martes, 17 de julio de 2018

4 DE JUNIO DE 1676: UNA FECHA DISCUTIBLE EN ORITUCO



Carlos A. López Garcés
Cronista de Orituco

“La historia hay que mirarla a través del documento”
Fustel de Coulanges
(Historiador francés. 1830-1889)

El libro de bautismos, velaciones y casamientos de la iglesia del Valle de San Miguel del Rosario de Orituco, iniciado por el padre Juan de Barnuevo el 4 de junio de 1676, está resguardado en el archivo de la parroquia Nuestra Señora de Altagracia, estado Guárico. El primero de los folios está muy dañado; sin embargo, contiene restos de la nota de apertura de ese legajo, cuyo texto completo fue el siguiente:

     “[Libro de baptismo]s, velaciones y casamientos [de feligreses] pertenecientes a este Valle de San Miguel del Rosario de [roto] soto [sic] de La Cruz del Maestre de Campo Pedro de Mezones, fecho desde [4] de junio deste año de 1676, que se fundó esta santa iglesia por el Ilustrísimo y Reverendísimo Señor Maestro Don Fray Antonio González de Acuña, Obispo Benemeritísimo de Venezuela y Caracas, cometida a mi Juan de Barnuevo, cura capellán en ésta y son los que se han baptizado y velado los siguientes. Juan de Barnuevo”.

     Es pertinente decir que los datos expuestos entre corchetes fueron tomados de dos fuentes para reconstruir el documento. Una fue la publicación hecha por monseñor Rafael Chacín Soto en su columna “Papeles y voces de ayer”, editada en la página 2 del periódico Alborada Nº 11, que, dirigido por el profesor calaboceño Blas Loreto Loreto,  circuló en Altagracia de Orituco el 7 de agosto de 1950, en la cual se mencionó como fecha el 2 de junio, lo que es un error evidente. La otra fue una nota deteriorada que está inmediata a la del padre Juan de Barnuevo (como puede verse en la fotografía), quizás redactada en el siglo XVIII, en la cual es factible leer lo expuesto de seguidas:

     “Formo estos libros parrochiales el padre don Juan de Barnuevo, a cuatro [sic] de junio de 1676, según que arriba consta; y estubo de cura hasta el año de 1716, en 23 de febrero, que dentro [sic] interino el padre Manuel Pinto de Magallanes, el qual estubo de cura hasta el 30 de septiembre de dicho año de [1716] en el qual dia se enterro [sic] [roto] cura propietario de S[roto] cente de Ortuño quiera [roto] mayor onrra y gloria [roto] señor maestro don fray Francisco [roto] do con asenso y [roto] no Governador y capitán [roto] rioso lo firme [roto]”.

     Este libro eclesiástico de San Miguel habría sido el mismo que el obispo Mariano Martí encontró en Altagracia de Orituco, en la segunda quincena de marzo de 1783, cuando visitaba pastoralmente a esta población y ya la feligresía sanmiguelina estaba agregada a la altagraciana. Era el más antiguo de los libros de la iglesia “parroquial” de San Miguel, acerca del cual el prelado agregó: “…Este mismo libro tiene una nota firmada de dicho Cura capellán [Juan de Barnuevo] que dize haver formado sus libros parroquiales desde 4 [sic] de junio de 1676 para los feligreses pertenecientes a este Valle de San Miguel del Rosario de Orituco y hasta de la Cruz del Maestre de Campo don Pedro de Mesones, y que en dicho año se fundó esta Iglesia por el Illmo. y Rvmo. señor maestro fray don Antonio González de Acuña, cometida o encargada a dicho don Juan de Barnuevo, Cura capellán de dicho San Miguel…”

     Esos datos aportados por el padre Juan de Barnuevo sirvieron para celebrar en 1976 un supuesto tricentenario de la creación de la parroquia Nuestra Señora de Altagracia, a lo que algunas personas le agregaron que se trataba también de la fundación de Altagracia de Orituco. Esa festividad fue el efecto de un lamentable error de interpretación, pues el documento no indica, en ninguna de sus líneas, que esa fecha correspondía a la fundación de una parroquia o de un pueblo. Una creación semejante ameritaba un dictamen previo sobre ese particular, emitido por la superioridad eclesiástica con jurisdicción en Venezuela. La nota del cura Barnuevo no tenía esa significación para San Miguel ni para Altagracia de Orituco porque este pueblo no existía; está referida  expresamente al uso del libro, a la fecha de su apertura, al sacerdote que lo comenzó, al año de la creación del templo, al fundador de “esta santa iglesia” y al cura capellán encargado de ella.

     Es conveniente subrayar, con fines aclaratorios, que el obispo González de Acuña visitó pastoralmente a San Sebastián de los Reyes en febrero-marzo de 1676, cuando el presbítero Barnuevo ejercía el sacerdocio en esa ciudad. Ese mismo prelado, mediante carta fechada en Turmero el 22 de abril de ese año de la visita, notificó al rey acerca de la construcción de iglesias en varias poblaciones, entre las cuales estaba la de San Sebastián de los Reyes a cuya territorialidad pertenecía San Miguel del Rosario. ¿Uno de aquellos templos era el sanmiguelino?

     El padre Barnuevo tenía el deber de organizar los libros del registro eclesiástico de una feligresía cuya iglesia era nueva y para la cual estaba recién comisionado, pues hacía poco tiempo de su llegada a San Miguel desde San Sebastián de los Reyes, de donde lo habían transferido por graves problemas de conducta, de los cuales se enteró el propio obispo. Es antihistórico afirmar que aquella apertura equivale a la fundación de una parroquia o de un pueblo, porque lo que revela el documento es que se trató, sencillamente, de un acto protocolar ejecutado por el cura Barnuevo en cumplimiento de una responsabilidad sacerdotal, que coincidió con el año de la fundación de un templo nuevo; era el mismo deber que tenían otros sacerdotes con sus feligresías en casos similares. ¿Qué relación había entre aquella iglesia de San Miguel y el compromiso que tenían los encomenderos lugareños de construir un templo para el adoctrinamiento de los indios encomendados a su cargo, de acuerdo con las normas del entonces imperante régimen de trabajo gratuito y obligatorio, que los indígenas debían cumplirle durante tres días semanales al encomendero respectivo, cuando aún faltaban diecisiete años y nueve meses para el surgimiento de Altagracia de Orituco, el 1 de marzo de 1694 como consecuencia de la abolición de ese sistema de servicio personal en 1687?

     Por otra parte, la ocasión es apropiada para anotar que llama mucho la atención los quince meses y veinticinco días transcurridos desde la fecha de apertura de aquel libro eclesiástico hecha por el clérigo  Barnuevo y la del primer bautismo que registró allí el 29 de septiembre de 1677, el cual correspondió a un negro adulto de nombre Domingo, quien era esclavo de don Pedro de Mezones. El segundo lo dispensó en diciembre de ese año a María Rosa, mulata esclava, hija legítima de Domingo, indio encomendado de doña Catalina de Rangel, y de Juana, negra esclava de Juan de Ortuño. Los siguientes fueron realizados el 25 de mayo de 1678, cuando confirió el sacramento a dos negras adultas identificadas como María y Victoria, quienes eran esclavas del tesorero Fernando Aguado de Páramo. Los daños del documento apenas permiten saber que, en ese mismo año 1678 y después de esas dos negras, se lo administró a una esclava del alférez Melchor Muñoz de la Vega y a una india de la encomienda del capitán Juan de Laya, cuyo padrino fue un alférez, quizás del valle sanmigueleño. En resumen: El padre Barnuevo no realizó bautismos durante el lapso comprendido de los primeros días de junio de 1676 a los últimos de septiembre del año siguiente; solo efectuó dos bautizos en el  tercio final de 1677 y ninguno en el primer cuatrimestre de 1678. ¿Qué ocurría con la evangelización en San Miguel entonces?

Altagracia de Orituco, 31 de mayo de 2018.

FUENTES

I.- Documentales

ARCHIVO DE LA PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE ALTAGRACIA. Altagracia de Orituco, estado Guárico. Libro de bautismos de San Miguel del Rosario y del pueblo Nuestra Señora de Altagracia. Años 1677-1744.

II.- Biográficas

CASTILLO LARA, Lucas Guillermo. San Sebastián de los Reyes. La ciudad trashumante. Caracas. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, vol. 172, t. I, 1984.

MARTÍ, Mariano. Documentos relativos a su visita pastoral de la Diócesis de Caracas. 1771-1784. Libro personal. Caracas. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, vol. 96, t. II, 1969.

III.- Hemerográfica



La gráfica muestra el resto documental de la apertura del libro de bautismos, velaciones y casamientos de la iglesia del Valle de San Miguel del Rosario, hecha por el padre Juan de Barnuevo el 4 de junio de 1676. Foto: Carlos A. López Garcés, jueves 16 de enero de 2014.

miércoles, 30 de mayo de 2018

EL ENCUENTRO ESTUDIANTIL DE CRONISTAS E HISTORIADORES... XV años de fructífera labor

FELIPE HERNÁNDEZ G.*

Asistimos al XV Encuentro Estudiantil de Cronistas e Historiadores del municipio Infante que se realizó el jueves 24 de mayo de 2018 en las instalaciones de la sede de la Cámara de Comercio y Producción del Municipio Leonardo Infante. Quince años ininterrumpidos (2004-2018), durante los cuales los alumnos de las escuelas urbanas y rurales de las parroquias Valle de la Pascua y Espino, asesorados por sus maestros, se dieron cita con la historia local de sus comunidades. 
La actividad, como siempre, estuvo coordinada magistralmente por la presidenta-fundadora de la Fundación de Historiadores y Cronistas Estudiantiles –FUNDHCROE, 2009--- Prof. Ligia López Puerta y un muy diligente equipo. Al arribar a los tres lustros, la fecha fue propicia para hacer memoria, recuperar lo mejor de lo transitado, explicar y diagnosticar el presente y con esos referentes lanzarse con más fuerza hacia el futuro. 
Desde el punto de vista histórico, este aniversario constituye un momento fundamental para comprender y reconocer el valor más profundo de la Fundación de…, que más allá de los desafíos y obstáculos que ha debido enfrentar, jamás se ha resignado a cambiar la esencia de su misión educativa e histórica, abogando por la inclusión y el respeto vocacional de los educandos, en el entendido que son individuos en formación en el estudio de la historia local, de las memorias de cada comunidad, sus singularidades y así dar respuesta a las inquietudes inherentes a la institución educativa donde se forman en tan útil labor, de la mano de un docente asesor y de todo el personal que labora en cada escuela, despertando vocaciones que en el devenir pueden encausar su vida y su hacer en la labor de escudriñador de su historia, generando espacios para optar, decidir y gozar de iguales derechos y posibilidades.
Ante los referentes expuestos, creo necesario volver sobre un artículo de mi autoría escrito en 2014 que titulé: Encuentro de Cronistas Escolares en Valle de la Pascua, donde se lee: En el libro Apología de la Historia o el Oficio del Historiador, el autor francés Marc Bloch inicia la Introducción con la ingenua pregunta: “Papá, explícame para qué sirve la historia”, [le] pedía hace algunos años a su padre, que era historiador, un muchachito allegado mío…”. Y continúa Bloch: “Quisiera poder decir que este libro es mi respuesta. Porque no alcanzo a imaginar mayor halago… que saber hablar por igual a los doctos que a los escolares… reconozco que la sencillez sólo es privilegio de unos cuantos elegidos… conservaré con mucho gusto, como epígrafe, esta pregunta de un niño cuya sed de saber acaso no haya logrado apagar de momento…”. Más que una ilustración didáctica, es una justificación de la disciplina de la Historia ante el necesario examen de conciencia del historiador ante su papel de cuestionador e intérprete de procesos cronológicos y espaciales como factores de referencia.
Con ese norte, el XV Encuentro de… ciñéndose a la programación preparada por sus organizadores, se inició con la interpretación por la coral estudiantil de la EB “12 de Octubre” dirigida por la Prof. Brizeida Aular, de los himnos Gloria al Bravo Pueblo, del Guárico y de Valle de la Pascua; palabras de bienvenida de la presidenta y fundadora del Encuentro, Prof. Ligia E. López Puerta; luego la moderadora Prof. Marlin Villalobos invitó a la Sra. Petra Parra de la Sociedad Socorro Mutuo para que dirigiera unas palabras y recitara una poesía alusiva al evento. 
Seguidamente se inició el ciclo de exposiciones… 14 ponencias, entre ellas, la presentada por la niña Andreina Santaella (5to grado), EBN-Rural “Jácome Arriba”, titulada: “Iván E. Rojas… buscador de puntos de agua”, asesorada por las maestras Argelia Escobar y María Castillo. ---Alumno Jesús Alejandro Marín (6to grado) EB “Celestino Párraga Marrero” NER 146, caserío La Pereña: “El conuco y el abastecimiento alimenticio”, asesora: Prof. Miriam J. Torrealba. --- Alumna María Valentina Vargas (6to grado), Colegio Nuestra Señora del Valle: “Honor a la Sra. Lisbeth J. Medina”, asesora: Yajaira de Zamora. ---Alumna Imberly Parra (4to grado) NER 054: “Velorio de Cruz de Mayo en el caserío Apamate”, asesores: maestros Nuarwuin Higuera y Anthony Álvarez. ---Alumna Victoria Celeste González (5to grado), EB “Clara Matos Arzola”: “La Sociedad Socorro Mutuo, una institución…”, asesora: maestra Rosmivelli Infante. ---Alumno Luis Felipe Záa (6to grado), Colegio “Juan Pablo II”: “Vida y Obra de Juan González Padrón”, asesor: Absalón Zambrano; entre otras participaciones de los planteles: EB “Andrés R. Fuentes” del NER 146; UE-DC 33 “Los Caobos”; EB Rural “San Pedro”; UE “Jesús López Escobar” Zanjonote de la montaña; UE “Lourdes Camero Ramírez”; UE “Apamate”; GEN “Juana Josefa Vargas” y UE Rural “Mamonal”, etc. 
Vale considerar que la enseñanza de historia en la escuela primaria tiene como objetivo despertar en los alumnos una curiosidad sobre los acontecimientos históricos. En ese orden, en cada ponencia se planteó que los alumnos adquiriesen conocimientos básicos del pasado de sus comunidades, del Guárico y del país, para que con estos saberes desarrollen habilidades y destrezas que le permitirán comprender mejor el mundo y buscar explicaciones conforme a las dudas que se les vayan presentando, lo que conllevará a descubrir su identidad como individuo y los cambios que ha tenido la sociedad y su entorno geoespacial.
En esta XV edición, muchos docentes, personalidades y un nutrido público se dieron cita en el acto, entre otros, el eterno maestro de generaciones, Prof. Elpidio Barrades Martínez, la Prof. Teresa Navarro de Aguilar, Prof. Maritza de Michelangelli, Prof. Héctor Ortega, la directora del Colegio “Juan Pablo II, Prof. Carmen de Ortiz, los profesores Yendy Gámez, Rosa Vidal Marruz, Filiberto Alpón, Rosaura Valdez, Dr. Fernando Aular y señora, doña Cándida de Álvarez y doña Petra Parra de la Sociedad Socorro Mutuo, medios de comunicación... Finalmente, un merecido reconocimiento a la Prof. Ligia López y al equipo integrado entre otros por los docentes Lisbeth de Candiago, Rosa Pastora Ortega, Ana Carmen Zuniaga, Elizabeth Arévalo, Zoraida Rebolledo de Pérez, Lola Rodríguez, Arturo López, Ada Loreto, Marlin Villalobos, Ramón Correa… y un largo etcétera... adelante siempre. 
Valle de la Pascua, viernes 25 de mayo de 2018.
*UNESR-Cronista del Municipio Leonardo Infante // fhernandezg457@yahoo.com
Fotografía de Luis Felipe Záa, alumno de 6to grado en el Colegio "Juan Pablo II" quien hizo una excelente ponencia sobre "La vida y obra del canario Juan González Padrón". Foto: Damelis Loreto...

jueves, 19 de abril de 2018

CALABOZO EN LA RUTA DE LAS CASAS MUERTAS


Ubaldo Ruiz


    Uno de los rasgos que más ha definido el carácter de los venezolanos, considerados en su conjunto social, desde su cristalización como pueblo en la época de la dominación hispana, y que mantiene invicta su vigencia en esta segunda década del siglo XXI, ha sido aquel que ha tendido a desdeñar las obras construidas por nuestros ascendientes.
    No importa si se trata de instituciones, o de infraestructuras materiales, el afán ha sido edificar sobre ruinas. Ruinas inducidas, provocadas, ocasionadas. Se sospecha que la Historia no es pertinencia sino obsolescencia, que en vez de génesis armónica y fuente de comprensión, lo viejo es antagónico de lo nuevo, estorbo del progreso. Esta actitud ha marchado triunfalmente a pesar (o quizás debido a eso) de la persistencia de un discurso oficial que ha reducido la Historia a un continuado y abyecto culto al héroe, conceptuado como caudillo militarista.
    Por esa vía hemos visto plasmarse sobre la misma página nacional cinco repúblicas, más de veinte constituciones, y una larga sucesión de nombres oficiales del país, de circunscripciones y divisiones político- territoriales, de denominaciones de ámbitos y parajes públicos. Un país convertido en cuartilla borroneada y vuelta a escribir mil veces, en grotesco palimpsesto, en insólita yuxtaposición de cementerios de instituciones.
    Por esa misma vía hemos sido testigos de la desaparición de los más grandes conjuntos arquitectónicos construidos en otros siglos en las principales ciudades históricas de Venezuela. Las casas tradicionales fueron sucumbiendo sistemáticamente, algunas asesinadas impunemente por la pérfida asociación entre lucro y Estado, en las ciudades beneficiadas por la industria y el comercio. En las poblaciones menos afortunadas las dejaron morir la desidia y la ineptitud oficiales.
    Calabozo y Ortiz han compartido muchas cosas a través del tiempo de sus existencias, pues están ubicadas en la misma ruta de los llanos altos, del comercio ganadero y de las montoneras, en la misma carretera troncal. Compartieron la capitalidad del Estado Guárico, así como muchos personajes que realizaron actos destacados en ambas poblaciones. Y han compartido la tragedia de ver morir sus casas históricas. Están en la misma ruta de las casas muertas.
    El caudillo español José Tomás Boves trajinó muchas veces estas rutas, como comerciante de caballos y como jefe de tropas, pero estableció residencia y tienda en Calabozo. La tradición ubica el inmueble en la calle que quizás él oyó mencionar con el nombre “de El Calvario”, pero que después se ha llamado sucesivamente “de Colón”, “Crespo”, y hoy se conoce como calle “cuatro”. Lo que queda de la vieja edificación ha perdido una tapia, demolida hace poco tiempo por orden de un organismo oficial, pese a las denuncias de la comunidad, de instituciones y de personalidades.
    Parafraseando al poeta Andrés Eloy Blanco, podríamos asegurar que hoy en Calabozo “agoniza la tradición”, pues lo que ocurre con la tapia de Boves hace juego con el derrumbe de las tapias de la casa “Juana María”, habitada por el General Páez, y con el estado ruinoso de las casas  ocupadas por el escritor Daniel Mendoza, y de muchas otras edificaciones similares. Quisieron las circunstancias que Calabozo llegara a contar con el casco histórico más extenso del país, pero quien visite hoy esa zona de valor histórico difícilmente podrá evitar horrorizarse ante el espectáculo de sus casas moribundas, y quizás se sienta impulsado a decir con el bardo cumanés “malaya la mano avara” que asesina la Historia en Calabozo.

viernes, 30 de marzo de 2018

JOSÉ FRANCISCO MARTÍNEZ ARMAS



Carlos A. López Garcés
Cronista de Orituco

            Fue un humanista guariqueño, autodidacta y polifacético, a quien el tintineo del gentilicio le repiqueteaba en las intimidades del espíritu. Las cualidades humanas que caracterizaron su existencia útil le acreditaron para merecer el recuerdo perdurable. Fue hombre de inteligencia clara, amistad cordial, conversación fluida y agradable, receptividad a las buenas intenciones y a las solicitudes justas, observación prudente, comentarios positivos, cooperación espontánea, honestidad imperturbable y sin mezquindades ni egoísmos; en fin, un ser humano en la expresión exacta de los términos. Vivió impregnado de espiritualidades y sin los angustiosos ni atosigantes amasamientos de capitales abultados malamente.



José Francisco Martínez Armas (1912-1996). Fotografía tomada del Diccionario biográfico-cultural del estado Guárico, escrito y publicado por Lorenzo Rubín Zamora (Caracas, 1974, p. 163).


            Don José, como lo llamaba con respeto la gente joven, falleció víctima del mal de Alzheimer, en Altagracia de Orituco, a las diez y media de la mañana del día lunes 15 de julio de 1996, en su residencia ubicada en la calle Santiago Gil-Norte, entre la Ilustres Próceres y la Colombia. Estaba próximo a cumplir 84 años de edad, pues nació en Zaraza el 4 de octubre de 1912. Era hijo de Miguel A. Martínez y María Esther Armas Santos de Martínez. Quedó huérfano muy niño. Llegó jovencito a Altagracia de Orituco,  procedente de su pueblo natal y acompañado de su padre, quien trabajaba como telegrafista en la estación gracitana. Fue alumno de la Escuela Federal Ángel Moreno (centro docente para varones que funcionó en Altagracia, de 1924 a 1956), a la cual ingresó el 7 de enero de 1929 para continuar el tercer grado, que había iniciado en una escuela zaraceña. Contrajo matrimonio con Amanda Gutiérrez Carchidio y de esta unión nacieron Esther, Delia y José Francisco.
 Aprendió la telegrafía para ganarse la vida y la ejerció como operario en Altagracia y Cumaná, durante veinticinco años hasta 1960, cuando fue jubilado por el Ministerio de Comunicaciones. Obtuvo el certificado de locutor, conocía de avicultura y enseñó castellano a empleados extranjeros de la Creole Petroleum Corporation. Fue un tangófilo cautivado por Carlos Gardel y taurófilo (¿paradoja?) admirador de los hermanos Girón, del Diamante Negro y de Manolete. Su vocación para versificar con sensibilidad motivó que se le identificara, cariñosamente, como Poeta Martínez; así fue confirmado en tierras orituqueñas donde enraizó sus afectos infinitos. Cantos sencillos a la fauna, a la flora y, en fin, a la naturaleza prodigiosa, vertidos en décimas y sonetos, predominan en su apreciable poesía, la que revela una pasión ornitofílica, como puede observarse en Paraje (Caracas, 1975) y en periódicos de Altagracia y de San Juan de los Morros.
            Debe resaltarse que José Francisco Martínez realizó actividades cronísticas con mucho esmero e intensa devoción, asumiendo, espontáneamente, la obligación de reconstruir hechos históricos de nuestros pueblos, sobre todo de los de Orituco e insistió en destacar virtudes personales ajenas. Pruebas de estas afanosas voluntades productivas son los libros siguientes: Reminiscencias de Zaraza: 1891-1936 (Caracas, 1963), una recopilación de notas periodísticas relativas a esta población guariqueña; Historia del béisbol en Altagracia de Orituco: 1907-1936 (Caracas, 1972), título éste que explica por sí mismo y Ellos también en el recuerdo (Caracas, 1981), un compendio de microbiografías de personajes populares que moraban en Altagracia de Orituco durante el siglo XX; además, publicó estos folletos: Servidores del telégrafo (Caracas, 1968), relato biográfico de don Valeriano Tinedo Moreán, experimentado telegrafista chaguaramense;  Dr. Pedro María Arévalo Cedeño: una vida consagrada al bien común (Caracas, 1970), reputado médico vallepascuense, muy respetado y apreciado en los pueblos de Orituco, donde contribuyó tesoneramente con la fundación y operatividad del Hospital San Antonio y del Colegio Guárico, que funcionaron en Altagracia en el siglo XX; Ángel Santiago González (Caracas, 1974), resumen de la vida corta y productiva de un joven intelectual y deportista gracitano, fallecido en 1925, a los 23 años de edad, que es el epónimo del estadio principal de Altagracia; El Grupo Escolar José Ramón Camejo de Altagracia de Orituco (Caracas, 1976) y Próspero Infante y la Escuela Federal Graduada Ángel Moreno (1984). Estos dos últimos folletos contienen importantes datos para comprender la evolución educativa altagraciana, desde 1924 hasta 1975. Dejó inéditos varios trabajos: Jefes civiles y concejales del distrito Monagas y presidentes del estado Guárico (en la primera mitad del siglo XX);  Algunas familias de Orituco y el poemario Recuerdos de Zaraza. Son conocidas algunas muestras de la interesante y variada colección fotográfica de motivos altagracianos, que logró captar y reunir desde joven como testimonios del transcurso del siglo XX.
Muchas crónicas escritas por el Poeta Martínez fueron publicadas en los diarios El Universal de Caracas, Alborada de Altagracia de Orituco y El Nacionalista de San Juan de los Morros, pero, básicamente, en Topano, periódico tabloide, de publicación mensual, fundado por el propio Martínez y Luis Emilio Infante, que circuló en Altagracia de Orituco desde mayo de 1964 hasta mayo de 1968, con el sano propósito de divulgar valores culturales orituqueños, destacando temas históricos, geográficos, literarios, folclóricos y humanos en general, sin parcialidades políticas. Martínez adquirió cierta experiencia periodística en sus tiempos juveniles gracitanos, cuando editaba la revista Terrón y los periódicos El Surco, Alfa y La Ñapa, que dirigió con dignidad junto con otros jóvenes contemporáneos.
José Francisco Martínez Armas debe ser considerado como uno de los cronistas confiables del siglo XX orituqueño, aun cuando haya incurrido en menudas equivocaciones propias de humanos, que no desacreditan su trabajo respetable por valioso. Colaboró con el Dr. José Ramón Medina en la elaboración de una antología poética del estado Guárico. Fue cofundador del Club Orituco, un “centro social” que agrupaba a la high life  altagraciana de los años cincuenta del siglo XX, donde se estimulaba la realización de acontecimientos culturales interesantes por influencias martinecinas. Ejerció la Secretaría del Concejo del Distrito Monagas guariqueño en 1954-1955, cuando eran tiempos del perezjimenato. Desempeñó el cargo de Secretario Privado del Gobernador del Estado Guárico, Dr. José Ignacio González Aragort, en 1969-1970, cuando comenzaba la primera presidencia del Dr. Rafael Caldera. Suya es la letra del Himno a Don José Ramón Camejo, escrito en 1975, para ser cantado por alumnos de esta escuela, con la música de los docentes Nelson Tortolero, Dalia de Dorta y Clara Carpio de Alfonso.  Martínez Armas fue Secretario de Cultura y Relaciones Públicas de la Fundación Dr. Pedro María Arévalo Cedeño, la cual contribuyó a crear en 1981 y a funcionar para provecho altagraciano.
Careció de apasionamientos político-partidistas, aunque no ocultó su admiración por el general Isaías Medina Angarita ni sus críticas al Dr. Arturo Uslar Pietro por integrarse con el Frente Nacional Democrático (FND) al llamado Gobierno de Amplia Base, propiciado por el presidente Raúl Leoni (militante accióndemocratista), en 1964. Martínez no admitió tal conciliación con quienes pretendieron difamar al notable intelectual venezolano. No fue perezjimenista; sin embargo, fue acusado de serlo por algunos adversarios de esta dictadura, vinculados a Acción Democrática, quienes idearon expulsarlo de Altagracia recién derrocado aquel gobierno, pero no lograron el objetivo porque se impuso la razón, finalmente, y el tiempo eliminó las consecuencias de estos sinsabores. Trabajó un corto lapso en el Ministerio de Educación, cuando este organismo lo dirigía el Dr. Julio de Armas. Vivió en Los Rosales, Caracas, después de jubilado como telegrafista, sin olvidar al Orituco, adonde viajaba con frecuencia. El Concejo del otrora Distrito Monagas del Estado Guárico, presidido por el ciudadano Pedro Celestino Itriago, lo declaró Hijo Ilustre de Altagracia de Orituco, junto con el pintor Efraín López González (Chepín) y el profesor Pedro Durán, el 4 de junio de 1987. Le temió mucho a la muerte; no obstante, solicitó seriamente la colocación en su tumba, a modo de epitafio, de los siguientes versos que memorizaba en junio de 1987: “Cuando me entierren aquí: / Ruego a una mano piadosa / que siembre junto a mi fosa / una mata de alelí”.
Los ciudadanos Arturo Graffe Armas, Erasmo Padilla Alvarado y Rafael Vicente Arévalo, tres fieles amigos de Martínez Armas cumplieron aquel requerimiento sublime del poeta, tiempo después de su deceso, en un gesto de fraternal solidaridad.
El poeta Martínez poseyó el privilegio de la buena y admirable memoria, hasta que lo afectó el mal de sus años finales. Fue enterrado en el Cementerio General de Altagracia de Orituco, en la mañana del día siguiente de su deceso. El profesor Arturo Graffe Armas, la señora Eva Luisa de Gómez y la docente Hilmar Hernández de Constant pronunciaron emotivas palabras de despedida ante el cadáver, en la Fundación Dr. Pedro María Arévalo Cedeño, de la cual fue miembro fundador y celoso guardián de su operatividad; allí le fue rendido un breve homenaje, que incluyó el Himno del Grupo Escolar José Ramón Camejo, cantado por alumnos de esta escuela.
            La obra de José Francisco Martínez Armas debe ser difundida para favorecer el conocimiento histórico de Orituco en particular y del Guárico en general. La Alcaldía del municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico puede y debe auspiciar este propósito ennoblecedor.

lunes, 30 de octubre de 2017

UNA ACCIÓN DE GUERRA EN EL CALVARIO EN 1820

Carlos A. López Garcés
Cronista del Municipio José Tadeo Monagas
Estado Guárico



1.- Requisito insustituible
           
            La base fundamental de la investigación histórica es la noticia contenida en cada escritura confiable, que, por  razones éticas, sirva para defender, sostener y conservar  la credibilidad del historiador como contribuyente de conocimientos útiles para la comprensión del hecho investigado, según lo indique esa fuente noticiosa, porque esta sigue siendo un recurso metodológico primordial e ineludible para quienes hicieron y hacen de la honrosa actividad de investigador un componente intrínseco de sus respectivas labores cotidianas.  Esta opinión puede deducirse de acuerdo con una sentencia recordada por el reputado académico José Antonio De Armas Chitty (1908-1995), cuando afirmó que “…La historia tiene que partir de documentos…” en una carta fechada en Caracas el 15 de noviembre de 1966 y remitida al director del quincenario vallepascuense Región, señor Lorenzo Rubín Zamora, quien la publicó en la página 2 de la edición Nº 44, que circuló en Valle de la Pascua el 30 de noviembre de 1966. La misiva fue redactada como respuesta a ciertas refutaciones insubsistentes que dos respetables y apreciados ciudadanos, el presbítero Francisco Hurtado y el profesor Rafael López Castro, habían hecho públicas, en ese mismo periódico, con respecto a las investigaciones de De Armas Chitty sobre los orígenes de Zaraza. 

2.- Documento interesante

            La  consideración anterior surge a propósito de un documento interesante para la historia del Guárico,  conservado en el Archivo General de la Nación, que es una copia con data en Puerto Cabello del 17 de junio de 1828, avalada por el capitán mayor Demetrio Chichiria y el comandante Orta, hecha con datos tomados de una hoja original de servicios militares de Hipólito Rondón, de cuando este era plaza del Escuadrón Granaderos Montados del Zulia y tenía el grado de primer comandante con 30 años de edad cumplidos.

            Es pertinente recordar que Hipólito Rondón fue un héroe de la independencia nacido en Taguay (estado Aragua) el 13 de agosto de 1797 y muerto en Lezama (estado Guárico), donde fue sepultado el 30 de septiembre de 1865; participó en la lucha emancipadora desde el año 1813 hasta 1823, combatiendo al mando de Simón Bolívar, Vicente Campo Elías, Gregorio Mac Gregor, José Félix Ribas, Pedro Zaraza, Santiago Mariño, Manuel Cedeño, José Antonio Páez, José Francisco Bermúdez, Manuel Manrique y de otros jefes de menor rango. Rondón es uno de esa numerosa cantidad de héroes olvidados o casi desconocidos, que significaron un elemento indispensable para la independización venezolana del colonialismo hispánico y fueron identificados como correspondientes a lo que el intelectual Lino Iribarren Celis llamó “el procerato menor” en un artículo suyo impreso en la página 4 del diario El Universal Nº 18.950, editado en Caracas el 6 de marzo de 1962.

3.- Pregunta inevitable

            En atención al título de este escrito debe decirse que, en el documento antes mencionado, Rondón da cuenta de su asistencia activa en “La [acción] del Pueblo de Carbario [sic] a las ordenes del Coronel Pedro Hernandez” en 1820. Esta aseveración motiva una pregunta inevitable: ¿A cuál acción de guerra se refiere este documento? La interrogante se origina porque las fuentes revisadas para realizar este trabajo no aportan noticias precisas acerca de ese caso que  habría ocurrido en El Calvario, pueblo ubicado al noreste de Calabozo en territorio guariqueño. Por otra parte, es conveniente advertir que el documento precitado contiene algunos desaciertos, como son por ejemplo: las batallas de San Marcos y de Semen las data en 1812 y la de Bocachica en 1813, que, como es sabido, la primera sucedió el 8 de diciembre de 1813, la segunda el 16 de marzo de 1818 y la tercera el 31 de marzo de 1814, amén de contener otras equivocaciones por causas desconocidas.

4.- Algunas observaciones

            Las circunstancias mencionadas en el párrafo precedente animan para procurar  la clarificación del dato documental problema, por lo que es factible hacer algunas observaciones concretas:

1ª.- Está negada la posibilidad de que se trate de la batalla acaecida en las sabanas de Mosquiteros, en las proximidades de El Calvario, el 14 de octubre de 1813, cuando fuerzas independentistas comandadas por el teniente coronel Vicente Campo Elías derrotaron a las tropas dirigidas por el general José Tomás Boves. Esta negación es indiscutible, pues el documento que se comenta cita la acción de guerra como acontecida en el pueblo de El Calvario en 1820 y dirigida por el coronel Pedro Hernández; además, allí mismo está registrada la presencia de Rondón en la batalla de Mosquiteros a las órdenes de Campo Elías, pero como sucedida en 1812, lo que es un error evidente.

2ª.- Algo ocurría en el pueblo de El Calvario un día después del combate de El Sombrero acaecido el 16 de febrero de 1818,  porque, desde esta misma localidad y con fecha 17 de febrero de ese año, el Libertador le ordenó al coronel Jacinto Lara que debía tomar el pueblo de El Calvario con las tropas asignadas por el general Manuel Cedeño, para proclamar allí la independencia y restituirle la libertad a sus pobladores (O’LEARY: 1981, t. 15, pp. 575, 576). Esta orden fue impartida en los términos siguientes:

            “Al señor Coronel Lara.
                        Marche US. con las tropas que el señor General Cedeño le designe al pueblo     del Calvario, a proclamar la independencia, y restituir a los habitantes la libertad.
                        A su entrada, publicará la adjunta proclama, e invitará a los vecinos       para que vengan a gozar en sus casas de los bienes que en ella se les ofrece,             atrayendo  a los que se les presenten, con un tratamiento dulce y paternal.
                         Entre los vecinos elegirá US. el que sea más honrado, activo y patriota y le       encargará el mando del pueblo, para que conserve el orden, administre justicia          interinamente y reúna a todos los habitantes.
                        Concluida que sea esta especie de organización, marchará US. con las    tropas a reunirse al ejército en Calabozo por el camino más recto, llevando     cuantas noticias haya del enemigo, y los caballos que puedan conseguirse útiles.
                        Recomiendo a US. que se invite [sic] y reprima todo desorden, robo,       vejación o exceso de las tropas contra los vecinos. Haga US. que se porten        todos con la moderación y virtud que deben distinguir a los republicanos.
                        Dios etc.
                        Sombrero, Febrero 17 de 1818 – 8º
                                                                                              Bolívar” 

            El comentario precedente  viene al caso porque el general Miguel de La Torre y sus fuerzas realistas se trasladaron a El Calvario después de derrotar en La Hogaza, el 2 de diciembre de 1817,  a los republicanos comandados por el general Pedro Zaraza.  La Torre y su ejército permanecieron en dicho pueblo durante varios días de diciembre de 1817; fueron tantos que aún estaban allí el día 28, cuando se preparaban para un nuevo enfrentamiento en el hato de Belén, de acuerdo con afirmaciones del académico Oldman Botello en su libro San Pedro de El Calvario, Centro de Venezuela (San Juan de los Morros, 2011, p. 59). Esta noticia induce a sospechar posibles secuelas antipatrióticas que habrían quedado en El Calvario, aun en las primeras quincenas del año 1818, debidas a la larga permanencia realista, lo que habría influido en la imperiosa necesidad de contrarrestarlas mediante la ocupación del pueblo con el fin de defender la independencia, recuperarle la libertad a sus pobladores e invitarlos a regresar a sus casas para organizar el vecindario, conforme a palabras del Libertador escritas en El Sombrero, que ya fueron citadas.

            Debe decirse que esta sospecha no aclara la acción de guerra en el pueblo de El Calvario mencionada en la hoja de servicios militares de Hipólito Rondón, donde está registrada como un hecho de 1820 y no de 1818, en el cual Rondón participó a la orden del coronel Pedro Hernández, como fue dicho antes, y no del coronel Jacinto Lara. Sin embargo, es conveniente anotar que, al parecer, la orden dada por el Libertador al coronel Lara fue cumplida al día siguiente de su impartición, pues el “Día 18.- Se mandaron destacamentos de caballería a El Calvario…” tal como lo revela, sin detalles, el Diario de Operaciones del Ejército correspondiente al mes de febrero de 1818, incluido en las Memorias del general O’Leary  (Barcelona, 1981, t. 15, p. 613), lo cual es un estímulo para suponer que en uno de aquellos destacamentos de caballería quizás iba Hipólito Rondón al mando del coronel Pedro Hernández; esto es decir que la acción de El Calvario, referida en la hoja de servicios de Rondón, tal vez equivale realmente a la toma de ese pueblo ordenada por  Bolívar en 1818 y no a otro hecho que fue datado en 1820, máxime cuando la hoja de servicios que se comenta reseña la presencia de Rondón en la batalla de El Sombrero, a la orden del Libertador en 1818; además, es importante añadir que Rondón siempre fue de la caballería.  Por estas razones puede pensarse en que se trata de otra posible equivocación estampada en la hoja en comento.  

3ª.- No debe confundirse el pueblo de El Calvario, ubicado al noreste de Calabozo,  con la colina El Calvario, sita al oeste de Caracas, donde las fuerzas republicanas dirigidas por el general José Francisco Bermúdez fueron derrotadas por las tropas realistas al mando del coronel José Pereira, el 23 de junio de 1821 (DÁVILA: 1926, p. 36).  Eran días de la denominada Distracción sobre Caracas, cuando Rondón militaba en las tropas de Bermúdez, quien comandaba aquella actividad bélica ordenada por el Libertador para disminuir la concentración de fuerzas realistas en el campo de Carabobo, el 24 de junio de 1821 (RESTREPO: 1969, t. IV, p. 256, 257. DE MOSQUERA: 1983, pp. 339, 340). La asistencia de Rondón en estas acciones sobre la capital está registrada en su hoja de servicios, con lo cual se anulan supuestas confusiones con respecto al caso en estudio.

4ª.- Es obligatorio hacer una pregunta: ¿Quién era el coronel Pedro Hernández? La respuesta es difícil satisfacerla plenamente, porque son desconocidas las posibles informaciones relacionadas con este jefe que asistió a la acción de guerra en el pueblo de El Calvario, que ahora es motivo de investigación. Por esto es oportuno transcribir el aporte del Diccionario de Historia de Venezuela editado por la Fundación Polar (Caracas, 1997, t. 2, p. 681) sobre un independentista venezolano de nombre Pedro Hernández, de quien apenas dice que fue un “líder patriota ejecutado por el jefe realista Francisco Tomás Morales en la costa oriental del lago de Maracaibo” en diciembre de 1821, para referirse al padre del poeta, impresor y periodista Pedro Hernández Moreno, quien nació en Maracaibo, estado Zulia, el 30 de agosto de 1821 y falleció en Cúcuta, Colombia, el 18 de mayo de 1874, cuya madre era Asiscla Moreno. No ha sido posible confirmar que se trata del mismo personaje mencionado por Rondón. 

5ª.- El acreditado cronista de Maracay, profesor, periodista y académico Oldman Botello, a propósito de estar redactando una historia del estado Guárico, fue interrogado en Taguay, el domingo 13 de noviembre de 2016, por el autor de estos apuntes con respecto a ese hecho bélico en El Calvario y la factibilidad de que hubiese sido un combate. Su respuesta fue así: “No tengo ninguna información sobre lo que me dices. Debió ser un encuentro pequeño sin mayores consecuencias. En toda la bibliografía y documentación consultada para escribir la Historia del Guárico no apareció ese encuentro, si es que lo hubo.”

Conclusión

            Aun cuando las fuentes consultadas para realizar este trabajo no aportan noticias taxativas que sirvan para esclarecer  la acción de guerra acaecida en El Calvario, reseñada  en la hoja de servicios militares de Hipólito Rondón como ocurrida en 1820, es posible suponer que datarla en este año fue un equívoco con respecto a la ocupación de ese pueblo por orden del Libertador, impartida desde El Sombrero el 17 de febrero de 1818. Al parecer, aquel mandato fue ejecutado al día siguiente con comandos de caballería enviados también desde El Sombrero,  en uno de los cuales tal vez iba Hipólito Rondón al mando del coronel Pedro Hernández.  Esta conjetura tiene cierto grado de coherencia, porque Rondón era jinete e intervino en la batalla de El Sombrero a la orden del Libertador.
                                              
            No obstante, es de interés resaltar, en honor a la verdad histórica, que las informaciones recopiladas sobre este caso son insuficientes; no alcanzan para evidenciar que la acción bélica registrada en la hoja de servicios militares de Hipólito Rondón está relacionada con la ocupación de El Calvario en 1818 ordenada por Bolívar. Esto significa que la averiguación debe continuar, pues se trata de un asunto desconocido que incita a investigarlo plenamente para el enriquecimiento de la historia del Guárico y en particular de la parroquia El Calvario del municipio Miranda; aunque esta labor requiere de la participación de todos los interesados, porque la investigación histórica no es exclusividad de alguien, como lo dijo el académico José Antonio De Armas Chitty cuando afirmó con razón que “…jamás he creído que la historia es monopolio de una persona…”  en la misma carta enviada al señor Lorenzo Rubín Zamora, director del periódico Región, editado en Valle de la Pascua el 30 de noviembre de 1966, que fue comentada en el primer párrafo de esta exposición(1).

______________
(1) Nota. Este trabajo fue leído en el XI Encuentro de Cronistas e Historiadores de Venezuela en Calabozo, municipio Sebastián Francisco de Miranda, estado Guárico. Fue escrito especialmente para ese acto que tuvo lugar el sábado 30 de septiembre de 2017, en el Salón Belluno del Hotel Plaza Real de esa ciudad llanera.

FUENTES
  
I.- Documentales

            ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN (A.G.N.). Caracas.


II.- Bibliográficas

            BOTELLO, Oldman. San Pedro de El Calvario, Centro de Venezuela. San Juan de los   Morros. Sistema Nacional de Imprentas del Estado Guárico, Fundación Editorial el          perro y la rana, Red Nacional de Escritores y Escritoras Socialistas de Venezuela,            Colección José Antonio de Armas Chitty;  2011.

            DÁVILA, Vicente. Acciones de guerra en Venezuela durante su Independencia.         Caracas. Tipografía Americana; 1926.

            DE ARMAS CHITTY, J.A. Historia del Estado Guárico. Caracas. Ediciones de la   Presidencia de la República; 1982.
            DE ARMAS CHITTY, J.A. Historia del Guárico (1807-1974). San Juan de los Morros.       Impreso en los Talleres de Gráficas Los Morros, t. II; 1978.

            DE MOSQUERA, Tomás Cipriano. Memorias sobre la vida del general Simón   Bolívar. Caracas. Ediciones de la Presidencia de la República, cuarta edición, vol.   182; 1983.

            Diccionario de Historia de Venezuela. Caracas. Fundación Polar, segunda edición,      t. 2;  1997.

            Memorias del General O’leary. Barcelona, España. Ministerio de la Defensa de           Venezuela, t. 15, 16; 1981.

            RESTREPO, José Manuel. Historia de la Revolución de Colombia. Medellín,      Colombia. Editorial Bedout, t. III, IV; 1969.

            RODRÍGUEZ, Adolfo. El estado Guárico: Orígenes, mundo y gente. San Juan de los      Morros. Comisión Regional Conmemorativa del V Centenario del  Encuentro de Dos       Mundos del Estado Guárico; 1994.

            RODRÍGUEZ, Adolfo. Mural de los pueblos del Guárico. San Juan de los Morros.          Asociación Civil Editorial Guárico, vol. 41; 2008.


III.- Hemerográficas

            BOTELLO, Oldman. “Un prócer ignorado”. Columna: Curucuteando el arcón.  el            siglo. Año XVIII - Nº 6.038. Maracay, domingo 7 de octubre de 1990, p. A-2.

            DE ARMAS CHITTY, José Antonio. “Por los orígenes de Zaraza”. Región. Director:          Lorenzo Rubín Zamora. Año III – Nº 44. Valle de la Pascua, 30 de noviembre de 1966, p. 2

            IRIBARREN CÉLIS, Lino. “El Prócer Guariqueño Hipólito Rondón”. Columna: Atisbos       de la Hora. El Universal. Año LIII – Nº 18.950. Caracas, martes 6 de marzo de 1962,     p. 4.


IV.- Información oral


            BOTELLO, Oldman. Taguay, domingo 13 de noviembre de 2016.

viernes, 20 de octubre de 2017

LA REVOLUCIÓN LIBERTADORA EN EL GUÁRICO (1901-1903)

FELIPE HERNÁNDEZ G.
UNESR/Cronista del Municipio Infante-Guárico


Algunos líderes de la revolución, El General M.A. Matos al centro, Lino Duarte (derecha), Doctor Santos Dominici (izq.),
Manuel Matos hijo (de pie), Epifanio Acosta (de pie) foto donada por la familia del Dr. Santos Dominici.



La Revolución Libertadora (1901-1903) fue una Guerra civil, en la que una coalición de caudillos regionales encabezados por el banquero Manuel Antonio Matos, aliados con empresas trasnacionales (New York & Bermúdez Company, Orinoco Steamship Company, y la  Compañía del Cable Francés, entre otras), intentaron derrocar al gobierno del Gral. Cipriano Castro.
A los efectos de comprender la importancia de la Revolución Libertadora, es preciso señalar que fue una insurrección armada contra el gobierno de Cipriano Castro. Fue el único de los movimientos armados que se produjeron en Venezuela donde se combinaron los intereses de los caudillos regionales con los de empresas de capital extranjero que operaban en el país. La Libertadora fue la última resistencia del caudillismo contra la soberanía del Estado Nacional, representado por Cipriano Castro (1899-1908) y luego por Juan Vicente Gómez (1908-1935).
Cuando estalló la Revolución Libertadora patrocinada por el banquero Manuel Antonio Matos, con importantes vínculos familiares en Chaguaramas y otros pueblos del Guárico, en confabulación con empresas transnacionales, el Gral. Pedro Pablo Montenegro Pittaluga desempeñaba por primera vez la presidencia del estado Guárico (1901-1904 / 1905-1907) en Calabozo, y debió resistir no sólo el embate de la guerra sino las intemperancias del presidente, el Gral. Cipriano Castro. El gobernador Montenegro se mostró pusilánime en el conflicto. Empero, soportó el sitio de Calabozo en 1902 que comandó su enemigo irreconciliable, el doctor y general orticeño Roberto Vargas, mejor conocido como el Tuerto Vargas... Se cuenta que Montenegro, una vez consumada su derrota, huyó al Palacio Episcopal donde lo recibió y escondió su amigo y viejo maestro, Mons. Felipe Neri Sendrea, obispo de la Diócesis. Vargas supo que allí estaba. Cuando pasó por la residencia del presidente del estado, su familia, encabezada por su esposa, doña Josefina Ríos Bigott de Montenegro, preguntó al jefe de las fuerzas revolucionarias ¿Si los Montenegro iban a correr la misma suerte que el general Maximiano Mota? General sombrereño fusilado en la plaza Bolívar ese día, acusado de maldades, entre ellas violaciones a mujeres en el campo, entre ellas, una pariente del doctor Vargas. Este respondió al reclamo: “El que no la debe no la teme. No espere vilezas de los hombres de verdad”. Montenegro no sufrió vejaciones. Recobró la libertad cuando Vargas se retiró de Calabozo... La derrota no fue causal para destituir al general y poeta calaboceño, quien continuó dando el frente a la guerra enseñoreada en el Guárico hasta 1903.
En el libro “El Hombre de la Levita Gris” (1953) de Enrique Bernardo Núñez, se reseñan todos los alzamientos que debió enfrentar Castro desde su llegada al poder: “...El de José Manuel Hernández, el de Rolando, el de Celestino Peraza en Chaguaramas y el Oriente del Guárico, el de Rafael Montilla, el del general Pedro Julián Acosta...”.
La participación del pueblo guariqueño en la revolución Libertadora, al igual que en el resto del país, no se hizo esperar, ya que esta representó la alianza entre caudillos descontentos representantes del nacionalismo y el crespismo, un claro divorcio entre la burguesía nacional representada por el general Manuel Antonio Matos y la presencia de intereses extranjeros no adeptos al régimen castrista. Una revolución de características diferentes en cuanto al apoyo brindado por las potencias extranjeras, un financiamiento monetario y suministro bélico, donde el objetivo era derrocar al presidente Cipriano Castro con el objeto de obtener beneficios, tanto para influir en los asuntos oficiales y en las ganancias que pudiera aportarles.
El ascenso del General Cipriano Castro al frente de la Revolución Restauradora o Invasión Andina, será objeto de grandes expectativas para los sectores políticos del Guárico... su predomino en el poder central, entre ellos, los caudillos regionales Zoilo Medrano, Joaquín Crespo, y Roberto Vargas, quienes tuvieron una activa participación a lo largo del siglo XIX. Los andinos van a ser considerados individuos extraños al medio, por lo tanto se teme al regionalismo andino y lo que significaría la organización política instaurada, aprovechada por algunos sectores para debilitar al Partido Liberal, al respecto se puede señalar a título ilustrativo, la siguiente reseña periodística del periódico El Argos (1900) publicado en Calabozo: Castro es andino, andinas son las influencias que lo rodean y andino sus anexos, parentescos y de familias, es claro pues que el andinismo es el resorte más delicado de esa poderosa máquina. Los oligarcas son astutos para la intriga, la costumbre de andar en conspiraciones… El Guárico se convirtió en centro de operaciones, la población de Zaraza fue la sede del Ejército Libertador para las tropas que desde Oriente se dirigían al centro del país (a la ciudad de La Victoria).
Boletín de Guerra. Secretaría General.
Cuartel General Libertador de Zaraza, 4 de agosto de 1902.
Jefe Civil de Tucupido.
Acabo de saber que una fuerza que defendía al gobierno de la Dictadura convencida de la inutilidad de la lucha, se ha acogido ante Ud., patrióticamente a la clemencia de la Revolución Libertadora. Esta causa es la causa del pueblo y trae como programa y propaganda el completo establecimiento de las leyes.
Su amigo, M.A. Matos.  
Zaraza, 1 de Septiembre de 1902.
Si la temeridad de nuestros enemigos a pesar de las terribles enseñanzas de la derrota, requiere de otros golpes de la indomable superioridad moral y material de nuestros ejércitos... El último esfuerzo se hace necesario para derrocar al tirano, avivad nuestras energías:
¡Viva la Revolución Libertadora! /  ¡Viva el General Manuel Antonio Matos! ¡Viva el General Luciano Mendoza! ¡Viva la causa liberal!
El 1º de septiembre de 1902 muere en La Pascua, el General Domingo Monagas, el gran jefe oriental. Era hijo del General José Gregorio Monagas, héroe de la independencia y autor del Decreto de Libertad de los Esclavos (24 de marzo de 1854) (y de doña Clara Marrero). Muerto Monagas, quedaba el General Luciano Mendoza como el máximo estratega de la Revolución. Guzmán Blanco decía de Mendoza que “vive de una leyenda que no tiene comprobación en la realidad, no es más que un guerrillero, que no le cabe un batallón en la cabeza”, pero ahora iba a decidir con su opinión la suerte de una revolución y el destino político de un país. Antes de morir, el General Domingo Monagas le aconsejó al General Matos marchar por los Valles del Tuy sobre Caracas, sin presentar batallas, en el camino. Para la revolución, la última opinión de Domingo Monagas a Manuel Antonio Matos encerraba la clave del triunfo41.  
El Gral. Domingo Monagas murió el 1º de septiembre de 1902 en Valle de la Pascua, posiblemente de apendicitis, cuando La Libertadora. En esta ciudad fue velado y enterrado. Su muerte significó una gran pérdida para la causa de la revolución... el caudillo era sinónimo de valor y arrojo en el combate, por esa fama muchos hombres se sumaban a sus tropas. En la lápida de su tumba en el viejo cementerio municipal de Valle de la Pascua, durante mucho tiempo estuvo escrita la frase: “General Domingo Monagas Marrero. 1º de septiembre de 1902. “Aquí yace La Libertadora”...
En artículo de prensa publicado por el Cronista, Dr. Luís Fernando Melo, da referencias sobre la atención profesional que se le dio al cadáver del general Domingo Monagas Marrero; hijo del general José Gregorio Monagas Burgos y de su segunda esposa, doña Clara Marrero; quien murió de un mal intestinal en La Pascua cuando iba camino a La Victoria, donde se iba a dar la batalla decisiva de la guerra conocida en la historiografía como “La Libertadora”. El trabajo de embalsamamiento lo ejecutaron los doctores Jesús María Istúriz López, Cristóbal Molina y Luís M. Godoy. Este último, nativo de Barcelona, era el médico que traía Monagas al servicio de su hueste...
La Revolución Libertadora fue la última guerra civil que vivió Venezuela, que culminó con la victoria de las tropas de Cipriano Castro, comandadas por el general Juan Vicente Gómez contra el general Nicolás Rolando, el 21 de julio de 1903 en la batalla de Ciudad Bolívar. La derrota de la Revolución Libertadora marcó el final del siglo XIX venezolano caracterizados por la inestabilidad política y las escaramuzas entre caudillos, el final de la época de las grandes guerras civiles venezolanas, dando paso a una etapa de consolidación del gobierno central bajo el gobierno de los andinos... Era la Venezuela de la violencia, de los caudillos, de los jefes civiles, de las montoneras armadas, de los militares empíricos que lograban sus ascensos en las continuas escaramuzas bélicas. Era la Venezuela de la tuberculosis, del paludismo endémico y del atraso.
Valle de la Pascua, jueves 15 de junio de 2016...

El Motor de aire desafía la segunda Ley de la Termodinámica. Invento de un guariqueño.