domingo, 22 de noviembre de 2009

LOS VINCULOS FAMILIARES DE DON SIMÓN RODRÍGUEZ EN EL GUÁRICO COLONIAL

Dr. Felipe Hernández G.

Profesor Titular. UNESR

felipehernandez56@yahoo.es



Durante el período colonial en Venezuela, la corona española ejercía dominio absoluto sobre la propiedad de la tierra. La propiedad territorial agraria se inició con las figuras jurídicas representadas por las Capitulaciones y las Mercedes de Tierra, expresadas en el repartimiento de Peonías y Caballerías entre los conquistadores, quienes estaban obligados a construir en los solares asignados, cultivar la tierra o realizar actividades ganaderas en el tiempo estipulado.

Para la segunda mitad del siglo XVI adquieren especial relevancia las ocupaciones de hecho de grandes extensiones territoriales, y a partir del año 1591 se intentó legalizar esta situación con los llamados remates y composiciones de tierras, precedidos por las respectivas denuncias de las tierras baldías o realengas ocupadas.

En ese sentido, en investigaciones sobre composiciones y venta de tierras en el partido de Santa María de Ipire durante el período colonial, se ha determinado que las más antiguas operaciones realizadas al respecto, corresponden a Miguel de Ledesma, quien actuando en nombre de Diego de Ledesma, el 02 de diciembre del año 1740, es reseñado vendiendo una legua de tierras de hato en las riveras del río Chivata.

Casi dos años después aparece el nombre de un bisabuelo del maestro don Simón Rodríguez, se trata de don Mathías Rodríguez-Gil, quien efectúa el remate de unas tierras que fueron de su hermano Juan Rodríguez-Gil, así como la posesión de un hato de ganado mayor en Ipire y un rincón de tierra al lado de la quebrada de Santa Inés, eso fue exactamente, el 18 de enero de 1743. En la misma fecha, Pedro de Ledesma, efectúa el remate de un sitio de hato en Ipire. Y al año siguiente Joseph Becerra realiza otro remate en el sitio de Zuata.

En 1759, el citado bisabuelo don Mathías Rodríguez, realizó en medianía con su yerno Julián García, una nueva composición de tierras de pasto en jurisdicción de Ipire, entre la quebrada Santa Inés y Coporo.

La genealogía de esta familia Rodríguez, según investigaciones realizadas por la historiadora Irma Mendoza, sería la siguiente:

Don Mathias Rodríguez-Gil nació en La Vega, Caracas, hijo de los canarios Juan Rodríguez Garbuso y Francisca Gil. Se casó en 1696 con Apolonia Díaz, natural de Buenavista (Tenerife – Islas Canarias), hija de los canarios Francisco Martínez y Polonia Díaz. Fueron padres de siete hijos, a saber: Juan de la Cruz, que fue casado con Josefa Duarte, Bartolomé, Rosa María que se casó con Francisco Manchal, María Pascuala que fue casada con José Esparragoza, Margarita casada con Florencio Rodríguez, Paula Polonia que se casó con Julián García, Miguel, y Antonio, Rodríguez Díaz.

Antonio Rodríguez Díaz fue casado con María Teresa Álvarez Carneiro, y son los padres Juan Rafael y Rosalía Rodríguez Álvarez.

El presbítero Juan Rafael Rodríguez Álvarez, quien según el obispo Mariano Martí (1998), nació en el pueblo de El Sombrero, el 09 de octubre de 1746, era doctor y bachiller en leyes antes de ser ordenado sacerdote, además de muy reputado letrado, que le valió para ocupar el cargo de Secretario de la Real y Pontificia Universidad Santa Rosa de Lima de Caracas. Su hermana doña Rosalía Rodríguez Álvarez, fue la madre del músico caraqueño Cayetano Rodríguez y de don Simón Rodríguez, según la mayoría de los biógrafos del maestro del Libertador.

En las biografías oficiales se indica que Rosalía Rodríguez Álvarez nació en Caracas el 25 de febrero de 1743, sin embargo, en investigaciones realizadas por don Manuel Aquino (1996), determinó que esta nació en El Sombrero, al igual que su hermano Juan Rafael Rodríguez, lo que es muy probable, a sabiendas que el Guárico todo pertenecía a la provincia de Caracas, y por lo tanto quien nacía en cualquier lugar de su jurisdicción, era por extensión caraqueño. Fue doña Rosalía, casada en primeras nupcias en 1759, con don Alejandro Aseste y Reina, de quien enviudó en 1765. De esa unión procrearon una hija de nombre Petrona Aseste y Reina-Rodríguez, quien se casó con Francisco López, hijo del pintor Juan Pedro López, convirtiéndose así, en concuñada de los músicos Manuel Sucre y Bartolomé Bello, padre de don Andrés Bello.

Simón y Cayetano, nacieron, respectivamente, en 1771 y 1774, durante la viudez de Rosalía, quien en 1799 fungió de fiadora del presunto padre de estos, Alejandro Carreño, en la hipoteca de una casa en La Candelaria, Caracas.

Quizá desencantada porque Alejandro Carreño optó por los hábitos sacerdotales en lugar del matrimonio, Rosalía contrajo nupcias nuevamente en 1780 con Ignacio Abay, de quien tuvo otra hija, de nombre María Josefa Joaquina Abay Rodríguez, nacida en 1781. Infiere el historiador Alberto Calzavara (1987), que doña Rosalía Rodríguez residió en Caracas hasta 1792, año en que viajó a Santa María de Ipire, donde falleció en 1799. Lo que permite inferir, que la madre de Simón Rodríguez fue enterrada en el pueblo de Santa María de Ipire, o en alguna capilla en su hato Mahomito o en su jurisdicción. Es muy probable que Rosalía Rodríguez haya vivido en Santa María de Ipire entre 1792 y 1799, es decir, durante siete años, seguramente en Mahomito. A su muerte tenía 56 años de edad.

En un censo de población de Santa María de Ipire efectuado en 1781, aparece reseñada una mujer de este nombre (Rosalía Rodríguez) como dueña del sitio de hato Mahomito, y en el año 1800, su hija Petrona Aseste y Reina-Rodríguez de López, extendió un poder a los santamarieños Ignacio y Manuel Balza, para que hicieran la repartición de los bienes dejados por su madre Rosalía Rodríguez en Santa María de Ipire.

Se cree que el presbítero Juan Rafael Rodríguez Álvarez, nacido en El Sombrero y hermano de Rosalía, influyó de manera decisiva en la formación del ilustre pensador caraqueño, por cuanto fue él, el responsable de su cuido, guía y educación.

Como se puede ver, el bisabuelo de Simón Rodríguez: don Mathías Rodríguez-Gil, el abuelo: don Antonio Rodríguez Díaz, sus tíos abuelos: Julián García y su esposa Paula Polonia Rodríguez Díaz de García, y su madre: Rosalía Rodríguez Álvarez, fueron propietarios de tierras y hatos en jurisdicción de Santa María de Ipire en el Guárico Colonial, donde probablemente fue enterrada. Además el hecho que su tío Juan Rafael Rodríguez Álvarez y su madre hayan nacido en el pueblo de El Sombrero es un indicativo que también tuvieron propiedades en su jurisdicción durante el período de la colonia y ss.

En Valle de la Pascua, a los catorce días del mes de noviembre del año 2009.


REFERENCIAS


AQUINO D. Manuel. (1996): Los Rodríguez de Don Simón. San Juan de los Morros: Diario El Nacionalista. P. 6.

BRITO FIGUEROA, Federico. (1961): La Estructura Social y Demográfica de Venezuela Colonial. Caracas: Tipografía Venevas, c. a.

CALZAVARA, Alberto. (1987): Historia de la Música en Venezuela. Caracas: Fundación Pampero.

FUNDACIÓN POLAR. (1990): Diccionario de Historia de Venezuela. Caracas: Editorial Ex Libris.

LARA, Gabriela. (2009): La Educación en tiempos de Simón Rodríguez. En: http://historiografias.blogspot.com/2009/11/la-educacion-en-tiempos-de-simon.html

MARTÍ, Mariano. (1998): Documentos relativos a su visita a la Diócesis de Caracas. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia.

MENDOZA, Irma Marina. (2006): Composiciones y venta de tierras en Santa María de Ipire. Santa María de Ipire: III Encuentro de Geohistoria de Santa maría de Ipire.

RANGEL P. Egilda e Irma M. MENDOZA. (2008): El mantuanaje caraqueño en los llanos del Guárico Colonial. Aproximación a su estudio. Valle de la Pascua: XII Encuentro de Cronistas e Historiadores del Estado Guárico. 11, 12 y 13 de abril de 2008.

RODRÍGUEZ, Adolfo. (1998), Historia de la Tierra de Ipire. San Juan de los Morros: Fundación Guariqueña para la Cultura. Ediciones Sabaneras No. 3. Gráficas Los Morros, c. a.

RODRÍGUEZ, Adolfo. (2009): Parentescos Familiares de Don Simón Rodríguez en el Estado Guárico. Publicado en:

http://fuegocotidiano.blogspot.com/2009/02/parentescos-familiares-de-don-simon.

ROJAS, Reinaldo. (2005): Simón Rodríguez: Ese desconocido. En: Hechos y Personajes de nuestra Historia. Barquisimeto: Fondo Editorial Buría. Zona Educativa del estado Portuguesa.

lunes, 16 de noviembre de 2009

UN ADIOS A IRMA MARINA

Felipe Hernández G.


Cuando muy temprano en la mañana del miércoles 11, los amigos Egilda Rangel Porras, primero y Arturo Álvarez D’Armas después, me enteraron de la muerte de Irma Mendoza, lo primero que acudió a mi memoria fue la confesión de San Agustín: “Como es la vida, así es la muerte”. Porque Irma Mendoza murió como vivió ¡luchando! ¡Soñando!. Ya lo dijo el poeta Virgilio, El sueño es hermano de la muerte”. Es miércoles 11 de noviembre de 2009, horas antes, a la 1 y 45 minutos de la madrugada, en el Hospital Clínico Universitario de Caracas, después de una tenaz batalla por la vida, se nos fue Irma Marina, como le gustaba que le llamasen. Educadora por vocación y convicción e historiadora de profesión y oficio de acrisolados quilates.

Ante el dolor que produce la partida, escribió Baudelaire, que “el tiempo devora la vida”, y afloran los recuerdos de lo que se ha vivido. En esta infausta hora, cuando la tristeza por la amiga ida nos asola, solo recordar parte de su trayectoria vital para la posteridad, alienta. Así, recordamos que a Irma la conocimos en el año 1986, cuando se desempeñaba como presidenta de la Junta Calificadora Nacional del Ministerio de Educación. Desde entonces comenzamos a tratarnos y se inició una larga y fructífera amistad, que se prolongó en el tiempo y se acrecentó en el afecto.

Nos encontramos nuevamente en los pasillos y en las aulas del Centro de Altos Estudios Alejandro de Humboldt de la Universidad Santa María en Caracas, donde realizamos el doctorado en Historia, que condujo sabiamente la mano y el pensamiento del eminente historiador y gran venezolano que fue el doctor Federico Brito Figueroa, y otros preclaros maestros como Alfonso Rumazo González, Manuel Pérez Vila, Pedro Felipe Ledezma, Juan Bautista Fuenmayor, Ramón A. Tovar, Nikita Harwich Vallenilla, Ramón Lozada Aldana, Reinaldo Rojas, Raiza Vivas de Daza, Carmen Saín de Gutiérrez, y otros. Ahí se consolidó la amistad, y a ella se sumaron amistades comunes como la de Miriam Meza de Borges, María Egilda Rangel Porras, José Marcial Ramos Guedez, Manuel Carrero, Nidia Cárdenas, José María Surga, Blanca Sánchez Blasco, Elsa Barrios Romero, Damelis Yegüez, Elis Freitas, Lucila Lista, Blanca Montoro, Emma Martínez, Cecilia Vivas, Diógenes Molina, y muchos más.

Volvimos a encontrarnos cuando ocupó la Secretaría de Educación y Cultura del estado Guárico en el año 1999, durante la primera gestión como gobernador de Eduardo Manuitt Carpio, la conseguimos haciendo equipo con la profesora Belkys Figuera Carpio. De ahí, por solicitud del para entonces rector, doctor Federico Brito Figueroa, pasó a la Universidad Rómulo Gallegos, como profesora de Postgrado en la maestría en Historia, donde junto con el doctor Elis Mercado, formó un gran equipo que permitió abrir y consolidar las maestrías en Historia en San Juan de los Morros, Valle de la Pascua y Altagracia de Orituco. Por expresa solicitud suya, formamos parte de ese equipo; fue y ha sido arduo el trabajo; de ahí han egresado un significativo número de postgraduados en Historia, profesionales guariqueños que son, en buena medida, hechura de Irma.

Téngase entre ellos, en San Juan de los Morros, a: Jeroh Juan Montilla, Mayerling Colmenares, Adriana De Abreu, Gledys Da’ Silva, Aura Marina Betancourt, Pablo Pérez, Aura Gómez, Oneida Martínez, y otros. En Ortiz: José Obswaldo Pérez Ascanio. En Calabozo: Ubaldo Ruiz y Eduardo López Sandoval. En Valle de la Pascua: Mélida Loreto de Díaz, Rosa María Álvarez, Carmen Diamora García, Antonio Campos, Maritza Márquez, y Yusdalis Celis. En Las Mercedes del Llano: Sorángel Ruiz Castro, Orietta Ortiz Mendoza y Xiomara Romero Abas. En Zaraza: Marlin Acosta y Lisbeth Rondón Rengifo. En Tucupido: Yamira González. En Altagracia de Orituco: María Luna. En El Socorro: Nervis Carpio. En Santa María de Ipire: María Mercedes Sarmiento Márquez; y en San José de Tiznados: Mariali Gondelles Bolívar.

Fue largo el surco de semillas sembradas por Irma en el Guárico, muchas de ellas florecientes y dando frutos, otras por florecer. A muchas nos tocará encausarlas para que germinen sus trabajos finales de grado. Ella hizo lo suyo. Era su sueño.

El auditorium y la Casona Universitaria, son mudos testigos de los pasos de Irma Mendoza, de las sesudas asesorías y de las importantes investigaciones historiográficas sobre el Guárico todo, que de ahí salieron, todas asesoradas por ella.

No sólo como profesora del Postgrado en Historia dictó cátedra Irma. Aquí en Guárico también lo hizo como investigadora, ponente y conferencista en encuentros, congresos, seminarios, conversatorios, coloquios y jornadas llevados a cabo en nuestra entidad. Muchas veces la acompañamos, en otras coincidimos, y a otras envió su ponencia para que la leyeran. Así, siempre nos alentó y nos acompañó en todos los Encuentros de Historiadores y Cronistas Guariqueños realizados en Valle de la Pascua, no faltó a ninguno. Pero también la vimos en Calabozo, en Camaguán, en San Juan de los Morros, en San Sebastián de los Reyes, en Chaguaramas, en Las Mercedes del Llano, en Ortiz. Ahí quedan sus ponencias. Investigaciones realizadas con gran rigurosidad, donde observamos un particular conocimiento y una especial maestría en el uso metodológico de la ciencia de la historia, aplicando las categorías de totalidad y lo interdisciplinario en la goehistoria guariqueña. Fundamentaciones hechas con información y documentos de fuentes de primera mano, obtenidas en el Archivo Arquidiocesano de Caracas, el Archivo General de la Nación, la Academia Nacional de la Historia, el Registro Principal del estado Guárico y de sus municipios, entre otros.

De ahí salió su ensayo "Presencia de la mano de obra esclava de origen africano en el Guárico colonial. Siglo XVIII", publicado en: Resonancias de la Africanidad. Libro escrito a cuatro manos con Marcial Ramos Guédez, Marisa Vannini de Gerulewicz y Jesús García, y publicado por el Fondo Editorial del IPASME, en el año 2005.También en la prensa regional dejó su impronta, son muchos los ensayos, crónicas y artículos publicados en los diarios El Nacionalista, La Prensa del Llano, La Antena, y en otras publicaciones regionales.

Considero que Irma Mendoza y Arturo Álvarez de D’ Armas, cada uno por su lado, son pioneros de los estudios sobre la negritud y la africanidad en el Guárico, cuando nadie hablaba de la presencia esclava en estos confines, levantaron ellos su voz y comenzaron a escribir.

Está vivo en nuestro recuerdo el homenaje que en su honor organizaron Arturo Álvarez D’ Armas y Jeroh Juan Montilla, fue en el Teatro de Bolsillo de la Casa Artesanal, en la calle Róscio de San Juan de los Morros, el día viernes 11 de julio de 2008. Le correspondió el honor de leer el discurso de orden, al doctor José Marcial Ramos Guédez, un discurso sentido, como solo puede hacerlo un amigo, conocedor de la vida y la trayectoria académica y profesional de la homenajeada, todo un maestro. Y de moderador fungió Jeroh Montilla. Todavía retumba en mis oídos, la voz grave, como de trueno del doctor Argenis Ranuarez Angarita, “¡Aquí estoy Irma Marina! Vengo a rendirte homenaje…”, sencillamente magistral. Adolfo Rodríguez, presentó una hermosísima semblanza que tituló: Irma Mendoza: Una emoción al servicio de la Historiografía Llanera. Edgardo Malaspina, al final de sus palabras, en un gesto de caballerosidad, le entregó un hermoso ramo de flores. También estuvimos y hablamos: Oldman Botello, Miriam Meza de Borges, Ubaldo Ruiz, Oneida Martínez, y Fabiola Bolívar. En mi ponencia, además de un exordio sobre la dimensión humana e intelectual de Irma Mendoza, leí una semblanza biográfica sobre monseñor Rafael Chacín Soto, en razón que ella siempre me manifestó su interés como investigadora por este polifacético sacerdote, de quien decía, “se había escrito y estudiado poco”, especialmente sobre su personalidad y su obra, así como sus aportes a Valle de la Pascua y al Guárico. Consideraba que era una tarea pendiente. Del Padre Chacín después volvimos a hablar muchas veces, dado su interés porque se conmemorara su centenario en el año 2010. En líneas generales, el homenaje fue un acto sencillo, ameno, como en familia, muy sentido. Homenaje en vida, como debe ser.

El amor de Irma por el Guárico fue infinito, desde el año 1999 aquí se aquerenció, casi toda su acción investigativa en el campo de la historia la encausó hacia la Historia Regional y Local del Guárico. Como paleógrafa oficial en el Archivo General de la Nación, fueron muchos los guariqueños que acudieron a ella, para reconstruir cadenas titulativas de la propiedad territorial en esta entidad, a quien pudo ayudar, lo ayudo, con tesón, con desprendimiento, sin otro interés distinto al de servir. Así fue su vida.

Hoy ha arribado al puerto de todos los dolores, como católica y fiel devota de la Virgen del Carmen, acude a su cita con el Creador, nos queda su accionar de docente e historiadora comprometida y militante, traducido en el importante legado, que lo constituyen su ejemplo, sus enseñanzas, su obra, que perdurarán en el recuerdo de quienes fuimos sus amigos, sus compañeros de sueños y esperanzas, de quienes fueron sus alumnos, y de todos aquellos que la irán conociendo a través de su obra escrita legada a la posteridad. Quizás sin saberlo, Irma hizo de la vida un combate, y se enfrentó a ella con amor, que es es el arma más poderosa, según el decir de Aldous Huxley. Eterna paz.

En Valle de La Pascua, a los 11 días del mes de noviembre del año 2009.


Nota del Administrador del Blog: La fotografía que ilustra este artículo del profesor Felipe Hernádez nos fue suministrada por Ollantay José Castillo y Mendoza, hermano de la profesora Irma Mendoza, el cual está actualmente residenciado en España

viernes, 13 de noviembre de 2009

PILAR ARANGUREN (Artesana)

Ítalo Jiménez Laya
Cronista de Camaguán.
Correo:Italojimenez44@hotmail.com
Teléfono: 0414-465.75.97

Se afirma que el tejido de punto deriva de la fabricación de redes para la caza o la pesca confeccionadas en lianas o tiras de cuero que se empleaban antes del Paleolítico. El entrelazamiento de los puntos podía realizarse a mano sin emplear ganchillo o agujas. No obstante, el testimonio concreto más antiguo que se tiene en la actualidad, referente a una prenda de punto, es un conmovedor zapatito de bebe hallado en una tumba egipcia del siglo III de nuestra era. Se cree de forma unánime que el origen de este tipo de labor se halla en Arabia, y que sus habitantes lo extendieron por Occidente a partir del año 622 d.C.
El arte también ha sido testimonio de que el tejido de punto tenía una gran presencia entre la población. Ya en el siglo IX a.C. el tejido en dos agujas era una artesanía muy desarrollada. Esta hipótesis está fundamentada en el hecho de que Penélope, la esposa fiel en la novela épica de Homero, “La Odisea”, esperara a lo largo de 20 años el regreso de su amado esposo de la Guerra de Troya. Para evadir a sus pretendientes, tejía un vestido de novia que por las noches destejía. Lógicamente, dicen los que saben, el trabajo no lo hacía en telar, de otra manera no hubiera podido destejer su vestido tan rápidamente.
Después de esta pequeña introducción me referiré a una gran mujer llamada Pilar Teresa Aranguren Aponte; hija de Petra Mercedes Aponte y de Manuel Hilario Aranguren Peraza. Nació y vivió entre sus 16 hermanos y hermanas en el caserío “Queseras del Medio”, parroquia Uverito Municipio Camaguán. Era una familia muy unida, trabajaban la caña de azúcar y la ganadería (tenían un Trapiche). Fabricaban panelas, batios, papelón, madrinas y el famoso morrocoy, que consistía en echarle agua fría a cierta cantidad de melaza que se dejaba en la paila hirviendo e inmediatamente la persona lo sacaba y lo repartía entre los asistentes, antes de que endureciera. ..Su trabajo era una artesanía familiar.
La niñez y parte de la juventud de Pilar transcurrió entre juegos de muñecas de trapo, correrías, Juegos de zarandas, la escuela...
Aproximadamente a los 13 años de edad ella aprendió a tejer viendo a una señora llamada Isabel Ochoa.
Después otra señora que vino de Caracas le dejó una revista y un paño para tejer y destejer y así Pilar pudiera aprender mejor el tejido de punto. Lo aprendió y se convirtió en una gran artesana.
Pilar se unió al joven José de la Paz Vásquez y procrearon 4 hijos: Lic. José Manuel Vásquez Aranguren (Alcalde de Camaguán), Carlos Alberto, Yulitza (Lic. en Administración y Educación) y Héctor José Vásquez (Capitán de Aviación).
Años después y de una segunda unión nace María de los Ángeles Aranguren Aranguren, técnico en Turismo y actualmente cursa estudios de Derecho.
Pilar Aranguren ha asistido a muchas exposiciones de artesanos dentro y fuera de su estado natal. Ha ganado varios premios, ha dictado cursos a personas de la comunidad y a doctoras y doctores de la Misión Barrio dentro.
Ella enseña a tejer paños, blusas, trajes de baño, vestidos, chalecos, cubrecamas, manteles, escarpines, hamacas, randas, alpargatas, carteras, sombreros etc. y tiene una gran facilidad para adornar sus tejidos con figuras de frutas, aves, rostros de personas, entre otros. También se dedica al oficio de Corte y Costura.
Pilar, mujer humilde, digna, gran artesana, conocida como “manos pródigas del tejido de punto”.
En su amable y sencilla conversación, finalmente me dijo Ítalo, le tengo un gran amor al arte, me gusta y desearía hacerlo siempre.

FOTOGRAFÍAS DE LA HISTORIA

Entre los archivos de Cellunerg hemos encontrado esta hermosa fotografía realizada por Carlos Hernández. No sabemos su fecha, detrás de ella sólo está el nombre del fotógrafo, creemos que es de los tiempos cuando Carlos vivía en San Juan de los Morros. Son muchísimos los años que no lo hemos visto. La señora, sospechamos, puede ser una de las mágicas hacedoras de casabe que están a las afueras de Camaguan, vía San Fernando de Apure. (Jeroh Montilla. Si desea ver con más nitidez y detalles la fotografía, haga click sobre la misma)

martes, 3 de noviembre de 2009

SYLABARIUM DE OBRAS PÚBLICAS EN EL GUÁRICO SXIX Y SXX

Manuel Soto Arbeláez


Venezuela es un país que al decir de Mariano Picón Salas se abrió al mundo en 1936, significando que el progreso comenzó en esa fecha. Es una opinión respetable que merece ser evaluada. Mucho antes los gobiernos nacionales ejecutaron tímidamente obras de desarrollo que aparecen reseñadas en las Memoria y Cuenta de los diferentes organismos públicos; así tenemos que el 20/02/1874 el general Antonio Guzmán Blanco define para algunas zonas de la nación un conjunto de obras públicas a planificar y ejecutar, de ser posible en su primer gobierno llamado el septenio. Para ello puso en funciones al recién creado Ministerio de Obras Públicas y nombra al frente de ese organismo al joven (tenía 26 años) ingeniero Jesús Muñoz Tébar, a quien encomendó además, la tarea de terminar tempranamente 126 obras en ejecución. Las correspondientes al estado Guárico o sus cercanías eran: A. Carretera Ocumare del Tuy-Caramacate. B. Villa de Cura-Calabozo. C. Villa de Cura-San Juan de los Morros y desde allí a los baños termales. D. Canal para conducir agua desde el río Guárico al actual estado Aragua (para entonces Guzmán Blanco); y del río San Juan a Parapara. E. Finalizar los baños termales de San Juan de los Morros y los de Guarumen. F. Terminar el mercado de Calabozo. G. Construcción de las iglesias de El Rastro y Barbacoas.

Al cabo de tres años, en 1877, estaban en servicio las carreteras de San Juan a los Baños sulfurosos y de San Juan a Villa de Cura y de allí a Cagua.

En cuanto a los telégrafos se señala en la Memoria de 1884 que se terminó la línea oriental que partiendo de Petare terminaba en Zaraza y otra central que partiendo de Petare pasando por Santa Lucía, Ocumare, Cúa, San Casimiro, Camatagua, Orituco, Chaguaramas y terminaba en Valle de la Pascua. Este es un dato bien importante para mí porque varias veces me había preguntado -y tratado de averiguar- cuándo tuvimos telégrafo en el Oriente del Guárico y ahora la respuesta es concluyente: en 1884. Para ello se había presupuestado la construcción de esas líneas y sus estaciones en el presupuesto del lapso 1877-1884 para ser ejecutados por los ministerios de Fomento y Obras Públicas.

Pasan varios años sin información sobre obras públicas en el Guárico hasta 1916, cuando aparecen adjudicaciones de obras y servicios al general Julián Correa para la conservación de la carretera Villa de Cura-Calabozo. Eran las llamadas “Imaginarias” en las cuales el militar gomecista que resultaba premiado por sus servicios de esbirro, soplón, torturador, etc., se le asignaba el manejo de una nómina la cual ellos manejaban a discreción aumentándola a su criterio, pero en realidad lo que acusaban era muy superior a lo que realmente manejaban; por ejemplo, le cobraban al gobierno, digamos, 100 obreros para el mantenimiento de la carretera X y en realidad empleaban no más de 30 trabajadores, lo demás se lo embolsillaba el militar beneficiario de la imaginaria. Pero ¡Oh sorpresa! En 1931 aparece disfrutando una de esas canonjías en el estado Portuguesa el coronel José Vicente Rangel, padre del homónimo que te conté. En 1932 el coronel Rodolfo C. Piña tenía la suya en El Sombrero. Posteriormente incluyeron dentro de sus obligaciones el cuido, mantenimiento y embellecimiento del famoso puente colgante sobre el río Guárico en las cercanías de la capital de Mellado. Este puente desmontado en los años 1960s y montado al sur de Guayana todavía está en servicio. Es una joya tanto desde el punto de vista de la ingeniería como de la arquitectura.

En 1945 el Ministerio de Obras Públicas, MOP, da como terminadas las carreteras de Valle la Pascua-Santa María de Ipire, Valle La Pascua-Zaraza y San Juan de los Morros-El Sombrero (relocalización). En 1965 se dio inicio a la carretera Las Mercedes-Cabruta. En total, podemos decir que en la modernidad las grandes obras en nuestro estado han sido: La Represa de Calabozo; los hospitales zonales de Calabozo, Valle de la Pascua y San Juan de los Morros; el sistema de medianos y pequeños hospitales y ambulatorios en las ciudades de menos población que los nombrados; el desarrollo hidráulico de la Cuenca del Unare, el desarrollo de la cuenca del río Tiznados, la planta física de las diferentes universidades nacionales y regionales; las edificaciones para los liceos, grupos escolares y escuelas graduadas; la electrificación de todo el Estado; el sistema telefónico integrado al sistema nacional, el acondicionamiento de la planta física del urbanismo de las principales ciudades guariqueñas. Muchas de estas obras están a punto de colapsar, debido al rápido crecimiento de la población y a la falta de un verdadero criterio de la planificación del crecimiento en todos sus órdenes y del indispensable mantenimiento previsible.

MSA. E-Mail: manuelsotoarbelaez@yahoo.comEl Guárico Oriental 1, 2 y 3 en librería La Llanera, calle Guásco frente a la plaza Bolívar, Valle de la Pascua Los libros

lunes, 2 de noviembre de 2009

LA ÚLTIMA AUDIENCIA*

Juan Yáñez



Con este título conocemos una interesante y excelente obra de teatro, escrita por el profesor Adolfo Rodríguez, nuestro prestigioso historiador y hombre de letras, poseedor de una extensa trayectoria en pro de la cultura en el Guárico y en Venezuela. Su texto contiene el testimonio final imaginado por el historiador y expresado por Simón Bolívar, cuando ya se hallaba en San Pedro Alejandrino. Su argumento dramatiza la audiencia concedida por El Libertador al general Julián Infante, quien fuera un exiliado paécista, que confrontó a los realistas en los llanos centrales. La obra presentada como un monólogo, rescata las reflexiones de un Bolívar ya enfermo y declinado aunque todavía lúcido y soportando las adversidades producidas por sostener y luchar por una causa que no termina de cuajar y en su abatimiento rememora su intensa relación con los llanos del Guárico. Ya la idealizada Gran Colombia ha sucumbido y con ella sus sueños de establecer una gran patria. Su interlocutor es un guariqueño y también el último baluarte con que contó Bolívar en vida. Adolfo Rodríguez, su autor, es ante todo un llanero de pura cepa y precisa sus convicciones sobre la intervención de la llaneridad en la independencia de Venezuela. El drama penetra hondamente en las raíces de la identidad hispano-americana, la que en algunos casos ironiza y en otros valora y justifica.

La obra fue representada en la Casa de la Cultura, Víctor Manuel Ovalles¨, de San Juan de los Morros, en diciembre de 2003. En aquel tiempo y lugar, la obra, -que en su concepción original tiene varios personajes- fue reducida a un soliloquio, por una excelente adaptación que conservó su texto tal como fue escrito. Bolívar fue personificado por un estupendo actor que nos logró sorprender y cautivar con su interpretación. Estamos hablando de César Pérez, un caraqueño de 45 años, de edad, es licenciado en Artes en la UCV y con una larga trayectoria en la actividad teatral. En aquella escenificación, César, quien además de representar a Bolívar, fungió de director, productor y autor de la idea también. Lo acompañó en aquella oportunidad, Maximiliano Rebolledo, actuando de manera silente, personificando a José Palacios, lugarteniente del Libertador. La personificación del Libertador, lució con una profesionalidad digna de salas con mayor aforo y exigencia. César Pérez fue Bolívar, sin lugar a dudas... La puesta en escena se adaptó a las limitaciones del teatro y a pesar de todo se logró una producción aceptable.

Hasta aquí lo escrito, amables lectores, es el contenido de un comentario, que escribimos en anterior ocasión y que no fuera publicado. Hoy después de permanecer en espera, lo redactado sale a la luz y en esta ocasión enriquecido y mejorado. Por ello anotaremos que el pasado sábado 24 de octubre del presente, tuvimos la feliz circunstancia de volver a deleitarnos con la representación de “La Última Audiencia”. Al igual que aquella vez, Bolívar fue magistralmente interpretado por César Pérez, que nuevamente volvió a ser Bolívar y en esta actuación más maduro y convincente todavía.

En esta ocasión la obra fue representada con más buena voluntad que recursos –y con ello acrecienta su mérito- en la sede del Museo de la Tradición Musical de Venezuela, una Sociedad Civil sin fines de lucro, en pro de cultura de nuestra ciudad y estado. Los directivos de esta institución, -sita en la calle Roscio, diagonal al Mercado Viejo- interesados principalmente en la música, quieren alcanzar también otros estratos de la cultura como, es el teatro y otras expresiones representativas. Ya habrá en un futuro próximo, oportunidad de hablar de ellos, que bien merecen ser conocidos y estimados por los sanjuaneros… www.ahoraescuandohay.blogspot.com

*Publicado en el Diario La Antena de San Juan de los Morros, Venezuela, el 01.11.09
Fotografía: Imagen del actor Cesar Pérez representando al Libertador.Tomada por el autor de la nota.

jueves, 29 de octubre de 2009

LAS OBRAS HUMANISTICAS DEL SABIO TORREALBA

Alberto Hernández


1.-


Las viejas heridas del país se hacen visibles en las páginas que el doctor José Francisco Torrealba dejara envueltas entre voces de fantasmas y los distintos soles que caen sobre el llano. Ese “loco genio” que tanto diera de qué hablar y a quien le han atribuido anécdotas y revelaciones, se nos hace presente en Obras Humanísticas, un compendio de las cosas que pensara y escribiera con tanto ahínco.

El sabio Torrealba, como todo el mundo en este país lo llamaba, hito del conocimiento, de esa curiosidad propia de los que nacen para dejar huellas, queda entero en este libro que publicó la Comisión Conmemorativa del Centenario del Dr. José Francisco Torrealba en San Juan de los Morros/ 1997.

Gracias al paisano y amigo Adolfo Rodríguez cae en mis manos este hermoso y extraño tomo. Raro y escaso por lo que entrañan y contienen sus páginas, cargadas de imágenes, de variados tonos temáticos, en los que el doctor Torrealba demuestra su brillo como escritor.


2.-


A finales de siglo, cuando el polvo del mundo verificaba la existencia del nuestro portentoso silencio rural, nace en santa María de Ipire José Francisco Torrealba, el 16 de junio de 1896. A ciento trece años de su llegada al mundo y ya montados en la nave de este siglo XXI, el país, desde Guárico, recogió parte de las memorias de este hombre a quien aún no se le ha hecho justicia.

“El 5 y 6 actúa como un enorme garito de extremo a extremo del país. Sabatinamente como una maga fatal expolia inclementemente a la ya exigua economía de los hogares interioranos y capitalinos.

Semanalmente son como saqueados los hogares, atraídos por una esperanza ilusa, se va no sólo lo que podría economizarse sino hasta lo indispensable para la próxima semana”. Así lo dejó escrito -como si hubiese sido esta mañana- el 4 de febrero de 1958 en san Juan de los Morros, y luego reimpreso en el diario La Esfera el 13 de febrero del mismo año. Y digo como si hubiese sido esta mañana porque la reflexión tiene una vigencia asaz comprobable. Ahora el 5 y 6 no sólo se juega los domingos. Se practica todos los días. Y también la lotería y sus demás tentáculos de la ruina popular.


3.-


Nuestro sabio y paisano de las sabanas de Guárico hace un recorrido emocional e histórico por figuras como Vargas, Cajigal, Marcano, Rafael Rangel, Felipe Guevara Rojas, destacando la Amargura y tristeza en la vida de algunos sabios venezolanos.

Digamos que José Francisco Torrealba pasó por lo mismo. Vidas paralelas, como desentrañar el tiempo que él también reveló a través de su entrega y pasión por la ciencia y las humanidades.

En este su libro Obras Humanísticas, Torrealba trata con mano abierta los puntos más neurálgicos de esa Venezuela que le tocó vivir.

Trabaja sin ningún pasmo un tema bastante debatido, pero que el sabio revisa con donosa descarnadura: Meditando sobre la inmigración. “A nadie escapa que nuestro país necesita una nueva transfusión de sangre europea. Varias endemias como el paludismo, la necatoriasis, otras parasitosis intestinales, la sífilis, la tuberculosis, el mal de Chagas, la lepra, llevaron a nuestro pueblo a un grado de menor resistencia, de incapacidad física y de degeneración bastante aparentes. Y si a esto agregamos la desnutrición y el alcoholismo, se comprenderá sin gran esfuerzo, que necesitamos algo más que asistencia social y educación y mejoramiento de la nutrición para mejorar los genes tan gravemente cargado de taras”.

Texto para discutir y disentir. Texto para pensar y volver a negarnos.

El libro continúa su camino. La voz de José Francisco Torrealba sigue bajo el mango donde su mirada descubría a cada instante los milagros y las revelaciones del universo y su patio.


Fotografía tomada de http://medicinaarteytiempo.blogspot.com/

miércoles, 21 de octubre de 2009

Fundo Tacatinemo

Daniel R. Scott

"Antes el mundo era el Cielo" ( Cosmogonía de la etnia yekuana, del Alto Orinoco )

Cuando se me propuso, la noche de mi cumpleaños, emprender un viaje o absurda peregrinación nostálgica al viejo fundo de papá, nuestro huerto del Edén familiar, el mismo que fue el deleite de nuestra niñez, mi reacción inicial fue responder con un enfático y rotundo "¡No!". Tras una prolongada ausencia de dos décadas, temía de veras lo que pudiese o no pudiese encontrar en esas tan queridas hectáreas. Le temo a ese "cuerpo etéreo con que están hecho los recuerdos", ( Ramón Sampedro ) porque los tales no son reales cuando salen de nosotros y se confrontan con la realidad. Los recuerdos, a decir verdad, no son reales en ningún lado. El último capítulo de la obra "Las Memorias de Mama Blanca" de nuestra querida escritora Teresa de la Parra me había dado una gran e inapelable lección al respecto. La familia vende la hacienda paterna y parte a Caracas para "civilizarse". Pasan dos años. Las niñas del relato, presas de la nostalgia, les dio por evocar sus días en la hacienda "Piedra Azul". Para ellas, ese período era "la edad de oro en el paraíso perdido". Querían visitar el lugar. Escribe la autora: "Seguras de que habíamos dejado allá un tesoro de felicidad, queríamos poseerlo de nuevo, aún cuando fuese por algunas horas". Pero la madre, más sabia, no quería saber nada del asunto. "Mamá no quería volver a su antigua hacienda. No tanto porque el viaje fuese largo, pesado y polvoriento, sino porque sabía por advertencia del corazón que es peligroso el enfrentarse a las cosas sobre las cuales, desde lejos, ponemos a reposar nuestros recuerdos". Pero tanto insistieron las niñas que finalmente la madre accedió. ¡Que alegría! Pero finalmente, ¡que horror! El viaje al pasado fue un verdadero fiasco. "En lugar de las sombras familiares, hallamos en todas partes una cosa dolorosísima: el nuevo dueño de Piedra Azul era un rico, gran amante del progreso, animado de una actividad insaciable para idear y realizar reformas. Vale decir que nuestro querido Piedra Azul, disfrazado de otra cosa, también lloraba, con los gritos desoladores de sus reformas, el habernos perdido a nosotras". Y por eso no quería ir. También estaba el temor que me inspiraba aquel sueño recurrente y perturbador que se me presentaba en las noches, cada seis meses, con la precisión mecánica de un reloj onírico: yo regresando viejo y cansado al fundo para encontrarlo todo revuelto, cambiado o desaparecido. ¿Advertencia del subconsciente, producto de leer a Teresa de la Parra? No lo sé; pero finalmente eché a un lado mis temores, me armé de perverso valor y me incorporé al viaje ritual rumbo a la meca de nuestros más caros y preciados recuerdos. Así somos los seres humanos de imprudentes y arriesgados.

Salimos al amanecer del sábado 30 de agosto. Lucía en en los cielos un sol radiante y hermosísimo, adecuado para viajar y contemplar paisajes. De san Juan de los Morros llegamos a Ortiz, de Ortiz pasamos a El Sombrero, y saliendo de el Sombrero seguimos por las Lajitas y los Laureles para, finalmente, doblar a la izquierda y rodar una hora por caminos rojizos, en parte polvorientos y en parte empantanados. ¡Cuantas veces, ida y vuelta, recorrimos estos parajes de arbusto y maleza en el Opel y el Jeep de mamá y papá! Nuestro recorrido estuvo señalado de paradas simbólicas en puntos emblemáticos del camino para recordar, suspirar y tomar fotografías: el montículo aquel donde se dibuja el suave azul del horizonte llanero, el puente de metal oxidado que se alza sobre el caño, el gran roble siempre cargado de extraños nidos, el potrero donde solíamos cazar conejos y venados al caer la tarde. Todo tramo tenía historias o su personalidad particular.

A medida que nos acercábamos a la casa del fundo se me aceleraban los latidos del corazón y relampagueaban en mi mente las terribles advertencias de los oráculos de Teresa de la Parra: "Debemos alojar los recuerdos en nosotros mismos sin volver nunca a posarlos imprudentemente sobre las cosas y los seres que van variando con el rodar de la vida. Los recuerdos no cambian y cambiar es la ley de todo lo existente". Yo me inquietaba. "Oh Teresa déjame en paz!" pensaba. "¡Quédate dentro de tus libros y del Panteón Nacional" Cuando al fin llegamos, me bajé del rustico, caminé unos cuantos pasos y me situé frente a la casa. Abrí bien los ojos y por Dios que no les miento si les digo que... ¡Estaba intacta! Solo los muros exteriores que resguardaban los corredores sufrieron daño, pero alguna mano experta supo restaurarlas. El resto no había variado ni sufrido cambios o alteraciones. Por esta vez o por ahora, Teresa de la Parra se había equivocado: ni la mano del hombre ni las garras del tiempo la habían tocado o desgarrado. Permanecía tal cual papá la diseño y construyó en ¿1971? Parecía una joya de cal que me sonreía bajo el sol, como dándome la bienvenida. Eso sí: la casa anterior a esta, la de barro y techo de hojas de palmas, la que se construyó unos metros más adelante, a la que llamábamos cariñosamente "la Casa Vieja", la misma que nos alojó la primera vez que llegamos aquí, desapareció sin dejar rastro, tragada y vuelta a tragar por la maleza, los arbustos y el olvido. Por mucho que me orienté y busqué, no la pude hallar. La naturaleza había reclamado sus espacios con violencia y triunfado, elevando al cielo un victorioso grito de ramas y hojas verdes. Después de enredarme el pie en unos bejucos y caer de bruces sobre la hierba, me puse disimuladamente en pie, me limpié la ropa y, luego de verificar que nadie me había visto, desistí de mi búsqueda.

Las acacias y cotopriz que mamá sembró uno detrás del otro como disciplinados soldados en formación nos ofrecieron las sombras que protege de las inclemencias del sol llanero. Aquí se siente la mano y obra de mi madre, siempre amante de los arboles y los jardines. Cuando entré a la casa y elevé la mirada, noté que los troncos y la madera que sostenían la techumbre de cinc se hallaban como nuevos. "Veo que han restaurado parte del techo" se me ocurrió comentar, a lo que mi anfitrión respondió: "No señor, de allí no han quitado nada. Este es el mismito techo que le puso su papá". Tal fue la cara de sorpresa que puse que volvió a decir: "Es que los viejos de antes sabían en qué época del año cortar la madera para que dure, que es cuando la luna está en menguante. En cambio ahora ya no la cortan así y se pudre rápido"

Me dejaron a solas. Los demás toman cerveza afuera. La casa y yo dialogamos dulcemente, comunicándonos mutuamente imágenes de un pasado grato y afín. El grueso y compacto sedimento de los recuerdos que dormían se agitó en mil partículas de oro dentro de mi corazón, señalándome mil caras y episodios que giran vertiginosamente y que no me siento capaz de describir. Son cosas indecibles que la pluma se muestra incapaz de abordar con el debido talento. Se trata de mi abuela Carlota Power caminando todas las tardes en dirección al caño para ver sus corrientes y solazarse en los recuerdos de a finales del siglo XIX, la vaca "palmasola" que cada amanecer daba la leche que tomábamos en esta misma casa, el canto madrugador mojado de rocíos del que ordeña a las vacas en el corral de troncos de palma, el finado "Fucho" fraguando el queso en la quesera de bambú, el bagre y la guabina que mordían nuestros anzuelos, la tarde que me perdí por horas con mi hermano menor, las zambullidas que nos dábamos en la laguna cercana y mil cosas más que es demasiado largo e interminable para consignar aquí.

Se podría escribir un libro, hablando de cosas tales como las visitas más absurdas y estrafalarias que ricibimos en esas soledades, como la de aquellos tipos con cara de gansters que cazaban con ametralladoras, o la de aquella familia de Argentina descendientes de alemanes que abandonaron su país concluida la Segunda guerra Mundial. Eso fue la semana santa de 1976 y según palabras de ellos mismos, el padre había sido oficial de la SS. Era gente rara que guardaban armamento muy sofisticado dentro de finos estuches de madera y terciopelo e intentaban atrapar las guabinas con cañas de pescar. Uno de ellos, rojo como un tomate, cabello blanco como la nieve y ojos de un azul intenso, siempre llevaba consigo un equipo estéreo donde lo único que sonaba eran cassettes con la música militar que hacía marchar al ejército nazi en sus ansias de conquista. El otro, sería apenas un niño cuando Alemania firmó la rendición incondicional, y la nieta, una presumida arrogante de modos racistas y quizá antisemitas.

¿Y qué decir de los lugareños, los amables campesinos, gente buena y simple, los verdaderos protagonista de toda historia que tenga estos escenarios? Medardo trabajando con las fuerzas y la nobleza de un buey, la vieja y chiflada María Socorro que casi nos mató con aquellos frijoles que lavó con kerosene antes de prepararlos en el fogón, aquel sordomudo al que no le entendíamos las señas y que caminaba más que un perdido, el "tuerto Quintana" que era uno de los que ordeñaba, el bueno de "pescuezo torcido" que intentó enseñarme a nadar en las lagunas que reflejaban el infinito cielo azul y otros tantos que ya murieron pero, como dijo alguien, los tengo vivos y sonrientes en mi corazón

El 24 de diciembre de 1975 celebramos la navidad aquí, en esta misma sala. Fue la época utópica en la cual creíamos ciegamente que llegaríamos a ser grandes hacendados o terratenientes. ¡Vaya pretensión! Al final regresamos a San Juan de los Morros con las tablas en la cabeza, unas cincuenta gallinas ponedoras que no ponían huevos y una lora que silbaba alegre estrofas mutiladas del Himno Nacional. Pero esa víspera de navidad hubo abundancia de música, hallacas, ponche crema y vinos, y al día siguiente un amanecer colmado con los regalos del niño Jesús. Pese a que yo conocía todos los secretos acerca de la persona y obra del Niño Dios, no por eso ( ¡Oh alma incrédula no te lo merecías! ) dejé de recibir mi regalo. El corazón materno supo encarnar a un dadivoso Hijo de Dios cada 25 de diciembre y a los "tres reyes magos" durante toda la vida.

En plena zona central de estos llanos, a pesar de estar a muchos kilómetros y horas de cualquier centro urbano, estábamos muy cerca de la civilización. Un escandaloso motor de camión nos suministraba energía eléctrica y una enhiesta antena atrapaba en sus bigotes de metal las señales que nuestro primitivo televisor en blanco y negro traducía en imágenes. Esto nos mantuvo al tanto de lo que sucedía en el mundo en los día que viajábamos al fundo, que eran por lo general los meses de julio/septiembre de la década de los setenta. Papá apagaba la planta diez minutos después de acostarnos pero nunca antes del noticiero. "Murió el cantante norteamericano Elvis Presley" anunció RCTV en agosto de 1977, y un año más tarde, en agosto de 1978, la misma RCTV volvió a anunciar: "Murió el Papa Pablo VI." Además teníamos un tocadisco mas parecido a un sarcófago de caoba donde colocábamos a girar "Hey Jude" o "Abbey Road" de los Beatles...

A partir de 1979 el fundo comenzó a decaer por falta de ingresos y de obreros. No se ordeñó más, ni se siguió haciendo el queso, y los cuatreros acabaron con las pocas vacas que quedaban. Ya a partir de 1983 papá lo mantuvo mas por distracción que por cualquier otra cosa hasta que decidió venderlo, en 1992. A sus ochenta años ya no podía seguir atendiéndolo ni seguir viajando ida y vuelta por una vía tan peligrosa para cualquier anciano de su condición.

Este viaje valió la pena: hubo una dulce concordancia entre el recuerdo y las cosas materiales que pueblan el presente. Complace saber que algunas cosas logran escapar de los estragos del tiempo. Sí, algún día se perderá la batalla final y todo esto tomará el mismo camino de la "Casa Vieja", pero ahora no deseo perder el tiempo con tales pensamientos.

Antes de marcharnos nos detuvimos en "Las Araguatas", un fundo vecino, para darnos un baño en las aguas de una laguna. Mis sobrinos, que vienen por primera vez, están felices nadando y gritando. Yo me pavoneo hablándoles de estos sitios, exhibiendo con orgullo mi pasado, como un general retirado que narra una batalla bien librada y ganada con honor. Sobre nosotros el cielo es un cuadro inmenso penetrado de luz donde flota en perspectiva de lienzos un manto de nubes que va disminuyendo de tamaño en la medida que se extiende hacia el horizonte. Tal cuadro o inmensidad de llano y cielo te llena el ojo de asombro y te hace el alma un poco más grande. Claro: confinado uno entre paredes, tráfico y edificios, el corazón, hecho por Dios para todo lo grande, se sobresalta cuando lo echan dentro de la majestuosidad.

Nos fuimos por donde mismo venimos, pero la nostalgia y la felicidad se acurrucaron dentro de una choza de bahareque.

16 de Septiembre de 2008

Imagen tomada de http://www.sxc.hu/photo/694550

martes, 20 de octubre de 2009

PEDRO MARÍA CHACÍN ARVELÁIZ

Manuel Soto Arbeláez

El hombre de letras de Zaraza Francisco Gustavo Chacín se propuso a finales de los 1940s -es decir en los últimos años de su fructifica vida-, escribir un libro con reseñas biográficas de personajes de su pueblo. Para ese propósito no pudo conseguir financiamiento y los papeles, y algunas fotografías de sus biografiados, se quedaron en un arcón. A su muerte unas viejecitas hermanas suyas le pasaron los papeles al doctor Alberto Eduardo Rodríguez Morales, quien tuvo la idea de completar el trabajo de Chacín, mas el tiempo tampoco quiso que la buena intención se cumpliera. Esos papeles permanecieron arrumados en un baúl hasta el año 2008, cuando las herederas del Dr. Rodríguez Morales, mis distinguidas parientas zaraceñas Thalía Rodríguez Rodríguez y su hija la ingeniera Vanessa Webel Rodríguez, los pusieron en mis manos con el compromiso de darlos a conocer a través de mis artículos semanales en la prensa del Guárico. Así lo he venido haciendo. En todos los casos le he agregado cortos datos biográficos o genealógicos que no aparecen en los trabajos del connotado zaraceño que fue F. G. Chacín. El personaje de hoy es el número siete que reseño, tratándose de don Pedro María Chacín Arveláiz.

Don Pedro María alternó sus ocupaciones de criador y agricultor, por 50 años consecutivos en su fundo “Cañaveral”, con el de la docencia que ejerció algunas veces gratuitamente. Nació en Zaraza el 3 de enero de 1846, hijo del matrimonio entre Pedro (Aguasanta) Chazzín Escala-Gimón, natural de Aragua de Barcelona y su sobrina Carmen Arveláiz (Berroeta) Chacín Escala-Gimón, hija ésta de Miguel Francisco Arveláiz Berroeta del Peral y Josefa Chazzín Escala-Ximón, el primero de Chaguaramal de Perales (Zaraza) y la esposa de Aragua de Barcelona. Miguel Francisco fue hijo del guipuzcoano Juan Bautista Arbeláiz Altuna-Legarra y de Rita Ignacia Berroeta del Peral Guedes y Ábila Feria del Barrio, descendiente de Carlos del Peral Velasco Cabello de la Parra, natural de Baltasar de los Arias (Cumanacoa); y María de la O Guedes Ávila Feria del Barrio, proveniente ésta de familias de Cagua, en el actual estado Aragua.

Como puede verse don Pedro María comenzó usando la grafía de su apellido como Chazzín, que después cambió a Chacín. Casó en Zaraza con Eloísa Arveláiz Arveláiz -hija de José Antonio Arveláiz Toro y Calixta Arveláiz Chacín- teniendo como hijos a Cipriano y Carmen Chacín Arveláiz. Dice el cronista zaraceño que don Pedro María Fue un llanero de pura cepa. Hombre noble, caballero ejemplar en el hogar y en la calle. En su edad joven fue maestro de escuela varios años. Pertenecía a la Sociedad Mutuo Auxilio de Zaraza y esta lo designó, entre otros, para dictar clases nocturnas en una escuelita para niños obreros que habían fundado. Al ver su retrato pensamos cómo serían las enseñanzas de tal maestro, y qué clase de hombres formaría para aquel noble pueblo que ha producido tantos hombres ilustres. Se recuerda que odiaba la política y a los políticos. A su muerte se encontraron en su escritorio viejas correspondencias oficiales que nadie conocía, donde le ofrecían altos y delicados cargos y destinos públicos que jamás quiso aceptar. Murió el 8 de octubre de 1934, en la misma tierra donde había nacido(..)

En el libro Zaraza, Biografía de un Pueblo, edición originaria, UCV 1949 el profesor J. A. de Armas Chitty muestra una foto de don Pedro María exhibiendo una luenga barba blanca y terno posiblemente negro. Esta foto fue reproducida allí gracias a la bondad de F. G. Chacín y de don Salvador Itriago Chacín-Arveláiz, sobrino-nieto de don Pedro María, quien formó parte del grupo de alumnos que egresó en la primera promoción de bachilleres del Colegio de Segunda Enseñanza de la ciudad del Unare y quien fue una fuente de información de tradiciones y personajes de Zaraza.

MSA. Fax (0212) 285 8957. E-Mail: manuelsotoarbelaez@yahoo.com Los libros El Guárico Oriental 1, 2 y 3 en Librería La Llanera, calle Guásco, frente a la plaza Bolívar, Valle de la Pascua.

miércoles, 14 de octubre de 2009

FOTOGRAFÍAS DE LA HISTORIA


Según información conseguida oralmente: es un soleado día de marzo de 1968 en Altagracia de Orituco. Dos meses después Europa estallaría con la primavera estudiantil del mayo francés. Los personajes más destacados de la foto: trajeado de blanco el presidente de Venezuela para el momento, Raúl Leoni, su esposa con un ramo de flores, Carmen América Fernández o "Doña Menca" como se le conocía. El ministro de la defensa (?) y una señora de blanco y de lentes negros. En medio de ellos la figura vacilante de un ya anciano doctor José Francisco Torrealba, se apoya en el brazo del militar. Entre el presidente y el médico asoma el rostro adusto del sacerdote para la ocasión. La presencia en Altagracia del sabio Torrealba es motivada por la inauguración una urbanizacion que lleva su nombre. Según me informan Torrealba no asistió muy a gusto puesto que desdeñaba los protocolos, no aceptó ir en el carro del gobernador del estado, fue en su carro particular por lo cual llegó con retraso. Detrás de los personaje flamea, en medio de un sol caldeante, la bandera insignia del poder de aquellos tiempos. El informante para esta fotografía es don Emilio Vargas, formaba parte de los organizadores del evento, tenía para ese momento 35 años. (Fotografo desconocido)
Jeroh Montilla. Si desea ampliar imagen para ver con detalle haga click sobre ella.

El Motor de aire desafía la segunda Ley de la Termodinámica. Invento de un guariqueño.