lunes, 26 de agosto de 2013

Crónicas del Olvido


NUESTRO AMABLE Y SABIO PROFESOR
 LUIS FERNANDO MELO



Alberto Hernández

1.-

La última vez que lo vi -habrán pasado unos siete años-  fue en una de las concurridas esquinas de la plaza Bolívar de Valle de la Pascua. Nos tomamos un café  juntos. Él se extraño de que un desconocido lo abrazara. Esa vieja costumbre que Baltazar Hernández Loreto y Guillermo Loreto Mata dejaron sembrada en nuestra casa, la de abrazarse. Pues sí, mi amable y  sabio profesor de química del querido Liceo “José Gil Fortoul” no me reconoció. Claro, habían pasado casi cuarenta años desde que dejé La Pascua para venirme a Valencia. Entonces nombré a  mi hermano Hernán Hernández Marrero, quien había sido muy amigo de Melo. Entonces comenzaron las aguas a aclararse y, como un retrato del pasado, el profesor me dibujó y se acordó. Y así aparecieron también los nombres de gente lejana hoy por el correr del calendario pero cercana por la frescura de la memoria. Así nombramos, Melo y yo, y mi hermano Perico que estaba conmigo, a Nicolás Soto Arveláez, Gerardo Camero Calcurián, Aldo Álvarez Manrique, Juan Félix García, Marina Villasana, Rafael Silveira, Maritza y Ramón Delgado Sosa, Roger Puerta, Miguel Arocha, Carlos Bastardo, William Bolívar, Víctor y Rubén Ladrón de Guevara, Antonio Tomassi, Fernando Ulloa, Lope Cobeña, David del Corral, los hermanos Fermín Saud y Oswaldo Loreto, entre tantos otros que se me extravían en el recuerdo.
 

 Profesor Luis Fernando Melo

2.-

Cada vez que aparecía un nombre, el profesor Melo sonreía y movía la cabeza hacia los lados, como lo hacía cuando caminaba.  Porque Luis Fernando Melo cuando caminaba movía la cabeza de una manera muy particular, imperceptible para muchos, pero para un observador era evidente que ese hombre que enseñaba química y biología también era músico. Creo que si no me equivoco  tenía registro de barítono o bajo. Pero era cierto que cantaba y lo hacía con la gracia de quien  se sabía acompañado de otras voces reunidas en el “Quinteto Magistral”. De ese grupo vocal fueron mis maestros en primaria  Salvador González y Ricardo Hurtado. Salvador compartió casa conmigo mientras estuve hospedado en Maracay en la casa de mi tía Juanita Guía. También me tocó compartir la bohemia en muchas ocasiones con mi  maestro del “Rafael González Udis”. Su muerte marcó a muchos miembros de mi familia. 

3.-

El doctor  Luis Fernando Melo fue nuestro profesor de química de esa promoción que egresó del “Gil Fortoul” en 1970. A mí me tocó graduarme en Valencia. Pero como si me hubiese graduado en mi liceo de La Pascua. Yo sentía que el profesor era un sabio. Y lo mostraba con la amabilidad, la paz interior y el conocimiento que sembraba en todos nosotros.
Una anécdota que relaté en una crónica hace años: el temblor de 1967 nos sorprendió a mí y a Gerardo Camero en el cine. Recuerdo que era una película del Agente 007. Cuando las palomas del local se alborotaron el primero que se levantó de las sillas, tomado de las manos de dos niños, fue Melo. Pasó por un lado y me dijo: “Está temblando, salgan poco a poco”. Gerardo que era muy gordo creo que me ganó en carrera. Pasados los minutos, todos reunidos en plena avenida Atarraya, decidimos entrar de nuevo al cine. Minutos después se presentó la señorita Lourdes Camero y le pidió a Gerardo que se fuera a la casa porque habían ocurrido algunos desperfectos en las paredes. Gerardo se negó y terminamos de ver la cinta. A Melo no lo vimos más esa tarde casi noche. O noche.
Ahora, con los recuerdos muy próximos, me entero muy tarde que nuestro amable y sabio profesor Luis Fernando Melo murió en enero pasado. Así como acaba también de fallecer la bella y excelente profesora América Escobar de Martínez, pariente de mi hermano mayor.
Lamentablemente, el tiempo y la distancia han hecho que las noticias se queden instaladas en algún lugar. Hoy, cuando recuerdo a este hombre que nos entregó su sabiduría, lo evoco, lo nombro con todo el respeto que tuvo él con nosotros, con mi hermano mayor, con mi padre y con todos los muchachos de aquella Valle de la Pascua que ya no existe.

El Motor de aire desafía la segunda Ley de la Termodinámica. Invento de un guariqueño.