domingo, 13 de diciembre de 2009

Guardatinajas, Cien años de su acontecer

SOMOS LOS MISMOS EN CUERPOS AJENOS




Alberto Hernández

Fotos: Wilson Prada y Freddy Cortez



** Asombra verse doscientos años atrás en una lista de censo conquistador. Saber que somos los mismos apellidos con los mismos pecados y aciertos. Gracias a Lucas Guillermo Castillo Lara todos estamos en un libro, rivales y amigos, primos y parientes.


** Sólo faltan otros cien años de Guardatinajas para desmitificar la memoria y hacerla verdadera pasión, verdadero canto a este pedazo de tierra que es parte de nuestros sueños.



¿Qué hora aciaga pero predestinada pudo ser testigo del arrebiate de indios guaiquires, mapoyes y tamanacos hacia las tierras desprendidas del Llano en los primeros tiempos de la conquista? ¿Qué de hombres de Dios y sus santos para habitar zanjones y arrecifes del mítico cacique Guaitincay o Guacatincay? Sólo el rato que el día frecuenta desde el amanecer hasta la hora más alta pudo mirar ese grupo atascado entre vocablos extraños, cruces y arcabuces y signar la memoria de ese tránsito fundacional.


Agustín Linares


Y entonces dieron en llamarlo Guardatinajas antes de la creación de calles y casas. Mucho antes andaba la huella de la palabra confundiendo capuchinos y hombres de armas, como para dejar sentado que el misterio es el dueño permanente de esta tierra radical, de profunda oscuridad, de luz cuyo horizonte hace ver espejismos y concitar espantos. Y se quedó Guardatinajas a pesar de la a confusión. O por ella.


Sotanas y polvo de tiempo


Todo estaba tan revuelto, como en los tiempos de la creación del mundo, para los habitantes de este lugar donde hay un manto de sabana que es horizonte y pastizales perdidos. Porque tuvo que escribirse Guardatinajas, Cien años de su acontecer para que la historia develase los secretos de un cielo y un polvo desértico que esperaban por otras miradas para hacerlos sangre castiza, negra, india, en un perfecto mestizaje de pieles y vocablos.


Encarnación Mireles


Bastó la aceitunada pronunciación andaluza para que llegara la arábiga desfachatez del condumio colectivo. Bastó el surco cristiano para que este pedazo de Guárico fijase amistad con amaneceres y tardes silenciosas. Para que entre chamizales y bajíos a la aguada quedara fundada Santa Bárbara de Guardatinajas, un día aún desconocido en un año, aquel de 1768. y sobre este hecho muchas confusiones porque el tiempo del Llano también enreda y hace posible el espejismo y el mareante extravío entre chaparros y picas aún no inventadas.


Fabián Torreles


Sotanas y palabras en latín para ajustar las cuentas a una llegada intempestiva, inesperada. El cura Fray Andrés de Granada rn viva misión de arrimar nombres y bautismos cerca del río Tiznados.

Y la tierra fue y sigue siendo pródiga. Desde ese tiempo al que nos toca vivir existe el bajío milagroso: “El agua para beber estaba asegurada por una fuente de agua viva, de buena calidad, situada a una cuadra de la plaza, al bajar una barranca no muy profunda”.

¿Cuántas veces de niño nos repetimos en el pasado/ presente de los primeros habitantes que se bañaban en esas cristalinas y sanas aguas a una cuadra de española de la hoy plaza Bolívar?

Y también estuvo, entre tantos nombres olvidados, el Obispo viajero Mariano Martí, quien antecedió a Lucas Guillermo Castillo Lara en el apostolado de refundar voces y accidentes humanos y geográficos. Tamaño oficio este de revisar con la palma de la mano los caminos dejados por el “otro nuestro” que se quedó atrás en el almanaque.


Gregoria Orozco


Y Mariano Martí marcó límites y trazó de la boca aborigen nombres y misterios, y también toponímicos y rasgaduras de puertas donde la voz del monarca traducía sus deseos de poblar y conquistar.

Estuvo cerca el corazón capuchino de la inocencia de estos hombres desnudos que fabricaban sus propias ofensas y felicidades. Estuvo cerca el padre Fray Félix de Cortés, Andrés de Grazalema, el cura Joseph Francisco de Caracas, quien venía de la Misión de Iguana a destejer creencias y a ordenar bautismos y síntomas parroquiales.


Nombres de ayer y hoy


¿Cómo dejar de repetir apellidos y hasta nombres de hoy en el ayer borrado por el hollín de esta intemperie abandonada? ¿Cómo no atender que somos la misma gente de esta confabulación de sangres y caracteres? ¿Cómo no dejar de avisar desde la lectura que hoy también existen alcaldes Araña en la tierra cuarteada y roja de Guardatinajas, si hasta el mismo cura Manuel María de Granada tuvo que acudir a las autoridades superiores para evitar el despellejamiento que este regidor pretendía con los indígenas?

Pedro Araña, traducción de innoble prefecto, había hecho injusticia prevalido de la fuerza, hasta que el padre Granada puso orden en salvación de los pobres e indefensos habitantes de la Guardatinajas recién fundada.

Pero fueron los nombres asentados ayer los que hoy hacen vigencia de grandeza en este conglomerado de sol y lluvia.


La vieja casa que perteneciera a Nicolás Llovera


El inventario humana habla de indios, blancos, pardos, negros y zambos con los apellidos revueltos. Sonidos castellanos amancebados con los aborígenes: Rojas, Matute, Utacuto, Teneta, Villasana, Orozco, Tavares, Tenepe, Hurtado, Viruaca, Martínez, delgado, Ximénez, Ramos, Carrillo, Polanco, Farfán, Brizuela, Acosta, Palma, fueron de los primeros. Hoy siguen sonando en la carne y esqueletos de quienes habitan sus casas y calles solitarias.

¿Quién le quita grado de fundación a los Hurtado, Delgado, Jiménez, Acosta, Colmenares, Mireles, Linares, Santana? ¿Quién puede desdecir de Andrés Delgado Jiménez, Nicolás Hurtado, Paco García, Jorge Colmenares, Carlos Acosta, Gregoria Orozco, Cleotilde Piñango, Antonio Noguera, Roso Meregoto, Eloy estanca, Isaac ramos, Benito Moreno, Hilario Martínez, Rubén López Rojas, entre tantos otros perdidos en mi frágil memoria.


Una matrona del pueblo


Sosmos los mismos en los cuerpos de otros. Con nuestras bondades y pecados, Guardatinajas dejó cien años en este libro de Lucas Guillermo Castillo Lara para retratar nuestras andanzas pasadas, aciertos y errores, lucideces y embriagueces, crímenes y santidades, abandonos y poblacionales intentos.

Faltan los cien años restantes para poder ser fijados en páginas de hoy. Que no falten entonces a la cita quienes saber que la tierra natal se lleva en la piel, pero también en el alma.

1 comentario:

Mercedes dijo...

me gustaria saber mas de guardatinajas todo lo referente a la familia llovera soy nieta de liborio llovera camila gonzalez

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