martes, 19 de noviembre de 2013

Calabozo: La Diócesis madre de los Llanos Venezolanos




Ponencia presentada en el 
VII ENCUENTRO DE CRONISTAS E HISTORIADORES DE VENEZUELA EN CALABOZO

CALABOZO 14 Y 15  DE SEPTIEMBRE 2013
 



REINALDO PEÑA CHACIN


La Iglesia Católica en Venezuela, al igual que en el resto de la América Hispana, nació signada por el Patronato Regio Español en Indias, ideal que abarcó la concepción político-religioso de fundir el servicio de la institución eclesiástica a la corona española y buscar una sana y pujante unidad religiosa o a la inversa: pretendió buscar el mayor provecho religioso católico dentro del marco de la más adecuada unidad política.
            Las concesiones papales otorgadas a los Reyes Católicos en 1493 y que se convirtieron en Real Cedula de Patronato en 1574 representó la orientación centralizadora y de intromisión regia en los asuntos eclesiásticos.
            La Historia de la Iglesia en nuestro país se intento primero con las Misiones Carismáticas y el Proyecto de Evangelización Pura iniciado en 1514 en las costas de Cumaná incorporando al indígena al mundo hispano con la conquista y la colonización de estas tierras.
            A partir de 1531 se inicio en Tierra Firme la creación de Diócesis, siendo la primera la de Coro, en 1531, su primer obispo Rodrigo de Bastidas. Le siguió Mérida-Maracaibo en 1777; Guayana en 1790 y la Arquidiócesis de Caracas en 1804, siendo el primer arzobispo monseñor Francisco de Ibarra: este proceso de integración eclesiástica nacional fue lento y tardío.
Durante el periodo colonial jugaron papel fundamental como elemento evangelizador y poblador las llamadas Misiones Institucionales. La corona, bajo el criterio de preservar la fe y mantener el control del territorio al mismo tiempo, delegó en el misionero la colonización de los enormes espacios vacios interiores de Venezuela, sustituyendo el religioso al gobierno civil. Así prosperaron numerosos pueblos de resguardo de indios y hatos de comunidades, asistidos por la fuerza militar. Las Misiones Institucionales iniciaron su trabajo a mediados del siglo XVII, destacando en esta labor los Capuchinos (aragoneses, catalanes, andaluces y valencianos), los Franciscanos, Dominicos, Agustinos y Jesuitas.
            Misiones que realizan una labor inmensa: muchas de las pequeñas comunidades que fundan en alejadas regiones, serán más tarde florecientes ciudades venezolanas.
            Mario Briceño Iragorry, en Tapices de Historia Patria refiere: “Allí donde llegaron las sandalias y la Cruz del misionero, allí llegaron nuestros limites”.
            El poblamiento de lo que hoy es el Estado Guárico, se inicia con lo único que había hasta entonces la formación de hatos y las incursiones de filibusteros para someter y vender indígenas como esclavos; sin embargo los frailes lograron el cometido fundacional de pueblos: como lo hicieron Fray Bartolomé de San Miguel y Fray Salvador de Cádiz cuando bautizan a: “La Villa de Nuestra Señora de la Candelaria y Todos los Santos de Calabozo, en 1724 convirtiéndose en el centro de las expediciones misioneras.
            En 1799 cuando Alejandro Humboldt pasa por Calabozo la describe como una ciudad de creciente prosperidad basada en la formación de hatos.
            El siglo XIX a consecuencia de la inestabilidad política y el largo proceso bélico, derrumbó la consolidación del trabajo misionero y la pujante economía de los hatos.
            Cuando se inician las guerras de independencia en América Latina (1810), las colonias españolas estaban, organizadas en 7 arzobispados, 35 obispados y más de 600 conventos. El número de clérigos sobrepasan los 30.000. La Iglesia era propietaria de inmensas extensiones de tierras, de un creciente número de inmuebles urbanos y, al desenvolverse como prestamista, controlaba el sistema financiero.
            Así llegamos a la vida republicana. La región llanera comienza a experimentar un crecimiento a pesar de las epidemias que afectan los recursos humanos, agrícolas y pecuarios lo cual provocó carencias de alimentación y una gran inestabilidad política consecuencia de las tensiones locales y la guerra de la Federación, y que acentúan las discrepancias entre obispo y gobierno; sin embargo se pensó en la necesidad de crear nuevas circunscripciones eclesiásticas.
            Se argumentaba la enorme extensión de los obispados y la dificultad de los obispos de cumplir con la obligación de visitarlos con la frecuencia debida.
            Elevada la consulta al Arzobispo de Caracas, éste considera necesario crear varios obispados, uno en occidente y otro en el centro y se inclina por la creación de una sede episcopal en los llanos centrales con Calabozo como capital, por las riquezas de sus rebaños, y por la hospitalidad de sus habitantes, además situada en el centro de los llanos de Venezuela.
            Finalmente, el Congreso Nacional, aprobó en su sesión del 4 de mayo de 1847, la creación de dos nuevas diócesis: Barquisimeto y Calabozo; siendo elegida Calabozo canónicamente en 1863 según la Constitución Apostólica Ad Universam Agri Dómini de S. S. Pío IX, quien comisionó al Arzobispo de Venezuela S.E. Silvestre Guevara y Lira para hacer la erección correspondiente.
            La nueva Diócesis de Calabozo tomó territorio de la Arquidiócesis de Caracas en virtud de ser sufragánea de ella y de la de Mérida. Comprendía los Cantones de Calabozo, Chaguaramas, Orituco y las Parroquias San Francisco y San José de Tiznados que antes eran del Cantón de Cura (todos de la Provincia del Guárico); Achaguas, San Fernando y Mantecal (de la Provincia de Apure); Nutrias (de la Provincia de Barinas); Guanarito (de la Provincia de Portuguesa) y El Pao (de la Provincia de Cojedes).
            De esta manera se conformo la Diócesis de Calabozo luego de recorrer la difícil situación de un país lleno de conflictos, una oligarquía conservadora decidida a no ceder espacios, una década monaguista cerrada a los entendimientos, la Guerra Federal y una sucesión de gobiernos inestables hasta el liberalismo guzmancistas que hicieron de Venezuela una nación incapaz de lograr su desarrollo, su bienestar ciudadano y la igualdad de su pueblo.
            El 7 de junio de 1954 cedió una porción de su territorio para la creación de la Diócesis de Guanare y de la Prelatura Territorial de San Fernando de Apure. Sucesivamente el 21 de junio de 1958 para la creación de la Diócesis de Maracay; el 23 de julio de 1965 para la de Barinas y el 25 de julio de 1992 para la de Valle de la Pascua.
            El 17 de junio de 1995 la Diócesis de Calabozo es elevada al rango de Arquidiócesis Metropolitana teniendo como Diócesis Sufragáneas a San Fernando de Apure y Valle de la Pascua.
            Nuestra Diócesis hoy, convertida en Arquidiócesis de Calabozo viene de un pasado lleno de vicisitudes y de logros, vive en un presente promisorio de grandiosidad y camina bajo la guía del papa Francisco, hacia un futuro esperanzador.
            Por ello podemos decir que el Señor nos ha favorecido, nos ha mirado con benevolencia y nos ha permitido ser parte integrante de la gran misión de dar a conocer su maravilloso y entrañable amor para compartirlo como iglesia y llevar la “luz”, la “verdad” y ese “amor”, que es Palabra de Dios, a todos los hombres y mujeres, grupos y pueblos, a los creyentes y a los no creyentes y sobre todo a los más necesitados.
            “Heme aquí, Señor, estoy dispuesto, envíame” (IS. 6,8).
 


Bibliografía
            Anuario Pontificio. Caracas 2007.
            Cardozo, Arturo. Proceso de Venezuela. La  formación  social  de  la
                Venezuela   Agropecuaria  y  sus  conflictos  1830-1914, Tomo III,
                Ediciones S.G. Caracas.
            Ortega L. Rafael.  Visión  de  las  relaciones  Iglesia-Estado durante la
               época     guzmancistas    en  Venezuela   1870  -  1898.    Ediciones
               Presidencia de la República 1996.

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