del país (a la ciudad de La Victoria).
Boletín de Guerra. Secretaría General.
Cuartel General Libertador de Zaraza, 4 de agosto de 1902.
Jefe Civil de Tucupido.
Acabo de saber que una fuerza que defendía al gobierno de la Dictadura convencida de la inutilidad de la lucha, se ha acogido ante Ud., patrióticamente a la clemencia de la Revolución Libertadora. Esta causa es la causa del pueblo y trae como programa y propaganda el completo establecimiento de las leyes.
Su amigo, M.A. Matos.  
Zaraza, 1 de Septiembre de 1902.
Si la temeridad de nuestros enemigos a pesar de las terribles enseñanzas de la derrota, requiere de otros golpes de la indomable superioridad moral y material de nuestros ejércitos... El último esfuerzo se hace necesario para derrocar al tirano, avivad nuestras energías:
¡Viva la Revolución Libertadora! /  ¡Viva el General Manuel Antonio Matos! ¡Viva el General Luciano Mendoza! ¡Viva la causa liberal!
El 1º de septiembre de 1902 muere en La Pascua, el General Domingo Monagas, el gran jefe oriental. Era hijo del General José Gregorio Monagas, héroe de la independencia y autor del Decreto de Libertad de los Esclavos (24 de marzo de 1854) (y de doña Clara Marrero). Muerto Monagas, quedaba el General Luciano Mendoza como el máximo estratega de la Revolución. Guzmán Blanco decía de Mendoza que “vive de una leyenda que no tiene comprobación en la realidad, no es más que un guerrillero, que no le cabe un batallón en la cabeza”, pero ahora iba a decidir con su opinión la suerte de una revolución y el destino político de un país. Antes de morir, el General Domingo Monagas le aconsejó al General Matos marchar por los Valles del Tuy sobre Caracas, sin presentar batallas, en el camino. Para la revolución, la última opinión de Domingo Monagas a Manuel Antonio Matos encerraba la clave del triunfo41.  
El Gral. Domingo Monagas murió el 1º de septiembre de 1902 en Valle de la Pascua, posiblemente de apendicitis, cuando La Libertadora. En esta ciudad fue velado y enterrado. Su muerte significó una gran pérdida para la causa de la revolución... el caudillo era sinónimo de valor y arrojo en el combate, por esa fama muchos hombres se sumaban a sus tropas. En la lápida de su tumba en el viejo cementerio municipal de Valle de la Pascua, durante mucho tiempo estuvo escrita la frase: “General Domingo Monagas Marrero. 1º de septiembre de 1902. “Aquí yace La Libertadora”...
En artículo de prensa publicado por el Cronista, Dr. Luís Fernando Melo, da referencias sobre la atención profesional que se le dio al cadáver del general Domingo Monagas Marrero; hijo del general José Gregorio Monagas Burgos y de su segunda esposa, doña Clara Marrero; quien murió de un mal intestinal en La Pascua cuando iba camino a La Victoria, donde se iba a dar la batalla decisiva de la guerra conocida en la historiografía como “La Libertadora”. El trabajo de embalsamamiento lo ejecutaron los doctores Jesús María Istúriz López, Cristóbal Molina y Luís M. Godoy. Este último, nativo de Barcelona, era el médico que traía Monagas al servicio de su hueste...
La Revolución Libertadora fue la última guerra civil que vivió Venezuela, que culminó con la victoria de las tropas de Cipriano Castro, comandadas por el general Juan Vicente Gómez contra el general Nicolás Rolando, el 21 de julio de 1903 en la batalla de Ciudad Bolívar. La derrota de la Revolución Libertadora marcó el final del siglo XIX venezolano caracterizados por la inestabilidad política y las escaramuzas entre caudillos, el final de la época de las grandes guerras civiles venezolanas, dando paso a una etapa de consolidación del gobierno central bajo el gobierno de los andinos... Era la Venezuela de la violencia, de los caudillos, de los jefes civiles, de las montoneras armadas, de los militares empíricos que lograban sus ascensos en las continuas escaramuzas bélicas. Era la Venezuela de la tuberculosis, del paludismo endémico y del atraso.
Valle de la Pascua, jueves 15 de junio de 2016...

miércoles, 18 de octubre de 2017

ALGUNAS NOTICIAS DEL CURATO DE TIZNADOS EN DOCUMENTOS DEL OBISPO MARTI DE 1780

Carlos A. López Garcés
Cronista del Municipio José Tadeo Monagas
Estado Guárico




Nota previa

            El obispo Mariano Martí procedía de Guardatinajas cuando llegó al pueblo de Tiznados el 28 de abril de 1780; permaneció allí hasta el 4 de mayo  con la finalidad de realizar la visita pastoral al curato respectivo (MARTI: Caracas, 1969, t. II, pp. 175, 179), así como venía haciéndolo en territorio del Obispado de la Provincia de Venezuela a su cargo, durante la cual recopiló diversas informaciones de índole eclesiástica, económica, social, demográfica, etcétera, indicadoras de la situación parroquial de entonces, entre las que es interesante resaltar las enumeradas a continuación de esta nota para los efectos de este trabajo, que fue redactado especialmente con el fin de leerlo en el XIII Encuentro de Cronistas, Historiadores e Investigadores celebrado en Ortiz, estado Guárico, con La Casa de las Espuelas como sede, el sábado 26 de agosto de 2017, cuando se cumplió el objetivo.


1.-  Territorio y superficie

            El curato de Tiznados limitaba por el Oriente con el pueblo de Parapara y su lindero  era el río Mapire a 4 leguas de distancia; por el Poniente con la Villa del Pao, de la cual estaba deslindada a 14 leguas por el río Chirgua; por el Norte con la Villa de Cura cuyo límite lo señalaba el río Mapire, aproximadamente a 5 lenguas y por el Sur con la misión de Guardatinajas, delimitada por el río Tiznados a 19 leguas y media (IBÍDEM: t. II, p. 175; t. VII, p. 25).

            Las cifras mencionadas sirven para estimar que la extensión, en medidas actuales, era de 137 Km. de norte a sur y de 101 Km. de este a oeste, tomando como base que una legua es igual a 5.572,7 m.

2.-  Capital y advocación
           
            El pueblo de Tiznados era la cabecera del curato, al cual se agregaban otros sitios como lo eran: Guaitoco, El Limón, El Totumo, Chirgua, Las Lajas, La Platilla y Las Ánimas.  El caserío principal ocupaba el espacio de un cuarto de legua alrededor de la iglesia; constaba de más de un centenar de casas distribuidas en calles mal formadas por lo desigual del sitio de cerritos altos y bajos donde estaba ubicado; apenas había plaza enfrente del templo, que estaba en un alto y no había terreno llano sino el de un espacio corto.

             La iglesia era en realidad una capilla de una nave que estaba bajo la advocación de San Francisco de Asís y era atendida por el padre fray Juan Manuel Mérida, quien, permanecía una temporada en Tiznados, una en Guaitoco y otra en Las Lajas, aunque se titulaba cura de Tiznados y sus anexos, en cada uno de los cuales había una capilla, siendo la principal la del sitio de Tiznados (IBÍDEM: t. II, pp. 174, 175, 176). Esta cantidad de capillas revelaba por sí misma la importancia de la ideologización católica para el dominio colonial español en esta región.

3.- Demografía

            La población del curato estaba integrada por “…toda clase de gente: de blancos, negros, mulatos, zambos, mestizos y también algunos indios desperdigados, que se mantienen acá o casados o solteros en calidad de peones” (MARTI: 1969, t. II, p. 176). Esta diversidad étnica estaba compuesta cuantitativamente por 2.240 habitantes, de los cuales 283 eran blancos, 1.132 negros, 344 mulatos, 345 esclavos negros y mulatos y 136 indios, con la inclusión de los mestizos en la clase de los blancos y los zambos en la de los negros.  Estos pobladores conformaban 153 familias que vivían dentro del pueblo, donde ocupaban 124 casas, y 225 familias que residían fuera del poblado, distribuidas en 176 viviendas (IBÍDEM: t. II, p. 177; t. VII, pp. 27, 28); pero con la particularidad de no haber personas blancas en el pueblo, donde había zambos, negros, mulatos y algunos indios, con la excepción de don Pedro Alcántara Nieves a quien se le tenía por blanco, pues los demás de esta clase vivían en los hatos (IBÍDEM: t. II, p. 174).

4.- Producción

            La gente de Tiznados se caracterizaba por ser tranquila, pacífica y humilde, que, a pesar de su pobreza, se mantenía con la crianza de pocas reses vacunas y la venta de alguna mula; además, cosechaban maíz, yuca, arroz, batatas, algodón y otros cultivos, porque todo se producía con abundancia. Estas labores eran compartidas con grandes pescas en el río Tiznados, sobre todo en días de cuaresma cuando abundaban los peces que subían por el Portuguesa procedentes del Orinoco. El pescado lo vendían salado a 8 reales la arroba para luego mercadearlo en los Valles de Aragua y en Caracas. Tanto el pescado como la carne de res tenían fama de ser de mejor calidad con respecto a otros lugares (IBÍDEM: t. II, pp. 176, 177).

5.-  Rentas eclesiásticas

            La feligresía sanfranciscana del curato de Tiznados tenía el deber de aportar recursos económicos para el mantenimiento del párroco y el de la iglesia, tal como sucedía en otras parroquias.

            La congrua asignada antiguamente al sacerdote había sido de 250 pesos, divididos  entre todos los vecinos, indiferentemente de su posición económica. De esa cantidad se tomaban 200 pesos para el cura y 50 para el pan, vino y cera, de acuerdo con la tradición del Obispado. Además, los dueños de hatos le pagaban 2 pesos por cada una de estas propiedades; empero no pagaban obvenciones ni sepulturas ni al tramo de la iglesia. La renta estaba tan disminuida que el presbítero solo percibía 100 pesos anuales distribuidos entre algunos feligreses; el resto de la renta se había perdido por descuido de los curas que no procuraron sustituir a quienes incumplían con otros que sí pudiesen pagar; tal era la situación que los hateros solo pagaban cuando querían (IBÍDEM: t. II, p. 175).

            El obispo Martí observó que todos, indistintamente, satisfacían las primicias y que si el cura era más previsivo podía percibir 100 fanegas de maíz por ese concepto, porque era el principal cultivo y se cosechaba con abundancia, en comparación con los otros productos. Agregó que los que no se acogían al prorrateo de la renta pagaban obvenciones y sepulturas (IBÍDEM: t. II, pp. 176).

            La renta anual del curato estimada en un quinquenio fue de: 101 pesos de estipendio pagado por los vecinos; 110 pesos de primicias; 259 pesos con 2,5 reales de obvenciones por misas cantadas, bautizos, proclamas, velaciones, entierros, etcétera; 6 pesos de certificaciones de partidas por los conceptos predichos. Estos ingresos sumaron 476 pesos con 2,5 reales, de donde se tomaba para asalariar a un sacristán.  Entre tanto, la renta por año de la iglesia a cargo del padre Mérida era de: 4 pesos de limosnas; 96 pesos de sepulturas, señas, incensarios, etcétera, para un total de 100 pesos anuales (IBÍDEM: t. VII, p. 26).

            Por otra parte, el prelado dejó el testimonio de las cuentas que fueron entregadas por el párroco, las cuales totalizaron 88 pesos y 3 reales a favor de la iglesia, que fueron aprobadas por medio de un auto fechado el 2 de mayo de 1780. Asimismo, ordenó la cobranza de 41 pesos y 4 reales que se debían por concepto de derechos de sepultura e igualmente el aseguramiento a censo de 25 pesos que dejó un vecino difunto no identificado para el culto de la imagen de Nuestra Señora de la Luz. Añadió que no había cofradía ni alguna obra pía (IBÍDEM: t. VII, p. 26).

            El obispo apunto también que el padre Mérida percibía la mitad de todas las rentas y obvenciones del curato sanfranciscano de Tiznados; sin embargo, había oído que ese cura quería renunciar a la parroquia, pues aspiraba a una capellanía de 3 mil pesos para la congrua (IBÍDEM: t. II, p. 174).

            Es oportuno anotar que la vocación sacerdotal habría sido la razón primaria para mantener al cura a cargo de una feligresía que aportaba pocos recursos para el sostenimiento eclesiástico, lo cual indica las condiciones de pobreza en las cuales habría sobrevivido aquel sacerdote.


6.- Problemas sociales

            Martí resaltó tres problemas sociales básicos, que llamaron su atención. El primero fue el de la incontinencia del deseo sexual, que fue considerado como el “vicio predominante”.  El segundo lo revelaba el mal vestir y de modo casi indecoroso de los pobladores, especialmente las mujeres, lo que quizás se debía a la pobreza o a la falta de lienzos en la comunidad o al calor. El tercero estaba dado por los grandes desórdenes que se formaban en los tiempos de la cuaresma durante las pescas en el río Tiznados, debido a la participación incontrolada de hombres y mujeres, quienes iban a las orillas del río donde cometían excesos catalogados de pecados públicos, por lo que el obispo ordenó que a esas actividades pesqueras asistieran solamente mujeres casadas con sus respectivos maridos y que no acudieran a tales pesquerías las viudas ni las solteras ni aun cuando fuesen acompañadas de su respectivo papá. Por lo tanto, el cura debía exhortar a los padres de familia al cumplimiento de tal decisión, cuya desobediencia sería motivo de cárcel, inclusive para muchachas mayores de 8 años. El teniente o cabo del pueblo debía evitar la comisión de aquellos excesos, en contraste de los cuales la comunidad tenía entre sus aspectos positivos que no ocurrían borracheras ni predominaban los hurtos (IBÍDEM: t. II, pp. 176, 177).

7.- Otra parroquia

            La necesidad de mejorar la atención a la feligresía de la extensa parroquia de Tiznados motivó al obispo visitante a crear un nuevo curato con la división de aquella parroquia, separándole los sitios de San José para cabecera, Las Lajas, Cacheo, Agua Negra y El Totumo. Su territorio sería de 10 leguas de Este a Oeste y, aproximadamente, 5 leguas de Norte a Sur, lo que es decir en medidas modernas el equivalente a 56 Km. en el primer caso y 28 Km. en el segundo. Contaría con más de 300 personas, las que debían pagar 183 pesos para la congrua del cura y 25 pesos para la oblata e igualmente tendrían la obligación de aportar las primicias y obvenciones.

            No es extraño deducir que este nuevo curato estaría bajo la advocación de San José, aun cuando el obispo Martí no lo dijo expresamente. No obstante, sí afirmó que aquel desmembramiento incluía la agregación provisional de los sitios La Punta de la Mesa, San Felipe y Las Ánimas al pueblo de Guardatinajas a cuyo cura fueron encargados los pobladores de esos lugares, dada la cercanía con ellos; por consiguiente, debía administrarles los santos sacramentos, incluido el matrimonio, hasta que hubiese otra opinión (IBÍDEM: t. II, pp. 176, 177;  t.VII, p. 28).
           
            El auto mediante el cual se concretaba lo atinente a esta fundación parroquial eclesiástica fue fechado el 2 de mayo de 1780; luego fue remitido al Provisor para la realización de las diligencias pertinentes a la legalidad de aquel acto y el respectivo nombramiento del cura propio (IBÍDEM: t.VII, p. 28). El prelado encargó al doctor Lindo de aquellas actuaciones ante el Gobernador con el propósito de definir el prorrateo entre los vecinos de 150.000 maravedís y  25 pesos para pan, vino y cera, amén de las obvenciones y del costo de las dos terceras partes de la fábrica de la iglesia, porque la otra parte debían pagarla los oficiales de la Real Hacienda (IBÍDEM: t. II, p. 178).

             Es interesante decir que, según el académico Telasco Mac Pherson (Los Teques, 1973 y 1988, p. 291), la decisión del obispo Martí fue aprobada por el capitán general don Luis Unzaga y Amenzaga el 26 de mayo de 1780, cuando fue reconocida como parroquia civil; habían transcurrido24 días de haber sido erigida la parroquia eclesiástica.

8.- Nuevos linderos de Tiznados

            El fraccionamiento del curato de Tiznados le ocasionó la disminución de su territorio, quizás a 81 Km de Norte a Sur y a 73 Km de Este a Oeste; esto significaba una  nueva delimitación, la cual fue señalada de la siguiente manera: “…al Oriente, el sitio de Cacheo inclusive; al Poniente, el río de Chirgua; al Norte, el río Manapire [sic; léase: Mapire] y al Sur, el término del curato de la Villa del Pao, en que se comprenden los sitios nombrados de Estévez, Guaitoco, Gayón, La Platilla, Casanga, La Ceiba, Cañuto, La Danta, Lagunita, Palmarito, La Guamita, El Carrizal, Chirgua, El Jagüey, La Montuosa, El Suceso y otros fundados a esta banda del río Mapire, con los demás establecidos y que se establecieren dentro de los expresados límites”  (MARTÍ: t. VII, pp. 28, 29). 

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Bibliografía

MAC PHERSON, Telasco. Diccionario histórico, geográfico, estadístico y biográfico del estado Miranda. Presentación: Dr. Arnoldo Arocha Vargas. Los Teques. Edición facsimilar de la Gobernación del Estado Miranda, 1973. 

MAC PHERSON, Telasco. Diccionario histórico, geográfico, estadístico y biográfico del estado Miranda. Prólogo: Ildefonso Leal. Los Teques. Edición Biblioteca de Autores y Temas Mirandinos. Colección Francisco de Miranda, vol. 40; 1988. 

MARTI, Mariano. Documentos relativos a su visita pastoral de la Diócesis de Caracas. 1771-1784. Caracas. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela; vol. 96,  101; t. II, VII; 1969.


VILA, Pablo. El Obispo Martí.           Caracas. Universidad Central de Venezuela, Facultad de Humanidades y Educación; vol. II, 1981.   

   Fotografía: Ilio Colmenarez   

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