miércoles, 28 de diciembre de 2016

LA VOZ DE ORITUCO

Carlos A. López Garcés

            Don Guillermo Hurtado Velázquez era un inversionista de Altagracia de Orituco, estado Guárico, donde, con permiso del Ministerio de Comunicaciones y del Concejo del distrito Monagas, fundó y dirigió una emisora local sui géneris, denominada La Voz de Orituco, cuyo sistema de transmisión era muy singular, pues comprendía una red de altoparlantes ubicados estratégicamente en varias esquinas y otros sitios de la población, tales como: el cerro Buenos Aires (cruce de calles Bella Vista y Adolfo Chataing); el callejón San José; Barrialito; Saladillo (en el roble que está frente a la Inspectoría del Tránsito, cruce de calle Andrés Eloy Blanco con avenida Ilustres Próceres); el tamarindo del viejo mercado municipal (cruce de calles Bolívar y Pellón y Palacio); El Calvario (cerro Las Iguanitas, donde está la Escuela Básica José Ramón Camejo); Pueblo Nuevo (cerca del hospital José Francisco Torrealba); el mamón del patio de la casa de Manuel Mijares, donde ahora distribuyen Gas Radelco (cruce de calles Sucre e Ilustres Próceres); etcétera. Para la instalación de estos altavoces fueron utilizados numerosos metros de cable, distribuidos hasta los puntos exactos que eran seleccionados con anterioridad. Antonio Camaute realizaba comúnmente este trabajo, contratado como práctico electricista, y varias veces fueron solicitadas las labores auxiliares de Dimas Paredes.

            La Voz de Orituco puede considerarse como la pionera de la “radiodifusión” altagraciana. Fue inaugurada el 16 de julio de 1948; por esto el día de la celebración católica en honor a la Vírgen del Carmen coincidía con el aniversario de la iniciación de esta emisora, cuyo dueño agradecido lo festejaba con programas populares que incluían: carreras en saco, con huevos en cucharas, de bicicletas y para atrapar cintas; piñatas; rebatiñas de centavos y de caramelos; presentaciones de músicos, cantantes y negros de plaza… y no faltaban los fuegos artificiales. Sus actividades comenzaron en una casa ubicada en la esquina sur-oeste del cruce de las calles Adolfo Chataing y Chapaiguana, a una cuadra hacia el sur de la iglesia de Altagracia; luego fue instalada en la segunda planta de un local moderno (con cuatro altoparlantes en su platabanda), situado en la parte oeste de la misma calle Chapaiguana, a cincuenta metros hacia el sur del templo y de la plaza Bolívar. Tanto el primer local como el segundo pertenecían también al dueño de aquella emisora, quien se divertía mucho cuando algunos incautos le manifestaban su fracaso al intentar sintonizarla en radiorreceptores, lo que era imposible porque carecía de la planta transmisora correspondiente; sin embargo, don Guillermo se empeñaba en identificarla con las siglas YV-4-RQ YV-4-LM, a lo que le agregaba una cantidad imaginaria de kilociclos y megaciclos para expresar la idea de potencia irradiada.

            La Voz de Orituco trabajaba de modo semejante a las radioemisoras comerciales del país. Sus labores ordinarias principiaban y concluían con el Himno Nacional de Venezuela; pero eran efectuadas en dos turnos: de doce del día a dos de la tarde y de seis a nueve pasado el mediodía; aunque las emisiones eran de “audición obligatoria”, debido a las características de esta emisora. No obstante, la transmisión por algún altavoz podía ser suspendida para evitar molestias a vecinos enfermos; además, con ese horario no obstaculizaba actividades de las escuelas federales Ángel Moreno, para varones, y Felipe Neri Sendrea, para hembras, adonde el alumnado gracitano asistía de ocho a once y media de la mañana y de dos a cuatro y media de la tarde. La emisora concluía su primera jornada con la marcha Adelante, lo que indicaba el comienzo del segundo turno escolar.

            Los locutores debían cumplir guardias asignadas, eran empíricos que carecían del certificado oficial equivalente y tenían un sueldo promedio aproximado de cuarenta bolívares mensuales. La oportunidad es válida para recordar, entre ellos, a Juan Vicente Mendoza Fernández, Sixto y José Coronil Gómez, Ildemaro Arévalo León, Natalio y Rafael Vicente Arévalo González, Pablo Parada, José Ramón López Garcés, Oswaldo Fuentes (El Musiú), César Domínguez Hernández, Félix Landaeta y Mundo Rangel. Los tres últimos mencionados y Julio Girón fueron auxiliares de audio.

            Los programas regulares de esta difusora orituqueña eran generalmente musicales; pero muy variables. Todavía son recordados con satisfacción, por ejemplo, las complacencias de peticiones, las actuaciones infantiles (realizadas los domingos  con el lema: “por la culturización del niño ante el micrófono”) y las de aficionados como Domingo Ramón Belisario (El Trovador Guariqueño), Juan Ramón Daniels y Juan José Tovar; era común, mediante la colocación de un micrófono enfrente de un radio, la “retransmisión directa” de Panorama Universal, un noticiario de mucha audiencia en Altagracia, cuya narración la hacia José Martínez Maiz por la caraqueña Radiodifusora Venezuela; además, dos programas especiales fueron bien acogidos por la población: uno fue el concurso que consistía en adivinar quien era el Locutor Fantasma, hecho por Juan Mendoza, Sixto Coronil Gómez y Natalio Arévalo, de ocho a nueve de la noche, con la promesa de quinientos bolívares de premio para un ganador que nunca hubo; el otro fue una comedia cuyo libreto lo adaptó Juan Mendoza, quien, además, la protagonizó junto con Elvia Armas y fue transmitida dos veces por semana, desde las doce del día hasta la una de la tarde. Hubo, asimismo, programas eventuales o extraordinarios como el de música clásica llamado La Hora Azúl, que (a pesar del fastidio que le causaba al señor Medardo Piñango)  era presentado a la una de la tarde y producido por Hiram Reinefeld Saldivia en sus períodos de vacaciones estudiantiles universitarias, y como las narraciones de ciertos entierros y de algunas procesiones en Semana Santa, hechas con tanta solemnidad que, muchas veces, don Guillermo “convirtió” la iglesia gracitana en catedral y al cura párroco en obispo.
            La Voz de Orituco era un medio de comunicación muy receptivo a las actividades culturales y deportivas efectuadas por los gracitanos. Una muestra de esta afirmación fue el programa transmitido el 12 de febrero de 1950 por estudiantes del liceo Ramón Buenahora, con motivo del Día de la Juventud(1). Otro ejemplo está contenido en una información del periódico Alborada(2) Nº 7, correspondiente a la edición del 16 de abril de 1950 y redactada de la manera siguiente:

“COPA DE CAMPEONES / Le fue entregada el jueves pasado al club de voleibol ‘Titanes’ de esta ciudad; obsequio del Pbro. Dr. Rafael Chacín y que recibieron el capitán del club, Víctor Soto y la bella madrina del equipo, señorita Lilia Pérez. Igualmente fueron otorgados medallas y diplomas. El acto, al que asistió numerosa y selecta concurrencia, tuvo lugar en los salones de la emisora ‘La Voz de Orituco’; hubo recitación de Luis Pérez Guglieta, palabras de aliento y fe deportiva en Oscar Martínez; entrega de diplomas; entrega de diplomas que hizo el culto sport-man Larry Urban, Vice-presidente de la Junta de Deportes de esta ciudad; imposición de medallas por la Sta. Olga Bello; entrega de la copa y palabras de clausura, donde vimos desfilar la historia del deporte en Altagracia a cargo del Pbro. Chacín, Presidente de la Junta, y para cerrar, las emocionadas frases de agradecimiento del capitán del club ‘Titanes’.
La concurrencia fue finalmente obsequiada. Larry Urban se encargó de sorprender con su cámara fotográfica diversos momentos”.(3)

            En Altagracia de Orituco también era común oír entonces, a las seis de la tarde, el campaneo proveniente del templo parroquial para indicar el momento de la oración, que es una costumbre católica vieja aún practicada por las personas más apegadas a esta religión. Cuando apenas habían cesado tales campanadas, el dueño de aquella emisora activaba la difusión de algunos versos de un poema de Andrés Bello, muy significativo y denominado La oración por todos (con semejanza a Víctor Hugo), el cual comienza diciendo:

                                                “Ve a rezar hija mía. Ya es la hora
                                    de la conciencia y del pensar profundo:
                                    cesó el trabajo afanador, y al mundo
                                    la sombra va a colgar su pabellón;
                                    sacude el polvo el árbol del camino,
                                    al soplo de la noche: y en el suelto
                                    manto de la sutil neblina envuelto,
                                    se ve temblar el viejo torreón”.(4)

            La Voz de Orituco obtenía ingresos normales por la difusión de mensajes publicitarios, cuya tarifa era de cinco a diez bolívares mensuales. Son recordadas todavía las publicidades de cigarrillos Camell, Phillips Morris y Chesterfield, de Pepsi-Cola, del café Guatopo distribuido por Sixto Orozco Jiménez, de cotufas Orituco, de lámparas Aladino y de las tiendas La Gran Realización de Manuel Felipe Arévalo y La Incógnita de Francisco J. Padrón.

            No ha sido posible establecer, con exactitud cronológica, cuando finalizaron las actividades de esta emisora; sin embargo, algunas personas, Armando Valero entre ellas, afirman que fue en el primer semestre de 1956 y el profesor Rodulfo Pérez Guglieta asegura que ya no existía en el segundo semestre de ese año, cuando él regresó a Altagracia de Orituco a ejercer su profesión en el liceo Ramón Buenahora; pero el autor de este escrito recuerda que aún funcionaba en 1955. La desaparición definitiva de esta emisora puede asociarse con el surgimiento de Radio Orituco, la cual fue inaugurada el 5 de julio de 1958 y cuyos copropietarios eran los señores Manuel Torrealba y Miguel Pessil; este último actuaba como Director-Gerente(5).

         Como un honor a la verdad debe decirse que La Voz de Orituco no agradaba unánimemente a la comunidad altagraciana, porque sus transmisiones incomodaban a varias personas, aun cuando era identificada como “la voz amiga de todos”. No obstante, ella significaba una práctica innovadora de la comunicación social en una localidad habitada, acaso, por algo más de trece mil personas, reconocidas entre sí con tanta suficiencia que era fácil la divulgación interpersonal de comentarios pueblerinos, lo que contrariaba principios muy elementales de la publicidad mediante el uso de altavoces, pues era conocido ampliamente lo relacionado con el dueño, el ramo mercantil y la dirección de distintas casas comerciales existentes en la comunidad. Puede afirmarse que la inversión hecha para el mantenimiento de aquella emisora era muy alta, con respecto a los ingresos por motivos de publicidad que eran escasos, y esto influyó en la eliminación de sus servicios(6).
REFERENCIAS Y NOTAS
(1) LORETO LORETO: 1961; p. 298.

(2) Alborada era un quincenario que circulaba entonces en Altagracia de Orituco, con la dirección del profesor buenahorista Blas Loreto Loreto.

(3) LORETO LORETO: op. cit.; pp. 300, 301.

(4) BARNOLA: 1964; p. 32.

(5) Caminos. Nº 20; p. 4.

(6) Este trabajo es copia textual del que fue publicado en el diario el siglo de Maracay, en 1991.

FUENTES

I.- Bibliográficas
           
            BARNOLA, Pedro P. Las cien mejores poesías líricas venezolanas. Barcelona.             Publicaciones Reunidas S.A.; quinta edición. 1964.
           
            LORETO LORETO, Blas. Alborada, pie de luz para medio siglo. Caracas.        Ediciones Paraguachoa S.A. 1961.

II.- Hemerográficas
           
            “Inauguración de la Radio Orituco”. Caminos. Director: Cruz Fermín Boada. Nº 20 – Año I. Altagracia de Orituco, tercera semana de julio de 1958, p. 4.

III.- Noticias orales suministradas en Altagracia de Orituco por las siguientes personas:
           
            ARÉVALO, Rafael Vicente.
            BELISARIO, Domingo Ramón.
            DALIS, Pedro.
            D’SUZE GARCÍA, Luis.
            GIRÓN, Julio.
            HURTADO VELÁZQUEZ, María.
            LÓPEZ GARCÉS, Luis E.
            MENDOZA FERNÁNDEZ, Juan Vicente.
            PAREDES, Dimas.
            PÉREZ GUGLIETA, Rodulfo.
            RANGEL, Mundo.
            REINEFELD SALDIVIA, Hiram.
            VALERO, Armando.


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