domingo, 20 de noviembre de 2016

LA RADIO EN VALLE DE LA PASCUA... Antecedentes históricos.

FELIPE HERNÁNDEZ G.
Cronista Oficial del Municipio Leonardo Infante- Valle de la Pascua


La historia de la radio en el estado Guárico comenzó a mediados del siglo XX cuando se abrieron las primeras radios en Amplitud Modulada (AM) en San Juan de los Morros, Valle de la Pascua y Zaraza. Los antecedentes en Valle de la Pascua se remontan al año 1949, cuando Luis Adolfo Melo fundó la Publicidad Guárico y con cuatro altoparlantes colocados en diferentes esquinas de la ciudad transmitía programas y avisos comerciales y sociales desde las siete de la mañana hasta las nueve de la noche.
El año 1950 se estableció en Valle de la Pascua  el ingeniero Carlos Poleo, propietario en ese entonces de las emisoras “La Voz del Tigre” en El Tigre y “Ondas Porteñas” en Puerto La Cruz- estado Anzoátegui, su idea: instalar una estación de radio en Valle de la Pascua. Para ello compró la Publicidad Guárico a Luis Adolfo Melo, y solicitó los permisos ante el Ministerio de Comunicaciones y el Concejo Municipal de la época.
            Con el nombre de Radiodifusora La Pascua YVLO, 1370 kilociclos inició el período de prueba el tres de noviembre de 1952. El 28 de noviembre de ese año fue inaugurada oficialmente. En 1955 la emisora fue comprada por los señores José Rafael Negrón y Carmen Khan. Aquí comienza lo que se podría considerar la segunda etapa de la emisora. Posteriormente, el primero de noviembre de 1971 la emisora fue vendida nuevamente a la compañía Intrasol de los señores Simón Moreno Moreán, Evangelo Yanopoulos y Mario Casamassima. Radio La Pascua significó para Valle de la Pascua la entrada al mundo de la información de una ciudad que en los años cincuenta experimentaba un franco crecimiento, producto de la migración rural-urbana y del establecimiento en la zona de compañías petroleras y florecientes comercios.
            La segunda emisora que se estableció  en la ciudad fue Radio Enlace 860 AM, el 22 de junio de 1990. Siendo sus propietarios los señores Omar Camero Zamora y su hijo Omar Gerardo Camero Álvarez. El 28 de noviembre de 1992 fue inaugurada Radio La Pascua FM, de la compañía Intrasol; y el 25 de septiembre de 1995 inició su programación Radio Ambiente 96.1, cuyos propietarios iniciales fueron el Arq. Manuel Matos Charmelo, la Sra. Carmen Teresa Alcalá de Matos, el Prof. Ramón Santiago Martínez y el Sr. Juan Francisco Champión; en la actualidad, dicha emisora es propiedad del afamado cantautor Reinaldo Armas.
            A partir del año 2000 se han establecido las emisoras FM: Guariqueña 93,5 (Buenísima 93.5); Auténtica 90.5; Alternativa 100.7;Ambiente 96.1 FM; Buenísima Plus 101.5 FM; Deportiva 98.3 FM; Deportivísima FM; Dinámica FM; Estirpe FM; Excelente 92.1 FM; Expresión 90.5 FM; Garcitas Stereo 101.1; Kairos 104.5 FM (Tiempo de Dios); Kolor FM; Luz Guerrera 93.5 FM; Mega Latina 97.9 FM; Onda La Superestación 89.7 FM; Platino 102.3 FM; Popular 106.1 FM; RNV 88.9 FM (Canal informativo); Stilo 107.1 FM; Talento 102.7 FM; Vida 94.1 FM, Retro Radio on Lineentre otras.
A modo de corolario, es importante señalar que la radio como medio informativo siempre ha tenido una gran importancia en el estado Guárico y por ende en Valle de la Pascua, por lo extenso de su territorio y las numerosas comunidades rurales que existen en su geografía, en ese sentido, puede decirse que la radio como medio de comunicación masivo, además de informar, también ha cumplido una importante labor cultural, especialmente en lo referente a la promoción de la música, el folclore y la organización de eventos y actividades que además de culturizar también promueven la participación de la población en diversas actividades que contribuyen al bienestar ciudadano, promoviendo la convivencia , el bien común y combatiendo el flagelo de las drogas y otros tantos problemas que afectan el bienestar colectivo.
            Valle de la Pascua; lunes 14 de noviembre de 2016.

EL PRÓCER FRANCISCO MANUITT (UNA BIOGRAFÍA PENDIENTE)

Carlos A. López Garcés
Cronistas del Municipio J.T. Monagas
Estado Guárico


                                    “La  ingratitud es  el  crimen  más  grande    
                                   que  pueden  los   hombre atreverse a cometer.”
                                                                       Simón Bolívar
                                                                       (Pativilca, 9-1-1824)


            La participación en la guerra contra el dominio colonial español incluyó a mucha
gente de ciudades, pueblos y campos venezolanos, que, luego de lograrse la independencia, quedó reducida al anonimato o semi anonimato, aun cuando sus aportes fueron indispensables y muy significativos para alcanzar el propósito liberador; por esto es necesario rescatarla históricamente, sin tergiversaciones, con el fin de ubicarla en la justa dimensión heroica que le corresponda, sin menoscabar sus actuaciones en los momentos republicanos de los primeros tiempos.
            La afirmación anterior puede ser ilustrada mencionando el caso del general Francisco Manuitt Hernández , porque son muy escasas las noticias conocidas sobre él, algunas de las cuales son contradictorias o confusas, según lo revelan las fuentes consultadas para este trabajo. Precisamente, por tales características, esas informaciones motivan la idea de procurar un estudio más exacto de su biografía para el enriquecimiento de la historia local chaguaramense, lo que, a su vez, estimula la conveniencia de enumerarlas ahora como apuntes preliminares en el siguiente orden:
1º.- Los textos no mencionan a los padres del personaje a estudiar, quien habría nacido hacia finales del siglo XVIII en Chaguaramas, donde transcurrió la mayor parte de su vida civil, de acuerdo con Francisco Alejandro Vargas, autor de un trabajo periodístico sobre el general Manuitt, publicado en el diario El Universal (Caracas, 5 de abril de 1970, p. 1-5) y citado por el escritor tachirense Tito Sierra Santamaría (1975, p. 179) como referencia de sus informaciones relacionadas con este prócer, de quien se ha dicho igualmente que era de origen francés, nativo de Córcega (internet: Apellido Manuitt).
2º.- El investigador guariqueño Manuel Soto Arbeláez (2001, t. 1, p. 67) aseveró que se ignora cuándo se incorporó a la guerra; pero el precitado articulista Francisco Alejandro Vargas afirmó que lo hizo en 1819, afiliándose a las tropas llaneras de caballería (Sierra Santamaría: op. cit., p. 179). Otra fuente (internet: Apellido Manuitt) indica que se alistó en Cuba por su propia voluntad para luchar en Venezuela contra la dominación española.
3º.- Los autores coinciden en destacar que combatió en la batalla de Carabobo, el 24 de junio de 1821; Soto Arbeláez (internet: “Primera generación Manuitt de Chaguaramas”) añadió que allí “resultó mancado”, sin detallar el caso. Este glorioso servicio lo hizo merecedor del Escudo de los Vencedores, creado mediante decreto por el Congreso Constituyente de Colombia (la Grande), el 23 de julio de ese año (Sierra Santamaría: op. cit., p. 179; Soto Arbeláez: 2001, t. 1, p. 68). Cinco meses más tarde, en diciembre, era teniente ayudante de un escuadrón de lanceros, al decir de Soto Arbeláez (2001, t. 1, p. 68), quien, en otras anotaciones (internet: “Primera generación Manuitt de Chaguaramas”) escribió que aquel mismo año se fue a Puerto Rico y de aquí viajó a Cuba.
4º.- Cumplía funciones como comandante militar de Guacara en 1822, cuando combatía los reductos realistas de los Valles de Aragua. De aquellos días data su victoria en Patanemo y Sabana de la Guardia, cuando actuaba a las órdenes del general José Antonio Páez (Soto Arbeláez: 2001, t. 1, p. 67).
5º.-  Ejercía el empleo de adjunto del Estado Mayor del Departamento Venezuela en 1825, cuando aún era teniente. Entonces solicitó su ascenso al cargo que había dejado vacante Bonifacio Rodríguez, quien se había ido a Perú. Expuso en su petición que era la tercera vez que pedía el reconocimiento a sus méritos y recordaba que pertenecía a la Orden de los Libertadores, creada por Simón Bolívar en 1813. Esta solicitud fue avalada por el general Santiago Mariño y el coronel Juan Uslar, quienes hicieron las recomendaciones respectivas (Soto Arbeláez: 2001, t. 1, pp. 67, 68).
6º.- Fue ascendido a capitán en 1827, cuando, al mando del general José María Zamora, dirigió una columna contra la banda de Los Güires (Soto Arbeláez: 2001, t. 1, p. 68).
7º.- Solicitó y obtuvo licencia temporal indefinida en 1828. Sin embargo, a la fecha del 29 de agosto de 1830 y debido a su falta de destino militar, se dirigió al gobierno pidiéndole sus letras de retiro, las cuales le fueron otorgadas el 1º de diciembre de aquel año, con el goce de la tercera parte del sueldo y uniforme, de acuerdo con Vargas, el articulista mencionado por Sierra Santamaría (op. cit., p. 179); pero Soto Arbeláez (2001, t. 1, p. 68) afirmó que le dieron de baja en 1828 y que esos beneficios los obtuvo en 1831, desde cuando se residenció en Chaguaramas donde se dedicó a labores civiles y privadas.
8º.- El articulista Francisco Alejandro Vargas apuntó que Manuitt contrajo matrimonio en la iglesia parroquial San Lorenzo de Chaguaramas con la señorita María García, en cuya unión procreó dos hijas: Soledad Severa, nacida el 20 de febrero de 1832, y Rosa Ascensión, el 4 de mayo de 1842 (Sierra Santamaría: op. cit., pp. 179, 180). Para Soto Arbeláez (2001, t. 1, p. 68), esa boda sucedió efectivamente en Chaguaramas, donde nacieron ambas hijas, aunque señaló el año 1841 como el de nacimiento de la segunda. El propio Soto Arbeláez (Internet: “Primera generación Manuitt de Chaguaramas”), reseñó que el periodista, historiador y académico Oldman Botello habría informado que ese acto nupcial fue celebrado en Guacara hacia 1826 y que el biografiado ya se había establecido en Chaguaramas en 1831; Soto Arbeláez (internet: Íbidem) aseguró haber leído en varias oportunidades acerca del parentesco cercano de doña María Manuela García de Manuitt con el general Calixto García Íñiguez, héroe de la guerra de independencia cubana, cuyo abuelo vivió durante cierto tiempo en Chaguaramas, cuando era teniente coronel de las tropas realistas y combatía a los patriotas. Por otra parte, fue publicado (internet: Apellido Manuitt) que ese casamiento ocurrió en Cuba en un año impreciso aún y, además, que fue el “fundador de las familias Manuitt en Venezuela”.
9º.- Se incorporó a las fuerzas de la Federación atendiendo al llamado de su antiguo comandante, general Juan Antonio Sotillo, jefe superior de las provincias de Oriente y segundo de los ejércitos federales, quien, en 1861, lo ascendió a coronel vivo y efectivo, al decir de Vargas (Sierra Santamaría: op. cit., p. 179). En atención a datos aportados por Soto Arbeláez (2001, t. 1, p. 68), este último ascenso, al parecer, fue conferido “de un plumazo”, o sea, sin muchas exigencias.
10º.- Fungió de juez en el departamento de Chaguaramas en un año que está en duda, pues Soto Arbeláez (2001, t. 1, p. 68) anotó que fue en 1842 y Vargas que en 1865 (Sierra Santamaría: op. cit., p. 179).
11º.- Las letras de retiro le fueron ratificadas el 3 de enero de 1866, con el goce de la tercera parte del sueldo, de conformidad con noticias dadas por el articulista Vargas (Sierra Santamaría: op. cit., p. 179).
12º.- El gobierno presidido por el general José Ruperto Monagas le concedió el diploma de Ilustre Prócer de la Independencia Suramericana, el 13 de agosto de 1869, con el disfrute del sueldo íntegro y cuando ya tenía el grado de general de brigada, de acuerdo con lo escrito por Vargas (Sierra Santamaría: op. cit., p. 179). Acerca de esta distinción militar concedida a Francisco Manuitt, es oportuno recordar que el vallepascuense Soto Arbeláez (2001, t. 1, p. 67) resaltó lo siguiente: “Mucho después de la Independencia, específicamente del gobierno de los Monagas en adelante, se armó un desorden en la otorgación de los títulos militares. De tal manera que muchos sargentos o tenientes terminaron siendo generales. Se dice, sin poder ser confirmado, que Páez y Falcón, en plena Guerra Federal, firmaban los ‘Despachos de Ascenso’ en blanco. Este es el caso de varios chaguarameros a quienes les fueron reconocidos sus haberes con rangos inferiores y terminaron firmando como generales. Así lo hicieron Lorenzo Belisario, Gregorio Saldivia y Francisco Manuitt…”   
            Sobre esta aseveración debe decirse que el historiador Vicente Dávila aseguró que Francisco Manuitt solo obtuvo el grado de teniente y así lo repitió Soto Arbeláez (2001, t. 1, p. 68); no obstante, este último autor anotó asimismo que el prócer fue ascendido a capitán en 1827, como fue dicho anteriormente en el ordinal 6º.
            13º.- El académico J.A. De Armas Chitty (1978, t. II, p. 45; 1982, p. 94) también lo identificó como el teniente Francisco Manuitt, de quien dijo apenas que: fue uno de los tantos oficiales aportados por Chaguaramas a la guerra de emancipación; estuvo en Carabobo y después, ya en tiempos republicanos, persiguió a las guerrillas realistas dirigidas por José Dionisio Cisneros y Juan Celestino Centeno en Lagartijo y Tamanaco.  

 14º.- Manuitt murió en Chaguaramas el 7 de abril de 1870 “…cargado de méritos, honores y condecoraciones, rodeado de sus familiares y de amigos…” según el artículo de Vargas mencionado por Sierra Santamaría (op. cit., p. 179), quien agregó que las hijas solicitaron una pensión de montepío en 1873, la cual les fue concedida sin demoras por el Presidente Antonio Guzmán Blanco (Ibídem: p. 180).  Soto Arbeláez (2001, t. 1, p. 68) sostuvo que esa muerte ocurrió en 1884, lo que debe de ser un error, tal como lo indica el año de la concesión del montepío a las descendientes.

Conclusión:

            Numerosos próceres venezolanos, independientemente de la jerarquía militar alcanzada y el rol desempeñado, están todavía ocultos en las llamadas “tinieblas de la historia”, para decirlo con palabras del insigne escritor venezolano Eduardo Blanco expuestas en su Venezuela Heroica. El general Francisco Manuitt es uno de ellos y merece, igual a los demás, el reconocimiento a su heroica actuación libertadora, el cual debe incluir un estudio biográfico más acabado y esclarecedor como una modesta expresión de justicia y gratitud, que está pendiente dentro de la historiografía chaguaramense, para lo cual las noticias aquí enumeradas son una contribución valiosa, sin olvidar las equivocaciones que hubiese cometido como ser humano que era.

Nota.
            Este trabajo fue leído en el VIII Encuentro de Cronistas, Historiadores e Investigadores  Chaguaramas 2016, realizado el sábado 15 de octubre de dicho año en la sede de la Sociedad Socorro Mutuo, coordinado por el T.S.U. Pedro Castillo, Cronista Municipal. Concluida la lectura, el autor de esta nota supo de la existencia de un libro inédito, escrito por el académico Oldman Botello, titulado Los Manuitt de Venezuela: Aproximación a su estudio, con datos sobre el prócer Francisco Manuitt Hernández, que ahora no son comentados porque el respeto al derecho ajeno obliga a estudiarlos previamente. No obstante,  la ocasión es apropiada para reproducir las informaciones sobre el biografiado, que fueron dadas por Botello a quien esto escribe, vía correo electrónico en noviembre de 2016 y dicen así: “De él hay poco. El general Francisco Manuitt Hernández llegó al país en 1819, aproximadamente. Participó en la  toma de Puerto Cabello en 1823, a las órdenes de Páez.  Se enamoró en  Guacara  por esos años de la señora María Manuela García con quien tomó estado. Se radicaron en Chaguaramas. Estuvo en los combates contra Dionisio Cisneros en el Tuy y Orituco. Se hizo liberal. En la iglesia del pueblo dio el grito de rebelión contra los godos en la madriguera de godos que era Chaguaramas. Tuvo contacto con algunos revolucionarios como El Agachado, Manuel Borrego y Zoilo Medrano en tiempos de la Federación. Fue jefe político de Chaguaramas en 1853-1855 y jefe civil más tarde.  Se le ascendió a general de brigada en 1869. Fue declarado por Decreto junto con otros que estaban vivos, Ilustre Prócer de la Independencia en el gobierno de Guzmán Blanco. Murió en Chaguaramas en 1870. Fue propietario de numerosos hatos en la zona”.


FUENTES

1.- Bibliográficas

DÁVILA, Vicente. Diccionario Biográfico de Ilustres Próceres de la Independencia Suramericana. Caracas. Tipografía Americana, tomo II, 1926.

            DE ARMAS CHITTY, J.A. Historia del Estado Guárico. Caracas. Ediciones de la   Presidencia de la República. 1982.

            DE ARMAS CHITTY, J.A. Historia del Guárico (1807-1974). San Juan de los Morros.       Impreso en los Talleres de Gráficas Los Morros, tomo II, 1979.

SIERRA SANTAMARÍA, Tito. Sitios históricos del estado Guárico. San Juan de los Morros. Impreso en los Talleres de la C.T.P., 1975.

SOTO ARBELÁEZ, Manuel. El Guárico oriental. Caracas. Impreso en los Talleres Tipográficos de Miguel Ángel García e Hijo s.r.l., tomo 1, 2001.

2.- Internet:

Buscador Google:

            .- “Manuel Vicente Soto Arbeláez. Primera generación Manuitt de Chaguaramas”

            .- “Vivencias Llaneras del Abuelo. Chaguaramas: cuna de héroes”


            .- Apellido Manuitt.

Nota. Este trabajo fue leído en el VIII Encuentro de Historiadores, Cronistas e Investigadores de Chaguaramas, celebrado en la sede de la Sociedad Socorro Mutuo el sábado 15 de octubre de 2016.

domingo, 6 de noviembre de 2016

PROPIEDAD TERRITORIAL Y EVOLUCIÓN ARQUITECTÓNICA EN EL ORTIZ DE TIEMPOS COLONIALES

Carlos A. López Garcés
Cronista de Orituco



            Para estudiar la evolución arquitectónica en Ortiz durante el coloniaje, relacionándola con el origen y la consolidación de la propiedad territorial en esta misma comunidad, es prudente comenzar recordando que el territorio orticeño pertenecía en esos tiempos a la jurisdicción de San Sebastián de los Reyes, cuyo cabildo constituía una representación de poder hispano-monarquista, con suficiente autoridad para concederle territorio y mano de obra a sus propios cabildantes y a todo aquel que hubiese prestado servicios a la Corona española.  Esta capacidad de decisión habría permitido el desplazamiento de los pobladores primigenios por invasores colonialistas, quienes motivaron un proceso de apropiación arbitraria de la tierra y el surgimiento de hatos como unidades de producción fundamentales, con mano de obra esclavizada, lo que habría sido determinante en la formación de una élite social con suficiente poder económico para influir en los asuntos políticos y hasta religiosos con respecto a la localidad.
            Gracias a la participación de buenos alarifes y sobre todo de mano de obra esclavizada y/o muy barata del peonaje, aquel poder económico iba materializándose arquitectónicamente en el centro poblado a medida que los primitivos lugareños eran desplazados por los nuevos y poderosos ocupantes, quienes, con la finalidad de consolidar su residencia  en ese sitio, construyeron sólidas, duraderas y majestuosas viviendas de altas paredes de tapia y rafa, techo de tejas sobre caña amarga, pisos enladrillados, grandes puertas de madera y ventanas similares enrejadas, amplios zaguanes, corredores, dormitorios, salas de recepción, cocina, comedor, grandes patios empedrados, caballerizas y con espacios para establecimientos comerciales en ciertos casos, a diferencia de las barracas de los “negros” e indígenas que indicaban un significativo distanciamiento discriminatorio con la clase dominante.  
            Aún perduran en Ortiz algunas de esas edificaciones imponentes, las cuales constituyen verdaderos patrimonios históricos que deben ser conservados como muestras concretas de una época saturada de injusticias sociales, que, además de ser útiles para entender los aconteceres de la cotidianidad pueblerina y muchas cosas más, sirvan para explicar especialmente la dinámica de las relaciones de producción y sus consecuencias en aquellos días de cultura colonialista. Es posible suponer que otras casas semejantes fueron hechas en días republicanos del siglo XIX mediante el uso de técnicas aplicadas desde el coloniaje, con las que debe tenerse las mismas consideraciones de preservación patrimonial.
            La oportunidad es apropiada para resaltar una similitud de este caso de Ortiz con el Orituco, la cual está vinculada con el desalojamiento de los primitivos habitantes de Lezama y Altagracia por parte de un grupo social minoritario impositivo, que, de manera paulatina, iba ocupando las tierras asignadas a los indígenas, tanto las de vocación agrícola como las destinadas a la construcción de viviendas en el centro poblado, donde lograron  la edificación de casas majestuosas, sobre todo en Lezama, reveladoras de la iniquidad imperante entonces*.
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*Tema expuesto en el conversatorio sobre patrimonio histórico-cultural orticeño, con motivo del XII Encuentro de Cronistas, Historiadores e Investigadores en Ortiz, realizado en la llamada casa de La Espuela de Plata, el sábado 3 de septiembre de 2016. 

Imagen tomada de http://elguardiancatolico.blogspot.com/2016/08/el-dia-que-el-padre-lenin-bastidas.html

miércoles, 14 de septiembre de 2016

236 AÑOS DE LA PARROQUIA SAN JUAN BAUTISTA DE LOS MORROS

ARGENIS RANUÁREZ ANGARITA




Contrariamente a nuestro placentero hacer a viva voz y sin auxilio de papeles, apuntes o esquemas, haremos una semblanza histórica de la comarca de los morros, la cual lleva implícita la opinión personal y  propia de este cultivo en tierras de la historia, con los medios propios de producción propios del periodismo.
Desde hace casi medio siglo, venimos utilizando el término comarca para referirnos a San Juan de los Morros y a su área de influencia, independientemente de divisiones territoriales de naturaleza civil, militar o religiosa.
Hoy, veintiséis de mayo del año 2016, celebramos con racional júbilo los 236 años de la creación de la parroquia Eclesiástica San Juan Bautista de los Morros. No anduvimos al garete buscando una fecha, ni la dejamos al azar, capricho o conveniencia. Esa fecha la celebramos desde 1980, desde hace 36 años, cuando el Concejo Municipal del entonces Distrito Roscio del Estado Guárico, la adoptó como punto de partida de nuestro asentamiento urbano, habida cuenta de la particular manera de nacer y crecer todo centro poblado en caminos de paso obligado o encrucijada de caminos.
Para llegar a la decisión de tomar la fecha del decreto del Obispo Monseñor Doctor Mariano Martí, esto es, el 26 de mayo de 1780, hubo de transcurrir respetable largo tiempo de casi 200 años, durante los cuales la historia local fue asunto que a nadie importara o la historia local se mantuvo reducida a la historia de vida de sus moradores y a lo más, a la historia familiar, y sus respectivas relaciones con el medio geográfico.
Comenzamos a tener inquietud por nuestro pasado a raíz de la caída de Marcos Pérez Jiménez. Nuestros primeros cronistas son periodistas. Alí Almeida y Juan Ubaldino Zerpa rompen esquemas centenarios. Comienza la preocupación por el pasado remoto de San Juan de los Morros, sin dejar de lado el pasado reciente para ese nuevo tiempo. El Morro, periódico impreso dirigido por Almeida el cual circuló hasta 1960, con veinte ediciones junto a un programa de radio que ese periodista mantuvo en Radio Guárico AM, comienzan tímidamente a hurgar en el pasado. Dos hijos de este pueblo comparten idéntica inquietud, el Doctor Ramón de Jesús Heredia y el Coronel Cedeño Zerpa.
No hay fundador. No hay acta de fundacional. No hay demarcación territorial. Encrucijada y camino de paso obligado, este paraje de rica vegetación, abundante agua e impresionante belleza,  vió  pasar a muchos, a muchos  viajeros que iban a fundar hatos, a buscar oro o venían a comercializar ganado, luego  de la expansión hacia el sur iniciada con la fundación de San Sebastián de los Reyes, el 6 de enero de 1585 por Sebastián Díaz Alfaro. Éramos  a un tiempo el patio de San Sebastián  y la puerta de los llanos de Caracas.
El primero en publicar un trabajo sobre la fundación de San Juan de los Morros fue Do Tito Sierra Santamaría, andino del Táchira, Don Tito, co-fundador de la extinta Asociación Venezolana de Periodistas Seccional del Estado Guárico,  ejerció el cargo de Coordinador de la Gaceta Oficial del Estado   desde 1959 y logró recopilar importante información que publicó en sus libros “Fundación de San Juan de los Morros “-1962- y” Sitios Históricos del Estado Guárico “-1975-. Fue Santamaría pionero en la búsqueda de nuestros orígenes independientemente de que la verdad histórica haya aflorado pocos años después de publicado su primer libro.
Paralelamente un hombre llamado Felipe Santiago García funda un periódico de intereses generales, con énfasis en el deporte, llamado “Campo Deportivo”, donde tuvimos el honor de incorporarnos a finales de los años sesenta. Allí Almeida, Oscar Hernández, Ubaldino Zerpa, Fulgencio Alayón, Ricardo Alcalá y otros, insistíamos sobre  un más allá convencidos como estábamos que ni Luis Ximénez de Rojas había sido fundador  en 1675 como señaló erróneamente Sierra Santamaría,  ni era cierta la fecha del año 1675 como afirma Landaeta Rosales en su” Gran recopilación Geográfica, Estadística e Histórica”, en la cual no señala fundador.
Otros inquietos sobre esos orígenes, fueron siempre los doctores Fernando Alvarado  Guzmán y Enrique Olivo, ambos nacidos en este valle, ambos brillantes alumnos del Colegio Roscio y de la Universidad Central de Venezuela, jueces de reconocida solvencia personal y profesional, primero y segundo cronistas oficiales de la ciudad de los morros, autor el primero de tratados de investigación  histórica publicados en la revista  de la Asamblea legislativa del estado Guárico desde 1966 hasta 1969, órgano dirigido por el periodista Miguel Quintana Delgado.
Con ellos en amenas tertulias caseras compartíamos opiniones. Coincidíamos con el Doctor Víctor Manuel Ovalles, quien en 1933 advertía: No hubo fundación. San Juan de los Morros nació imperceptiblemente, a orillas del camino, casas distantes, cercanas a ríos y quebradas. Éramos jurisdicción de San Sebastián unas veces, de Villa de Cura otras. En la “Descripción exacta de la Provincia de Venezuela” de Don Joseph Luis de Cisneros de 1674- 59 años después de la fecha señalada por el Padre Acosta ,un año antes de la señalada por Landaeta Rosales, en esa obra no aparece pueblo, ni villa, ni ciudad llamada San Juan de los Morros. Es concluyente que al no existir prueba documental de fundación alguna, con las formalidades de toda fundación, fue esta comarca  una formación espontanea.
Durante muchos años cronistas nacidos o venidos a este valle, hicimos crónica sobre nuestro proceso evolutivo, sin más punto de partida que la afirmación de Landaeta Rosales repetida por Sierra Santamaría, y llego el año 1967, cuando un servidor público en el Archivo General de la Nación, llamado Manuel Pinto, archivólogo y paleógrafo, hizo un hallazgo de marca mayor relacionado con nuestra comarca, en el archivo del Palacio Arzobispal de Caracas, Pinto busco y encontró.  Transcribió cuarenta documentos y con recopilación y notas de su autoría, los publicó en una edición bajo el titulo "Principio y Formación de San Juan de los Morros", obra que por la contundencia de las  pruebas documentales, echó por tierra, toda especulación anterior sobre fundaciones que ninguna veracidad tenían.
Lamentablemente, ninguna autoridad del Estado Guárico tomó interés en promover y distribuir la obra. Su difusión ese año se vio opacada por el terremoto que causo muertes y daños materiales en Caracas y en el Litoral. Pese a la publicación del libro de Pinto, a nivel local se  seguían repitiendo los nombres desde Garci-Gonzales de Silva y de Luis Ximénez de Rojas como fundadores. Carlos Rodríguez Ovalles Manifestaba  públicamente su desacuerdo con tal afirmación. Un hijo de San Sebastián de los Reyes, descendiente de los alemanes de la Selva Negra que fundaron la Colonia Tovar, Ramón Antonio Ziegler Álvarez, vino a vivir al Valle del Paurario, echó raíces como músico y radiotécnico, preocupado por lo que llamó "publicaciones llenas de suposiciones como verdades históricas desconcertantes para todo público, y perjudiciales sobre todo para estudiantes”, ofreció como obsequio al San Juan que celebraría 200 Años al año siguiente, -1980-,un trabajo por demás esclarecedor, que el Consejo Municipal presidido por Alejandro Tovar Bosch, publico en un folleto.
El año Bicentenario se publican cuatro obras alusivas a los orígenes de San Juan: la de Ziegler, la del Dr Enrique Olivo titulada "Calendario de Fechas y Sucesos de San Juan de los Morros"; la del Dr. Adolfo Rodríguez  titulada "San Juan de los Morros: Relámpago y Égloga", y un folleto editado por el Consejo Municipal del extinto Distrito Roscio, contentivo de tres piezas oratorias de gran valor documental. La primera, el discurso pronunciado por el Doctor Luis José Acosta Rodríguez, hijo ilustre de Ortiz, nuestro inolvidable amigo, en la sesión solemne del 26 de mayo de ese 1980; el segundo, del Doctor Arístides Baujón, en el cuadragésimo cuarto aniversario de la Guardia Nacional, y el tercero pronunciado por el muy ilustre Doctor Saúl Ron Troconis, con motivo del segundo aniversario de la muerte del Doctor Fernando Alvarado Guzmán, nacido en San Juan de los Morros el 15 de agosto de 1926, primer Gobernador del Guárico nacido en este valle de Los Morros ,primer Cronista Oficial de su ciudad natal.
Y  ese año 1980, el año Bicentenario, nuestro hermano del alma  Doctor Adolfo Rodríguez  publicó un artículo que movió voluntades para hacer posible la celebración en grande, 2 meses después: "Dos Siglos de San Juan" fue el titulo del trabajo publicado en el Diario El Nacional.  Rodríguez  advertía entonces, que faltaban 2 meses para el Bicentenario, y que no había nada previsto para celebrarlo. Cita a Ovalles, al Liceo Roscio de los 40 y 50, al Sabio Torrealba, y finaliza con el alborozo por el inicio de las actividades académicas de la Universidad que tantos desvelos nos costaron, con la clase magistral del Rector  J.J González Matheus, el 21 de enero de ese 1980. Rodríguez en su obra citada, hace un poético ejercicio de imaginería, y concibe, en aplicación LATU SENSU del término "fundación", nueve fundaciones para San Juan, ese San Juan donde el Doctor Rodríguez  no vio la luz al nacer, pero igual que nos y que muchos, vio la otra luz, al renacer en este lar por demás estelar. Esas fundaciones son: paisaje, mucha agua, mucho verdor; la de las minas, búsqueda  ansiosa, la gran decepción pirita aurífera y no oro; la del buen pastor, decreto del Monseñor Martí; la de la muerte, con la matanza de sanjuaneros por Antoñanzas, trescientos prisioneros decapitados unos, empalados otros, y destripados otros. Unos trescientos en total, aquel Año doce del decimonó0nico fatal para este valle, la otra fundación, la de las Aguas Termales, que llevan a construir carretera y balneario, la de Los Huertos, con colonia china plantando vegetales, y antes, siembra de morera para gusano de seda; otra fundación es la de Gómez: hotel, faro, balneario, luz eléctrica, hasta 1934, cuando de noche a mañana se convirtió en capital del Guárico.
La fundación carcelaria, para A. Rodríguez, decretada el 44, inaugurada el 49, es la octava, y la novena, la Universidad.
Mucho, mucho aguanto papel sobre nuestros orígenes, pero, la verdad llega, aflora y se impone. Entre tanto que agradecer, además de duda eterna, con Monseñor Martí y con el historiador Manuel Pinto, gratitud sanjuanera también para el aragüeño universal Lucas Guillermo Castillo Lara, quien en su discurso de incorporación como individuo de número de la Academia de la Historia, publicado en 1977 bajo el titulo: "Materiales para la Historia Provincial de Aragua", con discurso de contestación del Académico Dr. Carlos Felice Cardot, nos informa sobre un nombre que hicimos nuestro: Paurario, nombre dado al Morro por los pobladores indígenas de este valle, y sobre un crimen aborrecible: tortura y abandono de la India Magdalena por el zutano mal llamado "Don", Luis Ximénez de Rojas, alcalde de la Santa Hermandad de San Sebastián, dueño del Hato Chaparral, cerca del Rio Guárico, camino de San Juan hacia San Sebastián, personaje asociado erróneamente con nuestra fundación, adorador de la imagen de Nuestra Señora de la Misericordia y Caridad, venerada por ambos pueblos desde el incendio que consumió toda su casa, menos a la pequeña imagen de la Virgen.
Gracias al Doctor Castillo Lara por esa transcripción del doloroso relato. Nunca nos entró el nombre del tal Don Luis como fundador de San Juan de los Morros, y celebramos que la verdad haya brillado y tengamos la honrosa condición de pueblo de formación espontánea, y que nada tuviera que ver con nosotros ese inquisidor.
Y  así terminada esta semblanza, una opinión seguida de un pedimento. Estamos mal en el control del crecimiento urbano. Muy mal. Nuestro pulmón vegetal, el Pariapán que contemplamos desde la ventanita de nuestro rancho, será pronto ranchería por un lado y urbanización no planificada por el otro. Peligra la cota de crecimiento, peligra la vegetación, y lo más grave, peligran nuestros manantiales. Algo hay que hacer, y pronto. Y lo otro, una vikingocracia que tomo parques y plazas, viciosos que renunciaron a toda responsabilidad personal, familiar y social, una clase de renunciantes que viven y beben con el trabajo de otros, que requieren al igual que orates de todo género y sexo que deambulan por calles y carreteras, esperando respuesta, atención pronta, eficaz y eficiente, situación de la cual somos responsables todos: unos por acción, otros -los más- por omisión.
Y así, la fecha de hoy dada a escoger por R.A Ziegler en 1979 junto a otras dos del siguiente año a la erección de la parroquia: fijación del sitio para la iglesia, e inauguración de ese templo, 5 de marzo la una, 5 de diciembre la otra, de 1781; celebramos con racional alborozo porque aunque muy mal anden muchas cosas en la patria de Bolívar, muchas otras mantienen su buen ritmo y a norte franco con la voluntad intacta de sus protagonistas. Aquí civiles y militares, maestros y escolares, comerciantes y profesionales, que este Valle del Paurario se cumpla bien y por siempre, lejos de las sombras de las dudas, la mentira y la falacia, y cerca, muy cerca, del afecto matrio de la solidaridad humana y social, y del tiempo libre para avanzar y avanzar, viendo de vez en cuando para atrás para ver, aprender, corregir, y seguir y seguir y seguir, juntos en la pertenencia a la Comarca del Paurario, cantado en 1964 en verso por Teobaldo Mieres, telegrafista, pintor, inventor, músico, comerciante y escultor, todo pasión creadora por este valle de misterio, de magia y de encanto.
Amén.
26-06-2016. S I. PARROQUIAL SAN JUAN BAUTISTA

lunes, 5 de septiembre de 2016

HACIENDA LA RUBILEÑA

Carlos A. López Garcés
Cronista de Orituco



1.- Valor histórico
            Las riberas del río Orituco, específicamente en el municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico y desde tiempos coloniales hasta el presente, han sido utilizadas como base territorial para la operatividad de unidades de producción agropecuaria, entre las cuales estaba la hacienda La Rubileña cuyo nombre, según una suposición tradicional, deriva del apellido Rubín, que habría sido el de uno de sus antiguos propietarios; sin embargo, hasta ahora no ha sido posible encontrar datos confiables que sirvan para verificar tal conjetura ni otros relacionados con su evolución.

            Esa finca estaba ubicada a nueve kilómetros (9 Km), aproximadamente, al noroeste de Altagracia y a dos kilómetros (2 Km), en la misma dirección, del vecindario Guanape. Esta localidad y la hacienda fueron cubiertas por las aguas del embalse Guanapito en 1962. Restos de este centro agrícola quedaron expuestos, como nunca antes, debido a la intensa sequía causada por el fenómeno natural El Niño, sobre todo en los cuatro primeros meses del actual año 2016, lo cual estimuló la idea de reseñarle algunas noticias provechosas, porque La Rubileña integraba la dinámica socio-económica orituquense, lo que la hace interesante para la historia local del siglo XX con respecto a tres factores básicos: el modo de producción predominante, el aprovechamiento de la energía eléctrica y la introducción del tabaco Virginia.
2.- Tenencia, superficie y uso
            El modo de producción capitalista imperaba en territorio orituqueño a mediados del siglo XX; era el mismo que regía en el área rural venezolana; estaba caracterizado por la tenencia y uso particular de los medios de producción, lo que es decir: la tierra, edificaciones o inmuebles, maquinarias y otros mobiliarios e instrumentos de labor eran de propiedad privada o usufructuadas por un arrendatario o más; el capital era propio o a préstamo; el trabajo era asalariado.



            El último propietario de La Rubileña fue el doctor Aza Sánchez (abogado), a quien se la arrendó don Miguel Ávila hacia el año 1949, cuando ya había desistido de continuar con el arrendamiento de la hacienda La Margarita, propiedad del licenciado Pedro Salazar Vásquez y donde, con aporte crediticio del Banco Agrícola y Pecuario, cultivaba café cuya producción era de poca rentabilidad.
            La superficie de La Rubileña se extendía por el oeste hasta el sitio de Curucutí y por el sur colindaba con la hacienda Guanapito; habría sido alrededor de cuarenta hectáreas (40 has), que incluían el lugar de las edificaciones y el de los sembradíos; entre las primeras estaban: la casa principal, grande, de paredes de tapia, techo de tejas sobre caña amarga y piso de ladrillos; la casa de los isleños; el trapiche y sus  anexos; el cuarto del alambique; los hornos de tabaco; el baño de ganado; la sala de la planta hidroeléctrica; la vivienda para el celador o responsable de la planta; el tanque de agua.
3.-  Siembra primordial       
            La caña dulce era el cultivo principal de la hacienda cuando don Miguel Ávila se encargó de ella; además, había plantaciones de cacao, tomate y lechosa en menor extensión, que trasladaban a Caracas con fines comerciales, y de cebolla, cebollín, cilantro, lechuga, etcétera, para autoabastecimiento, en primer lugar, y mercadeo; la lechosa también la vendían a la empresa de Ron Pampero, en Aponte, cerca de Ocumare del Tuy. Por otra parte, hicieron pruebas con tomate tipo manzano en 1950, con semillas importadas de Estados Unidos; pero las siembras, al igual que en otras haciendas, fueron destruidas por la extraordinaria creciente del río Orituco ocurrida el 22 de octubre, como lo reseñó el periódico altagraciano Alborada Nº 17, del día 29 de ese mismo mes y año, que dirigía el profesor Blas Loreto Loreto (2009, p. 202).
            La molienda de caña dulce la hacían en un trapiche activado con fuerza hidráulica. El jugo o guarapo pasaba, a través de un canal y previamente filtrado para eliminarle las impurezas, a una serie de cuatro o cinco pailas donde era hervido, con el fuego de la leña, hasta un punto óptimo de densidad para fabricar papelón, con los moldes de madera respectivos, y alfondoque y alfeñique, dos tipos de golosinas muy apreciados por la colectividad orituqueña. Asimismo, lo utilizaban para la elaboración de aguardiente, lo que requería de un cuarto oscuro, una batería de cubas para fermentar el jugo o guarapo y un alambique para destilar el derivado alcohólico, cuya graduación debía ser de 40 oGL, aunque algunas veces sobrepasaba tal medida; esta actividad era supervisada por un funcionario de las rentas de licores municipales, la que tenía dos inspectores encargados de esa labor, uno de los cuales era el señor John Méndez en los años cincuenta de la centuria XX.
            El papelón lo vendían, hacia 1950, con peso de un kilogramo por unidad y a razón de setenta bolívares la carga, equivalente a ochenta papelones cada una, que envolvían con el bagazo de caña; su mercado elemental era Altagracia y otros pueblos de Orituco, mientras que el aguardiente lo comercializaban en Caracas, principalmente, y en bodegas y botiquines de Altagracia, envasado en bidones o “carboyas”, con la fama de ser el mejor de la región, donde había otras haciendas que elaboraban ambos productos, entre las cuales estaban Santa Rosa, Garabán y Tocoragua. El precio de esos artículos disminuyó significativamente, al extremo que bajó el rendimiento de las haciendas de caña orituquenses e hizo pensar a los productores en soluciones urgentes para esa situación perjudicial.
4.- Prueba victoriosa
            Coincidiendo con aquellas circunstancias desfavorables, don Miguel Ávila tuvo la oportunidad de conocer en Caracas al presidente de la Compañía Anónima Venezolana de Tabaco (CAVET), empresa productora de cigarrillos Capitolio, quien lo motivó para hacer una prueba con tabaco Virginia en La Rubileña, la cual fue ejecutada favorablemente con crédito aportado por la misma fabrica cigarrera. Los primeros trabajos fueron hechos hacia 1951; incluyeron la aradura con dos bueyes llamados Tumbaga y Ojo Negro, que los manejaba un portugués de nombre Blas Balagao, quien ya trabajaba en esa hacienda, donde los utilizaba preparando la tierra para sembrar y aporcando los frutos menores; estos animales fueron de gran utilidad para el isleño Juan Gómez, un español-canario de Gomera conocedor de las exigencias del tabaco, quien fue empleado por don Miguel Ávila para coordinar actividades atinentes a ese cultivo. La casa principal sirvió de horno para la primera cosecha obtenida, que fue de excelente calidad, según lo indicó el altísimo porcentaje de hojas amarillas.   




            El resultado de aquella prueba fue tan exitoso que ocasionó la sustitución de la caña dulce por el tabaco, dada su mayor rentabilidad, lo que significaba la aplicación de nuevos criterios económicos y tecnológicos mediante: un aumento de la superficie a cultivar; la incorporación de varios isleños expertos en ese vegetal; la edificación de hornos tabacaleros a cargo del canario Manolo Hernández como constructor, los cuales se activaban con querosén; la adquisición de un tractor Massey-Harris con su respectiva rastra para reemplazar a los dos bueyes, etcétera. Con este tractor sumaban dos en Orituco; el otro estaba en la hacienda Campo Alegre, de acuerdo con  información publicada en el quincenario altagraciano Correo del Orituco, de la segunda quincena de abril de 1968, dirigido por Víctor Pérez Pérez; después hubo un tractor más, de marca Oliver, en la hacienda Tocoragua.
             El tabaco de La Rubileña lo llevaban a la factoría de CAVET, ubicada en San Martín, Caracas. El éxito tabacalero de esa hacienda sirvió para estimular la proliferación de ese cultivo en otras fincas orituquenses, lo que se acrecentó con tanta determinación que fue el sustituto de la caña dulce; esto denotaba un mejoramiento económico sustancioso y sustentable para los hacendados. Valga un paréntesis para recordar que La Carmenatera era la única unidad de producción valleorituqueña donde no sembraban caña; allí predominaban las naranjas.   
5.- Personal
            Las labores relacionadas con la producción tabacalera, cuando esta realidad se había consolidado en La Rubileña, incluían, entre otros, los elementos siguientes: de ocho a diez isleños canarios encargados del cultivo de la planta; veinte peones cosechadores; un tractorista y dos obreros cargadores para trasladar las hojas hasta los hornos; quince a veinte mujeres para el encuje; la cura en los hornos a cargo de los isleños expertos; un grupo de mujeres clasificadoras. Esto revela que había una división social del trabajo con respecto al sexo.  La clasificación la hacían según el color y la integridad de la hoja: amarillo indicaba mejor calidad; marrón oscuro era inferior al amarillo y superior al bajero. Este último era de baja categoría por estar muy maltratado y no tener el color conveniente; tenía tres niveles: bajero uno, bajero dos y bajero tres.
            Es oportuno resaltar que una práctica hecha común fue el uso de guano (importado de Chile) para abonar y de orina por su contenido de urea, ante la dificultad de adquirirla en el mercado, como sucedía igualmente con los plaguicidas; por esto combatían a los gusanos quitándoselos uno a uno a cada mata y echándolos en un sombrero; los peones ganaban un bolívar por cada sombrero lleno de esa plaga. Conviene decir que don Miguel Ávila se residenció con su esposa e hijos en La Rubileña, donde también laboraban algunos familiares suyos muy cercanos: Jesús y Juan Ramón Ávila, caporales; Rafael y Alberto Ávila, tractoristas; Arturo y Napoleón Ávila, choferes (sobrino el sexto y hermanos los demás).
6.- Dos recursos  importantes
            En la hacienda había un sistema hidráulico que se surtía con agua del río Orituco, la cual, desde la finca El Onoto sita al norte, descendía por gravedad y a través de un canal construido en los cerros aledaños hasta La Rubileña, donde era utilizada para activar el trapiche y la planta eléctrica. Es justo recordar que el señor Nicasio Benavente era el encargado de la distribución del agua que se hacía desde este sistema, durante varios años hasta que terminaron las actividades.
            El trapiche constaba de una rueda metálica giratoria, quizás de cinco a seis metros de diámetro, que se activaba con la fuerza del agua que le caía sobre las paletas de madera desde un canal elevado; esa rueda estaba conectada mediante un engranaje a unos gruesos rodillos de metal, que, al girar, servían para la molienda de la caña dulce y así extraerle el jugo o guarapo que, por medio de un canal, iba a las pailas para la elaboración del papelón antes comentada. El agua regresaba al río Orituco por una acequia hecha con esa finalidad. Toda esta instalación, excepto la rueda, estaba techada con zinc al igual que otras.



            La planta era encendida al activarse el movimiento del generador de electricidad (dínamo), mediante una correa conectada a una turbina que giraba impulsada por la fuerza del agua, la cual le llegaba, por gravedad y con abundancia, descendiendo a alta velocidad por un tubo de quince a dieciséis pulgadas de diámetro aproximado y una inclinación quizás de 40º, desde un tanque ubicado acaso a veinte metros de altura. El agua también regresaba al río Orituco por medio de una acequia como en el caso del trapiche.
            El señor Carlos Maurel era el encargado de encender la planta a las seis de la tarde y apagarla a las nueve de la noche. Esta planta estaba en La Rubileña cuando don Miguel Ávila asumió el arrendamiento de esa hacienda. Una versión, narrada por el médico-escritor Rodrigo Infante Marrero en su libro La prole de Evaristo (1989, pp. 7 a 10), revela que habría sido instalada hacia 1926 por el dueño de esa finca en esos días, el italiano don Arturo De Gregorio, con la ayuda de sus hijos y del señor Ángel Constant, quien era muy inventivo para estos quehaceres. Don Arturo la importó de Estados Unidos, vía La Guaira, y logró que fuese trasladada a La Rubileña después de superar muchas dificultades por caminos fragosos recorridos en el transcurso de varios meses. Don Arturo vendió la hacienda, con la planta incluida, en 1929; luego compró la finca Tocoragua donde falleció como consecuencia de la hematuria en 1930.
7.- Novedad tecnológica
            Al principio, aquella planta proporcionaba únicamente electricidad para la finca; después sirvió además para el alumbrado público de Altagracia de Orituco, donde significó un módico e importante cambio cualitativo, a pesar de la baja intensidad de la luz, porque fue la introducción de un adelanto tecnológico en el pueblo para sustituir un servicio muy limitado, que había sido hecho con faroles de querosén, encendidos por un farolero, desde el 5 de julio de 1874, al decir de Adolfo Antonio Machado en sus Apuntaciones para la historia de Altagracia de Orituco (1961, p. 90; 2008, p. 204).
            Aquel reducido avance, dado por la primera planta eléctrica de Orituco, fue posible gracias a un contrato del dueño de la hacienda con el Concejo del otrora distrito Monagas del estado Guárico, de acuerdo con el cual este cuerpo edilicio debía pagar una determinada cantidad de dinero, que, inicialmente, habría sido de trescientos bolívares por quinientos bombillos y durante el mismo horario que regía para la finca. Este convenio permitió tender las líneas de cables desde La Rubileña, por el camino de Guanapito a La Carmenatera con rumbo hacia Altagracia de Orituco, donde era aprovechada su utilidad aún en el año 1943, aproximadamente, cuando fue instalada en la población una planta eléctrica que funcionaba con gasoil, aportada por el ejecutivo regional guariqueño, según lo aseveró el gracitano Agustín Fernández, quien fue uno de sus operadores; pero la de La Rubileña siguió al servicio de la hacienda hasta que en esta cesaron las labores hacia 1958, como consecuencia de la decisión ejecutiva nacional de construir el embalse Guanapito por medio del otrora Ministerio de Obras Públicas (MOP); esta obra fue iniciada en 1959 e inaugurada en abril de 1963 por el Presidente Rómulo Betancourt.       
Altagracia de Orituco, mayo de 2016.



FUENTES
1.- Bibliográficas
            INFANTE, Rodrigo. La prole de Evaristo. Altagracia de Orituco. Edición de la     Casa de la Cultura Jesús Bandres. 1989.
            LORETO LORETO, Blas.  Alborada, pie de luz para medio siglo.  Altagracia de Orituco. Edición de la Alcaldía del Municipio José Tadeo Monagas del estado     Guárico. 2009.
            MACHADO, Adolfo A.  Apuntaciones para la historia (obra escrita entre 1875 y         1899). Madrid. Publicaciones Amexco. 1961.
            MACHADO, Adolfo A. Recopilación de apuntaciones para la historia de           Altagracia      de Orituco hasta el siglo XIX. Altagracia de Orituco. Edición de la Alcaldía de        municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico. 2008.
2.- Hemerográfica
            “El tabaco Rubio: Base económica de Orituco”. Correo del Orituco. Director:   Víctor Pérez Pérez. Año I - Nº 1. Altagracia de Orituco, segunda quincena de abril de 1968, pp. 4, 5. 
3.- Informaciones orales
            ÁVILA ARROYO, Carlos. Altagracia de Orituco, lunes 18 de abril de 2016.
            ÁVILA ARROYO, Miguel. Altagracia de Orituco, jueves 28 de abril de 2016.
            ÁVILA TIRADO, Napoleón. Taguay, martes 3 de mayo de 2016.

            FERNÁNDEZ, Agustín. Altagracia de Orituco, viernes 2 de marzo de 2012.

El Motor de aire desafía la segunda Ley de la Termodinámica. Invento de un guariqueño.