miércoles, 27 de julio de 2011

VIEJA FOTOGRAFÍA DE LA CALLE ATARRAYA (Valle de La Pascua)

Manuel Soto Arbeláez

(A perro macho lo capan una sola vez. Estas notas van dedicadas al amigo arquitecto urbanista diplomado don Alcides Cordero Sierra, quien es un admirador de esta calle vallepascuense).

Mi coetáneo amigo Dr. Juan Licurgo Zamora Díaz-Méndez Ramírez Matos y Rubín Zamora, me ha enviado la foto que acompaña este escrito. Se trata de la calle Atarraya de Valle de la Pascua de años ha ¿Por qué interesa analizar esta imagen? Muy sencillo: La mencionada vía siempre ha sido una de las más importantes de este municipio. Desde la época colonial ella unía al núcleo poblacional primigenio de 78 casas ubicadas alrededor de un núcleo central a partir de 1785, con una de las fuentes seguras y permanentes de agua ubicada al sur, en la salida hacía Oriente y Guayana, que se llamó y todavía se llama “Caño de la Vigía”. En 1948 el pueblo llegaba hasta allí donde funcionaba un hipódromo. Al sitio también se le conocía como “La Gonzalera”, hato que perteneció al capitán canario Juan González Padrón, casado con Juana (?) González Arzola Álvarez Guedes y Lozano de Ábila Feria del Barrio, hija de don Pedro del Hoyo y Arzola –tal vez también Canario- y de doña Catherina Álvarez Guedes, de familia proveniente de Cagua. La fotografía que me propongo analizar no tiene una fecha definida al pie de página como hacen los fotógrafos profesionales para identificar sus trabajos. Supongo que es de los inicios de los 1920s por las razones que voy a exponer más adelante.

Evidentemente el enfoque cameral se tomó con el sol en su cenit, cuestión fácilmente deducible por la sombra arrojada sobre las aceras. Se observa un cielo límpido, de verano. El sitio de la toma fue la llamada Esquina de la Atarraya, cruce con la actual calle Las Flores, pues al frente se distingue la tienda de don Cecilio Moreno Díaz negocio que duró desde los 1900s hasta 1949 aproximadamente, que a partir de la muerte de don Cecilio pasó bajo la dirección de su hijo Humberto Moreno Hernández, padre del ingeniero civil Humberto Moreno-Hernández y Silva Otty. Un poco más al norte, a mano izquierda, está la casa de don Mónico Matos Zamora, la cual desapareció al construirse un edificio en el lote.

Al meterle una lupa y/o ampliar a la fisonomía de las aceras parece que su piso estaba conformado por rolas de madera dura, cortadas a lo largo de su eje longitudinal con la parte convexa hacia arriba unidas con juntas de argamasa de cal. Obsérvese que un hombre va empujando una carretilla y que todos los personajes retratados van vestidos con las llamadas blusas -especie de saco de liquiliqui- y con sombreros de ala ancha para protegerse de la canícula llanera. Pero también se observan varios burros aparentemente realengos pues al ampliar la fotografía no se le distinguen sillas y/o enjalmes, mucho menos sudaderos. Los postes de madera clavados a las orillas se usaban para amarrar a estas bestias de carga, propiedad de los campesinos que acudían a esta calle del comercio vallepascuense de siempre a proveerse de sus avíos, enseres, víveres, combustibles, medicinas y viandas. Tanto las aceras como la calle eran -aún lo son- muy estrechas y no estaba pavimentada. La primera calle vallepascuense pavimentada, con concreto elaborado con granzón de Morichito y junta asfáltica, data de los inicios de los 1950s. Esa calle con este tipo de piso era el tramo de la Guásco comprendido entre Retumbo y Atarraya, entre las esquinas El Vesubio a La Torre.

En la fotografía no se observan drenajes, al llover esta calle formaba un verdadero chorrerón. Los aleros de las casas se ven más o menos alineados, lo que hace suponer que el Concejo Municipal debió permisarlas bajo una ordenanza de reglamentación urbana ad-hoc. Lo mismo parece suceder con las ventanas que presentan un aspecto uniforme o normativo; en cambio, las fachadas se observan muy mal mantenidas. Tal vez los dueños de los inmuebles se veían perjudicados por los burros al recostarse éstos de las paredes, ¡Burrote viejo cuando no se revuelca se recuesta!

No hay automóviles. A lo lejos, frente a la iglesia, se ve lo que parece ser un camión. No hay posteaduras de iluminación, ergo no existía la distribución de fluido eléctrico, servicio éste que se conoció a partir de 1926, por concesión que hizo el Municipio a una empresa privada. Siguiendo la dirección hacia el norte, vemos que en el cruce de la calle Atarraya con la Descanso, a la derecha, hay una casa de dos pisos y techos de cuatro aguas que fue construida por don Pedro Ledezma, después ésta pertenecía en los 1940s y 1950s a don Rigoberto Santaella Ledezma, funcionando en la planta baja la tienda del señor José C. González, conocido popularmente como “Morocho” González, quien era hijo de don Pedro Ledezma. Al final a mano izquierda se puede medio ver otra casa de dos plantas diagonal a la iglesia que pertenecía al señor Baudilio Ortiz. Antes, en el tercer tercio del siglo XIX, perteneció a la familia Escobar Irazábal y después a los Escobar Gutiérrez. En su lote se asienta actualmente el edificio de la zapatería Llanera.

La iglesia se levanta sobre un “Alto”. Es la misma diseñada y construida en 1841 por un cura-arquitecto, el petareño don José María Poleo, remodelada después de la Guerra de la Federación por el fraile canario dominico exclaustrado don Isidro Bello. En 1882 el cura corzo francés Pbro. Juan Santiago Guásco, con dos ebanistas y un maestro de arquitrabes que se trajo de su tierra, hizo la remodelación que con variantes se mantuvo hasta 1952. Fue demolida para construir la actual catedral, inaugurada el 2 de diciembre de 1956 por el ministro de justicia Dr. Luis Felipe Urbaneja, a quien apodaban “El Fraile”. El ingeniero inspector de la obra fue Pedro Arnal, quien me refirió que en la antigua construcción, en el subsuelo, encontró muchas tumbas con sus identificaciones y losas, pero que en la época de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez la orden era terminar todas las obras el 2 de diciembre de cada año, sin pararse en miramientos de túmulos de cadáveres. Estos fueron a parar a una fosa común en el cementerio municipal. Quien protestara iba preso, incluyendo al osado joven ingeniero Arnal a quien se recuerda en Valle de la Pascua como un hombre alto, de buenos modales y buena copa, que se paseaba por las calles del pueblo medio enchambranado en un pequeño Mercedes Benz de dos puertas y descapotable ¡Ah Mundo! el de Pedro Arnal. En esa época ya existía el hotel Venezuela en el cruce de las calles González Padrón con Real. Era el sitio elegante donde se comía muy bien. En la planta baja del edificio había una tienda Dovilla, cadena cubana, creo, regentada en Valle de la Pascua por un señor cubano que al mudarse del pueblo se convirtió en locutor y comentarista de peleas y por ello era llamado “La Biblia del boxeo”, se trata de Roberto Ribeiro. Era compañero de tragos de Arnal.

E-mail: manuelsotoarbelaez@yahoo.com Los libros El Guárico Oriental 1, 2 y 3 en Librería La Llanera, calle Guásco, frente a la plaza Bolívar, Valle de la pascua.

Nota:si desea ver en detalle la fotografía haga un clik sobre la misma y use el zoom.

1 comentario:

SONIA JARAMILLO dijo...

SOY FOTÓGRAFA DOCUMENTAL LO FELICITO! QUE MARAVILLA DE ANÁLISIS!

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